Data inútil sobre el doble discurso político

 

De un tiempo a esta parte, percibo que en los medios – y también fuera de ellos- se pierde la real ciencia y arte de debatir ideas políticas, mientras las reemplazamos por una distorsión que pasa por examinar corruptelas. Al punto, el grueso de la cuestión se reduce a difundir y denunciar negocios y maniobras sucias de los que tienen poder por un tiempo, pero sin mucha profundidad que digamos. En una categoria similar encontramos las malas administraciones y horrores de gestion. Si vamos a tomarlo con ingenuidad, el partido de gobierno sostiene un doble discurso sumamente contradictorio entre aquello que representan, lo que dicen y aquello que hacen; cuando causan mas daño que beneficio con sus conductas merecen la mas dura de las criticas y condenas. Sin embargo, el partido de cogobierno u opositor supo caer también en errores graves dignos de igual castigo cuando le tocó administrar la nación. Los autores del austral, la hiperinflación y el “corralito” no tienen altura moral para condenar el “ramal que para, ramal que cierra”, la tragedia de rio tercero y el indulto para Videla, Massera y Viola.. ¿se entiende?

Sin embargo, la idea es ir un poquito mas alla del planteo ingenuo. Porque robar y matar directamente o no tanto, perjudicando mayorias y minorias es un mal habito que necesita un correctivo mejor. El centro del asunto es el equilibrio entre lo moral y lo politico. Hablando mal y pronto, lo moral sirve para saber la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto. Lo político es el oficio de lo posible, y sirve para administrar lo conveniente, lo probable, lo deseable y lo que puede hacerse, una vez que ya aprendimos los limites de la moral. Estas dos cosas hacen sistema; una sirve para medir a la otra y viceversa. Pero en la vida real, nunca los vamos a encontrar en “estado puro”, y siempre vamos a poder apreciar el armado, funcionamiento y mantenimiento del sistema cuando se incendia alguna cola de paja, o alguno muestra la hilacha. Al punto, es como rearmar un puzzle sin resolver o corregir uno mal resuelto: Lo primero que se advierte es que encajaron mal una cantidad de piezas o todo el juego. Al mismo tiempo, advertimos que cada pieza es diferente y hay que buscar el encastre donde calza bien cada cual. A medida que avanzamos en el asunto, y si vemos que no hay conflicto entre todas las cuestiones que forman el sistema, entonces podemos darnos por satisfechos.
El chiste es que nunca falta alguien que sobra, puentea las reglas del sistema y mas de una vez queda expuesto por eso.  

Aclarando, que oscurece: Siempre que se destapa alguna olla podrida, suele haber denuncia judicial y penal que no tiene tramite rápido, y además suele aparecer algún comentario sobre la costumbre y la tradición de la corrupción general entre nosotros. Estallan los escándalos empresariales, institucionales y políticos. Algunos sospechosos y culpables renuncian a sus puestos para tener una retirada ordenada, otros se afirman como fiscales del todo por el todo. Y por un tiempo razonable hay quienes se mueven para perseguir y aplicar alguna sanción a los sospechosos. La espuma de los días sube, baja y se diluye hasta que llega una nueva ola, y así…

Cualquiera sabe que de esta manera una gran cantidad de denunciantes terminan haciéndole juego a sus denunciados. Y viceversa.  Un refrán viejo recomienda: “resuelve el problema, no la culpa.” Es muy cómodo castigar un poco, o mas bien simular que se castiga al corrupto, y luego volver a los negociados. Al punto, también es muy cómodo señalar los vicios ajenos sin revisar los propios, juzgar a los demás por deporte y lograr las simpatías de las mayorías por un rato. Cuando hay querellas, juicios y condenas para un competidor político, o para un compañero de partido, a menudo se borronea la distancia que hay entre contrincante, enemigo, aliado, cómplice y victima. Política es el arte de lo posible, y entre lo que se puede y no se puede, siempre estiramos las reglas hasta el punto de quebrar el sistema sin siquiera darle importancia. Ni cuando las cosas están bien, ni cuando están pésimo. Al punto, los corruptos se defienden diciendo que son perseguidos por sus ideas y los riesgos que representa su gestión para otras personas. Y los probos acusados falsamente también. La evidencia a menudo es débil, poca, y suele pasarse por alto. Lo fundamental es encontrar un chivo expiatorio a propósito de cualquier conflicto. Lo que falta en estos casos son propuestas y contrapropuestas concretas y sobre los temas de fondo.

Hay veces en que varios humoristas lucidos parecen tener ciertas soluciones cuando estalla un problema. La gracia del asunto es que la comicidad es algo que se sigue con atención y hasta con mucho placer. Pero siempre a condición que nunca se tome en serio y que no sea nunca efectiva fuera de lo artístico, estético y estrictamente simbólico. Sin embargo, en mas de una oportunidad, suelen haber frases brillantes y observaciones agudas sobre nuestros usos y costumbres. Santiago Varela, uno de los guionistas de Tato Bores, escribió en 1991 un texto titulado “¿Quien tiene la culpa?” cuya lectura recomiendo para saber un poquito mas de todo esto que digo. 

Aquellas personas libres de negligencia o redondamente libres de algún crimen que tiren la primera piedra, y que se preparen a soportar una lluvia de cascotazos; aquellas personas que supieron pasar por el poder con las manos limpias y las uñas cortas que dios y la patria los demanden, ya que ninguna buena acción queda sin castigo.

Y para ir terminando, a modo de saludo cito de nuevo a Tato Bores (Don Mauricio Boreztein, actor de la nación, según su titulo de conservatorio nacional de arte dramático) “La neurona atenta, vermut con papas fritas, y….. ¡Good Show!”

Gustavo