Serrat y Sabina

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En Medio de los Medios – segunda parte

Sociedad y prensa: ¿Dónde y cómo nacen las noticias?

Aclaremos de entrada que toda sociedad tiene su propia escala de valores, su propio sistema de usos y costumbres, con el detalle de los buenos y malos modales. Con o sin cobertura de medios, siempre pasan cosas y las catalogamos de algún modo.

La prensa y sus esfuerzos solo amplifican estos procesos habituales. Las noticias vienen a caballo del corriente sentido común, además de aspectos técnicos de agenda, etc. Expresan, más que nada, juicios y sanciones sociales para aplicarle a quienes cometen inconductas. Pero el chiste esta no solo en lo que expresan, sino mucho más en aquello que se da por sentado y queda sin explicar.

Hablado en criollo, los periodistas se alimentan de tres grandes cosas: Historias fuertes, guita de los anunciantes, y espacios mediáticos. La buena venta de la tirada de los medios gráficos, y los porcentajes altos de encendido y ratings premian el esfuerzo. En este orden de temas, las noticias se publican con una intención moralizante; se cuentan ciertas cosas para que nadie las imite ni en la calle ni en la casa. Si se les presta demasiada atención, los medios producen un curioso efecto cognitivo: Nos mal acostumbran a pensar la vida pública mediante etiquetas. Rótulos útiles, por supuesto. Pero limitados. A menudo habilitan que tengamos actitudes fariseas ante las cosas que pasan. A fin de cuentas, ¿Quién de nosotros está limpio realmente para andar juzgando a los demás?

A medio camino de la chicana y el argumento válido, una vez escuché al entrevistado de una nota radial retrucarle a una periodista – Me acuerdo que ella era María O´ Donnell – sobre el nivel de paga del sector. No voy a dar una cita textual, así que acepto correcciones. La cuestión era que algunos cronistas cobraban “premios” por cierta clase de notas… ¿Quiere saber cuánto ganan y quiénes son? La periodista se defendió del cascotazo así: No estamos hablando de periodistas, sino de usted, por motivos que son públicos. Y en este caso son los reporteados quienes deben rendir cuentas ante la opinión pública, cuando están involucrados en algún hecho cuestionable.

La gente de prensa responsable con su profesión, de buena voluntad, seria y precisa, tiene bien ganado el derecho de piso para hacer preguntas. Pero de todas formas, la cuestión permanece: Figura en la biblia. No sé si hay episodios similares en otros libros religiosos, pero está bien documentado que el Mesías defendió a una adultera de los fariseos que iban a ejecutarla con aquello de quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Por otra parte, ya que ninguna buena acción queda impune, los que hacen algo bueno deben aguantarse las avalanchas que los demás les echan encima. Y los que hacen daño, también.

En el paño, las respuestas específicas sobre la autoridad moral y la estatura profesional se obtienen mediante la trayectoria, el reconocimiento de los pares mediante las asociaciones del palo, los gremios, y quizás algo en las academias donde se forma cada quien. Si alguien está debidamente certificado por sus méritos, queda habilitado para peguntar. Tanto un premio Pulitzer como un reportero raso que lleven bien el arte y oficio de hacer preguntas, dan progreso y prestigio a la profesión. No sin que les cueste tiempo, energías y hasta relaciones personales, según cuentan algunos periodistas. Ahora, bien: ¿Eso es garantía suficiente?

La respuesta, obvio, es No. El asunto requiere hilar bien fino, para “que todo vaya armoniosamente y en su justa medida”, como dijo Juan Domingo Cangallo. ¿Qué hace la corporación de prensa con un periodista cuestionado? Lo expone. Unas historias que yo recuerdo, quizás ilustren la idea. Empecemos por la historia de José Corzo Gómez, que primero fue periodista muy comprometido públicamente con los derechos de los jubilados. Quizás como premio a su prédica, tal vez como fruto de palancas y roscas, luego llegó a funcionario del área previsional. Había fundado el “partido blanco de los jubilados y pensionados“, que se presentó en comicios al menos una sola vez. En su columna televisiva de “Telediario” por canal 9, Gómez era una furia contra los que usan los fondos de jubilaciones y pensiones como caja de la política. Su slogan era: “¡Con las manos limpias!”, alzando los brazos y las manos abiertas, frase voz en cuello. Cuando ascendió a su puesto, “afanó a manos llenas”, haciendo contrataciones directas de servicios de empresas privadas al pami, con sobreprecios bien abultados, mientras los beneficios no le llegaron a ningún afiliado. Además, puso en su equipo de trabajo a casi toda su familia, cayendo en nepotismo y por supuesto en corrupción.

Sus viejos colegas se hicieron un festín con la historia.
Otro que tire y pegue fue Horacio García Belsunce: Hombre prestigioso de la prensa gráfica, abogado además de columnista en “El Cronista comercial” y “Ámbito financiero”, que fue perdiendo imagen y credenciales a partir de una tragedia familiar. Su hermana, María Marta García Belsunce, presidente de la filial argentina de la ONG “Missing Children” fue asesinada. Sus colegas fueron corriendo a buscarlo para sacarle una nota ni bien se enteraron. Pero evitó dar declaraciones ni bien trascendió el hecho. Ante este silencio ruidoso, sus colegas escarbaron en el caso; por más de un medio, se supo que fue como mínimo fue testigo de los hechos. Mientras, la hipótesis de máxima fue que señalarlo como cómplice y sospechoso del hecho. Un juez dictó prisión preventiva contra Belsunce y otra persona. Lo encanaron, cumplió una condena mínima, y lo liberaron por falta de mérito. El otro fue hallado culpable. Y al menos que yo haya visto, no se supo nada de este periodista nunca más.

