Enciclopedia de la politica

Enlace a una pagina con informacion muy valiosa: Enciclopedia de la politica, de Rodrigo Borja. pasen y lean.

Enciclopedia de la politica

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Hare Kirchner, o el secreto del éxito del FPV – segunda parte

Breve resumen del capítulo anterior:

Cuando nuestro país empezó a salir de la crisis del 2001, luego de la presidencia provisional de Eduardo Duhalde, hubo llamado a comicios a fines del 2003. Dos candidatos, ambos oriundos del peronismo, eran aquellos que tenían más posibilidades de ganar: Uno de ellos ya era conocido de todos; el avatar riojano Carlos Saúl Menem. Otro, era una novedad en capital federal: el santacruceño Néstor Carlos Kirchner

Historia de un ballotage

 

Ahora, veamos: Al final de la gestión Duhalde, y con gente con pesos de vuelta en el bolsillo, la bronca general amainó. Hubo llamado a elecciones en 2003. La votación fue bastante reñida, y hubo segunda vuelta entre dos candidatos peronistas, que sacaron la mayor parte de los votos. Detalles, a continuación. Los radicales, que se abrieron perfectamente de gambas durante el quilombo, sacaron un 0.02 % de los votos en aquella primera vuelta. Les alcanzó apenas para poner un solo diputado en el congreso: Nito Artaza, un talentoso imitador y actor cómico, que cruzó al campo político, y logró este triunfo a lo pirro. Quizás uno de los primeros en advertir el significado profundo de este episodio, fue el periodista político Mariano Grondona, en su programa televisivo “Hora Clave”: La performance de Artaza fue acaso el mejor chiste que humorista argentino alguno hizo sobre la política nacional en siglos.

Para el ballotage, quedaron solo dos candidatos para votar: Menem y Kirchner. En el trámite, la gente aplicó mucho aquello del “malo conocido, y el bueno sin conocer“. Mucho me sospecho que gran cantidad del caudal de votos a favor de Menem, provino del conocimiento que había de su figura: Fue presidente dos veces consecutivas. Ciertos grupos, ganaron buen dinero bajo su administración. Votaron “a ganador”. A Kirchner, en cambio, solo lo conocían en Santa Cruz. Y tal cual indica nuestra geografía, esa es una provincia muy lejana de Buenos Aires. Al punto, para ganarle al favorito se necesitaba un milagro. Y tal como reza el dicho, Dios está en todas partes, pero atiende en capital federal.

A propósito, el pingüino contaba con el apoyo del presidente saliente. Eso le aseguraba el respaldo de gran parte del peronismo en el congreso. Pero como siempre hay peros, y justamente estamos hablando de peronistas… No lo conocían personalmente en el parlamento. No obstante a su esposa, la diputada y luego senadora por Santa Cruz Cristina Fernández de Kirchner, todos la conocían. Ella fue su principal promotora, y si se quiere, lobista. El propio NCK – pongo sus iniciales, ya que le gastaron el nombre – quizás debió haberse sorprendido un poco por la situación que siguió.

Menem estaba por ganarle, pero por motivos que todavía se desconocen, se retiró de la competencia. Con un modesto 22,2 % del total de los votos, Néstor “Pingüino” Kirchner asumió la presidencia de la nación. El arco político, todos los encuestologos y/o analistas coincidieron que fue una victoria agridulce, cuyo significado más claro era que el riojano le tiró el mando del país por la cabeza al patagónico. Sin embargo, lejos de abrumarse, organizó fuerzas para desembarcar en capital, y asegurarse definitivamente que nadie se olvidara de su nombre y apellido.

¿Quién era NCK?

 

Hablando del diablo, veamos un poco como era este señor, antes de ser quien fue: Quedan testigos que lo conocieron en directo. Lo describieron como alguien de carácter irascible en la intimidad, y un poco menos en la vida pública – disculpen si no digo “intenso”, como marca la moda – Este bonito rasgo de personalidad, lo adquirió de chico. Un ojo virola desde la más tierna edad, marca mucho: Los chicos son crueles; los adolescentes, quizás un tanto más. Los jóvenes adultos, quizás algo menos… sin embargo, está comprobado que aquellos que no tienen apariencia normal, son marginados, castigados; o se los marca como hazmerreíres.
¿Cómo no llenarse de bronca, hasta la última molécula del ADN, en ese clima cultural? Resultó más que evidente que siempre quiso compensar algo. Y parece que lo logró al final. De postre, agreguemos esto: Con el tiempo, Duhalde supo declarar en varios reportajes un par de cosas sobre NCK. La primera; que sabía que Kirchner era volátil, pero no un incapaz. La segunda, que esperaba que no repitiera en la nación el modelo de Santa Cruz. A Duhalde le falló el segundo horóscopo.

Para rematar esta mini biografía, NCK se interesó en el peronismo cuando joven. Fue militante de las ramas izquierdosas del partido entre los 60s /70s. Lo abandonó, y muchos años más tarde retomó. Tuvo éxito en el negocio de los bienes raíces, y su propio bufete como abogado. Entre los años 80s/90s, ascendió en una de las escaleras que sigue todo político argentino: Primero fue concejal. Luego, intendente, gobernador, y por último, la presidencia, con todos los detalles antedichos.

Un corte transversal

 

En este punto, recibía el país en bastante buen estado. Había varias cosas por atender, pero lo más grave ya estaba resuelto. Importó desde el sur al grueso del equipo que lo acompaño como gobernador, e incorporó algunas caras nuevas al elenco. Desde el Frente para la Victoria, un grupo justicialista fundado por el pingüino, supo alentar la noción de transversalidad política, como un modo de renovar la administración del partido de gobierno, y el estado nacional. El peronismo, desde su fundación, fue verticalista. Ya lo dijimos en “Peronismo explicado para dummies”, así que acá nos salteamos ciertas conductas que aun hoy rigen en el PJ.

Ahora viene la chantada: Cuando ganó, y sabiendo que acá no lo junaba nadie, NCK aprovechó la oportunidad para vendernos un verso a quienes desconocíamos su vida y carrera. Se presentó en sociedad como “heroico sobreviviente” de las luchas montoneras en los 70s. Con mano izquierda, sedujo a muchos políticos – peronistas y radicales – intelectuales, artistas, y especialmente a las madres y abuelas de plaza de mayo. De esto hablamos en “Madres y abuelas de la decepción”, así que aquí tampoco abundamos en detalles. Puso el acento en recuperar al estado nacional como agente activo en la vida social. Pero lo hizo de un modo sesgado e incompleto. Ya veremos cómo.

Un adagio dice: “Tenemos los dirigentes que se nos parecen” Esto se cumplió al 1000 %. El estado estaba bastante saneado. Pero por segunda vez en la historia había un país rico, y un pueblo pobre. El peronismo necesitaba una cara nueva, y mucha gente todavía se acordaba de la crisis. Eso del “que se vayan todos” no era una frase trivial. Expresaba a una generación completa, nacida y criada en democracia, que había quedado profundamente decepcionada y enojada con el país. En estas condiciones, a NCK se le hizo el campo orégano. Se encargó con prolijidad de demoler a la UCR, presentándolos como una manga de idiotas, títeres de las corporaciones que vaciaron argentina. Y mucho no costaba creer este argumento.
Como alternativa, el FPV proponía un proyecto nacional y popular, con metas concretas que siempre atravesaron toda la historia argentina – de ahí lo transversal – y que, gracias a la voluntad de la gente, su esfuerzo, con el liderazgo firme de Néstor y su equipo, iba a traer paz y prosperidad para todos. Bellas palabras.

Pero esto pasó: Igual que JDP, a cambio del apoyo desde el partido y el estado, exigió a sus seguidores total lealtad hacia su persona. Y como vimos más arriba, toda su vida puso fichas en este tema. Como otros antes que él, administro el partido y luego el país como una estancia: Es decir, a lo caudillo. Aplicó sistemáticamente esto del “Quien me quiere, es un divino. El que no, es un traidor hijo de re mil putas.” A fin de cuentas, tenía que defender de alguna manera su autoestima, pobrecito. Y no era el único. Ya cuando estaba vigente en el sur, el FPV no tuvo nunca debate interno. Así que todo dependía si Néstor se había levantado de buen humor. Para dictar leyes, mandaba a sus propios diputados en Rio Gallegos votar a favor las cosas, sin abrir los paquetes. Política a lo Escobar Gaviria.

Un detalle: Nunca mandó ni directa o indirectamente asesinar a nadie. Al menos, no que yo sepa. Sus continuadores, en cambio, produjeron algunas víctimas. En paralelo, se sabe que nunca dio gran importancia a mediciones y encuestas. Cosa bastante curiosa, ya que en democracia, el precio de la buena imagen es la encuesta eterna. Repartió ayudas sociales a la propia tropa, negocios turbios a los amigos, y por más de cien días no se notó. Primero, porque cualquier maniobra sucia se tapa o se esconde, obvio. Y segundo, pero no último, entraba plata a la economía: Hubo una muy buena racha para los países agroexportadores. El precio de las materias primas agrarias y algunos de sus derivados subió mucho. Nuestro país cosechó soja a lo pabote, y vendió bien a China y otras naciones.

