Idea para un cuento: Una herencia

Heredó la compañía. Que siempre rindió bien. Heredó la quiebra. A condición de no cerrar. Pero el tema era demasiado grande. Fueron 12 años de vaciamiento.  Hubo que recortar. 

Pidió guita y paciencia a la junta. Y a los inversores. Se fueron. Tuvo que ir a otro lado. Le tiraron un salvavidas. Con intereses altos. Y muchas condiciones.
Sabe que cuatro años de achique no compensan los doce que pasaron. Y el clima ahora esta insoportable.  Quizás tenga que irse.

Se trata de un gerente … ¿esperabas a otro?

Idea para un relato : Una viuda

La señora heredó el puesto. Siguió el negocio.

Vendió bien en una parte del mercado.
Pero casi se fue a la lona. Entregó a algunos de sus socios. Para zafar. Y se salvó.

Fueron por la familia. Luego fueron por ella.
Hizo un par de maniobras. La mas chica ya esta a salvo.  Zafa por ahora.
Y no se va a olvidar de esos queridos hijos de puta. . Una jefa tiene prohibido ser descuidada.
Pero eso no es personal. Que quede claro.
Es por el bien del negocio.

Es la viuda de un narco… ¿esperaban otra cosa?

Un cuentito mio – Oferta y demanda

1 – La Compañía

Presten atención. Esta es la historia de una estafa. Empecemos por La Compañía. Se sabe desde hace mucho que se trata de una enorme corporación. Aquellos que trabajan en altos puestos gerenciales (públicos y privados) afirman que es en sí misma el poder.

Se dice que existe prácticamente desde siempre; la información oficial indica que su cuota de mercado es el 80%. Pero no hay datos suficientes que confirmen o desmientan el detalle.

La Compañía mantiene alianzas permanentes con la AGM. (Administración general del mercado) Viene confirmado por una cantidad de acuerdos – algunos con cláusulas confidenciales – con nuestras autoridades. Existen organismos conjuntos para esta tarea.

Al nivel de la comunicación masiva, la difusión de La Compañía no abunda en detalles técnicos. En cambio, destaca sus aportes positivos al sistema. Sostiene que “la visión y misión del grupo es estimular y proteger el bienestar general”. Por y para que “todos alcancemos nuestro máximo potencial, según nuestras capacidades singulares”.

En paralelo, existe La Agencia. Por supuesto, es su principal competencia. Se destacan por una brillante política de atención al cliente, gestión de producto y precios. No obstante, en la Agencia también son opacos en algunos aspectos. A diferencia de la Compañía, se basan en el secreto profesional y la necesidad de protegerse ante el espionaje comercial e industrial.

Entonces, al nivel de las dinámicas de mercado, no es fácil del todo distinguir una oferta de otra. Varias veces, precios y valores se parecen. Hay ciertas diferencias de calidad y durabilidad entre ambas ofertas. Pero Las buenas intenciones – dijo un sabio – no se facturan.

Por y para el resto, como es habitual, todas nuestras cuestiones dependen del libre juego de la oferta y demanda.

2 – Relevo constante del mercado (RCM)

El órgano principal de la AGM es el relevo constante del mercado (RCM) Recopila bases de datos de todas las secciones en la Auditoria. Realiza encuestas, registra operaciones y sus evoluciones; representa la clave de bóveda para dirigir el estado.

El RCM alimenta la toma de decisiones estratégicas de nuestras autoridades. De acuerdo a las cifras, se presta atención al sector que más lo necesita. Por lo general, los funcionarios de más rango fiscalizan al por mayor; tienen facultades para auditar valores, bonos y títulos de deuda, fondos de inversión, pensión, seguros de trabajo y respaldos financieros;

cobran sellados cuando hay grandes fusiones o adquisiciones corporativas y operatorias por el estilo.

Los niveles intermedio y bajo intervienen al por menor; se ocupan de procesar reclamos y mediaciones cuando hay abusos de confianza; hacen inspecciones periódicas para resolver conflictos de distribución, y cosas así.

Las leyes recomiendan a cualquier ciudadano damnificado denunciar los delitos que dañan sus propios intereses y al Sistema en general; obligan a cualquier funcionario a investigar y denunciar actividades sospechosas ante la AGM.

En el llano, nuestras autoridades son bastante eficaces cuando persiguen delitos comunes, como robos y asaltos; suelen ir lento con la revisión de grandes desfalcos, quiebras fraudulentas o falsificación de moneda o valores.

Sin embargo, ciertas operaciones a mediano y largo plazo de la AGM identifican propietarios y accionistas de empresas negras. Una vez que demuestran su culpabilidad, son buscados, capturados, sometidos a revisión de cuentas detallada, y se les expropia.

Los bienes y servicios capturados son llevados a remate público, en las plazas de cada mercado. Y se publican en el BOA. (Boletín oficial de la AGM)

El sistema de delación premiada (SIDELP) contribuye a encontrarlos. Toda persona que colabora con las autoridades, tiene el beneficio de usar una identidad alternativa, para denunciar maniobras sospechosas o delictivas. Este trato con la Auditora es confidencial y secreto.

La lista de los condenados tiene difusión periódica en una sección del BOA. La publicación se distribuye gratis para todo el mercado. Si cualquier persona aparece en aquella sección, representa una deshonra individual (a veces, alcanza a más gente) para quien sea nominado.

En la práctica, administrar justicia tiene sus matices. Hay la precaución de usar nombres falsos para delinquir. Habitualmente, son combinaciones aleatorias de nombres y apellidos dados de baja. Pero a veces hay coincidencias con nombres vigentes. Y en otras ocasiones, hay testaferros que cobran por la molestia.

Hay la paradoja que muchos cumplen su condena bajo un alias, y cambian de nombre de nuevo al recuperar su libertad. Hay muchos cuya intención es reinsertarse discretamente en el sistema. Y hay varios casos que es para regresar al crimen. Los reincidentes tienen tantos alias como condenas cumplidas.

En un sistema de nombres falsos que crece exponencialmente, es difícil asegurar los negocios. Se requiere talento para sobrevivir. Y varios llegan alto en el ambiente. Algunos que caen en desgracia se convierten en informantes del SIDELP. Otros, son liquidados, rematados y declarados en bancarrota.

Cuando un caso tiene varias docenas de ceros, hay grandes corrientes de indignación ante la magnitud del delito. Sin embargo, tienden a ser mero ruido. Con los días, cada quien sigue sus propias rutinas.

3 – Sistema de educación básica (SIDEB)

En este punto, tenemos que hablar de nuestro subsistema de educación. Tiene tres niveles: Básico, medio o Tecnicatura, y superior o Académico, que otorga Licenciaturas, Doctorados y Maestrías.