Como habrán notado, aquí también hubo banquete. Al punto, hay una frase que atribuyen a Gandhi: “La pureza de los medios debe ser igual a la pureza de los fines” Viene a cuento porque no se cazan demonios con ángeles, pero tampoco hay que faltar al juego limpio. Es el ajuste permanente de los medios a los fines nobles en la comunicación y cultura masiva eso que se persigue. Sobre esta base hay que medir y pesar el valor de las intervenciones del periodismo, el prestigio social que tienen hacia afuera, y varias cuestiones que pasan por dentro. Lo vemos en la sección siguiente.

Prensa, estado y sociedad

Uno muchas veces se deja llevar por la imagen romántica y bohemia que tenía la prensa de mediados y finales del siglo pasado: una profesión que andaba por la vida con los puños llenos de verdades, que revelaba los secretos sucios de los gobernantes chorros, que felicitaba las buenas obras de arte y las iniciativas solidarias, que amonestaba con gracia la frivolidad de algunos figurones, y divulgaba los avances de la ciencia.

El periodismo todavía se encarga de atender estos comentarios de la realidad, pero tampoco la pavada. En la vida real, no es tan color de rosa. La prensa interviene socialmente de otra forma, quizás más cruda y pragmática, cuando envía reporteros a la calle a que se las rebusquen, o cuando una fuente le lleva una historia a un periodista estrella a su trabajo. Si interviene, siempre lo hace bajo sus propios términos, que no están disponibles por completo al público. Esa es su mayor fortaleza, pero también su mayor debilidad.

Y como sabe cualquiera que haya visto la película “El Gran truco” (“The Prestige” – Christopher Nolan, 2006) Es de esperarse que un mago no revele como hace sus actos; en caso que decida contar algo, no esperemos que divulgue exactamente todo. La gente busca diversión. Sabe que está viendo una ilusión. Y en el fondo, quiere ser engañada con arte. A los malos magos los corren a patadas. Al punto, la pregunta es inevitable: ¿Dónde está el truco en la prensa?

Siendo la información de las cosas malas su principal materia prima, periodismo y medios son mercaderes de la indignación.
Porque viven de historias que amargan el ánimo, hielan la sangre o invitan al desencanto y el cinismo.
Y si bien esto es verdad, es miope acusarlos con un argumento banal como este. Si tengo que arriesgar una hipótesis, las vocaciones periodísticas guardan parecidos con la vocación detectivesca y policiaca. En la película “Llamarada” (“Backdraft” – Ron Howard, 1991) hay una escena clave, donde un bombero investigador visita a un pirómano preso en la cárcel. En un momento de la escena, el preso le indica a su visitante “Para saber cómo matar a la bestia, es necesario saber cómo vive. Hay que quererla un poco…. La persona que estás buscando conoce al animal, pero no lo suelta” La película la han pasado muchas veces en la tele. Pero si alguien no la vio, el animal de marras es el fuego. Si trasponemos la escena a las actuaciones de la prensa, podemos poner a los periodistas en el sitio del bombero, a los protagonistas de cualquiera de sus historias en el sitio de los pirómanos, y al caos que producimos y nos rodea en el lugar de los fuegos.

Al punto, los periodistas conocen el lado más oscuro de la sociedad. No lo perdonan, pero tampoco lo condenan del todo cuando lo usan para vender historias. Por su propio lado, jueces, fiscales, policías, detectives privados y aves negras hacen otras cosas con el mismo material. De hecho, muchas veces tapan asuntos, mientras que otras veces buchean a la cana o los chorros, y son fuentes de identidad reservada de los periodistas. De algo hay que comer, ¿no? El tire y afloje entre poder, sociedad y periodismo, atravesados por las crisis económicas generales y los tiroteos retóricos entre políticos, la agenda de las instituciones y las empresas de medios, determina el crecimiento y estabilidad del sector.

El caso de la empresa papelera industrial – disculpen la redundancia – “papel prensa” ilustra el asunto. Prácticamente desde sus inicios, los medios gráficos argentinos importaban toneladas de papel reciclable para imprimir lo suyo. A partir de una iniciativa privada, con una ayudita de un préstamo internacional, apareció la primera y más grande productora industrial, destinada a abastecer de este insumo a los medios gráficos. El negocio salió y todavía sigue bien en nuestros días, aunque con algún cambio de manos. Durante la última dictadura cívico – militar argentina, el dueño de la empresa, un tal Gravier, apareció muerto en condiciones nunca bien aclaradas. Su muerte fue noticia con titulares tamaño catástrofe en todas partes.

Recuerdo haber hojeado páginas de aquellos años cuando era chico. Si mal no recuerdo, yo me entere gracias a un ejemplar de la revista “Siete días” que había en mi casa. Por supuesto, no alcanzaba a entender el significado de esos contenidos. Tres décadas y monedas más tarde, cuando este asunto parecía enterrado, el tema tuvo un lugar estelar en la agenda política y periodística más reciente: Unos funcionarios del poder judicial armaron una denuncia contra una parte de la junta directiva de papel prensa. Dieron a conocer que la familia del difunto vendió acciones y propiedad, en condiciones no muy claras. En aquellos tiempos, quedaron como accionistas mayoritarios de papel prensa dos grandes empresas de medios y el estado nacional, criterio que se mantuvo inclusive durante varios gobiernos democráticos que supimos conseguir.

