30 años no es nada: unas notas sueltas sobre la educación cívica argentina en democracia

Aquí, resumen de las ideas del texto: Desde 1983, tenemos democracia de baja densidad. Tenemos que avivar a la gilada, para que nunca más vivamos en un sistema de mala calidad, y las cosas cambien para bien. Tres frases para ayudar a nuestra educación cívica

  • “El sistema deberá ser siempre a prueba de: boludos y garcas”
  • “Tratar al que está, y al que vaya a subir, como si nos debieran plata de muchos ceros”
  • “La culpa no es del corrupto, sino de quien le dio el poder”

Además de estos puntos, hay muchos más datos e ideas. Los invito a que pasen y lean.

 

El camino y sus baches – un comentario sobre la transición democrática y el sistema de partidos

Casi no hace falta aclarar que el titulo mucho más arriba juguetea con una frase del tango “Volver” (“Que 20 años no es nada/ que, febril, la mirada/errando en la sombra/te busca y te nombra”) Pero en nuestro caso, hay que agregar unos años de más. A partir de 1983 hasta la fecha, los argentinos tenemos 33 años seguidos de democracia republicana. La guerra de Malvinas agoto a la dictadura, y habilitó el retorno a las urnas. Ya hablamos de esto en otras entradas. Este texto, entonces, lo dedicamos a una zona poco explorada en nuestra democracia de masas. De aquel tiempo a esta parte, hubo que retomar una vieja nueva costumbre: La educación cívica. Y como este habito no nació de un repollo que trajeron de parís, nos conviene un poco de contexto. Ahí va.

Por aquellos primeros años, el camino hacia la transición democrática estaba bastante pagado con sangre, sudor y lágrimas. Había acuerdo general acerca que nunca más debía haber dictadura.
Había que restaurar nuestro sistema de gobierno. Dirigentes veteranos y algunos en ascenso formaron la llamada comisión multipartidaria. Esta comisión negoció con una contraparte militar una cantidad de objetivos. El principal de todos era llegar hasta el primer llamado a elecciones libres en mucho tiempo. Y para alcanzar esta meta, era necesario acercar la política a la mayoría de la gente, que vivió en una galaxia muy lejana de la vida cívica normal.

El detalle es que al cabo de varios golpes de estado, y ya que el ultimo duró seis años y medio de censuras, exiliados y desaparecidos, se llenó de baches la educación cívico – política de toda la población. Mal que nos pese, esos baches están emparchados, pero la ruta en general necesita mucho mantenimiento, y todavía está sin arreglar. Había poca gente realmente habilitada para tratar el tema. Al punto, los más perjudicados fueron los más jóvenes. Y si yo tengo que opinar, el problema sigue hasta la actualidad.

Por conveniencia, una porción del viejo arco político se hizo lifting: olvidó y disimulo cagadas que hizo antes del proceso. En paralelo, una generación y media nacida y criada en dictadura, no tenía ni un cuarto de idea sobre cómo gobernar una sociedad libre y una democracia nueva. Entonces, como dice un viejo chiste verde: “Entre el, que mucho no se acordaba, y ella, que era virgen o tenía poca experiencia… mucho no se podía esperar” Contra todo pronóstico, y como todos sabemos, a la patria le llenaron la urna de votos. Gano el radicalismo. Y de este modo comenzó este recorrido que, esperemos, nunca se vea interrumpido.

Agreguemos datos: Luego de las primeras elecciones, la UCR se fortaleció con la juventud de Franja Morada. El Justicialismo, por su lado, recuperó la JP. (Juventud peronista) Hubo viejos partidos reciclados, como el Partido Demócrata Progresista (PDP) de Rafael Martínez Raymonda, y el Partido Federal (PF) del ex militar Francisco Manrique, que inicio el “destape político”: Contemos un poquito como fue.