El nivel básico es gratuito y obligatorio. Por ley, cubre por completo el mercado. Hay garantías y controles para asegurar el acceso a este beneficio. Sus recursos materiales y humanos se consideran bienes protegidos por la AGM

A partir de su funcionamiento – siempre según la versión oficial – todos tenemos derecho y obligación de aprender las operaciones elementales, en igualdad de oportunidades, para el desarrollo de cada quien y el progreso general del sistema.

A partir de los (9) nueve años y hasta los (17) diecisiete, nuestros jóvenes entran en el sistema de educación básica o SIDEB. Es la llave para acceder al mercado, y un medio para reconocer los logros de cada quien. Cursar tecnicatura y academia es opcional. No obstante, quedan contemplados por los protocolos legales.

Estar registrado no solamente fija obligaciones. Eventualmente, brinda derechos. El SIDEB opera en tres niveles. El primero se encarga de aspectos netamente administrativos: Abarca cuestiones como pago de salarios, ascensos, créditos según el nivel de rendimiento, ausentismos por dificultades de salud, o suplencias entre funcionarios.

En la práctica, son frecuentes las licencias por maternidad y paternidad de docentes y alumnos. Numerosos docentes han conocido a sus primeras parejas mientras dictaban clases. (Por supuesto, han pasado por la subasta. Ver más adelante) Siempre es bueno que crezca la comunidad educativa.

El segundo y tercer nivel atienden aspectos didácticos y disciplinarios. Está regido por el subsistema de reevaluación y convivencia. (SURC)

El SURC permite negociar algunos parámetros de las relaciones en las aulas. Por ejemplo, fijar de antemano el promedio para aprobar las evaluaciones, reclamar a favor del alumno si hay calificaciones mal aplicadas, (Ya sea por valor o precio de las dos partes) y regular cupos por materia o curso.

El sistema otorga la facultad de fijar cantidades de horas catedra y la correlación de contenidos, en un sistema de regateos e indexaciones, regulado por el SIDEB. A medida que los alumnos avanzan en sus aprendizajes, adquieren las habilidades necesarias para administrarse en esta sección del sistema.

Ahora, hablemos de los aspectos disciplinarios: Según los niveles de transgresión, el SURC establece multas, transferencias entre establecimientos, o redondamente la baja modificatoria de docentes y alumnos

En la última categoría, se ocupa de reingresarlos bajo un régimen de redención: el regreso es bajo un alias, y se le asigna al ciudadano un área geográfica alejada del lugar donde tuvo la baja.

Para los docentes, la redención es voluntaria. Para los alumnos, rige desde los diez (10) hasta los quince (15) años. Se considera que a los dieciséis ya hay conciencia suficiente para conocer y asumir los propios riesgos.

Cuando hay redenciones, los docentes cobran el salario mínimo. Si al momento de la expulsión tienen alto rango, antigüedad, y derecho a una jubilación alta, las pierden por completo. Deben reiniciar su trabajo desde cero. Los alumnos pierden sus calificaciones. A quienes reingresan, les queda el beneficio de la experiencia. Les queda el consuelo relativo de reeducarse. Y con lo ya sabido, recuperar al menos parte de los recursos perdidos.

En las aulas – al menos, en el nivel básico – nadie queda realmente fuera. Al punto, existe debate sobre el tema. Un grupo de sociedades tradicionales cuestiona los reingresos. Son los “regularistas“. Otra facción – compuesta mayormente por reingresados – se opone. Son los “redentarios”.

La discusión es sobre el financiamiento exacto de esta sección del sistema. Los regularistas opinan que con sus aportes – que consideran altos – no tienen porque cubrir los costos de las experiencia redimistas. Difunden el slogan “Fracasar no es aprender. Fracasar no es enseñar”. 

Para ellos, suprimir el reingreso es hacer ahorros. Para optimizar el SIDEB. 

Según los redentarios, el SURC debe ser completo. Opinan que las reglas protegen el progreso. Y ponen en su debido sitio a todos. Un slogan redentario muy común dice: “El mejor maestro es el fracaso: Caemos para levantarnos.” Opinan que, cuando el sistema rebaja salarios e incauta jubilaciones altas, hace los ajustes necesarios para mantener las cuentas. Y no menos cuando reinicia regateos entre docentes y familias.

Hay prácticamente una “guerra de balances” entre ambas partes. El detalle es que usan números manipulados. A veces, son solo cifras nominales. Otras veces, números en bruto. Usan cifras oficiales, y de consultoras privadas. Se saltean correlatos con el resto de las cifras contextuales. Y al final, estos dos movimientos son expresión de problemas de fondo en el sistema.

En la práctica, la igualdad de oportunidades no resulta como se pregona: Participar implica costos secundarios, que no todos están en condiciones de cubrir.

Afortunadamente, los gastos en el nivel inicial no son muy altos.

Las incomodidades se notan a partir de la tecnicatura. Hay quienes tienen posición acomodada, y no necesitan ingresos adicionales para cubrir sus costos mientras cursan. (Transporte, alojamiento temporario, etc.) Son la minoría.

En este punto, hay una multitud que trabaja o busca empleo mientras estudia; en ambos grupos, hay que contar los aspirantes a entrar en alguna academia. Para todos ellos, hay cupos en diversas ocupaciones públicas y privadas.

La “versión oficial” sostiene que los menos favorecidos simpatizan con el redimismo. Y los más acomodados, con los regularistas. Pero algunos estudios indican que estas tendencias existen entre los adultos, no entre los jóvenes.

Las investigaciones revelan que la educación es una negociación constante y compleja entre la convivencia, lo didáctico, y el marco administrativo. Contrario a la historia oficial, los jóvenes más acomodados tienden al redimismo; los que trabajan y estudian, tienden al regularismo.

En el primer grupo, (clase acomodada) los esfuerzos se concentran en los códigos específicos del sistema. Para asegurar buenos resultados, completar etapas, y asegurarse la propia contención, el redimismo es la mejor opción posible. Aunque no tengan necesidad de caer en inconductas, ni ser sancionados. Lo ven como un respaldo “por si algo sale mal”.

En el segundo grupo (clase trabajadora) hay una percepción más compleja del sistema. Ellos conocen, en forma intuitiva, las continuidades y discontinuidades entre la educación y el trabajo. Lo ven como “usar lo que sirve, para ganar el día”, “hacer la diferencia”. A mayor exigencia, mayor esfuerzo; cuanto más esfuerzo, menos riesgos, y mayores ganancias. Y las recompensas son la satisfacción del trabajo bien hecho.

Digamos que la cuestión queda abierta, y lo central es conseguir las mejores condiciones para trabajar.

