Jorge Fernandez Diaz – La asombrosa vida de un detective privado

Periodista, pero mas que nada escritor,  Jorge Fernandez Diaz escribe y relata historias  como esta. Pasen y vean

Jorge Fernandez Diaz – La asombrosa vida de un detective pprivado

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Relato del presente – Hipocresía for export

Nicolas Lucca, del blog de Perfil.com, escribió este ensayito. Coincido con el al 1000%

 

Que Trump es kirchnerista, que Trump es tan sólo un populista –el kirchnerismo sería un populismo con un máster–, que Trump es un facho, que Trump es misógino, que Trump es xenófobo, que Trump es intolerante, que Trump es un burro, que Trump piensa gobernar sólo para Estados Unidos. Es bien sabido que el argentino […]

a través de Hipocresía For Export — Relato del presente

Relato del presente – Aqui, en el mejor pais del mundo

Una joyita de Nicolas Lucca, bloguero de Perfil.com

Una zona en la que converge el conurbano con el centro porteño. El paraíso de la connivencia entre el lumpenaje y la policía/política. Un cementerio que lleva el nombre Corrupción Estatal y que suma 330 muertos entre un atentado nunca resuelto y transado, un incendio y un choque de trenes. Un muestrario de todo lo […]

a través de El mejor país del mundo — Relato del presente

Que sabe nadie: Un resumen de la educación argentina o algo así – Primera parte

Nota del 2017: Este texto ya tiene sus años. Por error, lo borré. Lo subí de vuelta para recuperarlo. Disculpen las molestias ocasionadas.

Para empezar, yo no soy experto en docencia ni educación: Como tantas otras personas, pasé por la primaria, la secundaria y la universidad. Muchas cosas que digo aquí vienen de material de la red y notas periodísticas acerca del tema que estuve siguiendo con interés. Así que, hablando mal y pronto… La educación es como la saliva: la tenemos todo el tiempo en la boca, pero no sabemos exactamente de donde viene ni para qué sirve. Además, con las toneladas de errores que hubo, hay, y sigue habiendo en el sistema educativo argentino, es prácticamente un milagro que haya gente que sepa leer, escribir, sumar, restar, multiplicar y dividir sin equivocarse.

Nadie ignora que, además, la educación comienza por casa. Por lo tanto, si a este panorama que mencionamos más arriba – que para nada es nuevo – le sumamos que nuestras familias tienen muchos matices de igualdad y diferencia en sus modelos de valores y actitudes, además de numerosos conflictos con el afuera, y problemas de relación entre parientes directos y políticos… hay que reconocer que mucha gente salió bastante bien educada, pero por putisima casualidad. 

La gracia del asunto es que el sentido de la educación, en forma muy similar al que tienen los laberintos, es algo que siempre se ve mejor desde arriba y afuera. Al punto, como nadie es una isla, hace falta una gran lucidez y preparación intelectual para tomar la distancia necesaria y repensar las cosas… talento que el común de los mortales no tenemos. De todas formas, hagamos un intento serio. Veamos cómo nos va.

A modo de introducción: una torta por capas

Pongamos una metáfora fácil: Digamos que el asunto es parecido a una torta dulce rellena/torta por capas. Hay dimensiones morales y políticas que son elemento de liga (bah, la crema o el dulce de leche) con trasfondos económicos y modelos de desarrollo (las capas de bizcochuelo, pegadas con el relleno) cuando hablamos de “educar al soberano, es decir, al pueblo”.

Abusemos un poquín del simbolismo, y pongamos que, para no perder textura, se agrega usualmente una pequeña cantidad de líquido para humedecer el postre. Si la torta es para los más chicos, se usa almíbar; si es para los más grandes, un licor o vino dulce. En nuestra preparación, ese es el lugar de la pedagogía; arte y ciencia de enseñar, que permite comer y digerir lo que nos dan. Un proverbio de almanaque o sobrecito de azúcar en los bares – elijan ustedes – ilustra también el tema y dice: “Si vas a planificar para un día, pesca un pez; si vas a planificar para unos meses, planta arroz; si vas a planificar para toda la vida, educa a los niños”. 

Podemos agregar algunas cosas sabidas/sobadas: que la educación es estratégica para el desarrollo de los individuos, los grupos, comunidades, países y regiones. Sostiene y amplia el sistema social, y viene reconocida como un derecho humano básico por Naciones Unidas, a partir de 1948. Desde épocas remotas hasta acá, la visión y misión cualquier sistema escolar es formar a los ciudadanos, para que cada quien alcance su máximo potencial, y contribuya desde ahí al crecimiento y bienestar de la nación. Esto es muy lindo en los papeles, pero cuando bajamos a la realidad… ahí nos queremos matar de muerte bien muerta, por más de un motivo. 

Según han pasado las épocas, los gobiernos de turno han “actualizado” la estructura del sistema y los contenidos de cada materia, a su propia imagen y semejanza: El chiste es que la mayoría de los proyectos de país que conocemos quedaron mochos. Subía un gobierno, y tumbaba todo lo hecho por el anterior.

“Cada maestrito, con su librito” dice la frase; así que, lo que enseñaron unos lo distorsionaban o censuraban los otros; entre pitos y flautas, al final la cosa perdía sentido… generaciones completas tuvieron y tienen la inmensa fortuna de llevar en la cabeza una ensalada de ideas, no del todo enteras ni bien asimiladas, contradictorias, sacadas de contexto, y a menudo sin evidencia sólida que las respalde. Ahí vamos.

“Cada maestrito, con su librito”

Hecha la introducción, ahora nos metemos con la educación de nuestro país. Hay una enorme galería histórica e histérica de figuras y eventos en la educación argentina: Cuentan los que saben que hay indicios de las primeras escuelas estatales cuando éramos colonia española, con el gobierno de Hernandarias, allá por el S. XV. Agregan que a partir del siglo siguiente la iglesia católica apostólica romana copó el ámbito, y que los Jesuitas fueron la orden más influyente en el tema. Se habla también de Dominicos y Franciscanos.

Yo de esto mucho no sé, pero me sospecho que por aquellos tiempos los curas debieron de adaptar y aplicar la franquicia que tenían en Europa al continente americano

Habría que ver y estudiar en profundidad bien documentos de las escuelas, colegios y universidades fundadas y administradas por los curas. Habría que ver también como aprendían las mujeres de aquel tiempo, ya que la educación estaba mayormente destinada a los varones. Habría que ver la importancia de memorizar textos y conceptos, repitiéndolos muchas veces; también habría que ver cómo eran los castigos corporales que ligaban los alumnos si rompían reglas u olvidaban lecciones. Habría que chequear también cuales eran las sanciones para los maestros que aplicaran mal las reglas. Todo esto lo salteamos, medio porque no lo sabemos con exactitud y medio porque no es cuestión de perderse en detalles.

 La cosa se puso espesa dos siglos más adelante, al llegar el siglo diecinueve, cuando irrumpieron en nuestro propio país una cantidad de ideas avanzadas en varios frentes, incluyendo la docencia. 

Ni bien la primera junta de gobierno criolla le dio pase al virrey Cisneros en 1810, un funcionario del nuevo régimen, Mariano Moreno, escribía y publicaba en el diario “La Gaceta de Buenos Aires” el plan político a seguir por el nuevo gobierno nativo. El modelo que aspiraba concretar era el de la revolución francesa, con todo lo que significaba la libertad, igualdad y fraternidad, abolir la nobleza y sus privilegios sobre la tierra y la renta, poner en el poder a los representantes del pueblo, entre varias cosas más.. 

En educación, Moreno estaba interesado en formar a la gente con los nuevos derechos y obligaciones ciudadanas en el entonces novedoso formato de las democracias republicanas modernas, gobernadas por tres poderes, sobre la base de consensos, etc.

En los papeles, era imposible estar en desacuerdo con el modelo, por todas las ventajas que ofrecía. En la práctica, mucha gente se sumó, pero de la boca para afuera; mientras no les tocaran el bolsillo, todo bien. Otros se opusieron, ya que tenían mucho para perder. Al final, estalló el quilombo. Y como Moreno tenía la lengua afilada, y repartía palos bien dados a propios y ajenos, finalmente lo barrieron bajo la alfombra y a otra cosa, mariposa.

La presidencia de Bernardino Rivadavia y su proyecto político, le aporto varias cosas a la educación. En esa época se fundó la Universidad de Buenos Aires, se dictaron normas para el magisterio, se realizó el primer censo escolar, se creó la inspección general de escuelas, y el colegio de ciencias morales otorgaba becas a los alumnos del interior del país, que demostraban tener mérito para recibir una educación superior.

Dato de color: Uno de los alumnos destacados de aquel colegio fue un abogado, diplomático y músico llamado Juan Bautista Alberdi, que contribuyó a la constitución nacional definitiva. El método pedagógico de la época fue el de Bell/Lancaster, por cual un maestro formaba a un grupo de alumnos, quienes a su vez formaban a otros estudiantes. Por su propio lado, los ejércitos libertadores de José de San Martín y Manuel Belgrano, no solo luchaban batallas, sino que en cada territorio ganado fundaban escuelas y bibliotecas públicas cada vez que podían. Para ir cerrando aquí, la etapa posterior sirvió para afianzar el modelo educativo en algunas cosas. Pasen y vean por favor.

Rosas, Sarmiento y sus espinas

Con la guerra y la independencia de España ya ganadas, empezó la confederación. La idea era organizar el territorio y dictar una constitución nacional para darle forma al estado y la nación. Un tal Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires, dirigió este show así: Puso el tema de la constitución en el freezer, y administró el país como una estancia. Cada provincia estaba controlada con puño de hierro por caudillos. Rosas los mantuvieron contentos y entretenidos repartiéndoles tierras, armas y negocios.

Las alianzas internas le sirvieron y mucho para mantener el sistema: agregaron territorios al país, y con apoyos internos se bancó el bloqueo de la flota anglo francesa sobre el puerto de buenos aires. Finalmente, zafamos de esa situación, incluso ganando algunas batallas. Durante esta época, específicamente en educación, la federación abolió el método Bell/Lancaster. Redujo el presupuesto educativo, y autorizó a las escuelas a cobrar una cuota a las familias, para compensar las labores docentes. 

En la práctica, esto les cortó el acceso a la educación a las clases más bajas y las condenó a la ignorancia. En paralelo, reforzó los valores de la religión de estado argentina, es decir, el cristianismo católico apostólico romano. No tengo muchos datos sobre el detalle, pero ahora que lo pienso, lo más probable es que Rosas y su gente hayan aplicado este criterio, no tanto por devotos o genuinos creyentes, sino más bien porque les servía de denominador común entre gente de distintas regiones, algunas bien lejos de buenos aires.

