“La Falla” argentina: Grieta explicada, o más o menos

Resumen: Se habla de “La grieta”. Pero me sospecho que es más preciso hablar de “La Falla”. A mi modo de ver, hay tres factores básicos que componen el tema. Son: la Crisis – casi terminal – de la economía, los Aumentos demográficos, y por último el Reciclado del arco político. Ninguno de ellos viene en estado puro. Y nuestra historia es el mejor comentario sobre estos eventos…

Seis postales de la crisis del 2001

En 34 años de democracia, la crisis económica del 2001 casi quiebra al país. Aquella fue una de muchas veces que hubo problemas. Sin embargo, la experiencia dosmilera estuvo fuerte para una nueva generación y media de argentinos. En esta sección, ilustramos el asunto con seis historias de aquellos años.

  • La previa – Dos tormentas perfectas: Entre los 80s y los 90s, la economía tuvo dos tormentas perfectas. En los 80s, el modelo era el estado de bienestar. Estaba bancado mayormente con deuda externa, y una porción de recursos propios. Este modelo era una “pesada herencia recibida”. Empezó con la primera presidencia de JDP, allá por 1946 – 1947. Los militares continuaron este proyecto, con varias modificaciones. La presidencia de Raúl Alfonsín intentó resolver problemas, con más modelo. Fracasó con éxito rotundo.

    Hubo el “plan austral”; emisión de una nueva moneda, con tipo de cambio nuevo, y el objetivo de sanear el sistema. Hubo el “Plan primavera”, que incluyo “la tablita” diseñada por José Luis Machinea. Se trataba de un índice de correlaciones entre valores, fijados por el estado. La idea era mantener la inflación controlada. No duró mucho que digamos.

    A partir del plan, hubo un festival de bonos de deuda en bolsa. La macana fue que “Empapelaron” el mercado con letras, que perdían valor al poco tiempo de haber sido emitidas. Y apareció oficialmente nuestro mercado negro de dólares como reacción alérgica al blanco. El asunto desembocó en hiperinflación entre el 82 y 178 por ciento mensual. Alfonsín tuvo que dejar su cargo antes de terminar su mandato.

    En los 90s la presidencia de Carlos Saúl Menem hizo ajuste; lo llamaron “economía popular de mercado”, y la definieron como “cirugía mayor sin anestesia”. Privatizó la mayoría de las empresas estatales. Los ferrocarriles, telecomunicaciones, la red de energía eléctrica, la red de gas natural, la aerolínea de bandera, el servicio de aguas, y la producción de petróleo. Hubo licitaciones públicas, para la concesión de cada área. Hubo intrigas e internas del lado estatal, y la vereda de enfrente… ni te digo. Ganaron los “candidatos correctos”, y todo el mundo bien contentito.

    Hubo recortes, aumentos de impuestos, y aflojaron los nudos en las importaciones. Hubo salarios y jubilaciones congeladas, mientras los precios estaban libres. El objetivo de las licitaciones fue capitalizar deuda externa. Es decir: poner en valor, otorgar la licencia, recaudar, repartir parte a los acreedores, y el resto, al estado. Claro… eso fue de la boca para afuera; el choreo fue histórico. Quedaron: el área de salud, seguridad, y educación. Como el culo, pero quedaron.

  • Caso Badaro: Estamos a fines de los 80s. Domingo Cavallo – ministro superestar de economía – hizo una maniobra de recorte, que hoy ya es habitual. Metió mano en la caja previsional. Mediante una ley, rebajó y congeló los haberes de jubilaciones y pensiones.

    Un marino que estaba por jubilarse, Antonio Badaro, le hizo juicio al estado nacional para cobrar con los valores previos al recorte. La causa pasó por los juzgados, hasta que llegó a la corte suprema. Ganó. Y lo rico del caso fue la jurisprudencia para más adelante. Ampliaremos.

  • Convertibilidad: Empecemos por el contexto de largo y mediano plazo. Cualquier economía firme tiene moneda confiable y fuerte. En el siglo diecinueve, la libra gobernó el planeta; A partir de la segunda guerra mundial, y por el resto del siglo pasado hasta ahora, el dólar es la moneda dominante de la economía global.

    Hace pocos años, surgió otra moneda fuerte. El Euro, proveniente de la Unión Europea. Prometía competir con los verdes. Actualmente, le están llenando el arco de goles. El peso argentino siempre fue débil al lado de estas divisas. Pero no por costumbre, sino por calidad del servicio. Le han quitado y puesto ceros, debido a problemas de inflación y aspectos institucionales.

    En 1991, el cuarto y último ministro de economía de la gestión Menem fue buscando atajar penales. Tomó dos medidas: Derogó el austral. Restauró el peso argentino. Y lo hizo convertible con el dólar estadounidense. (Fue Cavallo. ¿Esperaban a otro?)

    La paridad uno – a – uno entre pesos y dólares
    tuvo efecto sedante en el sistema. Las clases medias acomodadas se vieron beneficiadas por esa medida. Hubo quienes aprovecharon para viajar al exterior, cambiar el auto, mudarse, pedir préstamos y demás formas del consumo. Una moneda fuerte atajó la inflación por un tiempo entre nosotros. Pero el costo argentino – esta vez, dolarizado – siguió jodiendo las cosas. Los primeros síntomas aparecieron en el comercio exterior. El resto, lo sintió al rato. Ampliamos aquí debajo.

  • Blindaje y Mega Canje: Desde mediados del siglo pasado, los préstamos grandes los pedimos al Fondo Monetario Internacional, (FMI) el Banco Mundial, (BM) y el Club de Paris. (CDP) Dicen los que saben que estas entidades son Organismos Internacionales de Crédito. (OIC)

     

    Las reservas del tesoro argentino estaban bajas. Desde el ministerio de economía, buscaron plata fresca. La idea fue renegociar y renovar los servicios de deuda externa. El objetivo era reforzar el sistema. Se le llamo “Blindaje”. Entró plata. Fueron unos 18 mil millones de dólares. Pero ese fue el último refuerzo que dieron.

    Al iniciar el tercer milenio, argentina estaba incobrable. No podían bancarnos más. Desde la reserva federal
    de los estados unidos influyeron para cortar el chorro. Esta movida tuvo consecuencias para la relación entre los OIC y nuestro estado. Algunas las mencionamos en otra parte. (Ver “hare Kirchner”) Aquí vamos a sumarles contexto y algunos detalles.

    La breve gestión De La Rúa mantuvo la paridad dólar – peso hasta donde pudo. Hubo un ministro de economía radical – un tal Ricardo López Murphy – que hizo balance y arqueo de una parte de las cuentas nacionales. Sugirió ajustes bravos. Los planteó públicamente en varias conferencias de prensa. Le pidieron la renuncia. Se fue. Convocaron a Cavallo. Aceptó el puesto. Siguió la joda.

    El detalle era que la Alianza UCR/Frepaso necesitaba mantener la “luna de miel” con el electorado. Habían ganado por muy poca diferencia contra el peronismo. De todas maneras, el blindaje no alcanzaba para sostener el desfile. La convertibilidad estaba acogotada, a punto de quedarse sin aire.

    Para zafar, nuestras autoridades buscaron que algunos fondos privados compraran bonos de deuda exterior, con procedimientos nada claros. Lo hicieron mediante algunos bancos amigos, que operaban en bolsa. El problema no fue que privatizaran deuda exterior. El detalle fue que puentearon al parlamento, y no le avisaron al poder judicial. Descubrieron la movida; hubo causa judicial contra Cavallo y equipo.

    Quédense tranquilos; nadie fue preso. Hace poco sobreseyeron al último colaborador de aquel grupete.

  • Riesgo país: Se sabe que los OIC tienen su propia escala para calificar a las naciones, según su nivel de deuda y repago. Al día de hoy, el riesgo país es una estadística que replica esas mismas medidas. Dicen que la consultora JP Morgan inventó este método. Otras financieras estudian la emisión de bonos de las naciones endeudadas. Todo apunta a los mismos objetivos.

     

    En la práctica, el riesgo país es un ranking semi público de gran relevancia. A fin de cuentas – y aunque no parezca ventajoso – prestarle a un incobrable es buen negocio. Depende del capital, las tasas de interés, las condiciones de negociación, y el plazo del acuerdo. Desde la presidencia de Rivadavia que es así la historieta. Pueden leerlo en las entradas de “El fulgor argentino”.

    Al iniciar el mandato de Fernando De La Rúa, el detalle del riesgo argentino no era gran cosa. Sin embargo, empezó a ser importante. El tesoro nacional tuvo problemas para pagar. Y los tenedores de deuda privados se pusieron hinchapelotas, mientras le subían el riesgo país a la argentina.

    El riesgo llegó hasta los mil puntos. En la secretaria de hacienda les agarró rico ataque de nervios. El dato fue titular tamaño catástrofe en la sección de economía de todos los diarios argentinos. El tema no tardó en llegar a nota de tapa. Los banqueros y corredores de bolsa empezaron a ponerse nerviosos, y varios inversores iniciaron la retirada del país.

  • Corralito y Corralón: Varios economistas opinan que la convertibilidad 1991 – 2001 fue como una aspirina para curar un cáncer. La gracia era mantener la misma cantidad de verdes y pesos en la calle. Cuando faltaron dólares, De La Rúa lanzó “el corralito”; el 3 de diciembre de 2001, el decreto 1570 restringía el circulante y las operatorias bancarias minoristas. Se podía sacar 250 pesos por semana de los cajeros automáticos. Quedaban suspendidas las operaciones con el exterior, salvo para los despachantes de aduanas y el sector exportador/importador. Quedaban congelados los plazos fijos hasta nuevo aviso. Naturalmente, hubo bronca.

    Una reseña de 2015 en la página del diario “El cronista comercial” cuenta lo que sigue; Un cliente fue a hacer una transferencia afuera. Cuando le avisaron, empezó a los gritos y amenazó de muerte al cajero. Otro cliente fue a renovar un plazo fijo. Cuando le avisaron que no podían darle la guita, la reacción fue un irónico y amargo “como me cagaste, bigote… como me cagaste.

    En la previa, hubo marchas de la CGT, y hubo rosqueo en el parlamento para debilitar el poder de la Alianza. Poco después del estallido, hubo asambleas vecinales organizadas por el peronismo, y la poca izquierda que había. La luna de miel se había terminado. La gente no solo estaba caliente por la coyuntura. Empezó a manifestar enojo con el sistema, tal cual novios abandonados y despechados. Abreviemos. Los gritos sagrados argentinos ya no fueron “Libertad, libertad, libertad”, como dice la letra del himno. Mucho menos fue “Viva la patria”. Bien fuerte y claro, fueron “CHORROS, DEVUELVAN LOS AHORROS”, y “QUE SE VAYAN TODOS”.

    Y luego llego el “Corralón”; hubo devaluación del peso, y un paquete de ajustes. Como nuestra moneda era poca, las provincias de Córdoba y de Buenos Aires emitieron cuasi monedas propias. (Lecops y Patacones) No aclararon su respaldo, o si eran convertibles a pesos. Al menos lo que yo recuerdo, nadie quería quedarse con esos billetes.

    Nos hemos reservado lo mejor para el final. Aquí viene: A partir del Caso Badaro, hubo millones de ahorristas que pidieron recurso de amparo para recuperar el dinero, al valor pactado antes del acorralamiento. (Disculpen ustedes las rimas) En la reseña de “El cronista”, un cajero contaba que un grupo de gente fue al banco con órdenes judiciales en una mano, y taladros para perforar la caja fuerte en la otra. De ahí no se iban a ir con las manos vacías. Por suerte para el empleado, vivió para contarla. No lo cocinaron a cuetazos, ni lo atravesaron con mecha de vidia. El resto de la historia, kimmosabbi, es otro cuento…

Con estas seis cuestiones cerramos los aspectos económicos del tema. Ahora vayamos a la demografía.

Tengo 40 Millones

Hay un tema de Moris, que empieza diciendo: “Tengo cuarenta millones/veinte mujeres/leones/por toda la vida”. Va en el disco “Ciudad de guitarras callejeras”. Es de 1973. Viene a cuento. El último censo nacional de población, en 2010 dio como resultado que actualmente somos 40 millones y monedas en el país. Por una vez, la vida imitó al arte.

Aquí va tablita con datos censales aproximados de los últimos 40 años. (1970 – 2010)

Año Total de habitantes aproximado
1970 23.364.431
1980 27.947.446
1991 32.615.528
2001 36.260.130
2010 40.091.359

No pretendo subestimar a mis lectores. Pero no todo el planeta es historiador. Tampoco todos somos especialistas en estadísticas. En la presidencia de Sarmiento hubo un slogan que decía: “Gobernar es poblar”. Por supuesto, no se cumplió. En otros textos comentamos la campaña del desierto, y el destrato a los inmigrantes en aquella época.

Digamos que el contexto de mediano y largo plazo determina el sentido de los números. Las cifras setentosas no cuentan los desaparecidos, obvio. Las cifras ochentosas están influidas por la inflación y el desempleo. Las cifras noventosas, portan el arrastre de la guerra de Malvinas entre las bajas. Las cifras dosmileras son portadoras de crisis.

Y ya que nadie es una isla, se conoce hasta donde se puede. En la medida que hay presupuesto y capacitación para el INDEC, el sondeo es más completo y preciso.

Y ya que estamos hablando del diablo… puede que aparezca: recordemos que las tres presidencias consecutivas del FPV desmantelaron las estadísticas domesticas para monitorear la economía, los niveles de delito, los niveles de vacunación, mortandad y demás información vital en todos sus niveles. Afortunadamente, el censo nacional de 2010 se salvó de casualidad.

En términos demográficos, tenemos que hay ciertos incrementos de población. Hagamos cuentas: Los resultados salen de restarle las cifras frescas a las más viejitas, yendo hacia atrás en la línea de tiempo. La diferencia positiva entre números determina el aumento. Va tablita

Periodo Aumento de población
1970 a 1980 4.583.015
1980 a 1991 4.668.082
1991 a 2001 3.644.602
2001 a 2010 3.831.229

El pozo acumulado de estas cifras da 16.726.928 habitantes nuevos en los últimos 40 años. Para un país que tiene fama de ser malcojido, crecer entre tres y cuatro millones por década, no parece mala cosa.

Los números que estamos haciendo, son para situar cuanta gente nueva, y entre cuales rangos de edad se aloja o distribuye “la grieta”. No hacemos distinción entre sus lados.

Al punto, los datos más confiables de estas tendencias son los comicios. Siempre y cuando no haya maniobras y fraudes. Pregunten por los gobernadores Ramón Saadi, Adolfo y Alberto Rodríguez Saa, y Gildo Insfran. Después me cuentan.

Y antes de seguir, aviso: aquí no hay contabilidad creativa. Los chicos nacidos entre 2001 y 2010 actualmente tienen 7 y 16 años. Y no hay que meterlos en esto. Va tablita para ilustrar los datos.

Periodos Censales Aumento de población de 1970 hasta 2001 Franja etaria/Rango aproximado de edades al 2017
1970 a 1980 4.583.015 37 a 47
1980 a 1991 4.668.082 26 a 37
1991 a 2001 3.644.602 18 a 26

Entonces, aquí va el tamaño aproximado de la grieta:

  • Al 2017, va en edades a partir de los 18 hasta los 47 años. Sea que militen, no militen, o no sabe/no contesta. La cifra sube si aumentamos el rango de edades. Hay que considerar las mejoras en las expectativas de vida, y el creciente grado de acceso y uso de la información, según cada zona y clase social.
  • Abarca aproximadamente 12.915.699 de personas, del total de 40.091.359 aproximado que indica el censo 2010. La cifra puede variar, e incluso ir en aumento según haya datos frescos.
  • Existe desde 2001: al 2017, son 16 años de conflictividad. Este tema es el producto acumulado de sucesivas crisis, y sus consecuencias en el corto y mediano plazo.

