Hare Kirchner, o el secreto del éxito del FPV – segunda parte

Breve resumen del capítulo anterior:

Cuando nuestro país empezó a salir de la crisis del 2001, luego de la presidencia provisional de Eduardo Duhalde, hubo llamado a comicios a fines del 2003. Dos candidatos, ambos oriundos del peronismo, eran aquellos que tenían más posibilidades de ganar: Uno de ellos ya era conocido de todos; el avatar riojano Carlos Saúl Menem. Otro, era una novedad en capital federal: el santacruceño Néstor Carlos Kirchner

Historia de un ballotage

 

Ahora, veamos: Al final de la gestión Duhalde, y con gente con pesos de vuelta en el bolsillo, la bronca general amainó. Hubo llamado a elecciones en 2003. La votación fue bastante reñida, y hubo segunda vuelta entre dos candidatos peronistas, que sacaron la mayor parte de los votos. Detalles, a continuación. Los radicales, que se abrieron perfectamente de gambas durante el quilombo, sacaron un 0.02 % de los votos en aquella primera vuelta. Les alcanzó apenas para poner un solo diputado en el congreso: Nito Artaza, un talentoso imitador y actor cómico, que cruzó al campo político, y logró este triunfo a lo pirro. Quizás uno de los primeros en advertir el significado profundo de este episodio, fue el periodista político Mariano Grondona, en su programa televisivo “Hora Clave”: La performance de Artaza fue acaso el mejor chiste que humorista argentino alguno hizo sobre la política nacional en siglos.

Para el ballotage, quedaron solo dos candidatos para votar: Menem y Kirchner. En el trámite, la gente aplicó mucho aquello del “malo conocido, y el bueno sin conocer“. Mucho me sospecho que gran cantidad del caudal de votos a favor de Menem, provino del conocimiento que había de su figura: Fue presidente dos veces consecutivas. Ciertos grupos, ganaron buen dinero bajo su administración. Votaron “a ganador”. A Kirchner, en cambio, solo lo conocían en Santa Cruz. Y tal cual indica nuestra geografía, esa es una provincia muy lejana de Buenos Aires. Al punto, para ganarle al favorito se necesitaba un milagro. Y tal como reza el dicho, Dios está en todas partes, pero atiende en capital federal.

A propósito, el pingüino contaba con el apoyo del presidente saliente. Eso le aseguraba el respaldo de gran parte del peronismo en el congreso. Pero como siempre hay peros, y justamente estamos hablando de peronistas… No lo conocían personalmente en el parlamento. No obstante a su esposa, la diputada y luego senadora por Santa Cruz Cristina Fernández de Kirchner, todos la conocían. Ella fue su principal promotora, y si se quiere, lobista. El propio NCK – pongo sus iniciales, ya que le gastaron el nombre – quizás debió haberse sorprendido un poco por la situación que siguió.

Menem estaba por ganarle, pero por motivos que todavía se desconocen, se retiró de la competencia. Con un modesto 22,2 % del total de los votos, Néstor “Pingüino” Kirchner asumió la presidencia de la nación. El arco político, todos los encuestologos y/o analistas coincidieron que fue una victoria agridulce, cuyo significado más claro era que el riojano le tiró el mando del país por la cabeza al patagónico. Sin embargo, lejos de abrumarse, organizó fuerzas para desembarcar en capital, y asegurarse definitivamente que nadie se olvidara de su nombre y apellido.

¿Quién era NCK?

 

Hablando del diablo, veamos un poco como era este señor, antes de ser quien fue: Quedan testigos que lo conocieron en directo. Lo describieron como alguien de carácter irascible en la intimidad, y un poco menos en la vida pública – disculpen si no digo “intenso”, como marca la moda – Este bonito rasgo de personalidad, lo adquirió de chico. Un ojo virola desde la más tierna edad, marca mucho: Los chicos son crueles; los adolescentes, quizás un tanto más. Los jóvenes adultos, quizás algo menos… sin embargo, está comprobado que aquellos que no tienen apariencia normal, son marginados, castigados; o se los marca como hazmerreíres.
¿Cómo no llenarse de bronca, hasta la última molécula del ADN, en ese clima cultural? Resultó más que evidente que siempre quiso compensar algo. Y parece que lo logró al final. De postre, agreguemos esto: Con el tiempo, Duhalde supo declarar en varios reportajes un par de cosas sobre NCK. La primera; que sabía que Kirchner era volátil, pero no un incapaz. La segunda, que esperaba que no repitiera en la nación el modelo de Santa Cruz. A Duhalde le falló el segundo horóscopo.