Otro rasgo de época fue una feroz persecución ideológica, donde no era ajeno lo educativo. Quizás la mejor forma de ilustrar esta época sea dar un ejemplo. En la red hay publicado un perfil muy completo de un tal Marcos Sastre, periodista e intelectual uruguayo, pionero en el tema educativo en nuestro país. Se cuenta que Sastre fundó una escuela modelo en buenos aires. Cuando subió el Rosismo, mandaron inspectores al establecimiento; lo cerraron y apretaron a Sastre para que dejara argentina. Se refugió en una localidad del interior y luego afuera, donde esperó mejores tiempos para seguir su tarea. Eso le llegó años más adelante, con una nueva etapa. Fue el segundo al mando de las reformas educativas de la era posterior. 

Con la guerra civil entre federales y unitarios – que finalmente ganaron los unitarios – habían barrido a cuanto gaucho, indio y pardo pudieron meter debajo de la alfombra. Con la posterior campaña del desierto, también hicieron bastante limpieza étnica, y se sacudieron a los caudillos provinciales de las solapas. Así que, al final quedaron los criollos cara pálidas; cuando agarraron la manija, se dedicaron a repartirse negocios y saquear las cajas del estado, especialmente la renta aduanera del puerto. 

Y como cualquier pirulo que haya leído Billiken sabe, la figura importante de esta época fue Domingo Faustino Sarmiento. Siendo presidente de la nación, organizó el sistema escolar argentino moderno. A partir de su propia gestión y la obra de sus continuadores, se conocen medidas importantes y unas cuantas cagadas no menos trascendentes en educación. Por ley de educación común, nº 1420, deja establecida para la Nación la Educación primaria obligatoria, gratuita, laica y gradual. 

Aunque parezca mentira, en un estado que por lo general era bastante trucho, hablaron el tema en serio: Con debate en el congreso, se discutieron detalles como la educación mixta, religiosa, laica, suprimir los castigos corporales, y la jurisdicción del sistema. Queda que la ley es válida para la capital federal, y como precedente, ordena que cada provincia dicte para si una ley similar o redondamente igual. El estado empieza a difundir esta idea en todo el país, de la quiaca hasta Ushuaia.

Como parte del plan, aumenta el número de colegios normales, para la formación de los futuros docentes. En el nivel medio, se crean las escuelas nacionales, donde se forman los cuadros dirigentes de nuestro país. La enseñanza es de tipo enciclopedista, y prepara para el ingreso a las universidades, que resultan muy desatendidas en la época

Por y quizás a pesar de un programa de ayudas económicas a las escuelas de todo el país, llegaron desde estados unidos algunas maestras para enriquecer el sistema, y le dieron grandes aportes pedagógicos. Pero quizás por tradición machista, además de la tradicional corrupción política y administrativa, el esfuerzo de estas chicas no fue del todo reconocido.

Cuentan que el paro docente más antiguo en nuestro país fue durante la presidencia de Julio Argentino Roca, en reclamo de sueldos atrasados de la época de Avellaneda, y en señal de protesta por despidos y recortes de presupuesto. Quizás podemos afirmar que a partir de este momento en adelante comienzan los padecimientos del gremio

Como cereza del postre, cambian los textos de estudio tradicionales por otros libros, escritos por políticos nativos. Especialmente Sarmiento, José María Gutiérrez, Marcos Sastre y otros. 

Al punto, el plan educativo y su pedagogía buscaban formatear a las nuevas generaciones con unos criterios que demostraron varias inutilidades a la vuelta de los tiempos. Pongamos corta la bocha: la intención era importar a la argentina la vida urbanizada estilo europeo, a cualquier costo, en la inteligencia que modernizar nuestro modo de vida iba a traernos progreso a todos. 

Tal parece que a Sarmiento le dieron la visita guiada para turistas mientras estuvo en Europa. Y no fue el único que la marró feo; mucho antes de ascender al poder, y ya viviendo en nuestro país, la idea mayoritaria que tenían de “pueblo” los intelectuales unitarios era la población… pero a imagen y semejanza de las clases bajas y medias europeas, que algunos de ellos luego conocieron en el exilio durante la guerra. 

El combo mental de los padres de nuestra educación incluía combatir hasta eliminar toda cultura regional, todo saber popular, y reemplazarlos por valores positivos, pero importados. Cuentan los que saben que el proyecto de Domingo Efe era darle impulso a la civilización educada, en la inteligencia que la sociedad ya instruida iba a completar por si sola el resto. ¿Lo hizo? Ya veremos.

Quiero creer que Domingo Ese no era ningún gil, y estaba consciente del hecho que para adoptar y adaptar la receta de afuera – Sarmiento pensaba en el crecimiento norteamericano de su época como modelo – hacía falta también un sistema económico industrializado, productor de tecnologías y mercaderías manufacturadas. Estuvo bien avispado para advertir que todo eso debía comenzar por la escuela. Pero como dijimos más arriba, el plan educativo se concentró en los conocimientos generales, es decir, enciclopédicos. Conscientes del asunto, no nos queda otra que bajarle la nota, ya que se olvidó de la educación técnica, orientada a los oficios y al conocimiento utilitario. 

Y que no se diga que aquel conocimiento no estaba disponible por esos años: El ferrocarril aquí ya estaba en construcción, habían llegado algunas empresas inglesas y estaban laburando eso. Las barcas a vapor de la época que iban y venían del puerto. No salieron de un repollo. Hubo gente que se capacitó en algún lado para fabricarlas. ¿Era difícil conseguir los planos de una, aunque más no sea por joder? 

Podemos suavizar un poco la condena para el “padre del aula”, si tenemos en cuenta que uno de sus máximos objetivos fue fomentar el entorno para que hubiese colonias de agricultores instruidos, modernos, en condiciones de evolucionar. De hecho, su mayor logro en vida fue haber fundado una colonia experimental en la provincia de santa fe. Pero tampoco la pavada: la “civilización”, ilustrada y cara pálida, mata gauchos, opuesta a la “barbarie” que para él representaba la federación, no era exactamente mejor.

Había que educar obreros, por no decir ingenieros o arquitectos, y se le chispoteó. Ese tipo de escuela apareció por iniciativa de otra persona. En paralelo, la economía argentina estaba empezando a tomar su forma actual, es decir, el modelo agroexportador. 

Vendíamos materias primas a los países desarrollados de la época, principalmente Francia e Inglaterra. A cambio, comprábamos importados los productos manufacturados que se hacían allá con nuestras comodities. Y como los británicos no eran boludos, para no perdernos como clientela, nos cobraban esos productos con tarifas preferenciales.

Así quedaba – por ejemplo – que las botas inglesas, de buena calidad y hechas con cuero argentino, eran un producto caro para nosotros – ya que teníamos que pagar aduana, aun con precio de amigo – mientras eran más baratas en gran Bretaña, donde se fabricaban. Y el ejemplo de las botas no fue el único en aquellos días.

En consecuencia, nos guste o no, las fallas frecuentes de nuestro sistema educativo y las taras de nuestra sociedad, provienen de haber masticado y digerido mal la segunda y última mitad del siglo XIX. Nos guste o no, cada proyecto de país y el sistema escolar/pedagógico que los escoltaba – como corresponde en estos casos – fue planificado y ejecutado desde arriba hacia abajo, la mayoría de las veces con poco y nada de análisis previo de la situación. 

Y como es de esperarse, los proyectos que vienen así son tan útiles como sembrar bananas en la puna. Así como una casa no se construye sin medir el terreno, ni sabiendo cuales y cuantos materiales hay para aprovechar, la educación no puede diseñarse sin conocer las condiciones del país y la calidad de sus gentes. La devolución desde abajo hacia arriba – como es habitual, más todavía cuando los proyectos son chuecos o rengos – fue y sigue siendo el desastre. 

Nos guste o no, la experiencia nos enseña que en lugar de sembrar conocimientos y formar personas, social y políticamente correctas, nos han quemado la cabeza a más de uno, y así andamos como el orto… Como la historia es continuidad, por supuesto, las cagadas acumuladas siguieron en el siglo pasado.

De un tiempo a esta parte

Al llegar al S. XX la política educativa varía en algunos aspectos, pero no cambia demasiado. ¿Fue por Gatopardismo? ¿Hubo Gataflorismo? La respuesta tiene que darla nuestra era, el siglo XXI. Pero no la tiene fácil, porque se lleva previas materias de la era anterior, y también tiene dificultades para rendir lo que le toca actualmente.

Entonces, para ayudar a que zafe por lo que le falta, esperemos que esto ayude. Pongamos de entrada que desde fines del XIX hasta entrado el XX hubo un tire y afloje entre la enseñanza enciclopédica y la enseñanza técnica. En paralelo, empezó a cobrar peso político el grado de matrícula y participación de la comunidad en cada nivel educativo.

A partir de aquí, con la estructura educacional ya afianzada, quedaron nítidas ciertas cosas que siempre estuvieron ocultas a plena vista. No menos importantes fueron las intervenciones de los gobiernos de facto en la educación. Dicen los expertos que hubo cinco modelos de gestión educativa, casados con cinco modelos de política. Ahí van

Estado Oligárquico y Educación para la elite

Como ya dijimos con más detalle en otros textos, los gobiernos conservadores agotaron su propio modelo. Pero antes de salir del poder, una conserva de turno dicta la ley de residencia, para atajar a los inmigrantes con militancia política – anarquistas y socialistas – que empezaban a mover el cubilete con bastante ruido. Inicialmente, hubo alto nivel de obra pública, aumento de las inversiones extranjeras, fue creado el registro civil, hubo aumento demográfico, expansión de las ciudades, y se firmaron los primeros tratados limítrofes con Chile. Y parece que anduvimos bien.

Pero el uso y abuso de los negociados llevo a la crisis de 1890. El banco Baring Brothers – tradicional inversor británico en nuestro país – hizo malos negocios y quebró. Siendo el principal inversor en nuestro suelo, se llevó puesta la economía del país. La mishadura que trajo, puso a los indios muy cabrones, y eso que ya venían bastante cabreros de antes del estallido, especialmente los anarcos. La revolución del parque, la formación de la UC y el radicalismo, ya mencionadas en otro lado, fueron la frutilla del postre.