Doce millones (no son “do – semiyones” del clásico chiste curda) sobre un total de cuarenta, no parece un gran problema. Esta franja otaria – en la que me incluyo – chilla y aplaude según le va en la feria. Clinton lo explicó clarito: “es la economía, estúpido”. Razones no faltan al ciudadano a pata para quejarse de los políticos; pero si se queda con su propia supervivencia, y no aprende alguito de historia, siempre van a llevarlo como ciego a mear.

Néstor y Cristina heredaron un estado casi libre de deuda externa, que estaba bastante pacificado socialmente, y con posibilidades de hacer buenos negocios. Hubo un cierto crecimiento. Luego, una meseta. Por último, la baja. Tal como dijimos más arriba, la macana fue que entre 2007 y 2016 no hubo números de la economía. Sin embargo, por iniciativa de la oposición en el congreso, siguieron algunas mediciones.

Otras cuestiones las supimos por la prensa. El valor del dólar estuvo entre siete y doce pesos; las tasas de interés en los plazos fijos eran 25 puntos. A partir de 2008, el gobierno impulso un sistema de cobro de retenciones a las exportaciones agropecuarias de soja. Desde el campo, chillaron hasta las vacas. El vicepresidente de CFK, un tal Luis Cobos, fue quien bochó el proyecto en el senado. Mas adelante, el gobierno fijo límites al mercado cambiario. Desde la city hubo y sigue habiendo bonito mercado negro.

Más de una grieta

La tierra parece firme. Pero desde los dinosaurios hasta acá, es producto de movimientos y choques entre las placas tectónicas. No están visibles. No chocan enseguida. No siempre son movidas violentas. Pero se pueden investigar y medir.

Cuando uno piensa en una Falla geológica, enseguida salta a la memoria la de San Andrés, en Norteamérica. Pero acá tenemos fallas cuaternarias en La laja, Rinconada, y Los Berros de la provincia de San juan. Hay otras en el sur del país. Claro, ninguna está en una película de acción del año pasado en IMAX. Es fácil pasarlas de largo. La división entre argentinos tiene dinámicas parecidas. A diferencia de la tierra, tiene indicadores obvios. Tan evidentes, que al final quedan ocultos a plena vista.

El peligro son los terremotos. Una vez que cualquier falla se rompe, la tierra se mueve, y el territorio se parte. Hace unos doce años, tuvimos un terremoto institucional: Renunciaba De la Rúa. Hubo cinco presidentes en una semana; hubo el mandato provisional de Duhalde, y el ascenso de Néstor. De eso ya hablamos. (Ver “Hare Kirchner…”)

Al punto, este texto pretende explicar los componentes de la última “grieta”. Pero no quita que antes hubo mas. De hecho, las crisis vienen compuestas por los mismos ingredientes. Mezclados en diversas proporciones, por supuesto.

En el Alfosinato, la grieta fue entre civiles y milicos; mas luego, fue entre funcionarios y sindicalistas. En el Menemato, la conga era entre estatistas y privatistas; mas luego, entre ricos y pobres. El gobierno de la Alianza duró lo que unos peces de hielo en un whisky on the rocks, y todo es historia.

El quilombo del 2001 lo causó Menem. Sin embargo, el radicalismo también tuvo su cuota de responsabilidad. La gracia fue que la crisis estaba en una caja, envuelta para regalito, y con un bonito moño. Alianza Frepaso/UCR abrió el paquete y… bueno, hubo consecuencias.

La UCR prefirió parecer víctima, antes que figurar como un racimo de otarios. Y ese error todavía hoy lo están pagando. Actualmente, al interior de la coalición “Cambiemos”, el radicalismo provee aparato. Pero no corta, ni pincha. Ya hemos hablado de eso en otros lados. (Ver “Balada triste de…”) Es muy posible que nunca más sean aquel partido político masivo, popular, que gobernó la década del 20. (Ver en “el fulgor…”)

El detalle fue que en 2001 los aliados huyeron, sin siquiera negociar la salida. Y que no se diga que faltaba receta para esquivar el problema. Alfonsín supo largar el mando, y en otra crisis jodida. Vino así la mano. Está demostrado.

A partir del 2003, y ya que la economía ayudó, las nuevas generaciones sintieron el reinicio del sistema como un momento fundacional. En el país, y en sus propias vidas. Eso explica que todavía haya gente que lleve el Kirchnerismo en el pellejo, como un tatuaje. El detalle es que irán a hacer con eso, ahora que la mano cambió.

La amenaza fantasma

Hay una frase de “Star Wars: Episodio 1 – La amenaza fantasma” Es uno de los primeros consejos del maestro Jedi Qui-Gon-Jinn para Anakin Skywalker. Dice: “No pienses, siente. Recuerda: Tu concentración determina la realidad.”

Viene a cuento. Porque el grueso de los fanáticos K es joven. El FPV tiene gente de más edad, por supuesto. Esto determina las maneras en que enfocan la realidad. Al punto, estas conductas provienen de la praxis peronista. Algunos aspectos de este asunto ya los explicamos en “Peronismo explicado para dummies”. Aquí agregamos más detalles.

Desde Juan Domingo y Eva Duarte de Cangallo hasta acá, el justicialismo cabalga un discursito nacionalista. Justifica instalar una democracia tribunera, sin república. Recurren a un mix de ideas humanistas por derechas e izquierdas, mientras hacen bandera en nombre del pueblo. En ese sistema, gana el pragmático que sepa manejar a la hinchada. No importa mucho que sepa administrar bien.

Los peronistas hicieron pan y circo. Premiaron a los leales. Castigaron al resto. En la administración, concentraron la toma de decisiones en ellos mismos, mientras diseñaron y ejecutaron proyectos para perpetuarse en el poder. En paralelo, y por esas quítame estas pajas del dinero argentino… siempre hubo una cantidad de varios ceros que escapa adonde nadie puede reclamarlos.

El Frente Para la Victoria fue una versión izquierdosa del peronismo. Mientras decían “La patria es el otro” y “El amor vence al odio”, descalificaban a los demás desde una posición de superioridad moral, avalada por el apoyo que consiguieron. Había necesidades, y
los votos fueron comprados mediante ciertos trucos. Busquen Milagro Sala, y luego me cuentan.

En la vereda de enfrente, queda la coalición “Cambiemos”. Es el actual partido de gobierno. Pero eso… eso ya es otro asunto.

Saludos

El Fulgor Argentino: Notas sobre progreso y modernidad en nuestro modelo agroexportador – tercera parte

Resumen: Esta es la tercera y última parte del asunto.

El tren de la historia

Más que los bancos y los barcos, los trenes dieron forma a nuestro mapa físico y económico. Las rutas nacionales y provinciales no existían. Actualmente, casi todas están hechas mierda. Otras están incompletas; algunas existen únicamente en papel, tinta, y papel moneda. Pero eso es otro cantar. Vayamos a la vía.

  • Un Dato: La política de estado es ofrecer facilidades para atraer inversiones. El año es 1862. El presidente es Bartolomé Mitre. El estado nacional argentino garantiza ganancias del 7 por ciento a quienes inviertan en el ferrocarril Rosario – Córdoba, sobre un capital de unas 6.400 libras por milla. Se trata de un paquete de medidas. Incluye reparto de tierras para la infraestructura, exención de impuestos para estimular el negocio, y total libertad para fijar las tarifas. Hay el mismo criterio para el ramal a Chascomús.
  • Más datos: El año es 1875. Esto es una fracción de las inversiones británicas en argentina, según una fuente de la época. Va mini cuadro para ilustrar la cosa.
Áreas productivas Capital en libras
Ferrocarriles 6.609.750
Compañía de tranvías de buenos aires 800.000
Inversiones directas 4.000.000
  • Dato adicional: El año es 1885; el presidente es Carlos Pellegrini. La banca Baring otorga a la argentina un préstamo por 42 millones de pesos oro para extender los ferrocarriles andino y central norte.

Para más detalle, agregamos tres cuadritos. La idea es ilustrar las proporciones entre algunas cifras clave de la economía nacional y los trenes.

Cuadro 1 – Situación de los ferrocarriles desde 1913 a 1917

Año Cantidad de Pasajeros Cantidad de Mercaderías (en toneladas) Producido total (en pesos oro) Gastos de funcionamiento
(en pesos oro)
Entradas netas (en pesos oro)
1913 82.322.800 42.033.300 135.619.800 83.135.200 51.884.600
1914 75.103.800 33.506.800 111.861.500 72.923.000 35.938.500
1915 67.401.100 35.655.700 121.029.000 76.623.900 44.395.100
1916 64.829.900 36.630.600 125.568.800 81.404.900 44.163.900
1917 57.595.700 31.562.000 118.502.000 89.118.200 29.877.900

Nota: Se cuenta que en el cuadro de arriba, no hay cifras muy exactas. Los números vienen de compilar algunos informes de contabilidad de las empresas británicas residentes acá. Los expertos opinan que quizás hayan inflado números
para dejar contentos a los accionistas en Londres. Pero es lo que hay.

Cuadro 2 – Personal de los ferrocarriles de 1913 a 1918

Año Directivos Vía y Obras Trafico Personal de estaciones y talleres total
1913 5033 55881 35020 35856 132810
1914 5844 47497 32754 32844 118939
1915 5151 45688 32330 33897 117066
1916 3982 39485 34001 34707 112175
1917 5009 30361 32504 34745 102619
1918 5942 28844 39161 38292 112239

Cuadro 3 – relación entre las cuentas nacionales y el ferrocarril

Año fiscal Entradas brutas del FFCC Rentas de la nación
1890 $ 26.049.042 $ 29.143.767
1920 $ 218.485.374 $ 228.402.483
1925 $ 250.680.363 $ 291.510.498

Nota: resulta evidente que las ganancias ferroviarias eran parecidas a las rentas del país. Así que, su capacidad de cabildeo era importante. Los valores arriba son pesificados, al tipo de cambio de sus respectivas épocas. (Si quieren romperse el coco, pueden actualizar las cifras al valor vigente…)

Ampliemos los ramales con dos mini historias:

  • Ferrocarril Oeste: El día es el 12 de noviembre. El año es 1854. Por iniciativa de un grupo de empresarios argentinos, hay un ferrocarril desde parque – el actual teatro colon – hacia el barrio de flores. Por un decreto provincial de aquella fecha, hay la concesión para el servicio.
    El proyecto dura unos 27 años. Es una empresa rentable, que brinda muy buen servicio de pasajeros y carga. Un rebote muy favorable es que valoriza los terrenos por donde pasa. La cosa se pone tan buena, que algunos compran leguas de tierra a los lados de las vías. Se animan a construir casas ahí. En 1860, el ferrocarril oeste tiene 39 kilómetros de vía.
    Pide préstamo al estado nacional para extenderse hasta Mercedes. Se lo otorgan en 1862. Al advertir que tienen competencia, los ingleses hacen presión para sacarlos del mapa. En 1886, el Unicato juarista le corta caminos al ferrocarril oeste. Finalmente lo estatizan, para luego privatizarlo a precio vil.
  • Y el Pescado, sin vender: Las vías siempre hicieron tándem con los puertos. El estado construye el puerto de aguas profundas de Mar Del Plata. Invierte más de 30 millones de pesos. Lo terminan. Vienen barcos, y se mueve la cosa. La idea es combinar con los trenes. La capacidad de lobby de las empresas británicas tiene su encanto. Y el ferrocarril sur pasa por otro lado. Para no quedarse con la pesca sin vender, la carga recorre 450 kilómetros diarios para llegar hasta Buenos Aires. Pongamos un poquito de optimismo. Asumamos que la llevan fresca y congelada, enlatada, y que la habrán vendido bien en Retiro.

Los ferrocarriles siguen siendo transporte importante en nuestro país. Los estatizaron, los privatizaron, y los han vuelto a estatizar más de una vez. Hubo huelgas, hubo cierres, hubo reaperturas… hubo de todo. Pero, como no queremos hacer mal el trasbordo, pasamos a la sección que sigue. Habla de la argentina del Centenario.

Cent´Anni!!

En la segunda parte de “The Godfather”, Freddo Corleone explica una tradición italiana a su esposa trofeo: los momentos felices deberían durar cien años. Y ese buen deseo se usa para brindar. Argentina era una fiesta entre 1910 y 1916. No era poco. Llegábamos a nuestros primeros cien añitos de libertad e independencia. Claro que la fiesta era solo para anfitriones e invitados. En el cuarto de servicio, sonaba otra milonga. Algunos episodios.

  • Origen de los conventillos: Hacia 1871 comienza la epidemia de la fiebre amarilla en buenos aires Hay hasta 500 muertos en un día. La oligarquía se muda de barrio, para esquivar la peste. Poco antes de una epidemia de cólera, nuestras fuerzas vivas rechazan un proyecto de saneamiento. La idea es construir redes de cloacas y agua corriente en la ciudad de buenos aires. El objetivo es atajarse de la peste. Cuando la cosa se pone brava, reculan. Llaman de vuelta a los ingenieros británicos que habían hecho la propuesta. Aquel asunto implica un préstamo externo y un proyecto a mediano y largo plazo.

    Pero antes de irse, saben alquilar piezas en sus antiguas residencias a los pelotones de inmigrantes recién llegados. Aquellos palacetes quedan como “Conventillos”. Son casas con varias habitaciones, pegadas entre sí. Las estructuras son parecidas a los conventos religiosos, pero en menor escala. Tienen habitaciones de 4 metros cuadrados,
    sin ventilación, que a menudo alojan 10 personas. Los inquilinos – muchos tenían que laburar en el puerto – consiguen lugar en La Boca, Monserrat, y San Telmo. El centro de la ciudad queda en la Avenida de Mayo en aquellos tiempos. Y la vuelta de Rocha es la entrada a la argentina. Puerto madero todavía no existe.

    Un censo de la ciudad de 1904 informa que de los 950.891 habitantes de buenos aires, 138.188 reside en las 43.873 habitaciones de las 2.462 casas de inquilinato porteñas; es decir que más del 10% de la población de la ciudad está en los conventillos. En muchos casos hay: Un solo baño para 80 personas, techos de zinc en malas condiciones, y paredes rotas. Nuestros tatarabuelos sobreviven ahí de pura suerte, de milagro, y quizás por una mala salud de hierro. Tachen lo que no corresponda.

  • Huelga de las escobas: El año es 1907. El lugar es ituzaingo 279, un conventillo de capital. El dueño es un tal Pedro Holterhoff. El gobierno anuncia aumento del impuesto inmobiliario para 1908. Los dueños de los inquilinatos se adelantan, y cargan ese costo a la cuota mensual. Las comodidades de los conventillos son taantas, que un chico de 15 años – un tal Miguel Pepe – inspira la primera protesta de inquilinos.

     

    Los vecinos de la calle ituzaingo deciden suspender el pago de la cuota, mientras reclaman por mejoras. La policía federal manda a reprimir: El operativo en San Telmo lo barre a Miguelito. Y ya que “Con los chicos, no” hay adhesiones a la causa en el velorio y entierro del joven. Cuando lo llevan a Chacarita, todos marchan con escobas en las manos. Igual, la policía se mete. Hay heridos.

    La huelga de las escobas empieza oficialmente en octubre del 1908. Prende entre unos 500 conventillos en capital. Se suman los inquilinatos de Bahía Blanca, Rosario, La Plata, y Mar del plata. La protesta declina a partir de noviembre, cuando hay algunos logros.

