El fulgor argentino: Notas sobre modernidad y desarrollo en nuestro modelo agroexportador – segunda parte

En esta entrada, vamos a contar con algunas cifras un poco de esta histórica histeria.

Buenos Aires: La reina sin plata

Dicen los que saben de verdad (yo siempre repito como un eco) que desde el S. XV hasta inicios del S. XIX hubo economía colonial. La administración de leyes, el comercio y la recaudación de impuestos fueron exclusividad de la Corona Española. Primero nos gobernó la casa de Aragón. Mas luego, fueron los Austria, y finalmente, tuvimos a los Borbones… ¡Olé!

La toma de decisiones estaba en manos de los Reynaldos. Para conocer y controlar bien cada tema, había cuerpos de asesores. Conviene saber esto: En el derecho español, la clave es el “bien común”. Lo que sume y sirva para proteger y aumentar el patrimonio, vale. Se sabe que había mecanismos legales para reclamar al rey, y otros para ampararse de las medidas de la corona. Hay mucho escrito al respecto.

Al punto, El consejo de indias era ese cuerpo de asesores que se encargaba de monitorear, informar y aconsejar sobre las colonias. Otros consejeros se ocupaban del resto de la agenda. Del otro lado del charco, las autoridades locales eran virreyes, gobernadores y funcionarios, enviados desde la casa matriz. Tuvieron que hacer malabarismos con el contrabando. Ampliaremos en breve.

Sin abundar en detalles, España consiguió gobernar sobre Portugal por un tiempo. Alguien resumió el evento así: “La corona a cambio de compartir la plata americana con los cortesanos portugueses”.
Como represalia, los lusitanos, vivos como el hambre, castigaron a los galaicos con una red de contrabando hormiga, para cagarles olímpicamente el negocio. Iniciaron las intrigas en Europa, e instalaron el modelo en el nuevo continente, con mucho éxito.

En el “reino donde no se ponía el sol”, iban y venían cantidades de oro, plata y mercancías. Las rutas oficiales eran estas.
Ida:(en barco) Lima – Portobello – Sevilla. Vuelta: España (en barco) – Istmo de Panamá (en barco) – Buenos Aires (por tierra) Con muchos pases de mano, el precio de las mercancías llegaba muy inflado hasta el extremo sur. A fin de cuentas, alguien tenía que pagar las carretas que traían las cosas hasta acá. No alcanzaba la guita para comprar a precio oficial. En consecuencia, y para no morirse de hambre, no había otra que subirse al mercado clandestino.

En este paisaje, la mayoría del norte del actual territorio argentino estaba bastante explorada. Por supuesto, las rutas comerciales terrestres pasaban por ahí. La zona más importante hacia el sur eran las actuales provincias del litoral: Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Misiones, y el puerto de la banda Oriental. (Favor de no confundir lo último con supermercados chinos.)

Nuestra parte de la región (Argentina, claro) tenía poca capacidad para producir oro, prioridad de los españoles. Pero más al norte – estamos hablando del virreinato del Alto Perú – producían plata a lo pabote en las minas del Potosí. En el último tercio del S. XVI, usaban amalgama con mercurio. Los indios morían como moscas ahí. Así que pidieron esclavos negros, obvio.

  • El Dato – Potosí era un mercado importante: Llegó a tener 160.000 habitantes. Claro que esa cifra bajó, cuando empezaron a quedarse sin indios. El producto de las minas iba a España, (ya dijimos las rutas comerciales) mientras una porción quedaba en manos de la elite local. Por su influencia, quedó formado un sistema bi – monetario en la región.

Buenos Aires no valía mucho entonces: La fundaron en 1536. Salió como el culo, y tuvieron que fundarla de vuelta en 1580. Fue el único caso que la remake resultó algo mejor que la original. Ahí, que por ay andaba Garay, era una ciudadela de 15 cuadras de largo y 9 de ancho. Usando la nomenclatura actual, iba a lo largo desde las calles independencia hasta viamonte, y a lo ancho, desde Balcarce/25 de mayo hasta Salta/Lima.

Pero el dato estratégico fue: El puerto quedaba donde actualmente está “la vuelta de Rocha”, sobre el riachuelo. Y si yo tengo que agregar algo, aquí digo: La segunda Buenosayres pasaba parcialmente por San Cristóbal, San Telmo, y La Boca. Además, me gustaría creer que, por aquella época, las aguas del puerto estaban limpias.

La mayoría de las construcciones eran precarias, de maderas de pinotea y techos de paja. Muy lentamente, pasaron a ladrillos. La pobreza era franciscana, forzada por la coyuntura.

A pesar de los pesares, Buenos Aires fue quedando como sede administrativa del gobierno español. La intención de las autoridades españolas era frenar el avance portugués en la zona.

Había que estimular y proteger el tráfico legal de mercancías y metálico desde el norte y el litoral hasta los puertos: Montevideo y el nuestro se usaban en forma indistinta. Y las zonas portuarias estaban repletas de negociantes.