La oscura adquisición de la papelera, fue un naipe que un presidente de turno usó para atacar a los otros dos propietarios, ni bien leyó varios titulares críticos de su administración. Como parte de la ofensiva política, delegaron el asunto en un funcionario famoso por sus presiones groseras para hacerse valer. Lo expusieron en portada y las notas interiores de los diarios, por lo chabacano de sus conductas. Tiempo después, por esta cuestión y demás problemas acumulados, desde el estado lo transfirieron a otro puesto. Era evidente que tuvieron que evitar gente ruidosa. El estado actual de este debate puntual es: cerrado. Un juez reviso la denuncia, tomó declaración a los testigos, encontró que cayeron en contradicciones, y finalmente desestimo la causa. Los dos medios siguen siendo dueños de su parte en la papelera, mientras el estado tiene una porción chica de la torta.

Actualmente, hay una tira televisiva de ficción que le dedican al tema, donde enfocan la historia con tono de policial de enigma, como una conspiración. Si bien es ficción, y no tiene por qué coincidir con hechos reales, es evidente que hay alguna intención de propaganda del partido de gobierno detrás del esfuerzo, pero no mucho más que eso, una ficción.

Lo sabroso aquí no es el amague; lo que no pasó es muchísimo más elocuente: que el estado nacional revisara su propio archivo; que por criticar, también la administración pública fuese hacia la auto crítica de las instituciones, seria, precisa y profunda. Apenas una sola gestión democrática consiguió ese objetivo en un tema puntual, cuando ordeno investigar para luego publicar el informe “Nunca Más”.

Los otros propietarios de papel prensa también pudieron llamarse a reflexión, y abrir sus archivos. No sucedió que desde el estado hubiese una auditoria, y que en caso de hallar irregularidades, hubiese quiebra y subasta pública de la empresa. Sin embargo, el asunto no pasó de operaciones políticas con historias a favor/en contra. Lo que hubo, en cambio, fue una cantidad de chicanas desde el partido de gobierno: acusaron a los otros socios de haber sido cómplices de la dictadura en el vaciamiento de la economía nacional. Mientras tanto, todo siguió y sigue siendo igual.

Con sus propios códigos de expresión y ética profesional, el periodismo tiene la capacidad de tender puentes entre espacios públicos y ciudadanía, pero al tenderlos, condiciona el modo de transitar esos lugares. El estado, como habrán notado también lleva mecanismos parecidos en este aspecto. Pero hablando de prensa, no hay leyes o decretos, sino la herramienta para intervenir es algo oculto a plena vista – no me canso de decir que este es el mejor modo de esconder cosas – Lo hacen a través del temario. Solo ciertos acontecimientos y figuras son relevantes en prensa. Vayamos por lo evidente: Ningún Juan ni Juana de los palotes son importantes por sí mismos. Pero si agonizan y mueren esperando un trasplante, puede ser que los periodistas le presten atención. Un fulano no reviste importancia por sí mismo. Pero si un fulano mata en forma aberrante a una fulana, puede ser que medios y periodistas le pongan atención y le dediquen notas al asunto. No lo hacen por caranchos – aunque a decir verdad, alguito de eso hay. No tiene sentido negarlo – Se portan de este modo porque así son las reglas del oficio de prensa.

Sino, pregunten a Diego Maradona, que un día encontró un enjambre de reporteros acampando en la puerta de su casa en Fiorito, cuando tuvo dopping positivo por segunda vez. El tipo estaba con problemas, necesitaba tiempo privado, para recomponer sus cosas. Pero los caranchos no se iban. Los corrió dando escopetazos al aire, al menos lo que dijo el mismo cuando lo citaron a declaración indagatoria. El incidente fue nota de tapa de inmediato cuando ocurrió. Y las notas presentaban a los cronistas como víctimas del sucedido, no como provocadores. Dos o tres medios le hicieron juicio a Maradona, que al final le ganaron, y tuvo que gatillar cifras de cinco ceros a través de sus abogados.

Pregunten también a Juana Viale, que varias veces notó fotógrafos y móviles de televisión que la seguían para tomar imágenes de ella, sin su consentimiento. Frente al acoso, la actriz los increpó a los gritos. Eso quedó registrado. Los programas de chismes publicaron la historia como “polémicas declaraciones de…”

Hay muchas historias de esta clase, así que no vamos a abundar. Solo agreguemos que así como hay intromisiones, también hay figuras que piden prensa para construir y mantener vigente su imagen pública. Pregunten a Wanda Nara, vedette y modelo, que declaraba su virginidad a los medios que la entrevistaban. Luego le sacaron la ficha, con picardía, cuando descubrieron que tuvo una relación ocasional con Maradona. En el juego de remanye, el famoso “cuarto poder”, en el fondo, no tiene más alcance que su propia agenda. Pongamos que el asunto es como una partida de póquer abierto, chinchón o escoba de quince: Para quienes están dentro, los aspiran a entrar al sector, y quienes están en la vidriera por ser públicos y notorios, lo fundamental es aprovechar bien las cartas en mano y las de la mesa para hacer la diferencia.

Unas ideas sueltas para protocolos técnicos en la prensa

No soy periodista, pero se me ocurre que podría haber algunas reglas profesionales en la prensa que quizás ayuden a fortificar las cosas. Puesto en términos más técnicos, el problema es que en la búsqueda por transparentar lo que pasa, brindándole al público el mejor retrato posible de la realidad – al menos lo que yo conozco, que es la prensa argentina – todavía no hay protocolos para garantizar la plena y propia transparencia, que es el punto de partida de cualquier credibilidad.

