El Fulgor Argentino: Notas sobre progreso y modernidad en nuestro modelo agroexportador – tercera parte

Resumen: Esta es la tercera y última parte del asunto.

El tren de la historia

Más que los bancos y los barcos, los trenes dieron forma a nuestro mapa físico y económico. Las rutas nacionales y provinciales no existían. Actualmente, casi todas están hechas mierda. Otras están incompletas; algunas existen únicamente en papel, tinta, y papel moneda. Pero eso es otro cantar. Vayamos a la vía.

  • Un Dato: La política de estado es ofrecer facilidades para atraer inversiones. El año es 1862. El presidente es Bartolomé Mitre. El estado nacional argentino garantiza ganancias del 7 por ciento a quienes inviertan en el ferrocarril Rosario – Córdoba, sobre un capital de unas 6.400 libras por milla. Se trata de un paquete de medidas. Incluye reparto de tierras para la infraestructura, exención de impuestos para estimular el negocio, y total libertad para fijar las tarifas. Hay el mismo criterio para el ramal a Chascomús.
  • Más datos: El año es 1875. Esto es una fracción de las inversiones británicas en argentina, según una fuente de la época. Va mini cuadro para ilustrar la cosa.
Áreas productivas Capital en libras
Ferrocarriles 6.609.750
Compañía de tranvías de buenos aires 800.000
Inversiones directas 4.000.000
  • Dato adicional: El año es 1885; el presidente es Carlos Pellegrini. La banca Baring otorga a la argentina un préstamo por 42 millones de pesos oro para extender los ferrocarriles andino y central norte.

Para más detalle, agregamos tres cuadritos. La idea es ilustrar las proporciones entre algunas cifras clave de la economía nacional y los trenes.

Cuadro 1 – Situación de los ferrocarriles desde 1913 a 1917

Año Cantidad de Pasajeros Cantidad de Mercaderías (en toneladas) Producido total (en pesos oro) Gastos de funcionamiento
(en pesos oro)
Entradas netas (en pesos oro)
1913 82.322.800 42.033.300 135.619.800 83.135.200 51.884.600
1914 75.103.800 33.506.800 111.861.500 72.923.000 35.938.500
1915 67.401.100 35.655.700 121.029.000 76.623.900 44.395.100
1916 64.829.900 36.630.600 125.568.800 81.404.900 44.163.900
1917 57.595.700 31.562.000 118.502.000 89.118.200 29.877.900

Nota: Se cuenta que en el cuadro de arriba, no hay cifras muy exactas. Los números vienen de compilar algunos informes de contabilidad de las empresas británicas residentes acá.

Los expertos opinan que quizás hayan inflado números 
para dejar contentos a los accionistas en Londres. Pero es lo que hay.

Cuadro 2 – Personal de los ferrocarriles de 1913 a 1918

Año Directivos Vía y Obras Trafico Personal de estaciones y talleres total
1913 5033 55881 35020 35856 132810
1914 5844 47497 32754 32844 118939
1915 5151 45688 32330 33897 117066
1916 3982 39485 34001 34707 112175
1917 5009 30361 32504 34745 102619
1918 5942 28844 39161 38292 112239

Cuadro 3 – relación entre las cuentas nacionales y el ferrocarril

Año fiscal Entradas brutas del FFCC Rentas de la nación
1890 $ 26.049.042 $ 29.143.767
1920 $ 218.485.374 $ 228.402.483
1925 $ 250.680.363 $ 291.510.498

Nota: resulta evidente que las ganancias ferroviarias eran parecidas a las rentas del país. Así que, su capacidad de cabildeo era importante. Los valores arriba son pesificados, al tipo de cambio de sus respectivas épocas. (Si quieren romperse el coco, pueden actualizar las cifras al valor vigente…)

Ampliemos los ramales con dos mini historias:

  • Ferrocarril Oeste: El día es el 12 de noviembre. El año es 1854. Por iniciativa de un grupo de empresarios argentinos, hay un ferrocarril desde parque – el actual teatro colon – hacia el barrio de flores. Por un decreto provincial de aquella fecha, hay la concesión para el servicio.

    El proyecto dura unos 27 años. Es una empresa rentable, que brinda muy buen servicio de pasajeros y carga. Un rebote muy favorable es que valoriza los terrenos por donde pasa. La cosa se pone tan buena, que algunos compran leguas de tierra a los lados de las vías. Se animan a construir casas ahí. En 1860, el ferrocarril oeste tiene 39 kilómetros de vía.

    Pide préstamo
    al estado nacional para extenderse hasta Mercedes. Se lo otorgan en 1862. Al advertir que tienen competencia, los ingleses hacen presión para sacarlos del mapa. En 1886, el Unicato juarista le corta caminos al ferrocarril oeste. Finalmente lo estatizan, para luego privatizarlo a precio vil.

  • Y el Pescado, sin vender: Las vías siempre hicieron tándem con los puertos. El estado construye el puerto de aguas profundas de Mar Del Plata. Invierte más de 30 millones de pesos. Lo terminan. Vienen barcos, y se mueve la cosa.

    La idea es combinar con los trenes. La capacidad de lobby de las empresas británicas tiene su encanto. Y el ferrocarril sur pasa por otro lado. Para no quedarse con la pesca sin vender, la carga recorre 450 kilómetros diarios para llegar hasta Buenos Aires. Pongamos un poquito de optimismo. Asumamos que la llevan fresca y congelada, enlatada, y que la habrán vendido bien en Retiro.

Los ferrocarriles siguen siendo transporte importante en nuestro país. Los estatizaron, los privatizaron, y los han vuelto a estatizar más de una vez. Hubo huelgas, hubo cierres, hubo reaperturas… hubo de todo. Pero, como no queremos hacer mal el trasbordo, pasamos a la sección que sigue. Habla de la argentina del Centenario.

Cent´Anni!!

En la segunda parte de “The Godfather”, Freddo Corleone explica una tradición italiana a su esposa trofeo: los momentos felices deberían durar cien años. Y ese buen deseo se usa para brindar. Argentina era una fiesta entre 1910 y 1916. No era poco. Llegábamos a nuestros primeros cien añitos de libertad e independencia. Claro que la fiesta era solo para anfitriones e invitados. En el cuarto de servicio, sonaba otra milonga. Algunos episodios.

  • Origen de los conventillos: Hacia 1871 comienza la epidemia de la fiebre amarilla en buenos aires Hay hasta 500 muertos en un día. La oligarquía se muda de barrio, para esquivar la peste. Poco antes de una epidemia de cólera, nuestras fuerzas vivas rechazan un proyecto de saneamiento. La idea es construir redes de cloacas y agua corriente en la ciudad de buenos aires. El objetivo es atajarse de la peste. Cuando la cosa se pone brava, reculan. Llaman de vuelta a los ingenieros británicos que habían hecho la propuesta. Aquel asunto implica un préstamo externo y un proyecto a mediano y largo plazo.


    Pero antes de irse, saben alquilar piezas en sus antiguas residencias a los pelotones de inmigrantes recién llegados. Aquellos palacetes quedan como “Conventillos”. Son casas con varias habitaciones, pegadas entre sí. Las estructuras son parecidas a los conventos religiosos, pero en menor escala.

    Tienen habitaciones de 4 metros cuadrados,
    sin ventilación, que a menudo alojan 10 personas. Los inquilinos – muchos tenían que laburar en el puerto – consiguen lugar en La Boca, Monserrat, y San Telmo. El centro de la ciudad queda en la Avenida de Mayo en aquellos tiempos. Y la vuelta de Rocha es la entrada a la argentina. Puerto madero todavía no existe.

    Un censo de la ciudad de 1904 informa que de los 950.891 habitantes de buenos aires, 138.188 reside en las 43.873 habitaciones de las 2.462 casas de inquilinato porteñas; es decir que más del 10% de la población de la ciudad está en los conventillos. En muchos casos hay: Un solo baño para 80 personas, techos de zinc en malas condiciones, y paredes rotas. Nuestros tatarabuelos sobreviven ahí de pura suerte, de milagro, y quizás por una mala salud de hierro. Tachen lo que no corresponda.

  • Huelga de las escobas: El año es 1907. El lugar es ituzaingo 279, un conventillo de capital. El dueño es un tal Pedro Holterhoff. El gobierno anuncia aumento del impuesto inmobiliario para 1908. Los dueños de los inquilinatos se adelantan, y cargan ese costo a la cuota mensual. Las comodidades de los conventillos son taantas, que un chico de 15 años – un tal Miguel Pepe – inspira la primera protesta de inquilinos.

     

    Los vecinos de la calle ituzaingo deciden suspender el pago de la cuota, mientras reclaman por mejoras. La policía federal manda a reprimir: El operativo en San Telmo lo barre a Miguelito. Y ya que “Con los chicos, no” hay adhesiones a la causa en el velorio y entierro del joven. Cuando lo llevan a Chacarita, todos marchan con escobas en las manos. Igual, la policía se mete. Hay heridos.

    La huelga de las escobas empieza oficialmente en octubre del 1908. Prende entre unos 500 conventillos en capital. Se suman los inquilinatos de Bahía Blanca, Rosario, La Plata, y Mar del plata. La protesta declina a partir de noviembre, cuando hay algunos logros.

  • CATE para todos: El año es 1898. Hay un simpático monopolio en el sector energético de la ciudad de buenos aires. En el rincón azul, la Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad (CATE) Invierten en usinas termoeléctricas, que producen energía a base de carbón. También desembarca en la red de tranvías de la ciudad, que consume electricidad. La compañía Anglo Argentina (CAA) le planta cara: Parece que se va a poner brava la cosa, pero no. CATE y CAA pactan entre sí. La energía para los alemanes, y los tranvías para los ingleses.

    Durante el mandato del conservador Alberto casares, hay un plan: poner usinas eléctricas chicas a cargo del estado, para romper el monopolio. El proyecto obliga a las compañías de tranvías que compren un cupo de energía eléctrica al estado. Hay campaña de prensa contra estas medidas. Eso no impide que la ciudad construya – al menos – una usina propia. La reacción de la CATE es “comerse” todas las compañías chicas del sector. De postre, se queda también con la usina municipal.

    En el rincón rojo, sale a la arena – aunque no demasiado – el consejo deliberante de la ciudad. Sucede entre 1907 y 1908, en la intendencia del radical Carlos Alvear. (Es el hermano de Marcelo T.) Hay trámite exprés para extender la concesión a la CATE. En una sola sesión, cumplen completo y por unanimidad el protocolo legal. Esto significa que aprueban el pliego, sin siquiera abrir el paquete.
    Sospechoso.

    La CATE participa en varios episodios de corrupción. Pero pertenecen a la “década infame” (1930 -1940) y se salen de nuestra cronología. Para no dejarlos a oscuras, contemos uno solo: en 1936, hay una comisión investigadora sobre los negocios de la compañía. Las actividades de aquella comisión empiezan firmes. Pero quedan flojas. Las investigaciones del tema sugieren que hubo coimas a las personas adecuadas. Fin del cuento.

  • La Zwi Migdal: Entre 1903 y 1906 aparece la primera red moderna de trata de personas en argentina. La fundan y organizan entre un grupo de cafiolos de origen rumano, polaco y ruso. Es versión criolla de la mafia judía. Operan más que nada en Buenos Aires y Rosario. La franquicia llega hasta Brasil y la madre patria. Es decir, Polonia.

     

    La fachada es una asociación de socorros mutuos. Traen importadas chicas de Europa del este. El casting es para chicas entre los 13 y 16 años. Van a buscarlas allá, en las aldeas judías pobres más castigadas por ataques antisemitas organizados. Al punto, conviene recordar que hay broncas, que luego estallan en la primera guerra mundial. La información sugiere que buscan jóvenes redondamente analfabetas, o con poca instrucción. Son fiolos, no estúpidos. Las víctimas tienen que ser fáciles de manejar.

    La mayoría de las victimas llegan engañadas hasta acá. Hay quien opina que algunas ya ejercen allá, para zafar del hambre. Otros sostienen que hay ardides. Les prometen empleo y matrimonio. Los datos indican que en el barco las enjaulan y hambrean, para ablandarlas. Cuando llegan, las prostituyen al toque. Empieza con una subasta privada, donde las ofrecen en bolas al mejor postor.

    La conga dura unos 15 años, sin que nadie les toque ni la sombra.
    Se cuenta que locales y otras colectividades tienen también sus quioscos. Pero los moishes manejan la mejor carne y el mejor precio del mercado. La comunidad judía internacional los tiene junados. Hacen predica para que nadie alquile casas al rufianato. Los rabinos argentinos condenan moralmente a los fiolos. Sin embargo, la sanción no pasa de la retórica y pequeños gestos. Se cuenta que se les prohíbe la entrada a las sinagogas. Ampliaremos.

Se cuenta que hubo una comisión oficial para organizar los festejos de la revolución y la independencia. Se llamó “Comisión del centenario”, y hay quien opina que fue un pozo de corrupción. Luego de los años locos de festichola, alguien tuvo que pagar la cuenta. Esa función le tocó a la Unión Cívica Radical en el esquema de nuestro desarrollo.

Los platos rotos

Estamos en 1916. Empieza el Yrigoyenato. Al radicalismo le toca bailar con la más fea. Hace muy buena oposición, y tiene una gran campaña. Es una gran fiesta cívica. (Leandro Alem, que tanto hinchó las pelotas para lograr esta meta, se la perdió por un ligero caso de suicidio) A través de su propia red de comités, la UCR es paternalista: ofrece bienes y servicios para ganar afiliados. Venden barato “el pan radical” y otros productos de la canasta básica. Ponen consultorios médicos, organizan proyecciones de cine, fiestas de carnaval y demás.

En el fondo, la UCR usa tácticas parecidas al patronazgo, desarrollado por sus “primos”. Es decir, los conservadores. Solo que el target radical es mucho más masivo. La radicheta gana por la mayoría de los votos, y con el nuevo sistema electoral a favor.

La UCR no llega sola. Comparte podio con el partido demócrata progresista(PDP) y el socialismo. (PS) En los gremios, la mayoría es anarquista. Muchos hijos de inmigrantes simpatizan con la UCR y el PS. Pero sus padres – con experiencia argenta de años – desconfían de estos “pezzonovantene”. En la trilogía “The godfather”, esto significa “uno con noventa”. Donde siempre falta una guita para los dos mangos, no da… ¿capische?

La monada estaba podrida del PAN. Sin embargo, luego de las elecciones el kilo de flautitas se va al cielo. La primera guerra mundial distrae a los capitales europeos – bah, capitales golondrina británicos – que se retiran bastante de Sudamérica. Ya que “en mercado vacío, no entran libras” nuestra economía se va yendo gradualmente al carajo. Entre 1914/1918, sube el costo de vida en las ciudades. 65% más o menos. Detalles sórdidos, aquí abajo.

Rubro Aumento promedio aproximado
Alimentos 40%
Alquileres 15%
Confecciones 300 %

Las tendencias inflacionarias están presentes durante todo el radicalato. Y duelen en el bolsillo. La ropa sube mucho porque viene de afuera. Y por una vez, la materia prima es europea en este caso.

Otra importación estratégica que sube es el carbón. En esta época, es un insumo industrial para producir electricidad, además del asado. (Recuerden CATE) Las variaciones de precios dependen de un bajón en las cantidades, por ciertas crisis previas a la primera guerra mundial. Se habla que argentina mantiene sus cuotas de exportación, y eso jode las ganancias.

En términos técnicos, Yrigoyen es un líder populista y
dirigista moderado: Justifica su autoridad por el apoyo masivo que recibe en las ciudades. Por lo general, los populistas buscan ganarse aplausos con ricos shows en vivo.

Sin embargo, el Peludo no sigue esta receta clásica; se cuida de exponerse hasta el extremo. Pero no es ningún boludo: Se gana la confianza y simpatía del pueblo mediante su entorno. Y en un punto, el misterio le juega a favor. Pero más adelante, le hace contra.

El estado radical deja el campo sin tocar. Mientras tanto, interviene la economía urbana. Con la reforma universitaria, libera el acceso a las profesiones liberales para la clase media ciudadana. Esto trae crecimiento del sector de servicios en el mediano y largo plazo. Pero como el zapato viene apretando, manda al congreso dos proyectos de ley.

  • Impuesto al redito personal: se parece al actual impuesto escalonado a las ganancias. Los salarios obreros y de clase media oscilan entre los 2500 y 10.000 pesos anuales; se cobra una tasa anual que va desde 0.75% en los salarios mínimos, hasta el 7 % en los más altos.
  • Banco de asuntos agrarios: Para fomentar colonias y granjas en el interior.

Los dos proyectos fracasan con ruido en el parlamento. A nadie le gusta que le toqueteen su bolsillo. Es el órgano más sensible de cualquier argentino. De todas maneras, hay un tercer proyecto que triunfa: se trata de un impuesto temporario a las exportaciones agrícolas.

  • El dato: Hablemos de los “Ñoquis Radicales”: Para zafar, el Yrigoyenato aumenta la cantidad de empleados públicos. La intención es calentar la economía. Reparten empleos a través de los dirigentes en cada comité. Hay internas fieras entre los punteros por acceder directamente al “peludo”, y si no, a su entorno. Inclusive con batallas y corchazos.
  • Más data: La idea entre los punteros es conseguir la mayor cantidad de puestos. Luego de la repartija, se sabe que 10 de 100 empleados nuevos van al laburo. El resto, a pasar por caja el 29. Y si preguntan, amnesia temporal. Un detalle; en un porcentaje, dejan sin tocar los empleados de la administración anterior. Hay algunas purgas, pero quedan en pura murga. En consecuencia, aumenta la burocracia estatal.

Por causa de la crisis, hay inflación. Los gremios socialistas y anarquistas organizan unas bonitas huelgas: Hay paro de ferroviarios, navieros, frigoríficos… elijan ustedes su propia aventura. El detalle es que la UCR especula con el uso del poder de policía del estado para liberar zonas o reprimir, con fines electorales.

Aparece una tercera corriente gremial: los “sindicalistas”. No les interesa ninguna revolución; quieren sobrevivir al laburo. Piden lo mismo que el resto. (Ocho horas de trabajo, mejoras salariales, y descanso dominical.) La UCR negocia bien con ellos. A cambio de zonas liberadas, obtienen votos. Al punto, hay apoyo a las huelgas en las empresas extranjeras que operan en capital federal. El resto… si te he visto, no me acuerdo. Los episodios de Vassena y la Patagonia son exactamente dos excepciones que confirman la regla.

Además de repartir cargos, el peludo usa y abusa de la
intervención federal sobre aquellas provincias que traen problemas. Según nuestra constitución, la intervención es un mecanismo legal para pacificar conflictos. Sin embargo, los radicales lo usan para mantener unido al partido, expandir su influencia, y demostrarles a los demás quien tiene las riendas. Este criterio trae consecuencias personales a la larga para Yrigoyen. Ampliaremos.

Cuando asume Alvear, hay cierta continuidad con cambios. Marcelo T. proviene de una fracción de la oligarquía que participó de la revolución del parque. Ni él, ni su equipo, son menos radicales por eso. (No olviden que Juárez Cellman no convidó negocios a cierta gente. En represalia, algunas familias integraron la UC y la UCR.) La diferencia es que Alvear tiene cierta economía a favor.

Año Volumen de exportaciones Volumen de importaciones Valor de las exportaciones Valor de las importaciones
1914 100 100 100 100
1915 127 84 116 114
1916 112 81 129 142
1917 79 70 171 176
1918 113 62 174 256
1919 135 86 190 244
1920 133 111 200 276
1921 116 103 138 228
1922 153 112 109 188

En la interna, el “grupo azul” no comulga con el “Peludo”. Opinan que la presidencia de Yrigoyen fue darle demasiado poder a una sola persona. En 1924, el ministro del interior de Alvear – un tal Vicente C. Gallo – se atreve a proponer un partido nuevo. La unión cívica radical anti personalista. La idea prende en Santa Fe, mientras Buenos Aires banca a Yrigoyen.

Alvear alienta la idea. Pero con cautela, para evitar su propio suicidio político. Al final, queda fuera de las 40 del mazo. Gallo pierde las elecciones internas de ese año. Y queda en cacareos: Se sabe que pretendía hacer, a su modo, lo mismo que criticaba a los Yrigoyenistas. La UCR elige a Hipólito Yrigoyen, y lo avalan para una segunda presidencia.

En paralelo, Alvear pide préstamos a los bancos del interior, el ferrocarril y otras fuentes de dinero. Queda formada una deuda flotante, cuyo capital sirve para financiar al estado.

Llega la primera posguerra mundial. Inglaterra se está lamiendo las heridas, y no tiene intención de girar libras acá. Hay poca recaudación fiscal, crece el gasto público, y la deuda flotante del estado Las importaciones varían según el conflicto afuera. Tiene que hacer recortes, buscar fuentes de dinero, y mantener andando la comparsa. Va cuadrito

Año Importaciones (Millones de pesos) Recaudación fiscal(Millones de pesos) Gasto público (Millones de pesos) Deuda flotante (Millones de pesos)
1913 1130 350 403 94
1914 730 250 419 256
1915 690 230 400 422
1916 830 233 375 515
1917 860 228 390 627
1918 1140 298 421 711
1919 1490 368 428 795
1920 2120 481 503 682
1921 1700 495 559 745
1922 1570 461 614 893
1923 1970 549 632 875

La novedad de la época es que unas empresas norteamericanas invierten unos dólares acá. Se especializan en bienes de capital y productos durables de consumo. En el mercado doméstico, los trenes ingleses y los autos americanos compiten por el gusto argentino. Unos comen carbón, importado de gran Bretaña. Otros comen petróleo, que se puede conseguir acá.

Hay discursos de la época que apuntan a proteger las materias primas nacionales. Por o a pesar de la retórica, Alvear necesita más guita en el presupuesto. Si no, se cae del mapa.
Las cifras más arriba explican que el recorte y la deuda flotante no alcanzan. La muy norteamericana Standart Oil Company desembarca en argentina. El Alveario le otorga permisos para explorar y perforar pozos en Salta. Se cuenta que un juez salteño suspende esas medidas, y la compañía demanda al estado.

En su segundo lanzamiento para presidente, Yrigoyen especula con nacionalizar el petróleo. La estrategia es prometer un país rico en recursos, que banque al estado. Incluye industrializar al país en parte; pero la meta real es ocupar a la burocracia en el tema. Hay campaña de prensa contra la Standart Oíl. Mientras tanto, se hacen olímpicamente los otarios con los británicos, que también están en el área. El carbón no venía de acá. Al punto, los Yrigoyenistas en campaña barajan tres iniciativas para el sector energético.

  • Algunos buscan que el mercado haga lo suyo, con más iniciativa privada.
  • Otros proponen sociedades mixtas entre el estado y las empresas privadas.
  • Algunos proponen una tercera opción: Que el estado regule el área, y conceda permisos a los privados mediante licitación pública. Estamos hablando de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. (YPF) La idea es agrandar el combo con minas de carbón locales. Eso queda para yacimientos carboníferos fiscales. (YCF) Este es el proyecto que queda finalmente.

Al final no pasa nada. YCF/YPF queda en puro carpetazo. Los gobiernos que siguen lo hacen realidad, general Mosconi incluido. Luego usan y abusan de concesiones a los amigos, y el precio de la nafta como caja para financiar sus jodas. Pero eso es otro cuento.

Durante el Alveario, lo peor que podía pasarle a un correligionario era quedar cesanteado. Era gente que comía gracias al puestito que le había dado el partido. Para ellos, el comité se había convertido en un medio y modo de vida. Algún comentario de segunda mano de Arturo Jauretche dice: Los radicales cesantes vivieron los despidos como una tragedia. Don Arturo traza contraste entre ellos, y los peronistas. Ellos esperaban que el partido los rescatara. “Para ellos, era más una cuestión de reconocimiento, de jerarquía… pero no podía ser”. Los peronistas, por su parte, ya estaban acostumbrados a pasarla mal mucho antes de Juan Domingo Cangallo.