Los intermediarios, por lo general, actuaban así. Con el interior, Plan Canje: Mercancías locales por productos importados. En aquellas zonas que daban materias primas, compraban cueros y salazones con mercancías importadas. Usualmente, lo hacían mediante consignatarios. Las materias primas iban para afuera al toque. Con las regiones más ricas – otra vez Alto Perú y zona de influencia – iban directo a la compra de productos en metálico, y la reventa para afuera.

Y aquí nos guardamos lo mejor para el final: El contrabando. Por la inflación galopante, había dos opciones oficiales. Rascar la olla, o morirse con lo puesto. Y tal como enseña el dicho: La necesidad tiene cara de hereje. El puerto de buenos aires y su gente hicieron negocios debajo de la mesa.

Se cuenta que hubo contrabandistas portugueses que aprovecharon la doble jurisdicción: emigraban desde Brasil hasta acá, donde los españoles no los tenían fichados. Algunos llegaban perseguidos por la inquisición. Y al verse flojos de papeles, ellos se blanqueaban casándose con ciudadanas españolas residentes en Buenos Aires.

Hubo un gobernador porteño, don Fernando de Zarate, que tuvo sobrinos contrabandistas: El tío les proveyó una coartada, con la ley de “arribadas forzosas”. Esta norma obligaba incautar la carga de todo barco enemigo capturado por la real armada, y subastarla en los puertos españoles.

Entonces, los chicos registraban una captura trucha en alta mar, o un naufragio. Y el tío remataba para blanquear la situación. En las subastas, estos muchachos compraban esclavos y mercaderías, y luego los revendían. Todo quedaba en familia.

Hubo una organización llamada “el cuadrilátero”, dirigida por un tal Diego De La Vega. (No, chicos… no era “el Zorro”. No salía en su corcel con la luna, ni marcaba la zeta) Hacían contrabando y subastas truchas, obvio.
Usaron su propio poder económico para comprar protección política. Infiltraron las aduanas, el cabildo, y tenían en el bolsillo algunos funcionarios judiciales. Al que no podían comprar, lo mataban. Algunos miembros del cuadrilátero tenían captura recomendada. Pero sus amigos los hacían zafar. Se cuenta que el expediente judicial sobre esta organización tenía 16 mil fojas.

  • El Dato: En unos tres años y pico, el cuadrilátero “importó” unas 4000 “piezas” de mercancía. Y sus ganancias eran algo más de dos millones de ducados. Era mucha guita para la época. La administraban desde España, con asesoramiento de un abogado, José de Pinelo. Se encargaba del armado legal de las subastas.
  • Data adicional: En los remates oficiales, el tope para cualquier oferta fue 100 pesos plata. El cuadrilátero procuraba que su gente ganara siempre. Participar de las subastas era peligroso. Quien no era del palo, corría riesgo de quedar “exportado” al otro barrio.

Como algunos saben, Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias, para los amigos) fue un funcionario público español prestigioso. Respetado por propios y ajenos, ocupó cargos clave. En una oportunidad fue gobernador de Buenos Aires. Combatió el contrabando, con un paquete de medidas: limitaba el comercio de ultramar a dos viajes por año, apretó los controles sobre la inmigración portuguesa, y las subastas. Su política dividió a los vecinos en dos grupos; Los “Beneméritos”, que eran vecinos ya tradicionales, partidarios del orden. Y enfrente, los “Confederados”, vecinos nuevos que
toleraban el contrabando, porque opinaban – no sin evidencias solidas – que la economía no aguantaba. La gente del cuadrilátero estaba entre sus miembros.

Cuando Hernandarias terminó su mandato, su sucesor continuó la obra. Casi apresan a unos personajes peligrosos. Pero los confederados hicieron desaparecer accidentalmente a propósito evidencias, pesquisas y testigos. Finalmente, se impuso el criterio de obedecer ciertas leyes, pero no acatarlas.

Cerremos el boliche con un dato fuerte: Cuando comenzó la emancipación,se pudrió el negocio de Potosí. A partir de la lucha de Castelli, Monteagudo, y la derrota patriota en Huapi, los realistas cortaron el suministro hacia el sur.

Se suponía que Montevideo y Buenos Aires debían quedarse sin abastecimiento. Pero los puertos del rio de la plata – lejos de quedarse colgados – no solo tenían el contrabando, sino que les habían desatado las manos, para dedicarse a buscar nuevos socios comerciales.

Y que dios y la patria lo demanden

La corrupción había iniciado con el contrabando. Y siguió la ronda, nomas. La ciencia y arte del choreo fue pidiendo nuevas formas. La revolución de mayo y la confederación prometieron transparencia de ideas y de cuentas. No se cumplieron por completo. Veamos dos ejemplos:

  • Juicio contra Larrea: El año es 1815. Hay una causa judicial contra Juan Larrea,ex vocal de la primera junta de gobierno.
    Miguel Basavilbaso acusa a Larrea de malversar fondos públicos. En el procesamiento, indica que el acusado vendió 9.810 marcos y cuatro onzas de barra en plata por menos de su valor, en unos 23.518 pesos, sin rendir cuentas al estado.