Para no hacer muy amargo el mate, cebemos con estilo Bollywood. Al inicio del siglo XXI, hubo ciertos parecidos entre las épocas del creador Perón y su avatar Hare Kirchner. Al igual que el padre del todo, usó riquezas de la nación para comprar la voluntad del pueblo pobre, y el resto, que se fuese al carajo. A propósito de la transversalidad, fue anzuelo para incautos. Al mismo tiempo, fue recurso para dividir y reinar. En última instancia, cualquier corte transversal parte las cosas en dos, como mínimo. Ampliemos: A partir del mandato de NCK, surgió y creció – inclusive al día de hoy – un fenómeno cultural que el periodista Jorge Ernesto Lanata definió como “La grieta”: una guerra social entre aquellos que apoyaron el modelo nacional y popular, en contra de los que no. Al punto, el modelo fue prácticamente un feudalismo aldeano, sordo, miope, arrogante, y con lujuria constante de poder, como definió el periodista y escritor Jorge Fernández Díaz. A medida que pasaron los 4 años de su mandato, los periodistas de la capital fueron investigando sobre NCK y su gente. Descifraron el modelo santa cruz, yendo a la provincia, para conocer como los gobernó. Descubrieron un escándalo de corrupción con muchos ceros: el “caso Scanska”; fueron a conocer y entrevistar gente que lo vio crecer, mucho antes de ser político. Escribieron biografías no – autorizadas, y el pingüino, furioso, hizo todo cuanto pudo para fustigar a estos “traidores”, según su código personal y su visión política. El resto de los muchos detalles del tema, por sabidos, lo salteamos. Están disponibles en la red. Inclusive en este blog. Ciertas maniobras las mencionamos en la entrada “En medio de los medios”, cuando hablamos del “Caso papel prensa”

Aun así, tenemos que darle cierre a esta crónica: Sobre el final de su presidencia, promovió a su esposa como candidata, para que continuara el proyecto.
Vivió lo suficiente para verla ganar las elecciones, y finalmente asumir el mando. Para su mal, tenía una enfermedad crónica de los intestinos. Falleció ya fuera del poder, y tuvo funerales de estado. Su partida generó enorme simpatía en favor de su viuda, cuando más adelante ella se presentó a la reelección que hablita nuestra constitución. El resto, shaibb… es otra historia.

La conclusión: ¿Deidad India… o ciudadano de Gotham?

 

Es curioso lo que pasa cuando uno se pone a escribir. A veces, las ideas se van de las manos. En este caso, yo pensaba parodiar las furias de NCK por medio de la historia de Krisna, una deidad India, cuya historia figura en el libro sagrado Raj veda. Pero cuando apareció “pingüino”, ciudad gótica fue inevitable. Oswald Chester Cobblepot pasó por muchos guionistas y dibujantes. Cada uno aportó detalles y actitudes que lo convirtieron en un personaje genial. A mi juicio, la mejor de todas sus historias es la película “Batman regresa”. (Tim Burton, 1992) Como todos sabemos, era un criminal colérico, inteligentísimo, que tuvo chance de postularse para alcalde de Gotham. Usó aquello como tapadera para una movida genocida. Batman desarmó las dos cosas. Pingüino, al final murió.

Es evidente que gotham es una ficción. Sin embargo, cuando uno conecta puntos, salta a la vista que en nuestra vida real hubo un tipo de aspecto curioso, narigón, cabrón, pero también vivo como el hambre, que casi se quedó con todo. En vida, a NCK muchos lo comparaban con el actor cómico Tristán. Otros, con el personaje de la historieta argentina “Lupin”. La asociación con los pingüinos, el propio Kirchner la menciono como un acertijo en una declaración de prensa: “El próximo presidente va a ser pingüino… o pingüina” Es seguro que no pensaba en Tim Burton. Pensaba en Patagonia. No sé ustedes, pero los años hoy me demuestran que Nestor calzaba perfecto el traje de Cobblepot, a cargo de Danny De Vito en aquel film.

A medida que fueron quitándole la careta, aparecieron cementerios completos en su placard. El más podrido fue este esquema: No se limitaba a pedir y hacer favores, o cobrar coimas y peajes, como los corruptos corrientes. Siempre ponía un militante del FPV en el directorio de las empresas que hicieron tratos con él. Y esa persona le respondía directamente. Aquí, más que pingüino, hubo un pulpo grande y peligroso. Cuando salieron todas estas cosas a la luz, los palos no se hicieron esperar. Era imposible estar en desacuerdo con las objeciones contra NCK.

Pero al pingüino nunca le entraron las balas. Siempre redoblaba la apuesta, y tenía recursos para hacer mierda al que tuviera enfrente. En ese paisaje, los argumentos políticamente correctos, racionales, sirvieron solamente para amonestarlo. El chiste es que no explicaban en profundidad el desmadre, ni daban contrapropuestas precisas para resolverlo. Se quedaban en declamación. Además, la gente lo adoraba. Era imposible vencerlo.

La estrategia del radicalismo y el resto del arco opositor fue aguantar con paciencia estoica que se secaran las pilas. Néstor se fue al otro barrio, y dejó a su mujer a cargo del show. Lo que siguió, por sabido, no lo contamos aquí.

Yendo más allá de lo evidente, lo llamativo es la pasión y piedad populares que NCK y su grupo despertaron entre la gente.
Muchos fanáticos todavía creen en el proyecto nacional y popular, con la convicción propia de un culto religioso. Lo gracioso es que a ellos no les importa si robaron, si amordazaron, o dejaron morir gente. No les importa si delitos y negligencias están bien documentados, comprobados con evidencias objetivas, más allá de toda duda razonable. Al punto, hubo algo que trascendió las denuncias por corrupción y los abusos de poder.

Quizás ayude esta frase: “A veces, la verdad no es suficientemente buena. A veces, la gente merece algo más… A veces, necesitan que la recompensen por su fe”. Estas palabras provienen de “Batman: The Dark Knight” (Christopher Nolan, 2008) Y las dice el caballero oscuro. Argentina, por supuesto, no es un lugar ficticio. Pero es innegable que estas palabras – si uno las transpone al contexto del 2003 al 2007 – definen la verdad de la historieta.

Acá había gente profundamente desilusionada del país y de la democracia. El FPV les ofreció la oportunidad de creer de nuevo. Y ya que muchos necesitaban creer, se engancharon. Vivieron la llegada a una tierra prometida, el retorno al paraíso. A mi juicio, les ofrecieron un paraíso venenoso. Veamos si la historia confirma o no estas nociones.

Tato

 

Hare Kirchner, o el secreto del éxito del FPV – primera parte

2001: La Odisea argentina

Esta es la historia del Hare Kirchner, según consta en los rollos y rosqueos sagrados del Frente para la Victoria, componente del panteón Peronista. El presidente Kirchner es una de las muchas encarnaciones o avatares de Perón, líder supremo del universo, protector del pueblo y la patria. Se lo representa alto, canoso, con un serio problema de estrabismo en uno de sus ojos, usualmente con traje gris, narigón, oriundo de la provincia de Santa Cruz, y con un carácter jodido, por lo cabrón. También se lo conoce como “El pingüino”, por sus raíces patagónicas. Específicamente, siempre ha sido un pajarraco anfibio muy apto para nadar por aguas cálidas y frías, profundas y no tanto. Y para su propio bien o mal, la naturaleza lo hizo incapaz de volar.

Para comenzar, es fundamental saber que el ascenso y caída del presidente Kirchner proviene de la crisis del 2001, tiempo de cambios: La convertibilidad de los 90s tuvo muerte súbita.
Las cuentas del país se fueron al carajo, y un culo tuvo que sangrar. Las cuentas sueldo, los ahorros, toda la guita quedó congelada. La confiscaron desde el estado nacional. Dos o tres macanudos avisaron con anticipación – a quienes quisieran escuchar – que la crisis podía suceder. No eran improvisados, ni contreras, ni jugaban a llamar al lobo. Se acordaban del fracaso del plan austral y la hiperinflación de los 80s, así que pensaban que podía volver a ocurrir un desastre económico. Pero nadie les prestó atención. Estábamos viviendo en dólares con pesos, con un sistema productivo que no llega siquiera a un cuarto de uñas del pie de Estados Unidos y Canadá. Además, el país estaba endeudado con el resto del mapamundi. Los pesos, al final, quedaron como dinero de juguete del estanciero, el monopoly o el juego de la vida. Pero mientras eso nos permitió comer y gastar en boludeces, no le dimos bola.

Que se vayan todos

Los indios estábamos todos cabreros. La crisis nos explotó en la jeta. Hubo huelgas y marchas en la calle, cada vez más llenas de gente y de ruido, de color y de furia, salidos del relato sin sentido de un loco, que no fue Macbeth ni Shakespeare. El pueblo argento, chilló siempre cuando le tocaron su órgano más sensible: El bolsillo. Hubo un estado de sitio para contener la situación. Duró lo que un pedo en un canasto. Hubo un presidente electo – Fernando de la Rúa – que no supo qué hacer con la crisis, y al final renunció y huyó.