Volvamos a los años 20s: Se cuenta que la “mano de obra desocupada” Yrigoyenista aprende a reciclarse a sí misma; Se cuenta que los caudillos radicales de barrio se meten en el negocio del juego clandestino y la prostitución. Por la libre, aparecen los compadritos y las patotas bravas, las paicas y las grelas, que tantas milongas y tangos ilustran.

Pero la cosa no es tan rosa como cantan. Hacia 1929, cae la Zwi Migdal. Los rufianes compran a la gente indicada, y son intocables por largo rato. En 1926, hay una chica llamada Perla Perzeloska, que consigue mandar una nota en yiddish, avisando de su cautiverio. La rescatan. Tres años más adelante, Raquel Liberman presenta denuncia con pruebas contra la organización, y declara en juicio. A diferencia de otras, Raquel sabe leer y escribir. La llevan engañada, como a la mayoría. Descubre que su futuro esposo ya estaba muerto. Viene al país con sus dos hijos. Se come el garrón por 11 años. Ni bien puede, aprovecha y los rompe desde adentro. Las autoridades reaccionan. Van en cana 108 macrós. El resto huye a la provincia de Santa Fe, y al exterior. La comunidad judía en argentina celebra con ganas el hecho. Pero la fiesta dura poco; luego de unos meses los liberan.

Volvamos a la política: Cuando asume el segundo Yrigoyenato, repite recetas. Pero con algunas modificaciones. Repite subir empleos públicos. Purga empleados alvearistas, y pone tropa propia.
Delega las relaciones con los gremios en los comités. Con el regreso del peludo, la otra mitad de la UCR es una fiesta. Para ellos, hay promesa implícita que vuelven los buenos tiempos. Un grupo del entorno forma el “Klan Radical”, que hace contra al grupo azul.

Volvamos al país: Yrigoyen repite la intervención federal; esta vez se lo reprochan dentro y fuera del partido. Lo comparan con la mazorca de Rosas. Y hay líderes provinciales – conservadores algunos – que se ponen nerviosos. Además, Hipólito tiene bailes con:

  • El ejército: Durante la “gran guerra”, Argentina se declara neutral. Mientras tanto, busca exportar grano y carne a buen precio a los países en conflicto. Nuestras fuerzas armadas, siguen el partido por los medios; hay quienes hinchan por Bismark, y otros por los aliados. En el Boca – River, hay milicos y civiles conservadores que influyen sobre una parte del generalato y los oficiales más jóvenes. Queda formada una alianza política sin partido, que produce varios brotes verdes. La cosecha llega con el golpe de 1930.
  • Los empresarios: Hay ahogos por las huelgas, el impuesto a la exportación agrícola, y la falta de inversión. La UIA (Unión Industrial Argentina) mete fichas, e Yrigoyen tiene que pactar con ellos, sino se cae del mapa.
  • El parlamento: A la UCR le cuesta negociar entre sus dos mitades. Y los otros partidos aprovechan esa debilidad. Las provincias no – radicales juntan bronca por las intervenciones federales. Les complican la gobernabilidad y los negocios ganaderos. Hay más halcones que palomas. Y todos hablan fuerte en un dialogo de sordos.

El equilibrio es cada vez más precario: A poco de asumir de vuelta, hay intento de magnicidio contra el “Peludo”. Sucede en la puerta de casa rosada. Los atacantes disparan al grito de “¡Muera el mazorquero!”. La custodia y los entusiastas del Klan bajan a los atacantes. Yrigoyen queda a salvo. Lo suben a un taxi. Al alejarse, exclama: “¡y yo, que nunca hice daño a nadie!”

Yrigoyen deja sin tocar la deuda flotante, y se queda esperando buenas señales de afuera. Pero esas señales no llegan. Cuando crecen las deudas internas, la agenda política que expresan estos intereses se complica. Eso desborda al “peludo”.

Luego de la primera posguerra, afuera hay depresión económica. De a poco, llega la reconstrucción y la recuperación a fines de los años 20s. Gastan la guita allá. Pero no se olvidan de los “argies”: amagan con invertir acá, siempre que les sobre alguna chirola. La frase enseña que “promesas hacen los novios”. Dicho y hecho.

Sin embargo, a los pocos años sucede la crisis del 1930. Es el gatillo para que llamen a la puerta de los cuarteles, y debute el primer golpe de estado moderno en argentina.

A propósito: Hay acuerdo entre los expertos que el sistema se cae por sobreproducción. Esto repercute en el resto. Keynes elabora una ecuación para balancear la macroeconomía. La bajada a la práctica de esta teoría es el estado de bienestar, que implica paquetes de medidas para intervenir el sistema y rescatarlo de sí mismo. Pero eso, shaibb… ya es otro cuento.

Conclusiones

Dicho en dos palabras: Argentina fracasó.

El detalle es cuando, como, y porque. Pero sin comerse ninguna galletita. Circula una frase falsa de Clemençau, que dice: “Argentina es el país del futuro. El problema es que lo será siempre.” Al menos para mí, por la verdad que enuncia y connota, merece ser cierta. Pruebas al canto hay de sobra.

Nuestro modelo agroexportador tuvo altas, bajas y modificaciones. La concentración de la riqueza y la dependencia económica fue evidente y amarga. Llevar la contabilidad de todo lo perdido en pesos y libras, sirve para ubicarnos según las épocas. Sin embargo, hay que trascender de condenar alegremente ineptos, cipayos o ladrones.

Aquí nunca hubo progreso genuino. Hubo amagues y pifias. Hay el relativo consuelo que otras partes del planeta pasaron desastres y negligencias, iguales y peores que las nuestras. Se dice que varios de esos sitios ya no existen más. Sin embargo, es evidente que seguimos acá.

Y ya que estamos, más vale que aprendamos esto: primero hay que resolver el problema, y luego la culpa. Porque castigar a un culpable para resolver un problema, alivia el dolo, pero no erradica el delito. No fue ni es exactamente el caso argentino. Perón decía: “Se gobierna con la cabeza de los dirigentes, o con los dirigentes a la cabeza”.

Nuestro subdesarrollo existe por varias razones. Algunas ya las explicamos. Y en lo que va del tema, ocurre que vivimos recostados en beneficios secundarios de un puñado de técnicas y tecnologías importadas.

Al punto, esto es reconocer patrones de conducta. El presente no repite el pasado, sino que lo hace más oscuro. Agrega capas de complejidad, al tiempo que continúa las cosas. En lo profundo, las etiquetas del tema provienen de las nociones de evolución y bienestar que hemos sembrado entre nosotros. Ahí hay que pinchar. Entonces, vayamos a los bifes.

  • En la Primera parte, vimos curros durante la colonia y la organización nacional. Es evidente que hubo angurrias, ya que eran tiempos revueltos. A fin de cuentas, no se pudo llegar al omellette sin romper los huevos.

    Por y a pesar de la joda, hubo gente derecha. ¿Alguien puede decir que San Martin, Belgrano y Dorrego metieron mano en la lata? Nos convertimos en una patria. Una vez libres e independientes, faltaba ser un país. En el vacío entre las dos
    cosas hubo espacio para: los negociados de Paso, los desastres de Rivadavia, las maniobras de Rosas y Urquiza, los curros de Avellaneda y Roca, los crudos, los cocidos y el resto.

  • En la segunda parte, el reflector esta puesto en la generación del 1880. Esta gente buscó instaurar una civilización blanca, idealizada, democrática, progresista y filantrópica. Eran ideas de la Sociedad de Mayo, y abundaban en los salones literarios. Al punto, conviene medirlas con criterios de época. Cuando aquella generación asumió el poder, tuvo que darse rico baño de realidad; tuvo que hacer malabares entre la
    liberalidad teórica, muy romántica, y el conservadurismo práctico.

    El detalle fue que no se pudo cagar más arriba del culo. Aquí estaba la colonia más devaluada del imperio. Y con escasez de recursos, había que convertir esto en una nación. Bien o mal, pero rápido. El campo sirvió para generar riquezas. Dio impulso a la clase gobernante. Pero con eso no alcanzaba. Se financiaron mayormente con deuda exterior. Y ahí cagamos la fruta.

    Las crisis por los malos negocios debilitaron el modelo conservador. La exclusión de los inmigrantes y sus familias en el modelo, fue el empujoncito final para que cayeran las estanterías. Sale la conserva. Entra la radicha.

  • La entrada actual habla de la UCR: Fue una coalición política, formada por una fracción de la oligarquía terrateniente y la clase media urbana. El padre de la criatura – Leandro N. Alem – fue un ex conservador, que fue virando al republicanismo.

    Bajo ese paraguas – el republicanismo – se juntaron los dos grupos sociales de más arriba. Obvio que eran agua y aceite. Intentaron hacer una emulsión. Funciono, pero solamente por un tiempo. Tenían en común su antipatía por los conservadores, y los mal llamados liberales argentinos. El malhumor social los favoreció. Detalles ya contamos en otra parte.

    La UCR fue hija del modelo agroexportador. Le interesaba abrir el dialogo y hacer comicios limpios. La imagen que quedó para la posteridad es que Radicheta es igual a constitucional. Y por lo tanto, ser radical es ser profundamente legítimo, legal, fundacional y patrio. Es decir, campeones del juego limpio.

    Pero, justamente la historia nos confirmó que la UCR supo jugar sucio para conservar cuotas de poder. Luego de las dos presidencias y media, luego del golpe, luego de debatir con el peronismo… el precio devaluó, y mucho.

    Que se sepa: Los radicales modelo 20s buscaban redistribuir la riqueza existente. Al punto, hay crecimiento del sector servicios: puertos, trenes, electricidad, tranvías, ganado, metalurgia, etc. Eso empuja el carro, y algunos melones se acomodan solos. Pero, para su mal, no
    llevan agenda económica definida.
    No buscan industrializar el país. Y otra vez, sopa.

Con los años, hemos actualizado los figurines, pero nunca la tela ni el talle. El rango de ejemplos es vasto y complejo. Vimos muchos episodios en estas tres entradas.

Por lo tanto, un poco de historia ayuda a saber que cualquier modelo de país fue, es y siempre será una promesa grande. Como toda promesa, depende del contexto para que se cumpla. Y si se cumple, nunca será como se ha dicho.

Saludos y suerte.

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Breve historia de las crisis históricas

Por largo rato hubo dos versiones de la historia argentina. Por un lado, el “relato oficial” que documentaba grandes logros, muy civilizados, y puso énfasis en la evolución que trajeron. Por otro lado, la “historia critica” contaba los sacrificios y perdidas que trajo el cambio.

Usualmente, la historia crítica consiguió que haya simpatías por los menos favorecidos. A fin de cuentas, la base del valor en toda economía es el sacrificio: gastar tiempo y energías para laburar, es sacrificio. Y ya que lo más visible siempre fue eso, no cuesta nada identificarse con este punto de vista.

La versión oficial, por su lado, siempre resaltó los saltos de calidad y las ventajas fruto del intercambio de figuritas. El esfuerzo siempre tuvo como premio la modernidad en el mediano y largo plazo, y así todos contentos.

En este contexto, moderno es sinónimo de eficiencia y eficacia.

Lo moderno significa más y mejor conocimiento y control del entorno, para producir novedades. Estos argumentos siempre han sido puestos a prueba por las crisis que ligamos de rebote, y los quilombos que supimos conseguir.

Ante la crisis, en el pensamiento conservador y moderado hay todavía dos defensas: Una es que el modelo nunca fue malo por si, sino que falló por mala administración. La ingenuidad de este argumento es dolorosa. Porque hubo fallas, algunas perfectamente evitables.

¿Faltaron leyes contra los delitos?
¿Hubo poco poder de policía? ¿Falló la moral? La respuesta es: No. Hubo controles, y los puentearon.
Hubo moral, pero estiraron las reglas. Y así cagamos.

Hubo corrupción, no imbecilidad. No se puede ser ingenuo al respecto.Es más exacto saber que el poder dura poco.

Y la corrupción es a menudo una suerte de seguro de retiro. También es un medio para conseguir amigos y cagar opositores.

Volvamos a los argumentos: La segunda defensa es afirmar – ante los malos resultados – que se hizo lo posible. Y prometer solemnemente que van a mejorar las cosas, con más modelo. Otra ingenuidad. Luego del choreo, debe haber ajuste.
Algún culo tiene que sangrar. Hay millones de litros de sudor, lágrimas y sangre derramados por ahí.

Se dice que ahora la historia se cuenta completa. Algunos detalles:

  • Que Jose San Martin fue un gran militar, profundamente patriota. Pero también que la familia Escalada lo masticaba pero no lo tragaba. Y Remedios lo hizo cornudo más de una vez. Supongo que Merceditas se salvó del estigma por casualidad.
  • Que Belgrano era un buen abogado, pero un militar mediocre. Y que la piloteó con bastante éxito.
  • Cuentan que Rosas buscaba un país parejo, pero se atornilló a la silla. Y que fue un “nene de mama”. Más luego, fue un dominado de su esposa. Y ya mayorcito, usó a su hija como anzuelo para conseguir aliados. Bueh, “cherchez la femme” es un truco viejito pero efectivo.
  • Se dice que Alberdi fue un abogado y diplomático brillante. Pero que tuvo muchas amigarchas, y un hijo no reconocido, que no quiso ver en la puta vida.
  • Sarmiento – padre del aula – tuvo muchos hijos naturales y una boquita de letrina.
  • Se dice que Yrigoyen, ya viejo, tenía miedo a morirse cuando lo llevaron a Martin García.
  • Se dice que Alvear era fiestero. Y que fue buen amigote de Uriburu, el primer golpista.
  • Se cuenta que las elites argentinas pertenecían a la masonería. Y entre albañiles, no se pisaron demasiado el fratacho.

Pero parece que algunos se resistieron a que se contara todito. Hace 12 años, NCK vino a dibujarla: Que los montoneros eran jóvenes heroicos, que la transversalidad iba a garantizar el dialogo, y bla, bla, bla…

Cuando hubo oportunidad, el pensamiento crítico denunció que no hubo el paquete completo. Y propuso la revolución como santo remedio. Al punto, cortar y dar de nuevo implica barajar antes, durante, y después. Claro que en estos casos, la revolución que triunfa no es traición. Es un nuevo régimen.

Para quien nunca tuvo ni un cobre, la revolución es promesa de llenar panza y bolsillos. En todos los casos de la historia argentina, fue venta masiva de humo.

Hubo grescas y atentados bautizados pomposamente como “revoluciones”. Hubo golpes de estado y dictaduras con la misma etiqueta, que cambiaron la dirigencia y el régimen para no cambiar nada.

El chiste – Lo dijo un tipo avispado – es que si antes no hubo evolución, con el modelo que haya sido, y hasta donde haya llegado, cualquier intento revolucionario siempre quedará condenado, no al éxito, sino a la truchez.

Al punto, tirios y troyanos buscaron agarrar la manija. Y cuando la consiguieron, no la soltaron por nada del planeta. Igual, el poder agotó a quienes no lo tuvieron. Fíjense en JDP y NCK.

En vista de estos problemas frecuentes, la historia se ha convertido en un comentario amargo del presente, y la capacidad de manejar las crisis se confirma como el tribunal supremo de justicia de la historia.

Ante ese tribunal compareceremos: los ingenuos, los cínicos y los corruptos.

Salute, cabarute!!!

Tato

El fulgor argentino: Notas sobre modernidad y desarrollo en nuestro modelo agroexportador – segunda parte

En esta entrada, vamos a contar con algunas cifras un poco de esta histórica histeria.

Buenos Aires: La reina sin plata

Dicen los que saben de verdad (yo siempre repito como un eco) que desde el S. XV hasta inicios del S. XIX hubo economía colonial. La administración de leyes, el comercio y la recaudación de impuestos fueron exclusividad de la Corona Española. Primero nos gobernó la casa de Aragón. Mas luego, fueron los Austria, y finalmente, tuvimos a los Borbones… ¡Olé!

La toma de decisiones estaba en manos de los Reynaldos. Para conocer y controlar bien cada tema, había cuerpos de asesores. Conviene saber esto: En el derecho español, la clave es el “bien común”. Lo que sume y sirva para proteger y aumentar el patrimonio, vale. Se sabe que había mecanismos legales para reclamar al rey, y otros para ampararse de las medidas de la corona. Hay mucho escrito al respecto.

Al punto, El consejo de indias era ese cuerpo de asesores que se encargaba de monitorear, informar y aconsejar sobre las colonias. Otros consejeros se ocupaban del resto de la agenda. Del otro lado del charco, las autoridades locales eran virreyes, gobernadores y funcionarios, enviados desde la casa matriz. Tuvieron que hacer malabarismos con el contrabando. Ampliaremos en breve.

Sin abundar en detalles, España consiguió gobernar sobre Portugal por un tiempo. Alguien resumió el evento así: “La corona a cambio de compartir la plata americana con los cortesanos portugueses”.
Como represalia, los lusitanos, vivos como el hambre, castigaron a los galaicos con una red de contrabando hormiga, para cagarles olímpicamente el negocio. Iniciaron las intrigas en Europa, e instalaron el modelo en el nuevo continente, con mucho éxito.

En el “reino donde no se ponía el sol”, iban y venían cantidades de oro, plata y mercancías. Las rutas oficiales eran estas.
Ida:(en barco) Lima – Portobello – Sevilla. Vuelta: España (en barco) – Istmo de Panamá (en barco) – Buenos Aires (por tierra) Con muchos pases de mano, el precio de las mercancías llegaba muy inflado hasta el extremo sur. A fin de cuentas, alguien tenía que pagar las carretas que traían las cosas hasta acá. No alcanzaba la guita para comprar a precio oficial. En consecuencia, y para no morirse de hambre, no había otra que subirse al mercado clandestino.

En este paisaje, la mayoría del norte del actual territorio argentino estaba bastante explorada. Por supuesto, las rutas comerciales terrestres pasaban por ahí. La zona más importante hacia el sur eran las actuales provincias del litoral: Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Misiones, y el puerto de la banda Oriental. (Favor de no confundir lo último con supermercados chinos.)

Nuestra parte de la región (Argentina, claro) tenía poca capacidad para producir oro, prioridad de los españoles. Pero más al norte – estamos hablando del virreinato del Alto Perú – producían plata a lo pabote en las minas del Potosí. En el último tercio del S. XVI, usaban amalgama con mercurio. Los indios morían como moscas ahí. Así que pidieron esclavos negros, obvio.

  • El Dato – Potosí era un mercado importante: Llegó a tener 160.000 habitantes. Claro que esa cifra bajó, cuando empezaron a quedarse sin indios. El producto de las minas iba a España, (ya dijimos las rutas comerciales) mientras una porción quedaba en manos de la elite local. Por su influencia, quedó formado un sistema bi – monetario en la región.

Buenos Aires no valía mucho entonces: La fundaron en 1536. Salió como el culo, y tuvieron que fundarla de vuelta en 1580. Fue el único caso que la remake resultó algo mejor que la original. Ahí, que por ay andaba Garay, era una ciudadela de 15 cuadras de largo y 9 de ancho. Usando la nomenclatura actual, iba a lo largo desde las calles independencia hasta viamonte, y a lo ancho, desde Balcarce/25 de mayo hasta Salta/Lima.

Pero el dato estratégico fue: El puerto quedaba donde actualmente está “la vuelta de Rocha”, sobre el riachuelo. Y si yo tengo que agregar algo, aquí digo: La segunda Buenosayres pasaba parcialmente por San Cristóbal, San Telmo, y La Boca. Además, me gustaría creer que, por aquella época, las aguas del puerto estaban limpias.

La mayoría de las construcciones eran precarias, de maderas de pinotea y techos de paja. Muy lentamente, pasaron a ladrillos. La pobreza era franciscana, forzada por la coyuntura.

A pesar de los pesares, Buenos Aires fue quedando como sede administrativa del gobierno español. La intención de las autoridades españolas era frenar el avance portugués en la zona.

Había que estimular y proteger el tráfico legal de mercancías y metálico desde el norte y el litoral hasta los puertos: Montevideo y el nuestro se usaban en forma indistinta. Y las zonas portuarias estaban repletas de negociantes.

Los intermediarios, por lo general, actuaban así. Con el interior, Plan Canje: Mercancías locales por productos importados. En aquellas zonas que daban materias primas, compraban cueros y salazones con mercancías importadas. Usualmente, lo hacían mediante consignatarios. Las materias primas iban para afuera al toque. Con las regiones más ricas – otra vez Alto Perú y zona de influencia – iban directo a la compra de productos en metálico, y la reventa para afuera.

Y aquí nos guardamos lo mejor para el final: El contrabando. Por la inflación galopante, había dos opciones oficiales. Rascar la olla, o morirse con lo puesto. Y tal como enseña el dicho: La necesidad tiene cara de hereje. El puerto de buenos aires y su gente hicieron negocios debajo de la mesa.

Se cuenta que hubo contrabandistas portugueses que aprovecharon la doble jurisdicción: emigraban desde Brasil hasta acá, donde los españoles no los tenían fichados. Algunos llegaban perseguidos por la inquisición. Y al verse flojos de papeles, ellos se blanqueaban casándose con ciudadanas españolas residentes en Buenos Aires.

Hubo un gobernador porteño, don Fernando de Zarate, que tuvo sobrinos contrabandistas: El tío les proveyó una coartada, con la ley de “arribadas forzosas”. Esta norma obligaba incautar la carga de todo barco enemigo capturado por la real armada, y subastarla en los puertos españoles.

Entonces, los chicos registraban una captura trucha en alta mar, o un naufragio. Y el tío remataba para blanquear la situación. En las subastas, estos muchachos compraban esclavos y mercaderías, y luego los revendían. Todo quedaba en familia.

Hubo una organización llamada “el cuadrilátero”, dirigida por un tal Diego De La Vega. (No, chicos… no era “el Zorro”. No salía en su corcel con la luna, ni marcaba la zeta) Hacían contrabando y subastas truchas, obvio.
Usaron su propio poder económico para comprar protección política. Infiltraron las aduanas, el cabildo, y tenían en el bolsillo algunos funcionarios judiciales. Al que no podían comprar, lo mataban. Algunos miembros del cuadrilátero tenían captura recomendada. Pero sus amigos los hacían zafar. Se cuenta que el expediente judicial sobre esta organización tenía 16 mil fojas.

  • El Dato: En unos tres años y pico, el cuadrilátero “importó” unas 4000 “piezas” de mercancía. Y sus ganancias eran algo más de dos millones de ducados. Era mucha guita para la época. La administraban desde España, con asesoramiento de un abogado, José de Pinelo. Se encargaba del armado legal de las subastas.
  • Data adicional: En los remates oficiales, el tope para cualquier oferta fue 100 pesos plata. El cuadrilátero procuraba que su gente ganara siempre. Participar de las subastas era peligroso. Quien no era del palo, corría riesgo de quedar “exportado” al otro barrio.

Como algunos saben, Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias, para los amigos) fue un funcionario público español prestigioso. Respetado por propios y ajenos, ocupó cargos clave. En una oportunidad fue gobernador de Buenos Aires. Combatió el contrabando, con un paquete de medidas: limitaba el comercio de ultramar a dos viajes por año, apretó los controles sobre la inmigración portuguesa, y las subastas. Su política dividió a los vecinos en dos grupos; Los “Beneméritos”, que eran vecinos ya tradicionales, partidarios del orden. Y enfrente, los “Confederados”, vecinos nuevos que
toleraban el contrabando, porque opinaban – no sin evidencias solidas – que la economía no aguantaba. La gente del cuadrilátero estaba entre sus miembros.