Yo sé bien que soy un siete de copas. Asumo que no van a darme ni cinco segundos de atención en adepa, uptba, o la asociación interamericana de prensa si les mando estas ideas. Quizás otros, mas importantes que yo, podrían llevarlas a ver qué opinan ahí. De entrada, reconozcamos que el oficio del periodista tiene trasfondo muy ingrato. Conocen a la gente recién cuando alguno se mandó cagadas, o tiene malos días. Conocen a los empresarios y funcionarios cuando pagaron y cobraron coimas, y también a los artistas y deportistas cuando guardaron secretos en el placard o se mandaron un moco. No se cazan demonios usando ángeles. Pero el chiste está en vestir de santidad la cosa, cuando en el fondo, no somos nadie para juzgar. Entonces, veamos de que se trata

  • Que los medios y periodistas revelen las fuentes protegidas, pongamos…. luego de unos 20 años de publicada una nota. Si lo hace la CIA con un protocolo parecido para desclasificar archivos, ¿No pueden hacerlo ellos?
  • Los periodistas deberían tener un seguro de mala praxis, similar al de los médicos, para el caso de cubrir costos de juicios por calumnias e injurias. Y si por imaginar, el monto del seguro debería de tener relación proporcional con el progreso profesional y el nivel de paga, claro. Para el caso, un periodista estrella debería pagar más prima que un reportero raso.
  • Estaría bueno que los periodistas no solo vayan por las primicias, sino que también repasen y re actualicen casos resonantes: No es muy frecuente, pero existe como nota de color aquello del “¿Y qué fue de?” Existe un dicho tradicional que en periodismo “no hay nada más antiguo que un diario de ayer”. Esta idea contrasta con aquello de periodismo como borrador de los libros de historia. Para remediar este problema, la propuesta es repasar y actualizar un tema pasado como parte del repertorio técnico permanente de la prensa.
  • Que toda denuncia periodística de gran porte, por temas graves, y que sea demostrable por datos, testimonios y evidencias, no se reduzca a mero material informativo. Sin perjuicio del uso testimonial, para notas y difusión, que sean también por protocolo automáticamente denuncias penales al tiempo que material de prensa. Esta función pueden llevarla adelante los representantes legales de los medios.

Es seguro que debe haber mucho más para reflexionar sobre estas cuestiones. Visto desde fuera, estas parecen importantes. En la tercera y última parte hablamos con más detalle de la agenda de medios.

En Medio de los Medios – Primera parte

Referencias históricas del “cuarto poder”

No es noticia que de un tiempo a esta parte, hay abundancia – y a menudo redundancia – de material de entretenimiento y prensa, repartida entre cuatro tipos de medios de comunicación masiva. Las categorías son: los medios gráficos impresos, la radiofonía, y los medios audiovisuales. Al combo, actualmente le sumamos internet. No vamos a hablar de tecnologías, pero nobleza obliga mencionar que los medios son y siguen siendo producto de técnicas, inventores y artefactos, que implican manejarse con diversos soportes, códigos, canales, mensajes, y demás aspectos de las expresiones humanas. Al punto, las tecnologías proveen de recursos a los medios para elaborar y difundir contenidos a la mayor cantidad de público posible.

Pero no se manejan solos. Enlazado con este crecimiento, desde el s. XIX en adelante, se consolida una profesión liberal nueva hasta ese momento, que hoy todos conocemos. Es el periodismo, que llega para ocupar un lugar importante. Hay muchas formas de explicar esto de las empresas de medios y el gremio de prensa. Un famoso cronista y editor del diario “The new york times”, un tal Bill Kovach, definió: “El periodismo es la primera versión de la historia”. Otro periodista y escritor, un tal Gabriel García Márquez, escribió un texto corto intitulado “El mejor oficio del mundo”, donde salpimienta el asunto con recuerdos, reflexiones, y palos autocríticos al periodismo contemporáneo. A los que tienen vocación de prensa, les recomiendo que lean ese texto. Esta colgado en la red.

Cambiemos un poco el ángulo de la información para ubicarnos más y mejor en el asunto. No soy economista ni sociólogo, pero pude enterarme que medios y prensa, se consagran históricamente como un área especializada en las empresas de servicios de las economías capitalistas y no tanto. Data inútil: “Diario del pueblo” de China, “Gramma” de Cuba, y “Pravda” de la antigua URSS, son y fueron prensa casada con el comunismo. Medios y prensa hacen sistema con la Opinión pública. Al punto, el periodismo es uno de los factores sociales que influyen en el crecimiento de las democracias republicanas modernas, cuando producen y difunden información que alimenta el sistema de partidos políticos masivos, en la sociedad igualmente de masas.

Al punto, la prensa se propuso dos grandes funciones en su historia más reciente: La primera fue participar activamente y fomentar el clima cultural favorable a ciertas transformaciones políticas. La segunda fue estimular cierto grado de participación de la población general en los grandes asuntos públicos. Y si yo tengo que opinar, la evidencia indica que cubrió mucho de lo primero, mientras lo segundo le cuesta por razones de diversa complejidad.