En aquellas condiciones, si nuestra clase política tenía algún prestigio, lo perdió más rápido que calzón de puta. Curiosamente, en esta emergencia nacional nadie llamó a la puerta de los cuarteles. Y si llamaron, fue evidente que no los atendieron. El congreso de la nación tomó el mando: Hubo cinco presidentes provisionales de la república en una semana. Era lógico: Muchos querían el sillón, la banda y el bastón, pero no la papa caliente.

Hubo marchas cuya consigna fue “¡Chorros, devuelvan los ahorros!”. Hubo asambleas de vecinos auto convocados, cuyo lema fue “Que se vayan todos”. Solo la titular de un pequeño partido opositor se atrevió a retrucarles: “¿Y a quién van a poner?”. La mandaron a la Lila que la Carrió. Tuvo que salir rajando, que sino la linchaban. Mientras huía, hizo una nota mental para sí misma: “No hay caso. Es imposible razonar con una turba enardecida.” En otros rincones de la patria, hubo colas de familias enteras en la puerta de las embajadas, buscando la doble nacionalidad, para aportar a la única salida de la crisis que conoce la clase media joven: Ezeiza. Algunos pudieron irse. Otros tuvieron que quedarse. Todos echando chispas.

Mientras tanto, el quinto presidente de aquella semana histéricamente histórica – un tal Adolfo Rodríguez Saa, otro de los numerosos avatares de Perón – Viendo que casi no tenía equipo para gobernar el ispa, y que la rosca en el congreso no lo favorecía, pegó el portazo. Pero antes declaró la deuda externa del país en default. Por dejarle las cosas bien enquilombadas al que siguiera, firmó la cesación de pagos a los de afuera. Acto seguido, renunció a su cargo cantando con ganas la marcha peronista.

La intervención del cabezón

Finalmente, nuestro parlamento sirvió para algo, y puso un presidente peronista que se la bancó: Fue designado Eduardo Duhalde, otro de los muchos avatares de Perón. Se lo representa cabezón, de estatura media, con nariz ganchuda, abundante pelo negro corto, y haber sido vicepresidente de Menem. De a poco, compuso la mayor parte de las cosas. Aprovechó el regalito que le dejaron, y destrabó gran parte del endeudamiento exterior. Los acreedores estaban esperando un sinceramiento de las cuentas. En nuestra clase política, nadie se atrevía a dar este paso hasta aquel momento. Una vez blanqueada la situación, negociada la deuda, y con los números más o menos resueltos, Duhalde y equipo pusieron las cosas medianamente en orden en el frente interno. La mayor parte de la guita confiscada retornó a sus dueños. Quedaron afuera de las cuarenta del mazo una inmensa minoría de laburante, ahorristas, jubilados y pensionados y sus familias, que no tuvieron el buen gusto de morirse ante tamaña catástrofe, y al día de hoy – quince a dieciséis años después del desastre – todavía insisten en reclamarle al estado por la plata que le comieron.

Pero no nos centremos en lo negativo: Duhalde completó el mandato que había dejado incompleto De la Rúa. Cuando su tiempo se terminó, hubo llamado a nuevos comicios.
Se presentaron candidatos de todos los partidos, incluidos los radicales. Se presentó el PJ, con dos candidatos: Por un lado, Carlos Saúl Menem. Por otro, Nestor Carlos Kirchner. Y ya que era la fuerza política que resolvió gran parte del bolonki, era el partido que más posibilidades tenia para ganar. O sea: En el fondo, había que elegir entre peronismo… y peronismo.

(Continuará)

Madres y Abuelas de la decepción

El tema de esta entrada es la evolución – al menos hasta ahora – de dos grandes Organizaciones No Gubernamentales argentinas: Madres de Plaza de Mayo, y Abuelas de Plaza De Mayo. Como todo el planeta sabe, son dos asociaciones civiles que reclaman al estado acerca de los desaparecidos durante la última dictadura militar. Las madres, piden el paradero o información sobre sus hijos. Las abuelas, sobre sus nietos.

El reclamo de ambas asociaciones es legítimo. No puede haber conflicto con eso. Es imposible estar en desacuerdo con sancionar las conductas de los dictadores.
Estamos hablando de familias rotas de prepo. Y eso no lo perdona la cultura en ninguna parte.

A partir del regreso a la democracia, tuvieron un momento social muy intenso a favor: fueron contrapeso moral de muchas faltas y fallas del sistema político y el estado. Hubo desmanejos legales en el tratamiento de los ex dictadores del proceso. Los gobiernos apretaron y aflojaron nudos en las causas penales contra los comandantes militares de aquellos años. Los hicieron ir y venir de tribunales y de la cana. Videla y Massera murieron en cana, en celda vip, pero en cana. Perdonaron al grueso de los suboficiales, pero pidieron obediencia a cambio. Y la mayoría obedeció. Algunos se retobaron, pero los vencieron.

Como alguna gente sabe, además del aspecto moral, el reclamo de madres y abuelas tiene dos facetas adicionales: Una dimensión política, institucional, que reside en la declaración universal de los derechos humanos. Y su consecuencia técnica inmediata, un aspecto legal, que pasa por juzgar con el debido proceso los delitos de lesa humanidad. Y aplicarles la condena que corresponde. Ni madres ni abuelas buscan venganza. Buscan justicia. No es poco.

Desde siempre fueron independientes. Pasaron militares, radicalismos y peronismos. Siempre les reclamaron. Algunos escucharon, otros fueron sordos. Ninguno ayudó mucho a buscar respuestas, hasta que apareció NCK, y las compró. Actualmente forman parte del Frente Para la Victoria (FPV) una facción del justicialismo. ¿Qué les paso?

Les pasaron muchas cosas, y todas están bastante bien documentadas en las noticias, inclusive las de actualidad. Las infiltró el servicio de inteligencia del ejército, y desaparecieron varias madres durante la dictadura. Consiguieron superar el indulto presidencial a los represores, por las causas judiciales contra las adopciones ilegales.

Tienen el cuero bien curtido para hablar de muchas cosas. Y estando casadas, o viudas, no se casaron con nadie. Tampoco se pusieron precio. Pero hoy, para su mal, cambiaron mucho. Busquen “Caso Etchecolatz” y la relación directa con el “Caso Lopez”. Busquen el vaciamiento de la fundación “sueños compartidos” y de la “universidad madres de plaza de mayo”. Hubo corrupción con cifras de muchos ceros. Cuando se las cuestionó por esto, se defendieron con argumentos débiles. Fea la actitud.

Pero no todas fueron malas: la novedad más importante para ellas debió ser el surgimiento de la asociación Hijos, formada mayormente por hijos y nietos recuperados. También forma parte del FPV.

Si tengo que arriesgar una teoría, ahí voy: En el fondo, varias de ellas se cansaron de esperar. Se decepcionaron del manejo institucional del tema por nuestra clase política, y para obtener respuestas antes de irse, pactaron oportunamente con alguien que podía ofrecer indicios. A cambio del favor, les pidieron obediencia al líder y al partido. Dicho y hecho.

Tal como está la cosa, parece que haber vendido gran parte de sus acciones al FPV fue un precio pequeño para obtener un gran progreso en resolver sus problemas. Organizaron un cuerpo de forenses que recuperaron muestras de ADN. Pusieron a su disposición el banco de archivos genéticos de la nación. Organizaron campañas para convocar a los jóvenes que tuvieran dudas sobre sus orígenes. Hubo extracciones de sangre y otras muestras. Tuvieron éxito: Hoy hay personas que conocen la verdad, ya que sus padres adoptivos nunca les contaron quienes eran. Hoy varios hijos y nietos de desaparecidos recuperaron su identidad. Pregúntenle a Victoria Donda, o a Ignacio Montoya Carlotto, sino. Pero también, al menos uno de ellos, terminó suicidándose.
A esas personas en crisis, no solo hay que contarles la verdad, sino contenerlas. Habría que ver quien hizo mal la tarea en ese caso. Y por favor, que nadie cargue la culpa en la victima, aun cuando haya muerto por mano propia. Nadie se mata porque sí.

No todas se vendieron al FPV, pero el grueso lo hizo.
El pañuelo no se mancha, pero se arruga. Queda mal puesto, queda grande, queda chico o chingado cuando hay corrupción. Y eso fue lo que pasó. Ahora, varias de ellas van a tener que resistir su propio archivo. Pero en el sentido más preciso de la frase. Porque nadie es igual a si mismo todo el tiempo. Además, si el archivo es incompleto o inexacto, cualquiera puede caer en trampas o chicanas. El archivo – para quien juega limpio – esta para dar información exacta de la relación entre figura y entorno.

Todos tenemos derecho a evolucionar, y el cambio es inevitable. Lo que nadie perdona es cambiar a costa de cualquier cosa, y mucho más imperdonable es caer en el ridículo. Veamos hasta donde llega esto en el futuro. Y felicitemos a las que nunca se corrompieron. A ellas, todo mi aliento.