Para rematar esta mini biografía, NCK se interesó en el peronismo cuando joven. Fue militante de las ramas izquierdosas del partido entre los 60s /70s. Lo abandonó, y muchos años más tarde retomó. Tuvo éxito en el negocio de los bienes raíces, y su propio bufete como abogado. Entre los años 80s/90s, ascendió en una de las escaleras que sigue todo político argentino: Primero fue concejal. Luego, intendente, gobernador, y por último, la presidencia, con todos los detalles antedichos.

Un corte transversal

 

En este punto, recibía el país en bastante buen estado. Había varias cosas por atender, pero lo más grave ya estaba resuelto. Importó desde el sur al grueso del equipo que lo acompaño como gobernador, e incorporó algunas caras nuevas al elenco. Desde el Frente para la Victoria, un grupo justicialista fundado por el pingüino, supo alentar la noción de transversalidad política, como un modo de renovar la administración del partido de gobierno, y el estado nacional. El peronismo, desde su fundación, fue verticalista. Ya lo dijimos en “Peronismo explicado para dummies”, así que acá nos salteamos ciertas conductas que aun hoy rigen en el PJ.

Ahora viene la chantada: Cuando ganó, y sabiendo que acá no lo junaba nadie, NCK aprovechó la oportunidad para vendernos un verso a quienes desconocíamos su vida y carrera. Se presentó en sociedad como “heroico sobreviviente” de las luchas montoneras en los 70s. Con mano izquierda, sedujo a muchos políticos – peronistas y radicales – intelectuales, artistas, y especialmente a las madres y abuelas de plaza de mayo. De esto hablamos en “Madres y abuelas de la decepción”, así que aquí tampoco abundamos en detalles. Puso el acento en recuperar al estado nacional como agente activo en la vida social. Pero lo hizo de un modo sesgado e incompleto. Ya veremos cómo.

Un adagio dice: “Tenemos los dirigentes que se nos parecen” Esto se cumplió al 1000 %. El estado estaba bastante saneado. Pero por segunda vez en la historia había un país rico, y un pueblo pobre. El peronismo necesitaba una cara nueva, y mucha gente todavía se acordaba de la crisis. Eso del “que se vayan todos” no era una frase trivial. Expresaba a una generación completa, nacida y criada en democracia, que había quedado profundamente decepcionada y enojada con el país. En estas condiciones, a NCK se le hizo el campo orégano. Se encargó con prolijidad de demoler a la UCR, presentándolos como una manga de idiotas, títeres de las corporaciones que vaciaron argentina. Y mucho no costaba creer este argumento.
Como alternativa, el FPV proponía un proyecto nacional y popular, con metas concretas que siempre atravesaron toda la historia argentina – de ahí lo transversal – y que, gracias a la voluntad de la gente, su esfuerzo, con el liderazgo firme de Néstor y su equipo, iba a traer paz y prosperidad para todos. Bellas palabras.

Pero esto pasó: Igual que JDP, a cambio del apoyo desde el partido y el estado, exigió a sus seguidores total lealtad hacia su persona. Y como vimos más arriba, toda su vida puso fichas en este tema. Como otros antes que él, administro el partido y luego el país como una estancia: Es decir, a lo caudillo. Aplicó sistemáticamente esto del “Quien me quiere, es un divino. El que no, es un traidor hijo de re mil putas.” A fin de cuentas, tenía que defender de alguna manera su autoestima, pobrecito. Y no era el único. Ya cuando estaba vigente en el sur, el FPV no tuvo nunca debate interno. Así que todo dependía si Néstor se había levantado de buen humor. Para dictar leyes, mandaba a sus propios diputados en Rio Gallegos votar a favor las cosas, sin abrir los paquetes. Política a lo Escobar Gaviria.

Un detalle: Nunca mandó ni directa o indirectamente asesinar a nadie. Al menos, no que yo sepa. Sus continuadores, en cambio, produjeron algunas víctimas. En paralelo, se sabe que nunca dio gran importancia a mediciones y encuestas. Cosa bastante curiosa, ya que en democracia, el precio de la buena imagen es la encuesta eterna. Repartió ayudas sociales a la propia tropa, negocios turbios a los amigos, y por más de cien días no se notó. Primero, porque cualquier maniobra sucia se tapa o se esconde, obvio. Y segundo, pero no último, entraba plata a la economía: Hubo una muy buena racha para los países agroexportadores. El precio de las materias primas agrarias y algunos de sus derivados subió mucho. Nuestro país cosechó soja a lo pabote, y vendió bien a China y otras naciones.