Pongamos contexto para contar mejor la cuestión: El paisaje del S. XIX viene con mucho agite político, des colonización, luchas en Europa por tumbar las monarquías absolutas, luchas en América por emanciparse de España, Portugal e Inglaterra. Con sangre, sudor y lágrimas fue cambiando el mapa político del mundo. Así surgieron nuevas naciones, con himno, escarapela y bandera, donde se incluye nuestro país. Ya sea a favor o en contra de los sectores dominantes de turno, los medios gráficos informaron y buscaron en un punto educar a sus lectores sobre acontecimientos, habilitándoles el conocer y debatir asuntos importantes de su tiempo.

Para abreviar: prensa y opinión pública sirvieron para una masa crítica en favor de ideas reformistas, que dieron como resultados la constitución y organización nacionales y demás. Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan Bautista Alberdi, Domingo Sarmiento, José S. Álvarez – alias Fray Mocho – Eduardo Wilde, Ovidio Lagos y José Clemente Paz fueron algunas figuras de aquella era.

Al llegar el S. XX, con todo lo que nos pasó, en el periodismo va fermentando la idea de un “cuarto poder”, que por defecto existe fuera de las instituciones, y cuya función principal es hacerle contrapeso a los poderes de turno. Esto se explica a partir de la transición entre S. XIX y el siglo pasado: Cuando los nuevos modelos de país quedaron finalmente consolidados, los sectores políticos y militares que los impulsaban, así como la inmensa minoría de la prensa que apoyaba la causa, comenzaron a despegarse uno del otro. A fin de cuentas, el objetivo estaba cumplido.

Ya había estado, además de patria. Así que, “taza-taza, cada cual a su casa”: unos marcharon a gobernar, y otros a informar. Nobleza obliga señalar que en la historia del periodismo no todo fue ni es paz y amor: Muchas veces los gobernantes y poderosos de turno nos hicieron mierda; cambiaron las reglas de juego según les cantó el quinto forro de las pelotas, y en este paisaje, muchos cronistas especializados publicaron primicias e historias para destapar ollas podridas, con sus correspondientes cargas de información rigurosa, bolazos, cuestiones ideológicas de contrabando, y efectos de masa crítica para movilizar las cosas.

Al punto, la prensa sirvió mayormente para habilitar cierto grado de participación en unos modelos de estado y sociedad donde casi siempre escaseaban las capacidades reales de voz, voto, ni tampoco hubo real acceso a las instituciones. Y como nadie está libre de contradicciones, varias veces el sector vio medios y periodistas, publicaciones, programas radiales y televisivos coqueteando con las facciones que siempre tuvieron la manija y controlaron la tierra, la renta, el estado, el ejército, las grandes empresas, las instituciones… en fin, el poder. Gente como Natalio Botana, Rodolfo Noble, Jacobo Timermann, Rodolfo Walsh, José Eliaschev, Roberto Gómez Fuentes, Bernardo Neustad, Mariano Grondona, José Corzo Gómez, Juan Castro, Roberto Maidana, Sergio Villarroel y muchos más, fueron parte de este tiempo que todavía no se ha terminado. La seguimos en la próxima sección.

Poderes o capacidades del cuarto poder

Si el periodismo fuese un superhéroe, con el “cuarto poder” como su habilidad extraordinaria, estaría bueno averiguar cómo lo maneja, donde lo consiguió, a quienes combate, a quienes defiende, donde trabaja, si tiene una identidad secreta y demás detalles. Quebremos la metáfora, y digamos que ya avanzamos algo sobre el asunto más arriba: La prensa del siglo diecinueve puso bien claro donde apretar los nudos y cuales metas conseguir. La prensa del siglo pasado los aflojó y los apretó según cambios de viento y marea. Sin embargo, conviene agregar más sustancia para comprender lo que sucede.

Como se dice en la jerga de la televisión, cuando está por comenzar un bloque en vivo… “¡Atentos, que ahí vamos que venimos!”
Medios y prensa pertenecen a las industrias culturales y su consecuencia inmediata, los consumos simbólicos: Dos filósofos alemanes, Theodor Adorno y Max Horkheimer explican estos conceptos y varias cuestiones más en su ensayo “Dialéctica del iluminismo”, lectura del primer año de la facultad. (Data inútil: este texto está colgado en la red, al menos una versión en inglés) Dicho en modo esquemático, la comunicación pública de masas, al haberse consagrado como parte del capitalismo moderno, produce contenidos para consumo masivo. Y el consumo no solo va por un mero acto material de comprar y leer diarios, revistas, pagar y ver el cable, o visitar páginas web. El consumo pasa por percepciones, valores, juicios, gustos, opciones, elecciones, concepciones e ideas. Y para la producción de material, rige lo mismo.

Están determinados por la cultura, con la complejidad que implican las idas y venidas entre tradiciones, vanguardias, diferencias, complementos, desigualdades, conflictos, y la identidad que surge de las experiencias acumuladas. Los alemanes diagnostican que la cultura moderna cosifica símbolos, personas y el trasfondo del asunto. Al punto, prensa y medios actúan por afinidad o contraste con las matrices ideológicas del sistema social, sea cual sea su modelo de organización y formas de legitimidad. Son vectores de ideas dominantes y no tanto, contenidas mayormente en el orden de lo políticamente correcto, según las creencias de cada pueblo.

Pongamos un ejemplo negativo: Un diario anarquista, repleto de puteadas al sistema en su totalidad, no es exactamente un medio muy correctamente político en una democracia republicana. Pero las libertades y derechos del sistema habilitan a decir de todo, incluso ideas subversivas. Eso sí… después de despotricar contra todos, que su editor y sus cronistas se la banquen piolín – piolita si no venden media coma, o si alguien les hace juicio de seis ceros por calumnias e injurias.