El general Ramón Ángel Camps, un ex funcionario del Proceso, había publicado un libro sobre el “caso Gravier”. Daba a entender que Manrique tuvo alguna responsabilidad indirecta en esa muerte. Cuando le preguntaron al propio Manrique que opinaba, dijo bien clarito “Camps es un hijo de putas”. Fue la primera puteada política que se oyó por radio abierta. Este episodio, puesto en contexto, fue un gesto fuerte: Hoy ese lujo es vulgaridad. Chicanas, ironías e insultos son moneda corriente.

Para ir cerrando este mini repaso, mencionemos proyectos nuevos, como el Partido Intransigente (PI) de Oscar Alende, y la Unión de centro democrático (UceDe) de Álvaro Alsogaray. De postre, pongamos el fiasco del Partido blanco de los jubilados (PBJ) de José Corzo Gómez, que contamos en otra parte. Algunos se diluyeron cuando murieron sus líderes, otros pasaron por fusiones y adquisiciones más adelante. Y aquí nos plantamos. Tal cual dice un tema de Seru Giran “La historia prosigue, pero amigo, yo ya la vi.”

Elementos clave de nuestro sistema político actual

No es cuestión de escribir un manual de educación cívica. Pero la intención es que repasemos ingredientes básicos para la democracia republicana moderna: Las ideologías, los partidos, las Paso junto a los comicios oficiales, y las formas más tradicionales de la militancia.

Las ideologías: La cuestión del signo ideológico de los partidos pasa por los climas históricos, donde desarrollar y administrar la economía es la prioridad técnica principal de cualquier fuerza, además de la parte que le corresponde al resto del sistema. Recordar a Clinton: “Es la economía, estúpido”. Los modos de resolver problemas, satisfacer necesidades, y acordar intereses, pasan por una frase de Gandhi: “la pureza de los fines debe ser igual a la pureza de los medios”. Esto tiene historia. No vamos a aburrir con detalles, así que hablando mal y pronto, ponemos dos grandes eras recientes.

  • Política moderna: va desde fines del siglo XIX hasta fines del siglo XX. Viene formateada por múltiples debates, choques, y demás productos de las filosofías políticas de derechas e izquierdas. Estas tendencias estuvieron muy presentes, con diversas fortunas en todo el mundo. En el largo y mediano plazo histórico, por efectos de crisis económicas acumuladas y el efecto nocivo de muchos discursos petardistas al pedo, llegó el fin de la guerra fría en Europa, el fin de los golpes de facto en América latina, y la oportunidad de cortar, barajar y dar de nuevo.La gente, que ya tenía las bolas muy llenas de fachos y zurdos, hizo presión durante años, hasta que el goteo rompió las piedras y se agotó la izquierda en Europa. Este modelo y su relato no murió, pero sobrevive en algunos rincones del planeta. La consecuencia para la derecha fue quedarse como pensamiento dominante, que sin embargo no consiguió representar a todos en todas partes. Entonces, la derecha quedó diluida en sus propias contradicciones.

 

  • Política posmoderna: Al haberse agotado los grandes modelos de izquierda y derecha, la discusión que queda es Instituciones vs. populismos. El detalle es el rol del estado y aprovechar sus capacidades para intervenir en la sociedad. El uso equilibrado, ceñido a la letra y el espíritu de las leyes, es institucional. El uso puesto al servicio de resolver las contradicciones y el conflicto pueblo – anti pueblo, es populista.

Los partidos: Los partidos políticos son las primeras organizaciones sociales modernas que se conocen. Representan a la gente para participar y gobernar en democracia.
Se financian con aportes de los particulares, y aportes del estado. A diferencia de las organizaciones no gubernamentales, tienen la capacidad de acceder al estado. Cualquier partido actual surge de un proyecto, respaldado por la junta de firmas, pedir y obtener personería jurídica, tener una sede física para la asociación y una cantidad de afiliados, organizar la tropa, presentarse a las PASO y luego a elecciones, rindiendo cuentas al estado nacional sobre: las autoridades, las cuentas, y la cantidad de gente y comicios pasados y actuales. Una vez que se ganan las elecciones y suben al poder, la labor es temporal y rentada.