4 – El SICRE (Sistema interno de control de rendimientos)

Todos invertimos gran parte del propio tiempo, energías y dinero para completar nuestros estudios. Hasta donde podemos. Lo deseable es llegar hasta Maestrías y Doctorados. Los más hábiles y dedicados – no sin una dosis de buena fortuna y azar – consiguen ser doctores. Pero lo más corriente son las tecnicaturas, y en segundo lugar, las licenciaturas.

La mayoría egresa de los niveles medios, sabiendo práctica de balances y medidas fiscales básicas. Son miles de ciudadanos jóvenes (y no tanto, algunos pasaron por redenciones) que llenan, año tras año, formularios de petición de altas en la AGM. Con intención de trabajar en todas sus secciones. Especialmente, en cuentas.

Aquellos que aprueban, más temprano que pronto descubren que deben someterse al sistema interno de control y rendimientos. (SICRE, por sus siglas) Es una evaluación periódica de productividad.

El SICRE mide eficiencia y eficacia. Establece altas o ascensos, modificaciones (reasignaciones y traslados) y bajas o egresos. Es implacable. Cuando un empleado de poco rendimiento tiene que salir de la función pública – ya que caen sus capacidades de ingreso, ahorro y compras – tiene que reciclarse.

Todos aquellos con baja permanente cobran indemnización. Redimen su posición con pequeñas a medianas iniciativas. Con diversas fortunas. Otros participan en las llamadas “empresas alternativas”, no sin algunos riesgos. Tampoco sin algunas ventajas.

Aunque a las autoridades no les agrade, (ni les convenga admitirlo) está demostrada la existencia de un sector negro. Y va creciendo cada vez más. Cuentan que calcular su tamaño es fácil. Se toman las cifras anuales brutas en todos los sectores, y se restan las cargas habituales. (Tasas de servicios públicos, cargas impositivas, aportes al sistema previsional, y demás)

Visto así, el cálculo parece simple. Pero la gestión no es exactamente sencilla: hay que revisar detalladamente cada sector y rubro, buscando variaciones y diferencias marginales. Tienen que estar mucho más allá de cualquier ganancia declarada y duda razonable sobre su origen.

Los subtotales acumulados, dan la medida exacta de las economías fuera de los balances. Partiendo de estos indicadores y sus variaciones, muchas consultoras privadas calculan los porcentajes generales de la participación de este sector en el sistema.

AGM tiene obligación de combatir las economías informales. Pero estos sectores se las ingenian para eludir o evadir las inspecciones con prolijidad.

Hay una cantidad de empresas y consultorías – perfectamente legítimas – con pequeños márgenes de ganancia, y alto riesgo financiero declarado; pese a que el esfuerzo prolongado en estas condiciones lleva al ajuste y a la quiebra, estas firmas nunca cierran.

Pagan sus todas sus obligaciones puntualmente, hasta el último centavo. Su crecimiento es siempre el mismo. Es fácil darse cuenta que tienen algún truco. Para cubrirse ante cualquier sospecha, estas sociedades hacen fusiones y adquisiciones aleatorias entre ellas.

La meta es que resulte difícil identificar el origen exacto de sus fondos. Ni mucho menos revelar exactamente quienes las dirigen. Se dice que la mayoría de sus empleados tienen nivel técnico. Y la mayoría de sus gerentes son licenciados.

En fin, tal parece que ciertas prácticas, lejos de ser infracciones o crímenes, resultan más bien males necesarios.

5 – Alianzas y sociedades

Hablando de nuestras corrientes de conducta… A partir de los dieciocho (18) años, nuestros jóvenes quedan en condiciones de entrar a la subasta. Durante esta etapa, mujeres y varones quedan habilitados para buscar y encontrar públicamente las mejores alianzas interpersonales. Es un paso que se considera sustancial para estimular y expandir el potencial.

El objetivo inmediato de cualquier subasta, apunta a que nuestros jóvenes y sus familias logren tratos correctos, deseables, convenientes y de largo plazo. Al punto, las buenas transacciones iniciales, contribuyen siempre a subir calidad, valor y precio entre aquellos que participan del evento.

Pero lo más importante, al momento de cerrar trato – por un periodo de prueba, que dura entre varios meses y un año fiscal completo – es la intención implícita de consolidar oficialmente Sociedad.

A diferencia de las alianzas, nuestras sociedades están diseñadas para permanecer. Las más tradicionales trascienden a sus integrantes.

El capítulo “Sociedades” del estatuto general de la AGM define que se trata del resultado de la subasta, que deriva en la “Unión y convivencia productiva, elegida entre ciudadanos, en base a los acuerdos o pactos previos, validos por la libre voluntad de aquellos que los suscriben, efectiva, autónoma e independiente de cualquier factor externo.”

Tal cual lo dictan nuestros usos, costumbres y leyes, la subasta es un evento público. Se puede convocar a subasta durante todo el año fiscal. Sin embargo, se recomienda llamar especialmente durante la primavera. La plaza central del mercado tiene un sector destinado a estos fines. Y la meta de toda subasta es crear y garantizar condiciones para que haya tratos justos entre partes.

Pero en la práctica, la cosa no es tan así: es habitual que las sociedades con mayor poder adquisitivo fijen un precio inicial alto, con las consecuencias que implica. Aquellas con menos recursos, por su lado, siguen los valores corrientes de mercado. Pero siempre que pueden, buscan aumentar la cifra. Es habitual cargarle al precio inicial una porción de las cargas impositivas, y ciertos costos de manutención.

No es ilegal esta maniobra, pero tampoco es correcta. El valor y precio de nuestros jóvenes no tiene que estar meramente compuesto por costos a redimir. El enfoque adecuado corresponde al lanzamiento de productos nuevos, donde se ha invertido tiempo y esfuerzo para lograr la más alta calidad y rendimiento. Ofertas tales que generen confianza y atractivos a quienes demuestren interés.

Una maniobra habitual (bastante apreciada) es el “trueque de subastas”. Cuando dos sociedades advierten que están haciendo una oferta de valor similar e igual precio, en lugar de abrirse a propuestas, cierran directamente trato con la alianza de ambos jóvenes, hasta nuevo aviso.

Una variante muy común es el “intercambio de subastas” donde los nominados en cada parte intercambian lugares, mientras lo demás queda constante. Obviamente, se notifica debidamente a todos los presentes en la subasta cuando ocurren estos eventos, y se rinden cuentas a la AGM mediante un formulario estándar.

Hay subastas nada transparentes. Y tienen sus vaivenes. Hay casos en que dos o más familias firman tratos confidenciales de antemano. No buscan intercambios o trueques. Buscan conseguir otras metas. La subasta queda como una formalidad a cumplir en estas ocasiones. Y para que nadie interfiera, manipulan la negociación.