    En el mismo documento, el fiscal comenta que Larrea busca zafar. Señala a dos navieros ingleses, Magnil y Dilson. Pero Basavilbaso demuestra que son sus empleados y cobran comisión por su trabajo. Presenta como antecedente la venta irregular de tres corbetas del estado: Neptuno, que costaba 15.000 pesos; Belfast, que valía 22.000, y Agradable, que costaba unos 25.000. Las tres juntas costaban 62.000 pesos. Pero Larrea vende el pack a un tal Manuel Lorenzo en 30.000 pesos. Se dice que este procesamiento incluye más operaciones truchas.

    El 9 de octubre del mismo año, el juez Manuel Vicente de Maza
    condena a Larrea al destierro. Instruye que no lo lleven a Brasil ni a Europa. Expropia al condenado por 82.300 pesos con tres reales, que los retiene la aduana. En 1847, ya en el exterior, Larrea se suicida con su hoja de afeitar.

  • Números rojos de Urquiza – “A que no me echa usted en cara”: La confederación cae con ruido en la batalla de Caseros. El general federal entrerriano Justo José de Urquiza incauta dinero del banco: Unos 23 mil millones de pesos plata.
    Reparte porción de los fondos entre algunos influyentes, para comprar favores y mantener a los leales. Hay una lista parcial de la nómina. Ahí vamos.
Favorecidos Pesos
Don Vicente López, gobernador de la provincia de buenos aires $200.000
Doctor Vicente Fidel López, hijo del gobernador $150.000
Doctor Benjamín Gorostiaga
$150.000
Doctor Francisco Pico, fiscal de la excelentísima cámara $300.000
Don Ángel Elía, secretario de Urquiza $100.000
Destino sin especificar. Por órdenes de Urquiza. Comisión a cargo de Elía. Y traslado a cargo del Coronel Lagos $1.000.000
Coronel Ovidio Lagos $80.000
Doctor Elías Bedoya $60.000
Doctor Juan Francisco Seguí, auditor del ejercito $100.000
Doctor Juan María Gutiérrez $150.000
General Guido $200.000
General Benjamín Virasoro $1.289.000

Luego del reparto, Urquiza y su familia se quedaron con el resto del dinero. Quizás este episodio explique las conductas del líder federal en las derrotas de Cepeda y Pavón. Hay quien dice que Urquiza ya era rico, mucho antes de este episodio. Como oficial federal, sus pergaminos fueron indudables. Había gastado tiempo y energías sangrando para la causa. No obstante, cuando se abrió del mando del restaurador, bajó su precio.
Seguirla contra los unitarios – igual de codiciosos que Juan Manuel de Rosas – era políticamente correcto, pero malo para el negocio. Así que… estuvo a media máquina, y luego se fue al mazo.

Al punto, hay una anécdota graciosa: En una discusión entre Dalmasio Díaz Vélez – autor del código civil argentino – y un nombre de la lista, Vicente López junior. Díaz lo chicaneó así: “¿A que no me echa en cara usted que yo hubiese aconsejado que diese a ningún hombre de mi familia doscientos mil pesos, como hizo usted darle a su padre por el general Urquiza?” Se nota que Diaz velez no se hacia pagar el copetin.

Hay una constante en la corrupción argentina: Las clases altas más tradicionales, (Terratenientes, Militares, Funcionarios, etc.) y luego la burguesía moderna, (Comerciantes, Industriales, Financistas, etc.) supieron acumular mucho. Hicieron trampa, por supuesto. Y nunca comprometieron sus fortunas personales cuando el país lo demandó. Hubo excepciones que confirmaron la regla. Murieron pobres. Sus salarios atrasados hoy son monumentos, calles, y el rescate de su memoria.

Las inversiones inglesas

Las invasiones inglesas fueron el catalizador o gatillo para la evolución política de los ciudadanos en Santa María de los Buenos Aires. Se cuenta que los gringos vinieron para acá, aconsejados por los portugueses. Se cuenta que hubo varios carpetazos en Inglaterra, que los cajonearon, y finalmente hubo un proyecto que triunfó. Hay mucho chamuyo sobre el tema, y también datos ciertos.

Las elites porteñas estaban contentas que llegaran visitas. A fin de cuentas, éramos los parientes pobres del Potosí. Con carpa – porque acá todavía había virrey – esperaban hacer buenos negocios. Los británicos eran capos del mar, y su economía tenia buena pinta.

Resumiendo: mandaron dos expediciones.
La primera duró más que la segunda. De todas formas, las autoridades españolas y los criollos se los sacudieron de encima. A partir de la segunda victoria, los criollos empezaron a agrandarse: Hubo malas noticias desde España. Esto reforzó cuestionamientos al sistema colonial, que antes se decían en voz bajita. Flojos de papeles, los funcionarios de la corona, aguantaron hasta que no dieron más. El agite fue creciendo. Finalmente, hubo la revolución de Mayo.