Las PASO. Antes del dos mil y pico había internas definidas en forma autónoma por cada partido, hasta que llegaron las PASO. (Primarias abiertas, simultaneas y obligatorias) Esto ordenó la vida política, que era prácticamente una bolsa de gatos. Pero al día de hoy, y al menos para mí, presenta dos vicios de representación social: Obliga al ciudadano no – afiliado a elegir entre candidatos, que no tienen por qué importarle, ni necesariamente lo representan. Y ya que las PASO fijan pisos de cantidad de afiliados y votos para prenderse en los comicios oficiales, es en la practica un filtro que favorece a los grandes partidos mayoritarios.

Modos tradicionales de militancia política: La participación política es voluntaria, e implica una escalera que va desde el mero apoyo, hasta ser dirigente menor, de nivel medio, y organizar y liderar grupos en cada fuerza. Las motivaciones y la vocación para meterse provienen de muchos lados; se expresan en simpatizar y ser leal con ideas y figuras en público. El ascenso y evolución lo determinan la calidad del debate y las elecciones internas, donde participan con interés los afiliados. En argentina, las posturas no importan tanto como los liderazgos, con todas sus virtudes, pero también la realidad de sus vicios: cesarismo, sectarismo, personalismos, dirigismos…etc.

En la práctica, ninguno de estos componentes viene en estado puro. Son piezas de puzle, y siempre que se respete el esquema básico de la democracia republicana, el resto va por los colores que cada quien quiera llevar. El límite es la falta de respeto, el autoritarismo, y por supuesto, el delito.

Los muertos de hambre – Democracia y corrupción política

En los papeles, todo lo dicho más arriba se ve muy bonito. Hemos tenido partidos de derechas, izquierdas, conservadores, liberales, y posturas moderadas. Hemos tenido problemas y soluciones desde muchos lados. Pero también tuvimos violencia al pedo, y llamamos a la puerta de los cuarteles. Entonces, a la hora de los bifes, la política es otra cosa: Porque, en el fondo, el grueso de nuestros militantes y dirigentes son tremendos muertos de hambre.

Tenemos la costumbre que democracia y corrupción son cara y ceca de la misma moneda. Y no es gratis: Cualquier político puede y debe ser honesto. Algunos fueron gente derecha. Por desgracia, se los puede contar con la punta de los dedos. Deberían ser lo corriente y no la excepción. Cuando hablamos de política como trabajo, estamos ante una actividad a medio camino de la vocación y el alto conocimiento técnico. Por defecto, es un trabajo temporario. Y en nuestra historia reciente, los gobiernos democráticos republicanos duraron lo que un pedo en un canasto.

Entonces, ya que nadie quiere pan para hoy y hambre para mañana, se explica un poco esa manía de robar. Explicar – por supuesto – va por comprender, y para el caso, no significa perdonar. En nuestro país, que usualmente produce riqueza, pero la mayoría del pueblo es pobre, la tentación de meter los garfios es irresistible. Al punto, cuando hablamos de pobreza, no solo es panza y bolsillos vacíos. Estamos hablando de mala leche, de miopía, del desvirtuar los debates, reducir todo a chicanas o puteadas, y cagar al sistema.

De hecho, la frase “Roban, pero hacen” – muy común en el pasado – hoy está mal vista. Hay intentos por desarmarla: Las arcas del estado son una sábana corta. Lo robado por un lado, es lo que falta en otros: Un negociado de varios ceros, un vaciamiento, una cadena de coimas y peajes, son un salario impago a un docente, a un policía, son remedios que faltan en los hospitales, etc. El detalle es el desprestigio de la política como vocación y como trabajo. Al punto, esto proviene de varias fuentes: La falta de renovación de los dirigentes, los sistemas comiciales antiguos, los fraudes electorales, la falta de participación de la población, y ademas, resolver el tema de la estabilidad en el laburo.

La solución de fondo es que lleguemos a tener políticos profesionales, a partir de programas de capacitación, con contenidos necesarios para cualquier aspirante a ocupar un cargo electivo. Siendo auto-critico, entiendo que bastaría con leer atentamente la constitución nacional para resolver el detalle. Hablando mal y pronto, se dice que cualquier pirulo que se enfrente al texto habrá de saber lo que sí y lo que no debe y puede hacer.