Saludos & suerte

De Golpe y porrazo: Notas sobre el ejército argentino y los gobiernos de facto

Estado, milicos y civiles en el siglo XIX

 

Como alguna gente sabe, las fuerzas armadas argentinas surgieron de la historia española. A partir del s. XIX, hubo necesidad e interés de dejar de ser una colonia hispánica. Y yo de esto mucho no sé, pero tengo algunos indicios del tema. Aquí ya había fuertes, cuarteles y soldadesca, con la receta de la “madre patria”: Militares al servicio de los funcionarios reales, todos con título de nobleza, un territorio donde cobrar impuestos y luchar si había quilombo. Este orden no era un hecho gratuito ni inercial: Pertenecía a una mecánica social, reconocida por el derecho español, con la bendición de la iglesia, y el acuerdo de los ejércitos. Cuentan que el origen de muchos curas y soldados esta entre los menos suertudos de las familias “grandes de España”: La nobleza era para los primogénitos varones. Quien venía atrás, tenía que remarla. Y quienes tenían primogénitas, se apuraban a casarlas con familias poderosas, así nadie se caía del mapa. Como podrán advertir, los hermanos menores de los nobles tenían dos opciones; meterse a curas, o ir a las armas. Y como nadie quería perder la olla, se agarraba con uñas, dientes y todas sus fuerzas al sitio que le tocaba en suerte.

Seguro un historiador de temas castrenses va a decirlo mucho mejor que yo, pero es imposible entender la mentalidad de nuestros milicos, si no se sabe de dónde vienen. Los siglos pasaron. Los títulos nobiliarios están de adorno en muchos países, y el efecto de las guerras y las crisis dio varias palizas a las sociedades occidentales. Pero algunas cosas nunca cambiaron. Mitad por tradición, mitad por conveniencias. De ahí que la mentalidad militar sea profundamente conservadora. Al punto, la herencia cultural española es inevitable entre nuestros soldados. Y la influencia de otras fuerzas también: José de San Martin modernizó la caballería argentina. Trajo importadas estrategias y tácticas de Francia. El modelo español tenia infantería, caballería, y personal de apoyo. Los granaderos a caballo combinaban las técnicas de los infantes que tiraban granadas y los soldados montados. Medio copiando, medio inventando, San Martin sacó esta idea de los ejércitos de Napoleón. Como muchos realistas no estaban preparados para resistir esa novedad, bueno… el resultado fue evidente.

A medida que iban creciendo las fuerzas armadas, también progresaron las clases políticas civiles, mientras buscaban un nuevo modelo de estado nacional: Estaban de acuerdo en dejar el sistema colonial, pero varios no tenían ni la más puta idea de cuál sistema nuevo proponer, ni cómo administrarlo. En los inicios de la primera junta patria, hubo un enjuague político llamado “La mascarada de mayo”: La idea era aprovechar una coyuntura de política exterior, para ir desmarcando nuestro virreinato de la corona. España tenía problemas internos graves: La habían invadido los franceses. Los criollos, cuando se enteraron del tema, decidieron hacer un juramento de lealtad trucho a un rey de copas. La maniobra no duró mucho, y finalmente cortaron por lo sano. Guerra abierta a los realistas. El poder quedó en la Junta, que organizo el ejército. Pocos años más tarde hubo dos sistemas de gobierno: El Triunvirato, y el Directorio. Hay quien cuenta que hubo algunos problemas con el directorio. Habría que ver si fue así. De todas formas, el nuevo ejército argentino iba peleándola, y en desventaja: Tenían que cubrir un territorio grande, combatir y vencer a un enemigo mayor en tropas, armas y logística. Pero lo consiguieron. Finalmente, luego de idas y venidas, quedó instituido el sistema republicano democrático, con Rivadavia en su sillón.

Quizás suene disparatado, visto con el criterio actual. Pero en este paisaje, las fuerzas armadas fueron las primeras instituciones estables que conocimos. Daban prestigio, eran respetadas y respetables para propios y ajenos. Durante esta época – y eso que había ricos bolonkis en la administración del estado – ejército y sociedad civil no se pisaban entre sí. A lo largo y ancho del siglo diecinueve, era habitual que nuestros políticos pasaran por el ejército – aunque más no sea para aprender a cuadrarse y hacer la venia – para luego de la baja hacer su propia carrera como estadistas. Hubo civiles que cruzaron al ejército, y le dieron brillo: Señores militares como Manuel Belgrano no daban golpes de estado para la revolución americana. José de San Martin, mucho menos todavía. Aunque hay quien dice que tuvo sus propias inquietudes políticas. Un indicio de aquellas tendencias fue la reunión secreta con Simón bolívar, en Guayaquil. Se habla también de una parte de su correspondencia privada. Por otra parte, señores como Domingo Faustino Sarmiento, Bartolomé Mitre y Julio Argentino Roca pasaron por el ejército, y más luego fueron presidentes civiles de la nación. Así que, algo debió valer ser soldado en aquellos años.

La guerra civil entre unitarios y federales marcó a las fuerzas armadas. Lo que era un ejército, se partió en dos. Es posible y muy probable que varios veteranos de la guerra por la independencia, se vieran forzados a elegir uno de los dos lados. Pero lo más sabroso fue que a partir de ese momento, la política civil se entrometió por primera vez en la historia militar argentina.
Como mucha gente sabe, en el fondo, el conflicto fue por el control de la renta aduanera del puerto de buenos aires. Explicado en criollo, queda así: Éramos un país rico, con un puerto platudo, que vendía bien hacia afuera y se quedaba con los vueltos, mientras dejaba a las provincias cada vez más pobres. Desde tierra adentro, quizás hayan pensado así: “¿Somos Pajueranos? Quizás un poco sí. Pero boludos, no.” La bronca fue levando, hasta que finalmente reventaron las cosas.

El fusilamiento de Manuel Dorrego detonó el conflicto. Se sabe que Dorrego fue soldado, político, y periodista. Sirvió bajo el mando de Belgrano, y de San Martin. Entró como voluntario, sin paga. No fue un milico disciplinado, pero fue fiel. Y cuando había que pelearla, metía quinta a fondo. Era respetado por su coraje. Pero era un tipo muy jodón, y de ingenio afiladísimo. Varias veces puenteó la cadena de mando. Lo echaron por insubordinado, y lo mandaron en un buque al carajo. Vivió desterrado en estados unidos, donde aprendió periodismo, y fundo un diario. Ahí se interesó en la política argentina. Tiempo más tarde lo perdonaron. Regresó al país, hizo carrera, y llegó a Gobernador de la provincia de Buenos Aires. En medio del quilombo, todos miraban con atención a Dorrego: Tenía pergaminos y capacidad para mediar. Podía ponerle fin al problema, por las buenas y por las malas también. Como eso era demasiado poder para una sola persona, al final, lo fusilaron por las dudas. El ascenso de Juan Manuel de Rosas, el origen y funcionamiento de la Confederación argentina, lo explicamos un poco en “Que Sabe nadie”, así que nos salteamos una porción del asunto.

Pero saltear no significa ignorar. Lo que queremos contar es el aspecto militar, más que los motivos políticos. Señores caudillos como Facundo Quiroga, Estanislao López y Justo José de Urquiza fueron dignos exponentes la época de Rosas. Las estrategias y tácticas de guerra de guerrillas, usar señuelos y gambitos para distraer o aterrar al enemigo, eran el pan del día. Aprovechar el terreno elevado, bloquear y habilitar caminos para forzar la marcha del adversario, robar suministros, hacer reconocimientos, eran maniobras habituales. Dicen que la batalla de Vuelta de Obligado fue la más importante en nuestra historia naval: Por rosca política en el exterior, los unitarios consiguieron apoyo en la armada británica y francesa. Hubo bloqueo contra el puerto de buenos aires, bancado desde Montevideo. Los federales aguantaron con todo lo que tenían. Y finalmente ganaron. Ahorremos trámites literarios. Luego de estas victorias, Rosas estaba cada vez más atornillado a su silla. Urquiza se le dio vuelta, y entonces ayudó a que los unitarios lo bajaran de ahí, con la derrota federal en la batalla de Caseros. Las intenciones de Urquiza eran hacer continuidad con cambios. Por pocos años dirigió el régimen. Pero había perdido tropas, y el pacto con los unitarios le quitó imagen. Tuvo que dar paso al costado. El resto es historia.

Sigamos un poco más hasta el fondo, y veamos una gran movida militar, que fue la Campaña del Desierto. El asunto es que hubo reclutamiento forzado, para obligar a los gauchos a luchar contra los indios. Era una pelea desigual, y la guerrearon pobres contra pobres. De un lado, los gauchos en los fortines, obligados por los regimientos. El que podía, aprovechaba para desertar. A fin de cuentas, esa no era su pelea. Del otro, los pueblos originarios en sus tolderías, y los malones, el secuestro de las mujeres gringas, para mantenerlas cautivas y cobrar algún rescate. Aborígenes, sí. Idiotas, más bien que no. Esta maniobra les dio algunos buenos resultados, pero no la victoria. A los huincas les importaban los bienes raíces. La tierra se la quitaban a los indios, y se la repartían los que tenían el poder. Si quedaba algún gaucho vivo, le daban una patada en el culo y lo mandaban a la mierda. El “Martin Fierro” – nuestro poema nacional – hay que leerlo en este contexto exacto. No hay que quedarse con estrofas sueltas del viejo vizcacha, o los consejos de Fierro a sus hijos. Fue la protesta más fuerte contra las administraciones de nuestros conservadores y liberales de fines de siglo diecinueve. Hay mucho más del asunto. Recomiendo que lo busquen.