Fue cortar, y dar de nuevo. Pero… ¿Hasta dónde daba? Nuestra nueva clase política, nació rechazando las invasiones y logró la independencia. Pero ya que no es mala cosa evolucionar, mas luego atrajeron las inversiones inglesas. Estaba naciendo una nueva era. Argentina necesitaba prenderse al mapa del siglo diecinueve. Bien o mal, pero lo más rápido posible. No había que ser genio para advertir que necesitábamos sponsors.

Los malos negocios con Gran Bretaña fueron de varias docenas de ceros. Quizás se puedan comparar con aquellos venenos o puñales lentos, que no por lerdos lastiman poco. Nuestro primer presidente de la nación, Bernardino González Rivadavia, encarnó varios vicios de la época. Para no gastarle el nombre, vamos a ponerle “Bernie”. En algunas cuestiones, tenía ciertas ideas valiosas. (Alentaba que el estado argentino no bancase a la iglesia católica apostólica romana.) En otras, estaba interesado en hacer guita fácil y rápida. Fue diplomático en Inglaterra, ministro en la provincia de buenos aires, y culo y calzón con el banco Baring Brothers, de Londres. Ejemplos:

  • Fundación y fundición del Banco de descuentos: Antes de la presidencia, Bernie trabajó para el gobierno de la provincia de buenos aires. Desde ahí, alentó el primer banco inglés en suelo argentino. 
    El Banco de Descuentos abrió sus puertas en 1822. Estaba destinado a financiar el crecimiento de la provincia. Y fue el antecedente inmediato del banco central de nuestro tiempo. Sus dueños británicos lo fundaron, y lo fundieron al toque. Su capital inicial era un millón de pesos plata. El descuentos quedó habilitado para operaciones habituales, pero también para emitir moneda. Su capital inicial respaldaba la emisión de billetes de 100 y 50 pesos, convertibles en metálico, con aprobación del estado.

    Pero hubo problemas con el sistema bimonetario:
    Una onza de oro valía entre 16 y 17 pesos plata. Cada Peso Plata se dividía en 8 Reales Plata, y estos en cuartos de real. Las onzas de oro abundaban, pero eran para los grandes negocios. En cambio, los pesos eran escasos. Y eran moneda corriente para la economía doméstica. No olvidemos los problemas con potosí.

    La intención de alentar al banco de descuentos, era resolver los faltantes de cambio chico.
    El ejecutivo provincial encargo monedas de cobre a Inglaterra. En 1824, la sala de representantes mando emitir billetes de uno, tres y cinco pesos, canjeables por onzas o plata. En aquellos tiempos, la emisión era menor a los 300.000 pesos. El banco encargo un millón, con 9% de interés anual. El descuentos tuvo 12 % de ganancias en su primer año, y el nivel se mantuvo alto, gracias a una ayuda del estado. Dos años más tarde, los préstamos que daba el banco excedían por 800.000 pesos al circulante disponible. En criollo: Bernie y su ministro Manuel J. García, permitieron que el banco de descuentos “empapelara” la provincia con bonos y billetes, sin el correspondiente respaldo en plata u oro.

    El estado provincial pidió un refuerzo de 500.000 pesos fuertes para el banco de descuentos, mediante un préstamo a la banca Baring. Un grupo de funcionarios afines a Rivadavia, aprovecharon la oportunidad de hacer negocio con el asunto: el 25 de junio de 1824, las acciones del Descuentos daban un premio del 7 al 8 por ciento.
    La tasa subió entre un 80 y 160 por ciento al mes siguiente. Cambiaron billetes por plata y oro. Cuando hubo guerra con Brasil, aumentó el valor del metálico. Se sacaron los papeles de encima, y ganaron hasta el 300 % con la suba de los metales preciosos.

    En enero de 1826 el banco estaba en tiempo adicional, cerca del vaciamiento. Pidieron la inconversion de la moneda. Es decir, que no se pudiera canjear por metálico. El ministro García decretó la medida por tres meses. En paralelo, aquel banquito fue indemnizado por el 40 % de su capital de libros, para luego formar parte del banco nacional. La nueva entidad cubrió los números rojos que había dejado. Tenía cinco millones para iniciar sus operaciones. Y tuvo que quedarse con uno solo.

  • Primera deuda externa – Empréstito con la Baring Brothers: El año es 1822. Por iniciativa de Bernie, sale un proyecto de ley para tomar deuda externa en la provincia de buenos aires. En principio, la guita es para obras públicas. Durante el debate parlamentario, hay quienes cuestionan el proyecto. Hay la promesa de recuperar lo gastado y ganar 600.000 pesos al año. La oposición señala que, si estamos tan platudos, no necesitamos que nos presten. El oficialismo sostiene que las libras oxigenan el sistema, y suben el valor del peso argentino. Finalmente, hay luz verde para el empréstito en 1823. Los gestores argentinos son Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos, y Juan Pablo Sáenz Valiente. Los gestores ingleses son los hermanos Parish – Robertson, y Alexander Baring. Antes y durante la operación, los responsables pactan que parte del dinero lo retengan en Londres, a cuenta de pagos futuros del capital e intereses. Descuentan también las comisiones de los negociadores. Al final, llega mucha menos guita que la prometida. Quedan solamente 570.000 en poder del estado. No les dan fines productivos. Sin embargo, los acreedores se cobran la deuda por el total del préstamo, en las condiciones negociadas de antemano. El estado argentino termina de pagarlo en 1924. Veamos.