El diseño de la educación apuntaba a formar una elite gobernante, que controlara la tierra y el estado. El vínculo de estas minorías con el modelo económico pasaba por el rol ideológico de las escuelas, especialmente en el nivel medio y superior.

Traducido al criollo: cuando hacían bien los deberes, luego pasaban a la carrera política y subían al poder, donde afanaban a manos llenas y después se iban. Más arriba hablamos, sin mención directa, de la europeización de nuestra cultura, cuando le dimos palo a Sarmiento, fundador del modelo. Los valores a difundir eran: el progresismo, el democratísimo y la filantropía. Pero en la calle y en las casas… de progreso, más bien instrucción básica y cierto progreso “cosmético”, como explicamos oportunamente; por su lado, eso de la democracia. Democracia, ¡Las pelotas! tal cual definió Adelina D´Alessio de Viola, diputada nacional de signo neo conservador un siglo más tarde.

Por supuesto, Adelina se refería a otro tema. La frase igual sirve para recordar que el sistema político era podrido en ese entonces. Y si de filantropía se trataba, la educación que fomentaba la sociedad de beneficencia, era prácticamente un salvavidas de plomo destinado a las mujeres. Surgió de una iniciativa de Rivadavia, que dirigió a las damas de la clase más alta de su época. Las señoras aceptaron, y ahí estuvieron generación tras degeneración por espacio de un siglo y medio.

Asociación tradicionalista por excelencia, sobrevivió a todo, menos a dos gobiernos: la federación y el peronismo. Luego de la caída de Rosas, retomaron sus funciones. Pero al llegar el siglo veinte, Eva Perón le firmó certificado de defunción… disculpen ustedes la involuntaria rima. Ya volveremos al detalle más adelante.

Al punto, les enseñaba a coser, a cocinar, y obedecer a los tipos sin chistar… ¿Bonita ayuda, no? La meta de los últimos conservadores en el poder era dividir a la sociedad en estratos, según su acceso a la educación y a partir de ahí, mantener una suerte de sistema de castas.

Un legislador conservador de turno, Carlos Saavedra Lamas, propuso en 1916 un sistema de filtros a partir de la escuela media. La idea era hacer una divisoria de aguas, así aquellos “que no les daba” llegaran hasta el primario y se las rebuscaran con los trabajos manuales. Mientras tanto, los que les daba el bocho, que siguieran hasta el fondo. Además de legislador, Lamas fue canciller; por los tratados con Chile ligó el premio Nobel. Se nota que fue mejor diplomático que educador.

Se cuenta que en esa época hubo un periodo de relativa paz social interior, al menos para las élites: la educación media y superior se les hizo agria a los inmigrantes, ya que la ley de residencia y la gestión del sistema no les daban acceso a la política. Hubo altibajos en el corto y mediano plazo a propósito de la matrícula en las primarias. 

Según algunos, fue porque las clases bajas “molestaban poco”. Pero eso no fue del todo cierto. Una novedad histórica fue un cambio de método didáctico: se pasó al modelo de pedagogía evolutiva, concebido por Pestalozzi. Aula y docente debían aprovechar la percepción y agudeza de los chicos para relacionarse con el entorno.

Mitad jugando, mitad instruyendo, con imágenes y juegos de silabas – algunos que aprendimos a leer con el librito “Upa” las conocemos bien – la idea era ir incorporando palabras a las imágenes, y con imágenes y palabras, de a poquito, estimular la capacidad de desarrollar ideas, escribirlas y leerlas.

Era y sigue siendo un noble método de enseñanza científico, con base a principios de antropología, sociología, y aspectos morales, que debe de estar vigente en algunos lados – era lo que usaba cualquier jardín de infantes de antes – y se agregaba al germen de la ciencia de la educación en argentina, que ya conocía: la repetición de memoria, el método Lancaster, y finalmente esto.

De hecho, la imagen de la escuela como “un segundo hogar” que nos enseñan en primaria, proviene de aquí. Para inicios del nuevo siglo, asomó la cabeza un toque la educación técnica, bajo la forma de talleres, sin alcanzar desarrollo.

Otra novedad fue la aparición, sobre el fin de ciclo conservador, de las escuelas fundadas por asociaciones vecinales o civiles, que se conocieron también como “Escuelas libres “cuyo objetivo fue contener a los que quedaban fuera de las cuarenta del mazo.

Y tal parece que lo consiguieron por un tiempo. Se dice que algunos gremios socialistas fueron de la partida en estos proyectos, mientras que los anarquistas bochaban la idea por burguesa e institucional. Entre 1896 y 1889 apareció la primera enseñanza técnica, como anexo de un colegio nacional. Para más adelante, la cosa fue creciendo. Seguimos en otra sección.

Estado benefactor y educación para el progreso

La cosa es que bajaron los conservadores y subió el radicalismo. Su proyecto fue… bueno, eso lo vimos en dos bonitas paginas intituladas “Balada triste de radicheta” “Más balada triste de radicheta” así que les ahorramos el deja vu. De todas formas, digamos dos cosas. Primero, asciende por fin a la participación política la clase media emergente, compuesta por los inmigrantes y sus hijos, que se habían quedado con las ganas de la era anterior.

Muchísimo más moderna, con genuina vocación republicana, con mayor sensibilidad social que cualquier conserva, la nueva generación se ocupó de pacificar conflictos. Al punto, los radicales le recuerdan a todos que el estado es garante de los derechos y fiscal de las obligaciones civiles, tal cual lo marca nuestra constitución nacional. Los conservadores se cagaron en eso desde siempre. Al punto, la UCR dio vuelta la tortilla y cumplieron e hicieron cumplir las leyes.

Segundo, hubo estado benefactor: la gestión del estado intervino fuerte en la economía para favorecer el desarrollo. La educación tuvo un gran componente económico, con su correspondiente carga de conocimientos utilitarios, pero esto no quitaba que tuviese también un fuerte acento político. 

Es decir: mantener abierta la fábrica de militantes y dirigentes. El primer gobierno de Yrigoyen derogo la reforma de Saavedra Lamas, y aflojó los nudos que habían apretado los conservadores. En el área, y para que nadie sea menos que ninguno, el radicalismo abrió el debate sobre quienes debían dirigir el sistema: Estado, Iglesia, o Asociaciones Civiles. 

La cosa tomó lugar en el congreso de la nación. Hubo proyectos de ley, discusiones, presiones, y finalmente ganó el estado. Porque fue y es el único factor que cubre todo el terreno, y por democracia con república, tiene capacidad para garantizar la igualdad de oportunidades a todos. Una consecuencia importante de esta decisión fue que las escuelas libres desaparecieron del mapa, y quedaron las escuelas estatales y religiosas como incómodos compañeros de cuarto. Convivieron por un tiempo, pero las diferencias de modelo saltaron en la era siguiente. 

El cambio de enfoque en el área educación fue incluir la enseñanza entre los derechos civiles. Significaba un beneficio sociocultural para todos; no era dádiva al marginado, ni privilegio para algunos. El cambio de eje también pasaba por no solamente “educar al ciudadano”, sino también educar para el trabajo y el progreso, sin que se pise con la formación de cada quien como persona. 

Otro ejemplo que ilustra la época es la sanción, reglamento y cumplimiento de la Ley Laínez, cuyo objetivo fue dotar de códigos y practicas uniformes a todo el sistema: El ritual de izar la bandera, formarse y cantar el himno, quedaron instituidos a partir de ahí. Antes de la ley, no eran prácticas regulares en las escuelas y colegios. La medida buscaba cumplir una idea de Leandro N. Alem: promover el sentimiento nacional. El rebote fue que, en lugar de expresar la noción de la unidad nacional, quedó como bajada de línea desde buenos aires al resto del territorio. 

Pero el número principal del show fue la reforma universitaria. Sucedió en 1918: Durante la elección de las autoridades de la universidad de Córdobahubo un movimiento estudiantil que cuestionaba – no sin fundamento – la elección puntual del rector y su equipo, pero el tema de fondo era la organización general del establecimiento y del nivel superior. 

Para hacer sentir sus reclamos, tomaron las facultades en señal de protesta. Contaron con el apoyo de algunos gremios, y no eran una pandilla de revoltosos con ganas de aventuras: el conflicto fue prolongado y serio. Cuentan que la mano se puso espesa porque hubo goma durante un desalojo. Cuentan que mientras estaban eligiendo a dedo a un nuevo rector, un grupo de estudiantes irrumpió en la reunión y lo impidió. La policía tuvo que intervenir.

Ante la amenaza de perder equilibrio político en la zona, el gobierno mandó dos delegaciones: la primera escuchó el reclamo, pero actuó a favor del status quo; siguieron los quilombos. La segunda escuchó el reclamo, y esa fue hasta el fondo. En consecuencia, quedaron en: acceso libre, gratuito e irrestricto a las facultades, sin examen de ingreso y sin mayor requisito que haber aprobado el nivel medio; libre participación y formación de centros de estudiantes en cada facultad, universidades nacionales como entes autárquicos financiados por el estado, gobernados en forma colegiada por el rectorado y los decanos, el claustro de graduados, y los centros estudiantiles; mandatos acotados para cada dirigente y comicios periódicos para renovar representantes de cada fuerza; ultimo pero para nada de ultimas, concursos de antecedentes periódicos para decidir los nombramientos de los profesores titulares en cada cátedra.

No estoy muy seguro del detalle, pero cuentan que hubo un antecedente de estos eventos en un rincón de Alemania. Sea como sea, este modelo hizo historia, y aseguran algunos que fue el primero de su clase en América latina. La universidad de buenos aires (UBA) lo adopto para sí misma, y el estado argentino lo extendió por ley a las universidades que dependen de él. Para ir cerrando esta sección, demos cuenta que hubo aumento de la matrícula escolar en todos los niveles, y que existe al menos una investigación académica que aborda este detalle de época.

Estado de bienestar y educación para la liberación

Esta es la era del peronismo, luego de la década infame. La gestión de Perón la contamos en las dos partes de “Peronismo explicado para dumios“, así que acá también ahorramos tramites literarios. Pero nobleza obliga decir que hubo estado de bienestar, con su carga de intervenciones directas del estado nacional en la economía y el resto del sistema.

Así como el radicalismo contribuyo al ascenso de la clase media, excluidos del sistema por los conservadores, el peronismo hizo lo propio con la clase baja, bochada por los conservadores y descuidada por los radicales. La gestión de los años 40s promueve la movilidad y la inclusión social de los sectores más postergados, por medio de su participación plena en el sistema educativo, y esto implicaba nuevas conductas y actitudes. Algunas muy positivas, y otras no tanto.