No pueden evitar que otros clanes participen. De hecho, está prohibido por ley subastar entre los miembros de una sola sociedad. No importa si el grado de asociación es indirecto.

Hay una conducta muy corriente en las subastas arregladas: Para regular las ofertas de terceros, interviene gente a sueldo de las dos partes. El objetivo es mantener el control del trato.

Por inercia de oferta y demanda, hay oportunidades que el precio final se va de las manos. Para compensar pérdidas, hay reembolsos parciales entre quienes pactan de antemano. En manera informal, por supuesto. Es una cláusula de revisión muy común en los pactos secretos.

En paralelo, es frecuente este conflicto: luego de subastas limpias y satisfactorias, una o las dos partes comprometidas padece altibajos en sus niveles de paga, con las presiones que esto significa.

Ante esta situación – antes que nada – los interesados negocian sobre la continuidad del acuerdo. Según el caso, pueden pedir: prorroga, suspensión, o liberar la alianza.

Luego se realiza formalmente el trámite correspondiente, que requiere el aval de al menos una de las dos familias involucradas en el pacto.

Por lo general, cuando acaban voluntariamente las alianzas, cada miembro queda sobreseído de todo compromiso con su contraparte. Y está obligado a pagar por las molestias ocasionadas a la otra sociedad y al Sistema.

El punitorio es por el total de gastos declarados durante la relación, y un cargo simbólico por gastos administrativos. La liquidación tiene en cuenta si hay documentos de facturación, para demostrar los desembolsos.

Al final, todas las deudas se licuan.

En las sociedades, las obligaciones y riesgos son otros.

Es corriente que, cuando una (o dos partes) provoca situaciones forzadas, haya recuso a la conciliación. Para resolver conflictos.

Pero cuando surgen problemas graves, se va directo a la revisión de cuentas. En el mejor de los casos, la revisión implica recomponer un trato. En el peor, llega hasta la liquidación definitiva.

Por defecto, cualquier damnificado por estos problemas queda cubierto por las asesorías gratuitas de mediación y liquidaciones que administran la Subsecretaria de Subastas (SDS) dependiente del RCM

Habitualmente, las sociedades de niveles bajos y medios recurren a las asesorias. Las que tienen alto poder adquisitivo, en cambio, tienden a las ayudas particulares.

Cuando la liquidación es privada, los costos y beneficios se calculan y pactan aparte, siguiendo los lineamientos de la AGMYL: Los reglamentos obligan a presentar memoria, balance y arqueo. Y un plan de divisoria de bienes, con administración de deudas, en caso que las haya.

Según el mismo reglamento, nuestras autoridades recaudan un punitorio sobre las operaciones privadas: Normalmente es 6 por ciento del total declarado. Se toma como valor de referencia los bienes combinados de las partes al momento de asociarse. Aun cuando el porcentaje a embolsar es bajo, implica cifras altas en favor del sistema.

Un motivo corriente para acudir a la AGMYL son las relaciones extra societarias, o “alianzas negras”. Los contratos oficiales están hechos para cumplirlos; pero la tarea implica sacrificios y presiones.

Muchos aliados y asociados buscan liberar tensiones fuera del circuito oficial. Por supuesto, estos negocios se hacen bajo alias. Son confidenciales y secretos. Los conflictos aparecen cuando se sabe la verdad. (No olvidemos el SIDELP)

Es sabido que los asesores particulares logran mantener el equilibrio de varias sociedades en casos de muchos ceros. A fin de cuentas, estamos hablando de riesgos que nadie quiere correr.

Digamos que en medio de buenas o malas noticias, y cualquiera sea el resultado de compromisos y costos, llega un momento en que cada quien – si no hay impedimentos serios – puede volver a presentarse a las subastas toda vez que lo juzgue deseable y conveniente.

Con experiencias acumuladas, finalmente cada quien aprende a distinguir el mal valor al buen precio, el mal precio al buen valor, y elegir con quienes y por cuanto tiempo relacionarse.

Cuando formamos sociedad – por ley – el nacimiento de nuestras criaturas nacidas vivas y sanas debe quedar registrado. El certificado de ingreso al sistema, (CIS) contiene la información completa del recién nacido, y unas frases protocolares de saludos y felicitaciones por el ingreso de un nuevo ciudadano al sistema.

Concebir nuevas vidas implica responsabilidades. Y grandes posibilidades para desarrollar el máximo potencial entre nosotros. Como ya se dijo, la Compañía hace publicidades con estas ideas.

En la práctica, suceden varias cosas. Quizás la más incómoda sea que las obligaciones con el trabajo y con nuestros niños, no dejan tiempo material suficiente a los padres para registrarlos debidamente. Cuando los padres no pueden realizar el trámite de ingreso, usualmente son aquellos parientes retirados quienes se ocupan del tema.

En los papeles, el RCM manda misiones periódicas a todos los sectores. En especial, a los más lejanos (y menos favorecidos) para conocer estos problemas. El objetivo es evaluar la situación, y proveer lo necesario para evitar y reducir conflictos por diferencias y desigualdades.

Pero en los mercados periféricos, es otro cantar. Las oficinas oficiales son pocas. Y las inscripciones son tardías y desprolijas. El debate entre redentarios y regularistas no resulta ajeno al problema.

Ya que los redimidos son enviados a zonas periféricas, algunos de ellos han desarrollado con éxito los “Liceos”. Es decir, escuelas en negro. Por su proximidad con los parajes más alejados, los Liceos reciben bastante cantidad de alumnos todos los años.

Las escuelas en negro no van contra el sentido común de cualquier balance y administración responsable. Pero educan en el sentido crítico al sistema; cuestionan la autoridad de la AGM, y rechazan las subastas. Opinan que las elecciones para asociarse deben ser libres, y su resultado debe depender de la oferta y la demanda. Hay otras medidas polémicas, y el RCM está tomando cuenta del asunto.

6 – Las Artes

Nosotros no tenemos “arte”. Por supuesto, lo conocemos. Comerciamos con aquella categoría de mercancías. Pero no las atesoramos. Representan ganancias en nuestro comercio exterior. Y no están en el menú habitual de nuestros consumos.

Pero no todo es contabilidad, finanzas ni comercio. Tenemos ocio productivo, y hay grandes tradiciones de juegos de cifras. Rompecabezas y acertijos numéricos, subastas simuladas, conciliaciones simuladas, etc. Absolutamente todos están basados en la matemática de fantasía.