Al respecto, pido prestado un concepto del sociólogo francés Louis Althusser cuando digo que la prensa en el s. XX se consagra como un aparato ideológico de estado, que contiene, representa, y fija reglas de juego a la gente bajo formas específicas de organización y expresión, por fuera del monopolio de la fuerza de instituciones nacionales como las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia. Ejemplo: La muy islámica e Iraní cadena Al Jazeera y la americana CNN son distintas entre sí. Pero a nivel de estructura, organización y recursos específicos, no dejan de ser canales de televisión, que participan activamente en la guerra de información y propaganda que compone la guerra actual – con violencia y espionajes incluidos – entre Estados Unidos e Irán.

Pero no nos vayamos por las ramas: A medida que avanza, el sector de prensa desarrolla sus propias técnicas para llegarle más y mejor a las audiencias. La masificación del sistema sociocultural les pide eso. Las tecnologías de comunicación aligeran y hasta simplifican el esfuerzo, pero simple no siempre significa fácil. La trama se complica cuando el periodismo desarrolla sus propios géneros y estilos. Estamos hablando de formas y técnicas para escribir géneros, que los más conocidos son: reportajes, columnas de opinión experta, critica del espectáculo, crónica y critica del deporte, columnas editoriales, notas de color, historias de vida y crónicas de viajes, crónicas de crímenes, novedades científicas… y ya que estamos, veamos híbridos que surgen de la mezcla entre dos o más géneros y categorías: Las tiras de humor, los crucigramas, y por supuesto, la publicidad pertenecen a esta clase.

Pongamos segunda y revisemos lo que sale de transponer material de un medio a otro. La prensa gráfica es prácticamente el molde del cual sale el resto de los demás formatos de periodismo: El hoy clásico modelo de título, resumen o bajada, encabezado informativo y cuerpo lo define todo. El resto de los medios adopta y adapta este modelo a sus propias capacidades de expresión. En radio hay titulares y bajada, que implican un desarrollo breve de las noticias, además de cortinas musicales, y testimonios grabados – debidamente editados – de los protagonistas de las noticias. En televisión, lo audiovisual da para títulos en pantalla, voz en off, presentadores y entrevistados en estudios, y además los movileros también pueden cumplir esta tarea, con un entrevistado al lado suyo. Si algo sale mal, pueden “pasar al tape” y sino “ir a la tanda”.

Ultimo pero no de últimas, los dos grandes estilos son la prensa blanca y amarilla. Se distinguen por su enfoque narrativo. La primera hace centro en las condiciones generales, y su relación con historias singulares. La segunda hace el recorrido opuesto complementario: Va desde un caso particular hacia la relación que tiene con las condiciones generales. Se cuenta que la prensa amarilla se llama así porque uno de los primeros diarios de su clase sacaba la historieta “Yellow Kid”. Data inútil: Hace mucho vi en la vidriera de una comiquería la recopilación completa de esa historia. Era un libraco importante, y seguro era caro. Ya veré de saciarme la curiosidad por saber cómo era esa tira un día de estos.

Filtros internos, agenda y regulación de los medios

Para completar y agrandar el combo, la prensa desarrolla la agenda periodística, que los expertos ampliaron a mediatización, o agenda de medios. Explicado en pocas palabras, es el temario con los asuntos públicos que prensa y medios consideran pertinentes y relevantes para difundir ante las audiencias. Para encontrar esta agenda, solo hace falta ver las secciones de los noticiarios y los formatos de los programas: secciones de sociales, policiales, política, espectáculos y chismes, programas de información general, ciclos humorísticos, ciclos documentales, ciclos informativos, flashes de noticias, programas de certámenes, telenovelas y películas.

El concepto de agenda periodística incluye estilo y géneros según tipo de medio. Y como si esto fuese poco, la agenda periodística o mediática incluye los puntos de vista que determinan la relación entre cronistas, los temas que cubren, los medios donde laburan, y los receptores. Estamos hablando de los filtros internos en la prensa, que determinan la elección de temas y figuras y el enfoque que se les da. Al punto, estos matices dependen siempre del contexto y del reconocimiento del público, que da sentido y valor a toda la comparsa.

En criollo: Es cuando los medios “la pegan” con el público, con historias con que la gente se identifica, y temas que despiertan su interés. Es así como llegamos hasta las noticias de la corrupción política y empresarial, catástrofes naturales y delitos graves, películas de estreno, peleas de vedettes, la cotización del dólar, las tiras cómicas y demás. Es así como llegamos también a los periodistas estrella, que engalanan los medios y muchas veces ganan el Martin fierro y le dan gracias a sus familias y APTRA.

En este paisaje, los medios desarrollan sus propios manuales de estilo, y el sector en general tiene códigos de ética profesional para manejarse con la información. Además de esta autorregulación – que tiene sitio entre las técnicas propias del palo – el sistema de medios debe cumplir con requisitos y reglamentos que les imponen los estados nacionales. Al punto, las instituciones de cada país son dueñas soberanas absolutas del espacio aéreo, marítimo, y las tierras fiscales. Esta facultad habilita a los países tener sistemas diseñados para repartir licencias legales para operar servicios públicos de comunicación, que incluyen los servicios telefónicos, el correo postal, los canales de televisión abierta y cable, el servicio de conexión domestica a la Internet, y las cadenas o estaciones de radio AM y FM.