Para no hacer muy amargo el mate, cebemos con estilo Bollywood. Al inicio del siglo XXI, hubo ciertos parecidos entre las épocas del creador Perón y su avatar Hare Kirchner. Al igual que el padre del todo, usó riquezas de la nación para comprar la voluntad del pueblo pobre, y el resto, que se fuese al carajo. A propósito de la transversalidad, fue anzuelo para incautos. Al mismo tiempo, fue recurso para dividir y reinar. En última instancia, cualquier corte transversal parte las cosas en dos, como mínimo. Ampliemos: A partir del mandato de NCK, surgió y creció – inclusive al día de hoy – un fenómeno cultural que el periodista Jorge Ernesto Lanata definió como “La grieta”: una guerra social entre aquellos que apoyaron el modelo nacional y popular, en contra de los que no. Al punto, el modelo fue prácticamente un feudalismo aldeano, sordo, miope, arrogante, y con lujuria constante de poder, como definió el periodista y escritor Jorge Fernández Díaz. A medida que pasaron los 4 años de su mandato, los periodistas de la capital fueron investigando sobre NCK y su gente. Descifraron el modelo santa cruz, yendo a la provincia, para conocer como los gobernó. Descubrieron un escándalo de corrupción con muchos ceros: el “caso Scanska”; fueron a conocer y entrevistar gente que lo vio crecer, mucho antes de ser político. Escribieron biografías no – autorizadas, y el pingüino, furioso, hizo todo cuanto pudo para fustigar a estos “traidores”, según su código personal y su visión política. El resto de los muchos detalles del tema, por sabidos, lo salteamos. Están disponibles en la red. Inclusive en este blog. Ciertas maniobras las mencionamos en la entrada “En medio de los medios”, cuando hablamos del “Caso papel prensa”

Aun así, tenemos que darle cierre a esta crónica: Sobre el final de su presidencia, promovió a su esposa como candidata, para que continuara el proyecto.
Vivió lo suficiente para verla ganar las elecciones, y finalmente asumir el mando. Para su mal, tenía una enfermedad crónica de los intestinos. Falleció ya fuera del poder, y tuvo funerales de estado. Su partida generó enorme simpatía en favor de su viuda, cuando más adelante ella se presentó a la reelección que hablita nuestra constitución. El resto, shaibb… es otra historia.

La conclusión: ¿Deidad India… o ciudadano de Gotham?

 

Es curioso lo que pasa cuando uno se pone a escribir. A veces, las ideas se van de las manos. En este caso, yo pensaba parodiar las furias de NCK por medio de la historia de Krisna, una deidad India, cuya historia figura en el libro sagrado Raj veda. Pero cuando apareció “pingüino”, ciudad gótica fue inevitable. Oswald Chester Cobblepot pasó por muchos guionistas y dibujantes. Cada uno aportó detalles y actitudes que lo convirtieron en un personaje genial. A mi juicio, la mejor de todas sus historias es la película “Batman regresa”. (Tim Burton, 1992) Como todos sabemos, era un criminal colérico, inteligentísimo, que tuvo chance de postularse para alcalde de Gotham. Usó aquello como tapadera para una movida genocida. Batman desarmó las dos cosas. Pingüino, al final murió.

Es evidente que gotham es una ficción. Sin embargo, cuando uno conecta puntos, salta a la vista que en nuestra vida real hubo un tipo de aspecto curioso, narigón, cabrón, pero también vivo como el hambre, que casi se quedó con todo. En vida, a NCK muchos lo comparaban con el actor cómico Tristán. Otros, con el personaje de la historieta argentina “Lupin”. La asociación con los pingüinos, el propio Kirchner la menciono como un acertijo en una declaración de prensa: “El próximo presidente va a ser pingüino… o pingüina” Es seguro que no pensaba en Tim Burton. Pensaba en Patagonia. No sé ustedes, pero los años hoy me demuestran que Nestor calzaba perfecto el traje de Cobblepot, a cargo de Danny De Vito en aquel film.