Un ejemplo es el fin de la sociedad de beneficencia. Por costumbre, las señoras ofrecían la presidencia de la sociedad a la primera dama de turno. Cosa que – según parece – cada esposa de nuestros presidentes aceptaba de buen grado. Pero por única vez en su historia, pusieron un filtro con Eva Duarte de Perón: no era de extrañarse. El estilo político combativo, el tonito teatral, algunas veces tremendista, y las ideas reformistas, más el culto a la personalidad de ambos, no daban para la membresía… les olía a Rosismo. Cuando Juan Perón asumió, las damas señalaron que ella era demasiado joven para asumir el cargo, y rompieron su tradición para mantener sus hábitos.

Cuenta la leyenda que Eva Duarte nunca conoció a su padre, y provenía de una familia venida a menos. Dicen que eso forjó su carácter. Y cuentan también que como actriz de carácter, tenía mucho de carácter y poco talento como actriz. Así que un “toque” resentida, Evita replicó a la Sociedad de beneficencia que, siendo ella joven para el cargo, les proponía a su mamá como candidata. Esto fue el principio del fin para la asociación. Porque rompían lazos con el poder de turno por segunda vez, venían flojas de papeles, y se les acababa el queso. El espacio que dejó vacante la sociedad luego lo ocupó la fundación Eva Perón.

Pero más allá y más aquí de las señoronas, el asunto estaba en oportunidades que mucha gente no había tenido nunca antes. Al punto: Con el peronato, la primera ola de laburantes modernos tuvo trabajo y salario en blanco y beneficios asegurados. La economía marchaba bien, y abonaba que nadie prestara demasiada atención a censuras sobre la oposición y unos cuantos presos políticos. 

En educación, hubo un slogan: “Los únicos privilegiados son los niños” Bajo ese lema, el área fue un instrumento formidable para influir sobre la sociedad. Excursiones escolares gratis, regalos a los chicos, y favores a las escuelas y padres desde la fundación, centros de estudiantes peronistas en el nivel medio, participación de agrupaciones peronistas en la UBA, sumados al texto de propaganda “La razón de mi vida”, lectura obligatoria en el nivel inicial, formaron parte de la postal de aquellos años. Dato de color: Durante su época de aparición, este libro se publicaba firmado por Eva Perón. Luego se supo que aquel texto didáctico lo escribió otra persona, mientras que un manifiesto político titulado “Mi mensaje” era genuina expresión de la señora, y estuvo en tela de juicio cuando salió a la luz recién en 1994.

La enorme novedad de la época son dos proyectos: primero, la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional (CNAOP) dependiente del ministerio de trabajo; segundo, queda fundada y en funciones la Universidad Obrera Nacional (UON) ambas cosas destinadas a preparar mano de obra calificada y especializada. Con los años, aumenta la matricula en la educación técnica, y dicen que se gana en calidad. En paralelo, crece un clima político bastante efervescente, para no decir bolonki.

Luego de la revolución libertadora – uno de tantos gobiernos de facto que supimos conseguir – entramos en lo que yo llamo la era de los proyectos truncos del radicalismo. Fue cuando Perón estaba en el exilio, y su partido, proscrito por los militares en el poder. Al punto, y sin querer queriendo, la UCR puso esta última medida en el freezer, ya que así se presentaban a elecciones casi sin oposición.

Cuando el asunto se ponía espeso, unos cuantos iban a golpear la puerta de los cuarteles para pedir orden. Y los milicos intervenían. Durante el gobierno radical de Arturo Frondizi hubo una fuerte movida en el área educación. Por un lado, estaban radicales, socialistas, la izquierda y las autoridades educativas: bancaban el modelo de enseñanza laica. Por otro, un movimiento de ultra derechas, fundado por jóvenes de clase alta y con la bendición de un cura, que se llamó Tacuaras, intervino – y hasta con violencia… mire usted – en el debate. Bancaban la enseñanza religiosa obligatoria. El modelo a seguir para ellos era la España franquista. Representaban la opción de la enseñanza libre, aunque no estaban muy convencidos de la idea. Aparte de unos atentados, un secuestro y un asesinato político, su especialidad fue romper las movilizaciones estudiantiles de sus adversarios.

Recordemos que aquella ley de educación común (Si, la de Sarmiento) definía nuestro sistema como laico, es decir, independiente del clero, y ya desde la primera junta de gobierno, la política de estado es la enseñanza centrada en el conocimiento enciclopédico y positivista. Así que, hablando en criollo: el debate era al pedo, porque ya estaba cerrado hacía un siglo y monedas. Pero ciertos personajes se estaban poniendo cabrones, por modas ideológicas.

Profundamente conservadores, antisemitas y anticomunistas, los tacuaras pusieron de moda un slogan que quizás algunos mayores recuerden: “Laica es Laika” en referencia a una perrita que enviaron los rusos en una cápsula al espacio, cuando eran URSS, (leninistas, trotskistas, estalinistas y otros tonos de rojo) que competían contra EEUU por la carrera armamentista y espacial, mientras combatían en la guerra fría. De regreso a nuestro país, era evidente que para nuestros “nobles punta de lanza”, apartarse de ciertos valores era reducir a los alumnos a sujetos de prueba, ratas de laboratorio, destinados a morir por manos de la ciencia de “los rojos”.

La cosa al final quedó blanqueada con el actual sistema – de enseñanza libre – donde ambas educaciones conviven sin pisarse, y todos contentos. Puesto en términos algo más técnicos: el estado establece pautas básicas para la enseñanza, y deja espacio a cada institución educativa para incorporar contenidos adicionales, siempre que no violen las pautas establecidas. Digamos que la religión, que se retiraba por la puerta, volvió a entrar por la ventana. En la segunda parte dedicamos un poco más de espacio al asunto.

A mediados de los años 50s, la dictadura reorganiza parte del sistema educativo: La CNAOP pasa a depender del ministerio de educación y se agrega a las escuelas técnicas existentes. Todo queda bajo control de la comisión nacional de educación técnica (CNET) que sienta el antecedente para aparición de la Conicet.

Saltando hacia los años 60s/70s, la breve pero intensa presidencia del radical Arturo Ilia facilitó muchas cosas en educación: dicen que destinó la tercera parte del presupuesto nacional para fortalecer el sistema. Pasaron de un módico 12% a un 23% de la torta, e inició el programa nacional de alfabetización, hubo escuelas con comedor, y se dio impulso a las escuelas técnicas y ruralesEn la UBA, egresaron unos 40.000 estudiantes. Se dice que es una cifra record inclusive hoy día.

Quizás podamos decir que gracias a estos estímulos la segunda y tercera generación de la clase media baja, formada por hijos de trabajadores – entre las que se incluye mi familia – accedió a las profesiones liberales, no sin que les cueste alguito. Dato de color: Mi viejo, cuando ingresó a la facultad para convertirse en contador, llegó a la crisis de nervios y llanto con “Álgebra II”. Las formulas y principios de aquella materia, parecían escritas en ideogramas para el hijo de un cocinero, nieto de tanos, que había terminado la nocturna mientras laburaba en una fábrica de clavos. Por suerte para él, uno de sus compañeros de clase lo ayudó. Finalmente superó ese problema.

Pongamos segunda y comentemos que había agite en las universidades y también en las secundarias: Muchos no se pudieron resistir a las promesas utópicas y románticas del comunismo, tal como las contaban Castro y Guevara en sus discursos y arengas. En paralelo, sucedía que las izquierdas argentinas tenían líderes pero no aparato político. Alguno sugirió que debían participar en el peronismo, ya que se veía como el único movimiento popular que transformaba al país. E inventaron el helado caliente ridículo y estúpido del peronismo de izquierdas, ya que Perón nunca fue un hombre de la zurda jamás en su vida. De hecho, los tacuaras – tan fachos y derechos ellos – viraron hacia la izquierda y tuvieron relaciones carnales con el peronismo zurdo ¿será que los extremos se tocan?

Durante la dictadura dirigida por Juan Carlos Ongania, sucedió la noche de los bastones largos: por decreto del ejecutivo, quedaban suprimidos el cogobierno y la autonomía universitaria, cambiaban las autoridades, y por supuesto, la idea fue purgar los claustros de gente que “pensaba feo” Hubo asambleas que resistieron pacíficamente esta medida. Los echaron con gases lacrimógenos, a golpes y patadas. Muchos marcharon al exilio luego de este episodio. Para ir terminando esta sección, digamos que ya sea con dictaduras al palo o con democracias blandas, el modelo económico del estado de bienestar se terminó por falta de fondos. Durante la breve y tercera presidencia de Perón, estallo justamente este problema. Y el “general” se murió antes de resolverlo. Sus sucesores cayeron como marionetas sin piolín. La tentación de llamar a los cuarteles y que los milicos pongan orden era muy grande. La explicamos en la sección que sigue.

Estado totalitario, y educación por y para el orden

Desde 1930 en adelante tuvimos golpes de estado, cada uno con su carga de corrupción, presos y muertos políticos, pero duraron poco. La excepción que confirmó esta regla fue una dictadura cívica – militar entre 1976 y 1983: el proceso de reorganización nacional. A diferencia de los otros gobiernos de facto, tuvo programa de gobierno de largo y mediano plazo. Y cuando ascendió, quedó en condiciones de perpetuarse en el poder.

Por y a pesar del daño que causó, tuvo consenso activo de una minoría que, obviamente, se beneficiaba con el régimen, y el consenso pasivo de toda la población En la previa al golpe, la violencia política estaba agotando a la gente. Ante la falta de garantías y respuestas, la pobrísima cultura y educación política de las mayorías percibió el gobierno de facto como salida temporal al problema. Claro quedó luego que las fuerzas armadas tenían otro objetivo aquella vez.

Al punto, la educación que recibieron nuestros milicos debió formatear la toma de decisiones a la hora de atender a quienes llamaban a su puerta. Se formaron aquí, en el Colegio militar de la Nación, dependiente del ejército; la Escuela de aviación Militar de la fuerza aérea, y la Escuela superior de Guerra de la armada. Pero varios de ellos luego hicieron posgrados en la Escuela de las Américas, que funcionó desde 1946 hasta 1984 en la república de Panamá. Luego que fue denunciada por organizaciones de derechos humanos de todo el planeta, los yanquis la blanquearon. La mudaron a una localidad de Estados Unidos y le cambiaron el nombre.