El estado reparte espacios a las empresas privadas que se prenden al sistema, mientras reserva otros para sí mismo. En Argentina, el estado tiene el canal 7 de televisión, radio nacional en AM 870 mhz, y una FM para radio nacional. Completemos el panorama con la categoría de los medios gráficos. A diferencia de los medios electrónicos, tienen dueños particulares. Señalemos que diarios y periódicos fueron los primeros medios reconocidos y protegidos por las leyes de derechos de autor, hace ya muchos siglos. Y si bien en los medios gráficos los particulares tienen mucho más control sobre el proceso y producto periodístico, esto no significa que evadan estar fiscalizados por las autoridades. Tengo entendido que los medios impresos existe la figura del editor responsable, que representa legalmente los intereses y los derechos de cada publicación ante el estado. Por lo general, son parte de la alta gerencia de las empresas de medios gráficos, y de su trabajo no trasciende gran cosa, excepto que siempre se incluye su nombre en algún crédito en la tapa o en la portada interior.

Demos vuelta la hoja para avisar que la próxima sección la dedicamos 100 % al rol del estado en el sistema de medios, y que hasta acá dimos un anticipo del asunto. Así que, antes del cierre, agreguemos una noticia de último momento: En lo que va de este texto, por razones literarias, yo puse juntas dos categorías del sector. Al punto, aclaremos que oscurece: Las empresas de medios de prensa y el gremio de periodistas están juntos, apuntan a las mismas metas, pero no van revueltos. Es evidente que unos son la patronal, y otros son los trabajadores. La imagen que dan en general es que ambas partes son parientes contentos en una gran familia feliz, ocupada con las noticias, y movilizada por el bienestar de la sociedad, con los puños llenos de verdades.

Pero si a la primera de cambio los directivos de una emisora, un canal, o los dueños de un diario entran a despedir gente a lo pavo, enseguida se nota la diferencia. Hay protestas de las comisiones internas en los medios, y una de las primeras medidas que siempre adoptan, es difundir el conflicto. Es habitual al menos en argentina que un medio singular, si experimenta un problema con sus trabajadores, lo barra discretamente debajo de su alfombra. A fin de cuentas, queda feo tener mala imagen. Eso espanta a los clientes. Pero es frecuente que en estas situaciones, el resto tome la noticia y la difunda. A fin de cuentas, hay que competir por el mercado. Además, esta bueno defender los reclamos de la gente.
Para terminar esta parte, va el resumen de los factores que moldean y ubican a los medios entre nosotros.

  • Filtros internos: Géneros y estilos de prensa, agenda periodística, códigos de ética profesional, manuales de estilo.
  • Regulaciones externas: Leyes y controles del estado, licencias para operar medios electrónicos, gremios de prensa.
  • Referencias históricas: Democracias republicanas modernas. Sociedad de masas, partidos políticos masivos.
  • Referencias teóricas: Industrias culturales, consumos simbólicos, aparatos ideológicos de estado.
  • Recursos materiales: Imprenta, tecnologías de radiofonía, televisión y redes informáticas.

En la segunda parte de este tema le vamos a entrar a las intervenciones de los medios entre nosotros, y lo que nosotros como sociedad, le pedimos a los medios. Por ahora, veamos hasta donde los deja llegar el estado.

El rol del estado: Entre la libertad y la cizaña

Vayamos más al final de la página para indicar que la administración o planificación del sistema de medios es un tema estratégico en la política moderna y posmoderna. El sector de medios y prensa sirve para mantener vivos los acuerdos sociales que sostienen el estado y la gobernabilidad. Es una cuestión de valores básicos, que se traducen en discursos y conductas. Hay mucho material publicado sobre este aspecto del sistema.

Así que, ahorremos recursos literarios y avisemos que lo sabroso va por los modos en que se distribuyen los medios, a quienes se da espacios y de cual clase, por cuanto tiempo se otorgan, el detalle de las reales garantías de libertad de expresión y opinión, y la capacidad de las autoridades para intervenir, según haya problemas específicos.

Por lo general, el estado llama a licitación para repartir licencias de medios: Organiza concursos de antecedentes, convoca a las empresas interesadas en el tema, y si demuestran idoneidad, experiencias previas y solvencia, se les da luz verde. Más arriba señalamos que los estados nacionales se reservan algunos espacios para sí mismos. Y acá viene la parte picante: En muchos países, la planificación de medios sigue criterios técnico – legales válidos, genuinos, políticamente correctos del repertorio de las democracias republicanas actuales.

Dicho en modo esquemático, esos países tienen bien claro que los medios son propiedad soberana del estado, y que el poder estatal se basa en la voluntad del pueblo por mantener los acuerdos sociales básicos, que a la larga constituyen la patria. Las experiencias dolorosas de haber padecido gobernantes déspotas, dictaduras bravas y guerras, les enseñó que la patria reside en las instituciones, que las administra el gobierno. Pero en el fondo, gobierno no siempre significa estado ni patria.

Los países aprenden a los bifes que los gobernantes y su comparsa van y vienen, y la patria es lo que queda. Entonces, tienen el criterio que todos estén contenidos por el sistema: Reconocen la legitimidad de los medios del estado y los privados. Garantizan libertad de criterio y expresión en ambos. Ponen los medios del estado a disposición de todos los sectores que tengan algo para decir. Esto incluye partido de gobierno de turno, oposición, grupos religiosos, empresarios y ONG en partes iguales. Bajo ningún argumento se permite a la fuerza gobernante ni a otros que copen la parada en los medios estatales. Los privados, que hagan de su culo un pito, pero en el sistema estatal estas son las reglas y se hacen cumplir. El sistema se mantiene plural, ya para ensalzar y ahogar en baba las cosas, o para putear al sistema de arriba abajo. Aprendieron por las malas que hay mucho lobo con piel de cordero, y mucha belleza con piel de asno. Por eso ya no se comen ningún amague.