Estos episodios sirven para entender, antes que juzgar, que el ejército nacional se involucró hasta los huesos en el surgimiento y las transformaciones del país. Sirven para comprender que nuestras fuerzas armadas fueron importantes en el sistema social argentino. En otras partes del mundo, inclusive hoy, a los soldados les lleva tiempo y energías convivir con y obedecer a un solo sistema de gobierno e instituciones. Se cuenta que hay cortocircuitos bastante profundos cuando aumentan los presupuestos militares, y cuando los recortan también. Nuestros militares, desde su inicio, tuvieron que bancarse tres formas de gobierno: Eso es demasiado para cualquier ejército. Así, no hay cadena de mando que aguante. Y sin embargo, los soldados argentinos ayudaron a darle forma a la nación donde estamos parados.

 

De villanos y de idiotas

 

Yo de esto mucho no sé, pero si la política y los negocios son la continuación de la guerra por otros medios, a partir de aquí empieza la real comprensión del asunto. Es una obviedad, pero guerra, política y negocios son tres lenguajes distintos. El denominador común entre ellos es el pensamiento estratégico: Las tres cosas requieren información, preparación y logística. También requieren disciplina, sacrificio y coraje. Y en los tres, siempre hay algo para ganar o perder. En la antigüedad, los señores de cada región, provincia y feudo gobiernan por el poder de las armas y el cobro del diezmo, el tributo y los impuestos. Al llegar hasta el despotismo ilustrado, los nobles pierden control directo sobre sus territorios, y todo el poder se concentra en las cortes, dirigidas por los reyes. Por aquellas épocas, para gobernar solo tenías que ser noble, no soldado. Era conveniente saber usar una espada, pero si hacías bien los deberes, no era necesario. Bastaba con saber cambiar de lado sin dejar los buenos modales, para sobrevivir. Con la revolución francesa, aparece finalmente el modelo democrático republicano moderno. Mucho más adelante, se convierte en democracia de masas, y esto cambia bastante los esquemas. Con cada etapa en la historia de los sistemas políticos, las fuerzas armadas cambian sus cuotas de representación social, sin dejar de participar en el poder real. Las acciones militares siempre tuvieron dimensiones políticas y comerciales. Fíjense en las dos guerras mundiales, sino. El asunto es que en tiempos de paz o conflictos, los ejércitos ya no se llevan todo el crédito por sus acciones, como antes. Tal y como dijimos más atrás, conviven con y obedecen a las fuerzas civiles que gobiernan legitima y soberanamente cada nación.

Todos estos conceptos trazan un mapamundi para ubicar a nuestros milicos en la histérica historia más reciente. Ahora, que ya sabemos el territorio, empecemos el viaje. Hablando mal y pronto, la historia cuenta que los milicos entraron y salieron de la Rosada muchas veces. Según las décadas y los distintos episodios, hubo factores que ayudaron a voltear rápido a los civiles de turno. Según las épocas, hubo factores que ayudaron a una salida ordenada. Es decir, dictar leyes de perdón, volver a las barracas o cuarteles, y llamar a comicios. No vamos a contar toda la historia, ya que sería un exceso. Algunas cosas vamos a repasar, por supuesto. Pero no exageremos. No es nuestra intención envenenar ni hacer llorar a nadie.

De hecho, comencemos por el epilogo del tema: Luego de muchos golpes de estado, hoy no queremos dictaduras nunca más. A fuerza de errores y sufrimientos, nos costó, pero finalmente llegamos a un sistema democrático con continuidad. Todavía falta mejorar nuestra cultura republicana. De estos matices hablamos en dos textos: “Data inútil sobre el doble discurso político” y “Vote primero y putee después”. Al final, quedó confirmado que siempre es preferible la más trucha de las democracias libres, antes que la mejor de las tiranías. De las experiencias con los golpes, aprendimos que algunos “llamaban a la puerta de los cuarteles”, cuando un gobierno no les convenía. Y los milicos actuaban. Podían abstenerse, pero ese no fue el caso. Las primeras intervenciones no duraban mucho, y algunas veces las llamaron pomposamente “revoluciones”. Eran ilegales, por supuesto, pero no del todo ilegitimas.
Por faltas y fallas de cultura política civil y castrense – herencia de finales del siglo anterior – los regímenes militares del siglo pasado, contaban a menudo con el consenso pasivo del grueso de la población.

Ilustremos el asunto. Mi viejo escribió una vez, parodiando la ronda infantil “La farolera” […] “La democracia tropezó/y en la calle se cayó/y al pasar por un cuartel/se enamoró de un coronel” […] A menudo, los debates civiles fueron a lo bestia, con ideas incompletas, que seguían modas políticas de afuera, y usualmente reducidas a consignas o clichés. El resultado de esta pedagogía política fue criar generaciones con los caramelos pegoteados, sin la más puta idea de cómo administrar siquiera un quiosco. En consecuencia, muchos pidieron orden. Y sus plegarias fueron escuchadas. Hubo orden, y paz de los cementerios. Para explicar la validez que se dio a los golpes de estado, quizás venga bien esta cita de “Batman: El caballero de la noche” (Batman: The Dark Knight. Christopher Nolan, 2012)

[…] “- Cuando había enemigos a sus puertas, los Romanos suspendían la democracia, y nombraban un protector. No se consideraba un honor, se consideraba un servicio público
– Harvey, la última persona nombrada para proteger a la republica fue Cesar, y no cedió su poder
– Bien, de acuerdo….o mueres siendo un héroe, o vives suficiente para convertirte en villano” […]

Por supuesto, argentina no es ciudad gótica. Pero eso de convertirse en “los malos” sucedió con todos nuestros militares golpistas, que por cierto, no gobernaron solos. En la previa y la retirada, hubo empresarios, obispos, diplomáticos, y más que nada, jueces amigos que allanaron el camino.
La mayoría de los gobiernos golpistas tercerizó el manejo de la economía. Hubo ministros de economía conservadores, como Adalberto Kieger Vassena o Federico Pinedo. Hubo neoliberales, como José Martínez de Hoz, o Jorge Whebe. En el mediano y largo plazo, los milicos quedaron como que solo hicieron ruido, sin resolver los problemas de la patria. Mientras tanto, sus socios civiles se retiraron en silencio, para reciclarse sin quedar cuestionados de alguna forma. Bien lo explica el viejo adagio que dice “A veces, es preferible quedar como villano, antes que idiota.”

Resumiendo, tenemos que:

  • El ejército nacional argentino, fruto de la primera junta de gobierno criolla, luchó y gano la guerra por la independencia de nuestro país. Convivio con el triunvirato, el directorio, y finalmente quedó como parte del sistema democrático republicano.
  • Sus primeros líderes (José de San Martin, Manuel Belgrano, Manuel Dorrego y otros) se concentraron en los aspectos netamente militares de sus propias decisiones y acciones. Estaban conscientes que sus órdenes tenían dimensiones políticas, pero nunca las tomaron en sus propias manos. Ese aspecto correspondió a los civiles.
  • Hubo uso político de las armas a fines del s.XIX, con la guerra civil entre unitarios y federales. Otros episodios, como la conquista del desierto y los gobiernos de facto a partir del siglo XX solo profundizaron las cosas.

 

Tres golpes y un par de internas

 

Toda dictadura moderna sigue una receta básica: Suspender al poder legislativo, intervenir los gobiernos provinciales, intervenir los gremios, y los medios de comunicación masiva.
Puentear el poder judicial, y concentrar las instituciones en el poder ejecutivo. Específicamente, entre las fuerzas armadas. Suele haber ley marcial, o estado de sitio mientras dura el régimen. Y tal como dijimos más atrás, hay la tendencia general de “tercerizar” la administración de la economía pública. Es decir, dejarle el control del área a ciertos civiles a las órdenes del régimen. – Habría que revisar si alguna dictadura tuvo un ministro de economía militar y economía de guerra. – Las dictaduras intervienen en educación, salud, impuestos y demás dependencias del estado, para fomentar climas favorables a su estilo de gobierno. Es opcional el culto a la personalidad de los gobernantes, para recordarle a la gente quien manda.

Herencia de las levas del siglo diecinueve, gobiernos civiles y de facto desarrollan y mantienen el sistema de conscripción militar obligatoria de un año para los varones civiles de 18 años en las fuerzas armadas. La colimba es una herramienta importante para influir en la sociedad. Según los textos, es un recurso noble para defender al país del ataque de sus enemigos. Según las coyunturas, sirve para fortalecer el sistema… y más cuando hay botas puestas. Hay que recordarle quien manda a estos tagarnas, che…

Son altamente convenientes las alianzas y pactos estratégicos con sectores y factores de poder como la iglesia, las grandes empresas, y los círculos diplomáticos. Las dictaduras modernas tienden a la mentalidad neoconservadora y neoliberal, en medida variable. Por lo general, tienden a ser regímenes provisorios. Varios gobiernos de facto aspiraron a perpetuarse en el poder. Por problemas internos y conflictos exteriores acumulados, han caído todos. De hecho, hubo reparto muy poco claro de ascensos, y bastante angurria por ocupar la silla premiada. Hay una excepción que confirma esta regla: La dictadura comunista de Cuba. Aquí hacemos un repaso de tres grandes golpes de estado en argentina. Nos detenemos en un par de conflictos internos, por la importancia que tuvieron para los hechos posteriores.