  • CATE para todos: El año es 1898. Hay un simpático monopolio en el sector energético de la ciudad de buenos aires. En el rincón azul, la Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad (CATE) Invierten en usinas termoeléctricas, que producen energía a base de carbón. También desembarca en la red de tranvías de la ciudad, que consume electricidad. La compañía Anglo Argentina (CAA) le planta cara: Parece que se va a poner brava la cosa, pero no. CATE y CAA pactan entre sí. La energía para los alemanes, y los tranvías para los ingleses.

    Durante el mandato del conservador Alberto casares, hay un plan: poner usinas eléctricas chicas a cargo del estado, para romper el monopolio. El proyecto obliga a las compañías de tranvías que compren un cupo de energía eléctrica al estado. Hay campaña de prensa contra estas medidas. Eso no impide que la ciudad construya – al menos – una usina propia. La reacción de la CATE es “comerse” todas las compañías chicas del sector. De postre, se queda también con la usina municipal.

    En el rincón rojo, sale a la arena – aunque no demasiado – el consejo deliberante de la ciudad. Sucede entre 1907 y 1908, en la intendencia del radical Carlos Alvear. (Es el hermano de Marcelo T.) Hay trámite exprés para extender la concesión a la CATE. En una sola sesión, cumplen completo y por unanimidad el protocolo legal. Esto significa que aprueban el pliego, sin siquiera abrir el paquete.
    Sospechoso.

    La CATE participa en varios episodios de corrupción. Pero pertenecen a la “década infame” (1930 -1940) y se salen de nuestra cronología. Para no dejarlos a oscuras, contemos uno solo: en 1936, hay una comisión investigadora sobre los negocios de la compañía. Las actividades de aquella comisión empiezan firmes. Pero quedan flojas. Las investigaciones del tema sugieren que hubo coimas a las personas adecuadas. Fin del cuento.

  • La Zwi Migdal: Entre 1903 y 1906 aparece la primera red moderna de trata de personas en argentina. La fundan y organizan entre un grupo de cafiolos de origen rumano, polaco y ruso. Es versión criolla de la mafia judía. Operan más que nada en Buenos Aires y Rosario. La franquicia llega hasta Brasil y la madre patria. Es decir, Polonia.

     

    La fachada es una asociación de socorros mutuos. Traen importadas chicas de Europa del este. El casting es para chicas entre los 13 y 16 años. Van a buscarlas allá, en las aldeas judías pobres más castigadas por ataques antisemitas organizados. Al punto, conviene recordar que hay broncas, que luego estallan en la primera guerra mundial. La información sugiere que buscan jóvenes redondamente analfabetas, o con poca instrucción. Son fiolos, no estúpidos. Las víctimas tienen que ser fáciles de manejar.

    La mayoría de las victimas llegan engañadas hasta acá. Hay quien opina que algunas ya ejercen allá, para zafar del hambre. Otros sostienen que hay ardides. Les prometen empleo y matrimonio. Los datos indican que en el barco las enjaulan y hambrean, para ablandarlas. Cuando llegan, las prostituyen al toque. Empieza con una subasta privada, donde las ofrecen en bolas al mejor postor.

    La conga dura unos 15 años, sin que nadie les toque ni la sombra.
    Se cuenta que locales y otras colectividades tienen también sus quioscos. Pero los moishes manejan la mejor carne y el mejor precio del mercado. La comunidad judía internacional los tiene junados. Hacen predica para que nadie alquile casas al rufianato. Los rabinos argentinos condenan moralmente a los fiolos. Sin embargo, la sanción no pasa de la retórica y pequeños gestos. Se cuenta que se les prohíbe la entrada a las sinagogas. Ampliaremos.

Se cuenta que hubo una comisión oficial para organizar los festejos de la revolución y la independencia. Se llamó “Comisión del centenario”, y hay quien opina que fue un pozo de corrupción. Luego de los años locos de festichola, alguien tuvo que pagar la cuenta. Esa función le tocó a la Unión Cívica Radical en el esquema de nuestro desarrollo.

Los platos rotos

Estamos en 1916. Empieza el Yrigoyenato. Al radicalismo le toca bailar con la más fea. Hace muy buena oposición, y tiene una gran campaña. Es una gran fiesta cívica. (Leandro Alem, que tanto hinchó las pelotas para lograr esta meta, se la perdió por un ligero caso de suicidio) A través de su propia red de comités, la UCR es paternalista: ofrece bienes y servicios para ganar afiliados. Venden barato “el pan radical” y otros productos de la canasta básica. Ponen consultorios médicos, organizan proyecciones de cine, fiestas de carnaval y demás.

En el fondo, la UCR usa tácticas parecidas al patronazgo, desarrollado por sus “primos”. Es decir, los conservadores. Solo que el target radical es mucho más masivo. La radicheta gana por la mayoría de los votos, y con el nuevo sistema electoral a favor.

La UCR no llega sola. Comparte podio con el partido demócrata progresista(PDP) y el socialismo. (PS) En los gremios, la mayoría es anarquista. Muchos hijos de inmigrantes simpatizan con la UCR y el PS. Pero sus padres – con experiencia argenta de años – desconfían de estos “pezzonovantene”. En la trilogía “The godfather”, esto significa “uno con noventa”. Donde siempre falta una guita para los dos mangos, no da… ¿capische?

La monada estaba podrida del PAN. Sin embargo, luego de las elecciones el kilo de flautitas se va al cielo. La primera guerra mundial distrae a los capitales europeos – bah, capitales golondrina británicos – que se retiran bastante de Sudamérica. Ya que “en mercado vacío, no entran libras” nuestra economía se va yendo gradualmente al carajo. Entre 1914/1918, sube el costo de vida en las ciudades. 65% más o menos. Detalles sórdidos, aquí abajo.

Rubro Aumento promedio aproximado
Alimentos 40%
Alquileres 15%
Confecciones 300 %

Las tendencias inflacionarias están presentes durante todo el radicalato. Y duelen en el bolsillo. La ropa sube mucho porque viene de afuera. Y por una vez, la materia prima es europea en este caso.

Otra importación estratégica que sube es el carbón. En esta época, es un insumo industrial para producir electricidad, además del asado. (Recuerden CATE) Las variaciones de precios dependen de un bajón en las cantidades, por ciertas crisis previas a la primera guerra mundial. Se habla que argentina mantiene sus cuotas de exportación, y eso jode las ganancias.

En términos técnicos, Yrigoyen es un líder populista y
dirigista moderado: Justifica su autoridad por el apoyo masivo que recibe en las ciudades. Por lo general, los populistas buscan ganarse aplausos con ricos shows en vivo.

Sin embargo, el Peludo no sigue esta receta clásica; se cuida de exponerse hasta el extremo. Pero no es ningún boludo: Se gana la confianza y simpatía del pueblo mediante su entorno. Y en un punto, el misterio le juega a favor. Pero más adelante, le hace contra.

El estado radical deja el campo sin tocar. Mientras tanto, interviene la economía urbana. Con la reforma universitaria, libera el acceso a las profesiones liberales para la clase media ciudadana. Esto trae crecimiento del sector de servicios en el mediano y largo plazo. Pero como el zapato viene apretando, manda al congreso dos proyectos de ley.

  • Impuesto al redito personal: se parece al actual impuesto escalonado a las ganancias. Los salarios obreros y de clase media oscilan entre los 2500 y 10.000 pesos anuales; se cobra una tasa anual que va desde 0.75% en los salarios mínimos, hasta el 7 % en los más altos.
  • Banco de asuntos agrarios: Para fomentar colonias y granjas en el interior.

Los dos proyectos fracasan con ruido en el parlamento. A nadie le gusta que le toqueteen su bolsillo. Es el órgano más sensible de cualquier argentino. De todas maneras, hay un tercer proyecto que triunfa: se trata de un impuesto temporario a las exportaciones agrícolas.

  • El dato: Hablemos de los “Ñoquis Radicales”: Para zafar, el Yrigoyenato aumenta la cantidad de empleados públicos. La intención es calentar la economía. Reparten empleos a través de los dirigentes en cada comité. Hay internas fieras entre los punteros por acceder directamente al “peludo”, y si no, a su entorno. Inclusive con batallas y corchazos.
  • Más data: La idea entre los punteros es conseguir la mayor cantidad de puestos. Luego de la repartija, se sabe que 10 de 100 empleados nuevos van al laburo. El resto, a pasar por caja el 29. Y si preguntan, amnesia temporal. Un detalle; en un porcentaje, dejan sin tocar los empleados de la administración anterior. Hay algunas purgas, pero quedan en pura murga. En consecuencia, aumenta la burocracia estatal.

Por causa de la crisis, hay inflación. Los gremios socialistas y anarquistas organizan unas bonitas huelgas: Hay paro de ferroviarios, navieros, frigoríficos… elijan ustedes su propia aventura. El detalle es que la UCR especula con el uso del poder de policía del estado para liberar zonas o reprimir, con fines electorales.

Aparece una tercera corriente gremial: los “sindicalistas”. No les interesa ninguna revolución; quieren sobrevivir al laburo. Piden lo mismo que el resto. (Ocho horas de trabajo, mejoras salariales, y descanso dominical.) La UCR negocia bien con ellos. A cambio de zonas liberadas, obtienen votos. Al punto, hay apoyo a las huelgas en las empresas extranjeras que operan en capital federal. El resto… si te he visto, no me acuerdo. Los episodios de Vassena y la Patagonia son exactamente dos excepciones que confirman la regla.

Además de repartir cargos, el peludo usa y abusa de la
intervención federal sobre aquellas provincias que traen problemas. Según nuestra constitución, la intervención es un mecanismo legal para pacificar conflictos. Sin embargo, los radicales lo usan para mantener unido al partido, expandir su influencia, y demostrarles a los demás quien tiene las riendas. Este criterio trae consecuencias personales a la larga para Yrigoyen. Ampliaremos.

Cuando asume Alvear, hay cierta continuidad con cambios. Marcelo T. proviene de una fracción de la oligarquía que participó de la revolución del parque. Ni él, ni su equipo, son menos radicales por eso. (No olviden que Juárez Cellman no convidó negocios a cierta gente. En represalia, algunas familias integraron la UC y la UCR.) La diferencia es que Alvear tiene cierta economía a favor.

Año Volumen de exportaciones Volumen de importaciones Valor de las exportaciones Valor de las importaciones
1914 100 100 100 100
1915 127 84 116 114
1916 112 81 129 142
1917 79 70 171 176
1918 113 62 174 256
1919 135 86 190 244
1920 133 111 200 276
1921 116 103 138 228
1922 153 112 109 188

En la interna, el “grupo azul” no comulga con el “Peludo”. Opinan que la presidencia de Yrigoyen fue darle demasiado poder a una sola persona. En 1924, el ministro del interior de Alvear – un tal Vicente C. Gallo – se atreve a proponer un partido nuevo. La unión cívica radical anti personalista. La idea prende en Santa Fe, mientras Buenos Aires banca a Yrigoyen.

Alvear alienta la idea. Pero con cautela, para evitar su propio suicidio político. Al final, queda fuera de las 40 del mazo. Gallo pierde las elecciones internas de ese año. Y queda en cacareos: Se sabe que pretendía hacer, a su modo, lo mismo que criticaba a los Yrigoyenistas. La UCR elige a Hipólito Yrigoyen, y lo avalan para una segunda presidencia.

En paralelo, Alvear pide préstamos a los bancos del interior, el ferrocarril y otras fuentes de dinero. Queda formada una deuda flotante, cuyo capital sirve para financiar al estado.

Llega la primera posguerra mundial. Inglaterra se está lamiendo las heridas, y no tiene intención de girar libras acá. Hay poca recaudación fiscal, crece el gasto público, y la deuda flotante del estado Las importaciones varían según el conflicto afuera. Tiene que hacer recortes, buscar fuentes de dinero, y mantener andando la comparsa. Va cuadrito

Año Importaciones (Millones de pesos) Recaudación fiscal(Millones de pesos) Gasto público (Millones de pesos) Deuda flotante (Millones de pesos)
1913 1130 350 403 94
1914 730 250 419 256
1915 690 230 400 422
1916 830 233 375 515
1917 860 228 390 627
1918 1140 298 421 711
1919 1490 368 428 795
1920 2120 481 503 682
1921 1700 495 559 745
1922 1570 461 614 893
1923 1970 549 632 875

La novedad de la época es que unas empresas norteamericanas invierten unos dólares acá. Se especializan en bienes de capital y productos durables de consumo. En el mercado doméstico, los trenes ingleses y los autos americanos compiten por el gusto argentino. Unos comen carbón, importado de gran Bretaña. Otros comen petróleo, que se puede conseguir acá.

Hay discursos de la época que apuntan a proteger las materias primas nacionales. Por o a pesar de la retórica, Alvear necesita más guita en el presupuesto. Si no, se cae del mapa.
Las cifras más arriba explican que el recorte y la deuda flotante no alcanzan. La muy norteamericana Standart Oil Company desembarca en argentina. El Alveario le otorga permisos para explorar y perforar pozos en Salta. Se cuenta que un juez salteño suspende esas medidas, y la compañía demanda al estado.

En su segundo lanzamiento para presidente, Yrigoyen especula con nacionalizar el petróleo. La estrategia es prometer un país rico en recursos, que banque al estado. Incluye industrializar al país en parte; pero la meta real es ocupar a la burocracia en el tema. Hay campaña de prensa contra la Standart Oíl. Mientras tanto, se hacen olímpicamente los otarios con los británicos, que también están en el área. El carbón no venía de acá. Al punto, los Yrigoyenistas en campaña barajan tres iniciativas para el sector energético.

  • Algunos buscan que el mercado haga lo suyo, con más iniciativa privada.
  • Otros proponen sociedades mixtas entre el estado y las empresas privadas.
  • Algunos proponen una tercera opción: Que el estado regule el área, y conceda permisos a los privados mediante licitación pública. Estamos hablando de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. (YPF) La idea es agrandar el combo con minas de carbón locales. Eso queda para yacimientos carboníferos fiscales. (YCF) Este es el proyecto que queda finalmente.

Al final no pasa nada. YCF/YPF queda en puro carpetazo. Los gobiernos que siguen lo hacen realidad, general Mosconi incluido. Luego usan y abusan de concesiones a los amigos, y el precio de la nafta como caja para financiar sus jodas. Pero eso es otro cuento.

Durante el Alveario, lo peor que podía pasarle a un correligionario era quedar cesanteado. Era gente que comía gracias al puestito que le había dado el partido. Para ellos, el comité se había convertido en un medio y modo de vida. Algún comentario de segunda mano de Arturo Jauretche dice: Los radicales cesantes vivieron los despidos como una tragedia. Don Arturo traza contraste entre ellos, y los peronistas. Ellos esperaban que el partido los rescatara. “Para ellos, era más una cuestión de reconocimiento, de jerarquía… pero no podía ser”. Los peronistas, por su parte, ya estaban acostumbrados a pasarla mal mucho antes de Juan Domingo Cangallo.

Volvamos a los años 20s: Se cuenta que la “mano de obra desocupada” Yrigoyenista aprende a reciclarse a sí misma; Se cuenta que los caudillos radicales de barrio se meten en el negocio del juego clandestino y la prostitución. Por la libre, aparecen los compadritos y las patotas bravas, las paicas y las grelas, que tantas milongas y tangos ilustran.