Cuando Hernandarias terminó su mandato, su sucesor continuó la obra. Casi apresan a unos personajes peligrosos. Pero los confederados hicieron desaparecer accidentalmente a propósito evidencias, pesquisas y testigos. Finalmente, se impuso el criterio de obedecer ciertas leyes, pero no acatarlas.

Cerremos el boliche con un dato fuerte: Cuando comenzó la emancipación,se pudrió el negocio de Potosí. A partir de la lucha de Castelli, Monteagudo, y la derrota patriota en Huapi, los realistas cortaron el suministro hacia el sur.

Se suponía que Montevideo y Buenos Aires debían quedarse sin abastecimiento. Pero los puertos del rio de la plata – lejos de quedarse colgados – no solo tenían el contrabando, sino que les habían desatado las manos, para dedicarse a buscar nuevos socios comerciales.

Y que dios y la patria lo demanden

La corrupción había iniciado con el contrabando. Y siguió la ronda, nomas. La ciencia y arte del choreo fue pidiendo nuevas formas. La revolución de mayo y la confederación prometieron transparencia de ideas y de cuentas. No se cumplieron por completo. Veamos dos ejemplos:

  • Juicio contra Larrea: El año es 1815. Hay una causa judicial contra Juan Larrea,ex vocal de la primera junta de gobierno.
    Miguel Basavilbaso acusa a Larrea de malversar fondos públicos. En el procesamiento, indica que el acusado vendió 9.810 marcos y cuatro onzas de barra en plata por menos de su valor, en unos 23.518 pesos, sin rendir cuentas al estado.

    En el mismo documento, el fiscal comenta que Larrea busca zafar. Señala a dos navieros ingleses, Magnil y Dilson. Pero Basavilbaso demuestra que son sus empleados y cobran comisión por su trabajo. Presenta como antecedente la venta irregular de tres corbetas del estado: Neptuno, que costaba 15.000 pesos; Belfast, que valía 22.000, y Agradable, que costaba unos 25.000. Las tres juntas costaban 62.000 pesos. Pero Larrea vende el pack a un tal Manuel Lorenzo en 30.000 pesos. Se dice que este procesamiento incluye más operaciones truchas.

    El 9 de octubre del mismo año, el juez Manuel Vicente de Maza
    condena a Larrea al destierro. Instruye que no lo lleven a Brasil ni a Europa. Expropia al condenado por 82.300 pesos con tres reales, que los retiene la aduana. En 1847, ya en el exterior, Larrea se suicida con su hoja de afeitar.

  • Números rojos de Urquiza – “A que no me echa usted en cara”: La confederación cae con ruido en la batalla de Caseros. El general federal entrerriano Justo José de Urquiza incauta dinero del banco: Unos 23 mil millones de pesos plata.
    Reparte porción de los fondos entre algunos influyentes, para comprar favores y mantener a los leales. Hay una lista parcial de la nómina. Ahí vamos.
Favorecidos Pesos
Don Vicente López, gobernador de la provincia de buenos aires $200.000
Doctor Vicente Fidel López, hijo del gobernador $150.000
Doctor Benjamín Gorostiaga
$150.000
Doctor Francisco Pico, fiscal de la excelentísima cámara $300.000
Don Ángel Elía, secretario de Urquiza $100.000
Destino sin especificar. Por órdenes de Urquiza. Comisión a cargo de Elía. Y traslado a cargo del Coronel Lagos $1.000.000
Coronel Ovidio Lagos $80.000
Doctor Elías Bedoya $60.000
Doctor Juan Francisco Seguí, auditor del ejercito $100.000
Doctor Juan María Gutiérrez $150.000
General Guido $200.000
General Benjamín Virasoro $1.289.000

Luego del reparto, Urquiza y su familia se quedaron con el resto del dinero. Quizás este episodio explique las conductas del líder federal en las derrotas de Cepeda y Pavón. Hay quien dice que Urquiza ya era rico, mucho antes de este episodio. Como oficial federal, sus pergaminos fueron indudables. Había gastado tiempo y energías sangrando para la causa. No obstante, cuando se abrió del mando del restaurador, bajó su precio.
Seguirla contra los unitarios – igual de codiciosos que Juan Manuel de Rosas – era políticamente correcto, pero malo para el negocio. Así que… estuvo a media máquina, y luego se fue al mazo.

Al punto, hay una anécdota graciosa: En una discusión entre Dalmasio Díaz Vélez – autor del código civil argentino – y un nombre de la lista, Vicente López junior. Díaz lo chicaneó así: “¿A que no me echa en cara usted que yo hubiese aconsejado que diese a ningún hombre de mi familia doscientos mil pesos, como hizo usted darle a su padre por el general Urquiza?” Se nota que Diaz velez no se hacia pagar el copetin.

Hay una constante en la corrupción argentina: Las clases altas más tradicionales, (Terratenientes, Militares, Funcionarios, etc.) y luego la burguesía moderna, (Comerciantes, Industriales, Financistas, etc.) supieron acumular mucho. Hicieron trampa, por supuesto. Y nunca comprometieron sus fortunas personales cuando el país lo demandó. Hubo excepciones que confirmaron la regla. Murieron pobres. Sus salarios atrasados hoy son monumentos, calles, y el rescate de su memoria.

Las inversiones inglesas

Las invasiones inglesas fueron el catalizador o gatillo para la evolución política de los ciudadanos en Santa María de los Buenos Aires. Se cuenta que los gringos vinieron para acá, aconsejados por los portugueses. Se cuenta que hubo varios carpetazos en Inglaterra, que los cajonearon, y finalmente hubo un proyecto que triunfó. Hay mucho chamuyo sobre el tema, y también datos ciertos.

Las elites porteñas estaban contentas que llegaran visitas. A fin de cuentas, éramos los parientes pobres del Potosí. Con carpa – porque acá todavía había virrey – esperaban hacer buenos negocios. Los británicos eran capos del mar, y su economía tenia buena pinta.

Resumiendo: mandaron dos expediciones.
La primera duró más que la segunda. De todas formas, las autoridades españolas y los criollos se los sacudieron de encima. A partir de la segunda victoria, los criollos empezaron a agrandarse: Hubo malas noticias desde España. Esto reforzó cuestionamientos al sistema colonial, que antes se decían en voz bajita. Flojos de papeles, los funcionarios de la corona, aguantaron hasta que no dieron más. El agite fue creciendo. Finalmente, hubo la revolución de Mayo.

Fue cortar, y dar de nuevo. Pero… ¿Hasta dónde daba? Nuestra nueva clase política, nació rechazando las invasiones y logró la independencia. Pero ya que no es mala cosa evolucionar, mas luego atrajeron las inversiones inglesas. Estaba naciendo una nueva era. Argentina necesitaba prenderse al mapa del siglo diecinueve. Bien o mal, pero lo más rápido posible. No había que ser genio para advertir que necesitábamos sponsors.

Los malos negocios con Gran Bretaña fueron de varias docenas de ceros. Quizás se puedan comparar con aquellos venenos o puñales lentos, que no por lerdos lastiman poco. Nuestro primer presidente de la nación, Bernardino González Rivadavia, encarnó varios vicios de la época. Para no gastarle el nombre, vamos a ponerle “Bernie”. En algunas cuestiones, tenía ciertas ideas valiosas. (Alentaba que el estado argentino no bancase a la iglesia católica apostólica romana.) En otras, estaba interesado en hacer guita fácil y rápida. Fue diplomático en Inglaterra, ministro en la provincia de buenos aires, y culo y calzón con el banco Baring Brothers, de Londres. Ejemplos:

  • Fundación y fundición del Banco de descuentos: Antes de la presidencia, Bernie trabajó para el gobierno de la provincia de buenos aires. Desde ahí, alentó el primer banco inglés en suelo argentino. 
    El Banco de Descuentos abrió sus puertas en 1822. Estaba destinado a financiar el crecimiento de la provincia. Y fue el antecedente inmediato del banco central de nuestro tiempo. Sus dueños británicos lo fundaron, y lo fundieron al toque. Su capital inicial era un millón de pesos plata. El descuentos quedó habilitado para operaciones habituales, pero también para emitir moneda. Su capital inicial respaldaba la emisión de billetes de 100 y 50 pesos, convertibles en metálico, con aprobación del estado.

    Pero hubo problemas con el sistema bimonetario:
    Una onza de oro valía entre 16 y 17 pesos plata. Cada Peso Plata se dividía en 8 Reales Plata, y estos en cuartos de real. Las onzas de oro abundaban, pero eran para los grandes negocios. En cambio, los pesos eran escasos. Y eran moneda corriente para la economía doméstica. No olvidemos los problemas con potosí.

    La intención de alentar al banco de descuentos, era resolver los faltantes de cambio chico.
    El ejecutivo provincial encargo monedas de cobre a Inglaterra. En 1824, la sala de representantes mando emitir billetes de uno, tres y cinco pesos, canjeables por onzas o plata. En aquellos tiempos, la emisión era menor a los 300.000 pesos. El banco encargo un millón, con 9% de interés anual. El descuentos tuvo 12 % de ganancias en su primer año, y el nivel se mantuvo alto, gracias a una ayuda del estado. Dos años más tarde, los préstamos que daba el banco excedían por 800.000 pesos al circulante disponible. En criollo: Bernie y su ministro Manuel J. García, permitieron que el banco de descuentos “empapelara” la provincia con bonos y billetes, sin el correspondiente respaldo en plata u oro.

    El estado provincial pidió un refuerzo de 500.000 pesos fuertes para el banco de descuentos, mediante un préstamo a la banca Baring. Un grupo de funcionarios afines a Rivadavia, aprovecharon la oportunidad de hacer negocio con el asunto: el 25 de junio de 1824, las acciones del Descuentos daban un premio del 7 al 8 por ciento.
    La tasa subió entre un 80 y 160 por ciento al mes siguiente. Cambiaron billetes por plata y oro. Cuando hubo guerra con Brasil, aumentó el valor del metálico. Se sacaron los papeles de encima, y ganaron hasta el 300 % con la suba de los metales preciosos.

    En enero de 1826 el banco estaba en tiempo adicional, cerca del vaciamiento. Pidieron la inconversion de la moneda. Es decir, que no se pudiera canjear por metálico. El ministro García decretó la medida por tres meses. En paralelo, aquel banquito fue indemnizado por el 40 % de su capital de libros, para luego formar parte del banco nacional. La nueva entidad cubrió los números rojos que había dejado. Tenía cinco millones para iniciar sus operaciones. Y tuvo que quedarse con uno solo.

  • Primera deuda externa – Empréstito con la Baring Brothers: El año es 1822. Por iniciativa de Bernie, sale un proyecto de ley para tomar deuda externa en la provincia de buenos aires. En principio, la guita es para obras públicas. Durante el debate parlamentario, hay quienes cuestionan el proyecto. Hay la promesa de recuperar lo gastado y ganar 600.000 pesos al año. La oposición señala que, si estamos tan platudos, no necesitamos que nos presten. El oficialismo sostiene que las libras oxigenan el sistema, y suben el valor del peso argentino. Finalmente, hay luz verde para el empréstito en 1823. Los gestores argentinos son Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos, y Juan Pablo Sáenz Valiente. Los gestores ingleses son los hermanos Parish – Robertson, y Alexander Baring. Antes y durante la operación, los responsables pactan que parte del dinero lo retengan en Londres, a cuenta de pagos futuros del capital e intereses. Descuentan también las comisiones de los negociadores. Al final, llega mucha menos guita que la prometida. Quedan solamente 570.000 en poder del estado. No les dan fines productivos. Sin embargo, los acreedores se cobran la deuda por el total del préstamo, en las condiciones negociadas de antemano. El estado argentino termina de pagarlo en 1924. Veamos.

    • Gastos administrativos:
      Félix Castro fue el cerebro de la opereta. Por supuesto, contaba con la aprobación de Bernie. Supo pactar que los negociadores debían cobrar del estado argentino 8.000 pesitos cada uno de indemnización, si no se firmaba el trato. Una vez firmado el acuerdo, los gestores se llevaron 120.000 libras del total, en carácter de comisión. Bernie se llevó su tajada. Unas 6.000 libras del empréstito, en calidad de gastos de representación.
    • Condiciones del préstamo:
      Era una operación habitual de la época. Cobraba una tasa de interés de 7% sobre el capital. Baring prestaba cinco millones de pesos. En libras esterlinas, era 1.000.000. no en efectivo, sino en letras es decir órdenes de pago a nombre de terceros.
      El proyecto inicial estipulaba que el estado debía recibir los fondos en cuotas semestrales de 350.000 libras, a través de giros bancarios. Como garantía sobre el pago completo, el estado provincial hipotecó terrenos fiscales.
    • Cotización en bolsa:
      La deuda cotiza en la bolsa de Inglaterra. Tiene expresamente prohibido operar dentro del país. Las acciones pagan el 70% pero la Baring obtiene 82 % de dividendos. En fin, nos cagaron.
  • Ley de Enfiteusis: El año era 1826. La deuda externa con la Baring nos dejó en pelotas. Con la tierra hipotecada, había que zafar de alguna forma. El embargo abarcaba toda la superficie del país, incluido el subsuelo, para compensar las pérdidas de la provincia de Buenos Aires. Rivadavia lanzo la Ley de Enfiteusis.
    Esta norma habilitaba al estado para dar en propiedad los terrenos comprometidos, a cambio del pago de un canon anual, fijado por los interesados. Un detalle: Una vez escriturada, la propiedad era transferible. Se nota a la legua – hace ya 190 años – que buscaban juntar unas chirolas, y de paso, aflojar la hipoteca.
    Las tierras no se podían vender. De ahí la enfiteusis. La oferta de terrenos iba dirigida al público en general. Pero aquellos que tuvieron real acceso fueron grandes comerciantes y terratenientes: Se convirtieron – de alguna manera – en inquilinos del estado. La enfiteusis de Rivadavia – tiene nombre de infección… ¿o me parece? – no especificaba las dimensiones exactas de los terrenos,
    ni hablaba de poblarlos o inducir ganado. Se cuenta que el tope era de 400 leguas. Para el caso, los que accedían podían lotear y subalquilar a productores chicos, sin rendirle cuentas a nadie. Las campañas del desierto hicieron el resto. La consecuencia principal fue que hubo concentración de la propiedad de grandes extensiones de tierra, por donde pasó el tren y se llevó las vaquitas. Ampliamos más adelante.

No se puede exculpar a Rivadavia y su equipo por las soberanas cagadas que hicieron con las cuentas nacionales. Los libros de contabilidad hablan por sí solos. Pero tampoco comamos el amague que fue un villano, y el resto, pobres víctimas. Si nos hundió el puñal hasta el cabo, fue porque lo dejaron llegar ahí. Al punto, la objeción para Bernie es que la evolución no puede ser a cualquier costo. Y siendo autocritico, es fácil decir cuánto se robaron, ahora que ya pasó todo. Al punto, la gracia es estudiar el pasado para reconocer patrones de conducta. Y en lo posible, evitar arenas movedizas.

De todas maneras… la objeción no carece de valor: Hubo gente recta, y personajes siniestros en el siglo XIX. Más precisamente, una manga de muertos de hambre, atolondrados, que buscaron el camino más fácil. Quizás hayan pensado que tenían mucho para hacer, y poco tiempo para cumplirlo. Debatían, votaban y ejecutaban medidas en un régimen con pocas ideas, sin gobernabilidad, y puro fraude.

Pero no podemos cargarle todo a la dirigencia. La poca población que había, estaba repartida en muy arriba y demasiado abajo. En una tierra de contrastes así… para ascender en la cadena alimentaria, era indispensable ser cínico, y porque no, violento. Muchas milongas y tangos ilustran el asunto con música y letra.

Fue esta arquitectura social que generó federales y unitarios. Fue este mismo diseño que permitió que luego de Rivadavia, la muy roja, Rosista y federal buenos aires se quedara con el queso, mientras el resto de las provincias – cada una con su caudillo – dependían que el restaurador amaneciera de buen humor, para que les repartiera alguna chirola.

Por su propio lado, la educación definía un sistema feroz de filtros socioculturales. (Ver en “que sabe nadie” – primera parte) Se suponía que nos iban a formar en: democratísimo, filantropía y liberalidad tolerantes, respetuosas del discenso, al tiempo que responsables de las propias opiniones y conductas, según las leyes y la buena moral republicanas y laicas.

En esto… la patria tiene mucho que demandar. Y eso de Dios, si es que va para garante nuestro, todavía no se presentó a pagar ni una guita por lo que debe.

Se cumplió aquello que hay los políticos que se nos parecen, no los que necesitamos o merecemos. En otras entradas, dimos palazos a la historia reciente en este sentido. Y aquí siempre cuidamos que ninguna buena acción quede impune.

Números del desierto

A partir de la organización nacional, las elites provinciales ocuparon tierras fértiles muy aptas para ganadería y agro en la zona centro – sur del país. Esa región es hoy la región pampeana: oeste y sur de Buenos Aires, La Pampa, parte de Mendoza, parte de Santa fe, Rio Negro, y Neuquén. La zona austral apareció más adelante.

Me abstengo de poner Mesopotamia… No vaya a ser que suene a enfermedad. El detalle era que aquella región estaba muy poblada de indios, y había territorio sin ocupar. Luego de la enfiteusis, y con el impulso de las campañas del desierto, hubo zona liberada para los estancieros. Algunos datos.

  • Unitarios y federales estaban de acuerdo con exterminar a los indios: Hay artículos de prensa, correspondencia privada y documentos públicos de Rivadavia, Rosas, Sarmiento, Mitre, Avellaneda, Alsina y otros políticos que lo confirman. Hubo varios disidentes. La mayoría eran civiles. Pero hubo dos milicos que bocharon la idea. Mucho antes de la conquista del desierto, el coronel Lucio V. Mansilla exploró la zona de los ranqueles. Se opuso a la guerra contra el indio con conocimiento de causa. Varios años más adelante, el comandante retirado Álvaro Barros hizo algo muy parecido.

    Mansilla escribió y publicó sus experiencias. Nunca leí “Una expedición a los indios ranqueles”. Pero sé que hay consenso que es un libro genial.

  • En 1827 inició el genocidio contra los indios:
    Rivadavia consiguió que 583 propietarios privados se adueñaran de unas 8.600.000 hectáreas. Encargó la seguridad de la frontera a un mercenario prusiano, Federico Rauch. Su estrategia era atacar por sorpresa, sin discriminar hombres, ni mujeres y chicos de ninguna edad. Lo vencieron. Un cacique indio, Arbolito, lo degolló en una batalla. Antes de Rauch, Buenos aires tenía 30.000 kilómetros cuadrados de pampas. Luego de Rauch, eran más de 100.000
  • Antes de ser gobernador de buenos aires y el planeta, Juan Manuel de Rosas fue estanciero:
    Entre 1833 y 1834 organizó fuerzas con otros hacendados, para ir contra los indios. Combinaba represión y persuasión. Hizo alianza con los pampas. En cambio, fue contra la confederación india del cacique Cafulcurá, y los ranqueles. Los unitarios conocían a los indios solo en figuritas. Opinaban que eran salvajes por naturaleza. En cambio, Rosas fue bien zorro. Sabía que el avance blanco quitaba recursos a los indios. Entonces, sobornaba a los caciques amigos. No hablaba de regalos, sino de ayudas. Hubo una carta del Restaurador, donde pedía por el paradero y liberación de Candelaria Yrusta, hermana de un miliciano, Gabriel Yrusta. A cambio, ofrecía una dadiva: 14 yeguas, 2 pañuelos, 2 cuchillos, 2 camisas, 2 calzoncillos, 1 sabanita de poncho, 1 atado de cuentas, 1 par de espuelas de fierro, 1 arroba de yerba, 4 vasos de tabaco, 4 libras de harina, 4 libras de azúcar, y 4 libras de pasas. Habría que ver cuánto costaba cada artículo.
  • Se sabe que también en los toldos les repartían aguardiente… Indio en pedo, era más fácil de matar. Con ustedes, el saldo de la experiencia federal; 3.200 indios muertos, 1.200 indios cautivos, 1.000 prisioneros blancos rescatados. El cacique Cafulcurá tuvo varias victorias. Pero fue vencido. Murió de viejo cerca de los cien años. Mantuvo correspondencia con Mitre, Avellaneda y otros. Sus hijos continuaron su tarea, con diversas fortunas.
  • Puesta en valor: Rosas mandó a su embajador en Inglaterra a ofrecer las islas Malvinas para pagar la hipoteca Rivadaviana. El único requisito para su majestad era el previo reconocimiento de la soberanía argentina en las islas. El proyecto no prosperó. Se comenta que el bloqueo ingles sobre el puerto de buenos aires estuvo relacionado con esta iniciativa.
  • Avellaneda y el Plan de Roca: Aclarando, que oscurece; no es empresa ni plan de créditos. Fue en la presidencia de Nicolás Avellaneda, a partir de 1875. Ya había plan defensivo contra los indios. Adolfo Alsina había diseñado un sistema de zanjas, para separar territorios. La idea fue poner telégrafos, vías y caminos. Tuvo algunos éxitos. Se murió en el cargo. Entonces, Avellaneda puso en el puesto al joven general Julio Argentino Roca. Y dio luz verde para un plan agresivo: Tenía tres fases. Exterminar a los indios, expandir las fronteras, y fomentar la inmigración en los nuevos terrenos. Quedó cumplido a medias. Sus consecuencias las dijimos en la primera parte. En números.

    • El proyecto: Fue una venta a futuro. La ley número 947, aprobada por el congreso en 1878 autorizaba al ejecutivo a invertir 1.600.000 pesos fuertes en desalojar indios y expandir la frontera. La idea era emitir 4.000 títulos públicos, por 400 pesos fuertes cada uno. Cada título daba derecho de propiedad sobre 2.500 hectáreas en los territorios a conseguir. El combo incluía renta anual en efectivo del 6 por ciento del valor del terreno, una vez firmada la posesión. Fue un empréstito que ofrecía un total de 10.000.000 de hectáreas. Avellaneda y Roca consiguieron inversores para el proyecto. Ver abajo.
    • Los inversores: “Estas empresas, a las que les interesa el país” hicieron reservas de terrenos. Se supo una lista parcial de inversores en 1878. Va cuadro.
Martínez de Hoz y compañía 2.500.000 hectáreas
Saturnino Unzué e hijos 500.000 hectáreas
Belisario Hueyo y compañía 250.000 hectáreas

Hay opinión que los muchachos tomaron esta decisión, pero no por amor a la patria. Sino porque se relamían por las libras que podían ganar con el valor de aquellas tierras. Eso fue absolutamente cierto. Pero, en el fondo, reservar hectáreas de nada era especular con bonos de deuda estatales. Con la victoria de Roca, hubo más ganancia, por supuesto.

  • Corrupción en la campaña: El oficial Álvaro Barros denunció ante el congreso nacional algunas cuestiones de la guerra contra los indios. Fue durante una interpelación al ministro de guerra de turno en 1876. Es decir, Adolfo Alsina. Barros habló de malversación del presupuesto militar. El ejército argentino tenía 8.000 soldados, 604 oficiales, y 302 jefes de línea. Barros demostró que hubo un exceso de oficiales del 89% y 70% de jefes en proporción a la cantidad de soldados rasos. También habló de oficiales sobre pagados y soldados con salario de terror.

    Barros denunció abusos en el reparto de ayudas. Repartían comida a los indios para que no robaran. El chiste fue que les daban rancho malo. También daban mitad en plata y mitad en morfi. La guita perdía 10% del valor. Entonces los pulperos ganaban con la diferencia, ya que inflaban los precios. Mientras tanto, la oficialidad tenía su mordida del negocio. Barros se asqueó de esto. Pidió la baja. Se lo sacaron de encima al toque.

El saldo: La campaña del desierto duro 27 años. Entre 1876 y 1903. El estado ganó 41.783.023 hectáreas. En total, hubo 1.843
hacendados que compraron varias leguas de campos a muy bajo precio. Por acomodo con los gobiernos de turno, obvio. Aquí va cuadro.