Sin embargo, conviene evitar la dosis de pensamiento mágico en el tema. Porque la dirigencia, en más de un caso, interpretó y modificó las leyes como se les cantó el forro de las bolas: la belleza del asunto es que hay cosas que la constitución no prohíbe, pero la buena salud republicana sí. Entonces, a nuestros futuros políticos habría que informarlos y explicarles medidas técnicas de la buena democracia. Estos temas bien podrían dictarse como materia extracurricular, voluntaria, en las universidades, con el aval del congreso de la nación.

El cabildeo o lobby está prohibido expresamente por nuestras leyes: es tráfico de influencias, que atenta contra el juego limpio. La cosa es que igual hay transa por debajo de la mesa, y esto hablita la corrupción. No es seguro, pero es posible que en un sistema legalizado de cabildeo, orientado a la discusión de la agenda pública, quizás nuestros políticos tengan menos tendencia a ser muertos de hambre. Para el caso, un político profesional puede laburar para ONGs, asociaciones, o círculos de actividades civiles. Por contrato, se podría limitar el alcance de su trabajo, para no mezclar la hacienda. Mientras represente a unos, no debe ser funcionario electo, ni estar en campaña proselitista, etc.

Avivando la gilada: Tres consejos para el votante

Para las generaciones actuales, votar es un trámite que hacemos en las escuelas cada dos años. Para los candidatos políticos, es el momento más bravo del casting. Para la economía, es un gasto en imprimir boletas, la logística de repartirlas, mandar militantes a fiscalizar los comicios, y armar el bunker electoral para esperar los resultados. Para los medios, es el circo de los bunkers, los discursos y gestos según se gane o se pierda. En términos históricos, tener democracia  hace ya 33 años es una buena noticia.

En el blog hay un par de entradas viejitas, que ilustran el modo en que nos llevamos con la democracia. Aprovecho para retomar y ampliar unas ideas que ya están escritas ahí. Cuando votamos y después puteeamos porque nos cagaron, es bastante natural tener dos sentimientos encontrados: En primer plano, que fuimos seducidos y abandonados. En paralelo, la necesidad de hacer tronar el escarmiento, con la indignación del justo. El único aspecto saludable de estas actitudes es la alarma sobre las consecuencias de la corrupción, la ineptitud, y los modos que los aparatos políticos rosquean y puentean las cosas.

Nuestro sistema está en una categoría que un experto bautizó “Democracia de baja densidad”, o como yo lo llamo, democracia de bajas calorías. En este modelo, la participación de los ciudadanos se reduce a votar. Hay democracia en términos formales, hay legislación, pero hay ausencia de república. No hay transparencia en la gestión. Hay separación formal de los tres poderes, pero – pongamos un ejemplo – copados por una “familia grande y muy feliz”, donde la corte suprema la ocupa el primo del presidente, el senado lo maneja su esposa, mientras la cámara de diputados la dirige el cuñado.

Un síntoma importante de esta distorsion es la reelección indefinida de los cargos políticos. El año pasado, la prensa documentó bien el fraude electoral que hubo en más de una provincia y localidad. Votos a cambio de bolsones de comida, padrones electorales con votantes fantasma, destrucción y robo sistemático de las boletas de los rivales, amenazas y presiones para reelegir autoridades vigentes, y otras linduras.

Para que las cosas cambien, estos delitos electorales deben ser demostrados, juzgados, y castigados. Pero para que nunca más sucedan, hay que ir revisando nuestra toma de decisiones.

Una persona que trabaja ocho horas o más todos los días, y que además tiene muchas cosas que atender, no tiene tiempo material suficiente para conocer y estar informada de nuestro sistema de gobierno, ni el balance de sus fuerzas políticas. A este perfil de persona, lo llevan como ciego a mear, para dejarle al final en bolas y a los gritos. Por otra parte, está el otro perfil: Hay personas que conocen los recovecos del sistema, aprovechan para trepar, y desde arriba cagarnos a todos. (Hay ejemplos peronistas de ello, y no hace falta “house of cards” para ilustrarse. Aquí ya hemos hablado de Néstor Carlos Kirchner) Cualquiera de las dos puntas es mala, obvio.