A medida que fueron quitándole la careta, aparecieron cementerios completos en su placard. El más podrido fue este esquema: No se limitaba a pedir y hacer favores, o cobrar coimas y peajes, como los corruptos corrientes. Siempre ponía un militante del FPV en el directorio de las empresas que hicieron tratos con él. Y esa persona le respondía directamente. Aquí, más que pingüino, hubo un pulpo grande y peligroso. Cuando salieron todas estas cosas a la luz, los palos no se hicieron esperar. Era imposible estar en desacuerdo con las objeciones contra NCK.

Pero al pingüino nunca le entraron las balas. Siempre redoblaba la apuesta, y tenía recursos para hacer mierda al que tuviera enfrente. En ese paisaje, los argumentos políticamente correctos, racionales, sirvieron solamente para amonestarlo. El chiste es que no explicaban en profundidad el desmadre, ni daban contrapropuestas precisas para resolverlo. Se quedaban en declamación. Además, la gente lo adoraba. Era imposible vencerlo.

La estrategia del radicalismo y el resto del arco opositor fue aguantar con paciencia estoica que se secaran las pilas. Néstor se fue al otro barrio, y dejó a su mujer a cargo del show. Lo que siguió, por sabido, no lo contamos aquí.

Yendo más allá de lo evidente, lo llamativo es la pasión y piedad populares que NCK y su grupo despertaron entre la gente.
Muchos fanáticos todavía creen en el proyecto nacional y popular, con la convicción propia de un culto religioso. Lo gracioso es que a ellos no les importa si robaron, si amordazaron, o dejaron morir gente. No les importa si delitos y negligencias están bien documentados, comprobados con evidencias objetivas, más allá de toda duda razonable. Al punto, hubo algo que trascendió las denuncias por corrupción y los abusos de poder.

Quizás ayude esta frase: “A veces, la verdad no es suficientemente buena. A veces, la gente merece algo más… A veces, necesitan que la recompensen por su fe”. Estas palabras provienen de “Batman: The Dark Knight” (Christopher Nolan, 2008) Y las dice el caballero oscuro. Argentina, por supuesto, no es un lugar ficticio. Pero es innegable que estas palabras – si uno las transpone al contexto del 2003 al 2007 – definen la verdad de la historieta.

Acá había gente profundamente desilusionada del país y de la democracia. El FPV les ofreció la oportunidad de creer de nuevo. Y ya que muchos necesitaban creer, se engancharon. Vivieron la llegada a una tierra prometida, el retorno al paraíso. A mi juicio, les ofrecieron un paraíso venenoso. Veamos si la historia confirma o no estas nociones.

Tato

 

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Hare Kirchner, o el secreto del éxito del FPV – primera parte

2001: La Odisea argentina

Esta es la historia del Hare Kirchner, según consta en los rollos y rosqueos sagrados del Frente para la Victoria, componente del panteón Peronista. El presidente Kirchner es una de las muchas encarnaciones o avatares de Perón, líder supremo del universo, protector del pueblo y la patria. Se lo representa alto, canoso, con un serio problema de estrabismo en uno de sus ojos, usualmente con traje gris, narigón, oriundo de la provincia de Santa Cruz, y con un carácter jodido, por lo cabrón. También se lo conoce como “El pingüino”, por sus raíces patagónicas. Específicamente, siempre ha sido un pajarraco anfibio muy apto para nadar por aguas cálidas y frías, profundas y no tanto. Y para su propio bien o mal, la naturaleza lo hizo incapaz de volar.

Para comenzar, es fundamental saber que el ascenso y caída del presidente Kirchner proviene de la crisis del 2001, tiempo de cambios: La convertibilidad de los 90s tuvo muerte súbita.
Las cuentas del país se fueron al carajo, y un culo tuvo que sangrar. Las cuentas sueldo, los ahorros, toda la guita quedó congelada. La confiscaron desde el estado nacional. Dos o tres macanudos avisaron con anticipación – a quienes quisieran escuchar – que la crisis podía suceder. No eran improvisados, ni contreras, ni jugaban a llamar al lobo. Se acordaban del fracaso del plan austral y la hiperinflación de los 80s, así que pensaban que podía volver a ocurrir un desastre económico. Pero nadie les prestó atención. Estábamos viviendo en dólares con pesos, con un sistema productivo que no llega siquiera a un cuarto de uñas del pie de Estados Unidos y Canadá. Además, el país estaba endeudado con el resto del mapamundi. Los pesos, al final, quedaron como dinero de juguete del estanciero, el monopoly o el juego de la vida. Pero mientras eso nos permitió comer y gastar en boludeces, no le dimos bola.