Leyes Favorecidos Cantidad de hectáreas
Ley 973/1876 391 propietarios privados 8.548.547
Ley de remate de tierras del 1882 Propietarios privados (remates) 5.473.033
Ley de premios militares 1885 541 Oficiales superiores del ejercito 4.679.510

El ejército argentino – que no era muy numeroso – engordó en presupuesto, oficiales, suboficiales e influencia institucional. Esto tuvo varias consecuencias en nuestra historia. Hemos hablado esta cuestión en otra parte. (Ver en “30 años…”)

Sin embargo, para rematarla: En su presentación ante el congreso, Álvaro Barros propuso que parte de lo recaudado por los remates fuese a los veteranos. Y que les dieran una parcelita, para hacer ranchos y granjas. Aquellos soldados rasos que tuvieron el mal gusto de sobrevivir no recibieron naranja de nadinas.

Tampoco hubo tierras para los inmigrantes. Como dijimos en la primera parte, la primera ola llegó para acomodarse entre las ciudades y la periferia. La existencia de los conventillos ilustra el asunto. Hubo apenas una fracción que fue al campo. Y así cerramos el boliche: La compensación para los indios vencidos fue un total de 24 leguas,en zonas aisladas e infértiles.

El granero del planeta

El negocio enfiló a la cría de caballos, cría de ganado, explotación de carnes vacunas y ovinas, cueros, leche, lana, y cosechas extendidas de trigo, maíz y yerba mate. Lo siento, pero la soja todavía no se sembraba. Cobraban sus exportaciones en libras, y pagaban a los empleados con pesos devaluados. Acuérdense del vaciamiento del banco de descuentos, y la deuda con la Baring.

A partir de aquí hubo las primeras invernadas y crías, los remates, venta de ganado en pie, y las operaciones a futuro. Fue el germen del mercado agropecuario actual, sumado al aparato de importación/exportación. Ambas cosas entretuvieron la mitología que fuimos – y somos en la actualidad – el granero del planeta.

Buen, el slogan original fue “El granero del mundo”. No hace falta mucho para saber que nuestra galaxia empezaba y terminaba en Inglaterra. En criollo: Acá entró plata, y fue a parar a ciertas manos. Las cifras más arriba indican que los dueños del campo gozaron varias “décadas ganadas” con su ganado. Su momento de esplendor fue entre 1880 – 1910, cuando llegó el primer centenario de la revolución de mayo.

En aquella época ya estaba vigente la división internacional del trabajo, que todavía se mantiene en nuestro caso. Europa estaba marcando un cambio de modelo económico: transición desde la producción básica, con técnicas artesanales (agro y ganadería, derivados: carne vacuna, ovina, aviar y porcina, granos, harinas y aceites) hacia la producción industrial, con técnicas asistidas por tecnologías.(Maquinas, manufacturas, y servicios financieros) Inglaterra picó en punta, y sus vecinos fueron poniendo talleres, fábricas y bancos. Algo ya explicamos en la primera parte de este mismo tema.

Los ingleses necesitaban mercados donde colocar ciertos productos y servicios. Se habla que tenían sobreproducción, y corrían riesgo que se les cayera el sistema. Igual que España, habían perdido colonias en América. Aprovecharon oportunidades aquí… pero también ocuparon otros países. Habría que ver también como hizo España para lamerse las heridas. Eso será para otro blog. Hablar de historia argentina ya es suficiente. Rematemos diciendo que hubo descolonialización. Nota al margen: “Descolonializar” es rico material para un destraba lenguas.

En el reparto, a los países nuevos les tocó ser abastecedores de materia prima. Los gringos compraban cuero, tasajo, carne salada y granos acá. Ya vimos carne enfriada y congelada. También vendíamos lana, y se dice que la mandábamos sucia. Había lavaderos para eso, pero parece que los productores se ahorraron unas chirolas. Quizás así pesaba un poco más. A fin de cuentas, la exportación era por varias toneladas.

Nos prometían que cuando fuésemos grandes, íbamos a ser como ellos. Pero siempre hay un truco; ponían barreras arancelarias altísimas allá. En términos de cocina y restorán: Servían el plato terminado, y vendían bien la carta. Pero cuidaban celosamente el secreto del chef. No facilitaban toda la receta.

Aquí llegaron algunas tecnologías industriales importadas: Trenes, telégrafos, barcos de vapor y barcos frigoríficos. Trajeron técnicos propios para operarlas, y ellos entrenaron una cantidad de empleados locales para que las usen.

Todo fue funcional al proceso de extracción y transporte de materias crudas. Estas medidas respondían al modelo del mundo mundial. En la india, los ingleses hicieron algo parecido.

Y si por el proteccionismo… con otros países, nos pasaban cosas similares: Estados unidos nos aplicó vacuna. Veamos un par de cosas que ocurrieron poco después de 1930.

  • El Dato – Comercio externo fallido con EEUU: Fue un problema de comercio exterior argentino. Inglaterra había decidido importar menos grano y carne. El asunto pintaba feo. Mirando donde exportar los churrascos, tanteamos a nuestros “primos” de Norteamérica. El detalle fue que ellos también eran agroexportadores en aquella época. Y comerciaban con la madre patria. En este empate técnico, no podíamos venderles productos que necesitaran. Ni ellos vendernos algo que nos hiciera falta. Quedamos amigos igual.
  • El Dato – Pacto Roca/Runciman: Con la baja de ingresos por la menor exportación, nuestra balanza de pagos se estaba yendo a la mierda. Bajó el nivel de importaciones inglesas, porque nos faltaba guita para comprar la cantidad habitual. Por lo tanto, hubo que renegociar con los británicos. Convocaron a Julio Roca (hijo del ex presidente Roca)para resolver el asunto con Lord Runciman. Se conoció el slogan “comprar al que nos compra”, que significaba bajarnos los lienzos de vuelta.

La seguimos en la tercera y última parte.

Que sabe nadie: Un resumen de la educación argentina o algo así – Primera parte

Nota del 2017: Este texto ya tiene sus años. Por error, lo borré. Lo subí de vuelta para recuperarlo. Disculpen las molestias ocasionadas.

Para empezar, yo no soy experto en docencia ni educación: Como tantas otras personas, pasé por la primaria, la secundaria y la universidad. Muchas cosas que digo aquí vienen de material de la red y notas periodísticas acerca del tema que estuve siguiendo con interés. Así que, hablando mal y pronto… La educación es como la saliva: la tenemos todo el tiempo en la boca, pero no sabemos exactamente de donde viene ni para qué sirve. Además, con las toneladas de errores que hubo, hay, y sigue habiendo en el sistema educativo argentino, es prácticamente un milagro que haya gente que sepa leer, escribir, sumar, restar, multiplicar y dividir sin equivocarse.

Nadie ignora que, además, la educación comienza por casa. Por lo tanto, si a este panorama que mencionamos más arriba – que para nada es nuevo – le sumamos que nuestras familias tienen muchos matices de igualdad y diferencia en sus modelos de valores y actitudes, además de numerosos conflictos con el afuera, y problemas de relación entre parientes directos y políticos… hay que reconocer que mucha gente salió bastante bien educada, pero por putisima casualidad. 

La gracia del asunto es que el sentido de la educación, en forma muy similar al que tienen los laberintos, es algo que siempre se ve mejor desde arriba y afuera. 

Al punto, como nadie es una isla, hace falta una gran lucidez y preparación intelectual para tomar la distancia necesaria y repensar las cosas… talento que el común de los mortales no tenemos. De todas formas, hagamos un intento serio. Veamos cómo nos va.

A modo de introducción: una torta por capas

Pongamos una metáfora fácil: Digamos que el asunto es parecido a una torta dulce rellena/torta por capas. Hay dimensiones morales y políticas que son elemento de liga (bah, la crema o el dulce de leche) con trasfondos económicos y modelos de desarrollo (las capas de bizcochuelo, pegadas con el relleno) cuando hablamos de “educar al soberano, es decir, al pueblo”.

Abusemos un poquín del simbolismo, y pongamos que, para no perder textura, se agrega usualmente una pequeña cantidad de líquido para humedecer el postre. Si la torta es para los más chicos, se usa almíbar; si es para los más grandes, un licor o vino dulce.

En nuestra preparación, ese es el lugar de la pedagogía; arte y ciencia de enseñar, que permite comer y digerir lo que nos dan. Un proverbio de almanaque o sobrecito de azúcar en los bares – elijan ustedes – ilustra también el tema y dice: “Si vas a planificar para un día, pesca un pez; si vas a planificar para unos meses, planta arroz; si vas a planificar para toda la vida, educa a los niños”. 

Podemos agregar algunas cosas sabidas/sobadas: que la educación es estratégica para el desarrollo de los individuos, los grupos, comunidades, países y regiones. Sostiene y amplía el sistema social, y viene reconocida como un derecho humano básico por Naciones Unidas, a partir de 1948.

Desde épocas remotas hasta acá, la visión y misión cualquier sistema escolar es formar a los ciudadanos, para que cada quien alcance su máximo potencial, y contribuya desde ahí al crecimiento y bienestar de la nación. Esto es muy lindo en los papeles, pero cuando bajamos a la realidad… ahí nos queremos matar de muerte bien muerta, por más de un motivo. 

Según han pasado las épocas, los gobiernos de turno han “actualizado” la estructura del sistema y los contenidos de cada materia, a su propia imagen y semejanza: El chiste es que la mayoría de los proyectos de país que conocemos quedaron mochos. Subía un gobierno, y tumbaba todo lo hecho por el anterior.

“Cada maestrito, con su librito” dice la frase; así que, lo que enseñaron unos lo distorsionaban o censuraban los otros; entre pitos y flautas, al final la cosa perdía sentido… generaciones completas tuvieron y tienen la inmensa fortuna de llevar en la cabeza una ensalada de ideas, no del todo enteras ni bien asimiladas, contradictorias, sacadas de contexto, y a menudo sin evidencia sólida que las respalde. Ahí vamos.

“Cada maestrito, con su librito”

Hecha la introducción, ahora nos metemos con la educación de nuestro país. Hay una enorme galería histórica e histérica de figuras y eventos en la educación argentina: Cuentan los que saben que hay indicios de las primeras escuelas estatales cuando éramos colonia española, con el gobierno de Hernandarias, allá por el S. XV.

Agregan que a partir del siglo siguiente la iglesia católica apostólica romana copó el ámbito, y que los Jesuitas fueron la orden más influyente en el tema. Se habla también de Dominicos y Franciscanos.

Yo de esto mucho no sé, pero me sospecho que por aquellos tiempos los curas debieron de adaptar y aplicar la franquicia que tenían en Europa al continente americano

Habría que ver y estudiar en profundidad bien documentos de las escuelas, colegios y universidades fundadas y administradas por los curas. Habría que ver también cómo aprendían las mujeres de aquel tiempo, ya que la educación estaba mayormente destinada a los varones. Habría que ver la importancia de memorizar textos y conceptos, repitiendo muchas veces; también habría que ver cómo eran los castigos corporales que ligaban los alumnos si rompían reglas u olvidaban lecciones. Habría que chequear también cuáles eran las sanciones para los maestros que aplicaran mal las reglas. Todo esto lo salteamos, medio porque no lo sabemos con exactitud y medio porque no es cuestión de perderse en detalles.

 La cosa se puso espesa dos siglos más adelante, al llegar el siglo diecinueve, cuando irrumpieron en nuestro propio país una cantidad de ideas avanzadas en varios frentes, incluyendo la docencia. 

Ni bien la primera junta de gobierno criolla le dio pase al virrey Cisneros en 1810, un funcionario del nuevo régimen, Mariano Moreno, escribía y publicaba en el diario “La Gaceta de Buenos Aires” el plan político a seguir por el nuevo gobierno nativo.

El modelo que aspiraba concretar era el de la revolución francesa, con todo lo que significaba la libertad, igualdad y fraternidad, abolir la nobleza y sus privilegios sobre la tierra y la renta, poner en el poder a los representantes del pueblo, entre varias cosas más.. 

En educación, Moreno estaba interesado en formar a la gente con los nuevos derechos y obligaciones ciudadanas en el entonces novedoso formato de las democracias republicanas modernas, gobernadas por tres poderes, sobre la base de consensos, etc.

En los papeles, era imposible estar en desacuerdo con el modelo, por todas las ventajas que ofrecía. En la práctica, mucha gente se sumó, pero de la boca para afuera; mientras no les tocaran el bolsillo, todo bien. Otros se opusieron, ya que tenían mucho para perder. Al final, estalló el quilombo. Y como Moreno tenía la lengua afilada, y repartía palos bien dados a propios y ajenos, finalmente lo barrieron bajo la alfombra y a otra cosa, mariposa.

La presidencia de Bernardino Rivadavia y su proyecto político, le aporto varias cosas a la educación. En esa época se fundó la Universidad de Buenos Aires, se dictaron normas para el magisterio, se realizó el primer censo escolar, se creó la inspección general de escuelas, y el colegio de ciencias morales otorgaba becas a los alumnos del interior del país, que demostraban tener mérito para recibir una educación superior.

Dato de color: Uno de los alumnos destacados de aquel colegio fue un abogado, diplomático y músico llamado Juan Bautista Alberdi, que contribuyó a la constitución nacional definitiva. El método pedagógico de la época fue el de Bell/Lancaster, por cual un maestro formaba a un grupo de alumnos, quienes a su vez formaban a otros estudiantes. 

Por su propio lado, los ejércitos libertadores de José de San Martín y Manuel Belgrano, no solo luchaban batallas, sino que en cada territorio ganado fundaban escuelas y bibliotecas públicas cada vez que podían. Para ir cerrando aquí, la etapa posterior sirvió para afianzar el modelo educativo en algunas cosas. Pasen y vean por favor.

Rosas, Sarmiento y sus espinas

Con la guerra y la independencia de España ya ganadas, empezó la confederación. La idea era organizar el territorio y dictar una constitución nacional para darle forma al estado y la nación. Un tal Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires, dirigió este show así: Puso el tema de la constitución en el freezer, y administró el país como una estancia. Cada provincia estaba controlada con puño de hierro por caudillos. Rosas los mantuvieron contentos y entretenidos repartiéndoles tierras, armas y negocios.

Las alianzas internas le sirvieron y mucho para mantener el sistema: agregaron territorios al país, y con apoyos internos se bancó el bloqueo de la flota anglo francesa sobre el puerto de buenos aires. Finalmente, zafamos de esa situación, incluso ganando algunas batallas.

Durante esta época, específicamente en educación, la federación abolió el método Bell/Lancaster. Redujo el presupuesto educativo, y autorizó a las escuelas a cobrar una cuota a las familias, para compensar las labores docentes. 

En la práctica, esto les cortó el acceso a la educación a las clases más bajas y las condenó a la ignorancia. En paralelo, reforzó los valores de la religión de estado argentina, es decir, el cristianismo católico apostólico romano. No tengo muchos datos sobre el detalle, pero ahora que lo pienso, lo más probable es que Rosas y su gente hayan aplicado este criterio, no tanto por devotos o genuinos creyentes, sino más bien porque les servía de denominador común entre gente de distintas regiones, algunas bien lejos de buenos aires.

Otro rasgo de época fue una feroz persecución ideológica, donde no era ajeno lo educativo. Quizás la mejor forma de ilustrar esta época sea dar un ejemplo. En la red hay publicado un perfil muy completo de un tal Marcos Sastre, periodista e intelectual uruguayo, pionero en el tema educativo en nuestro país.

Se cuenta que Sastre fundó una escuela modelo en buenos aires. Cuando subió el Rosismo, mandaron inspectores al establecimiento; cerraron la escuela, y apretaron al director para que vaya. Se refugió en una localidad del interior y luego afuera, donde esperó mejores tiempos para seguir su tarea. Eso le llegó años más adelante, con una nueva etapa. Fue el segundo al mando de las reformas educativas de la era posterior. 

Con la guerra civil entre federales y unitarios – que finalmente ganaron los unitarios – habían barrido a cuanto gaucho, indio y pardo pudieron meter debajo de la alfombra. Con la posterior campaña del desierto, también hicieron bastante limpieza étnica, y se sacudieron a los caudillos provinciales de las solapas. Así que, al final quedaron los criollos cara pálidas; cuando agarraron la manija, se dedicaron a repartirse negocios y saquear las cajas del estado, especialmente la renta aduanera del puerto. 

Y como cualquier pirulo que haya leído Billiken sabe, la figura importante de esta época fue Domingo Faustino Sarmiento. Siendo presidente de la nación, organizó el sistema escolar argentino moderno. A partir de su propia gestión y la obra de sus continuadores, se conocen medidas importantes y unas cuantas cagadas no menos trascendentes en educación. Por ley de educación común, nº 1420, deja establecida para la Nación la Educación primaria obligatoria, gratuita, laica y gradual. 

Aunque parezca mentira, en un estado que por lo general era bastante trucho, hablaron el tema en serio: Con debate en el congreso, se discutieron detalles como la educación mixta, religiosa, laica, suprimir los castigos corporales, y la jurisdicción del sistema. Quedó que la ley es válida para la capital federal, y como precedente, ordenaron que cada provincia dicte para si una ley similar o redondamente igual. El estado empieza a difundir esta idea en todo el país, de la quiaca hasta Ushuaia.

Como parte del plan, aumenta el número de colegios normales, para la formación de los futuros docentes. En el nivel medio, se crean las escuelas nacionales, donde se forman los cuadros dirigentes de nuestro país. La enseñanza es de tipo enciclopedista, y prepara para el ingreso a las universidades, que resultan muy desatendidas en la época

Por y quizás a pesar de un programa de ayudas económicas a las escuelas de todo el país, llegaron desde estados unidos algunas maestras para enriquecer el sistema, y le dieron grandes aportes pedagógicos. Pero quizás por tradición machista, además de la tradicional corrupción política y administrativa, el esfuerzo de estas chicas no fue del todo reconocido.

Cuentan que el paro docente más antiguo en nuestro país fue durante la presidencia de Julio Argentino Roca, en reclamo de sueldos atrasados de la época de Avellaneda, y en señal de protesta por despidos y recortes de presupuesto. Quizás podemos afirmar que a partir de este momento en adelante comienzan los padecimientos del gremio

Como cereza del postre, cambian los textos de estudio tradicionales por otros libros, escritos por políticos nativos. Especialmente Sarmiento, José María Gutiérrez, Marcos Sastre y otros. 

Al punto, el plan educativo y su pedagogía buscaban formatear a las nuevas generaciones con unos criterios que demostraron varias inutilidades a la vuelta de los tiempos. Pongamos corta la bocha: la intención era importar a la argentina la vida urbanizada estilo europeo, a cualquier costo, en la inteligencia que modernizar nuestro modo de vida iba a traernos progreso a todos. 

Tal parece que a Sarmiento le dieron la visita guiada para turistas mientras estuvo en Europa. Y no fue el único que la marró feo; mucho antes de ascender al poder, y ya viviendo en nuestro país, la idea mayoritaria que tenían de “pueblo” los intelectuales unitarios era la población… pero a imagen y semejanza de las clases bajas y medias europeas, que algunos de ellos luego conocieron en el exilio durante la guerra. 

El combo mental de los padres de nuestra educación incluía combatir hasta eliminar toda cultura regional, todo saber popular, y reemplazarlos por valores positivos, pero importados. Cuentan los que saben que el proyecto de Domingo Efe era darle impulso a la civilización educada, en la inteligencia que la sociedad ya instruida iba a completar por si sola el resto. ¿Lo hizo? Ya veremos.

Quiero creer que Domingo Ese no era ningún gil, y estaba consciente del hecho que para adoptar y adaptar la receta de afuera – Sarmiento pensaba en el crecimiento norteamericano de su época como modelo – hacía falta también un sistema económico industrializado, productor de tecnologías y mercaderías manufacturadas. Estuvo bien avispado para advertir que todo eso debía comenzar por la escuela. 

Pero como dijimos más arriba, el plan educativo se concentró en los conocimientos generales, es decir, enciclopédicos. Conscientes del asunto, no nos queda otra que bajarle la nota, ya que se olvidó de la educación técnica, orientada a los oficios y al conocimiento utilitario. 

Y que no se diga que aquel conocimiento no estaba disponible por esos años: El ferrocarril aquí ya estaba en construcción, habían llegado algunas empresas inglesas y estaban laburando eso. Las barcas a vapor de la época que iban y venían del puerto. No salieron de un repollo. Hubo gente que se capacitó en algún lado para fabricarlas. ¿Era difícil conseguir los planos de una, aunque más no sea por joder? 

Podemos suavizar un poco la condena para el “padre del aula”, si tenemos en cuenta que uno de sus máximos objetivos fue fomentar el entorno para que hubiese colonias de agricultores instruidos, modernos, en condiciones de evolucionar. De hecho, su mayor logro en vida fue haber fundado una colonia experimental en la provincia de santa fe. Pero tampoco la pavada: la “civilización”, ilustrada y cara pálida, mata gauchos, opuesta a la “barbarie” que para él representaba la federación, no era exactamente mejor.

Había que educar obreros, por no decir ingenieros o arquitectos, y se le chispoteó. Ese tipo de escuela apareció por iniciativa de otra persona. En paralelo, la economía argentina estaba empezando a tomar su forma actual, es decir, el modelo agroexportador. 

Vendíamos materias primas a los países desarrollados de la época, principalmente Francia e Inglaterra. A cambio, comprábamos importados los productos manufacturados que se hacían allá con nuestras comodities. Y como los británicos no eran boludos, para no perdernos como clientela, nos cobraban esos productos con tarifas preferenciales.

Así quedaba – por ejemplo – que las botas inglesas, de buena calidad y hechas con cuero argentino, eran un producto caro para nosotros – ya que teníamos que pagar aduana, aun con precio de amigo – mientras eran más baratas en gran Bretaña, donde se fabricaban. Y el ejemplo de las botas no fue el único en aquellos días.

En consecuencia, nos guste o no, las fallas frecuentes de nuestro sistema educativo y las taras de nuestra sociedad, provienen de haber masticado y digerido mal la segunda y última mitad del siglo XIX. Nos guste o no, cada proyecto de país y el sistema escolar/pedagógico que los escoltaba – como corresponde en estos casos – fue planificado y ejecutado desde arriba hacia abajo, la mayoría de las veces con poco y nada de análisis previo de la situación. 

Y como es de esperarse, los proyectos que vienen así son tan útiles como sembrar bananas en la puna. Así como una casa no se construye sin medir el terreno, ni sabiendo cuales y cuantos materiales hay para aprovechar, la educación no puede diseñarse sin conocer las condiciones del país y la calidad de sus gentes. La devolución desde abajo hacia arriba – como es habitual, más todavía cuando los proyectos son chuecos o rengos – fue y sigue siendo el desastre. 

Nos guste o no, la experiencia nos enseña que en lugar de sembrar conocimientos y formar personas, social y políticamente correctas, nos han quemado la cabeza a más de uno, y así andamos como el orto… Como la historia es continuidad, por supuesto, las cagadas acumuladas siguieron en el siglo pasado.

De un tiempo a esta parte

Al llegar al S. XX la política educativa varía en algunos aspectos, pero no cambia demasiado. ¿Fue por Gatopardismo? ¿Hubo Gataflorismo? La respuesta tiene que darla nuestra era, el siglo XXI. Pero no la tiene fácil, porque se lleva previas materias de la era anterior, y también tiene dificultades para rendir lo que le toca actualmente.

Entonces, para ayudar a que zafe por lo que le falta, esperemos que esto ayude. Pongamos de entrada que desde fines del XIX hasta entrado el XX hubo un tire y afloje entre la enseñanza enciclopédica y la enseñanza técnica. En paralelo, empezó a cobrar peso político el grado de matrícula y participación de la comunidad en cada nivel educativo.