  • Golpe del 30

    Como mucha gente sabe, el primer golpe de estado argentino fue en 1930. Interrumpió el segundo mandato de Hipólito Yrigoyen. Fue una reacción alérgica de los
    grupos conservadores contra el radicalismo. Los conservadores se habían ido del gobierno, pero nunca del poder. Influyeron sobre el generalato, los suboficiales, y tenían una minoría civil que apoyaba el proyecto. El resultado fue la breve presidencia de José Félix Uriburu. Afirman que el régimen tuvo jueces amigos, que dictaron un decreto, jurisprudencia para justificar la medida. Sobre este decreto se montaron el resto de los golpes militares. Pero no nos apuremos: Cuentan por ahí que el proyecto de Uriburu era reformular la república para convertirla en un modelo corporativo, similar a la organización medieval de algunos países europeos. El segundo al mando, Agustín P. Justo, no estaba de acuerdo. Buscaba un gobierno provisorio. Al final, hubo un enroque. Justo por Uriburu. La crisis de liderazgo y los problemas de caja hicieron caer el sistema. – Vamos de una proclama titulada “La hora de la espada”, a un párrafo que define al ejercito como “Espada sin cabeza” ambos escritos por Leopoldo Lugones, adicto al régimen – Retirada al cuartel y llamado a comicios.

     

  • Revolución libertadora

    El año es 1955. La revolución libertadora es un golpe de estado que expulsa a Perón de la presidencia, sobre el final de su segundo mandato. Comienza con un bombardeo de aviones de la marina contra la plaza de mayo y la casa rosada, donde mueren muchos civiles. Es una típica reacción alérgica conservadora, que contiene moco radical: En la previa, hay acuerdos entre un sector de la UCR, los militares y la cúpula de la iglesia. Asumen dos presidentes de facto consecutivos. Siguen el esquema político que definimos mucho más arriba. (Gobierno provisorio, economía neoliberal, etc.) Y por problemas internos, el régimen va decayendo hasta pedir el libro de pases. Antes de salir, proscriben al justicialismo, bautizan a perón “Tirano prófugo”, y prohíben toda mención de Eva y Juan Domingo Cangallo. Los radicales aprovechan para sacar ventaja en las elecciones, con el pj fuera de la cancha. Pero el horóscopo sale mal: Pasan a ser ninguneados y derrocados por los milicos. La primera presidencia radical en este esquema sucede en 1962. El radical Arturo Frondizi padece varios “planteos militares” seguidos. Es decir, insurrecciones. Cuando no aguanta para más, redondamente lo voltean. Asume el radical José María Guido, con mandato trucho. Ya que transa con los golpistas, y los deja hacer. Esto sigue con los azules y colorados mas adelante.

     

  • El Levantamiento de Valle

    Sucedió en el curso de la revolución libertadora: En 1956. Un general, Juan José Valle, se sublevó contra el régimen. El tipo quiso restaurar la democracia… O más bien recuperar a Perón. No me queda claro. Pero seguro dio un tiro para el lado de la justicia. Figura paradójica pero efectiva para definir el asunto, ya que ni Valle ni sus tropas dispararon contra nadie. Sencillamente, desacataron las órdenes de arriba. Tomaron parte de las instalaciones de
    Campo de Mayo para protestar. Sus intenciones fueron las más correctas para cualquier milico. Quizás haya sabido desde el inicio que se la estaba jugando hasta el fondo. Y por la poca evidencia que hay, tal vez haya sido uno de pocos militares modernos con conciencia y coraje suficientes para dejarnos buen ejemplo del sentido de ser soldado. Hay constancia de sus motivos en una proclama y una carta que sobrevivieron a su muerte. Por supuesto, las tropas leales del régimen le rodearon la manzana. Lo prendieron preso y lo ejecutaron junto a veintiséis de sus hombres.

     

  • Azules y colorados

    El año es 1962. Sucedió durante la presidencia trucha de José María Guido. Antes que golpe, fue una abolladura: Era una discusión interna de las fuerzas armadas. Sin embargo, en lugar de quedar puertas adentro, salió a las calles. Hubo dos bandos que se disputaron la dirección estratégica de nuestros ejércitos. De un lado, estaban los “Azules”, leales al presidente. Del otro, los “Colorados”: descontentos y rebeldes contra la gestión del presidente de turno. La bronca fue porque Guido tenía intenciones de aflojar el corset puesto al peronismo. Una parte del régimen estaba a favor de esta idea, y quedó ante todos como azul y “legalista”. Otra parte, por supuesto, estaba en contra. Hay quien dice que ninguno de los dos bandos quería la interferencia de Perón en la fuerza. Esto explica la evolución de Juan Carlos Ongania, que más adelante destiñe: Pasa de azul y legalista, a colorado e intervencionista. Y llega a presidente de facto como muchos de sus colegas. Pero eso es otra historia.

     

  • Proceso de reorganización nacional

    El año es 1976: de tanto haber entrado y salido de la rosada, las tres fuerzas armadas al fin diseñaron un plan de gobierno propio. Aprovecharon la primera presidencia del justicialismo sin su líder. Tomaron el poder sin mucho esfuerzo. Siguieron el esquema clásico: todo el poder a las fuerzas en el ejecutivo, y el control de las cuentas nacionales para los economistas liberales. Aspiraban a perpetuarse en el poder, y lo consiguieron por seis años y medio. Para evitar las internas, dictaron un reglamento. Un triunvirato, llamado junta militar de gobierno, formado con un oficial de cada fuerza. De ahí salía el presidente. Hubo una comisión de asesores, en lugar de congreso. Estaba formada por civiles y militares. Y depuraron el poder judicial, poniendo jueces amigos. Fue el gobierno de facto más largo y sangriento hasta ahora. Tuvo un férreo control de la información. Tuvo un plan sistemático de genocidio contra la población civil. Una red de centros clandestinos de detención, donde fuerzas especiales detuvieron, torturaron y ejecutaron entre 6000 a 30.000 personas, según quien lleve las estadísticas. Muchos coinciden en la cifra más alta. Pero los daños más graves fueron dos grandes efectos colaterales: El primero fue que muchas prisioneras estaban embarazadas, y tuvieron hijos durante el cautiverio. Implementaron un plan de entrega ilegal en adopción de aquellas criaturas a una cantidad de familias afines al régimen. El segundo fue la guerra de Malvinas. En 1982, el general Leopoldo Fortunato Galtieri ordenó recuperar para Argentina las islas Malvinas, en poder de gran Bretaña desde el siglo XIX al sur de nuestro territorio. Las fuerzas armadas organizaron una gran movilización de tropas, compuesta por conscriptos en su mayoría, y los envía a combatir casi sin preparación. Un pequeño porcentaje de soldados profesionales los dirigieron en el campo. La operación, en el fondo, era un gambito para desviar la atención de muchos problemas internos. Los militares argentinos no esperaban que Inglaterra y sus aliados reaccionaran. Pero lo hicieron: enviaron un contingente de soldados profesionales, bien armados y abastecidos, que
    combatieron y finalmente vencieron a los conscriptos nacionales. Durante la guerra, algunos militares argentinos de alto rango entendieron que la mayor hipótesis de conflicto estaba en la zona, pero en el canal del Beagle. Un territorio en conflicto limítrofe con Chile. Tuvieron la intención de llegar a Malvinas y progresar hacia el canal. En paralelo con los combates, hubo una gran campaña de propaganda interna, que fomentaba un microclima de fervor patriotero. La derrota marcó el inicio del fin para el proceso de reorganización. Débil y desprestigiado, el régimen nombró a un último presidente militar, que preparó la salida habitual del gobierno. Entre 1982 y 1983 comienza la transición hacia nuestra actual democracia republicana.

 

A modo de conclusión parcial: Estos eventos son apenas algunos indicadores de un tema de fondo, mucho más extenso y profundo. Si este ensayo ya es largo, imaginen un trabajo histórico de varios tomos. De todas maneras, podemos hacer mención del tema, sin entrar en demasiado detalle. Al llegar el S. XX nuestro ejército tuvo otras influencias técnicas, además del modelo napoleónico. Cada una tenía sus propias dimensiones políticas. A los ponchazos, adopto y adapto todo lo que pudo a las costumbres argentinas. Entre los años 20s/30s, los milicos siguieron el modelo del ejercito prusiano.
Entre los 30s/50s, siguieron la moda del fascismo: invento italiano que perfeccionaron los alemanes, hasta que se pinchó en Japón. Entre los 60s/70s, cambia la onda. Hay un viraje hacia la doctrina de la seguridad interior. Hay aportes importantes para el entrenamiento de los oficiales en la escuela de las Américas. Hemos hablado de esa institución en “Que sabe nadie”. Se habla del plan cóndor: una iniciativa estratégica del departamento de defensa de los estados unidos, que alienta los golpes de estado en el cono sur. La idea es mantener bloqueada la zona, para que la guerra fría no se propague a nuestra región.