Cuentan que todavía sigue funcionando. Pero mientras estuvo ahí, muchos militares latinoamericanos se perfeccionaron en la doctrina de la seguridad interior. Por defecto, cualquier fuerza armada debe manejarse con hipótesis de conflicto para luchar contra un enemigo externo. Pero con la revolución cubana como referencia, empezaban a preocuparse por los insurgentes nativos, su agitación y propaganda y la guerra de guerrillas urbana y rural. Se dice que esta inquietud vino importada desde estados unidos, ocupados y preocupados por contener el avance internacional del comunismo. Se dice que algunas de las estrategias que usaron los argentinos las trajeron importadas de la intervención francesa en Angola. Al punto, la enseñanza de la escuela de las américas no debería de verse como mero factor ideológico; esta academia militar de elite tuvo un sitio en la educación especializada de adultos: de sus cursos egresaron los tiranos modernos más energúmenos del siglo pasado. Antes del golpe, hubo 600 militares argentinos que se entrenaron allá para torturar y asesinar a todo activista social de aquí.

Cuentan que su entrenamiento incluía torturarse entre ellos mismos, para que cada uno conociera sus propios umbrales de dolor, y por otro lado, ganar habilidades en cada técnica. Agregan que los alumnos se calificaban entre sí. Habría que ver si se ponían buenas notas. El teniente general Roberto Viola y su colega Leopoldo Galtieri – ambos presidentes de la nación durante el proceso – formaron parte de los muchos egresados de esta “prestigiosa” casa de estudios. 

Avancemos con “Una que sabemos todos”: El régimen hizo terrorismo de estado. Organizó y ejecutó un plan sistemático de genocidio contra la población civil. Hubo miles de detenciones y secuestros ilegales clandestinos de prisioneros políticos, para trasladarlos a una red de campos de concentración secretos, donde se los torturaba y mataba. Solo pocas personas se atrevieron a desafiar al gobierno, motivadas por la desaparición de algún familiar o amigo. El resto – les guste o no admitirlo a quienes vivieron ese tiempo – miraba otro canal. la fracesita “algo habrá hechoo” era un lugar común cuando alguien se perdía por ahí.  

El clima cultural fomentaba la autocensura. Una tendencia fuerte en aquellos días fue refugiarse en el individualismo. A fin de cuentas… las promesas de idealismo que supuso un orden social justo, que no la revolución, nadie las cumplió. Y hubo gente presa, herida o muerta por su causa. Era de esperarse que muchos optaran por una mezcla de pragmatismo y resignación. Esto puede explicar las actitudes de las muchedumbres, que parecían no sacudirse demasiado por algunas noticias.

Pero no es tanto de eso que queremos hablar, sino concentrarnos en la educación. En el área, desarrollaron un férreo control de la información, que incluía un gran sistema de censura previa sobre productos culturales nacionales y extranjeros. Había un permanente bombardeo de propaganda afín al régimen, por los medios de comunicación masiva y otros espacios, entre ellos, las escuelas. Hubo control de la importación y alguna quema de libros inconvenientes para el gobierno- los Nazis inició este hábito político – y listas negras para la prohibición de ciertos textos, e impedir el trabajo de artistas, intelectuales, políticos y periodistas militantes a full y otros más moderados. Muchos de ellos desaparecieron, y los más afortunados marcharon al exilio.

Obviamente, se vivía en estado de sitio a perpetuidad. Mientras tanto, según los expertos, la pedagogía se reconcentraba en la disciplina, sin atender a procesos ni resultados de la enseñanza. Se dice que en el paquete de medidas hubo un protocolo para prevenir la aparición de futuros subversivos, que retrasaba la lectoescritura hasta el tercer grado de primaria; limitaba la enseñanza del vocabulario a unas trece letras por año, y prohibía la teoría matemática de los conjuntos. 

Por cuanto los valores a potenciar y difundir – si mal no me acuerdo de mi infancia – el más fuerte que se veía en las escuelas era el patriotismo. Por supuesto, era patrioterismo y no sentimiento nacional genuino. Hizo anclaje en la ley Laínezpero con profundas distorsiones de significados y símbolos. Rebobinando, y ahora que lo pienso, justificaba las acciones del régimen por medio de la lealtad que los ciudadanos debían al país. Abundaban imágenes épicas de la liberación nacional: Pongo dos ejemplos. El combate de San Lorenzo y el cruce de la cordillera de los Andes, donde San Martín y sus soldados quedaban como superhéroes. Al menos yo, con seis años de edad, no estaba en condiciones de saber que estaba bien lejos de ser cierto.

San Lorenzo no fue una fiesta. Convengamos que, si al comandante de las fuerzas patrias casi lo aplasta su propio caballo en batalla… en el fondo, eso es un episodio vergonzoso. El sargento Cabral, caído en esa lucha, era un soldado raso voluntario, con una poca de entrenamiento nomas. Y se la jugó para salvar al general. Lo rescató de debajo de su montura, pero nunca dijo “muero contento, hemos batido al enemigo”, como si los españoles hubiesen sido crema o huevos. Dijo en cambio: “por fin matamos a esos hijos de puta”. 

El cruce de los andes fue a mayormente a pie, con unas mulas para llevar carga, y no hubo un general apolíneo, vigilando la marcha desde algún risco, capa al viento, sable corvo desenvainado en alto, montando un caballo blanco rampante, guiando sus fuerzas a la victoria. A José de San Martín lo cargaron sus soldados en una camilla improvisada, enfermo, cagado de frío y delirando a veces. Claro, de todo eso uno se entera después.

Mientras tanto, las revistas dirigidas a los chicos en aquella época – Anteojito y Billiken – publicaban esas mentiras. Y no quedaba otra opción que creerles. En los niveles medio y superior, persiguieron y desaparecieron a cuanto alumno, docente y empleado demostrara tendencias contrarias al régimen. O sea, de aumento de sueldo… ni pensarlo. El criterio para elegir las víctimas incluía no solo a quienes tuvieran militancia; familiares, amistades y conocidos también eran tomados en cuenta.

La crónica de estos crímenes la contaron otras personas mucho mejor que yo, así que me planto en este punto. Yendo hacia la agenda cultural de los dictadores, aprovechando que argentina ganó de local el mundial de fútbol de 1978, hubo una mitología chauvinista según la cual la avenida 9 de Julio era la más ancha del planeta, que el dulce de leche es invento argentino, lo mismo que el ómnibus colectivo, y que nuestras mujeres son las más lindas del mundo.

Durante toda la época, la característica central fue la moralina pacata, cuyo origen podemos rastrear en el pensamiento integrista de una rama de la iglesia. Pero el real daño residía en actitudes fariseas respecto de usos, costumbres y leyes, tal cual perro del hortelano. Con la libido reprimida, la descarga venia por el lado de la violencia, a veces por la picarda, y algún que otro desliz donde una adolescente quedaba embarazada en la secundaria. Otras costumbres desagradables, ya las mencionamos más arriba. Seguimos con una sección breve, y ya vamos cerrando el boliche.

Estado republicano, y educación para la democracia

Por conocida, no nos vamos a detener mucho en la historia más reciente. A fin de cuentas, se puede buscar material en Bing, google, libros y hemerotecas. Pero tenemos que hablar de educación, y como hemos comprobado, es la consorte de cualquier proyecto político. Nobleza obliga mencionar que, luego del proceso, inició nuestra transición hacia la democracia. Luego de las elecciones, el partido de gobierno sometió a juicio a las juntas militares que gobernaron el país. Siguieron el debido proceso, y finalmente los condenaron a prisión. Otro partido en el poder los indultó y liberó. Y más adelante, otra gestión volvió a juzgarlos, condenarlos y encarcelarlos. Esta es una de tantas contradicciones en nuestra historia reciente.

En base a esto y otros temas, algunos aseguran que nuestra democracia – entendida por república con democracia – todavía no empezó. Que como pueblo y nación, siempre hemos demostrado cierto desprecio por las normas. En algún otro lado (Ver “Data inútil sobre el doble discurso político”) señalamos nuestra costumbre extendida de estirar las reglas, hasta que finalmente las rompemos redondamente.

Dijimos al iniciar este texto que nuestros padres fundadores no venían exactamente de lo mejor de España. Eran aventureros, asesinos, violadores, pederastas y ladrones. El descubrimiento y conquista de América lo ejecutaron gentes que la reina de España sacó de sus cárceles y puso en las carabelas y demás naves.

Con esta herencia y referencia, hagamos un Per saltum en el tiempo para decir que nuestro pesimismo cultural actual proviene de medir y pesar distancias entre discursos y hechos en los últimos veinte a treinta años. Para darle más sabor, agreguemos las crisis económicas cíclicas y fuertes, que provocaron algunos por negligencia o descuido, y agitemos la coctelera.

Yo no soy experto, pero alguna vez escuché un comentario que me pareció lucido. Decía un periodista que en aquellos años 80s, hubo una oportunidad histórica que el gobierno de turno aprovechó hasta donde pudo. Había una generación completa que nunca había conocido ni la libertad ni la democracia. La intención fue educarla desde cero en los valores genuinos de una sociedad libre. El comentario indicaba que esa cultura hoy se ha perdido por completo.

Espero no pecar de ingenuo, pero quizás se pueda decir que, si comenzó de algún modo, todavía no se terminó ni puede acabar jamás: el camino para recuperar el estado de derecho quedó cumplido. Sin embargo, hay asignaturas pendientes: educar en el respeto, el dialogo franco, tolerante y participativo, construir cultura republicana, para sostener consensos que validen el imperio de las leyes auténticas que nos rigen… bueno, eso es tarea de todos. La clave está en desarrollar lucidez y estomago; porque a decir verdad, nos gusta mucho que nos digan lo que queremos escuchar.

Y este hábito no es gratuito, porque muchas veces se nos han pegoteado los caramelos, y hemos confundido diferencia y discenso con enemistad. Entonces, que los discursos vengan con bajas calorías suaviza ciertas cosas. Un buen ejemplo de esto, sin hablar de política, lo tenemos en el fútbol: fíjense en las maneras artificiales y muy eficaces en que inflamos rivalidades al pedo, mientras veintidós multimillonarios salen a la cancha a jugar, porque con la cuota del club son los socios quienes pagan el salario, además de lo que aportan los sponsors. Para más datos, busquen en las dos partes de “Rebotes y pelotazos: notas sobre el futbol argentino”

Específicamente, hay cortocircuitos entre la familia, la escuela y la sociedad. Se supone que la escuela es el espacio donde uno va a buscar explicaciones acerca de lo que pasa afuera; se supone que la familia es el sitio donde uno aprende a conocerse a sí mismo, y se supone que la sociedad es el lugar donde se sintetizan las otras dos cosas, y se puede pasar la antorcha a otras manos.