    • Gastos administrativos:
      Félix Castro fue el cerebro de la opereta. Por supuesto, contaba con la aprobación de Bernie. Supo pactar que los negociadores debían cobrar del estado argentino 8.000 pesitos cada uno de indemnización, si no se firmaba el trato. Una vez firmado el acuerdo, los gestores se llevaron 120.000 libras del total, en carácter de comisión. Bernie se llevó su tajada. Unas 6.000 libras del empréstito, en calidad de gastos de representación.
    • Condiciones del préstamo:
      Era una operación habitual de la época. Cobraba una tasa de interés de 7% sobre el capital. Baring prestaba cinco millones de pesos. En libras esterlinas, era 1.000.000. no en efectivo, sino en letras es decir órdenes de pago a nombre de terceros.
      El proyecto inicial estipulaba que el estado debía recibir los fondos en cuotas semestrales de 350.000 libras, a través de giros bancarios. Como garantía sobre el pago completo, el estado provincial hipotecó terrenos fiscales.
    • Cotización en bolsa:
      La deuda cotiza en la bolsa de Inglaterra. Tiene expresamente prohibido operar dentro del país. Las acciones pagan el 70% pero la Baring obtiene 82 % de dividendos. En fin, nos cagaron.
  • Ley de Enfiteusis: El año era 1826. La deuda externa con la Baring nos dejó en pelotas. Con la tierra hipotecada, había que zafar de alguna forma. El embargo abarcaba toda la superficie del país, incluido el subsuelo, para compensar las pérdidas de la provincia de Buenos Aires. Rivadavia lanzo la Ley de Enfiteusis.
    Esta norma habilitaba al estado para dar en propiedad los terrenos comprometidos, a cambio del pago de un canon anual, fijado por los interesados. Un detalle: Una vez escriturada, la propiedad era transferible. Se nota a la legua – hace ya 190 años – que buscaban juntar unas chirolas, y de paso, aflojar la hipoteca.
    Las tierras no se podían vender. De ahí la enfiteusis. La oferta de terrenos iba dirigida al público en general. Pero aquellos que tuvieron real acceso fueron grandes comerciantes y terratenientes: Se convirtieron – de alguna manera – en inquilinos del estado. La enfiteusis de Rivadavia – tiene nombre de infección… ¿o me parece? – no especificaba las dimensiones exactas de los terrenos,
    ni hablaba de poblarlos o inducir ganado. Se cuenta que el tope era de 400 leguas. Para el caso, los que accedían podían lotear y subalquilar a productores chicos, sin rendirle cuentas a nadie. Las campañas del desierto hicieron el resto. La consecuencia principal fue que hubo concentración de la propiedad de grandes extensiones de tierra, por donde pasó el tren y se llevó las vaquitas. Ampliamos más adelante.

No se puede exculpar a Rivadavia y su equipo por las soberanas cagadas que hicieron con las cuentas nacionales. Los libros de contabilidad hablan por sí solos. Pero tampoco comamos el amague que fue un villano, y el resto, pobres víctimas. Si nos hundió el puñal hasta el cabo, fue porque lo dejaron llegar ahí. Al punto, la objeción para Bernie es que la evolución no puede ser a cualquier costo. Y siendo autocritico, es fácil decir cuánto se robaron, ahora que ya pasó todo. Al punto, la gracia es estudiar el pasado para reconocer patrones de conducta. Y en lo posible, evitar arenas movedizas.

De todas maneras… la objeción no carece de valor: Hubo gente recta, y personajes siniestros en el siglo XIX. Más precisamente, una manga de muertos de hambre, atolondrados, que buscaron el camino más fácil. Quizás hayan pensado que tenían mucho para hacer, y poco tiempo para cumplirlo. Debatían, votaban y ejecutaban medidas en un régimen con pocas ideas, sin gobernabilidad, y puro fraude.

Pero no podemos cargarle todo a la dirigencia. La poca población que había, estaba repartida en muy arriba y demasiado abajo. En una tierra de contrastes así… para ascender en la cadena alimentaria, era indispensable ser cínico, y porque no, violento. Muchas milongas y tangos ilustran el asunto con música y letra.

Fue esta arquitectura social que generó federales y unitarios. Fue este mismo diseño que permitió que luego de Rivadavia, la muy roja, Rosista y federal buenos aires se quedara con el queso, mientras el resto de las provincias – cada una con su caudillo – dependían que el restaurador amaneciera de buen humor, para que les repartiera alguna chirola.