A partir de aquí, con la estructura educacional ya afianzada, quedaron nítidas ciertas cosas que siempre estuvieron ocultas a plena vista. No menos importantes fueron las intervenciones de los gobiernos de facto en la educación. Dicen los expertos que hubo cinco modelos de gestión educativa, casados con cinco modelos de política. Ahí van

Estado Oligárquico y Educación para la elite

Como ya dijimos con más detalle en otros textos, los gobiernos conservadores agotaron su propio modelo. Pero antes de salir del poder, una conserva de turno dicta la ley de residencia, para atajar a los inmigrantes con militancia política – anarquistas y socialistas – que empezaban a mover el cubilete con bastante ruido. Inicialmente, hubo alto nivel de obra pública, aumento de las inversiones extranjeras, fue creado el registro civil, hubo aumento demográfico, expansión de las ciudades, y se firmaron los primeros tratados limítrofes con Chile. Y parece que anduvimos bien.

Pero el uso y abuso de los negociados llevo a la crisis de 1890. El banco Baring Brothers – tradicional inversor británico en nuestro país – hizo malos negocios y quebró. Siendo el principal inversor en nuestro suelo, se llevó puesta la economía del país. La mishadura que trajo, puso a los indios muy cabrones, y eso que ya venían bastante cabreros de antes del estallido, especialmente los anarcos. La revolución del parque, la formación de la UC y el radicalismo ya las mencionamos en otro lado.

El diseño de la educación apuntaba a formar una elite gobernante, que controlara la tierra y el estado. El vínculo de estas minorías con el modelo económico pasaba por el rol ideológico de las escuelas, especialmente en el nivel medio y superior.

Traducido al criollo: cuando hacían bien los deberes, luego pasaban a la carrera política y subían al poder, donde afanaban a manos llenas y después se iban. Más arriba hablamos – sin mención directa – de la europeización de nuestra cultura, cuando le dimos palo a Sarmiento, fundador del modelo.

Los valores a difundir eran: el progresismo, el democratísimo y la filantropía. Pero en la calle y en las casas… de progreso, más bien instrucción básica y cierto progreso “cosmético”, como explicamos oportunamente; por su lado, eso de la democracia. Democracia, ¡Las pelotas! tal cual definió Adelina D´Alessio de Viola, diputada nacional de signo neo conservador un siglo más tarde.

Por supuesto, Adelina se refería a otro tema. La frase igual sirve para recordar que el sistema político era podrido en ese entonces. Y si de filantropía se trataba, la educación que fomentaba la sociedad de beneficencia, era prácticamente un salvavidas de plomo destinado a las mujeres. Surgió de una iniciativa de Rivadavia, que dirigió a las damas de la clase más alta de su época. Las señoras aceptaron, y ahí estuvieron generación tras degeneración por espacio de un siglo y medio.

Asociación tradicionalista por excelencia, sobrevivió a todo, menos a dos gobiernos: la federación y el peronismo. Luego de la caída de Rosas, retomaron sus funciones. Pero al llegar el siglo veinte, Eva Perón le firmó certificado de defunción… disculpen ustedes la involuntaria rima. Ya volveremos al detalle más adelante.

Al punto, les enseñaba a coser, a cocinar, y obedecer a los tipos sin chistar… ¿Bonita ayuda, no? La meta de los últimos conservadores en el poder era dividir a la sociedad en estratos, según su acceso a la educación y a partir de ahí, mantener una suerte de sistema de castas.

Un legislador conservador de turno, Carlos Saavedra Lamas, propuso en 1916 un sistema de filtros a partir de la escuela media. La idea era hacer una divisoria de aguas, así aquellos “que no les daba” llegaran hasta el primario y se las rebuscaran con los trabajos manuales. Mientras tanto, los que les daba el bocho, que siguieran hasta el fondo. Además de legislador, Lamas fue canciller; por los tratados con Chile ligó el premio Nobel. Se nota que fue mejor diplomático que educador.

Se cuenta que en esa época hubo un periodo de relativa paz social interior, al menos para las élites: la educación media y superior se les hizo agria a los inmigrantes, ya que la ley de residencia y la gestión del sistema no les daban acceso a la política. Hubo altibajos en el corto y mediano plazo a propósito de la matrícula en las primarias. 

Según algunos, fue porque las clases bajas “molestaban poco”. Pero eso no fue del todo cierto. Una novedad histórica fue un cambio de método didáctico: se pasó al modelo de pedagogía evolutiva, concebido por Pestalozzi. Aula y docente debían aprovechar la percepción y agudeza de los chicos para relacionarse con el entorno.

Mitad jugando, mitad instruyendo, con imágenes y juegos de silabas – algunos que aprendimos a leer con el librito “Upa” las conocemos bien – la idea era ir incorporando palabras a las imágenes, y con imágenes y palabras, de a poquito, estimular la capacidad de desarrollar ideas, escribirlas y leerlas.

Era y sigue siendo un noble método de enseñanza científico, con base a principios de antropología, sociología, y aspectos morales, que debe de estar vigente en algunos lados – era lo que usaba cualquier jardín de infantes de antes – y se agregaba al germen de la ciencia de la educación en argentina, que ya conocía: la repetición de memoria, el método Lancaster, y finalmente esto.

De hecho, la imagen de la escuela como “un segundo hogar” que nos enseñan en primaria, proviene de aquí. Para inicios del nuevo siglo, asomó la cabeza un toque la educación técnica, bajo la forma de talleres, sin alcanzar desarrollo.

Otra novedad fue la aparición, sobre el fin de ciclo conservador, de las escuelas fundadas por asociaciones vecinales o civiles, que se conocieron también como “Escuelas libres “cuyo objetivo fue contener a los que quedaban fuera de las cuarenta del mazo.

Y tal parece que lo consiguieron por un tiempo. Se dice que algunos gremios socialistas fueron de la partida en estos proyectos, mientras que los anarquistas bochaban la idea por burguesa e institucional. Entre 1896 y 1889 apareció la primera enseñanza técnica, como anexo de un colegio nacional. Para más adelante, la cosa fue creciendo. Seguimos en otra sección.

Estado benefactor y educación para el progreso

La cosa es que bajaron los conservadores y subió el radicalismo. Su proyecto fue… bueno, eso lo vimos en dos bonitas paginas intituladas “Balada triste de radicheta” “Más balada triste de radicheta” así que les ahorramos el deja vu. De todas formas, digamos dos cosas. Primero, asciende por fin a la participación política la clase media emergente, compuesta por los inmigrantes y sus hijos, que se habían quedado con las ganas de la era anterior.

Muchísimo más moderna, con genuina vocación republicana, con mayor sensibilidad social que cualquier conserva, la nueva generación se ocupó de pacificar conflictos. Al punto, los radicales le recuerdan a todos que el estado es garante de los derechos y fiscal de las obligaciones civiles, tal cual lo marca nuestra constitución nacional. Los conservadores se cagaron en eso desde siempre. Al punto, la UCR dio vuelta la tortilla y cumplieron e hicieron cumplir las leyes.

Segundo, hubo estado benefactor: la gestión del estado intervino fuerte en la economía para favorecer el desarrollo. La educación tuvo un gran componente económico, con su correspondiente carga de conocimientos utilitarios, pero esto no quitaba que tuviese también un fuerte acento político. 

Es decir: mantener abierta la fábrica de militantes y dirigentes. El primer gobierno de Yrigoyen derogo la reforma de Saavedra Lamas, y aflojó los nudos que habían apretado los conservadores. En el área, y para que nadie sea menos que ninguno, el radicalismo abrió el debate sobre quienes debían dirigir el sistema: Estado, Iglesia, o Asociaciones Civiles. 

La cosa tomó lugar en el congreso de la nación. Hubo proyectos de ley, discusiones, presiones, y finalmente ganó el estado. Porque fue y es el único factor que cubre todo el terreno, y por democracia con república, tiene capacidad para garantizar la igualdad de oportunidades a todos. Una consecuencia importante de esta decisión fue que las escuelas libres desaparecieron del mapa, y quedaron las escuelas estatales y religiosas como incómodos compañeros de cuarto. Convivieron por un tiempo, pero las diferencias de modelo saltaron en la era siguiente. 

El cambio de enfoque en el área educación fue incluir la enseñanza entre los derechos civiles. Significaba un beneficio sociocultural para todos; no era dádiva al marginado, ni privilegio para algunos. El cambio de eje también pasaba por no solamente “educar al ciudadano”, sino también educar para el trabajo y el progreso, sin que se pise con la formación de cada quien como persona. 

Otro ejemplo que ilustra la época es la sanción, reglamento y cumplimiento de la Ley Laínez, cuyo objetivo fue dotar de códigos y practicas uniformes a todo el sistema: El ritual de izar la bandera, formarse y cantar el himno, quedaron instituidos a partir de ahí. Antes de la ley, no eran prácticas regulares en las escuelas y colegios. La medida buscaba cumplir una idea de Leandro N. Alem: promover el sentimiento nacional. El rebote fue que, en lugar de expresar la noción de la unidad nacional, quedó como bajada de línea desde buenos aires al resto del territorio. 

Pero el número principal del show fue la reforma universitaria. Sucedió en 1918: Durante la elección de las autoridades de la universidad de Córdobahubo un movimiento estudiantil que cuestionaba – no sin fundamento – la elección puntual del rector y su equipo, pero el tema de fondo era la organización general del establecimiento y del nivel superior. 

Para hacer sentir sus reclamos, tomaron las facultades en señal de protesta. Contaron con el apoyo de algunos gremios, y no eran una pandilla de revoltosos con ganas de aventuras: el conflicto fue prolongado y serio. Cuentan que la mano se puso espesa porque hubo goma durante un desalojo. Cuentan que mientras estaban eligiendo a dedo a un nuevo rector, un grupo de estudiantes irrumpió en la reunión y lo impidió. La policía tuvo que intervenir.

Ante la amenaza de perder equilibrio político en la zona, el gobierno mandó dos delegaciones: la primera escuchó el reclamo, pero actuó a favor del status quo; siguieron los quilombos. La segunda escuchó el reclamo, y esa fue hasta el fondo.

En consecuencia, quedaron en: acceso libre, gratuito e irrestricto a las facultades, sin examen de ingreso y sin mayor requisito que haber aprobado el nivel medio; libre participación y formación de centros de estudiantes en cada facultad, universidades nacionales como entes autárquicos financiados por el estado, gobernados en forma colegiada por el rectorado y los decanos, el claustro de graduados, y los centros estudiantiles; mandatos acotados para cada dirigente y comicios periódicos para renovar representantes de cada fuerza; ultimo pero para nada de ultimas, concursos de antecedentes periódicos para decidir los nombramientos de los profesores titulares en cada cátedra.

No estoy muy seguro del detalle, pero cuentan que hubo un antecedente de estos eventos en un rincón de Alemania. Sea como sea, este modelo hizo historia, y aseguran algunos que fue el primero de su clase en América latina. La universidad de buenos aires (UBA) lo adopto para sí misma, y el estado argentino lo extendió por ley a las universidades que dependen de él. Para ir cerrando esta sección, demos cuenta que hubo aumento de la matrícula escolar en todos los niveles, y que existe al menos una investigación académica que aborda este detalle de época.

Estado de bienestar y educación para la liberación

Esta es la era del peronismo, luego de la década infame. La gestión de Perón la contamos en las dos partes de “Peronismo explicado para dumios“, así que acá también ahorramos tramites literarios. Pero nobleza obliga decir que hubo estado de bienestar, con su carga de intervenciones directas del estado nacional en la economía y el resto del sistema.

Así como el radicalismo contribuyo al ascenso de la clase media, excluidos del sistema por los conservadores, el peronismo hizo lo propio con la clase baja, bochada por los conservadores y descuidada por los radicales. La gestión de los años 40s promueve la movilidad y la inclusión social de los sectores más postergados, por medio de su participación plena en el sistema educativo, y esto implicaba nuevas conductas y actitudes. Algunas muy positivas, y otras no tanto.

Un ejemplo es el fin de la sociedad de beneficencia. Por costumbre, las señoras ofrecían la presidencia de la sociedad a la primera dama de turno. Cosa que – según parece – cada esposa de nuestros presidentes aceptaba de buen grado. Pero por única vez en su historia, pusieron un filtro con Eva Duarte de Perón: no era de extrañarse. El estilo político combativo, el tonito teatral, algunas veces tremendista, y las ideas reformistas, más el culto a la personalidad de ambos, no daban para la membresía… les olía a Rosismo. Cuando Juan Perón asumió, las damas señalaron que ella era demasiado joven para asumir el cargo, y rompieron su tradición para mantener sus hábitos.

Cuenta la leyenda que Eva Duarte nunca conoció a su padre, y provenía de una familia venida a menos. Dicen que eso forjó su carácter. Y cuentan también que como actriz de carácter, tenía mucho de carácter y poco talento como actriz. Así que un “toque” resentida, Evita replicó a la Sociedad de beneficencia que, siendo ella joven para el cargo, les proponía a su mamá como candidata. Esto fue el principio del fin para la asociación. Porque rompían lazos con el poder de turno por segunda vez, venían flojas de papeles, y se les acababa el queso. El espacio que dejó vacante la sociedad luego lo ocupó la fundación Eva Perón.

Pero más allá y más aquí de las señoronas, el asunto estaba en oportunidades que mucha gente no había tenido nunca antes. Al punto: Con el peronato, la primera ola de laburantes modernos tuvo trabajo y salario en blanco y beneficios asegurados. La economía marchaba bien, y abonaba que nadie prestara demasiada atención a censuras sobre la oposición y unos cuantos presos políticos. 

En educación, hubo un slogan: “Los únicos privilegiados son los niños” Bajo ese lema, el área fue un instrumento formidable para influir sobre la sociedad. Excursiones escolares gratis, regalos a los chicos, y favores a las escuelas y padres desde la fundación, centros de estudiantes peronistas en el nivel medio, participación de agrupaciones peronistas en la UBA, sumados al texto de propaganda “La razón de mi vida”, lectura obligatoria en el nivel inicial, formaron parte de la postal de aquellos años. Dato de color: Durante su época de aparición, este libro se publicaba firmado por Eva Perón. Luego se supo que aquel texto didáctico lo escribió otra persona, mientras que un manifiesto político titulado “Mi mensaje” era genuina expresión de la señora, y estuvo en tela de juicio cuando salió a la luz recién en 1994.

La enorme novedad de la época son dos proyectos: primero, la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional (CNAOP) dependiente del ministerio de trabajo; segundo, queda fundada y en funciones la Universidad Obrera Nacional (UON) ambas cosas destinadas a preparar mano de obra calificada y especializada. Con los años, aumenta la matricula en la educación técnica, y dicen que se gana en calidad. En paralelo, crece un clima político bastante efervescente, para no decir bolonki.

Luego de la revolución libertadora – uno de tantos gobiernos de facto que supimos conseguir – entramos en lo que yo llamo la era de los proyectos truncos del radicalismo. Fue cuando Perón estaba en el exilio, y su partido, proscrito por los militares en el poder. Al punto, y sin querer queriendo, la UCR puso esta última medida en el freezer, ya que así se presentaban a elecciones casi sin oposición.

Cuando el asunto se ponía espeso, unos cuantos iban a golpear la puerta de los cuarteles para pedir orden. Y los milicos intervenían. Durante el gobierno radical de Arturo Frondizi hubo una fuerte movida en el área educación. Por un lado, estaban radicales, socialistas, la izquierda y las autoridades educativas: bancaban el modelo de enseñanza laica. Por otro, un movimiento de ultra derechas, fundado por jóvenes de clase alta y con la bendición de un cura, que se llamó Tacuaras, intervino – y hasta con violencia… mire usted – en el debate. Bancaban la enseñanza religiosa obligatoria. El modelo a seguir para ellos era la España franquista. Representaban la opción de la enseñanza libre, aunque no estaban muy convencidos de la idea. Aparte de unos atentados, un secuestro y un asesinato político, su especialidad fue romper las movilizaciones estudiantiles de sus adversarios.

Recordemos que aquella ley de educación común (Si, la de Sarmiento) definía nuestro sistema como laico, es decir, independiente del clero, y ya desde la primera junta de gobierno, la política de estado es la enseñanza centrada en el conocimiento enciclopédico y positivista. Así que, hablando en criollo: el debate era al pedo, porque ya estaba cerrado hacía un siglo y monedas. Pero ciertos personajes se estaban poniendo cabrones, por modas ideológicas.

Profundamente conservadores, antisemitas y anticomunistas, los tacuaras pusieron de moda un slogan que quizás algunos mayores recuerden: “Laica es Laika” en referencia a una perrita que enviaron los rusos en una cápsula al espacio, cuando eran URSS, (leninistas, trotskistas, estalinistas y otros tonos de rojo) que competían contra EEUU por la carrera armamentista y espacial, mientras combatían en la guerra fría. De regreso a nuestro país, era evidente que para nuestros “nobles punta de lanza”, apartarse de ciertos valores era reducir a los alumnos a sujetos de prueba, ratas de laboratorio, destinados a morir por manos de la ciencia de “los rojos”.

La cosa al final quedó blanqueada con el actual sistema – de enseñanza libre – donde ambas educaciones conviven sin pisarse, y todos contentos. Puesto en términos algo más técnicos: el estado establece pautas básicas para la enseñanza, y deja espacio a cada institución educativa para incorporar contenidos adicionales, siempre que no violen las pautas establecidas. Digamos que la religión, que se retiraba por la puerta, volvió a entrar por la ventana. En la segunda parte dedicamos un poco más de espacio al asunto.

A mediados de los años 50s, la dictadura reorganiza parte del sistema educativo: La CNAOP pasa a depender del ministerio de educación y se agrega a las escuelas técnicas existentes. Todo queda bajo control de la comisión nacional de educación técnica (CNET) que sienta el antecedente para aparición de la Conicet.

Saltando hacia los años 60s/70s, la breve pero intensa presidencia del radical Arturo Ilia facilitó muchas cosas en educación: dicen que destinó la tercera parte del presupuesto nacional para fortalecer el sistema. Pasaron de un módico 12% a un 23% de la torta, e inició el programa nacional de alfabetización, hubo escuelas con comedor, y se dio impulso a las escuelas técnicas y ruralesEn la UBA, egresaron unos 40.000 estudiantes. Se dice que es una cifra record inclusive hoy día.

Quizás podamos decir que gracias a estos estímulos la segunda y tercera generación de la clase media baja, formada por hijos de trabajadores – entre las que se incluye mi familia – accedió a las profesiones liberales, no sin que les cueste alguito.

Dato de color: Mi viejo, cuando ingresó a la facultad para convertirse en contador, llegó a la crisis de nervios y llanto con “Álgebra II”. Las formulas y principios de aquella materia, parecían escritas en ideogramas para el hijo de un cocinero, nieto de tanos, que había terminado la nocturna mientras laburaba en una fábrica de clavos. Por suerte para él, uno de sus compañeros de clase lo ayudó. Finalmente superó ese problema.

Pongamos segunda y comentemos que había agite en las universidades y también en las secundarias: Muchos no se pudieron resistir a las promesas utópicas y románticas del comunismo, tal como las contaban Castro y Guevara en sus discursos y arengas. En paralelo, sucedía que las izquierdas argentinas tenían líderes pero no aparato político.

Alguno sugirió que debían participar en el peronismo, ya que se veía como el único movimiento popular que transformaba al país. Inventaron el helado caliente ridículo y estúpido del peronismo de izquierdas, ya que Perón nunca fue un hombre de la zurda jamás en su vida. De hecho, los tacuaras – tan fachos y derechos ellos – viraron hacia la izquierda y tuvieron relaciones carnales con el peronismo zurdo ¿será que los extremos se tocaron?

Durante la dictadura dirigida por Juan Carlos Ongania, sucedió la noche de los bastones largos: por decreto del ejecutivo, quedaban suprimidos el cogobierno y la autonomía universitaria, cambiaban las autoridades, y por supuesto, la idea fue purgar los claustros de gente que “pensaba feo” Hubo asambleas que resistieron pacíficamente esta medida. Los echaron con gases lacrimógenos, a golpes y patadas. Muchos marcharon al exilio luego de este episodio.

Para ir terminando esta sección, digamos que ya sea con dictaduras al palo o con democracias blandas, el modelo económico del estado de bienestar se terminó por falta de fondos. Durante la breve y tercera presidencia de Perón, estallo justamente este problema. Y el “general” se murió antes de resolverlo. Sus sucesores cayeron como marionetas sin piolín. La tentación de llamar a los cuarteles y que los milicos pongan orden era muy grande. La explicamos en la sección que sigue.

Estado totalitario, y educación por y para el orden

Desde 1930 en adelante tuvimos golpes de estado, cada uno con su carga de corrupción, presos y muertos políticos, pero duraron poco. La excepción que confirmó esta regla fue una dictadura cívica – militar entre 1976 y 1983: el proceso de reorganización nacional. A diferencia de los otros gobiernos de facto, tuvo programa de gobierno de largo y mediano plazo. Y cuando ascendió, quedó en condiciones de perpetuarse en el poder.

Por y a pesar del daño que causó, tuvo consenso activo de una minoría que, obviamente, se beneficiaba con el régimen, y el consenso pasivo de toda la población En la previa al golpe, la violencia política estaba agotando a la gente. Ante la falta de garantías y respuestas, la pobrísima cultura y educación política de las mayorías percibió el gobierno de facto como salida temporal al problema. Claro quedó luego que las fuerzas armadas tenían otro objetivo aquella vez.

Al punto, la educación que recibieron nuestros milicos debió formatear la toma de decisiones a la hora de atender a quienes llamaban a su puerta. Se formaron aquí, en el Colegio militar de la Nación, dependiente del ejército; la Escuela de aviación Militar de la fuerza aérea, y la Escuela superior de Guerra de la armada. Pero varios de ellos luego hicieron posgrados en la Escuela de las Américas, que funcionó desde 1946 hasta 1984 en la república de Panamá. Luego que fue denunciada por organizaciones de derechos humanos de todo el planeta, los yanquis la blanquearon. La mudaron a una localidad de Estados Unidos y le cambiaron el nombre.

Cuentan que todavía sigue funcionando. Pero mientras estuvo ahí, muchos militares latinoamericanos se perfeccionaron en la doctrina de la seguridad interior. 

Por defecto, cualquier fuerza armada debe manejarse con hipótesis de conflicto para luchar contra un enemigo externo. Pero con la revolución cubana como referencia, empezaban a preocuparse por los insurgentes nativos, su agitación y propaganda y la guerra de guerrillas urbana y rural. Se dice que esta inquietud vino importada desde estados unidos, ocupados y preocupados por contener el avance internacional del comunismo.

Se dice que algunas de las estrategias que usaron los argentinos las trajeron importadas de la intervención francesa en Angola. Al punto, la enseñanza de la escuela de las américas no debería de verse como mero factor ideológico; esta academia militar de elite tuvo un sitio en la educación especializada de adultos: de sus cursos egresaron los tiranos modernos más energúmenos del siglo pasado. Antes del golpe, hubo 600 militares argentinos que se entrenaron allá para torturar y asesinar a todo activista social de aquí.

Cuentan que su entrenamiento incluía torturarse entre ellos mismos, para que cada uno conociera sus propios umbrales de dolor, y por otro lado, ganar habilidades en cada técnica. Agregan que los alumnos se calificaban entre sí. Habría que ver si se ponían buenas notas. El teniente general Roberto Viola y su colega Leopoldo Galtieri – ambos presidentes de la nación durante el proceso – formaron parte de los muchos egresados de esta “prestigiosa” casa de estudios. 

Avancemos con “Una que sabemos todos”: El régimen hizo terrorismo de estado. Organizó y ejecutó un plan sistemático de genocidio contra la población civil. Hubo miles de detenciones y secuestros ilegales clandestinos de prisioneros políticos, para trasladarlos a una red de campos de concentración secretos, donde se los torturaba y mataba.

