Rebotes y Pelotazos, Notas sobre el Futbol Argentino – Segunda parte

Receta habitual para crear futbolistas profesionales

Los ingredientes habituales son familias de clase baja o media baja, con hijos varones sanos; espacios abiertos con la extensión suficiente para jugar – se recomienda una escuela de fútbol, canchas de alquiler por horas o espacios similares – y por supuesto, elementos y tiempo libre suficiente para practicar el balompié. No es obligatorio, pero contribuye a darle sabor intenso si el padre de familia tuvo alguna experiencia profesional previa frustrada y/o medianamente satisfactoria con el fútbol. La preparación lleva una cantidad de años. Es sabido/sobado que admite variaciones, pero en la mayoría de los casos los esquemas más clásicos se mantienen.

La idea central es jugar: con el reglamento y los dibujos tácticos como ciencia y mucho sudor y por placer; jugar para ganar, perder y empatar, y con cada partido, cada pase, cada habilidad, primero conocerse uno mismo y también conocer el carácter de los demás. Aprender los trucos tácticos, y no solo tener buen nivel, sino convertirse en buena persona. 

Si además hay chance de llegar a ser un atleta dotado para el juego, entonces la receta queda lista para servir y venderla a buen precio de seis cifras. Es también muy sabido/sobado que el plato admite varias presentaciones. Entre las familias de clases bajas, es habitual buscar la oportunidad que los chicos entren a las inferiores de un equipo profesional. Si es de primera, mejor; asi se busca chance de salir de pobres por medio del pibe futbolista, que si confirma su talento, se hará pagar bien por su laburo y con eso ayudará a la familia.

Por otra parte, no hace falta gran ciencia para advertir que entre una inmensa minoría de gentes siempre hubo, hay y habrá padres que cargaron la mochila de sus hijos con fútbol para poder realizar por su intermedio lo que alguna vez pudieron ser y no llegaron a cumplir. Es sabido que hay miles de millones de historias como estas en las ciudades desnudas, y cada cual es peatón de su propio camino.

Nuestras mujeres y el fútbol

Desde sus comienzos en nuestro país, el ambiente del balonpie estuvo y sigue estando lleno de testosterona, que da para machismos de todos los colores, sabores y tamaños. (Cuentan los que saben que hay tradición viril desde la Grecia clásica hasta nuestro tiempo en el mundo de la gimnasia) Abreviando, es un deporte que desde el inicio fue practicado por varones. Pero también es una actividad para las mujeres. Viene instalado como costumbre y producto simbólico cargado de discursos y marketing de imagen dirigido mayoritariamente a los machos.

Pero como nadie es una isla, las crisis financieras y cambios en los climas sociales contribuyeron a modificar los esquemas del fútbol en todo el planeta. Y no es que ellas hayan estado ausentes en el tema desde el principio: hubo rincones del fútbol donde participaron y hasta gobernaron con absoluta y total soberanía nuestras mujeres. Al punto, el rango de ejemplos históricos abarca varios roles, excepto jugar y dirigir el juego. Ahí estuvieron y siguen estando las familiares que cosen y lavan las camisetas; las voluntarias y empleadas que atienden el buffet de los modestos clubes de barrio, no menos las camareras que laburan en aquellos bares concesionados en los de primera división; es imposible olvidarse de las cortesanas que buscan novios futbolistas en ascenso para acomodarse. (Las Botineras, claro está)

Pero de un tiempo a esta parte, varias cosas están cambiando; hay unas cuantas chicas que hoy juegan con profesionalismo, corren y sudan la camiseta y eso es algo que debe de respetarse, ya sea que jueguen excelente, bien, regular o pésimo. Afortunadamente se conoce que hay una referí; bueno será cuando además de esta chica haya juezas de línea o tercer arbitra, que tomen decisiones y que se respeten en el campo de juego de mujeres, y lo que es más posible aunque bien improbable, uno de varones.

Una más: bueno sería que haya fútbol mixto, con equipos formados en igual proporción de varones y mujeres. Hay diferencia de fuerza y resistencia entre ambos sexos, que condiciona las cosas. Supongo que si se hace una selección cuidadosa de edades, peso, y se eligen otros detalles como el tamaño de la cancha y la cantidad de personas por equipo, quizás se pueda hacer un experimento… Bueh, soñar no cuesta nada.

Tecnología & fútbol

Empecemos por algo sabido. Aun cuando no parezca, en el fútbol profesional hay una gran presencia de varias tecnologías. Pruebas al canto y en criollo: Hace falta equipo textil para producir las camisetas y los cortos, inclusive para producir la pelota. Los suplementos dietarios que consumen nuestros atletas no salieron de un repollo. Hay montado un sistema industrial de servicios e insumos para que funcionen las cosas. 