En paralelo, el partido conservador y el pensamiento oligárquico se vuelven inorgánicos. Agotan su propio modelo, y no pueden acceder al estado sin fraude. Fomentan en la practica un “partido militar”, que interviene en el estado mientras tiene sus internas. El golpe es un modo sordo de transición y aprendizaje político para los militares, que no se acomodan a la república. Pero no porque la rechacen, sino porque las gestiones civiles no contienen debidamente a nuestros militares. Al punto, los partidos políticos a cargo parecen no dialogar con ellos ni entre sí. Escuchar a la conserva y la oligarquía les queda más a mano, y da alguna ganancia por un tiempo. No sé exactamente cuanta. Pero para atender a ciertos civiles que les tocaban el timbre, algo jugoso debieron obtener por la molestia. Ahora, vayamos a las conclusiones.

 

Algunas conclusiones e ideas

 

De entrada, aclaremos algo: Es imposible estar en desacuerdo – y yo soy uno más que suscribe – que toda dictadura es repudiable. Merece juicio y castigo. Es un delito contra el estado, que cuando sucede, opera en cascada: produce delitos desde el estado, de índole variada. Pero esto no quita asumir la parte civil del conflicto. Los milicos siempre quedaron como los malos de la historieta, porque los civiles son quienes cuentan el relato oficial de los golpes de estado. Del mismo modo que conviene ser villano antes que idiota, conviene ser víctima antes que imbécil. En fin, nosotros como pueblo tenemos que reconocer que el último golpe y todos los anteriores no salieron de un repollo.

Tenemos que dejar de jugar al gran bonete, donde “¿Yo, señor?” “Si, señor” “Yo no, señor” y la culpa la tiene el gran bonete. Puesto en términos más técnicos, muchos han hablado de los golpes como si no hubieran estado ahí. Esas cartas, nunca. Cuando se terminaron los golpes, por y a pesar de salidas más o menos ordenadas, nuestras fuerzas armadas tendieron a quedar descolocadas ante las evoluciones del sistema. La justicia militar, están todos bien… gracias. Y la justicia civil, entre leyes de perdón, denuncias acumuladas o archivadas, y encogerse de hombros. El poder legislativo, de humor cambiante, pidiendo al poder ejecutivo que limpie el desastre. Los generales siempre consiguieron justificarse. Con argumentos débiles, sofismas, boludeces, pero siempre consiguieron justificarse. Los suboficiales también se blanquearon. La cadena de mando fue su excusa. De un tiempo a esta parte, eso fue costándoles cada vez más. Luego del proceso, fue imposible.

El último relato civil oficial es contundente al respecto: 30.000 víctimas que quedaron como mártires. Varios de ellos fueron daño colateral, que torna mucho más feroces a los milicos. Poco dice esta historia del terrible daño que hubo en las previas, por falta de elemental cultura política. Y que nade se coma ningún amague: fue tanto por derecha como izquierda. Tuvimos revolucionarios desubicados y tirabombas, que querían importar a la argentina el modelo ruso, chino y cubano, sin siquiera haberlo conocido allá, al menos una semana. Tuvimos intelectuales de izquierda que buscaban probar quien era más extremo que Marx; con una izquierda minoritaria, dividida, sin organización ni una cebita para jugar a la guerrilla, las derechas les pasaron el trapo. Tuvimos derechistas que no anduvieron derecho; fascistas, racistas y violentos, que “salían de fierros” a la noche a cazar zurditos. Tuvimos intelectuales de derechas que los justificaban mediante la defensa chauvinista de la patria, y la moralina pacata. Usaban argumentos medievales. El resto de la población, harta de tanto quilombo, se expresó mediante un “operativo clamor” por el orden y la paz. El resto, ya se sabe.

Una más: hay que evitar la miopía, e ir más allá del argumento de los dos demonios, donde ganó el menos peor. Acá, todos perdieron. Unos más temprano que pronto, y el resto a la larga. Después de Núremberg, el juicio a las juntas del proceso hizo historia. Además de sus dimensiones políticas de corto y mediano plazo, tuvo una consecuencia institucional. El retorno y la transición a la democracia republicana. Y si bien tenemos 32 años de democracia sin golpes, todavía tenemos que tomar mucha sopa para corregir errores. En modo esquemático: después de la última dictadura, los milicos que quedaron, la pasaron entrando y saliendo de tribunales. Las gestiones civiles cerraron y reabrieron casos, según soplaban los vientos. De vez en cuando, había algo de justicia. Detalles sórdidos, a continuación…

  • Raúl Alfonsín, radical, impulsó el juicio a las juntas. Siguiendo el debido proceso, los jueces de la suprema corte condenaron a los comandantes genocidas. Los suboficiales iban a ser los siguientes en pasar por tribunales. Vieron las barbas de sus superiores pasar, y se sublevaron. Los vencieron pactando. El producto de esta negociación fueron las leyes de obediencia debida y punto final. Los milicos se calmaron. “Felices pascuas, la casa está en orden” ¿Se acuerdan? De hecho, el líder de aquellos rebeldes se recicló a si mismo luego de rendirse y cumplir condena. Cruzó a la política civil. Estamos hablando del teniente coronel retirado Aldo Rico. No sé si se acuerdan.

  • Carlos Menem, peronista, decretó indulto a los ex – comandantes del proceso que quedaban vivos, para pacificar las cosas. Un par de veces se retobaron contra su gobierno. Las tropas leales los redujeron al toque. El perdón presidencial – repudiado al 1000 % por políticamente incorrecto – rindió sus frutos. Muchos habían estudiado con la vieja escuela, y estaban aprendiendo a reciclarse. Una presidencia más amistosa les venía bien. Claro que no todos quedaron muy contentos. Mucho después de haber sido derrotado, el teniente Mohamed Ali Seineldin murió en prisión, despotricando contra el sistema.
  • En la segunda presidencia de Menem, el asesinato de un colimba puso en tela de juicio la conscripción obligatoria. La gestión civil reformó el sistema: hoy enlistarse es voluntario, rentado, y abre camino para la carrera militar profesional.
    Un detalle importante: A partir de ese momento, es mixto. El reclutamiento obligatorio queda en suspenso, y puede ser usado en caso de guerra. Hasta acá, los militares quedan bastante contenidos por el sistema. Pero todas las cosas buenas tienen final: Los civiles descubrieron que las adopciones ilegales son delitos de lesa humanidad, que nunca prescriben… En criollo: indulto, las pelotas. Con los pibes no se jode. Se abren investigaciones y causas judiciales.
  • Fernando De La Rúa, radical, aflojó ciertos nudos del tema. Impulsó derogar las leyes de obediencia debida y punto final, con éxito. Más adelante, Néstor Kirchner, peronista, fue el presidente que puso más fichas en el asunto. Los comandantes fueron llamados a tribunales, y de vuelta en cana. Dos de los más longevos murieron en prisión. Por temas de coyuntura, el manejo reciente del tema viene muy discutido. Quizás lo veamos en otro escrito.

En consecuencia, hay que contener, representar y educar mejor a nuestros militares. Porque, desorientados como han estado, enseguida se fueron a las manos por cualquiera. Al punto, ser militar no es solo tener madera de soldado, y seguir una vocación. Es también un trabajo moderno, con derechos y obligaciones. Recordemos que las fuerzas armadas son un gran factor social, además de una institución del estado. Son más viejas que el estado republicano en cualquier país. Conviven no sin problemas, pero conviven con el resto del sistema y sus evoluciones: En EE.UU. la conscripción obligatoria cae luego de los fiascos de Corea y Vietnam. Hablando del asunto…Actualmente en estados unidos, hay muchos inmigrantes flojos de papeles, que obtienen ciudadanía oficial sirviendo voluntariamente en las fuerzas armadas. Y les cuesta, ya que están en guerra con países de medio oriente desde hace mucho, sin haber ganado del todo. Esto es indicador que En el mundo, se alentaba hacía ya mucho el reclutamiento voluntario y la formación militar profesional. Argentina tardó en aprender esto. Pero lo hizo. Y ahora que lo pienso, para facilitar la representación y contención en el sistema, nuestros militares deberían tener un gremio – desarmado, claro está – que los represente. En otros países hay gremios de policías, bomberos y fuerzas de seguridad. Sin armas, por supuesto. Nuestras leyes interpretan que si una protesta es con armas en la mano, es insurrección. Y debe ser reprimida por el estado. Es un argumento válido. Las armas son de la nación, para defenderse, no para atacarse a sí misma. Pero igual, marchen presos: recuerden los golpes, a Valle, y los Azules contra los Colorados. Para que no se repita, conviene aprender las lecciones de nuestra propia historia.

Aquí terminamos, y nos vamos a cuarteles de invierno. Hagamos la venia para los buenos soldados, que los hubo. Y para que haya más en el futuro.

Peronismo Explicado para Dummies – Segunda parte

¿Y al final, que es el Peronismo?

De la entrada anterior sabemos algunas cosas pero no todo. ¿Y al final, que es el Peronismo? ¿El imperio de la Pera de Argentina Año verde? ¿Un misterio envuelto en un enigma? Linda pregunta, ¿no?