Solo pocas personas se atrevieron a desafiar al gobierno, motivadas por la desaparición de algún familiar o amigo. El resto – les guste o no admitirlo a quienes vivieron ese tiempo – miraba otro canal. la fracesita “algo habrá hechoo” era un lugar común cuando alguien se perdía por ahí.  

El clima cultural fomentaba la autocensura. Una tendencia fuerte en aquellos días fue refugiarse en el individualismo. A fin de cuentas… las promesas de idealismo que supuso un orden social justo, que no la revolución, nadie las cumplió. Y hubo gente presa, herida o muerta por su causa.

Era de esperarse que muchos optaran por una mezcla de pragmatismo y resignación. Esto puede explicar las actitudes de las muchedumbres, que parecían no sacudirse demasiado por algunas noticias.

Pero no es tanto de eso que queremos hablar, sino concentrarnos en la educación. En el área, desarrollaron un férreo control de la información, que incluía un gran sistema de censura previa sobre productos culturales nacionales y extranjeros. Había un permanente bombardeo de propaganda afín al régimen, por los medios de comunicación masiva y otros espacios, entre ellos, las escuelas. Hubo control de la importación y alguna quema de libros inconvenientes para el gobierno- los Nazis inició este hábito político – y listas negras para la prohibición de ciertos textos, e impedir el trabajo de artistas, intelectuales, políticos y periodistas militantes a full y otros más moderados. Muchos de ellos desaparecieron, y los más afortunados marcharon al exilio.

Obviamente, se vivía en estado de sitio a perpetuidad. Mientras tanto, según los expertos, la pedagogía se reconcentraba en la disciplina, sin atender a procesos ni resultados de la enseñanza. Se dice que en el paquete de medidas hubo un protocolo para prevenir la aparición de futuros subversivos, que retrasaba la lectoescritura hasta el tercer grado de primaria; limitaba la enseñanza del vocabulario a unas trece letras por año, y prohibía la teoría matemática de los conjuntos. 

Por cuanto los valores a potenciar y difundir – si mal no me acuerdo de mi infancia – el más fuerte que se veía en las escuelas era el patriotismo. Por supuesto, era patrioterismo y no sentimiento nacional genuino. Hizo anclaje en la ley Laínezpero con profundas distorsiones de significados y símbolos. 

Rebobinando, y ahora que lo pienso, justificaba las acciones del régimen por medio de la lealtad que los ciudadanos debían al país. Abundaban imágenes épicas de la liberación nacional: Pongo dos ejemplos. El combate de San Lorenzo y el cruce de la cordillera de los Andes, donde San Martín y sus soldados quedaban como superhéroes. Al menos yo, con seis años de edad, no estaba en condiciones de saber que estaba bien lejos de ser cierto.

San Lorenzo no fue una fiesta. Convengamos que, si al comandante de las fuerzas patrias casi lo aplasta su propio caballo en batalla… en el fondo, eso es un episodio vergonzoso. El sargento Cabral, caído en esa lucha, era un soldado raso voluntario, con una poca de entrenamiento nomas. Y se la jugó para salvar al general. Lo rescató de debajo de su montura, pero nunca dijo “muero contento, hemos batido al enemigo”, como si los españoles hubiesen sido crema o huevos. Dijo en cambio: “por fin matamos a esos hijos de puta”. 

El cruce de los andes fue a mayormente a pie, con unas mulas para llevar carga, y no hubo un general apolíneo, vigilando la marcha desde algún risco, capa al viento, sable corvo desenvainado en alto, montando un caballo blanco rampante, guiando sus fuerzas a la victoria. A José de San Martín lo cargaron sus soldados en una camilla improvisada, enfermo, cagado de frío y delirando a veces. Claro, de todo eso uno se entera después.

Mientras tanto, las revistas dirigidas a los chicos en aquella época – Anteojito y Billiken – publicaban esas mentiras. Y no quedaba otra opción que creerles. En los niveles medio y superior, persiguieron y desaparecieron a cuanto alumno, docente y empleado demostrara tendencias contrarias al régimen. O sea, de aumento de sueldo… ni pensarlo. El criterio para elegir las víctimas incluía no solo a quienes tuvieran militancia; familiares, amistades y conocidos también eran tomados en cuenta.

La crónica de estos crímenes la contaron otras personas mucho mejor que yo, así que me planto en este punto. Yendo hacia la agenda cultural de los dictadores, aprovechando que argentina ganó de local el mundial de fútbol de 1978, hubo una mitología chauvinista según la cual la avenida 9 de Julio era la más ancha del planeta, que el dulce de leche es invento argentino, lo mismo que el ómnibus colectivo, y que nuestras mujeres son las más lindas del mundo.

Durante toda la época, la característica central fue la moralina pacata, cuyo origen podemos rastrear en el pensamiento integrista de una rama de la iglesia. Pero el real daño residía en actitudes fariseas respecto de usos, costumbres y leyes, tal cual perro del hortelano. Con la libido reprimida, la descarga venia por el lado de la violencia, a veces por la picarda, y algún que otro desliz donde una adolescente quedaba embarazada en la secundaria. Otras costumbres desagradables, ya las mencionamos más arriba. Seguimos con una sección breve, y ya vamos cerrando el boliche.

Estado republicano, y educación para la democracia

Por conocida, no nos vamos a detener mucho en la historia más reciente. A fin de cuentas, se puede buscar material en Bing, google, libros y hemerotecas.

Pero tenemos que hablar de educación, y como hemos comprobado, es la consorte de cualquier proyecto político. Nobleza obliga mencionar que, luego del proceso, inició nuestra transición hacia la democracia.

Luego de las elecciones, el partido de gobierno sometió a juicio a las juntas militares que gobernaron el país. Siguieron el debido proceso, y finalmente los condenaron a prisión. Otro partido en el poder los indultó y liberó. Y más adelante, otra gestión volvió a juzgarlos, condenarlos y encarcelarlos. Esta es una de tantas contradicciones en nuestra historia reciente.

En base a esto y otros temas, algunos aseguran que nuestra democracia – entendida por república con democracia – todavía no empezó. Que como pueblo y nación, siempre hemos demostrado cierto desprecio por las normas. En algún otro lado (Ver “Data inútil sobre el doble discurso político”) señalamos nuestra costumbre extendida de estirar las reglas, hasta que finalmente las rompemos redondamente.

Con esta herencia y referencia, hagamos un Per saltum en el tiempo para decir que nuestro pesimismo cultural actual proviene de medir y pesar distancias entre discursos y hechos en los últimos veinte a treinta años. Para darle más sabor, agreguemos las crisis económicas cíclicas y fuertes, que provocaron algunos por negligencia o descuido, y agitemos la coctelera.

Yo no soy experto, pero alguna vez escuché un comentario que me pareció lucido. Decía un periodista que en aquellos años 80s, hubo una oportunidad histórica que el gobierno de turno aprovechó hasta donde pudo. Había una generación completa que nunca había conocido ni la libertad ni la democracia. La intención fue educarla desde cero en los valores genuinos de una sociedad libre. El comentario indicaba que esa cultura hoy se ha perdido por completo.

Espero no pecar de ingenuo, pero quizás se pueda decir que, si comenzó de algún modo, todavía no se terminó ni puede acabar jamás: el camino para recuperar el estado de derecho quedó cumplido. Sin embargo, hay asignaturas pendientes: educar en el respeto, el dialogo franco, tolerante y participativo, construir cultura republicana, para sostener consensos que validen el imperio de las leyes auténticas que nos rigen… bueno, eso es tarea de todos. La clave está en desarrollar lucidez y estomago; porque a decir verdad, nos gusta mucho que nos digan lo que queremos escuchar.

Y este hábito no es gratuito, porque muchas veces se nos han pegoteado los caramelos, y hemos confundido diferencia y discenso con enemistad. Entonces, que los discursos vengan con bajas calorías suaviza ciertas cosas.

Un buen ejemplo de esto, sin hablar de política, lo tenemos en el fútbol: fíjense en las maneras artificiales y muy eficaces en que inflamos rivalidades al pedo, mientras veintidós multimillonarios salen a la cancha a jugar, porque con la cuota del club son los socios quienes pagan el salario, además de lo que aportan los sponsors. Para más datos, busquen en las dos partes de “Rebotes y pelotazos: notas sobre el futbol argentino”

Específicamente, hay cortocircuitos entre la familia, la escuela y la sociedad. Se supone que la escuela es el espacio donde uno va a buscar explicaciones acerca de lo que pasa afuera; se supone que la familia es el sitio donde uno aprende a conocerse a sí mismo, y se supone que la sociedad es el lugar donde se sintetizan las otras dos cosas, y se puede pasar la antorcha a otras manos.

Traducido al lenguaje sociológico y docente: Socializar el conocimiento, construir usos, costumbres, etc. Pero ocurre que las crisis frecuentes de guita y valores atacan primero a las familias, desubican y desenfocan a las escuelas, y así la sociedad se va a la mierda. Como ya nos sucedió esto muchas veces, hemos sabido que una de las primeras cosas que perdimos fue la democracia y en paralelo todo lo demás. Seguimos en la segunda y última parte.

El fulgor argentino: Notas sobre modernidad y desarrollo en nuestro modelo agroexportador – Primera parte

Resumen: Hablar de desarrollo y modernidad en nuestro país es asunto jodido. Dicho mal y pronto: nosotros, los argentinos, nos creemos el país más avanzado de Latinoamérica. Pero en el fondo, somos una manga de piojos resucitados, con complejo de superioridad e inferioridad permanente. Siempre que nos va bien, somos los campeones del mundo. Y nos comemos la galletita. Pero cuando nos va mal, somos la peor mierda que hay. Misma cosa, signo opuesto. No es gratis aquel chiste que dice “El mejor modo de hacer dinero con un argentino es comprarlo por su costo real, y revenderlo por lo que el mismo cree que vale”

Esta conclusión sale de medir y pesar la diferencia entre postulados, promesas o recetas que nos encajaron, contra los resultados que supimos conseguir. El tema es jodido, porque el fracaso viene desde hace rato. Tiene ya unos 197 años.

Viene compuesto por los laberintos de los modelitos políticos, las escuelitas económicas, y más que nada, por atajos que hemos tomado para llegar al cielo. El más conocido es la corrupción. Pero no es el único. Desarrollar un sistema rengo, también es joder al personal. Detalles sórdidos, a continuación…

  • Cuando hubo algo de industria y servicios, nunca los cuidamos mucho: Ni los gremios mayoritarios, mucho menos la patronal, y tampoco el estado nacional.
  • Teniendo una constitución moderna, que establecía un sistema democrático, republicano y federal, nunca la cumplimos.

Como el agua y el aire

A lo largo del siglo XIX hubo transformaciones profundas en nuestro país. Nos convertimos en una patria soberana, con himno, bandera y escarapela. Nos recibimos de república independiente. Dejamos de ser sociedad de castas, para convertirnos en una moderna sociedad de clases. Vamos a volver sobre este detalle más adelante.

En aquellas épocas, el mundo venia formateado por dos grandes acontecimientos: Uno fue la hegemonía militar y comercial británicas. Por sus asuntos contra Francia, los ingleses habían desarrollado unas fuerzas navales de la hostia. Por y para este crecimiento, aparecieron compañías navieras con alto poder económico, que hacían negocios en los territorios explorados/conquistados por los gringos.

El mejor ejemplo de la época fue la “Compañía de las indias occidentales”, que tenía capitales holandeses, y se extendió como un pulpo por el mapa. El detalle es que tenían buenos resultados, pero el mercado era chico. Siendo que era más negocio comerciar con más gente, alguien sugirió que debía haber libre comercio y libre cambio en la economía doméstica y entre países.

Otro tema determinante fue la escuela política de la revolución francesa: Hubo pensadores poco antes de la revolución (Voltaire, Rousseau, etc.) que se ocuparon de reelaborar ciertas ideas griegas y romanas clásicas, a propósito de las formas de gobierno y las relaciones sociales. Más adelante, hubo otros ya metidos a la actividad política, con propuestas antimonárquicas radicalizadas y moderadas. (Jacobinos, La fronda, Girondinos, etc.)

De la necesidad de bajar estas ideas a la práctica, al final salió el modelo de nuestra democracia republicana moderna. El experimento social de “la comuna de Paris” se sintió en todas partes, y el resto es historia, con marsellesa y escarapela tricolor incluidas.

A los ponchazos, los criollos asimilamos todas estas novedades. 25 de mayo y 9 de julio incluidos. Una vez liberados de España, comenzó la búsqueda del modelo definitivo del estado nacional argentino; y no menos, desarrollar nuestro modelo económico nacional. Las guerras por la independencia se habían acabado, y había que comer.

Por influencia los dos grandes modelos del mundo mundial, (democracia republicana y libre comercio) se fue formando acá un pequeño mercado interno, compuesto mayormente con centros urbanos chicos, donde el grueso del consumo estaba entre la clase pudiente y acomodada. A saber: los altos funcionarios públicos, los miembros del alto clero, los terratenientes, los grandes comerciantes, y entre ellos, varios de los primeros cuadros profesionales laicos (abogados, médicos, etc.) que provenían de las “familias bien” (Anchorena, Alzaga, Martínez de Hoz, Unzue, etc.)

Mayormente, estos profesionales jóvenes trabajaban en importación y exportaciones. Y en la medida que entraba buena plata al puerto de buenos aires, nuestra clase dirigente porteña llegó a la necesidad y el interés de agrandar el combo.

El proceso no fue fácil; luego del experimento social de la Confederación, y los años de guerra civil entre unitarios y federales, Buenos Aires al final se quedó con toda la torta. Esta fue la época de los vencedores de la batalla de Caseros: El interinato de Urquiza, las presidencias de Mitre, Sarmiento, Avellaneda y sus continuadores. Más ahí o más allá de nombres y figuras, lo importante fue que empezó el modelo actual de gestión que conocemos.

Estamos hablando del modelo de las ciudades – estado, al modo europeo, donde las capitales de cada país concentran el poder político y negocios: Son sedes de los tres poderes de la nación, organizan y dirigen ejércitos regulares, y emiten moneda para todo el territorio.

En este modelo, cada provincia tiene su propia constitución, gobernador, legislatura y tribunales. Pero la nación se reserva el derecho de intervenir, si se nota que hay quilombo. Y la bajada de línea permanente desde la capital al resto, es “tan eterna como el agua y el aire”, tal cual dice Jorge Luis Borges en “fundación mítica de buenos aires”.

Esto costó sangre: luego de ganar la capital, hubo luchas entre buenos aires y el remanente federal; estamos hablando de la batalla de Cepeda, que ganaron las tropas federales de Urquiza. Y la batalla de Pavón, donde los federales estaban ganando, pero se retiraron.

Pocos años después, buenos aires emprendió la campaña de pacificación, para imponerle al resto su modelo de país. Hubo algunos líderes federales que se retobaron, pero los mandaron a la mierda. La resistencia del riojano Ángel “chacho” Peñaloza, y la proclama de Varela a los pueblos del sud, dan testimonio de aquellos tiempos.

Luego de estos eventos, hubo la guerra de la triple alianza o guerra del Paraguay. Ganaron los aliados brasileños, argentinos y uruguayos, pero con costo alto en hombres y recursos. Por último, mencionemos la campaña del desierto. En criollo: limpió de indios y gauchos las llanuras en los alrededores de buenos aires, y ayudó a expandir las fronteras de la nación.

El “Martin fierro” de José Hernández, y el folletín “Juan Moreira” de Eduardo Gutiérrez son buenos ejemplos literarios del asunto. Ampliemos: Entre el gauchaje de veras hubo de todo. Fueron la tercera generación del mestizaje entre españoles y pueblos originarios… la criollada, bah.

Muchos gauchos estuvieron de voluntarios en las guerras por la independencia, la federación y la guerra civil que sobrevino.
Hubo quienes vivieron honradamente de changas, como arrieros, domadores y peones de estancia. Hubo desertores de los fortines, bandidos rurales, y matones a sueldo. El cambio se hizo a sus expensas.

Y así el resto de la comparsa acompañó estas movidas, hasta llegar finalmente a Saenz Peña Jr. Y su slogan “Quiera el pueblo votar”. Pero eso, kimmosabbi… es otro cuento.

Aquellos años 80

Desde la era colonial, hubo leyes para proteger a los indios, para el reparto justo de tierras, y para cortar el cobro abusivo de impuestos. Leyes y reglamentos que se cumplían, pero no se acataban. Estas conductas fariseas no eran gratis. La casa matriz estaba lejos. Viajar de ida hasta allá en barco llevaba entre unos ocho a nueve meses. No tenían por qué enterarse de todo. Y ya que aquí era territorio poco explorado, venía bien tener quiosquito aparte. La historia del contrabando de esclavos desde Brasil ilustra el tema.

Con las sucesivas reformas políticas, hubo varios cambios de pilcha, pero no de mañas. Y encima, la cosa estaba bien enquilombada: primero las juntas patrias; luego, los dos triunviratos. Seguido, los dos directorios, y por último la presidencia y los otros dos poderes. En una tierra sin seguridad jurídica, sin gobernabilidad, había que pensar y hacer un país en serio.

Luego de Moreno y Castelli, hubo intelectuales que incubaron ideas. Sin prisas, ideas liberales europeas y norteamericanas, maduran entre algunos hasta llegar a la generación del 80. Cuando uno piensa en años 80s, saltan a la memoria pantalones nevados, camperas con corderito, chalecos de jean, Pumper Nick, Palito Ortega, Carlitos Balá, los Superagentes, Italpark, Seru Giran, Spinetta Jade, Malvinas, Maradona, Alfonsin, el cubo mágico, las chicas en bikini de “radiolandia 2000”, “La noticia rebelde”, Olmedo y “no toca botón”, el mundial de México 86 y demás. Pero este es otro plan.

La dichosa generación ochentosa que decimos es del 1880 en adelante. Más o menos, hubo un proyecto de país, encarnado por Mitre, Sarmiento, y algunos como Alberdi, Diaz Velez y Sastre. Nos guste mucho, poquito o nada, ellos diseñaron el mapa donde estamos parados. Vendían un país rico en recursos, extenso, libre, independiente, soberano, con amplitud de cultos, donde los derechos de los ciudadanos estaban protegidos por nuestra constitución, y la educación básica era gratuita. Vendían un país con mucho potencial para el progreso. ¿Cumplieron?

Veamos cómo era la calidad de la administración en aquellos años. Nuestra clase dirigente estaba dividida en dos grandes grupos: Por un lado, los modernistas o liberales, cuya meta principal fue el desarrollo del país. Produjeron el régimen democrático, republicano y federal; impulsaron la libre navegación de los ríos, y bancar los gastos del sistema con los ingresos de las aduanas de todas las provincias. Por su parte, los conservadores pateaban para el otro arco. Y las influencias de la iglesia católica dieron condimento a este modo de ser.

Pero en la medida que ambas partes accedieron al poder y engordaron bolsillos, nuestros conservadores aflojaron algo sus posturas más rígidas. Y los modernistas se aburguesaron, sin profundizar el modelo. De la experiencia, surgió una postura intermedia, el Conservadurismo Liberal. Este signo político, al final, dio forma al estado argentino.

Según el diccionario de ciencias políticas, esta variante ideológica admite el progreso, pero en cuentagotas; tiende al librecambio y libre comercio en lo económico. Pero presenta discursos tradicionales en lo político.

Fue el antecedente inmediato del Neoconservadurismo liberal, que se conoció mucho más adelante.

Por aquellos años, la fuerza que expresaba estas ideas fue el Partido Autonomista Nacional (PAN) Fundado por Bartolomé Mitre, y más adelante dirigido por Julio Argentino Roca. Surgió de la fusión entre dos grupos: Por un lado, el Partido Nacional, que estaba a cargo del Mitrismo. Por otro, el Partido Autonomista, que dirigía Adolfo Alsina. Veamos un toque como fue.

Una vez que la muy unitaria buenos aires le ganó al resto, necesitaba fijar la residencia definitiva de las autoridades centrales. Los nacionales o “cocidos” impulsaban una ley para declarar territorio federal el sitio de siempre, es decir, la capital. Esto significaba compartir las ganancias del puerto con el resto. Los autonomistas o “Crudos” estaban en contra. Hubo enfrentamientos armados entre ambas facciones. Cuando terminaron las hostilidades, hubo negociaciones y amnistía para los líderes de ambas partes. Se cuenta también que hubo debate parlamentario acerca del asunto. Al final, los dos grupos fueron uno solo.

Igual, quédense tranquilos: Si bien la capital quedo federal, al noreste de la provincia de buenos aires, acá nunca hubo federalismo de verdad. Ni siquiera con Rosas. Se sabe que hubo estancieros y comerciantes que tenían exclusividad, con el visto bueno del restaurador y su círculo rojo. La importación de bienes elaborados también pasaba por el mismo canal. Así que… mucho menos iban a cumplir los unitarios. Al punto, acataron la ley, pero nunca hubo obediencia completa. Porque el poder de la capital cagó al resto del país. Y eso lo vimos más arriba.

Inventando el capital

Pongamos así: Mucho antes del famoso estribillo “combatiendo al capital”, hubo que inventar uno acá. Y nuestro capitalismo agroexportador salió berreta, por una cantidad de factores y contradicciones.

A medida que avanzó nuestro modelo económico, hubo interés para actualizar, mejorar y aumentar la producción y administrar las cosas. Un poco hemos mencionado estos asuntos en otras entradas: El dibujo estratégico del conservadurismo puso énfasis en la educación, para formatear algunos cambios de mentalidad, instalar el sistema nuevo y hacerlo andar. (Ver en “Que sabe nadie…”) En paralelo, hubo una cantidad de novedades técnicas, y por último, hubo movimientos inmigratorios y crecimientos urbanos que ayudaron a darle forma al país.

Entre nuestra clase alta, los pensamientos monárquicos quedaron reciclados en oligarquía. La elite argentina, formada por nuestras familias tradicionales, que pertenecían a la época colonial, tenían tierras concedidas por los virreyes o gobernadores, y títulos nobiliarios. Tenían esos privilegios, hasta que finalmente la asamblea del año 1813 y la constitución nacional definitiva de 1853 se los bocharon. En compensación, la ley de enfiteusis – bajo el mandato de Rivadavia – ayudo a que accedieran de nuevo a la tierra.

Nuestros oligarcas eran mayormente terratenientes. Ampliaron terrenos gracias a la campaña del desierto, y su gracia fue explotar el latifundio ahí. Hubo clanes muy favorecidos por la exportación en gran escala de grano y carne. Con o sin nobleza, la cosa era mantener y aumentar privilegios.

Al punto, algunas elites trajeron importadas ideas para los negocios: Los saladeros dejaron de existir. Con el tiempo, los frigoríficos ocuparon su lugar. La carne primero se curaba con sal, para conservarla. Pero pasaba que una parte no sobrevivía el viaje en tren y en barco.

Entonces, empezaron a guardarla en frio. Se pudría menos. Cuando inventaron la heladera en los Estados Unidos, la idea de congelar res salió como piña de loco. Se dice que los cueros también los preparaban así para vender afuera. Especialmente a Inglaterra. Por supuesto, una parte del producido fue al mercado interno, que estaba creciendo, y daba espacio a dos nuevos sectores emergentes.

Cuentan los que saben (yo muchas veces repito como loro) que en esta parte de la historia quedó habilitado un modelo que favorecía la acumulación de riquezas, concentrada en algunas manos. Pero nuestro país todavía no entraba al capitalismo del todo. Porque aquí no había infraestructura, ni recursos humanos suficientes que dieran sabor al guiso.