Pero la cosa no es tan rosa como cantan. Hacia 1929, cae la Zwi Migdal. Los rufianes compran a la gente indicada, y son intocables por largo rato. En 1926, hay una chica llamada Perla Perzeloska, que consigue mandar una nota en yiddish, avisando de su cautiverio. La rescatan. Tres años más adelante, Raquel Liberman presenta denuncia con pruebas contra la organización, y declara en juicio. A diferencia de otras, Raquel sabe leer y escribir. La llevan engañada, como a la mayoría. Descubre que su futuro esposo ya estaba muerto. Viene al país con sus dos hijos. Se come el garrón por 11 años. Ni bien puede, aprovecha y los rompe desde adentro. Las autoridades reaccionan. Van en cana 108 macrós. El resto huye a la provincia de Santa Fe, y al exterior. La comunidad judía en argentina celebra con ganas el hecho. Pero la fiesta dura poco; luego de unos meses los liberan.

Volvamos a la política: Cuando asume el segundo Yrigoyenato, repite recetas. Pero con algunas modificaciones. Repite subir empleos públicos. Purga empleados alvearistas, y pone tropa propia.
Delega las relaciones con los gremios en los comités. Con el regreso del peludo, la otra mitad de la UCR es una fiesta. Para ellos, hay promesa implícita que vuelven los buenos tiempos. Un grupo del entorno forma el “Klan Radical”, que hace contra al grupo azul.

Volvamos al país: Yrigoyen repite la intervención federal; esta vez se lo reprochan dentro y fuera del partido. Lo comparan con la mazorca de Rosas. Y hay líderes provinciales – conservadores algunos – que se ponen nerviosos. Además, Hipólito tiene bailes con:

  • El ejército: Durante la “gran guerra”, Argentina se declara neutral. Mientras tanto, busca exportar grano y carne a buen precio a los países en conflicto. Nuestras fuerzas armadas, siguen el partido por los medios; hay quienes hinchan por Bismark, y otros por los aliados. En el Boca – River, hay milicos y civiles conservadores que influyen sobre una parte del generalato y los oficiales más jóvenes. Queda formada una alianza política sin partido, que produce varios brotes verdes. La cosecha llega con el golpe de 1930.
  • Los empresarios: Hay ahogos por las huelgas, el impuesto a la exportación agrícola, y la falta de inversión. La UIA (Unión Industrial Argentina) mete fichas, e Yrigoyen tiene que pactar con ellos, sino se cae del mapa.
  • El parlamento: A la UCR le cuesta negociar entre sus dos mitades. Y los otros partidos aprovechan esa debilidad. Las provincias no – radicales juntan bronca por las intervenciones federales. Les complican la gobernabilidad y los negocios ganaderos. Hay más halcones que palomas. Y todos hablan fuerte en un dialogo de sordos.

El equilibrio es cada vez más precario: A poco de asumir de vuelta, hay intento de magnicidio contra el “Peludo”. Sucede en la puerta de casa rosada. Los atacantes disparan al grito de “¡Muera el mazorquero!”. La custodia y los entusiastas del Klan bajan a los atacantes. Yrigoyen queda a salvo. Lo suben a un taxi. Al alejarse, exclama: “¡y yo, que nunca hice daño a nadie!”

Yrigoyen deja sin tocar la deuda flotante, y se queda esperando buenas señales de afuera. Pero esas señales no llegan. Cuando crecen las deudas internas, la agenda política que expresan estos intereses se complica. Eso desborda al “peludo”.

Luego de la primera posguerra, afuera hay depresión económica. De a poco, llega la reconstrucción y la recuperación a fines de los años 20s. Gastan la guita allá. Pero no se olvidan de los “argies”: amagan con invertir acá, siempre que les sobre alguna chirola. La frase enseña que “promesas hacen los novios”. Dicho y hecho.

Sin embargo, a los pocos años sucede la crisis del 1930. Es el gatillo para que llamen a la puerta de los cuarteles, y debute el primer golpe de estado moderno en argentina.

A propósito: Hay acuerdo entre los expertos que el sistema se cae por sobreproducción. Esto repercute en el resto. Keynes elabora una ecuación para balancear la macroeconomía. La bajada a la práctica de esta teoría es el estado de bienestar, que implica paquetes de medidas para intervenir el sistema y rescatarlo de sí mismo. Pero eso, shaibb… ya es otro cuento.

Conclusiones

Dicho en dos palabras: Argentina fracasó.

El detalle es cuando, como, y porque. Pero sin comerse ninguna galletita. Circula una frase falsa de Clemençau, que dice: “Argentina es el país del futuro. El problema es que lo será siempre.” Al menos para mí, por la verdad que enuncia y connota, merece ser cierta. Pruebas al canto hay de sobra.

Nuestro modelo agroexportador tuvo altas, bajas y modificaciones. La concentración de la riqueza y la dependencia económica fue evidente y amarga. Llevar la contabilidad de todo lo perdido en pesos y libras, sirve para ubicarnos según las épocas. Sin embargo, hay que trascender de condenar alegremente ineptos, cipayos o ladrones.

Aquí nunca hubo progreso genuino. Hubo amagues y pifias. Hay el relativo consuelo que otras partes del planeta pasaron desastres y negligencias, iguales y peores que las nuestras. Se dice que varios de esos sitios ya no existen más. Sin embargo, es evidente que seguimos acá.

Y ya que estamos, más vale que aprendamos esto: primero hay que resolver el problema, y luego la culpa. Porque castigar a un culpable para resolver un problema, alivia el dolo, pero no erradica el delito. No fue ni es exactamente el caso argentino. Perón decía: “Se gobierna con la cabeza de los dirigentes, o con los dirigentes a la cabeza”.

Nuestro subdesarrollo existe por varias razones. Algunas ya las explicamos. Y en lo que va del tema, ocurre que vivimos recostados en beneficios secundarios de un puñado de técnicas y tecnologías importadas.

Al punto, esto es reconocer patrones de conducta. El presente no repite el pasado, sino que lo hace más oscuro. Agrega capas de complejidad, al tiempo que continúa las cosas. En lo profundo, las etiquetas del tema provienen de las nociones de evolución y bienestar que hemos sembrado entre nosotros. Ahí hay que pinchar. Entonces, vayamos a los bifes.

  • En la Primera parte, vimos curros durante la colonia y la organización nacional. Es evidente que hubo angurrias, ya que eran tiempos revueltos. A fin de cuentas, no se pudo llegar al omellette sin romper los huevos.

    Por y a pesar de la joda, hubo gente derecha. ¿Alguien puede decir que San Martin, Belgrano y Dorrego metieron mano en la lata? Nos convertimos en una patria. Una vez libres e independientes, faltaba ser un país. En el vacío entre las dos
    cosas hubo espacio para: los negociados de Paso, los desastres de Rivadavia, las maniobras de Rosas y Urquiza, los curros de Avellaneda y Roca, los crudos, los cocidos y el resto.

  • En la segunda parte, el reflector esta puesto en la generación del 1880. Esta gente buscó instaurar una civilización blanca, idealizada, democrática, progresista y filantrópica. Eran ideas de la Sociedad de Mayo, y abundaban en los salones literarios. Al punto, conviene medirlas con criterios de época. Cuando aquella generación asumió el poder, tuvo que darse rico baño de realidad; tuvo que hacer malabares entre la
    liberalidad teórica, muy romántica, y el conservadurismo práctico.

    El detalle fue que no se pudo cagar más arriba del culo. Aquí estaba la colonia más devaluada del imperio. Y con escasez de recursos, había que convertir esto en una nación. Bien o mal, pero rápido. El campo sirvió para generar riquezas. Dio impulso a la clase gobernante. Pero con eso no alcanzaba. Se financiaron mayormente con deuda exterior. Y ahí cagamos la fruta.

    Las crisis por los malos negocios debilitaron el modelo conservador. La exclusión de los inmigrantes y sus familias en el modelo, fue el empujoncito final para que cayeran las estanterías. Sale la conserva. Entra la radicha.

  • La entrada actual habla de la UCR: Fue una coalición política, formada por una fracción de la oligarquía terrateniente y la clase media urbana. El padre de la criatura – Leandro N. Alem – fue un ex conservador, que fue virando al republicanismo.

    Bajo ese paraguas – el republicanismo – se juntaron los dos grupos sociales de más arriba. Obvio que eran agua y aceite. Intentaron hacer una emulsión. Funciono, pero solamente por un tiempo. Tenían en común su antipatía por los conservadores, y los mal llamados liberales argentinos. El malhumor social los favoreció. Detalles ya contamos en otra parte.

    La UCR fue hija del modelo agroexportador. Le interesaba abrir el dialogo y hacer comicios limpios. La imagen que quedó para la posteridad es que Radicheta es igual a constitucional. Y por lo tanto, ser radical es ser profundamente legítimo, legal, fundacional y patrio. Es decir, campeones del juego limpio.

    Pero, justamente la historia nos confirmó que la UCR supo jugar sucio para conservar cuotas de poder. Luego de las dos presidencias y media, luego del golpe, luego de debatir con el peronismo… el precio devaluó, y mucho.

    Que se sepa: Los radicales modelo 20s buscaban redistribuir la riqueza existente. Al punto, hay crecimiento del sector servicios: puertos, trenes, electricidad, tranvías, ganado, metalurgia, etc. Eso empuja el carro, y algunos melones se acomodan solos. Pero, para su mal, no
    llevan agenda económica definida.
    No buscan industrializar el país. Y otra vez, sopa.

Con los años, hemos actualizado los figurines, pero nunca la tela ni el talle. El rango de ejemplos es vasto y complejo. Vimos muchos episodios en estas tres entradas.

Por lo tanto, un poco de historia ayuda a saber que cualquier modelo de país fue, es y siempre será una promesa grande. Como toda promesa, depende del contexto para que se cumpla. Y si se cumple, nunca será como se ha dicho.

Saludos y suerte.

El fulgor argentino: Notas sobre modernidad y desarrollo en nuestro modelo agroexportador – segunda parte

En esta entrada, vamos a contar con algunas cifras un poco de esta histórica histeria.

Buenos Aires: La reina sin plata

Dicen los que saben de verdad (yo siempre repito como un eco) que desde el S. XV hasta inicios del S. XIX hubo economía colonial. La administración de leyes, el comercio y la recaudación de impuestos fueron exclusividad de la Corona Española. Primero nos gobernó la casa de Aragón. Mas luego, fueron los Austria, y finalmente, tuvimos a los Borbones… ¡Olé!

La toma de decisiones estaba en manos de los Reynaldos. Para conocer y controlar bien cada tema, había cuerpos de asesores. Conviene saber esto: En el derecho español, la clave es el “bien común”. Lo que sume y sirva para proteger y aumentar el patrimonio, vale. Se sabe que había mecanismos legales para reclamar al rey, y otros para ampararse de las medidas de la corona. Hay mucho escrito al respecto.

Al punto, El consejo de indias era ese cuerpo de asesores que se encargaba de monitorear, informar y aconsejar sobre las colonias. Otros consejeros se ocupaban del resto de la agenda. Del otro lado del charco, las autoridades locales eran virreyes, gobernadores y funcionarios, enviados desde la casa matriz. Tuvieron que hacer malabarismos con el contrabando. Ampliaremos en breve.

Sin abundar en detalles, España consiguió gobernar sobre Portugal por un tiempo. Alguien resumió el evento así: “La corona a cambio de compartir la plata americana con los cortesanos portugueses”.
Como represalia, los lusitanos, vivos como el hambre, castigaron a los galaicos con una red de contrabando hormiga, para cagarles olímpicamente el negocio. Iniciaron las intrigas en Europa, e instalaron el modelo en el nuevo continente, con mucho éxito.

En el “reino donde no se ponía el sol”, iban y venían cantidades de oro, plata y mercancías. Las rutas oficiales eran estas.
Ida:(en barco) Lima – Portobello – Sevilla. Vuelta: España (en barco) – Istmo de Panamá (en barco) – Buenos Aires (por tierra) Con muchos pases de mano, el precio de las mercancías llegaba muy inflado hasta el extremo sur. A fin de cuentas, alguien tenía que pagar las carretas que traían las cosas hasta acá. No alcanzaba la guita para comprar a precio oficial. En consecuencia, y para no morirse de hambre, no había otra que subirse al mercado clandestino.

En este paisaje, la mayoría del norte del actual territorio argentino estaba bastante explorada. Por supuesto, las rutas comerciales terrestres pasaban por ahí. La zona más importante hacia el sur eran las actuales provincias del litoral: Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Misiones, y el puerto de la banda Oriental. (Favor de no confundir lo último con supermercados chinos.)

Nuestra parte de la región (Argentina, claro) tenía poca capacidad para producir oro, prioridad de los españoles. Pero más al norte – estamos hablando del virreinato del Alto Perú – producían plata a lo pabote en las minas del Potosí. En el último tercio del S. XVI, usaban amalgama con mercurio. Los indios morían como moscas ahí. Así que pidieron esclavos negros, obvio.

  • El Dato – Potosí era un mercado importante: Llegó a tener 160.000 habitantes. Claro que esa cifra bajó, cuando empezaron a quedarse sin indios. El producto de las minas iba a España, (ya dijimos las rutas comerciales) mientras una porción quedaba en manos de la elite local. Por su influencia, quedó formado un sistema bi – monetario en la región.

Buenos Aires no valía mucho entonces: La fundaron en 1536. Salió como el culo, y tuvieron que fundarla de vuelta en 1580. Fue el único caso que la remake resultó algo mejor que la original. Ahí, que por ay andaba Garay, era una ciudadela de 15 cuadras de largo y 9 de ancho. Usando la nomenclatura actual, iba a lo largo desde las calles independencia hasta viamonte, y a lo ancho, desde Balcarce/25 de mayo hasta Salta/Lima.

Pero el dato estratégico fue: El puerto quedaba donde actualmente está “la vuelta de Rocha”, sobre el riachuelo. Y si yo tengo que agregar algo, aquí digo: La segunda Buenosayres pasaba parcialmente por San Cristóbal, San Telmo, y La Boca. Además, me gustaría creer que, por aquella época, las aguas del puerto estaban limpias.

La mayoría de las construcciones eran precarias, de maderas de pinotea y techos de paja. Muy lentamente, pasaron a ladrillos. La pobreza era franciscana, forzada por la coyuntura.

A pesar de los pesares, Buenos Aires fue quedando como sede administrativa del gobierno español. La intención de las autoridades españolas era frenar el avance portugués en la zona.

Había que estimular y proteger el tráfico legal de mercancías y metálico desde el norte y el litoral hasta los puertos: Montevideo y el nuestro se usaban en forma indistinta. Y las zonas portuarias estaban repletas de negociantes.

Los intermediarios, por lo general, actuaban así. Con el interior, Plan Canje: Mercancías locales por productos importados. En aquellas zonas que daban materias primas, compraban cueros y salazones con mercancías importadas. Usualmente, lo hacían mediante consignatarios. Las materias primas iban para afuera al toque. Con las regiones más ricas – otra vez Alto Perú y zona de influencia – iban directo a la compra de productos en metálico, y la reventa para afuera.

Y aquí nos guardamos lo mejor para el final: El contrabando. Por la inflación galopante, había dos opciones oficiales. Rascar la olla, o morirse con lo puesto. Y tal como enseña el dicho: La necesidad tiene cara de hereje. El puerto de buenos aires y su gente hicieron negocios debajo de la mesa.

Se cuenta que hubo contrabandistas portugueses que aprovecharon la doble jurisdicción: emigraban desde Brasil hasta acá, donde los españoles no los tenían fichados. Algunos llegaban perseguidos por la inquisición. Y al verse flojos de papeles, ellos se blanqueaban casándose con ciudadanas españolas residentes en Buenos Aires.

Hubo un gobernador porteño, don Fernando de Zarate, que tuvo sobrinos contrabandistas: El tío les proveyó una coartada, con la ley de “arribadas forzosas”. Esta norma obligaba incautar la carga de todo barco enemigo capturado por la real armada, y subastarla en los puertos españoles.