Por su propio lado, la educación definía un sistema feroz de filtros socioculturales. (Ver en “que sabe nadie” – primera parte) Se suponía que nos iban a formar en: democratísimo, filantropía y liberalidad tolerantes, respetuosas del discenso, al tiempo que responsables de las propias opiniones y conductas, según las leyes y la buena moral republicanas y laicas.

En esto… la patria tiene mucho que demandar. Y eso de Dios, si es que va para garante nuestro, todavía no se presentó a pagar ni una guita por lo que debe.

Se cumplió aquello que hay los políticos que se nos parecen, no los que necesitamos o merecemos. En otras entradas, dimos palazos a la historia reciente en este sentido. Y aquí siempre cuidamos que ninguna buena acción quede impune.

Números del desierto

A partir de la organización nacional, las elites provinciales ocuparon tierras fértiles muy aptas para ganadería y agro en la zona centro – sur del país. Esa región es hoy la región pampeana: oeste y sur de Buenos Aires, La Pampa, parte de Mendoza, parte de Santa fe, Rio Negro, y Neuquén. La zona austral apareció más adelante.

Me abstengo de poner Mesopotamia… No vaya a ser que suene a enfermedad. El detalle era que aquella región estaba muy poblada de indios, y había territorio sin ocupar. Luego de la enfiteusis, y con el impulso de las campañas del desierto, hubo zona liberada para los estancieros. Algunos datos.

  • Unitarios y federales estaban de acuerdo con exterminar a los indios: Hay artículos de prensa, correspondencia privada y documentos públicos de Rivadavia, Rosas, Sarmiento, Mitre, Avellaneda, Alsina y otros políticos que lo confirman. Hubo varios disidentes. La mayoría eran civiles. Pero hubo dos milicos que bocharon la idea. Mucho antes de la conquista del desierto, el coronel Lucio V. Mansilla exploró la zona de los ranqueles. Se opuso a la guerra contra el indio con conocimiento de causa. Varios años más adelante, el comandante retirado Álvaro Barros hizo algo muy parecido.

    Mansilla escribió y publicó sus experiencias. Nunca leí “Una expedición a los indios ranqueles”. Pero sé que hay consenso que es un libro genial.

  • En 1827 inició el genocidio contra los indios:
    Rivadavia consiguió que 583 propietarios privados se adueñaran de unas 8.600.000 hectáreas. Encargó la seguridad de la frontera a un mercenario prusiano, Federico Rauch. Su estrategia era atacar por sorpresa, sin discriminar hombres, ni mujeres y chicos de ninguna edad. Lo vencieron. Un cacique indio, Arbolito, lo degolló en una batalla. Antes de Rauch, Buenos aires tenía 30.000 kilómetros cuadrados de pampas. Luego de Rauch, eran más de 100.000
  • Antes de ser gobernador de buenos aires y el planeta, Juan Manuel de Rosas fue estanciero:
    Entre 1833 y 1834 organizó fuerzas con otros hacendados, para ir contra los indios. Combinaba represión y persuasión. Hizo alianza con los pampas. En cambio, fue contra la confederación india del cacique Cafulcurá, y los ranqueles. Los unitarios conocían a los indios solo en figuritas. Opinaban que eran salvajes por naturaleza. En cambio, Rosas fue bien zorro. Sabía que el avance blanco quitaba recursos a los indios. Entonces, sobornaba a los caciques amigos. No hablaba de regalos, sino de ayudas. Hubo una carta del Restaurador, donde pedía por el paradero y liberación de Candelaria Yrusta, hermana de un miliciano, Gabriel Yrusta. A cambio, ofrecía una dadiva: 14 yeguas, 2 pañuelos, 2 cuchillos, 2 camisas, 2 calzoncillos, 1 sabanita de poncho, 1 atado de cuentas, 1 par de espuelas de fierro, 1 arroba de yerba, 4 vasos de tabaco, 4 libras de harina, 4 libras de azúcar, y 4 libras de pasas. Habría que ver cuánto costaba cada artículo.
  • Se sabe que también en los toldos les repartían aguardiente… Indio en pedo, era más fácil de matar. Con ustedes, el saldo de la experiencia federal; 3.200 indios muertos, 1.200 indios cautivos, 1.000 prisioneros blancos rescatados. El cacique Cafulcurá tuvo varias victorias. Pero fue vencido. Murió de viejo cerca de los cien años. Mantuvo correspondencia con Mitre, Avellaneda y otros. Sus hijos continuaron su tarea, con diversas fortunas.
  • Puesta en valor: Rosas mandó a su embajador en Inglaterra a ofrecer las islas Malvinas para pagar la hipoteca Rivadaviana. El único requisito para su majestad era el previo reconocimiento de la soberanía argentina en las islas. El proyecto no prosperó. Se comenta que el bloqueo ingles sobre el puerto de buenos aires estuvo relacionado con esta iniciativa.
  • Avellaneda y el Plan de Roca: Aclarando, que oscurece; no es empresa ni plan de créditos. Fue en la presidencia de Nicolás Avellaneda, a partir de 1875. Ya había plan defensivo contra los indios. Adolfo Alsina había diseñado un sistema de zanjas, para separar territorios. La idea fue poner telégrafos, vías y caminos. Tuvo algunos éxitos. Se murió en el cargo. Entonces, Avellaneda puso en el puesto al joven general Julio Argentino Roca. Y dio luz verde para un plan agresivo: Tenía tres fases. Exterminar a los indios, expandir las fronteras, y fomentar la inmigración en los nuevos terrenos. Quedó cumplido a medias. Sus consecuencias las dijimos en la primera parte. En números.