Al punto, las tecnologías más actuales de comunicación audiovisual vienen pidiendo a gritos participar más del sistema. Y tienen su parte de la torta cuando se compra y vende derechos de transmisión con cifras de seis ceros, a veces en negociaciones nada transparentes. Pero hay algo más, que es la presentación masiva del juego. Y el detalle que puede parecer menor, algunos expertos están comenzando a percibirlo como asunto de importancia creciente. El centro del tema reside en medir y pesar exactamente hasta qué punto puede influir la tecnología de imágenes en la toma de decisiones de juego mientras hay un partido. Y despacito pero firme, la tecnología va tomando su lugar.

En el mundial del año pasado, las transmisiones por tv incorporaron animación 3d para representar y analizar ciertas jugadas, y determinar si eran válidas. Mucho más atrás, el sistema telebeam, que se usaba en el programa “Fútbol de primera” por canal 13 fue una herramienta de edición rápida para el mismo objetivo. No demasiado atrás en el tiempo, cuando el sistema VHS fue masivo, muchos directores técnicos se ponían a ver “el tape” de los partidos de la tele para mejorar su forma de dirigir.

Puede decirse que estas herramientas estuvieron muy presentes en el fútbol del siglo veinte. Cámaras fotográficas de alta velocidad y filmaciones en celuloide fueron recursos técnicos por excelencia para “El Gráfico” y los segmentos deportivos de “Sucesos Argentinos”, etc. Pero acá viene la madre del borrego; porque ahora que están mucho más maduras las cosas, hay quienes temen que las tecnologías “coman” el aspecto humano del deporte, además del hecho que un registro digital se puede truchear fácil con edición avanzada. Y por demás del hecho que si ponen más cámaras en las canchas, quizás muchos colaboradores/veedores/siete de copas y similares deban quedarse sin trabajo.

Del otro lado hay quienes entienden que un sistema más preciso, que permite revisar al toque las situaciones, favorece el juego limpio y lleva al progreso. En este tira y afloja queda abierto el tema. Yo no soy experto en periodismo deportivo, pero entiendo que es importante el reconocimiento de la hinchada para que este tecno avance crezca o muera. Y por hilar fino, aclaro que no solo pasa por dar meramente el “si” o el “no” a un loquesea puntocom.

Quien más, quien menos, nuestra mirada viene formateada por el consumo habitual de medios y sus contenidos. Les conocemos el lenguaje cuando relatan por radio, o cuando nos comentan un partido en publicaciones impresas e Internet. Por el momento, las cosas parecen estar bastante lejos de tecnificar el fútbol. Da toda la impresión que hay mucho de tradición y bastante de nostalgia en el asunto. Si llega a haber un cambio de marea, buena parte del trabajo de los periodistas especializados deberá ser difundir los nuevos sistemas y educar a la hinchada para que todos podamos ver más o menos el mismo partido.

En cambio, en nuestro rugby, si hay una jugada dudosa hay chance de revisar las cosas pidiendo un replay de vídeo. No estaría mal que eso pasara en el fútbol, donde hay mucha jugada mal sancionada y que da para mucha discusión al pedo, cosa que dio de comer – y aun comen de eso – los periodistas deportivos. Y eso por no hablar de la tradición quiebra piernas que tantos lesionados produce.

Al punto, esto de revisar vídeo sucede en los hechos, pero es extraoficial en el fútbol argentino. Favor de fijarse más arriba. Bien podría quedar blanqueado, para una mejor toma de decisiones y también para desarrollar mejores estadísticas de cada partido por jugador y equipo. De un tiempo a esta parte, hay registros y cifras de partidos ganados perdidos y empates. Hay datos de formaciones, de sanciones, y algunas veces se mencionan al aire. Pero estos datos usualmente son de color, misceláneas que adornan algunos comentarios y notas. Para una mejor estadística hace falta más. Y hoy hay oportunidad de pegar el salto.

Por caso, en basquetbol hay un record individual por cada jugador profesional con la cantidad de pases, tantos, rebotes y asistencias. Concedamos que el sistema de puntaje y sanciones no son las mismas en cada deporte. Pero los dos son juegos con pelota, en equipo, los dos contienen posiciones y funciones determinadas, y son deportes de contacto donde se hace fuerza.

Además, si la FIFA usa tecnología y da el ejemplo, estaría bueno que las federaciones por cada país y región lo sigan. Si con esta evidencia no queda habilitado el uso de algunas tecnologías… la verdad, no sé con qué más se puede hacer. En básquet hay cifras de efectividad tomando los números en conjunto y haciendo combinatorias.

Yo de esto no sé, pero entiendo que la cosa no nació de un repollo: espero no sonar gilun si afirmo que la tecnología debe de tener algo que ver con ese tipo de registros. Me imagino que alguno se habrá sentado a mirar betas o videocasetes, y habrá empezado a contar estos datos de algún modo. Me imagino que hoy debe haber algún software para contabilizar el asunto, y no quito que haya la capacidad de truchear los datos. A fin de cuentas, es deporte pero también negocio, y hay que cuidar la guita. Lo que también me imagino, es que debe ser más rápido detectar los números falsos. ¿El fútbol llegara a tener un sistema parecido?