Entonces, los chicos registraban una captura trucha en alta mar, o un naufragio. Y el tío remataba para blanquear la situación. En las subastas, estos muchachos compraban esclavos y mercaderías, y luego los revendían. Todo quedaba en familia.

Hubo una organización llamada “el cuadrilátero”, dirigida por un tal Diego De La Vega. (No, chicos… no era “el Zorro”. No salía en su corcel con la luna, ni marcaba la zeta) Hacían contrabando y subastas truchas, obvio.
Usaron su propio poder económico para comprar protección política. Infiltraron las aduanas, el cabildo, y tenían en el bolsillo algunos funcionarios judiciales. Al que no podían comprar, lo mataban. Algunos miembros del cuadrilátero tenían captura recomendada. Pero sus amigos los hacían zafar. Se cuenta que el expediente judicial sobre esta organización tenía 16 mil fojas.

  • El Dato: En unos tres años y pico, el cuadrilátero “importó” unas 4000 “piezas” de mercancía. Y sus ganancias eran algo más de dos millones de ducados. Era mucha guita para la época. La administraban desde España, con asesoramiento de un abogado, José de Pinelo. Se encargaba del armado legal de las subastas.
  • Data adicional: En los remates oficiales, el tope para cualquier oferta fue 100 pesos plata. El cuadrilátero procuraba que su gente ganara siempre. Participar de las subastas era peligroso. Quien no era del palo, corría riesgo de quedar “exportado” al otro barrio.

Como algunos saben, Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias, para los amigos) fue un funcionario público español prestigioso. Respetado por propios y ajenos, ocupó cargos clave. En una oportunidad fue gobernador de Buenos Aires. Combatió el contrabando, con un paquete de medidas: limitaba el comercio de ultramar a dos viajes por año, apretó los controles sobre la inmigración portuguesa, y las subastas. Su política dividió a los vecinos en dos grupos; Los “Beneméritos”, que eran vecinos ya tradicionales, partidarios del orden. Y enfrente, los “Confederados”, vecinos nuevos que
toleraban el contrabando, porque opinaban – no sin evidencias solidas – que la economía no aguantaba. La gente del cuadrilátero estaba entre sus miembros.

Cuando Hernandarias terminó su mandato, su sucesor continuó la obra. Casi apresan a unos personajes peligrosos. Pero los confederados hicieron desaparecer accidentalmente a propósito evidencias, pesquisas y testigos. Finalmente, se impuso el criterio de obedecer ciertas leyes, pero no acatarlas.

Cerremos el boliche con un dato fuerte: Cuando comenzó la emancipación,se pudrió el negocio de Potosí. A partir de la lucha de Castelli, Monteagudo, y la derrota patriota en Huapi, los realistas cortaron el suministro hacia el sur.

Se suponía que Montevideo y Buenos Aires debían quedarse sin abastecimiento. Pero los puertos del rio de la plata – lejos de quedarse colgados – no solo tenían el contrabando, sino que les habían desatado las manos, para dedicarse a buscar nuevos socios comerciales.

Y que dios y la patria lo demanden

La corrupción había iniciado con el contrabando. Y siguió la ronda, nomas. La ciencia y arte del choreo fue pidiendo nuevas formas. La revolución de mayo y la confederación prometieron transparencia de ideas y de cuentas. No se cumplieron por completo. Veamos dos ejemplos:

  • Juicio contra Larrea: El año es 1815. Hay una causa judicial contra Juan Larrea,ex vocal de la primera junta de gobierno.
    Miguel Basavilbaso acusa a Larrea de malversar fondos públicos. En el procesamiento, indica que el acusado vendió 9.810 marcos y cuatro onzas de barra en plata por menos de su valor, en unos 23.518 pesos, sin rendir cuentas al estado.

    En el mismo documento, el fiscal comenta que Larrea busca zafar. Señala a dos navieros ingleses, Magnil y Dilson. Pero Basavilbaso demuestra que son sus empleados y cobran comisión por su trabajo. Presenta como antecedente la venta irregular de tres corbetas del estado: Neptuno, que costaba 15.000 pesos; Belfast, que valía 22.000, y Agradable, que costaba unos 25.000. Las tres juntas costaban 62.000 pesos. Pero Larrea vende el pack a un tal Manuel Lorenzo en 30.000 pesos. Se dice que este procesamiento incluye más operaciones truchas.

    El 9 de octubre del mismo año, el juez Manuel Vicente de Maza
    condena a Larrea al destierro. Instruye que no lo lleven a Brasil ni a Europa. Expropia al condenado por 82.300 pesos con tres reales, que los retiene la aduana. En 1847, ya en el exterior, Larrea se suicida con su hoja de afeitar.

  • Números rojos de Urquiza – “A que no me echa usted en cara”: La confederación cae con ruido en la batalla de Caseros. El general federal entrerriano Justo José de Urquiza incauta dinero del banco: Unos 23 mil millones de pesos plata.
    Reparte porción de los fondos entre algunos influyentes, para comprar favores y mantener a los leales. Hay una lista parcial de la nómina. Ahí vamos.
Favorecidos Pesos
Don Vicente López, gobernador de la provincia de buenos aires $200.000
Doctor Vicente Fidel López, hijo del gobernador $150.000
Doctor Benjamín Gorostiaga
$150.000
Doctor Francisco Pico, fiscal de la excelentísima cámara $300.000
Don Ángel Elía, secretario de Urquiza $100.000
Destino sin especificar. Por órdenes de Urquiza. Comisión a cargo de Elía. Y traslado a cargo del Coronel Lagos $1.000.000
Coronel Ovidio Lagos $80.000
Doctor Elías Bedoya $60.000
Doctor Juan Francisco Seguí, auditor del ejercito $100.000
Doctor Juan María Gutiérrez $150.000
General Guido $200.000
General Benjamín Virasoro $1.289.000

Luego del reparto, Urquiza y su familia se quedaron con el resto del dinero. Quizás este episodio explique las conductas del líder federal en las derrotas de Cepeda y Pavón. Hay quien dice que Urquiza ya era rico, mucho antes de este episodio. Como oficial federal, sus pergaminos fueron indudables. Había gastado tiempo y energías sangrando para la causa. No obstante, cuando se abrió del mando del restaurador, bajó su precio.
Seguirla contra los unitarios – igual de codiciosos que Juan Manuel de Rosas – era políticamente correcto, pero malo para el negocio. Así que… estuvo a media máquina, y luego se fue al mazo.

Al punto, hay una anécdota graciosa: En una discusión entre Dalmasio Díaz Vélez – autor del código civil argentino – y un nombre de la lista, Vicente López junior. Díaz lo chicaneó así: “¿A que no me echa en cara usted que yo hubiese aconsejado que diese a ningún hombre de mi familia doscientos mil pesos, como hizo usted darle a su padre por el general Urquiza?” Se nota que Diaz velez no se hacia pagar el copetin.

Hay una constante en la corrupción argentina: Las clases altas más tradicionales, (Terratenientes, Militares, Funcionarios, etc.) y luego la burguesía moderna, (Comerciantes, Industriales, Financistas, etc.) supieron acumular mucho. Hicieron trampa, por supuesto. Y nunca comprometieron sus fortunas personales cuando el país lo demandó. Hubo excepciones que confirmaron la regla. Murieron pobres. Sus salarios atrasados hoy son monumentos, calles, y el rescate de su memoria.

Las inversiones inglesas

Las invasiones inglesas fueron el catalizador o gatillo para la evolución política de los ciudadanos en Santa María de los Buenos Aires. Se cuenta que los gringos vinieron para acá, aconsejados por los portugueses. Se cuenta que hubo varios carpetazos en Inglaterra, que los cajonearon, y finalmente hubo un proyecto que triunfó. Hay mucho chamuyo sobre el tema, y también datos ciertos.

Las elites porteñas estaban contentas que llegaran visitas. A fin de cuentas, éramos los parientes pobres del Potosí. Con carpa – porque acá todavía había virrey – esperaban hacer buenos negocios. Los británicos eran capos del mar, y su economía tenia buena pinta.

Resumiendo: mandaron dos expediciones.
La primera duró más que la segunda. De todas formas, las autoridades españolas y los criollos se los sacudieron de encima. A partir de la segunda victoria, los criollos empezaron a agrandarse: Hubo malas noticias desde España. Esto reforzó cuestionamientos al sistema colonial, que antes se decían en voz bajita. Flojos de papeles, los funcionarios de la corona, aguantaron hasta que no dieron más. El agite fue creciendo. Finalmente, hubo la revolución de Mayo.

Fue cortar, y dar de nuevo. Pero… ¿Hasta dónde daba? Nuestra nueva clase política, nació rechazando las invasiones y logró la independencia. Pero ya que no es mala cosa evolucionar, mas luego atrajeron las inversiones inglesas. Estaba naciendo una nueva era. Argentina necesitaba prenderse al mapa del siglo diecinueve. Bien o mal, pero lo más rápido posible. No había que ser genio para advertir que necesitábamos sponsors.

Los malos negocios con Gran Bretaña fueron de varias docenas de ceros. Quizás se puedan comparar con aquellos venenos o puñales lentos, que no por lerdos lastiman poco. Nuestro primer presidente de la nación, Bernardino González Rivadavia, encarnó varios vicios de la época. Para no gastarle el nombre, vamos a ponerle “Bernie”. En algunas cuestiones, tenía ciertas ideas valiosas. (Alentaba que el estado argentino no bancase a la iglesia católica apostólica romana.) En otras, estaba interesado en hacer guita fácil y rápida. Fue diplomático en Inglaterra, ministro en la provincia de buenos aires, y culo y calzón con el banco Baring Brothers, de Londres. Ejemplos:

  • Fundación y fundición del Banco de descuentos: Antes de la presidencia, Bernie trabajó para el gobierno de la provincia de buenos aires. Desde ahí, alentó el primer banco inglés en suelo argentino. 
    El Banco de Descuentos abrió sus puertas en 1822. Estaba destinado a financiar el crecimiento de la provincia. Y fue el antecedente inmediato del banco central de nuestro tiempo. Sus dueños británicos lo fundaron, y lo fundieron al toque. Su capital inicial era un millón de pesos plata. El descuentos quedó habilitado para operaciones habituales, pero también para emitir moneda. Su capital inicial respaldaba la emisión de billetes de 100 y 50 pesos, convertibles en metálico, con aprobación del estado.

    Pero hubo problemas con el sistema bimonetario:
    Una onza de oro valía entre 16 y 17 pesos plata. Cada Peso Plata se dividía en 8 Reales Plata, y estos en cuartos de real. Las onzas de oro abundaban, pero eran para los grandes negocios. En cambio, los pesos eran escasos. Y eran moneda corriente para la economía doméstica. No olvidemos los problemas con potosí.

    La intención de alentar al banco de descuentos, era resolver los faltantes de cambio chico.
    El ejecutivo provincial encargo monedas de cobre a Inglaterra. En 1824, la sala de representantes mando emitir billetes de uno, tres y cinco pesos, canjeables por onzas o plata. En aquellos tiempos, la emisión era menor a los 300.000 pesos. El banco encargo un millón, con 9% de interés anual. El descuentos tuvo 12 % de ganancias en su primer año, y el nivel se mantuvo alto, gracias a una ayuda del estado. Dos años más tarde, los préstamos que daba el banco excedían por 800.000 pesos al circulante disponible. En criollo: Bernie y su ministro Manuel J. García, permitieron que el banco de descuentos “empapelara” la provincia con bonos y billetes, sin el correspondiente respaldo en plata u oro.

    El estado provincial pidió un refuerzo de 500.000 pesos fuertes para el banco de descuentos, mediante un préstamo a la banca Baring. Un grupo de funcionarios afines a Rivadavia, aprovecharon la oportunidad de hacer negocio con el asunto: el 25 de junio de 1824, las acciones del Descuentos daban un premio del 7 al 8 por ciento.
    La tasa subió entre un 80 y 160 por ciento al mes siguiente. Cambiaron billetes por plata y oro. Cuando hubo guerra con Brasil, aumentó el valor del metálico. Se sacaron los papeles de encima, y ganaron hasta el 300 % con la suba de los metales preciosos.

    En enero de 1826 el banco estaba en tiempo adicional, cerca del vaciamiento. Pidieron la inconversion de la moneda. Es decir, que no se pudiera canjear por metálico. El ministro García decretó la medida por tres meses. En paralelo, aquel banquito fue indemnizado por el 40 % de su capital de libros, para luego formar parte del banco nacional. La nueva entidad cubrió los números rojos que había dejado. Tenía cinco millones para iniciar sus operaciones. Y tuvo que quedarse con uno solo.

  • Primera deuda externa – Empréstito con la Baring Brothers: El año es 1822. Por iniciativa de Bernie, sale un proyecto de ley para tomar deuda externa en la provincia de buenos aires. En principio, la guita es para obras públicas. Durante el debate parlamentario, hay quienes cuestionan el proyecto. Hay la promesa de recuperar lo gastado y ganar 600.000 pesos al año. La oposición señala que, si estamos tan platudos, no necesitamos que nos presten. El oficialismo sostiene que las libras oxigenan el sistema, y suben el valor del peso argentino. Finalmente, hay luz verde para el empréstito en 1823. Los gestores argentinos son Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos, y Juan Pablo Sáenz Valiente. Los gestores ingleses son los hermanos Parish – Robertson, y Alexander Baring. Antes y durante la operación, los responsables pactan que parte del dinero lo retengan en Londres, a cuenta de pagos futuros del capital e intereses. Descuentan también las comisiones de los negociadores. Al final, llega mucha menos guita que la prometida. Quedan solamente 570.000 en poder del estado. No les dan fines productivos. Sin embargo, los acreedores se cobran la deuda por el total del préstamo, en las condiciones negociadas de antemano. El estado argentino termina de pagarlo en 1924. Veamos.

    • Gastos administrativos:
      Félix Castro fue el cerebro de la opereta. Por supuesto, contaba con la aprobación de Bernie. Supo pactar que los negociadores debían cobrar del estado argentino 8.000 pesitos cada uno de indemnización, si no se firmaba el trato. Una vez firmado el acuerdo, los gestores se llevaron 120.000 libras del total, en carácter de comisión. Bernie se llevó su tajada. Unas 6.000 libras del empréstito, en calidad de gastos de representación.
    • Condiciones del préstamo:
      Era una operación habitual de la época. Cobraba una tasa de interés de 7% sobre el capital. Baring prestaba cinco millones de pesos. En libras esterlinas, era 1.000.000. no en efectivo, sino en letras es decir órdenes de pago a nombre de terceros.
      El proyecto inicial estipulaba que el estado debía recibir los fondos en cuotas semestrales de 350.000 libras, a través de giros bancarios. Como garantía sobre el pago completo, el estado provincial hipotecó terrenos fiscales.
    • Cotización en bolsa:
      La deuda cotiza en la bolsa de Inglaterra. Tiene expresamente prohibido operar dentro del país. Las acciones pagan el 70% pero la Baring obtiene 82 % de dividendos. En fin, nos cagaron.
  • Ley de Enfiteusis: El año era 1826. La deuda externa con la Baring nos dejó en pelotas. Con la tierra hipotecada, había que zafar de alguna forma. El embargo abarcaba toda la superficie del país, incluido el subsuelo, para compensar las pérdidas de la provincia de Buenos Aires. Rivadavia lanzo la Ley de Enfiteusis.
    Esta norma habilitaba al estado para dar en propiedad los terrenos comprometidos, a cambio del pago de un canon anual, fijado por los interesados. Un detalle: Una vez escriturada, la propiedad era transferible. Se nota a la legua – hace ya 190 años – que buscaban juntar unas chirolas, y de paso, aflojar la hipoteca.
    Las tierras no se podían vender. De ahí la enfiteusis. La oferta de terrenos iba dirigida al público en general. Pero aquellos que tuvieron real acceso fueron grandes comerciantes y terratenientes: Se convirtieron – de alguna manera – en inquilinos del estado. La enfiteusis de Rivadavia – tiene nombre de infección… ¿o me parece? – no especificaba las dimensiones exactas de los terrenos,
    ni hablaba de poblarlos o inducir ganado. Se cuenta que el tope era de 400 leguas. Para el caso, los que accedían podían lotear y subalquilar a productores chicos, sin rendirle cuentas a nadie. Las campañas del desierto hicieron el resto. La consecuencia principal fue que hubo concentración de la propiedad de grandes extensiones de tierra, por donde pasó el tren y se llevó las vaquitas. Ampliamos más adelante.