En Europa – especialmente en Gran Bretaña – sucedió que había campo y ciudad. La distribución de tierras en el campo era desordenada, y daba para ganadería o agro en cualquier terreno, sin mucha regulación. Pero todo lo bueno tiene final: Por ley, obligaron a poner cercas para separar los terrenos. Los pequeños granjeros quedaron afuera del mapa, y hubo éxodo a las grandes ciudades. Con el paso del tiempo, ellos y sus familias formaron la clase baja europea. Y como decía Groucho Marx: “La humanidad, a partir de la nada, supo llegar hasta las cotas más altas de la miseria”

Con el éxodo, hubo que rebuscárselas: Había más bocas que alimentar. Y había mucho campo cercado, que producía menos materia prima. Había que hacer rendir lo poco en stock. Esto desembocó en una movida por mejorar los instrumentos y métodos de trabajo. La “era de los inventores”, en la llamada “primera revolución industrial” fue la respuesta a esas necesidades. Había que producir en masa, vender en gran escala y hacer moneda. A partir de los motores a vapor, las lanzaderas mecánicas para la industria textil, el alumbrado público a gas y otras linduras, subió de precio el conocimiento técnico.

El desarrollo argentino, por su parte, siguió un poco el dibujo táctico Europeo. Pero aquí faltaron dos sotas en el mazo. Aquí no hubo grandes éxodos del campo a la ciudad. Las razones las explicamos más arriba. Y tal cual vimos en otra entrada, el conocimiento utilitario no estaba en el menú concebido por Domingo Faustino Sarmiento. Lo agregaron tardíamente a la agenda educativa. Resultaba más negocio traer cosas de afuera y ya listas para usar, antes que inventar algo más allá del dulce de leche.

Al punto, sin prisa ni pausa avanzó el tendido de los ferrocarriles. Nuestros gobernantes convocaron empresas británicas para construir vías, y que administraran el negocio. Locales y visitantes contribuyeron a que surgieran nuevos pueblitos y parajes, comunicados por las vías, el correo postal y el telégrafo con hilos.

A partir de acá, aparecieron los famosos cinturones conurbanos, que actualmente rodean ciudades como Rosario, en Santa Fe, Mendoza, Córdoba, y tantas provincias que tenemos. El mapa todavía nos muestra ciudades chicas y medianas, algunas con zona conurbana mediana y grande, separadas entre sí por grandes extensiones de tierra. Y las vías que hay entre ellas siempre llevan a Retiro, al toque del puerto de Buenos Aires.

Estos y otros lugares fueron creciendo, en la medida que podían subir reses vivas o cosecha en los vagones. Y pasajeros, obvio. Pero como siempre hay un truco en alguna parte, acá no nos podía faltar. Se sabe que en aquella época hubo tarifas baratas para los viajes largos de carga, y más caras para corta o mediana distancia. Los expertos bautizaron aquel sistema como “tarifa parabólica”, que desalentaba la distribución entre localidades cercanas. Y como los grandes centros de venta estaban en capital, había que ir a comprar todo a Retiro. Luego cargaban el costo del flete al precio que tenía que garpar el consumidor.

En paralelo, hubo gobernantes que alentaron la inmigración desde Europa hacia Argentina. La idea era reemplazar a los indios y pardos con gringos, más limpitos, blancos, de buenos modales y que supieran arremangarse para hacer rendir la tierra. Había que darles lugar. Aquí, otra vez sopa: Luego de la campaña del desierto, la oligarquía que ellos mismos formaban, no quiso deshacer la repartija de terrenitos. Enredados en sus propias contradicciones, nuestros gobernantes igual recibieron una gran cantidad de gente que llego hasta acá.

Más que venir por las promesas del sur, hubo miles de familias que huyeron de quilombos, de hambre y enfermedades. Vinieron, y se acomodaron a la realidad de acá dentro de sus posibilidades.

Ellos formaron la primera ola inmigratoria grande, antes de las guerras mundiales. Y empujaron para mover el carro. Rumanos, polacos, italianos, alemanes, que en su mayoría venían con lo puesto, y no tenían idea de nuestro idioma. En el pelotón, venían varios españoles con poca instrucción. ¿De dónde creen que salieron nuestros chistes de gallegos, de un repollo?

Un datito de color: En esta época, los ingleses trajeron el futbol para acá. Como toda novedad, primero fue visto como costumbre exótica. Los deportes más corrientes eran a caballo: las carreras cuadreras y el pato eran habituales. Por influencia de los empleados del ferrocarril también llegaron el polo, el golf, vóley, tenis de mesa, y otros más.

Entre caníbales

La mayoría de los recién llegados buscaron vivienda en las grandes ciudades. Alquilaban pieza en los conventillos, y trabajaban en talleres, fabricas, construcción, los puertos y los trenes. Eran trabajos manuales, a menudo changas, y la mayoría eran en condiciones laborales inhumanas.

Hubo empresas que obligaban a jornadas de 16 o más horas seguidas de laburo, sin parar ni para mear o rascarse. Hubo sitios que pagaban en especies, no en dinero. Y se cuenta que hubo pagos en cuentagotas, donde la patronal retenía parte de salarios y jornales. Se trabajaba de lunes a lunes. El fin de semana no se había inventado.

Y por el detalle del cuidado de la salud del laburante, o prevenir accidentes de trabajo, se cuenta que hubo hacinamiento y suciedad.
Si perdías algún miembro, o quedabas enfermo por la contaminación, te daban una regia patada en el culo, y a pedir limosna a la puta calle.

Los inmigrantes de aquella época sabían poco español. Sabían poco de nuestras costumbres. Estaban dispuestos a sacrificios para ganarse el mango. Pero no iban a dejar que les tocaran el culo. De a poco, armaron mecanismos de defensa.

Ahí es donde quedó sembrado el germen de nuestro gremialismo, que ya hablamos un poco del tema en otras entradas (“peronismo explicado para dummies”) pero no está de más ampliar. No vamos a contar toda la historieta, pero son necesarias referencias sobre esos señores de campera. Dicen los expertos esto que sigue:

  • Primero, existieron asociaciones mutuales, sin intención política: Cuentan que hubo dos modos de identificarlas. Una fue según la nacionalidad de aquellos que las fundaron. (Sociedad Española de Socorros Mutuos, Unione e Benevolenza, entre otras) Y otra fue según oficios. (Linotipistas, panaderos, mayorales y cocheros de tranvías, ferroviarios, Marmoleros, y algunas mas) Se cuenta que en la época, hubo algunas protestas organizadas, por algunos problemas puntuales. Pero cada vez que resolvían los conflictos, estos grupos se disolvían.

 

  • Luego, hubo una transición entre mutualismo y lucha: Ya había ciertas inquietudes por reclamar cosas. Pero en esta etapa, se sacudió más el cubilete. Sucedió a partir de la crisis económica de 1890. Hubo desocupación e inflación; la mayoría de las mutuales viraron hacia el anarquismo y el socialismo. Los gremios empezaron a reclamar jornada de 8 horas y mejoras en las condiciones de trabajo, descanso dominical, y salarios más justos. Y para roncar más fuerte, se asociaron en dos grandes centrales obreras.

 

  • Federación Obrera Regional Argentina:(FORA) Fue la primera central en el país. Primero se llamó federación obrera argentina. (FOA) Reunía una mayoría de sindicatos anarquistas, y en menor medida, socialistas. (Por favor, no confundir con “casa foa”) Más adelante cambiaron el nombre, por cuestión de enfoque; pensaban que argentina era solo una región en una lucha más grande. Eran partidarios de la lucha clasista y combativa. Su filosofía política era borrar las instituciones, y no descartaban irse a las manos.

 

  • Unión general del trabajo (UGT): Los socialistas se abrieron de la FORA. Fundaron la unión general del trabajo. Sus reclamos eran los mismos que la otra central. Pero ellos pensaban que los problemas laborales había que resolverlos a través de la participación parlamentaria, y la protesta pacífica. Para bien o para mal, solo metieron dos goles. Consiguieron que Juan B. Justo, y más luego Alfredo Palacios fueran los dos primeros legisladores socialistas, en el Congreso nacional. Se dice que Justo fue el primer diputado de centroizquierdas en América latina. Pero el parlamento estaba copado por los conservadores en esa época.
    Por su lado, Palacios – que fue muy longevo – tuvo que bailar con la UCR, y en su vejez con el peronismo. Ambos se encargaron de debatir el tema obrero en la cámara baja, la corrupción en el estado, y los derechos de nuestras mujeres. Hicieron hasta donde pudieron.

 

En este paisaje, al obrero y la fabriquera argentinos de fines de S. XIX no les dejaron opción: Tenían que elegir entre caníbales tira bombas – es decir los anarcos – o más bien prenderse a las buenas intenciones del socialismo. Al que se atreviera a levantar la voz, lo reventaban desde el gobierno de turno… al final, agua y ajo: aguantarse y ajoderse.

Viendo cómo se agitaban las aguas, Se cuenta que la Unión Industrial Argentina (UIA) pidió una solución al problema. Y un diputado del PAN por Buenos Aires, Miguel Cané (si, el de “juvenillia”) hizo un aporte para resolverlo. La ley 4.144 o ley de residencia: instrumento para ponerle bozal y deportación a los inmigrantes que alteraran el orden público.

La ley – en aquellos años – sirvió para sacarse de encima a esos que “pensaran feo”. Tuvo aprobación exprés, y estuvo vigente hasta la presidencia de Frondizi. Y como ya contamos en otra parte, la administración Saavedra Lamas en educación, fue durísima con los inmigrantes y sus familias. Esos nudos los aflojaron tiempo después.

Se cuenta que asomaba una alternativa: reclamar pero sin prenderse a ninguna ideología ni partido. Esta postura no duró mucho. Los conservadores tenían alergia a cualquiera que movilizara la peonada. Y más adelante, el peronismo licuó esta corriente, netamente sindicalista.

Burguesía nacional argentina

Se dice que a inicios del S. XX quedo consolidada la burguesía nacional argentina, de clase media y media – alta, con inquietudes sociopolíticas de avanzada, e interés genuino por el desarrollo propio. Obviamente, oligarcas y empresarios extranjeros seguían en la escena, y se llevaban su tajada.

Pero algunas cuestiones de transparencia los corrieron del sitio cómodo que ocupaban. El surgimiento del radicalismo ilustra este episodio. Hemos hablado largo y tendido del tema en otro lado. (Ver “Balada triste de…”)

Por influencia de esta agenda política, cobró importancia la clase media urbana medianamente acomodada, ilustrada, cosmopolita y profesional. A fines del siglo XIX, el paisaje no habilitaba el ascenso social. Al iniciar la etapa siguiente, el sistema demandó un sector de servicios cada vez más elaborado, que hiciera sistema con la explotación extensiva e intensiva del campo.

Como ya dijimos en otros textos (“que sabe nadie…”) el radicalismo expandió y mejoró el sistema estatal educativo. Hubo la Ley Laínez, la Reforma universitaria, y otros detalles. Cuando bocharon la ley de residencia, hubo un salto de calidad. Eso ayudó a la movilidad social, estancada por aquel entonces.

Entraron a cobrar importancia en el esquema económico los trabajadores locales de cuello blanco: empleados de imprenta, gastronómicos, bancarios, ferroviarios, policías, militares, docentes y carteros, mecánicos, despachantes de aduana y marinos mercantes, por mencionar un puñado de oficios.

La mayoría de estos laburantes eran hijos y nietos de los primeros inmigrantes. Por lo general, ya tenían primaria y secundaria completas. Hagamos un poquín de especulación, y pensemos que algunos habrían estudiado en las escuelas libres. Se manejaban con conocimientos y habilidades técnicas bastante específicas. Ganaban algo más que un obrero, pero no eran exactamente ricos. Excepto por una sola ocupación – los empleados públicos – el resto no tenía jubilaciones.

Por lo demás, seguía la vida obrera que comentamos más atrás. Al punto, el radicalismo descuidó la cuestión laboral. En la industria privada, las condiciones de trabajo no cambiaron un carajo. Dos episodios ilustran el desmadre:

  • Represión en Vassena: Fue una huelga anarquista en la metalúrgica Vassena y hermanos, en capital federal. Duró varias semanas. Hubo heridos y muertos de ambos lados. Se cuenta que hubo varios presos del lado que perdió, es decir, los obreros. El gobierno radical del muy popular, democrático y republicano Hipólito Yrigoyen mandó policías y tropas a reprimir. Y se cuenta que la Asociación Católica Argentina (ACA) mandó grupos de rompehuelgas o “carneros” a laburar ahí por lo que durara el conflicto. Aprovechando la ocasión, la Liga Patriótica Argentina (LPA) participó de la represión, mientras la gorra se hacia la distraída. Quizás este haya sido el primer caso que tercerizaron el laburo de dar palos en nuestro país. La LPA fue una organización parapolicial fascista, formada por varios civiles, ex policías y militares retirados. Mató anarcos, socialistas, y se ensañó con aquellos de origen judío. Una vez pacificado todo, taza – taza, y cada quien a su casa.

 

  • Patagonia Trágica: Sucedió en el sur del país, en los campos más ricos de la región. Fue una protesta anarquista de arrieros, peones de estancia, esquiladores y cuidadores de cabras y ovejas… en fin, trabajadores rurales. Se cuenta que fue coletazo de aquello de Vassena. Pero nadie puede asegurarlo. En cambio, está certificado que un tal Osvaldo Bayer, documentó y rescató los hechos verdaderos en un libro. Ese texto lo adaptaron a cine, y quedó la película “La Patagonia Rebelde”. En la vida real (en la peli también, por supuesto) sucedió que los terratenientes pidieron ayuda al estado nacional. El gobierno envió tropas del ejército, para reprimir la revuelta. En consecuencia, ganaron los milicos. El español que dirigió la protesta, marchó al exilio en Chile. Se fue cuando sus compañeros estaban cayendo como moscas, y faltaba poco para que llegaran hasta él… Bah, es como dicen: soldado que huye, sirve para otro día. Los vencidos y muertos quedaron como mártires de la causa, y colorín colorado.

Pasado en limpio: hubo transparencia política, y progreso en algunos aspectos. Dicen los sociólogos y economistas que la clase media, es portadora de una promesa implícita – especialmente para el más pobre – de subir de categoría mediante la educación para el progreso personal y colectivo. En paralelo, la clase media espera ascender a clase alta. Pero para que se cumpla, es indispensable que el resto del sistema acompañe el proceso. De la evidencia que tenemos, resulto que siguió habiendo problemas…

Fue evidente que no podían negociar con terroristas. Sin embargo: El anarquismo llegó lejos, ya que los conservadores y liberales – con sus fraudes y negociados – incubaron como un virus en la etapa anterior. En consecuencia, ocurrió que la sociedad creó sus propios anticuerpos, cuando hubo injusticia y desigualdad bravas. El radicalismo alivió ciertos síntomas. Limpió el país de anarcos, y bajó el precio de conservadores y socialistas. Se cuenta que estuvieron dispuestos a negociar cuando hubo reclamos. Pero ni bien hubo bardo, mandaron la taquería.

Por lo demás, hubo progreso en la medida que vendíamos bien al exterior, y una parte del ingreso fue para comprar maquinarias. Con la primera guerra mundial y más adelante la crisis del 1930, hubo dos malas épocas. Ampliamos el asunto en la tercera parte.

Para ir cerrando esta sección, aprovecho un dato de color: en 1980 y algo, los peronistas parodiaban la marcha radical. Decían así: “Adelante, radicales/adelante, sin parar/pero no tan adelante/que se enoja el general” Por supuesto, el contexto de este cantito fue distinto la época que contamos aquí.

Pero igual viene bien, porque a los 12 años de radicheta, hubo un general que se enojó: José Félix Uriburu. (Ver en “30 años no es nada…”) Se cuenta que el joven Juan Domingo Cangallo estuvo en la escolta que llevó al Peludo hasta Martin García. Varios años después, otros generales también hicieron rabietas contra los gobiernos civiles. Pero eso, shaibb… es otro cuento.

Rebotes y pelotazos: Notas sobre el futbol argentino – segunda parte


Receta habitual para preparar jugadores profesionales de futbol

Los ingredientes habituales son familias de clase baja o media baja, con hijos varones sanos; espacios abiertos con la extensión adecuada para jugar – se recomienda una escuela de fútbol, canchas de alquiler por horas, o espacios similares – y por supuesto, elementos y tiempo libre suficiente para practicar el balompié.

La preparación lleva una cantidad de años. Es sabido/sobado que admite variaciones, pero en la mayoría de los casos los esquemas más clásicos se mantienen. La idea central es jugar: con el reglamento y los dibujos tácticos como ciencia y mucho sudor y por placer; jugar para ganar, perder y empatar, y con cada partido, cada pase, cada habilidad, primero conocerse uno mismo y también conocer el carácter de los demás. Aprender los trucos tácticos, y no solo tener buen nivel, sino convertirse en buena persona. Si además hay chance de llegar a ser un atleta dotado para el juego, entonces la receta queda lista para servir y venderla a buen precio de seis cifras.

Es también muy sabido/sobado que el plato admite varias presentaciones. Entre las familias de clases bajas, es habitual buscar la oportunidad que los chicos entren a las inferiores de un equipo profesional. Si es de primera, mejor; así las cosas, se busca chance de salir de pobres por medio del pibe futbolista que si confirma su talento, se hará pagar bien por su laburo y con eso ayudará a la familia.

No es obligatorio, pero contribuye al sabor intenso si el padre de familia tuvo alguna experiencia previa frustrada y/o medianamente satisfactoria con el fútbol. Un condimento usual en esta presentación es una inmensa minoría de gentes siempre hubo, hay y habrá padres que carguen la mochila de sus hijos con este deporte, para poder realizar por su intermedio lo que alguna vez pudieron ser y no llegaron a cumplir

Es sabido que hay miles de millones de historias como estas en las ciudades desnudas, y cada cual es peatón de su propio camino.

Nuestras mujeres y el fútbol

Desde sus comienzos en nuestro país, el ambiente del balompié estuvo y sigue estando lleno de testosterona, que da para machismos de todos los colores, sabores y tamaños. (Cuentan los que saben que hay tradición viril desde la Grecia clásica en el mundo del atletismo) Abreviando, es un deporte que desde el inicio fue practicado por varones. Pero nada quita que también sea una actividad para las mujeres.

Viene instalado como costumbre y producto simbólico, cargado de discursos y marketing de imagen dirigido mayoritariamente a los machos. Pero como nadie es una isla, las crisis financieras y cambios en los climas sociales contribuyeron a modificar los esquemas del fútbol en todo el planeta. Y no es que ellas hayan estado ausentes en el tema desde el principio: hubo rincones del fútbol organizado donde participaron, y hasta gobernaron con absoluta y total soberanía nuestras mujeres. Al punto, el rango de ejemplos históricos abarca varios roles, excepto jugar y dirigir el juego.

Ahí estuvieron y siguen estando las familiares que cosieron y lavaron las camisetas; las voluntarias y empleadas que atienden el buffet de los modestos clubes de barrio, no menos las camareras que laburan en aquellos bares concesionados en los de primera división; es imposible olvidarse de las cortesanas que buscan novios futbolistas en ascenso para acomodarse. (Las Botineras, claro está) Pero de un tiempo a esta parte, varias cosas están cambiando; hay unas cuantas chicas que hoy juegan con profesionalismo, corren y sudan la camiseta y eso es algo que debe de respetarse, ya sea que jueguen excelente, bien, regular o pésimo.

Afortunadamente se conoce que hay una referí; bueno será cuando además de esta chica haya juezas de línea o tercer arbitra, que tomen decisiones y que se respeten en el campo de juego de mujeres, y lo que es más posible aunque bien improbable, uno de varones. Una más: bueno sería que haya fútbol mixto, con equipos y arbitrajes formados en igual proporción de varones y mujeres. Hay diferencia de fuerza y resistencia entre ambos sexos, que condiciona las cosas. Supongo que si se hace una selección cuidadosa de edades, peso, y se eligen otros detalles como el tamaño de la cancha, el tiempo del partido, y la cantidad de personas por equipo, quizás se pueda hacer un experimento… Bueh, soñar no cuesta nada.

Tecnología & fútbol

Empecemos por algo sabido. Aun cuando no parezca, en el fútbol profesional hay una gran presencia de varias tecnologías. Pruebas al canto y en criollo: Hace falta equipo textil para producir las camisetas y los cortos, inclusive para producir la pelota. Los suplementos dietarios que consumen nuestros atletas no salieron de un repollo. Hay montado un sistema industrial de servicios e insumos para que funcionen las cosas.

Al punto, las tecnologías más actuales de comunicación audiovisual vienen pidiendo a gritos participar más del sistema. Y tienen su parte de la torta cuando se compra y vende derechos de transmisión con cifras de seis ceros, a veces en negociaciones nada transparentes. Pero hay algo más, que es la presentación masiva del juego. Y el detalle que puede parecer menor, algunos expertos están comenzando a percibirlo como asunto de importancia creciente. El centro del tema reside en medir y pesar exactamente hasta qué punto puede influir la tecnología especifica de imágenes en la toma de decisiones de juego mientras hay un partido.

Y despacito pero firme, esto va tomando su lugar. En el mundial del año pasado, las transmisiones por tv incorporaron animación 3d para representar y analizar ciertas jugadas, y determinar si eran válidas. Mucho más atrás, el sistema telebeam, que se usaba en el programa “Fútbol de primera” por canal 13 fue una herramienta de edición rápida
para el mismo objetivo. No demasiado atrás en el tiempo, cuando el sistema VHS fue masivo, muchos directores técnicos se ponían a ver “el tape” de los partidos de la tele para mejorar su forma de dirigir.

Puede decirse que hubo recursos muy presentes en el fútbol del siglo veinte. Cámaras fotográficas de alta velocidad y filmaciones en celuloide fueron recursos técnicos por excelencia para “El Gráfico” y los segmentos deportivos de “Sucesos Argentinos”, etc. Pero acá viene la madre del borrego; porque ahora que están mucho más maduras las cosas, hay quienes temen que las tecnologías “coman” el aspecto humano del deporte, además del hecho que un registro digital se puede truchear fácil con edición avanzada.

Y como si esto fuese poco, es innegable que si ponen más cámaras en las canchas, quizás muchos colaboradores/veedores/siete de copas y similares deban quedarse sin trabajo. Del otro lado hay quienes entienden que un sistema más preciso, que permite revisar al toque las situaciones, favorece el juego limpio y lleva al progreso. En este tira y afloja queda abierto el tema.

Yo no soy experto en periodismo deportivo, pero entiendo que es importante el reconocimiento de la hinchada para que este tecno avance crezca o muera. Y por hilar fino, nuestra mirada viene formateada por el consumo habitual de medios y sus contenidos. Les conocemos el lenguaje y sus lugares comunes, sus modos directos e indirectos de opinar cuando relatan por radio, o cuando nos comentan un partido en publicaciones impresas e Internet.

Por el momento, las cosas parecen estar bastante lejos de tecnificar el fútbol en este punto. Da toda la impresión que hay mucho de tradición y bastante de nostalgia en el asunto. Si llega a haber un cambio de marea, buena parte del trabajo de la prensa especializada deberá ser difundir los nuevos sistemas, y educar a la hinchada para que todos podamos ver más o menos el mismo partido.

En cambio, en nuestro rugby, si hay una jugada dudosa hay chance de revisar las cosas pidiendo un replay de vídeo. No estaría mal que eso pasara en el fútbol, donde hay mucha jugada mal sancionada y que da para mucha discusión al pedo, cosa que dio de comer – y aun comen de eso – los periodistas deportivos. Y eso por no hablar de la tradición quiebra piernas que tantos lesionados produce.

Al punto, esto de revisar vídeo sucede en los hechos, pero es extraoficial en el fútbol argentino. Favor de fijarse más arriba. Bien podría quedar blanqueado, para una mejor toma de decisiones y también para desarrollar mejores estadísticas de cada partido por jugador y equipo. De un tiempo a esta parte, hay registros y cifras de partidos ganados perdidos y empates. Hay datos de formaciones, de sanciones, y algunas veces se mencionan al aire. Pero estos datos usualmente son de color, misceláneas que adornan algunos comentarios y notas.