En el fondo, conocer, reconocer, y más que nada, prevenir estas cagadas es tema de didáctica y aprendizajes. En esto de aprender la democracia republicana, es habitual que nos enseñen las instituciones y protocolos para la sanción y ejecución de las leyes: Distinguir estado de sitio, ley marcial y estado de derecho, los tres poderes de la nación, el quorum, saber votaciones sobre tablas, el trabajo en comisión, etc. Hilando fino, conocer estos mecanismos esta bueno, especialmente si explican el espíritu de las leyes. Esto se aprende en algunos lados, y mal que bien, hay divulgación de estas ideas. El detalle es que muchas veces se desvirtúa. La gente no es toda abogada constitucionalista, ni analista político, que están más pendientes de la evolución de esta parte del sistema. Y ya que votar es una decisión masiva, el asunto es avivar a la gilada.

Quizás sea eficaz educar al soberano con frases sencillas, pero bien cargadas de sustancia: De hecho, en los 40s “las veinte verdades peronistas” fueron muy didácticas. Varias todavía siguen vigentes. (“La única verdad es la realidad”, “Se gobierna con los dirigentes a la cabeza, o con la cabeza de los dirigentes”, etc.) La primera que propongo es que “El sistema deberá ser siempre a prueba de: boludos y garcas” Esto lo pusimos en línea con el habito del doble discurso, y los aspectos morales de las prácticas políticas. Agreguemos que tenemos los votantes y dirigentes que se nos parecen; no son los que necesitamos, y por las decepciones acumuladas, no parecen ser los que merecemos. Pero ahí están. Entonces, la idea es que sepamos medir y pesar las cosas.

Ahora que lo pienso, hay una segunda frase que nos vendría bien: “Tratar al que está, y al que vaya a subir, como si nos debieran plata de muchos ceros”. El detalle es que nuestra democracia nominal, viene sostenida por un sistema económico lleno de agujeros. Es sabido y sobado que en nuestro paisaje, dedicarse a la política es una vocación, pero también es un plan para hacerse rico por debajo de la mesa, como explicamos oportunamente.

La última, pero no de últimas es que “La culpa no es del corrupto, sino de quien le dio el poder”. La frase está en línea con el clásico dicho de los chanchos, y quienes los alimentan. A mi modesto entender, este criterio debe integrar nuestra educación cívica, por y a pesar del sufragio universal y secreto. Aclarando, que oscurece: No estoy diciendo que haya voto cantado, ni calificado. Es otra cosa.

Esto tampoco quita que, si un mandatario electo deba dejar de serlo, se siga el debido proceso, se le quite el poder, y que vaya en cana. La idea no es castigar a las mayorías, si es que lo votaron. Este criterio no quita que hay distancias entre votantes y votados. No quita que al electorado se le hacen promesas grandes, como en un noviazgo. Por experiencia, sabemos que los políticos se entrenan para decirnos lo que queremos oír, justamente para desactivar bombas y captar votos.

La intención es empoderar al votante, especialmente su derecho a elegir y equivocarse. Pero que asuma plenamente a posteriori su parte en los resultados. Minorías y mayorías debemos atender la lógica del “Si fallaste una vez, fue un accidente. Si fallaste dos, puede que haya un error. Pero si me fallaste más veces, la culpa es mía, ya que yo confié en vos.”

Al punto, este slogan debe usarse solo cuando haga falta. Hay que tener cuidado que sea un puñal para clavarle en la espalda del sistema democrático. Y si algo nos enseñó el pasado, es que nunca debemos olvidarnos que al político chanta o inepto se lo castiga en las urnas, retirándole el voto. Y acá se trata de separar tantos: No es cuestionar al trucho y su partido por segregar su organización, quitarle liderazgo, y bochar ideologías. Lo importante es nadie joda al personal. Manos limpias y uñas cortas.

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