No se puede exculpar a Rivadavia y su equipo por las soberanas cagadas que hicieron con las cuentas nacionales. Los libros de contabilidad hablan por sí solos. Pero tampoco comamos el amague que fue un villano, y el resto, pobres víctimas. Si nos hundió el puñal hasta el cabo, fue porque lo dejaron llegar ahí. Al punto, la objeción para Bernie es que la evolución no puede ser a cualquier costo. Y siendo autocritico, es fácil decir cuánto se robaron, ahora que ya pasó todo. Al punto, la gracia es estudiar el pasado para reconocer patrones de conducta. Y en lo posible, evitar arenas movedizas.

De todas maneras… la objeción no carece de valor: Hubo gente recta, y personajes siniestros en el siglo XIX. Más precisamente, una manga de muertos de hambre, atolondrados, que buscaron el camino más fácil. Quizás hayan pensado que tenían mucho para hacer, y poco tiempo para cumplirlo. Debatían, votaban y ejecutaban medidas en un régimen con pocas ideas, sin gobernabilidad, y puro fraude.

Pero no podemos cargarle todo a la dirigencia. La poca población que había, estaba repartida en muy arriba y demasiado abajo. En una tierra de contrastes así… para ascender en la cadena alimentaria, era indispensable ser cínico, y porque no, violento. Muchas milongas y tangos ilustran el asunto con música y letra.

Fue esta arquitectura social que generó federales y unitarios. Fue este mismo diseño que permitió que luego de Rivadavia, la muy roja, Rosista y federal buenos aires se quedara con el queso, mientras el resto de las provincias – cada una con su caudillo – dependían que el restaurador amaneciera de buen humor, para que les repartiera alguna chirola.

Por su propio lado, la educación definía un sistema feroz de filtros socioculturales. (Ver en “que sabe nadie” – primera parte) Se suponía que nos iban a formar en: democratísimo, filantropía y liberalidad tolerantes, respetuosas del discenso, al tiempo que responsables de las propias opiniones y conductas, según las leyes y la buena moral republicanas y laicas.

En esto… la patria tiene mucho que demandar. Y eso de Dios, si es que va para garante nuestro, todavía no se presentó a pagar ni una guita por lo que debe.

Se cumplió aquello que hay los políticos que se nos parecen, no los que necesitamos o merecemos. En otras entradas, dimos palazos a la historia reciente en este sentido. Y aquí siempre cuidamos que ninguna buena acción quede impune.

Números del desierto

A partir de la organización nacional, las elites provinciales ocuparon tierras fértiles muy aptas para ganadería y agro en la zona centro – sur del país. Esa región es hoy la región pampeana: oeste y sur de Buenos Aires, La Pampa, parte de Mendoza, parte de Santa fe, Rio Negro, y Neuquén. La zona austral apareció más adelante.

Me abstengo de poner Mesopotamia… No vaya a ser que suene a enfermedad. El detalle era que aquella región estaba muy poblada de indios, y había territorio sin ocupar. Luego de la enfiteusis, y con el impulso de las campañas del desierto, hubo zona liberada para los estancieros. Algunos datos.

  • Unitarios y federales estaban de acuerdo con exterminar a los indios: Hay artículos de prensa, correspondencia privada y documentos públicos de Rivadavia, Rosas, Sarmiento, Mitre, Avellaneda, Alsina y otros políticos que lo confirman. Hubo varios disidentes. La mayoría eran civiles. Pero hubo dos milicos que bocharon la idea. Mucho antes de la conquista del desierto, el coronel Lucio V. Mansilla exploró la zona de los ranqueles. Se opuso a la guerra contra el indio con conocimiento de causa. Varios años más adelante, el comandante retirado Álvaro Barros hizo algo muy parecido.

    Mansilla escribió y publicó sus experiencias. Nunca leí “Una expedición a los indios ranqueles”. Pero sé que hay consenso que es un libro genial.

  • En 1827 inició el genocidio contra los indios:
    Rivadavia consiguió que 583 propietarios privados se adueñaran de unas 8.600.000 hectáreas. Encargó la seguridad de la frontera a un mercenario prusiano, Federico Rauch. Su estrategia era atacar por sorpresa, sin discriminar hombres, ni mujeres y chicos de ninguna edad. Lo vencieron. Un cacique indio, Arbolito, lo degolló en una batalla. Antes de Rauch, Buenos aires tenía 30.000 kilómetros cuadrados de pampas. Luego de Rauch, eran más de 100.000
  • Antes de ser gobernador de buenos aires y el planeta, Juan Manuel de Rosas fue estanciero:
    Entre 1833 y 1834 organizó fuerzas con otros hacendados, para ir contra los indios. Combinaba represión y persuasión. Hizo alianza con los pampas. En cambio, fue contra la confederación india del cacique Cafulcurá, y los ranqueles. Los unitarios conocían a los indios solo en figuritas. Opinaban que eran salvajes por naturaleza. En cambio, Rosas fue bien zorro. Sabía que el avance blanco quitaba recursos a los indios. Entonces, sobornaba a los caciques amigos. No hablaba de regalos, sino de ayudas. Hubo una carta del Restaurador, donde pedía por el paradero y liberación de Candelaria Yrusta, hermana de un miliciano, Gabriel Yrusta. A cambio, ofrecía una dadiva: 14 yeguas, 2 pañuelos, 2 cuchillos, 2 camisas, 2 calzoncillos, 1 sabanita de poncho, 1 atado de cuentas, 1 par de espuelas de fierro, 1 arroba de yerba, 4 vasos de tabaco, 4 libras de harina, 4 libras de azúcar, y 4 libras de pasas. Habría que ver cuánto costaba cada artículo.
  • Se sabe que también en los toldos les repartían aguardiente… Indio en pedo, era más fácil de matar. Con ustedes, el saldo de la experiencia federal; 3.200 indios muertos, 1.200 indios cautivos, 1.000 prisioneros blancos rescatados. El cacique Cafulcurá tuvo varias victorias. Pero fue vencido. Murió de viejo cerca de los cien años. Mantuvo correspondencia con Mitre, Avellaneda y otros. Sus hijos continuaron su tarea, con diversas fortunas.
  • Puesta en valor: Rosas mandó a su embajador en Inglaterra a ofrecer las islas Malvinas para pagar la hipoteca Rivadaviana. El único requisito para su majestad era el previo reconocimiento de la soberanía argentina en las islas. El proyecto no prosperó. Se comenta que el bloqueo ingles sobre el puerto de buenos aires estuvo relacionado con esta iniciativa.
  • Avellaneda y el Plan de Roca: Aclarando, que oscurece; no es empresa ni plan de créditos. Fue en la presidencia de Nicolás Avellaneda, a partir de 1875. Ya había plan defensivo contra los indios. Adolfo Alsina había diseñado un sistema de zanjas, para separar territorios. La idea fue poner telégrafos, vías y caminos. Tuvo algunos éxitos. Se murió en el cargo. Entonces, Avellaneda puso en el puesto al joven general Julio Argentino Roca. Y dio luz verde para un plan agresivo: Tenía tres fases. Exterminar a los indios, expandir las fronteras, y fomentar la inmigración en los nuevos terrenos. Quedó cumplido a medias. Sus consecuencias las dijimos en la primera parte. En números.

    • El proyecto: Fue una venta a futuro. La ley número 947, aprobada por el congreso en 1878 autorizaba al ejecutivo a invertir 1.600.000 pesos fuertes en desalojar indios y expandir la frontera. La idea era emitir 4.000 títulos públicos, por 400 pesos fuertes cada uno. Cada título daba derecho de propiedad sobre 2.500 hectáreas en los territorios a conseguir. El combo incluía renta anual en efectivo del 6 por ciento del valor del terreno, una vez firmada la posesión. Fue un empréstito que ofrecía un total de 10.000.000 de hectáreas. Avellaneda y Roca consiguieron inversores para el proyecto. Ver abajo.
    • Los inversores: “Estas empresas, a las que les interesa el país” hicieron reservas de terrenos. Se supo una lista parcial de inversores en 1878. Va cuadro.
Martínez de Hoz y compañía 2.500.000 hectáreas
Saturnino Unzué e hijos 500.000 hectáreas
Belisario Hueyo y compañía 250.000 hectáreas

Hay opinión que los muchachos tomaron esta decisión, pero no por amor a la patria. Sino porque se relamían por las libras que podían ganar con el valor de aquellas tierras. Eso fue absolutamente cierto. Pero, en el fondo, reservar hectáreas de nada era especular con bonos de deuda estatales. Con la victoria de Roca, hubo más ganancia, por supuesto.

  • Corrupción en la campaña: El oficial Álvaro Barros denunció ante el congreso nacional algunas cuestiones de la guerra contra los indios. Fue durante una interpelación al ministro de guerra de turno en 1876. Es decir, Adolfo Alsina. Barros habló de malversación del presupuesto militar. El ejército argentino tenía 8.000 soldados, 604 oficiales, y 302 jefes de línea. Barros demostró que hubo un exceso de oficiales del 89% y 70% de jefes en proporción a la cantidad de soldados rasos. También habló de oficiales sobre pagados y soldados con salario de terror.

    Barros denunció abusos en el reparto de ayudas. Repartían comida a los indios para que no robaran. El chiste fue que les daban rancho malo. También daban mitad en plata y mitad en morfi. La guita perdía 10% del valor. Entonces los pulperos ganaban con la diferencia, ya que inflaban los precios. Mientras tanto, la oficialidad tenía su mordida del negocio. Barros se asqueó de esto. Pidió la baja. Se lo sacaron de encima al toque.

El saldo: La campaña del desierto duro 27 años. Entre 1876 y 1903. El estado ganó 41.783.023 hectáreas. En total, hubo 1.843
hacendados que compraron varias leguas de campos a muy bajo precio. Por acomodo con los gobiernos de turno, obvio. Aquí va cuadro.

Leyes Favorecidos Cantidad de hectáreas
Ley 973/1876 391 propietarios privados 8.548.547
Ley de remate de tierras del 1882 Propietarios privados (remates) 5.473.033
Ley de premios militares 1885 541 Oficiales superiores del ejercito 4.679.510

El ejército argentino – que no era muy numeroso – engordó en presupuesto, oficiales, suboficiales e influencia institucional. Esto tuvo varias consecuencias en nuestra historia. Hemos hablado esta cuestión en otra parte. (Ver en “30 años…”)

Sin embargo, para rematarla: En su presentación ante el congreso, Álvaro Barros propuso que parte de lo recaudado por los remates fuese a los veteranos. Y que les dieran una parcelita, para hacer ranchos y granjas. Aquellos soldados rasos que tuvieron el mal gusto de sobrevivir no recibieron naranja de nadinas.

Tampoco hubo tierras para los inmigrantes. Como dijimos en la primera parte, la primera ola llegó para acomodarse entre las ciudades y la periferia. La existencia de los conventillos ilustra el asunto. Hubo apenas una fracción que fue al campo. Y así cerramos el boliche: La compensación para los indios vencidos fue un total de 24 leguas,en zonas aisladas e infértiles.

El granero del planeta

El negocio enfiló a la cría de caballos, cría de ganado, explotación de carnes vacunas y ovinas, cueros, leche, lana, y cosechas extendidas de trigo, maíz y yerba mate. Lo siento, pero la soja todavía no se sembraba. Cobraban sus exportaciones en libras, y pagaban a los empleados con pesos devaluados. Acuérdense del vaciamiento del banco de descuentos, y la deuda con la Baring.

A partir de aquí hubo las primeras invernadas y crías, los remates, venta de ganado en pie, y las operaciones a futuro. Fue el germen del mercado agropecuario actual, sumado al aparato de importación/exportación. Ambas cosas entretuvieron la mitología que fuimos – y somos en la actualidad – el granero del planeta.

Buen, el slogan original fue “El granero del mundo”. No hace falta mucho para saber que nuestra galaxia empezaba y terminaba en Inglaterra. En criollo: Acá entró plata, y fue a parar a ciertas manos. Las cifras más arriba indican que los dueños del campo gozaron varias “décadas ganadas” con su ganado. Su momento de esplendor fue entre 1880 – 1910, cuando llegó el primer centenario de la revolución de mayo.

En aquella época ya estaba vigente la división internacional del trabajo, que todavía se mantiene en nuestro caso. Europa estaba marcando un cambio de modelo económico: transición desde la producción básica, con técnicas artesanales (agro y ganadería, derivados: carne vacuna, ovina, aviar y porcina, granos, harinas y aceites) hacia la producción industrial, con técnicas asistidas por tecnologías.(Maquinas, manufacturas, y servicios financieros) Inglaterra picó en punta, y sus vecinos fueron poniendo talleres, fábricas y bancos. Algo ya explicamos en la primera parte de este mismo tema.

Los ingleses necesitaban mercados donde colocar ciertos productos y servicios. Se habla que tenían sobreproducción, y corrían riesgo que se les cayera el sistema. Igual que España, habían perdido colonias en América. Aprovecharon oportunidades aquí… pero también ocuparon otros países. Habría que ver también como hizo España para lamerse las heridas. Eso será para otro blog. Hablar de historia argentina ya es suficiente. Rematemos diciendo que hubo descolonialización. Nota al margen: “Descolonializar” es rico material para un destraba lenguas.

En el reparto, a los países nuevos les tocó ser abastecedores de materia prima. Los gringos compraban cuero, tasajo, carne salada y granos acá. Ya vimos carne enfriada y congelada. También vendíamos lana, y se dice que la mandábamos sucia. Había lavaderos para eso, pero parece que los productores se ahorraron unas chirolas. Quizás así pesaba un poco más. A fin de cuentas, la exportación era por varias toneladas.

Nos prometían que cuando fuésemos grandes, íbamos a ser como ellos. Pero siempre hay un truco; ponían barreras arancelarias altísimas allá. En términos de cocina y restorán: Servían el plato terminado, y vendían bien la carta. Pero cuidaban celosamente el secreto del chef. No facilitaban toda la receta.

Aquí llegaron algunas tecnologías industriales importadas: Trenes, telégrafos, barcos de vapor y barcos frigoríficos. Trajeron técnicos propios para operarlas, y ellos entrenaron una cantidad de empleados locales para que las usen.

Todo fue funcional al proceso de extracción y transporte de materias crudas. Estas medidas respondían al modelo del mundo mundial. En la india, los ingleses hicieron algo parecido.

Y si por el proteccionismo… con otros países, nos pasaban cosas similares: Estados unidos nos aplicó vacuna. Veamos un par de cosas que ocurrieron poco después de 1930.