El relato y sus demonios

Dicen que en el amateurismo, el poco público que asistía a los partidos era inglés. De hecho, cuando empezó la construcción de nuestro sistema ferroviario, los británicos que laburaban acá trajeron la costumbre del fútbol. Y ya que dijimos que todo deporte es una competencia sin encono, los primeros espectadores tenían costumbres caballerescas: Si el equipo propio metía un gol, lo saludaban con un aplauso. Pero si el rival metía un gol y la jugada les parecía correcta, tanto propios como ajenos aplaudían. ¿Cuándo se perdieron estos códigos?

Quizás en el momento que se convirtió en un deporte profesional y masivo. Cuentan, además, que la política metió la cola por primera vez, cuando Julio Argentino Roca pidió “un favor” a la selección nacional argentina en el entretiempo de un partido contra el seleccionado de Brasil. Cuentan los que saben que el primer “hincha” fanático de un cuadro fue un utilero, allá por 1917. La función de los utileros por aquella época se reducía a inflar o hinchar los balones. De ahí que sale hincha, tal cual lo entendemos. Y para criar hinchas hay más de un factor que interviene.

Uno de ellos es que la mayoría de los clubes tienen su propia historia ligada a su lugar o barrio de origen: Club Atlético Boca Juniors, por ejemplo, no se llama así por lo que hay debajo de la nariz, sino por el barrio de La Boca, en capital federal. Club Atlético San Lorenzo de Almagro tiene origen en una escuela religiosa en el barrio de Almagro, donde un cura llamado Lorenzo permitió a unos chicos jugar a la pelota en el patio. River Plate se llama así porque su estadio queda cerca de la costanera con el rio de la plata. Hay muchas más historias así en todo el país.

Lo cierto es que palabra más, palabra menos entre la dirigencia y la prensa especializada hay los primeros espacios que representan al fútbol como pasión de multitudes, como lugar para la expresión social, que muchas veces tiene la fiesta en paz, pero no siempre. La mayoría de las veces hay masa crítica, que da para las barras bravas y la goma, que ya mencionamos antes. Y ya que nos guste mucho, poco, o nada esto sirve histórica e histéricamente para inflar egos, instalar polémicas y fanatismos al pedo. Pero no exactamente por costumbre, sino más bien por negocio. 

El objetivo es entretener el mito para vender entradas, gorro, bandera y vincha, según pasan las fechas de torneos, copas y mundiales. Es prácticamente un lugar común presentar los encuentros con excesos de épica. Esto endulza los oídos de los fanáticos. Esto sirve para vender más revistas, para subir el rating de los programas especializados o aumentar visitas a las páginas web.

 Y lo más chistoso del tema es que mucho del asunto son datos ocultos a plena vista. Los jugadores de primera son veintidós millonarios: Sus ganancias provienen del libro de pases, del aporte de los sponsors, la recaudación de los partidos, y no se “casan” con ningún club. Algunos jugadores son hinchas de un cuadro u otro, pero a la hora de laburar, se visten con los colores del que garpa y salen a correr la pelota. Y está bien documentado que varias veces hubo jugadores que le hicieron goles al club de sus amores, y se abstuvieron de festejar… eso sí, el gol lo hicieron, como corresponde a todo atleta profesional contratado.

Es decir, no son “soldados de una causa”, sino más bien “mercenarios para vencer en batalla”. Reconozcamos que hay efecto contagio entre lo que pasa en el campo de juego y la tribuna Sino, es al pedo gritar un gol. Pero la cancha tiene reglas, y la tribuna también, pero no son exactamente las mismas. Y en la zona gris entre ambas cosas es donde conocemos grescas y muertos y heridos en las tribunas, jugadores en sociedad ilícita con las barras bravas, dirigentes que se encogen de hombros mientras hay quilombo, y demás.

En criollo: resulta que los idiotas útiles, ingenuos y crédulos que pagamos la fiesta, al final, somos los espectadores. La cosa es que seamos buenos ganadores, buenos perdedores, pero más que nada: no nos comamos cualquiera, que hay mucha babletta y shomeria rantifusa.

Dicho en términos más técnicos: el futbol es un relato. Y por relato, que se entienda que no es mera narración, sino historia ejemplar, que brinda modelos para seguir o evitar, que fija un poco quienes somos y que cosas nos gustaría ser. Dicen los expertos en semiótica y semiología que al llegar a nuestros tiempos posmodernos, la era de los grandes relatos se ha terminado. Tal parece que a los que difunden futbol todavía no les llego el memo.

Este aporte tiene la intención de destapar las vendas que abundan, y que lo caliente nunca nos quite lo cortes. Decía Albert Einstein, a propósito de otro tema, que siempre “Es mas fácil romper un átomo que un prejuicio” A fin de cuentas, las pasiones y los prejuicios se doman, pero no se eliminan. Las energías que malgastamos en ciertas cosas, podemos desviarlas en otras mucho más positivas, y listo el pollo. Esto deberá mamarse en la casa y en la escuela, con una pequeña ayudita de los clubes y los medios.
Esperemos que algún día se cumpla.

Saludos & suerte