Traducido al lenguaje sociológico y docente: Socializar el conocimiento, construir usos, costumbres, etc. Pero ocurre que las crisis frecuentes de guita y valores atacan primero a las familias, desubican y desenfocan a las escuelas, y así la sociedad se va a la mierda. Como ya nos sucedió esto muchas veces, hemos sabido que una de las primeras cosas que perdimos fue la democracia y en paralelo todo lo demás. Seguimos en la segunda y última parte.

El fulgor argentino: Notas sobre modernidad y desarrollo en nuestro modelo agroexportador – Primera parte

Resumen: Hablar de desarrollo y modernidad en nuestro país es asunto jodido. Dicho mal y pronto: nosotros, los argentinos, nos creemos el país más avanzado de Latinoamérica. Pero en el fondo, somos una manga de piojos resucitados, con complejo de superioridad e inferioridad permanente. Siempre que nos va bien, somos los campeones del mundo. Y nos comemos la galletita. Pero cuando nos va mal, somos la peor mierda que hay. Misma cosa, signo opuesto. No es gratis aquel chiste que dice “El mejor modo de hacer dinero con un argentino es comprarlo por su costo real, y revenderlo por lo que el mismo cree que vale”

Esta conclusión sale de medir y pesar la diferencia entre postulados, promesas o recetas que nos encajaron, contra los resultados que supimos conseguir. El tema es jodido, porque el fracaso viene desde hace rato. Tiene ya unos 197 años.

Viene compuesto por los laberintos de los modelitos políticos, las escuelitas económicas, y más que nada, por atajos que hemos tomado para llegar al cielo. El más conocido es la corrupción. Pero no es el único. Desarrollar un sistema rengo, también es joder al personal. Detalles sórdidos, a continuación…

  • Cuando hubo algo de industria y servicios, nunca los cuidamos mucho: Ni los gremios mayoritarios, mucho menos la patronal, y tampoco el estado nacional.
  • Teniendo una constitución moderna, que establecía un sistema democrático, republicano y federal, nunca la cumplimos.

Como el agua y el aire

A lo largo del siglo XIX hubo transformaciones profundas en nuestro país. Nos convertimos en una patria soberana, con himno, bandera y escarapela. Nos recibimos de república independiente. Dejamos de ser sociedad de castas, para convertirnos en una moderna sociedad de clases. Vamos a volver sobre este detalle más adelante.

En aquellas épocas, el mundo venia formateado por dos grandes acontecimientos: Uno fue la hegemonía militar y comercial británicas. Por sus asuntos contra Francia, los ingleses habían desarrollado unas fuerzas navales de la hostia. Por y para este crecimiento, aparecieron compañías navieras con alto poder económico, que hacían negocios en los territorios explorados/conquistados por los gringos.

El mejor ejemplo de la época fue la “Compañía de las indias occidentales”, que tenía capitales holandeses, y se extendió como un pulpo por el mapa. El detalle es que tenían buenos resultados, pero el mercado era chico. Siendo que era más negocio comerciar con más gente, alguien sugirió que debía haber libre comercio y libre cambio en la economía doméstica y entre países.

Otro tema determinante fue la escuela política de la revolución francesa: Hubo pensadores poco antes de la revolución (Voltaire, Rousseau, etc.) que se ocuparon de reelaborar ciertas ideas griegas y romanas clásicas, a propósito de las formas de gobierno y las relaciones sociales. Más adelante, hubo otros ya metidos a la actividad política, con propuestas antimonárquicas radicalizadas y moderadas. (Jacobinos, La fronda, Girondinos, etc.)

De la necesidad de bajar estas ideas a la práctica, al final salió el modelo de nuestra democracia republicana moderna. El experimento social de “la comuna de Paris” se sintió en todas partes, y el resto es historia, con marsellesa y escarapela tricolor incluidas.

A los ponchazos, los criollos asimilamos todas estas novedades. 25 de mayo y 9 de julio incluidos. Una vez liberados de España, comenzó la búsqueda del modelo definitivo del estado nacional argentino; y no menos, desarrollar nuestro modelo económico nacional. Las guerras por la independencia se habían acabado, y había que comer.

Por influencia los dos grandes modelos del mundo mundial, (democracia republicana y libre comercio) se fue formando acá un pequeño mercado interno, compuesto mayormente con centros urbanos chicos, donde el grueso del consumo estaba entre la clase pudiente y acomodada. A saber: los altos funcionarios públicos, los miembros del alto clero, los terratenientes, los grandes comerciantes, y entre ellos, varios de los primeros cuadros profesionales laicos (abogados, médicos, etc.) que provenían de las “familias bien” (Anchorena, Alzaga, Martínez de Hoz, Unzue, etc.)

Mayormente, estos profesionales jóvenes trabajaban en importación y exportaciones. Y en la medida que entraba buena plata al puerto de buenos aires, nuestra clase dirigente porteña llegó a la necesidad y el interés de agrandar el combo.

El proceso no fue fácil; luego del experimento social de la Confederación, y los años de guerra civil entre unitarios y federales, Buenos Aires al final se quedó con toda la torta. Esta fue la época de los vencedores de la batalla de Caseros: El interinato de Urquiza, las presidencias de Mitre, Sarmiento, Avellaneda y sus continuadores. Más ahí o más allá de nombres y figuras, lo importante fue que empezó el modelo actual de gestión que conocemos.

Estamos hablando del modelo de las ciudades – estado, al modo europeo, donde las capitales de cada país concentran el poder político y negocios: Son sedes de los tres poderes de la nación, organizan y dirigen ejércitos regulares, y emiten moneda para todo el territorio.

En este modelo, cada provincia tiene su propia constitución, gobernador, legislatura y tribunales. Pero la nación se reserva el derecho de intervenir, si se nota que hay quilombo. Y la bajada de línea permanente desde la capital al resto, es “tan eterna como el agua y el aire”, tal cual dice Jorge Luis Borges en “fundación mítica de buenos aires”.

Esto costó sangre: luego de ganar la capital, hubo luchas entre buenos aires y el remanente federal; estamos hablando de la batalla de Cepeda, que ganaron las tropas federales de Urquiza. Y la batalla de Pavón, donde los federales estaban ganando, pero se retiraron.

Pocos años después, buenos aires emprendió la campaña de pacificación, para imponerle al resto su modelo de país. Hubo algunos líderes federales que se retobaron, pero los mandaron a la mierda. La resistencia del riojano Ángel “chacho” Peñaloza, y la proclama de Varela a los pueblos del sud, dan testimonio de aquellos tiempos.

Luego de estos eventos, hubo la guerra de la triple alianza o guerra del Paraguay. Ganaron los aliados brasileños, argentinos y uruguayos, pero con costo alto en hombres y recursos. Por último, mencionemos la campaña del desierto. En criollo: limpió de indios y gauchos las llanuras en los alrededores de buenos aires, y ayudó a expandir las fronteras de la nación.

El “Martin fierro” de José Hernández, y el folletín “Juan Moreira” de Eduardo Gutiérrez son buenos ejemplos literarios del asunto. Ampliemos: Entre el gauchaje de veras hubo de todo. Fueron la tercera generación del mestizaje entre españoles y pueblos originarios… la criollada, bah.

Muchos gauchos estuvieron de voluntarios en las guerras por la independencia, la federación y la guerra civil que sobrevino.
Hubo quienes vivieron honradamente de changas, como arrieros, domadores y peones de estancia. Hubo desertores de los fortines, bandidos rurales, y matones a sueldo. El cambio se hizo a sus expensas.

Y así el resto de la comparsa acompañó estas movidas, hasta llegar finalmente a Saenz Peña Jr. Y su slogan “Quiera el pueblo votar”. Pero eso, kimmosabbi… es otro cuento.

Aquellos años 80

Desde la era colonial, hubo leyes para proteger a los indios, para el reparto justo de tierras, y para cortar el cobro abusivo de impuestos. Leyes y reglamentos que se cumplían, pero no se acataban. Estas conductas fariseas no eran gratis. La casa matriz estaba lejos. Viajar de ida hasta allá en barco llevaba entre unos ocho a nueve meses. No tenían por qué enterarse de todo. Y ya que aquí era territorio poco explorado, venía bien tener quiosquito aparte. La historia del contrabando de esclavos desde Brasil ilustra el tema.

Con las sucesivas reformas políticas, hubo varios cambios de pilcha, pero no de mañas. Y encima, la cosa estaba bien enquilombada: primero las juntas patrias; luego, los dos triunviratos. Seguido, los dos directorios, y por último la presidencia y los otros dos poderes. En una tierra sin seguridad jurídica, sin gobernabilidad, había que pensar y hacer un país en serio.

Luego de Moreno y Castelli, hubo intelectuales que incubaron ideas. Sin prisas, ideas liberales europeas y norteamericanas, maduran entre algunos hasta llegar a la generación del 80. Cuando uno piensa en años 80s, saltan a la memoria pantalones nevados, camperas con corderito, chalecos de jean, Pumper Nick, Palito Ortega, Carlitos Balá, los Superagentes, Italpark, Seru Giran, Spinetta Jade, Malvinas, Maradona, Alfonsin, el cubo mágico, las chicas en bikini de “radiolandia 2000”, “La noticia rebelde”, Olmedo y “no toca botón”, el mundial de México 86 y demás. Pero este es otro plan.

La dichosa generación ochentosa que decimos es del 1880 en adelante. Más o menos, hubo un proyecto de país, encarnado por Mitre, Sarmiento, y algunos como Alberdi, Diaz Velez y Sastre. Nos guste mucho, poquito o nada, ellos diseñaron el mapa donde estamos parados. Vendían un país rico en recursos, extenso, libre, independiente, soberano, con amplitud de cultos, donde los derechos de los ciudadanos estaban protegidos por nuestra constitución, y la educación básica era gratuita. Vendían un país con mucho potencial para el progreso. ¿Cumplieron?

Veamos cómo era la calidad de la administración en aquellos años. Nuestra clase dirigente estaba dividida en dos grandes grupos: Por un lado, los modernistas o liberales, cuya meta principal fue el desarrollo del país. Produjeron el régimen democrático, republicano y federal; impulsaron la libre navegación de los ríos, y bancar los gastos del sistema con los ingresos de las aduanas de todas las provincias. Por su parte, los conservadores pateaban para el otro arco. Y las influencias de la iglesia católica dieron condimento a este modo de ser.