  • El Dato – Comercio externo fallido con EEUU: Fue un problema de comercio exterior argentino. Inglaterra había decidido importar menos grano y carne. El asunto pintaba feo. Mirando donde exportar los churrascos, tanteamos a nuestros “primos” de Norteamérica. El detalle fue que ellos también eran agroexportadores en aquella época. Y comerciaban con la madre patria. En este empate técnico, no podíamos venderles productos que necesitaran. Ni ellos vendernos algo que nos hiciera falta. Quedamos amigos igual.
  • El Dato – Pacto Roca/Runciman: Con la baja de ingresos por la menor exportación, nuestra balanza de pagos se estaba yendo a la mierda. Bajó el nivel de importaciones inglesas, porque nos faltaba guita para comprar la cantidad habitual. Por lo tanto, hubo que renegociar con los británicos. Convocaron a Julio Roca (hijo del ex presidente Roca)para resolver el asunto con Lord Runciman. Se conoció el slogan “comprar al que nos compra”, que significaba bajarnos los lienzos de vuelta.

La seguimos en la tercera y última parte.

El fulgor argentino: Notas sobre modernidad y desarrollo en nuestro modelo agroexportador – Primera parte

Resumen: Hablar de desarrollo y modernidad en nuestro país es asunto jodido. Dicho mal y pronto: nosotros, los argentinos, nos creemos el país más avanzado de Latinoamérica. Pero en el fondo, somos una manga de piojos resucitados, con complejo de superioridad e inferioridad permanente. Siempre que nos va bien, somos los campeones del mundo. Y nos comemos la galletita. Pero cuando nos va mal, somos la peor mierda que hay. Misma cosa, signo opuesto. No es gratis aquel chiste que dice “El mejor modo de hacer dinero con un argentino es comprarlo por su costo real, y revenderlo por lo que el mismo cree que vale”

Esta conclusión sale de medir y pesar la diferencia entre postulados, promesas o recetas que nos encajaron, contra los resultados que supimos conseguir. El tema es jodido, porque el fracaso viene desde hace rato. Tiene ya unos 197 años.

Viene compuesto por los laberintos de los modelitos políticos, las escuelitas económicas, y más que nada, por atajos que hemos tomado para llegar al cielo. El más conocido es la corrupción. Pero no es el único. Desarrollar un sistema rengo, también es joder al personal. Detalles sórdidos, a continuación…

  • Cuando hubo algo de industria y servicios, nunca los cuidamos mucho: Ni los gremios mayoritarios, mucho menos la patronal, y tampoco el estado nacional.
  • Teniendo una constitución moderna, que establecía un sistema democrático, republicano y federal, nunca la cumplimos.

Como el agua y el aire

A lo largo del siglo XIX hubo transformaciones profundas en nuestro país. Nos convertimos en una patria soberana, con himno, bandera y escarapela. Nos recibimos de república independiente. Dejamos de ser sociedad de castas, para convertirnos en una moderna sociedad de clases. Vamos a volver sobre este detalle más adelante.

En aquellas épocas, el mundo venia formateado por dos grandes acontecimientos: Uno fue la hegemonía militar y comercial británicas. Por sus asuntos contra Francia, los ingleses habían desarrollado unas fuerzas navales de la hostia. Por y para este crecimiento, aparecieron compañías navieras con alto poder económico, que hacían negocios en los territorios explorados/conquistados por los gringos.

El mejor ejemplo de la época fue la “Compañía de las indias occidentales”, que tenía capitales holandeses, y se extendió como un pulpo por el mapa. El detalle es que tenían buenos resultados, pero el mercado era chico. Siendo que era más negocio comerciar con más gente, alguien sugirió que debía haber libre comercio y libre cambio en la economía doméstica y entre países.

Otro tema determinante fue la escuela política de la revolución francesa: Hubo pensadores poco antes de la revolución (Voltaire, Rousseau, etc.) que se ocuparon de reelaborar ciertas ideas griegas y romanas clásicas, a propósito de las formas de gobierno y las relaciones sociales. Más adelante, hubo otros ya metidos a la actividad política, con propuestas antimonárquicas radicalizadas y moderadas. (Jacobinos, La fronda, Girondinos, etc.)

De la necesidad de bajar estas ideas a la práctica, al final salió el modelo de nuestra democracia republicana moderna. El experimento social de “la comuna de Paris” se sintió en todas partes, y el resto es historia, con marsellesa y escarapela tricolor incluidas.

A los ponchazos, los criollos asimilamos todas estas novedades. 25 de mayo y 9 de julio incluidos. Una vez liberados de España, comenzó la búsqueda del modelo definitivo del estado nacional argentino; y no menos, desarrollar nuestro modelo económico nacional. Las guerras por la independencia se habían acabado, y había que comer.

Por influencia los dos grandes modelos del mundo mundial, (democracia republicana y libre comercio) se fue formando acá un pequeño mercado interno, compuesto mayormente con centros urbanos chicos, donde el grueso del consumo estaba entre la clase pudiente y acomodada. A saber: los altos funcionarios públicos, los miembros del alto clero, los terratenientes, los grandes comerciantes, y entre ellos, varios de los primeros cuadros profesionales laicos (abogados, médicos, etc.) que provenían de las “familias bien” (Anchorena, Alzaga, Martínez de Hoz, Unzue, etc.)

Mayormente, estos profesionales jóvenes trabajaban en importación y exportaciones. Y en la medida que entraba buena plata al puerto de buenos aires, nuestra clase dirigente porteña llegó a la necesidad y el interés de agrandar el combo.

El proceso no fue fácil; luego del experimento social de la Confederación, y los años de guerra civil entre unitarios y federales, Buenos Aires al final se quedó con toda la torta. Esta fue la época de los vencedores de la batalla de Caseros: El interinato de Urquiza, las presidencias de Mitre, Sarmiento, Avellaneda y sus continuadores. Más ahí o más allá de nombres y figuras, lo importante fue que empezó el modelo actual de gestión que conocemos.

Estamos hablando del modelo de las ciudades – estado, al modo europeo, donde las capitales de cada país concentran el poder político y negocios: Son sedes de los tres poderes de la nación, organizan y dirigen ejércitos regulares, y emiten moneda para todo el territorio.

En este modelo, cada provincia tiene su propia constitución, gobernador, legislatura y tribunales. Pero la nación se reserva el derecho de intervenir, si se nota que hay quilombo. Y la bajada de línea permanente desde la capital al resto, es “tan eterna como el agua y el aire”, tal cual dice Jorge Luis Borges en “fundación mítica de buenos aires”.

Esto costó sangre: luego de ganar la capital, hubo luchas entre buenos aires y el remanente federal; estamos hablando de la batalla de Cepeda, que ganaron las tropas federales de Urquiza. Y la batalla de Pavón, donde los federales estaban ganando, pero se retiraron.

Pocos años después, buenos aires emprendió la campaña de pacificación, para imponerle al resto su modelo de país. Hubo algunos líderes federales que se retobaron, pero los mandaron a la mierda. La resistencia del riojano Ángel “chacho” Peñaloza, y la proclama de Varela a los pueblos del sud, dan testimonio de aquellos tiempos.

Luego de estos eventos, hubo la guerra de la triple alianza o guerra del Paraguay. Ganaron los aliados brasileños, argentinos y uruguayos, pero con costo alto en hombres y recursos. Por último, mencionemos la campaña del desierto. En criollo: limpió de indios y gauchos las llanuras en los alrededores de buenos aires, y ayudó a expandir las fronteras de la nación.

El “Martin fierro” de José Hernández, y el folletín “Juan Moreira” de Eduardo Gutiérrez son buenos ejemplos literarios del asunto. Ampliemos: Entre el gauchaje de veras hubo de todo. Fueron la tercera generación del mestizaje entre españoles y pueblos originarios… la criollada, bah.

Muchos gauchos estuvieron de voluntarios en las guerras por la independencia, la federación y la guerra civil que sobrevino.
Hubo quienes vivieron honradamente de changas, como arrieros, domadores y peones de estancia. Hubo desertores de los fortines, bandidos rurales, y matones a sueldo. El cambio se hizo a sus expensas.

Y así el resto de la comparsa acompañó estas movidas, hasta llegar finalmente a Saenz Peña Jr. Y su slogan “Quiera el pueblo votar”. Pero eso, kimmosabbi… es otro cuento.

Aquellos años 80

Desde la era colonial, hubo leyes para proteger a los indios, para el reparto justo de tierras, y para cortar el cobro abusivo de impuestos. Leyes y reglamentos que se cumplían, pero no se acataban. Estas conductas fariseas no eran gratis. La casa matriz estaba lejos. Viajar de ida hasta allá en barco llevaba entre unos ocho a nueve meses. No tenían por qué enterarse de todo. Y ya que aquí era territorio poco explorado, venía bien tener quiosquito aparte. La historia del contrabando de esclavos desde Brasil ilustra el tema.

Con las sucesivas reformas políticas, hubo varios cambios de pilcha, pero no de mañas. Y encima, la cosa estaba bien enquilombada: primero las juntas patrias; luego, los dos triunviratos. Seguido, los dos directorios, y por último la presidencia y los otros dos poderes. En una tierra sin seguridad jurídica, sin gobernabilidad, había que pensar y hacer un país en serio.

Luego de Moreno y Castelli, hubo intelectuales que incubaron ideas. Sin prisas, ideas liberales europeas y norteamericanas, maduran entre algunos hasta llegar a la generación del 80. Cuando uno piensa en años 80s, saltan a la memoria pantalones nevados, camperas con corderito, chalecos de jean, Pumper Nick, Palito Ortega, Carlitos Balá, los Superagentes, Italpark, Seru Giran, Spinetta Jade, Malvinas, Maradona, Alfonsin, el cubo mágico, las chicas en bikini de “radiolandia 2000”, “La noticia rebelde”, Olmedo y “no toca botón”, el mundial de México 86 y demás. Pero este es otro plan.

La dichosa generación ochentosa que decimos es del 1880 en adelante. Más o menos, hubo un proyecto de país, encarnado por Mitre, Sarmiento, y algunos como Alberdi, Diaz Velez y Sastre. Nos guste mucho, poquito o nada, ellos diseñaron el mapa donde estamos parados. Vendían un país rico en recursos, extenso, libre, independiente, soberano, con amplitud de cultos, donde los derechos de los ciudadanos estaban protegidos por nuestra constitución, y la educación básica era gratuita. Vendían un país con mucho potencial para el progreso. ¿Cumplieron?

Veamos cómo era la calidad de la administración en aquellos años. Nuestra clase dirigente estaba dividida en dos grandes grupos: Por un lado, los modernistas o liberales, cuya meta principal fue el desarrollo del país. Produjeron el régimen democrático, republicano y federal; impulsaron la libre navegación de los ríos, y bancar los gastos del sistema con los ingresos de las aduanas de todas las provincias. Por su parte, los conservadores pateaban para el otro arco. Y las influencias de la iglesia católica dieron condimento a este modo de ser.

Pero en la medida que ambas partes accedieron al poder y engordaron bolsillos, nuestros conservadores aflojaron algo sus posturas más rígidas. Y los modernistas se aburguesaron, sin profundizar el modelo. De la experiencia, surgió una postura intermedia, el Conservadurismo Liberal. Este signo político, al final, dio forma al estado argentino.

Según el diccionario de ciencias políticas, esta variante ideológica admite el progreso, pero en cuentagotas; tiende al librecambio y libre comercio en lo económico. Pero presenta discursos tradicionales en lo político.

Fue el antecedente inmediato del Neoconservadurismo liberal, que se conoció mucho más adelante.

Por aquellos años, la fuerza que expresaba estas ideas fue el Partido Autonomista Nacional (PAN) Fundado por Bartolomé Mitre, y más adelante dirigido por Julio Argentino Roca. Surgió de la fusión entre dos grupos: Por un lado, el Partido Nacional, que estaba a cargo del Mitrismo. Por otro, el Partido Autonomista, que dirigía Adolfo Alsina. Veamos un toque como fue.

Una vez que la muy unitaria buenos aires le ganó al resto, necesitaba fijar la residencia definitiva de las autoridades centrales. Los nacionales o “cocidos” impulsaban una ley para declarar territorio federal el sitio de siempre, es decir, la capital. Esto significaba compartir las ganancias del puerto con el resto. Los autonomistas o “Crudos” estaban en contra. Hubo enfrentamientos armados entre ambas facciones. Cuando terminaron las hostilidades, hubo negociaciones y amnistía para los líderes de ambas partes. Se cuenta también que hubo debate parlamentario acerca del asunto. Al final, los dos grupos fueron uno solo.

Igual, quédense tranquilos: Si bien la capital quedo federal, al noreste de la provincia de buenos aires, acá nunca hubo federalismo de verdad. Ni siquiera con Rosas. Se sabe que hubo estancieros y comerciantes que tenían exclusividad, con el visto bueno del restaurador y su círculo rojo. La importación de bienes elaborados también pasaba por el mismo canal. Así que… mucho menos iban a cumplir los unitarios. Al punto, acataron la ley, pero nunca hubo obediencia completa. Porque el poder de la capital cagó al resto del país. Y eso lo vimos más arriba.

Inventando el capital

Pongamos así: Mucho antes del famoso estribillo “combatiendo al capital”, hubo que inventar uno acá. Y nuestro capitalismo agroexportador salió berreta, por una cantidad de factores y contradicciones.

A medida que avanzó nuestro modelo económico, hubo interés para actualizar, mejorar y aumentar la producción y administrar las cosas. Un poco hemos mencionado estos asuntos en otras entradas: El dibujo estratégico del conservadurismo puso énfasis en la educación, para formatear algunos cambios de mentalidad, instalar el sistema nuevo y hacerlo andar. (Ver en “Que sabe nadie…”) En paralelo, hubo una cantidad de novedades técnicas, y por último, hubo movimientos inmigratorios y crecimientos urbanos que ayudaron a darle forma al país.

Entre nuestra clase alta, los pensamientos monárquicos quedaron reciclados en oligarquía. La elite argentina, formada por nuestras familias tradicionales, que pertenecían a la época colonial, tenían tierras concedidas por los virreyes o gobernadores, y títulos nobiliarios. Tenían esos privilegios, hasta que finalmente la asamblea del año 1813 y la constitución nacional definitiva de 1853 se los bocharon. En compensación, la ley de enfiteusis – bajo el mandato de Rivadavia – ayudo a que accedieran de nuevo a la tierra.

Nuestros oligarcas eran mayormente terratenientes. Ampliaron terrenos gracias a la campaña del desierto, y su gracia fue explotar el latifundio ahí. Hubo clanes muy favorecidos por la exportación en gran escala de grano y carne. Con o sin nobleza, la cosa era mantener y aumentar privilegios.

Al punto, algunas elites trajeron importadas ideas para los negocios: Los saladeros dejaron de existir. Con el tiempo, los frigoríficos ocuparon su lugar. La carne primero se curaba con sal, para conservarla. Pero pasaba que una parte no sobrevivía el viaje en tren y en barco.

Entonces, empezaron a guardarla en frio. Se pudría menos. Cuando inventaron la heladera en los Estados Unidos, la idea de congelar res salió como piña de loco. Se dice que los cueros también los preparaban así para vender afuera. Especialmente a Inglaterra. Por supuesto, una parte del producido fue al mercado interno, que estaba creciendo, y daba espacio a dos nuevos sectores emergentes.

Cuentan los que saben (yo muchas veces repito como loro) que en esta parte de la historia quedó habilitado un modelo que favorecía la acumulación de riquezas, concentrada en algunas manos. Pero nuestro país todavía no entraba al capitalismo del todo. Porque aquí no había infraestructura, ni recursos humanos suficientes que dieran sabor al guiso.