    • El proyecto: Fue una venta a futuro. La ley número 947, aprobada por el congreso en 1878 autorizaba al ejecutivo a invertir 1.600.000 pesos fuertes en desalojar indios y expandir la frontera. La idea era emitir 4.000 títulos públicos, por 400 pesos fuertes cada uno. Cada título daba derecho de propiedad sobre 2.500 hectáreas en los territorios a conseguir. El combo incluía renta anual en efectivo del 6 por ciento del valor del terreno, una vez firmada la posesión. Fue un empréstito que ofrecía un total de 10.000.000 de hectáreas. Avellaneda y Roca consiguieron inversores para el proyecto. Ver abajo.
    • Los inversores: “Estas empresas, a las que les interesa el país” hicieron reservas de terrenos. Se supo una lista parcial de inversores en 1878. Va cuadro.
Martínez de Hoz y compañía 2.500.000 hectáreas
Saturnino Unzué e hijos 500.000 hectáreas
Belisario Hueyo y compañía 250.000 hectáreas

Hay opinión que los muchachos tomaron esta decisión, pero no por amor a la patria. Sino porque se relamían por las libras que podían ganar con el valor de aquellas tierras. Eso fue absolutamente cierto. Pero, en el fondo, reservar hectáreas de nada era especular con bonos de deuda estatales. Con la victoria de Roca, hubo más ganancia, por supuesto.

  • Corrupción en la campaña: El oficial Álvaro Barros denunció ante el congreso nacional algunas cuestiones de la guerra contra los indios. Fue durante una interpelación al ministro de guerra de turno en 1876. Es decir, Adolfo Alsina. Barros habló de malversación del presupuesto militar. El ejército argentino tenía 8.000 soldados, 604 oficiales, y 302 jefes de línea. Barros demostró que hubo un exceso de oficiales del 89% y 70% de jefes en proporción a la cantidad de soldados rasos. También habló de oficiales sobre pagados y soldados con salario de terror.

    Barros denunció abusos en el reparto de ayudas. Repartían comida a los indios para que no robaran. El chiste fue que les daban rancho malo. También daban mitad en plata y mitad en morfi. La guita perdía 10% del valor. Entonces los pulperos ganaban con la diferencia, ya que inflaban los precios. Mientras tanto, la oficialidad tenía su mordida del negocio. Barros se asqueó de esto. Pidió la baja. Se lo sacaron de encima al toque.

El saldo: La campaña del desierto duro 27 años. Entre 1876 y 1903. El estado ganó 41.783.023 hectáreas. En total, hubo 1.843
hacendados que compraron varias leguas de campos a muy bajo precio. Por acomodo con los gobiernos de turno, obvio. Aquí va cuadro.

Leyes Favorecidos Cantidad de hectáreas
Ley 973/1876 391 propietarios privados 8.548.547
Ley de remate de tierras del 1882 Propietarios privados (remates) 5.473.033
Ley de premios militares 1885 541 Oficiales superiores del ejercito 4.679.510

El ejército argentino – que no era muy numeroso – engordó en presupuesto, oficiales, suboficiales e influencia institucional. Esto tuvo varias consecuencias en nuestra historia. Hemos hablado esta cuestión en otra parte. (Ver en “30 años…”)

Sin embargo, para rematarla: En su presentación ante el congreso, Álvaro Barros propuso que parte de lo recaudado por los remates fuese a los veteranos. Y que les dieran una parcelita, para hacer ranchos y granjas. Aquellos soldados rasos que tuvieron el mal gusto de sobrevivir no recibieron naranja de nadinas.

Tampoco hubo tierras para los inmigrantes. Como dijimos en la primera parte, la primera ola llegó para acomodarse entre las ciudades y la periferia. La existencia de los conventillos ilustra el asunto. Hubo apenas una fracción que fue al campo. Y así cerramos el boliche: La compensación para los indios vencidos fue un total de 24 leguas,en zonas aisladas e infértiles.

El granero del planeta

El negocio enfiló a la cría de caballos, cría de ganado, explotación de carnes vacunas y ovinas, cueros, leche, lana, y cosechas extendidas de trigo, maíz y yerba mate. Lo siento, pero la soja todavía no se sembraba. Cobraban sus exportaciones en libras, y pagaban a los empleados con pesos devaluados. Acuérdense del vaciamiento del banco de descuentos, y la deuda con la Baring.