Pero en la medida que ambas partes accedieron al poder y engordaron bolsillos, nuestros conservadores aflojaron algo sus posturas más rígidas. Y los modernistas se aburguesaron, sin profundizar el modelo. De la experiencia, surgió una postura intermedia, el Conservadurismo Liberal. Este signo político, al final, dio forma al estado argentino.

Según el diccionario de ciencias políticas, esta variante ideológica admite el progreso, pero en cuentagotas; tiende al librecambio y libre comercio en lo económico. Pero presenta discursos tradicionales en lo político.

Fue el antecedente inmediato del Neoconservadurismo liberal, que se conoció mucho más adelante.

Por aquellos años, la fuerza que expresaba estas ideas fue el Partido Autonomista Nacional (PAN) Fundado por Bartolomé Mitre, y más adelante dirigido por Julio Argentino Roca. Surgió de la fusión entre dos grupos: Por un lado, el Partido Nacional, que estaba a cargo del Mitrismo. Por otro, el Partido Autonomista, que dirigía Adolfo Alsina. Veamos un toque como fue.

Una vez que la muy unitaria buenos aires le ganó al resto, necesitaba fijar la residencia definitiva de las autoridades centrales. Los nacionales o “cocidos” impulsaban una ley para declarar territorio federal el sitio de siempre, es decir, la capital. Esto significaba compartir las ganancias del puerto con el resto. Los autonomistas o “Crudos” estaban en contra. Hubo enfrentamientos armados entre ambas facciones. Cuando terminaron las hostilidades, hubo negociaciones y amnistía para los líderes de ambas partes. Se cuenta también que hubo debate parlamentario acerca del asunto. Al final, los dos grupos fueron uno solo.

Igual, quédense tranquilos: Si bien la capital quedo federal, al noreste de la provincia de buenos aires, acá nunca hubo federalismo de verdad. Ni siquiera con Rosas. Se sabe que hubo estancieros y comerciantes que tenían exclusividad, con el visto bueno del restaurador y su círculo rojo. La importación de bienes elaborados también pasaba por el mismo canal. Así que… mucho menos iban a cumplir los unitarios. Al punto, acataron la ley, pero nunca hubo obediencia completa. Porque el poder de la capital cagó al resto del país. Y eso lo vimos más arriba.

Inventando el capital

Pongamos así: Mucho antes del famoso estribillo “combatiendo al capital”, hubo que inventar uno acá. Y nuestro capitalismo agroexportador salió berreta, por una cantidad de factores y contradicciones.

A medida que avanzó nuestro modelo económico, hubo interés para actualizar, mejorar y aumentar la producción y administrar las cosas. Un poco hemos mencionado estos asuntos en otras entradas: El dibujo estratégico del conservadurismo puso énfasis en la educación, para formatear algunos cambios de mentalidad, instalar el sistema nuevo y hacerlo andar. (Ver en “Que sabe nadie…”) En paralelo, hubo una cantidad de novedades técnicas, y por último, hubo movimientos inmigratorios y crecimientos urbanos que ayudaron a darle forma al país.

Entre nuestra clase alta, los pensamientos monárquicos quedaron reciclados en oligarquía. La elite argentina, formada por nuestras familias tradicionales, que pertenecían a la época colonial, tenían tierras concedidas por los virreyes o gobernadores, y títulos nobiliarios. Tenían esos privilegios, hasta que finalmente la asamblea del año 1813 y la constitución nacional definitiva de 1853 se los bocharon. En compensación, la ley de enfiteusis – bajo el mandato de Rivadavia – ayudo a que accedieran de nuevo a la tierra.

Nuestros oligarcas eran mayormente terratenientes. Ampliaron terrenos gracias a la campaña del desierto, y su gracia fue explotar el latifundio ahí. Hubo clanes muy favorecidos por la exportación en gran escala de grano y carne. Con o sin nobleza, la cosa era mantener y aumentar privilegios.

Al punto, algunas elites trajeron importadas ideas para los negocios: Los saladeros dejaron de existir. Con el tiempo, los frigoríficos ocuparon su lugar. La carne primero se curaba con sal, para conservarla. Pero pasaba que una parte no sobrevivía el viaje en tren y en barco.

Entonces, empezaron a guardarla en frio. Se pudría menos. Cuando inventaron la heladera en los Estados Unidos, la idea de congelar res salió como piña de loco. Se dice que los cueros también los preparaban así para vender afuera. Especialmente a Inglaterra. Por supuesto, una parte del producido fue al mercado interno, que estaba creciendo, y daba espacio a dos nuevos sectores emergentes.

Cuentan los que saben (yo muchas veces repito como loro) que en esta parte de la historia quedó habilitado un modelo que favorecía la acumulación de riquezas, concentrada en algunas manos. Pero nuestro país todavía no entraba al capitalismo del todo. Porque aquí no había infraestructura, ni recursos humanos suficientes que dieran sabor al guiso.

En Europa – especialmente en Gran Bretaña – sucedió que había campo y ciudad. La distribución de tierras en el campo era desordenada, y daba para ganadería o agro en cualquier terreno, sin mucha regulación. Pero todo lo bueno tiene final: Por ley, obligaron a poner cercas para separar los terrenos. Los pequeños granjeros quedaron afuera del mapa, y hubo éxodo a las grandes ciudades. Con el paso del tiempo, ellos y sus familias formaron la clase baja europea. Y como decía Groucho Marx: “La humanidad, a partir de la nada, supo llegar hasta las cotas más altas de la miseria”

Con el éxodo, hubo que rebuscárselas: Había más bocas que alimentar. Y había mucho campo cercado, que producía menos materia prima. Había que hacer rendir lo poco en stock. Esto desembocó en una movida por mejorar los instrumentos y métodos de trabajo. La “era de los inventores”, en la llamada “primera revolución industrial” fue la respuesta a esas necesidades. Había que producir en masa, vender en gran escala y hacer moneda. A partir de los motores a vapor, las lanzaderas mecánicas para la industria textil, el alumbrado público a gas y otras linduras, subió de precio el conocimiento técnico.

El desarrollo argentino, por su parte, siguió un poco el dibujo táctico Europeo. Pero aquí faltaron dos sotas en el mazo. Aquí no hubo grandes éxodos del campo a la ciudad. Las razones las explicamos más arriba. Y tal cual vimos en otra entrada, el conocimiento utilitario no estaba en el menú concebido por Domingo Faustino Sarmiento. Lo agregaron tardíamente a la agenda educativa. Resultaba más negocio traer cosas de afuera y ya listas para usar, antes que inventar algo más allá del dulce de leche.

Al punto, sin prisa ni pausa avanzó el tendido de los ferrocarriles. Nuestros gobernantes convocaron empresas británicas para construir vías, y que administraran el negocio. Locales y visitantes contribuyeron a que surgieran nuevos pueblitos y parajes, comunicados por las vías, el correo postal y el telégrafo con hilos.

A partir de acá, aparecieron los famosos cinturones conurbanos, que actualmente rodean ciudades como Rosario, en Santa Fe, Mendoza, Córdoba, y tantas provincias que tenemos. El mapa todavía nos muestra ciudades chicas y medianas, algunas con zona conurbana mediana y grande, separadas entre sí por grandes extensiones de tierra. Y las vías que hay entre ellas siempre llevan a Retiro, al toque del puerto de Buenos Aires.

Estos y otros lugares fueron creciendo, en la medida que podían subir reses vivas o cosecha en los vagones. Y pasajeros, obvio. Pero como siempre hay un truco en alguna parte, acá no nos podía faltar. Se sabe que en aquella época hubo tarifas baratas para los viajes largos de carga, y más caras para corta o mediana distancia. Los expertos bautizaron aquel sistema como “tarifa parabólica”, que desalentaba la distribución entre localidades cercanas. Y como los grandes centros de venta estaban en capital, había que ir a comprar todo a Retiro. Luego cargaban el costo del flete al precio que tenía que garpar el consumidor.

En paralelo, hubo gobernantes que alentaron la inmigración desde Europa hacia Argentina. La idea era reemplazar a los indios y pardos con gringos, más limpitos, blancos, de buenos modales y que supieran arremangarse para hacer rendir la tierra. Había que darles lugar. Aquí, otra vez sopa: Luego de la campaña del desierto, la oligarquía que ellos mismos formaban, no quiso deshacer la repartija de terrenitos. Enredados en sus propias contradicciones, nuestros gobernantes igual recibieron una gran cantidad de gente que llego hasta acá.

Más que venir por las promesas del sur, hubo miles de familias que huyeron de quilombos, de hambre y enfermedades. Vinieron, y se acomodaron a la realidad de acá dentro de sus posibilidades.

Ellos formaron la primera ola inmigratoria grande, antes de las guerras mundiales. Y empujaron para mover el carro. Rumanos, polacos, italianos, alemanes, que en su mayoría venían con lo puesto, y no tenían idea de nuestro idioma. En el pelotón, venían varios españoles con poca instrucción. ¿De dónde creen que salieron nuestros chistes de gallegos, de un repollo?

Un datito de color: En esta época, los ingleses trajeron el futbol para acá. Como toda novedad, primero fue visto como costumbre exótica. Los deportes más corrientes eran a caballo: las carreras cuadreras y el pato eran habituales. Por influencia de los empleados del ferrocarril también llegaron el polo, el golf, vóley, tenis de mesa, y otros más.

Entre caníbales

La mayoría de los recién llegados buscaron vivienda en las grandes ciudades. Alquilaban pieza en los conventillos, y trabajaban en talleres, fabricas, construcción, los puertos y los trenes. Eran trabajos manuales, a menudo changas, y la mayoría eran en condiciones laborales inhumanas.

Hubo empresas que obligaban a jornadas de 16 o más horas seguidas de laburo, sin parar ni para mear o rascarse. Hubo sitios que pagaban en especies, no en dinero. Y se cuenta que hubo pagos en cuentagotas, donde la patronal retenía parte de salarios y jornales. Se trabajaba de lunes a lunes. El fin de semana no se había inventado.

Y por el detalle del cuidado de la salud del laburante, o prevenir accidentes de trabajo, se cuenta que hubo hacinamiento y suciedad.
Si perdías algún miembro, o quedabas enfermo por la contaminación, te daban una regia patada en el culo, y a pedir limosna a la puta calle.

Los inmigrantes de aquella época sabían poco español. Sabían poco de nuestras costumbres. Estaban dispuestos a sacrificios para ganarse el mango. Pero no iban a dejar que les tocaran el culo. De a poco, armaron mecanismos de defensa.