Para una mejor estadística hace falta más. Y hoy hay oportunidad de pegar el salto. Por caso, en basquetbol hay un record individual por cada jugador profesional con la cantidad de pases, tantos, rebotes y asistencias. Concedamos que el sistema de puntaje y sanciones no son las mismas en cada deporte. Pero los dos son juegos con pelota, en equipo, los dos contienen posiciones y funciones determinadas, y son deportes de contacto donde se hace fuerza.

Además, si la FIFA usa tecnología y da el ejemplo, estaría bueno que las federaciones por cada país y región lo sigan. Si con esta evidencia no queda habilitado el uso… la verdad, no sé con qué más se puede hacer. En básquet hay cifras de efectividad tomando los números en conjunto y haciendo combinatorias.

Yo de esto no sé, pero entiendo que la cosa no nació de un repollo: espero no sonar gilun si afirmo que estos registros se hicieron con herramientas tecnológicas. Me imagino que alguno se habrá sentado a mirar betas o videocasetes, y habrá empezado a contar estos datos de algún modo. Me imagino que hoy debe haber algún software para contabilizar el asunto, y no quito que haya la capacidad de truchear los datos. A fin de cuentas, es deporte pero también negocio, y hay que cuidar la guita. Lo que también me imagino, es que debe ser más rápido detectar los números falsos. ¿El fútbol llegara a tener un sistema parecido?

Saludos & suerte

Garrison y Nisman: Vidas paralelas

Resumen del texto:

Veamos que tienen de parecido y diferente dos figuras de la justicia. De un lado, Jim Garrison (1921-1992) aquel fiscal que investigó y llevó a juicio a Clay Shaw, un sospechoso por el asesinato de John Fitzgerald Kennedy en 1963. Del otro, el fiscal argentino Alberto Nisman (1963-2015) que formó parte del equipo a cargo de reabrir e investigar la causa del atentado contra la mutual judía AMIA, ocurrido en 1994.

Ambos descubrieron operaciones para encubrir hechos criminales. Hallaron incongruencias en las versiones oficiales de los acontecimientos, y si bien no consiguieron mucho, nadie olvidó sus argumentos, ni las pruebas que aportaron a la justicia. Muchos están de acuerdo que tuvieron razón. Pasen y lean.

Garrison & la causa JFK

El caso y su fiscal son conocidos. De todas formas, nos conviene un repaso rápido. Jim Garrison fue un fiscal del estado de Lousiana, estados unidos, que inició por las suyas una investigación y posterior juicio a propósito del magnicidio contra John Fitzgerald Kennedy.

En 1963, y con un equipo de colaboradores, se encargó de reconstruir la escena del crimen, revisar los motivos y conductas de los sospechosos, y refutó el dictamen de la comisión Warren.

Esta comisión del capitolio, desarrolló y publicó la versión oficial de los hechos. Para esta comisión, el crimen lo cometió en solitario un extremista político, Lee Harvey Oswald.

La versión oficial indica que Oswald disparó desde la ventana de un edificio, con un rifle de alto poder, contra una limosina descapotable abierta donde viajaba el presidente, acompañado por su esposa, una comitiva, y un dispositivo mínimo de seguridad.

En la carga del rifle, se incluía una “bala mágica”, que entró en el cuerpo de Kennedy, serpenteó a través de sus órganos, y finalmente salió, hiriendo a uno de sus acompañantes.

Siempre siguiendo la versión oficial, Oswald fue detenido por las autoridades, y lo declararon culpable de los hechos.

Estaba por ser trasladado, cuando lo mató Jack Ruby, un mafioso italoamericano, con vocación anticomunista. Ruby luego tuvo una muerte turbia. Las autoridades no prestaron mayor atención a este matador. Para ellos, el culpable ya había sido atrapado, y de rebote, castigado.

La viuda – Jaqueline Onassis Kennedy – testigo directo del hecho, se retiró de la vida pública luego de la muerte de su esposo. Lo sobrevivió por largos años, y falleció de cáncer en 1994. Por 30 años, no dio ninguna entrevista a ningún medio, ni habló jamás en público de su matrimonio y del crimen. No solo por el natural secreto de estado, que por protocolo corresponde a estos casos. Esa voluntad de hierro para tener el pico cerrado sugiere el cumplimiento riguroso de una Omertá.

El trabajo de Garrison aportó un nuevo enfoque y evidencias al caso: Investigó las relaciones personales y profesionales de Lee Harvey Oswald luego de su muerte.

Determinó que formaba parte de la comunidad de inteligencia americana. Confirmó su entrenamiento militar, y su nivel de formación como espía. Confirmó que trabajaba como agente infiltrado. Investigó a sus compañeros de armas, las misiones que le asignaron, y sus pesquisas llegaron – por testigos y algunos documentos – hasta la relación entre Oswald y un empresario ligado a la CIA, Clay Bertrand, cuyo alias para ciertos asuntos fue “Clay Shaw”.

En la evidencia, compuesta mayormente por documentación oficial, y lecturas críticas, se incluyó la cinta súper 8 de Zarpruder, único testimonio fílmico del hecho, donde aparecen las reacciones del propio JFK y sus acompañantes al recibir los balazos.

Garrison llevó a Shaw a juicio. Lo responsabilizó por participar de una operación negra, cuyo objetivo fue matar a Kennedy, por cuestiones de agenda institucional, coyuntura política, e intereses de la industria del armamento.
Bertrand fue declarado inocente por el jurado.

Muchos años pasado el juicio, un funcionario de la CIA declaró que “Shaw pudo haber tenido relación con nosotros”. Esto, en el lenguaje oblicuo de la comunidad de inteligencia, es admitir responsabilidades.

Al día de hoy, la investigación de Garrison ayudó a echar luz sobre un asunto oscuro. Demostró maniobras de encubrimiento, revisando minuciosamente los detalles de la historia oficial. Derribó la teoría de la “Bala mágica”´: No había tecnología disponible para crear un proyectil como ese en los 60s. Pero no pudo descubrir ni acusar formalmente a los autores intelectuales del crimen, o si hubo otros implicados, además de Oswald.

La consecuencia inmediata del juicio fue movilizar a la opinión pública a propósito del asunto. El fiscal y su equipo se convirtieron en figuras notorias del poder judicial.

Un coletazo, quizás no del todo deseado, fue la aparición de teorías de conspiración, tanto a favor como en contra de Oswald, Garrison, la inteligencia americana, soviética, y los demás componentes del sistema.

El estado actual del asunto es: Cerrado. Se sabe que hay información clasificada del tema, pero hasta 2039 no habrá de ser secreta.

Si yo mismo tengo que jugar a la conspiración, me llama la atención que Garrison y su equipo no hayan contactado a Jaqueline Onassis. ¿Podían hacerlo? Oficialmente, no. ¿Y en modo informal?, es muy posible y probable que sí. Había secreto de estado. Y estaban en medio de la guerra fría. Habría que investigar si se podía apelar, y si el caso tenía chances de llegar hasta la corte suprema. En fin… esto es solo una teoría más del montón. Y me hago cargo.

De regreso a los hechos, la prensa acompañó la investigación de Garrison y el juicio. Esto contribuyó a la transparencia del proceso. Durante la investigación, recibió amenazas, le cortaron caminos, le ocultaron papeles, tuvo testigos que dijeron y se desdijeron, pero el mismo y su equipo la siguieron hasta llegar al final.

Yo no soy abogado, y de estas cosas mucho no sé. Pero cuentan los que saben de verdad que lo valioso fue y sigue siendo la jurisprudencia que dejó el caso.

El derecho norteamericano, que proviene de la tradición anglosajona, se sostiene en las leyes vigentes y evidencias. Pero a la hora de juzgar, presta mucha atención a las interpretaciones de los hechos. Entonces, revisar los detalles es fundamental en cualquier caso. Y de eso depende ir en cana, ir a la silla eléctrica, la inyección letal, o salir bajo fianza. No es poco.

Y si por agregar datos de color, hay muchas películas y series que ilustran y educan al soberano estadounidense y latinoamericano en estos temas: Los más maduros recordarán a “Perry Mason”; los cuarentones, como yo, más bien a “Petroccelli“. Los más jóvenes, tal vez tengan presente la franquicia “Law & Order” y así.

El trabajo de Garrison está bien retratado en la película de Oliver Stone “JFK” Y para terminar esta sección, una perlita: El mismísimo Garrison hace un cameo, interpretando al senador Warren en el film.

Aquí cerramos este expediente. Hay otro para revisar. Que sea justicia.

Un poco de contexto de la causa AMIA

Para evitar despistes, y ya que el caso es complicado, hay que dar un poco de contexto acerca del crimen contra la AMIA. Lo justo para comprender los motivos posibles – algunos, improbables – que hubo para llegar hasta este desmadre. Hay muchos registros del tema en la red, y por fuera de ella. Luego hablemos puntualmente del trabajo de Alberto Nisman y sus consecuencias.

Ahí vamos: El año fue 1994. Hubo un atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina, por sus siglas, AMIA.
Un explosivo destruyó por completo el edificio.
Hubo 6 muertes confirmadas, 82 heridos, y muchos daños colaterales.

En 1992, hubo un atentado similar, pero contra la embajada Israelí en argentina. Hubo destrucción, muertos y heridos. Algunos de nacionalidad argentina, otros eran empleados nativos. Este crimen de lesa humanidad quedó bajo la jurisdicción de la corte suprema de justicia argentina. Obtuvieron algunos indicios, y la principal hipótesis de investigación fue un ataque suicida, a cargo de una sola persona, que estrelló un coche repleto de explosivos contra la embajada.

Nuestras autoridades arrestaron a un ciudadano pakistaní – quizás haya sido un perejil – y dejaron muchos cabos sueltos en la reconstrucción de los hechos. Abogados y grupos de familiares de las víctimas, al día de hoy, están profundamente dolidos y disconformes con los resultados.

Por su propio peso, la voladura de AMIA quedó – todavía es – como crimen de lesa humanidad. A partir de la embajada, fue el segundo atentado de gran magnitud que sufrimos desde el retorno de nuestra democracia. Hubo, al menos que yo recuerde, un caso más en aquella época: La voladura de una base militar argentina en río cuarto, provincia de Córdoba. Pero eso es otra historia.

La justicia argentina, entonces, inició una investigación y causa judicial: La famosa causa AMIA, con la comunidad argentino – israelí como parte querellante. Y un dato: en esta y la embajada, las causas son imprescriptibles.

Y yo no soy abogado, pero si un día llegan mil por ciento hasta el juicio y condena firme a los autores materiales e intelectuales, sean iraníes, dobles agentes de ambos lados, y líderes políticos o religiosos extremistas de ambos lados… esto de imprescriptible, a metérselo en el bolsillo. El estado actual es: Caso abierto.

Ya vamos para 20 años que es así la cosa. Que yo sepa, excepto las causas contra el régimen nazi, este parece ser uno de los casos sin resolver más largos del mundo. Yo llamaría a los del libro guinness alguna vez para chequearlo.

En la causa AMIA pasó de todo. Estuvo a cargo de varios jueces, con sus correspondientes fiscales, y llegó a juicio en tres oportunidades. Hubo sospechosos detenidos, efectivamente condenados, y luego absueltos de culpa y cargo. Hubo sospechas de cobro de coimas a cambio de testimonios, procesamientos irregulares, numerosos pedidos de información, una cantidad de causas conexas, apelaciones, alegatos, y la investigación de Nisman, por supuesto.

Fuimos sabiendo estos datos gracias al monitoreo que hicieron – y siguen haciendo – los grupos de familiares de las víctimas, y el aporte de la prensa argentina en general.

En aquellos años 90s, igual que hoy, en búsqueda de respuestas – además de la justicia – todo el arco político escarbo en los hechos. Cada quien con enfoques distintos, agendas diferentes, intentaron rearmar el rompecabezas. Empezaron a correr discursitos. La mayoría, políticamente correctos. Solidaridad con las víctimas, preocupación por la justicia, y buenos deseos de esclarecer el caso. Hubo alguno que opinó, suelto de cuerpo: Fue un auto atentado. Ese trucho tuvo que cerrar el pico.

En paralelo, empezaron a correr océanos de tinta sobre continentes de papel. Traducido al castellano: Hubo – y sigue habiendo – libros de investigación periodística, notas, columnas, artículos y reportajes. Algunos rigurosos, y otros por la ruta del chamuyo. A partir de aquí empezaron las teorías de conspiración en el asunto. ¿Les suena de alguna parte?

Caiga quien caiga, hay que decir una verdad amarga: Además de doler, de la necesidad de darle algún cierre a esta historia, el tema vendió bien aquí y afuera. Porque no solo es sanción social, sino noticia y primicia lo que busca el periodismo. De eso ya hablamos en una entrada dividida en tres tomos, que se llama “En medio de los medios”.

A propósito, hoy hay acuerdo que las dos voladuras fueron por motivos geopolíticos. Pero más que nada, con un trasfondo de alianzas diplomáticas, con profunda necesidad de negocios. Y para darle buen sabor al guiso, el asunto viene condimentado fuertemente con aspectos religiosos de Palestina e Israel.

En aquellos años noventosos, el gobierno argentino de turno – Entre la primera y segunda presidencia de Carlos Saúl Menem – estaba buscando poner al país en el mapa. Su meta principal era que entraran inversiones, y mantener las estanterías en su sitio. Resumimos esto en tres puntos.

  • En medio de la globalización, y por orden de “El Carlos”, la cancillería Argentina firmó acuerdos internacionales, que nos dejaron alineados con los Estados Unidos y Europa en materia de comercio exterior, políticas de lucha contra el terrorismo, el narcotráfico, y detalles de agenda.
  • Para la mayoría de la prensa de investigación, el grueso del arco político opositor, y una parte del poder judicial argentino, aquella toma de decisiones no quedó impune. Puso en estado de alerta y movilización grupos terroristas, alentados y financiados en la república islámica de Irán, que decidieron mandarnos un
    mensaje: No jodan con nosotros.
  • Por estrategia, atacaron al más nuevo y débil del grupo: Argentina. La Fatwa de la Yihad, la profecía, y el horóscopo les salieron perfecto. Quedamos en pelotas, en la oscuridad, y llorando a los gritos.

Al punto, el primer juez de la causa AMIA repitió un poco el dibujo táctico del caso de la embajada. Su hipótesis fue: Ataque con un coche bomba, a cargo de una célula extremista islámica, con apoyo local. Han pasado los jueces y los fiscales, los procesamientos y las medidas de prueba. Han variado los acusados; llamaron a indagatoria e imputaron a ex ministros, revisaron actuaciones policiales, y al final, apilaron fojas y expedientes infinitos. Y si estoy mintiendo, a mí que me hiervan: El esquema nunca cambió. Ni tampoco los reclamos de la comunidad argentino – israelí a nuestras autoridades.

No obstante, en estos años dosmileros, hubo cuestiones de coyuntura que cambiaron. Estos eventos afectaron a nuestro poder judicial. Y tuvieron rebotes en las causas de la embajada y amia. En resumen, hubo tres cuestiones de fondo:

  • Cambio en las relaciones exteriores: NCK, y luego CFK, desmarcaron al país de las naciones dominantes. Lo adornaron con discursos izquierdosos, de la liberación y la autodeterminación de los pueblos. Aprovecharon la coyuntura que la mayor parte de nuestra deuda externa había sido pagada al FMI, mientras quedaban deudas chicas. Hicieron alianzas estratégicas con países no del todo alineados, mayormente en el Mercosur, y que tenían presidentes y discursos similares a nuestro partido de gobierno. (Chávez, Mujica, Da Silva, Bachelet) Buscando nuevos amigos con plata, varios países de nuestra región se fijaron en Medio Oriente – exportadores de petroleo –  mas pensando en jeques de Qatar que invirtieran unos morlacos, que en tira bombas iraníes. No nos dieron mucha bola como socios comerciales.
  • Reciclado de los servicios de inteligencia: A partir del retorno a nuestra democracia, los espías argentinos, cuya especialidad de la casa es la seguridad interior, quedaron en su mayoría como “mano de obra desocupada”. Con tires y aflojes en materia de juicios a la última dictadura, varios de ellos aprendieron a reciclarse. De esto hablamos en “De golpe y porrazo”, asi que mucho no abundamos en detalles. Varios espías colaboraron – aún siguen haciéndolo – con el poder judicial. Específicamente, para investigar corrupción política. Es que en esto – nos guste o no – es al pedo usar santos, o ángeles para cazar demonios; mucho menos si son funcionarios, diputados, senadores, e incluso jueces y fiscales, que mayormente saben esquivar bombas, y blindarse en caso que los señalen con el dedo.
  • Hubo presiones sobre jueces y fiscales amigos, para que miren otro canal, mientras hubo corrupción en secreto, y no tanto, desde el partido de gobierno a cargo del Ejecutivo. Y para distraer a la gilada, hubo una bajada de línea a los cuadros dirigentes, punteros y militantes: Campañas de difamación en general para cualquier oposición leal. Y palos a cualquiera que se atreviera a levantar cabeza.

De estos tres factores, el primero y el segundo factor jodieron bastante las cosas. El tercero, en cambio, es prácticamente tradición de los gobiernos que supimos conseguir. Pasemos al último dato de contexto antes de cerrar esta sección.

En su única gestión como presidente de la república, NCK creó una fiscalía especial para el caso AMIA. Espero no pifiar si asumo que habrá sido con acuerdo del senado de la nación, y la corte suprema de justicia. Nombró al fiscal federal de la nación, Alberto Nisman, a cargo del trabajo. Y a partir de aquí, empezamos a hablar de su aporte a la causa.

Nisman y la Causa AMIA

Por largos años, tanto Nisman y su unidad fiscal AMIA trabajaron en silencio. Debajo de una apariencia de inoperancia, estaban incubando algo: El análisis crítico de la llamada “Pista Iraní”, espina dorsal de la versión oficial de los hechos. (Célula terrorista, operaciones negras, extremismo islámico, guerra santa, apoyo local, etc.)

Los interesados en la unidad fiscal AMIA, la siguieron. Y algunos quedaron decepcionados: Uno de nuestros periodistas más creíbles, Jorge Lanata, llegó a decir una vez “Leí el dictamen de Nisman, y me pareció lo que es. Un escrito lleno de nada”. A los pocos días, la cosa cambió. El mismísimo Jorge le hizo justicia periodística, y quizás poética. Pero no nos adelantemos.

Tal como dijimos más arriba, hubo cambio de mareas en las relaciones exteriores argentinas. En 2015, el poder ejecutivo – a cargo de CFK – ordenó a la cancillería redactar y presentar ante la ONU un memorando de entendimiento entre Argentina e Irán. La versión oficial para justificar el documento y sus consecuencias era aflojar nudos, de modo que mediante un tratado, nos dejaran mandar a alguien para preguntar a los iraníes en su terreno por datos de los atentados. 

Esto sonaba legítimo, pero no fue muy legal que digamos: Estaban puenteando al detalle al Poder Judicial. La unidad AMIA investigo discretamente y rápido la movida. Con la colaboración de los servicios de inteligencia argentinos, hizo pinchaduras de teléfonos entre los principales impulsores del proyecto. Lograron una cantidad de capturas de audio, que prueban que el memorando era una maniobra elaborada de encubrimiento de los autores intelectuales del hecho.

Lo sabroso del asunto, es que algunos dirigentes argentinos de confianza de CFK – presidenta de la nación por aquellos días – pidieron y cobraron unas simpáticas “colaboraciones” a ciertos representantes persas (por no decir iraníes) en nuestro país, interesados en el asunto, para montar el show.

El testimonio de estas conductas quedó registrado en las pinchaduras, por los dichos de sus protagonistas, más allá de toda interpretación legal y duda razonable. Como sabe cualquiera que haya visto “Tiburón”, “Deep Blue Sea” o “Sarknado” inclusive el más dientudo, grande y peligroso de los peces, por la boca muere.

Una vez que se aseguró de tener estas pruebas sólidas en mano, Alberto Nisman finalmente rompió el silencio.
Anunció que tenía novedades en la causa, que el tratado con Irán era una farsa, y que iba a exponer el asunto con argumentos y evidencia ante el parlamento. Como dice una canción de los redondos: “Era un tahúr de esos que nunca muestran todo el mazo”. Era lógico: Cualquier paso en falso iba a derribar la denuncia.

Pero el detalle fue que la coalición de civiles que monitoreaba el caso, y la prensa interesada, dio difusión a sus dichos, pero guardando cierta distancia critica. A fin de cuentas… ¿Como creerle a un tipo que estuvo callado tanto tiempo? ¿Como confiar en un fiscal de esta causa, después de tantos bolazos? Tal como dice otro fiscal, Francisco Delgado, en una entrevista que está colgada aquí: El poder judicial es el más oscuro de los tres poderes. Y la palanca necesaria para que las causas avancen con éxito es que le hagan seguimiento.

Alberto Nisman no era ningún gil: Conocía los riesgos de desafiar al poder. Por eso es que apareció muerto en su propio departamento, justamente el día que se había comprometido a hablar ante el congreso. Todos quedaron sorprendidos por la noticia. Una de las repercusiones más notorias fue una expresión de CFK, que se parecía a esto: “quizás se haya suicidado, quizás lo hayan matado, yo no sé, no estoy segura… pero esto es una perdida para la justicia”

Otra repercusión, más importante, fue una marcha de silencio – en señal de duelo – por algunas calles de la capital, donde participaron jueces, fiscales, secretarios, y gente del público en general.
La cubrieron todos los medios del país.

No deseo insultar la memoria de un justo. Pero nobleza obliga decir algo: Quizás un error que cometió Nisman fue no hacerse un blindaje mediático. Los asuntos importantes, que afectan a buena parte de la sociedad, siempre ponen bajo el reflector a quienes tienen que resolverlos.

Y no estamos hablando de la mera fama por la farándula, (googleen al Ex juez Norberto Oyarbide) sino más bien del reconocimiento público, que enseguida resalta las presencias junto a sus méritos en comunidad, y no menos las ausencias. Optó por el perfil bajo. Una jodida pena. Pero su muerte no fue en vano.

Por último, agreguemos la justicia simbólica que le hizo Jorge Lanata: Poco después de la muerte de Nisman, en su programa de radio, difundió fracción de los audios que lograron en la unidad fiscal AMIA.

En consecuencia, quedaron expuestos: El supuesto dirigente pro iraní Alejandro “yussuf” Kalhil, charlando con el supuesto espía Allan Bogado, y el dirigente Kirchnerista Luis De Elia, charlando con Fernando Esteche, líder del movimiento Quebracho, integrante del FPV y Moshen Rabbani, uno de los presuntos autores del atentado. Algunas charlas mencionaban al entonces canciller Hector Timerman, y las operaciones sucias necesarias para lograr el tratado.

Una frase dice: “Lo que hubiera y lo que habría, siempre son palabras vacías” Pero no puedo evitar preguntarme… ¿Y qué hubiera pasado si algún colaborador, o el mismísimo fiscal presentaba junto al propio Lanata sus audios en la radio?

Conclusiones

Ambos se metieron con casos bravos. Uno vivió para contarlo. Otro murió porque sabía demasiado. Ambos desafiaron las versiones oficiales de los hechos, habilitaron teorías de conspiración, y fueron acompañados por la opinión pública. Ambos tuvieron relación con los servicios de inteligencia. Uno los expuso. Otro se sirvió de la vigilancia e informacion que produjeron. Uno en vida, el otro luego de su muerte.

Una frase borgeana quizás les venga bien: “Quizás ante Dios, las dos caras de esta moneda sean iguales”

Sea Justicia. Saludos