Según nuestras leyes, se supone que la contabilidad creativa es un delito. Pero a través de nuestros usos y costumbres, la convertimos en una forma popular de aprendizaje y entretenimiento. En el último ciclo del SIDEB, se usa para enseñar ejercicios de balances.

En las primeras épocas, las operaciones iban dispuestas sobre un solo plano y un solo eje. Más adelante, hubo operaciones de dos ejes en un solo plano. (Ejes X e Y)

Actualmente, hacemos cálculos tridimensionales. (Enunciados y resultados se inscriben en los Ejes X, Y, Z) Hay un proyecto para construir un mapa 3D completo de nuestro mundo, a partir de los primeros libros de la AGM y La Compañía hasta nuestros días. Dicen que la construcción empezará pronto, en una planta secreta.

Algunos curiosos están buscando la ubicación de aquella fábrica. Todavía no la encontraron. A menudo hay bromas y apuestas sobre el tema.

7 – La salud

Los juegos de apuestas son muy populares entre jóvenes y adultos. Representan una fuente de ganancias. Pero también representan riesgos innecesarios. La AGM los monitorea a través del RCM. El SIDEB hace campañas en las aulas contra el juego en negro y las apuestas compulsivas.

Hubo casos extremos, que los ciudadanos apostaron lugares propios y de terceros en las subastas. Hubo fortunas completas que se perdieron por este y varios motivos parecidos. A partir de las experiencias acumuladas en el área, AGM y RCM crearon el ministerio de salud financiera. (MISAFI)

Según los manuales del MISAFI, hay dos grupos de adicciones. Las leves, que arriesgan entre un 5 y 10 % del patrimonio. Y las graves, a partir del 60 % en adelante. Según el caso, hay dos tratamientos recomendados.

Para las adicciones leves, se induce al paciente en apuestas de fantasía. Es decir, sin recompensa ni riesgos de por medio; la acción terapéutica es instalar que toda apuesta – real o imaginaria – en el fondo, no da ganancia. Una vez cumplida la rehabilitación, se realizan unas entrevistas de monitoreo, y finalmente se deja en libertad al ciudadano para que siga sus asuntos.

Para los casos más graves, los fondos de los pacientes van a un fideicomiso ciego. Mientras tanto, se los somete a un tratamiento de reeducación financiera. Los pacientes quedan aislados del mundo exterior, mientras reaprenden hábitos de balances saludables.

La acción terapéutica en estos casos es concientizar – mediante la reflexión singular y grupal – que estos malos hábitos nunca se quitan del todo. Y que siempre conviene mantener las guardias altas, para cuidarse de recaídas.

Una vez rehabilitados los pacientes, se los libera y se hace un seguimiento. Una vez cumplido, se les devuelve dominio y control total de sus propiedades.

A menudo, el fideicomiso compone las cuentas y da una pequeña ganancia a los pacientes. Es habitual que, en agradecimiento, los apostadores recuperados hagan donaciones a los centros de tratamiento donde han sido curados.

Los casos irrecuperables son declarados en bancarrota.

8 – La Agencia

Hablemos ahora de la Agencia. Se dice que si la Compañía llegase a cerrar, ellos también deberán liquidar sus activos, y retirarse del mercado.

Algunos aseguran que, cuando ya no estén las dos, el sistema habrá de terminarse para siempre. No hay evidencias contundentes a favor ni contra de estos argumentos; pero las influencias de la Agencia son innegables, e impactan en nuestras instituciones y hábitos.

Destacan con una brillante administración de sus políticas de valor y precios. Hasta hoy, la Agencia mantiene un crecimiento flotante del 20 a 40 % sobre el total del mercado. Esta información proviene de relevos sobre los puntos de venta. Pero no son datos oficiales.

Cuenta la leyenda que La Agencia nacio dentro de la Compañia

Está bien documentado que la Compañía empezó prácticamente como un “Cartel”. Además de no tener competencia, en la medida que pactó con la AGM, instaló los mercados principales, y armó los canales de distribución y puntos de venta que todos conocemos.

Una vez que consiguieron estos objetivos, el plan fue llenarlos de oferta útil, pero limitada a esquemas prefijados de valor y precio, para cubrir las necesidades básicas.

A partir del monitoreo interno de las plantas, hubo empleados que encontraron muchos tiempos muertos en la producción estándar; Hubo ejecutivos que comenzaron a opinar – en forma extraoficial, claro – que las fallas de eficacia subían los costos, y a la larga, iban a dar pérdidas. Pero desde más arriba, trasladaron costos a precios. Y se despreocuparon del asunto.

Inquietos por ganar más, quedó consolidado un grupo de ejecutivos, que llevaron oficialmente sus observaciones al directorio de La Compañía. La presidencia las rechazó por completo. Y hubo despidos masivos para ellos y quienes simpatizaran con este grupo.

Finalmente, quedaron en la intemperie.

Sin embargo, estos ex empleados no estaban perdidos. Tenían replanteos teóricos acumulados durante su tiempo en la Compañía. Desarrollaron modos para convertirlos en sistemas prácticos. Finalmente, fundaron la Agencia en función de las necesidades de los clientes

Por el lado de la producción, subdividieron los procesos en módulos. Mataron los tiempos muertos. Diseñaron métodos y medios para la oferta personalizada. A partir de combinatorias entre piezas o servicios producidos en cada modulo.

Por el lado de la comercialización, dieron prioridad a la información acumulada en cada trato. Mediante encuestas permanmentes de satisfaccion, forjaron relaciones de aprendizaje con la clientela. Para obtener ventajas competitivas sobre la compañia. 

De este modo, si un cliente hoy quiere productos de colores o tamaños distintos a lo corriente, puede encargarlos a la Agencia. Está comprobado que su sistema de entregas es el mejor del mercado.

La Agencia se enorgullece de tener clientes satisfechos. Hay un gran desarrollo técnico que los favorece. Sin embargo, entre el público más conservador, este asunto entraña peligros.

En este punto, algunos opinan que pueden “quedar desnudos” ante ellos. Por ejemplo, cuando un cliente abre tratos con La Agencia, informa sobre sus gustos, sus datos particulares, y los montos que desea invertir en el negocio. Su temor más grande es que se use la información para manipular e imponer condiciones, en lugar de ofrecer un trato limpio.

Afortunadamente para este perfil de clientela, hay chances de negociar bajo alias y mediante empresas fantasma; pero sus convicciones se lo impiden. Además, temen el riesgo de ser descubiertos.

En paralelo, La Compañía también sondea marcas, cantidades y precios. Explora niveles generales de consumo. Su objetivo permanente es optimizar la oferta propia más aceptada, y reducir aquello que no vende. La Compañía mide rubros, segmentos y valores, entre otros detalles. El análisis de los resultados sirve para actualizar sus mezclas de mercadeo y regular la oferta.