Un tal Oscar Wilde decía que “El patriotismo es la virtud de los déspotas”, y si tienen dudas, pregúntenle a los alemanes por la experiencia del nazismo, o a los rusos por el comunismo, y de cómo cerraron ciertos medios, mientras cagaron a patadas, fusilaron o encanaron a intelectuales o periodistas críticos, mientras pusieron a dieta las ideas con sus regímenes. En otras naciones, en cambio, todavía hay que tomar mucha sopa, porque venimos flojos de papeles. No sé en el resto del cono sur, pero en Argentina hubo y sigue habiendo rico quilombo. Hay mucho escrito al respecto. Algunas cosas del tema las aprendí en la facultad, y estoy seguro que eso que me enseñaron fue apenas una porción de lo que hay.
Más arriba explicamos de donde viene la autoridad del estado en materia de comunicación. (Espacio aéreo, etc.) Esto es parte del derecho internacional, así que el estado nacional argentino se ajusta formalmente a las reglas en este punto. Ahora, bien: En nuestra historia institucional hasta ahora, la agenda se concentra en el Poder ejecutivo. El Poder judicial es el segundo en el ranking, y el Poder legislativo es el tercero en el podio. Explicado en criollo, la cosa es así: Entre idas y venidas, los sucesivos gobiernos de facto usaron al poder ejecutivo para administrar el ispa, y pusieron jueces amigos en las cortes y juzgados para controlar el clima interno; y por costumbre estratégica, el senado y la cámara de diputados fueron lo primero que cerraron los milicos.

En estado de derecho, muchos gobernantes civiles legítimos – aunque no muy honestos – rosquearon el poder legislativo, puentearon el judicial poniendo a dedo jueces amigos, y usaron el ejecutivo como patio de comidas y de juegos. Como consecuencia de la “bonita tradición institucional” que supimos conseguir, queda que a partir de los 40s en nuestro país hay fuerte identificación del poder ejecutivo con el sistema de medios.

Ampliemos la información: Con el correr de la historia, el progreso técnico/tecnológico en el sector de medios despertó el interés de nuestros gobernantes. Aquellos que duraron lo suficiente, desarrollaron leyes e iniciativas estratégicas para el sector. Otros, por su parte, dictaron decretos y medidas provisorias, que luego les cambiaron algún artículo, inciso, punto y coma, mientras tanto el tema de fondo se lo olvidaron en el freezer. Con esas medidas como marco, algunos instalaron la censura previa, y dictaron la intervención estatal en la totalidad del sistema de medios para domesticar la sociedad.

Haciendo uso y abuso de las decisiones a dedo, con políticas cizañeras y represivas, desarmaron en gran parte la industria nacional de medios. En el área, es costumbre que a las empresas amigas se las premie con licencias; mientras que a las empresas de prensa críticas, las mandan a cagar. Estos comportamientos son posibles gracias a los regios vacíos legales que nos han dejado tantas gestiones de baja calidad, siendo que algunas las hemos votado. La prensa hizo contra parte a este modelo de gestión de estado, generalmente con gran éxito. Pero también pagando con la vida y el exilio, el cierre de diarios y revistas, y el final abrupto de programas de radio y televisión.

En los últimos años, las autoridades argentinas tomaron el tema en sus manos, y dictaron una nueva ley orgánica para los medios de comunicación audiovisual, que resuelve un tanto el problema del vacío jurídico en el tema. En principio, parece una medida saludable, ya que este aspecto institucional siempre fue viva la pepa. Pero la letra de la ley y su espíritu no llegan a la profundidad que tienen los sistemas serios. La ley limita la cantidad de licencias, establece cuotas para el material producido en nuestro país, y cambia el modo de distribuir los medios por su tipo. Esta medida tiene sanción en el contexto de uno de tantos conflictos amargos, inútiles y perfectamente evitables entre uno de nuestros gobernantes de turno con una cantidad de medios críticos de su gestión, que presenta profundas reacciones alérgicas a los titulares en contra… en fin, ciertas mañas son difíciles de cambiar.

Los vicios en esto no son nuevos: Ya mencionamos algunos. Están bien documentados en una cantidad de papeles oficiales, parte de la historia de los medios argentinos, y el aporte de expertos nacionales e internacionales, que se estudia en las universidades. Recuerdo que cuando salió la actual ley, un especialista en planificación de medios – que yo tuve como docente en la facultad – expresaba optimismo moderado por la novedad. Su argumento era, palabra más, palabra menos, que siempre es menos grave tener una ley que regule los medios, a tener que vivir un vacío institucional permanente. Otra opinión en un blog sostiene que los gobernantes van y vienen, mientras las leyes tienden a permanecer. Hoy sancionan estas regulaciones para aplicarlas con criterios mezquinos, y en el futuro puede que otras autoridades las apliquen con salero.

El defecto, en cualquier caso, es que la libertad de expresión y participación son demasiado importantes para dejarlas en pocas manos. Esperemos que los próximos gobernantes sepan aprender las lecciones de la historia, y sobre la base existente puedan montar un sistema más amplio, tal cual el que mencionamos mucho mas arriba.

Seguimos en la segunda parte.