Que se vayan todos

Los indios estábamos todos cabreros. La crisis nos explotó en la jeta. Hubo huelgas y marchas en la calle, cada vez más llenas de gente y de ruido, de color y de furia, salidos del relato sin sentido de un loco, que no fue Macbeth ni Shakespeare. El pueblo argento, chilló siempre cuando le tocaron su órgano más sensible: El bolsillo. Hubo un estado de sitio para contener la situación. Duró lo que un pedo en un canasto. Hubo un presidente electo – Fernando de la Rúa – que no supo qué hacer con la crisis, y al final renunció y huyó.

En aquellas condiciones, si nuestra clase política tenía algún prestigio, lo perdió más rápido que calzón de puta. Curiosamente, en esta emergencia nacional nadie llamó a la puerta de los cuarteles. Y si llamaron, fue evidente que no los atendieron. El congreso de la nación tomó el mando: Hubo cinco presidentes provisionales de la república en una semana. Era lógico: Muchos querían el sillón, la banda y el bastón, pero no la papa caliente.

Hubo marchas cuya consigna fue “¡Chorros, devuelvan los ahorros!”. Hubo asambleas de vecinos auto convocados, cuyo lema fue “Que se vayan todos”. Solo la titular de un pequeño partido opositor se atrevió a retrucarles: “¿Y a quién van a poner?”. La mandaron a la Lila que la Carrió. Tuvo que salir rajando, que sino la linchaban. Mientras huía, hizo una nota mental para sí misma: “No hay caso. Es imposible razonar con una turba enardecida.” En otros rincones de la patria, hubo colas de familias enteras en la puerta de las embajadas, buscando la doble nacionalidad, para aportar a la única salida de la crisis que conoce la clase media joven: Ezeiza. Algunos pudieron irse. Otros tuvieron que quedarse. Todos echando chispas.

Mientras tanto, el quinto presidente de aquella semana histéricamente histórica – un tal Adolfo Rodríguez Saa, otro de los numerosos avatares de Perón – Viendo que casi no tenía equipo para gobernar el ispa, y que la rosca en el congreso no lo favorecía, pegó el portazo. Pero antes declaró la deuda externa del país en default. Por dejarle las cosas bien enquilombadas al que siguiera, firmó la cesación de pagos a los de afuera. Acto seguido, renunció a su cargo cantando con ganas la marcha peronista.

La intervención del cabezón

Finalmente, nuestro parlamento sirvió para algo, y puso un presidente peronista que se la bancó: Fue designado Eduardo Duhalde, otro de los muchos avatares de Perón. Se lo representa cabezón, de estatura media, con nariz ganchuda, abundante pelo negro corto, y haber sido vicepresidente de Menem. De a poco, compuso la mayor parte de las cosas. Aprovechó el regalito que le dejaron, y destrabó gran parte del endeudamiento exterior. Los acreedores estaban esperando un sinceramiento de las cuentas. En nuestra clase política, nadie se atrevía a dar este paso hasta aquel momento. Una vez blanqueada la situación, negociada la deuda, y con los números más o menos resueltos, Duhalde y equipo pusieron las cosas medianamente en orden en el frente interno. La mayor parte de la guita confiscada retornó a sus dueños. Quedaron afuera de las cuarenta del mazo una inmensa minoría de laburante, ahorristas, jubilados y pensionados y sus familias, que no tuvieron el buen gusto de morirse ante tamaña catástrofe, y al día de hoy – quince a dieciséis años después del desastre – todavía insisten en reclamarle al estado por la plata que le comieron.

Pero no nos centremos en lo negativo: Duhalde completó el mandato que había dejado incompleto De la Rúa. Cuando su tiempo se terminó, hubo llamado a nuevos comicios.
Se presentaron candidatos de todos los partidos, incluidos los radicales. Se presentó el PJ, con dos candidatos: Por un lado, Carlos Saúl Menem. Por otro, Nestor Carlos Kirchner. Y ya que era la fuerza política que resolvió gran parte del bolonki, era el partido que más posibilidades tenia para ganar. O sea: En el fondo, había que elegir entre peronismo… y peronismo.

(Continuará)