Los consumidores e inversores más tradicionales se alinean con la Compañía, por supuesto.

9 – La estafa

Como habrán notado, la mayoría de los aspectos y necesidades de nuestras vidas están cubiertos por la AGM y sus dependencias. Pero en la medida que los mercados se expanden, hay cuestiones que más dependen de las dinámicas del sistema que de las regulaciones.

El surgimiento de la Agencia rompió con el equilibrio fiscal y empresario que hubo antes; la Compañía tuvo que regular su oferta y competir. Los mercados negros eran minúsculos antes de aquellos días. Pero empezaron a crecer desde ese momento.

Cuando la Agencia hizo sus primeros lanzamientos, las mayorías se volcaron a la novedad. Sin embargo, todos descubrimos enseguida que sus ciclos de vida eran – y son todavía – muy cortos.

A pesar de las limitaciones de su menú, la Compañía todavía no presenta esta dificultad. Habrán notado que hay incomodidades, pero pasan por otro lado. En el llano, La Agencia parece producir en mayor escala, y con precios más bajos que la Compañía. La sugestión y originalidad de sus estrategias publicitarias los fortalece. Pero las alianzas estratégicas de la Compañía conservan la posición dominante.

La debilidad de la Compañía es el “síndrome de la talla única”. Fue su máxima fortaleza en el pasado. Antes que surgiera la Agencia. El mercado se acomodó al stock disponible, y al precio fijado por ellos, aprobado por la AGM.

Existe una gran tradición de reclamos y debates al respecto. Los voceros oficiales de la Compañía explican que ellos siempre están atentos a los movimientos del mercado, y toman medidas periódicas para resolver la situación.

Sin embargo, gran parte de sus argumentos son meramente defensivos: acusan de dumping a la Agencia. Hay algunas evidencias que los respaldan. Pero no son exactamente pruebas concluyentes. Y la Agencia defiende su lugar – con hechos y dichos – ante el monopolio aparente de su competidor.

De acuerdo con nuestras leyes, existe un pequeño problema técnico con estas tácticas de comercio: No representan transgresión alguna, pero distorsionan el juego limpio. Y deberían ser sancionadas por nuestros funcionarios.

Actualmente, nos manejamos con una canasta básica de productos y servicios de las dos fuentes. Por lo general, aprovechamos la Agencia para reducir sacrificios. Mientras tanto, la Compañía contribuye al crecimiento y consolidar las ganancias.

La Compañía vende todos sus productos defectuosos a la Agencia mediante empresas fantasma. Algunos se etiquetan como insumos. La Agencia los compra por precios bajos, a través del sector negro.

La agencia los promociona y vende como propios. Se queda con un porcentaje de las ganancias, por el esfuerzo de ventas. Mientras tanto, rinde su parte a la Compañía. Ya que ellos tienen los canales de distribución asegurados a su propio favor desde siempre.

Aquellos productos compuestos por más de una pieza, los ensamblan malamente adrede. La obsolescencia programada hace que el cliente vuelva por más. Algunos de nosotros descubrimos este truco. A menudo hay necesidad de reparar equipos. Y los repuestos solo se consiguen en el mercado negro. Las marcas en cada pieza revelan su origen.

Para el caso, a la clientela no le importa demasiado el origen exacto de los productos y servicios que consume. Les interesa que haya. Y que el precio sea razonable.

Como habrán notado, esta es la historia de una estafa. Y nadie nos devuelve el tiempo, las energías y el dinero que ponemos todos los días en sostenerla.

Estamos obligados a triunfar.

Y hace rato que ya no es delito común. Ni crimen perfecto. Para algunos visitantes y observadores, esto es una profunda experiencia religiosa. Pero no es la fe lo que nos impulsa y justifica. Esto simplemente es un modo de vida.

Un cuentito mio – Fuera de punto

El departamento era una belleza. Bien iluminado. La ubicación era adecuada. Tenía cochera, y ya venía amoblado y equipado. El alquiler no era muy barato, pero tampoco excesivo. Le eche un vistazo a lo esencial y cerré trato. Me instalé a la semana. Dejé mis cosas en el depósito de mi cuñado. Todo funcional.

Un par de veces se descompuso el ascensor. También hubo un apagón. Yo me salve de las molestias que trajeron. El departamento estaba en el segundo piso. No costaba nada andar unos peldaños. A propósito, la IA del edificio era viejita.

En el sexto, una pareja tramposa le hizo “la mudanza” a la chica, dueña del departamento. El sistema no pudo impedir que se llevaran las cosas. Pero pudo identificar el horario y las credenciales en la entrada. (Falsas, por supuesto) El registro de las desconexiones permitió hacer control de daños. Y luego presentar la denuncia.

Ahora que lo pienso, me imagino que ese debió ser el origen de lo que pasé. La IA del edificio era buena para cobrar las expensas, monitorear el mantenimiento, y enviar los drones de limpieza. Pero no era buena para la seguridad.

Mi problema era que la cafetera eléctrica empezó a ponerse mañosa. A menudo me daba el café frio, y si no, demasiado caliente. Cuando le preguntaba, me daba mensaje de error 501, y que se requería actualización del programa.

Para estar seguro, le pregunté al resto del equipo. La heladera presentó una queja mínima por falta de limpieza. Lo resolví pasándole el trapo fines de semana de por medio. El lavarropas no se quejó. El televisor, la consola y la computadora fueron indiferentes. Así que, la actualización no era necesaria. A fin de cuentas, podía calentar en el microondas, y enfriar en la heladera.

Pero eso empeoró las cosas: con la excusa del error y la actualización, fue trabajando a su total antojo. No solo me daba el café fuera de punto. Produjo de más y de menos para mis consumos habituales. Lo disimuló con oferta de distintos tipos de café. Naturalmente, empecé a sospechar.

Sin embargo, no iba a buscar pleitos de entrada. Le avise que iba a consultar con el propietario para resolver el problema. Desde la administradora me llego un mail al trabajo. Avisaba que no alcanzaban los fondos para comprar la actualización requerida, y que cualquier intervención iba a quebrar el feng shui del lugar.

La represalia fue sobreproducir café. Y distribuirlo gratis entre los departamentos vecinos. Mis tarjetas estuvieron a punto de quebrar. Tuve la tentación de usar un pulso electromagnético contra el maldito aparato. Pero el resto de la casa no merecia tal castigo.

Dejé que la cafetera hiciera lo suyo.

Pero todas las veces que salí a comer afuera, puse unos códigos en mis tarjetas. Y aproveché las capacidades de la IA del edificio para registrar los momentos que la cafetera tomaba el control de la casa.