A partir de aquí hubo las primeras invernadas y crías, los remates, venta de ganado en pie, y las operaciones a futuro. Fue el germen del mercado agropecuario actual, sumado al aparato de importación/exportación. Ambas cosas entretuvieron la mitología que fuimos – y somos en la actualidad – el granero del planeta.

Buen, el slogan original fue “El granero del mundo”. No hace falta mucho para saber que nuestra galaxia empezaba y terminaba en Inglaterra. En criollo: Acá entró plata, y fue a parar a ciertas manos. Las cifras más arriba indican que los dueños del campo gozaron varias “décadas ganadas” con su ganado. Su momento de esplendor fue entre 1880 – 1910, cuando llegó el primer centenario de la revolución de mayo.

En aquella época ya estaba vigente la división internacional del trabajo, que todavía se mantiene en nuestro caso. Europa estaba marcando un cambio de modelo económico: transición desde la producción básica, con técnicas artesanales (agro y ganadería, derivados: carne vacuna, ovina, aviar y porcina, granos, harinas y aceites) hacia la producción industrial, con técnicas asistidas por tecnologías.(Maquinas, manufacturas, y servicios financieros) Inglaterra picó en punta, y sus vecinos fueron poniendo talleres, fábricas y bancos. Algo ya explicamos en la primera parte de este mismo tema.

Los ingleses necesitaban mercados donde colocar ciertos productos y servicios. Se habla que tenían sobreproducción, y corrían riesgo que se les cayera el sistema. Igual que España, habían perdido colonias en América. Aprovecharon oportunidades aquí… pero también ocuparon otros países. Habría que ver también como hizo España para lamerse las heridas. Eso será para otro blog. Hablar de historia argentina ya es suficiente. Rematemos diciendo que hubo descolonialización. Nota al margen: “Descolonializar” es rico material para un destraba lenguas.

En el reparto, a los países nuevos les tocó ser abastecedores de materia prima. Los gringos compraban cuero, tasajo, carne salada y granos acá. Ya vimos carne enfriada y congelada. También vendíamos lana, y se dice que la mandábamos sucia. Había lavaderos para eso, pero parece que los productores se ahorraron unas chirolas. Quizás así pesaba un poco más. A fin de cuentas, la exportación era por varias toneladas.

Nos prometían que cuando fuésemos grandes, íbamos a ser como ellos. Pero siempre hay un truco; ponían barreras arancelarias altísimas allá. En términos de cocina y restorán: Servían el plato terminado, y vendían bien la carta. Pero cuidaban celosamente el secreto del chef. No facilitaban toda la receta.

Aquí llegaron algunas tecnologías industriales importadas: Trenes, telégrafos, barcos de vapor y barcos frigoríficos. Trajeron técnicos propios para operarlas, y ellos entrenaron una cantidad de empleados locales para que las usen.

Todo fue funcional al proceso de extracción y transporte de materias crudas. Estas medidas respondían al modelo del mundo mundial. En la india, los ingleses hicieron algo parecido.

Y si por el proteccionismo… con otros países, nos pasaban cosas similares: Estados unidos nos aplicó vacuna. Veamos un par de cosas que ocurrieron poco después de 1930.

  • El Dato – Comercio externo fallido con EEUU: Fue un problema de comercio exterior argentino. Inglaterra había decidido importar menos grano y carne. El asunto pintaba feo. Mirando donde exportar los churrascos, tanteamos a nuestros “primos” de Norteamérica. El detalle fue que ellos también eran agroexportadores en aquella época. Y comerciaban con la madre patria. En este empate técnico, no podíamos venderles productos que necesitaran. Ni ellos vendernos algo que nos hiciera falta. Quedamos amigos igual.
  • El Dato – Pacto Roca/Runciman: Con la baja de ingresos por la menor exportación, nuestra balanza de pagos se estaba yendo a la mierda. Bajó el nivel de importaciones inglesas, porque nos faltaba guita para comprar la cantidad habitual. Por lo tanto, hubo que renegociar con los británicos. Convocaron a Julio Roca (hijo del ex presidente Roca)para resolver el asunto con Lord Runciman. Se conoció el slogan “comprar al que nos compra”, que significaba bajarnos los lienzos de vuelta.

La seguimos en la tercera y última parte.

Anchors Aweigth! – Gene Kelly & Tom and Jerry

La película es un clásico. Se llama “Leven anclas”, es de 1945. Dirigió George Sidney.
Y lo extraordinario de este cuadro es la edición.

Mucho antes de “¿Quien engaño a Roger Rabitt?” ya había genios que hicieron esto. Fue cuadro por cuadro, combinando acetatos transparentes y negativos. Nada fácil. Le dejaron  bien alto el listón  a los que llegaron después.
Digamos que la edición por computadora ayudó para la película de Zemmekis

Gene Kelly and Tom and Jerry

 

Y  este es el modo en que se hizo

https://youtu.be/ZlwbfOYqboM

El homenaje que “Family guy ” le rinde a esta genialidad es…

Stewie Griffin and Gene Kelly

Disfruten