En Europa – especialmente en Gran Bretaña – sucedió que había campo y ciudad. La distribución de tierras en el campo era desordenada, y daba para ganadería o agro en cualquier terreno, sin mucha regulación. Pero todo lo bueno tiene final: Por ley, obligaron a poner cercas para separar los terrenos. Los pequeños granjeros quedaron afuera del mapa, y hubo éxodo a las grandes ciudades. Con el paso del tiempo, ellos y sus familias formaron la clase baja europea. Y como decía Groucho Marx: “La humanidad, a partir de la nada, supo llegar hasta las cotas más altas de la miseria”

Con el éxodo, hubo que rebuscárselas: Había más bocas que alimentar. Y había mucho campo cercado, que producía menos materia prima. Había que hacer rendir lo poco en stock. Esto desembocó en una movida por mejorar los instrumentos y métodos de trabajo. La “era de los inventores”, en la llamada “primera revolución industrial” fue la respuesta a esas necesidades. Había que producir en masa, vender en gran escala y hacer moneda. A partir de los motores a vapor, las lanzaderas mecánicas para la industria textil, el alumbrado público a gas y otras linduras, subió de precio el conocimiento técnico.

El desarrollo argentino, por su parte, siguió un poco el dibujo táctico Europeo. Pero aquí faltaron dos sotas en el mazo. Aquí no hubo grandes éxodos del campo a la ciudad. Las razones las explicamos más arriba. Y tal cual vimos en otra entrada, el conocimiento utilitario no estaba en el menú concebido por Domingo Faustino Sarmiento. Lo agregaron tardíamente a la agenda educativa. Resultaba más negocio traer cosas de afuera y ya listas para usar, antes que inventar algo más allá del dulce de leche.

Al punto, sin prisa ni pausa avanzó el tendido de los ferrocarriles. Nuestros gobernantes convocaron empresas británicas para construir vías, y que administraran el negocio. Locales y visitantes contribuyeron a que surgieran nuevos pueblitos y parajes, comunicados por las vías, el correo postal y el telégrafo con hilos.

A partir de acá, aparecieron los famosos cinturones conurbanos, que actualmente rodean ciudades como Rosario, en Santa Fe, Mendoza, Córdoba, y tantas provincias que tenemos. El mapa todavía nos muestra ciudades chicas y medianas, algunas con zona conurbana mediana y grande, separadas entre sí por grandes extensiones de tierra. Y las vías que hay entre ellas siempre llevan a Retiro, al toque del puerto de Buenos Aires.

Estos y otros lugares fueron creciendo, en la medida que podían subir reses vivas o cosecha en los vagones. Y pasajeros, obvio. Pero como siempre hay un truco en alguna parte, acá no nos podía faltar. Se sabe que en aquella época hubo tarifas baratas para los viajes largos de carga, y más caras para corta o mediana distancia. Los expertos bautizaron aquel sistema como “tarifa parabólica”, que desalentaba la distribución entre localidades cercanas. Y como los grandes centros de venta estaban en capital, había que ir a comprar todo a Retiro. Luego cargaban el costo del flete al precio que tenía que garpar el consumidor.

En paralelo, hubo gobernantes que alentaron la inmigración desde Europa hacia Argentina. La idea era reemplazar a los indios y pardos con gringos, más limpitos, blancos, de buenos modales y que supieran arremangarse para hacer rendir la tierra. Había que darles lugar. Aquí, otra vez sopa: Luego de la campaña del desierto, la oligarquía que ellos mismos formaban, no quiso deshacer la repartija de terrenitos. Enredados en sus propias contradicciones, nuestros gobernantes igual recibieron una gran cantidad de gente que llego hasta acá.

Más que venir por las promesas del sur, hubo miles de familias que huyeron de quilombos, de hambre y enfermedades. Vinieron, y se acomodaron a la realidad de acá dentro de sus posibilidades.

Ellos formaron la primera ola inmigratoria grande, antes de las guerras mundiales. Y empujaron para mover el carro. Rumanos, polacos, italianos, alemanes, que en su mayoría venían con lo puesto, y no tenían idea de nuestro idioma. En el pelotón, venían varios españoles con poca instrucción. ¿De dónde creen que salieron nuestros chistes de gallegos, de un repollo?

Un datito de color: En esta época, los ingleses trajeron el futbol para acá. Como toda novedad, primero fue visto como costumbre exótica. Los deportes más corrientes eran a caballo: las carreras cuadreras y el pato eran habituales. Por influencia de los empleados del ferrocarril también llegaron el polo, el golf, vóley, tenis de mesa, y otros más.

Entre caníbales

La mayoría de los recién llegados buscaron vivienda en las grandes ciudades. Alquilaban pieza en los conventillos, y trabajaban en talleres, fabricas, construcción, los puertos y los trenes. Eran trabajos manuales, a menudo changas, y la mayoría eran en condiciones laborales inhumanas.

Hubo empresas que obligaban a jornadas de 16 o más horas seguidas de laburo, sin parar ni para mear o rascarse. Hubo sitios que pagaban en especies, no en dinero. Y se cuenta que hubo pagos en cuentagotas, donde la patronal retenía parte de salarios y jornales. Se trabajaba de lunes a lunes. El fin de semana no se había inventado.

Y por el detalle del cuidado de la salud del laburante, o prevenir accidentes de trabajo, se cuenta que hubo hacinamiento y suciedad.
Si perdías algún miembro, o quedabas enfermo por la contaminación, te daban una regia patada en el culo, y a pedir limosna a la puta calle.

Los inmigrantes de aquella época sabían poco español. Sabían poco de nuestras costumbres. Estaban dispuestos a sacrificios para ganarse el mango. Pero no iban a dejar que les tocaran el culo. De a poco, armaron mecanismos de defensa.

Ahí es donde quedó sembrado el germen de nuestro gremialismo, que ya hablamos un poco del tema en otras entradas (“peronismo explicado para dummies”) pero no está de más ampliar. No vamos a contar toda la historieta, pero son necesarias referencias sobre esos señores de campera. Dicen los expertos esto que sigue:

  • Primero, existieron asociaciones mutuales, sin intención política: Cuentan que hubo dos modos de identificarlas. Una fue según la nacionalidad de aquellos que las fundaron. (Sociedad Española de Socorros Mutuos, Unione e Benevolenza, entre otras) Y otra fue según oficios. (Linotipistas, panaderos, mayorales y cocheros de tranvías, ferroviarios, Marmoleros, y algunas mas) Se cuenta que en la época, hubo algunas protestas organizadas, por algunos problemas puntuales. Pero cada vez que resolvían los conflictos, estos grupos se disolvían.

 

  • Luego, hubo una transición entre mutualismo y lucha: Ya había ciertas inquietudes por reclamar cosas. Pero en esta etapa, se sacudió más el cubilete. Sucedió a partir de la crisis económica de 1890. Hubo desocupación e inflación; la mayoría de las mutuales viraron hacia el anarquismo y el socialismo. Los gremios empezaron a reclamar jornada de 8 horas y mejoras en las condiciones de trabajo, descanso dominical, y salarios más justos. Y para roncar más fuerte, se asociaron en dos grandes centrales obreras.

 

  • Federación Obrera Regional Argentina:(FORA) Fue la primera central en el país. Primero se llamó federación obrera argentina. (FOA) Reunía una mayoría de sindicatos anarquistas, y en menor medida, socialistas. (Por favor, no confundir con “casa foa”) Más adelante cambiaron el nombre, por cuestión de enfoque; pensaban que argentina era solo una región en una lucha más grande. Eran partidarios de la lucha clasista y combativa. Su filosofía política era borrar las instituciones, y no descartaban irse a las manos.

 

  • Unión general del trabajo (UGT): Los socialistas se abrieron de la FORA. Fundaron la unión general del trabajo. Sus reclamos eran los mismos que la otra central. Pero ellos pensaban que los problemas laborales había que resolverlos a través de la participación parlamentaria, y la protesta pacífica. Para bien o para mal, solo metieron dos goles. Consiguieron que Juan B. Justo, y más luego Alfredo Palacios fueran los dos primeros legisladores socialistas, en el Congreso nacional. Se dice que Justo fue el primer diputado de centroizquierdas en América latina. Pero el parlamento estaba copado por los conservadores en esa época.
    Por su lado, Palacios – que fue muy longevo – tuvo que bailar con la UCR, y en su vejez con el peronismo. Ambos se encargaron de debatir el tema obrero en la cámara baja, la corrupción en el estado, y los derechos de nuestras mujeres. Hicieron hasta donde pudieron.

 

En este paisaje, al obrero y la fabriquera argentinos de fines de S. XIX no les dejaron opción: Tenían que elegir entre caníbales tira bombas – es decir los anarcos – o más bien prenderse a las buenas intenciones del socialismo. Al que se atreviera a levantar la voz, lo reventaban desde el gobierno de turno… al final, agua y ajo: aguantarse y ajoderse.

Viendo cómo se agitaban las aguas, Se cuenta que la Unión Industrial Argentina (UIA) pidió una solución al problema. Y un diputado del PAN por Buenos Aires, Miguel Cané (si, el de “juvenillia”) hizo un aporte para resolverlo. La ley 4.144 o ley de residencia: instrumento para ponerle bozal y deportación a los inmigrantes que alteraran el orden público.

La ley – en aquellos años – sirvió para sacarse de encima a esos que “pensaran feo”. Tuvo aprobación exprés, y estuvo vigente hasta la presidencia de Frondizi. Y como ya contamos en otra parte, la administración Saavedra Lamas en educación, fue durísima con los inmigrantes y sus familias. Esos nudos los aflojaron tiempo después.

Se cuenta que asomaba una alternativa: reclamar pero sin prenderse a ninguna ideología ni partido. Esta postura no duró mucho. Los conservadores tenían alergia a cualquiera que movilizara la peonada. Y más adelante, el peronismo licuó esta corriente, netamente sindicalista.

Burguesía nacional argentina

Se dice que a inicios del S. XX quedo consolidada la burguesía nacional argentina, de clase media y media – alta, con inquietudes sociopolíticas de avanzada, e interés genuino por el desarrollo propio. Obviamente, oligarcas y empresarios extranjeros seguían en la escena, y se llevaban su tajada.

Pero algunas cuestiones de transparencia los corrieron del sitio cómodo que ocupaban. El surgimiento del radicalismo ilustra este episodio. Hemos hablado largo y tendido del tema en otro lado. (Ver “Balada triste de…”)

Por influencia de esta agenda política, cobró importancia la clase media urbana medianamente acomodada, ilustrada, cosmopolita y profesional. A fines del siglo XIX, el paisaje no habilitaba el ascenso social. Al iniciar la etapa siguiente, el sistema demandó un sector de servicios cada vez más elaborado, que hiciera sistema con la explotación extensiva e intensiva del campo.

Como ya dijimos en otros textos (“que sabe nadie…”) el radicalismo expandió y mejoró el sistema estatal educativo. Hubo la Ley Laínez, la Reforma universitaria, y otros detalles. Cuando bocharon la ley de residencia, hubo un salto de calidad. Eso ayudó a la movilidad social, estancada por aquel entonces.

Entraron a cobrar importancia en el esquema económico los trabajadores locales de cuello blanco: empleados de imprenta, gastronómicos, bancarios, ferroviarios, policías, militares, docentes y carteros, mecánicos, despachantes de aduana y marinos mercantes, por mencionar un puñado de oficios.

La mayoría de estos laburantes eran hijos y nietos de los primeros inmigrantes. Por lo general, ya tenían primaria y secundaria completas. Hagamos un poquín de especulación, y pensemos que algunos habrían estudiado en las escuelas libres. Se manejaban con conocimientos y habilidades técnicas bastante específicas. Ganaban algo más que un obrero, pero no eran exactamente ricos. Excepto por una sola ocupación – los empleados públicos – el resto no tenía jubilaciones.

Por lo demás, seguía la vida obrera que comentamos más atrás. Al punto, el radicalismo descuidó la cuestión laboral. En la industria privada, las condiciones de trabajo no cambiaron un carajo. Dos episodios ilustran el desmadre:

  • Represión en Vassena: Fue una huelga anarquista en la metalúrgica Vassena y hermanos, en capital federal. Duró varias semanas. Hubo heridos y muertos de ambos lados. Se cuenta que hubo varios presos del lado que perdió, es decir, los obreros. El gobierno radical del muy popular, democrático y republicano Hipólito Yrigoyen mandó policías y tropas a reprimir. Y se cuenta que la Asociación Católica Argentina (ACA) mandó grupos de rompehuelgas o “carneros” a laburar ahí por lo que durara el conflicto. Aprovechando la ocasión, la Liga Patriótica Argentina (LPA) participó de la represión, mientras la gorra se hacia la distraída. Quizás este haya sido el primer caso que tercerizaron el laburo de dar palos en nuestro país. La LPA fue una organización parapolicial fascista, formada por varios civiles, ex policías y militares retirados. Mató anarcos, socialistas, y se ensañó con aquellos de origen judío. Una vez pacificado todo, taza – taza, y cada quien a su casa.

 

  • Patagonia Trágica: Sucedió en el sur del país, en los campos más ricos de la región. Fue una protesta anarquista de arrieros, peones de estancia, esquiladores y cuidadores de cabras y ovejas… en fin, trabajadores rurales. Se cuenta que fue coletazo de aquello de Vassena. Pero nadie puede asegurarlo. En cambio, está certificado que un tal Osvaldo Bayer, documentó y rescató los hechos verdaderos en un libro. Ese texto lo adaptaron a cine, y quedó la película “La Patagonia Rebelde”. En la vida real (en la peli también, por supuesto) sucedió que los terratenientes pidieron ayuda al estado nacional. El gobierno envió tropas del ejército, para reprimir la revuelta. En consecuencia, ganaron los milicos. El español que dirigió la protesta, marchó al exilio en Chile. Se fue cuando sus compañeros estaban cayendo como moscas, y faltaba poco para que llegaran hasta él… Bah, es como dicen: soldado que huye, sirve para otro día. Los vencidos y muertos quedaron como mártires de la causa, y colorín colorado.

Pasado en limpio: hubo transparencia política, y progreso en algunos aspectos. Dicen los sociólogos y economistas que la clase media, es portadora de una promesa implícita – especialmente para el más pobre – de subir de categoría mediante la educación para el progreso personal y colectivo. En paralelo, la clase media espera ascender a clase alta. Pero para que se cumpla, es indispensable que el resto del sistema acompañe el proceso. De la evidencia que tenemos, resulto que siguió habiendo problemas…

Fue evidente que no podían negociar con terroristas. Sin embargo: El anarquismo llegó lejos, ya que los conservadores y liberales – con sus fraudes y negociados – incubaron como un virus en la etapa anterior. En consecuencia, ocurrió que la sociedad creó sus propios anticuerpos, cuando hubo injusticia y desigualdad bravas. El radicalismo alivió ciertos síntomas. Limpió el país de anarcos, y bajó el precio de conservadores y socialistas. Se cuenta que estuvieron dispuestos a negociar cuando hubo reclamos. Pero ni bien hubo bardo, mandaron la taquería.

Por lo demás, hubo progreso en la medida que vendíamos bien al exterior, y una parte del ingreso fue para comprar maquinarias. Con la primera guerra mundial y más adelante la crisis del 1930, hubo dos malas épocas. Ampliamos el asunto en la tercera parte.

Para ir cerrando esta sección, aprovecho un dato de color: en 1980 y algo, los peronistas parodiaban la marcha radical. Decían así: “Adelante, radicales/adelante, sin parar/pero no tan adelante/que se enoja el general” Por supuesto, el contexto de este cantito fue distinto la época que contamos aquí.

Pero igual viene bien, porque a los 12 años de radicheta, hubo un general que se enojó: José Félix Uriburu. (Ver en “30 años no es nada…”) Se cuenta que el joven Juan Domingo Cangallo estuvo en la escolta que llevó al Peludo hasta Martin García. Varios años después, otros generales también hicieron rabietas contra los gobiernos civiles. Pero eso, shaibb… es otro cuento.