Le seguí el juego hasta la semana pasada, que me mude aquí. Deje todo pago, hasta cierto punto. (Expensas, cuota, y tramites)

Ah, y ahora tomo mate. Amargo. Con una pizca de café.

Tato

El arte del interrogante

Para resolver el fin del mundo, lo principal es considerar que todo lo que nos ocurre y rodea tiene relación íntima con el arte y la ciencia de hacer preguntas. Es un hecho comprobado que a medida que vivimos, estamos buscando respuestas en la gente y las cosas. Sucede con frecuencia que cada replica conduce a preguntas y respuestas y esas nos conducen a tantas otras; Al final, cada tema que indagamos se cuenta en una historia – quizás también una histeria – que sirve para darle entidad a esto por donde andamos, es decir el mundo.

Mucho me sospecho que “La fin del mundo” nos va a llegar ese día en que no sea necesaria la idea de un planeta donde andar. Esa fecha será cuando tengamos todas las respuestas sin necesidad de hacer preguntas. Ahora que lo pienso, esa ocasión será posible solo si nadie llega a preguntar por aquel día.

Cada tanto hay personas que piensan en esta clase de asuntos, pero quizás por miedo a la nada no se atreven a juzgar y expresar el tema tal cual. Por ahora la mayoría de las culturas andan un tanto lejos de este interrogante. A juzgar por el estado de cosas, quizás no sea buen negocio. Así que es bien probable y posible que estemos aquí como raza por una cantidad de milenios.

Tato

Un cuentito mio – Sangre Azul

Bueh, como venía diciendo… pasó que después de muchas vueltas, la princesa besó al sapo, y así se rompió el hechizo que vos ya sabés. Se casaron, fueron a vivir a un palacio alquilado, y como había subido mucho el precio del kilo de perdiz tuvieron que arreglarse con unos churrasquitos y con algunas supremas de pollo…fueron tapa de revistas, recibieron propuestas de varias editoriales por los derechos de autor para autobiografías, cuentos románticos de hadas, cosas así…agarraron viaje en algunas, mucho más para dar gusto a la parentela que por reales necesidades de hacer publicidad. La fama les duro poco; fueron “la pareja perfecta”, hasta que en el otro reino surgió lo de la cenicienta, y en cuestión de pocos días se olvidaron de ellos.

Una cosa que poca gente sabe es que cuando en la corte empezaron a darse cuenta de que les iba faltando prensa para este asunto, casi se armaba la podrida entre la familia de él, que tenían el mayor porcentaje de comercialización de los cuadros, recuerdos y demás cosas de promoción, y la de ella, que a decir verdad estaban un poco podridos de toda la comparsa. Mira vos que había que bancarse por lo menos seis horas todas las semanas que viniese el pintor fulano de tal, que eligiese donde hacer el cuadro, quedarse piola posando a pesar de querer ir al baño, limpiar el enchastre de grasa, óleo, aguarrás y otras porquerías que dejaba en los tapices, y encima invitarlo a comer para quedar bien con la gente de la editorial que lo mandaba…Lo que estaba contando era que una vuelta casi se armo la de San Quintin porque pasó que un primo del rey, que estaba construyendo un hotel, aprovechando que venían turistas por la boda, había sacado retratos de la princesa mientras se estaba bañando, y del príncipe comiendo hormigas y moscas con las manos sucias y sin cubiertos; como te habrás imaginado, esto salió en todos lados…

El chusmerio estaba insoportable: andaban diciendo por ahí que los iban a divorciar, los iban a desheredar… y mirá hasta que punto había llegado la cosa, que salió una vez que esos cuadros no habían sido los primeros que trajeron discordia al reino; un ama de llaves retirada le contó a “Princesas” que había escondidos en un castillo otros mucho mas zafados, de cuando los padres de ella eran jóvenes, donde se los veía haciendo cosas terribles, como bailar minué arriba de las mesas, mostrarle el culo por la ventana a la servidumbre, ir en carroza sin registro a todo lo que da, y cosas por el estilo…

Vos sabés como son los periodistas cuando escrachan a alguno; que la libertad de prensa, que solo dicen lo que dicen las fuentes, que esto y que lo otro, y encima hay que soportar que los trapos sucios salgan en primera plana, y que las desmentidas salgan en un cuadrito en la ultima pagina, al lado de los chistes.

Ahora, fíjate también que la corte son una manga de atorrantes, y cada vez que pueden, lo hacen quedar muy mal al rey…acordate del escandalete que se armó el día que le vendieron ropa invisible, que solo los buenos de corazón la podían ver, y pasó que lo estafaron en no se cuanta plata, o de esa vez cuando le dieron un diario con todas las noticias falsas, y por poco le declaramos la guerra a medio mundo…

Bueh, a los pocos días del asunto de los cuadros, sacaron una ley para cobrar multas a los medios que hablaran mal del rey, o de ellos… y como con eso no les alcanzó, le agregaron penas de cárcel y no me acuerdo bien si también pusieron que había que batirse a duelo… Ya que en el fondo el asunto no daba para tanto, al final pasó que en la oficina de bandos y decretos de la corte hubo alguno que se hizo el distraído, y se olvidó ponerle dos o tres sellos a la ley, y además dicen las malas lenguas que algunos medios pagaron para que una bruja le hiciera el mal de ojo al muchacho que lee las proclamas reales para que no fuera a trabajar el día en que estaba previsto que se diera a conocer la ley, que al final no pudieron promulgarla, porque estaba el tema de los sellos, y la firma del rey estaba algo borroneada…bueno, el decreto quedo al fondo de un cajón y ahí está durmiendo hasta que lo escriban de nuevo, lo borren o lo manden a la basura.

Pero aún así, agárrate fuerte, porque lo peor de todo todavía no te lo conté, y viene ahora…

Mirá, la cosa empezó una mañana en que vino a la corte un gato con botas, bien vestido el minino, que decía ser el mayordomo y heraldo del marques de no sé cuánto, y que venía a pedir audiencia para hacer unas inversiones en nuestro territorio. Los ojos de los nobles se hincharon con el signo pesos y lo atendieron mejor que a dios. Que por favor sírvase de esto, señor heraldo, que venga mañana al banquete del archiduque, que pase por la recepción del barón, que la charla en la glorieta de la condesa, y palabra va, palabra viene, todo eran proyectos interesantes pero cero guita. Siempre que le preguntaban por este detalle contestaba que los fondos estaban depositados en un fideicomiso del banco de los elfos hiperboreos, y que el marques tenia que endosar los cheques, que por favor no se pusieran impacientes, que ya le había mandado carta a su patrón, y que el asunto se iba a arreglar pronto.