Ahí es donde quedó sembrado el germen de nuestro gremialismo, que ya hablamos un poco del tema en otras entradas (“peronismo explicado para dummies”) pero no está de más ampliar. No vamos a contar toda la historieta, pero son necesarias referencias sobre esos señores de campera. Dicen los expertos esto que sigue:

  • Primero, existieron asociaciones mutuales, sin intención política: Cuentan que hubo dos modos de identificarlas. Una fue según la nacionalidad de aquellos que las fundaron. (Sociedad Española de Socorros Mutuos, Unione e Benevolenza, entre otras) Y otra fue según oficios. (Linotipistas, panaderos, mayorales y cocheros de tranvías, ferroviarios, Marmoleros, y algunas mas) Se cuenta que en la época, hubo algunas protestas organizadas, por algunos problemas puntuales. Pero cada vez que resolvían los conflictos, estos grupos se disolvían.

 

  • Luego, hubo una transición entre mutualismo y lucha: Ya había ciertas inquietudes por reclamar cosas. Pero en esta etapa, se sacudió más el cubilete. Sucedió a partir de la crisis económica de 1890. Hubo desocupación e inflación; la mayoría de las mutuales viraron hacia el anarquismo y el socialismo. Los gremios empezaron a reclamar jornada de 8 horas y mejoras en las condiciones de trabajo, descanso dominical, y salarios más justos. Y para roncar más fuerte, se asociaron en dos grandes centrales obreras.

 

  • Federación Obrera Regional Argentina:(FORA) Fue la primera central en el país. Primero se llamó federación obrera argentina. (FOA) Reunía una mayoría de sindicatos anarquistas, y en menor medida, socialistas. (Por favor, no confundir con “casa foa”) Más adelante cambiaron el nombre, por cuestión de enfoque; pensaban que argentina era solo una región en una lucha más grande. Eran partidarios de la lucha clasista y combativa. Su filosofía política era borrar las instituciones, y no descartaban irse a las manos.

 

  • Unión general del trabajo (UGT): Los socialistas se abrieron de la FORA. Fundaron la unión general del trabajo. Sus reclamos eran los mismos que la otra central. Pero ellos pensaban que los problemas laborales había que resolverlos a través de la participación parlamentaria, y la protesta pacífica. Para bien o para mal, solo metieron dos goles. Consiguieron que Juan B. Justo, y más luego Alfredo Palacios fueran los dos primeros legisladores socialistas, en el Congreso nacional. Se dice que Justo fue el primer diputado de centroizquierdas en América latina. Pero el parlamento estaba copado por los conservadores en esa época.
    Por su lado, Palacios – que fue muy longevo – tuvo que bailar con la UCR, y en su vejez con el peronismo. Ambos se encargaron de debatir el tema obrero en la cámara baja, la corrupción en el estado, y los derechos de nuestras mujeres. Hicieron hasta donde pudieron.

 

En este paisaje, al obrero y la fabriquera argentinos de fines de S. XIX no les dejaron opción: Tenían que elegir entre caníbales tira bombas – es decir los anarcos – o más bien prenderse a las buenas intenciones del socialismo. Al que se atreviera a levantar la voz, lo reventaban desde el gobierno de turno… al final, agua y ajo: aguantarse y ajoderse.

Viendo cómo se agitaban las aguas, Se cuenta que la Unión Industrial Argentina (UIA) pidió una solución al problema. Y un diputado del PAN por Buenos Aires, Miguel Cané (si, el de “juvenillia”) hizo un aporte para resolverlo. La ley 4.144 o ley de residencia: instrumento para ponerle bozal y deportación a los inmigrantes que alteraran el orden público.

La ley – en aquellos años – sirvió para sacarse de encima a esos que “pensaran feo”. Tuvo aprobación exprés, y estuvo vigente hasta la presidencia de Frondizi. Y como ya contamos en otra parte, la administración Saavedra Lamas en educación, fue durísima con los inmigrantes y sus familias. Esos nudos los aflojaron tiempo después.

Se cuenta que asomaba una alternativa: reclamar pero sin prenderse a ninguna ideología ni partido. Esta postura no duró mucho. Los conservadores tenían alergia a cualquiera que movilizara la peonada. Y más adelante, el peronismo licuó esta corriente, netamente sindicalista.

Burguesía nacional argentina

Se dice que a inicios del S. XX quedo consolidada la burguesía nacional argentina, de clase media y media – alta, con inquietudes sociopolíticas de avanzada, e interés genuino por el desarrollo propio. Obviamente, oligarcas y empresarios extranjeros seguían en la escena, y se llevaban su tajada.

Pero algunas cuestiones de transparencia los corrieron del sitio cómodo que ocupaban. El surgimiento del radicalismo ilustra este episodio. Hemos hablado largo y tendido del tema en otro lado. (Ver “Balada triste de…”)

Por influencia de esta agenda política, cobró importancia la clase media urbana medianamente acomodada, ilustrada, cosmopolita y profesional. A fines del siglo XIX, el paisaje no habilitaba el ascenso social. Al iniciar la etapa siguiente, el sistema demandó un sector de servicios cada vez más elaborado, que hiciera sistema con la explotación extensiva e intensiva del campo.

Como ya dijimos en otros textos (“que sabe nadie…”) el radicalismo expandió y mejoró el sistema estatal educativo. Hubo la Ley Laínez, la Reforma universitaria, y otros detalles. Cuando bocharon la ley de residencia, hubo un salto de calidad. Eso ayudó a la movilidad social, estancada por aquel entonces.

Entraron a cobrar importancia en el esquema económico los trabajadores locales de cuello blanco: empleados de imprenta, gastronómicos, bancarios, ferroviarios, policías, militares, docentes y carteros, mecánicos, despachantes de aduana y marinos mercantes, por mencionar un puñado de oficios.

La mayoría de estos laburantes eran hijos y nietos de los primeros inmigrantes. Por lo general, ya tenían primaria y secundaria completas. Hagamos un poquín de especulación, y pensemos que algunos habrían estudiado en las escuelas libres. Se manejaban con conocimientos y habilidades técnicas bastante específicas. Ganaban algo más que un obrero, pero no eran exactamente ricos. Excepto por una sola ocupación – los empleados públicos – el resto no tenía jubilaciones.

Por lo demás, seguía la vida obrera que comentamos más atrás. Al punto, el radicalismo descuidó la cuestión laboral. En la industria privada, las condiciones de trabajo no cambiaron un carajo. Dos episodios ilustran el desmadre:

  • Represión en Vassena: Fue una huelga anarquista en la metalúrgica Vassena y hermanos, en capital federal. Duró varias semanas. Hubo heridos y muertos de ambos lados. Se cuenta que hubo varios presos del lado que perdió, es decir, los obreros. El gobierno radical del muy popular, democrático y republicano Hipólito Yrigoyen mandó policías y tropas a reprimir. Y se cuenta que la Asociación Católica Argentina (ACA) mandó grupos de rompehuelgas o “carneros” a laburar ahí por lo que durara el conflicto. Aprovechando la ocasión, la Liga Patriótica Argentina (LPA) participó de la represión, mientras la gorra se hacia la distraída. Quizás este haya sido el primer caso que tercerizaron el laburo de dar palos en nuestro país. La LPA fue una organización parapolicial fascista, formada por varios civiles, ex policías y militares retirados. Mató anarcos, socialistas, y se ensañó con aquellos de origen judío. Una vez pacificado todo, taza – taza, y cada quien a su casa.

 

  • Patagonia Trágica: Sucedió en el sur del país, en los campos más ricos de la región. Fue una protesta anarquista de arrieros, peones de estancia, esquiladores y cuidadores de cabras y ovejas… en fin, trabajadores rurales. Se cuenta que fue coletazo de aquello de Vassena. Pero nadie puede asegurarlo. En cambio, está certificado que un tal Osvaldo Bayer, documentó y rescató los hechos verdaderos en un libro. Ese texto lo adaptaron a cine, y quedó la película “La Patagonia Rebelde”. En la vida real (en la peli también, por supuesto) sucedió que los terratenientes pidieron ayuda al estado nacional. El gobierno envió tropas del ejército, para reprimir la revuelta. En consecuencia, ganaron los milicos. El español que dirigió la protesta, marchó al exilio en Chile. Se fue cuando sus compañeros estaban cayendo como moscas, y faltaba poco para que llegaran hasta él… Bah, es como dicen: soldado que huye, sirve para otro día. Los vencidos y muertos quedaron como mártires de la causa, y colorín colorado.

Pasado en limpio: hubo transparencia política, y progreso en algunos aspectos. Dicen los sociólogos y economistas que la clase media, es portadora de una promesa implícita – especialmente para el más pobre – de subir de categoría mediante la educación para el progreso personal y colectivo. En paralelo, la clase media espera ascender a clase alta. Pero para que se cumpla, es indispensable que el resto del sistema acompañe el proceso. De la evidencia que tenemos, resulto que siguió habiendo problemas…

Fue evidente que no podían negociar con terroristas. Sin embargo: El anarquismo llegó lejos, ya que los conservadores y liberales – con sus fraudes y negociados – incubaron como un virus en la etapa anterior. En consecuencia, ocurrió que la sociedad creó sus propios anticuerpos, cuando hubo injusticia y desigualdad bravas. El radicalismo alivió ciertos síntomas. Limpió el país de anarcos, y bajó el precio de conservadores y socialistas. Se cuenta que estuvieron dispuestos a negociar cuando hubo reclamos. Pero ni bien hubo bardo, mandaron la taquería.

Por lo demás, hubo progreso en la medida que vendíamos bien al exterior, y una parte del ingreso fue para comprar maquinarias. Con la primera guerra mundial y más adelante la crisis del 1930, hubo dos malas épocas. Ampliamos el asunto en la tercera parte.

Para ir cerrando esta sección, aprovecho un dato de color: en 1980 y algo, los peronistas parodiaban la marcha radical. Decían así: “Adelante, radicales/adelante, sin parar/pero no tan adelante/que se enoja el general” Por supuesto, el contexto de este cantito fue distinto la época que contamos aquí.

Pero igual viene bien, porque a los 12 años de radicheta, hubo un general que se enojó: José Félix Uriburu. (Ver en “30 años no es nada…”) Se cuenta que el joven Juan Domingo Cangallo estuvo en la escolta que llevó al Peludo hasta Martin García. Varios años después, otros generales también hicieron rabietas contra los gobiernos civiles. Pero eso, shaibb… es otro cuento.