En dos o tres revistas de política, (en los chistes, creo) al gato lo llamaban “sanguchito de miga”, porque estaba siempre en todas las fiestas. Después de cuatro o cinco meses de cobrar anticipos, y hacernos esperar por las obras y algunas mercancías, el gato se mandó a mudar; eso sí, pidió disculpas por la demora, dijo que los gastos de hotel los iba a pagar su dueño, que venía en camino para acá con los papeles, y que todo se iba a arreglar. Les dio un retrato del marques para futura referencia, y se tomó el primer buque que salía para puerto de los maderos, que también lo cargó a la cuenta de su patrón.

Al día siguiente vino al reino un hombre descalzo, con hambre, la ropa rota, la barba larga y acento extranjero. Una piltrafa, el pobre tipo. Los monjes le dieron refugio, y el les contó de un gato chanta que lo había estafado, robándole las botas. Que era zapatero, que tenia un buen negocio, y una vuelta quiso tener sociedad con algún capitalista, para ver si podía poner unas sucursales por otros reinos. Les mostró un recorte con la cara de minino. La epidemia de desmayos que hubo, no te la puedo contar. Empezando por el rey, todos tardaron una semana o dos para reanimarse. Y lo rico del asunto fue que algunos marqueses que pusieron plata de adelantos y comisiones por futuros negocios con el gato pidieron una indemnización al tesoro real para limpiar el “agravio moral” que esta trapisonda les había causado, por “ofensa al titulo”. Después saltaron todos los demás arruinados por el gato, que también querían plata. Y el pobre rey tuvo que prometerle una vela a cada santo, que sino podía perder la corona y la cabeza donde la llevaba puesta.

Entonces fue que empezaron a inventar algunos recursos para hacer unos mangos, con intención de tapar el déficit fiscal. Lo primero que se dio a conocer fueron los bonos de deuda. Yo la verdad no conozco de economía, pero pude enterarme que esos papeles valían como juramento de pago de la corona para las deudas importantes, especialmente con el extranjero.

La idea funcionó mal desde el principio; la deuda era enorme. No había oro para pagar la publicación de los bonos, y pese que siempre fueron gente de confianza en la capital (un poco loquitos, pero de fiar en las cosas importantes) la crisis no tardó en venir. Entonces a algún generalucho – de esos que nunca faltan en el ejército – se le ocurrió declarar la guerra a los reinos limítrofes y saquear sus riquezas para fortalecer nuestras arcas con sus tesoros. Otra vez sopa: todos nuestros vecinos estaban bien defendidos en ubicaciones estratégicas y muy bien armados hasta los calzones. Los enanos del servicio secreto en nuestro propio reino advirtieron al rey y demás autoridades que los riesgos superaban por mucho cualquier ganancia potencial. Algunos contaban con ejércitos de gigantes; otros usaban un misterioso polvo negro que al entrar en contacto con cualquier fuego destruía todo.

Cuentan que en la corte hubo unos cuantos que leyeron esta información, pero sin prestarle demasiada atención que digamos: estaban mucho más preocupados por otro informe reservado, que hablaba de una supuesta conspiración dirigida por un flautista que con su música seducía a las jóvenes y finalmente las llevaba hacia su perdición. Varias autoridades estaban interesadas en comprar las partituras del susodicho gaitero. Al punto, nuestro general Gulliver no hizo caso a los que sabían y se mandó nomás para volver a casa con la mitad de las tropas, algunos barcos más o menos enteros y las manos vacías.

Por los gastos ocasionados en las aventuras de nuestro glorioso general, la deuda finalmente se hizo mucho más grande. El asunto – tal como lo veían los expertos – era pedir un empréstito exterior para financiar el estado, o más bien dejar de ser un reino y dedicarnos a otra cosa.

Creo que me olvidé de decirlo antes, pero siempre que se hablaba de la deuda se maldecía al gato, y más de un noble quiso – por decreto local y orden judicial de ultramar – que la deuda la pagara el felino. En los virreinatos ofrecieron recompensa por su captura, ya sea vivo o muerto. Un conde que visitaba las provincias contrató a un famoso asesino a sueldo extranjero para eliminarlo. Ninguna de las dos cosas funcionó. Primero, porque – por supuesto – en los virreinatos no había fondos suficientes para una recompensa, y lo único decente que podían ofrecer algunas regiones eran algunas mantequeras de plata de muy baja calidad. Segundo, porque luego de las expediciones no había quedado casi nadie con el talento y la habilidad necesarios para buscarlo, y ningún soldado decente iba a arriesgar el pescuezo por una miseria.

Aun así las cosas, hubo grupos formados por mayordomos y funcionarios cesanteados, comerciantes arruinados por la crisis y veteranos de las expediciones gulliverianas que se presentaron ante las autoridades con falsos gatos bien vestidos (algunos de ellos vivos y enjaulados) y diversa documentación fraguada con intención de cobrar el premio y finalmente salir de pobres.

El resultado de sus intentos es que más de un chanta terminó colgado de los pulgares, y en los cuarteles hubo deliciosos guisados de “liebre con papas” para los soldados en actividad. Nunca más se vio siquiera un cuarto de bigote del auténtico Gato con botas en ninguna parte. Algunas brujas y adivinas dicen que finalmente fue descubierto en una tierra lejana. Agregan algunas que, huyendo de las milicias, fue buscando escondites en los bosques. Al esconderse entre las raíces de un árbol añoso, finalmente cayó en un hueco de conejo por el cual fue a parar al país de las maravillas. Como sea, estamos mucho mejor sin él.

Ahora las cosas están cambiando, y no sé muy bien que va a traer el futuro; hace poco se firmó el contrato para que dejemos de ser un reino. Ahora somos una sociedad anónima. Los castillos siguen en su lugar, por suerte, pero están en marcha una gran cantidad de cambios. Han traído algunas máquinas y carruajes de aspecto muy extraño, al menos para mí. Están construyendo algunas estructuras (creo que son establos) con grandes tubos de un metal al que llaman “aluminio”. Últimamente se habla mucho con algunas palabras que no comprendo del todo… Lo que más resuena en las charlas por las calles, los bandos, pregones y publicaciones son las voces “Franchasing” y Merchandising” Supongo que debe ser un nuevo sistema de bandos y decretos. También se habla que hay cobro de “Royalties”, palabra que me suena familiar, pero no se bien el sentido: parece un nuevo tipo de conjuro… vaya una a saber

Han puesto un gran cartel donde antes estaba la entrada al reino; y la verdad, me gusta como esta hecho, pero no alcanzo a entender muy bien que quiere decir. Dice algo como así como DISNEYWORLD