Si tengo que explicarlo en criollo, el peronismo es la primerisima franquicia exitosa en el mundo político argentino. Al punto, no hay una sola forma de explicar el tema.Hay media biblioteca a favor y media en contra, y cuentan los que investigan el asunto que todavía hay mucho para descubrir.
Pero me estoy yendo por las ramas, y les debo explicaciones sobre la franquicia.. así que, como dice Bowie en el tema “Ashes to Ashes”, antes del solo de guitarra: “Detalles sórdidos, a continuación”

En términos algo mas técnicos, el peronismo es dos cosas que hacen sistema. Ambas presentan rasgos comunes, pero tampoco la pavada; también tienen diferencias y contradicciones. Es un movimiento social y un partido político. Ambas agrupaciones son nacionalistas, populistas, dirigistas, verticalistas y muchas veces demuestran rasgos cínicos, sin mucho respeto por las formas republicanas.

Esta bien documentado que tiene ciertos comportamientos autoritarios y redondamente violentos. El movimiento es algo anterior al partido, y es producto de nuestra historia. No voy a aburrir con detalles – ya que ustedes pueden googlearlos – pero nobleza obliga indicar que nació y creció a partir de 1944 gracias a una catástrofe: hubo un tremendo terremoto en la provincia de San Juan ese año. El gobierno de facto de turno se puso a juntar los pedazos y la gente que quedaron mas o menos enteros. Como parte del equipo encargado de esa tarea estaba un teniente coronel al que todos conocemos, Juan Domingo Perón , es decir, el papá de la criatura. Para no gastarle demasiado el apellido (bueh… otros ya se encargaron de eso, y mucho) yo voy a llamarlo por sus iniciales, JDP. La mami fue una actriz en ascenso, Eva Duarte, que se conoció con él durante un evento para recaudar fondos para ayudar a las víctimas. Se gustaron y se casaron, así que ella quedó Eva Duarte de Perón.Y también para no gastarle mas el nombre (lo mismo le pasó a ella, pobre..) yo la llamaré EDP.

Detalle mas, detalle menos, EDP y su marido se convirtieron en figuras muy populares e influyentes a partir de ese momento en adelante: repartieron ayuda a personas que la necesitaban, y mucho. Al mismo tiempo, como no eran ningunos giles, y sabían que estaban para mucho mas, de a poquito aprovecharon la situación para ir armando su propio quiosco. La mayoría de las personas que beneficiaron eran peones de campo y obreros y sus familias. De este modo quedó formada y levando una enorme masa critica de morochos & morochas que apoyaron a EDP y JDP cuando fueron cruzando del campo militar y artístico a la política.

Y sera que a la historia le gusta hacernos bromas histéricas, porque el movimiento y el partido peronista se identifica con el mundo de los trabajadores, pero sus fundadores no provinieron justamente de la clase proletaria. (¿alguien vio alguna foto del “General” trabajando en un taller, con mameluco lleno de aceite o grasa?.. si es así, avise donde la publicaron que la quiero ver)

Al punto, pasaron dos cosas que ayudaron a que nazca el peronismo como partido: Una fue que el gobierno de facto de turno fue cada vez mas débil por problemas de caja (como siempre) y además por una gran interna entre el generalato, que discutía a quien apoyar antes que terminara la segunda guerra mundial. En este río revuelto, ocurrió la segunda: JDP se hizo mucho mas popular e influyente que sus superiores. Además, demostraba ciertas iniciativas políticas propias. Exactamente, tenia unos planes estratégicos acerca del con quienes aliarse, y como hacerlo sin ofender al otro bando, ni perder negocios con unos y otros. Pero como donde manda general, no manda teniente coronel – y para que repase el significado de la cadena de mando – lo mandaron en cana unos días.

Cuando se conoció la noticia, saltaron todos los peronchos hasta el techo y por arriba del techo también. Hubo una enorme movilización para pedirle a los milicos que liberaran al “General”. Cuentan que el propio JDP transó para que lo soltaran. Cuentan que fueron muchos los que salieron a bancarlo, y que ocurrió la muerte del primer mártir de la causa, un tal Darwin Passaponti.. en fin, sea como haya sido, Peron libre y llamado a comicios. Por si tienen dudas, recomiendo googlear los detalles. La cosa es ganó por afano. El resto de esta historia ya la contamos en la entrada anterior.

Se pueden dar algunas vueltas, pero es mejor que hagamos corta la bocha: el partido representa al movimiento en nuestro sistema democrático y republicano. Y viceversa: El movimiento banca al partido por medio de asociaciones que intervienen en el alto nivel (confederación general empresaria, etc) y no menos sobre el resto del sistema. (unidades básicas, etc) Así queda cubierto todo, pero lo genial es el efecto que se genera en la población: quien mas, quien menos, cada cual queda peronizado de alguna manera ¿Ven ahora por que digo que se trata de una franquicia?

Y no se trata de una franquicia cualquiera, sino de una receta exitosa. Los buenos resultados que tiene, inclusive en la actualidad, se explican porque las actitudes que promovieron EDP y JDP estaban pensadas y escritas en argentino, en un lenguaje sencillo y bien directo – con dosis de viveza típica nuestra: favor de leer “las veinte verdades peronistas” – con raíces trabajadoras, bancadas con un sistema laboral modernizado que vamos a explicarles un poco mas adelante.

Al punto, tanto movimiento como partido, se encargaron de recordarle todo el tiempo a toda la población, por todos los medios a su disposición, que fueron JDP y EDP quienes habilitaron el modo de vida contemporáneo. Al punto, a quienes eligieron otra cosa y presentaron debate o alternativas, se los trato de dos maneras. Si eran ciudadanos comunes, se los hacia quedar como pirulos sin importancia, y se los ninguneaba. Si se trataba de alguien con alguna cuota de poder, por caso, un diplomático extranjero, algún político, intelectual o artista local de otro palo, la idea fue mas bien marcarlo prácticamente como enemigo de la patria, que ni respeto ni justicia merecía. Porque para un peronista no hay nada mejor que otro peronista. (agradezcamos a la suerte que no peronizaron los orgasmos) A quien cambiaba de opinión dentro del propio movimiento y partido, de traidor se lo trataba, y se lo expulsaba del planeta.

Además de los demases, el discurso del interés nacional permitía hacer mix entre posturas de derechas o conservadoras moderadas, y mezcla de izquierdas o progresismos moderados, siempre y cuando no pisaran la figura de los lideres históricos del movimiento y el partido, y les atribuyeran todo lo bueno que salia de ello. Cuando estuvo en el poder, el partido justicialista tuvo un diputado con tendencias a la extrema izquierda como Cooke, y un ex – radical como Quijano en la vicepresidencia, además de gentes que venían del conservadurismo, socialismo, y pequeños partidos como la democracia cristiana. Con personajes así, eso era receta garantizada para un desastre… pero JDP y EDP los tuvieron a todos bailando al compás de su melodía. El resto ya lo hemos contado.

Nosotros y los gremios: la piedra de toque del Peronismo

Todos aquellos que suben al poder usan una receta: Tener un verso para justificarse, tener buena y mucha plata, hacer, pedir y devolver favores, y juntar gente que aguante los trapos. Los conservadores usaron mas de los tres primeros ingredientes que el ultimo. Los radicales usaron mucho el primero, bastante poco el segundo y el tercero lo usaron con moderación; el cuarto ingrediente lo tuvieron con Yrigoyen, mientras que Alvear lo suprimió. El peronismo usó las tres cosas, y puso mucho condimento en el cuarto ingrediente. En términos mas técnicos, los Conservadores gobernaron con negocios, estado nacional, legitimados con fraude y trafico de influencias; los Radicales, con estado nacional y negocios, legitimados con comicios limpios y discursos de transparencia.

El Peronismo gobernó con los factores de poder que dijimos, pero agregó algo mas al caldo: formó gremios propios y los sentó a la mesa del poder. Ya habían desaparecido los sindicatos con programa político propio, que pretendían alguna revolución. Obreros quedaron, por supuesto, pero estos que quedaron formaban la segunda generación de laburantes, decepcionada de las ideologías de sus padres. Preocupados por sobrevivir al trabajo y cobrar bien, antes que otra cosa, EDP y JDP los atrajeron para su propio rebaño, y los organizaron en la estructura que inclusive hoy día contiene al grueso del mundo laboral.

Al punto, ¿Se sabe si hubo algún gremio de la UCR en nuestra historia? La respuesta es: No. Se sabe, en cambio, que alguna vez Yrigoyen tuvo buenas charlas con algunos, y les prometió apoyo si lo bancaban. Esa alianza duró lo que un pedo en un canasto cuando el peludo subió al mando. Ambas partes llevaban otra agenda, y se olvidaron del asunto. Con un tiempo histórico distinto, JDP hizo bien los deberes en este renglón, pero no por buenito, sino porque tenia conque. Desde el poder ejecutivo y legislativo impuso por ley los derechos sociales laborales, el sistema previsional de reparto estatal, y puso gran parte de la administración del mismo en los gremios y sindicatos adictos al movimiento y partido.

Antes de que sucediera todo esto, el obrero dependía de la voluntad del buen o mal patrón, y si podía ahorrar unos pesos para su retiro, juntaba las chirolas y luego se iba a vivir en familia. Ya por aquellos tiempos, había una asociación que reunía a los gremios, pero estaba desorganizada. La CGT – siglas de la Confederación General del Trabajo – de los años 40s, renovada por JDP y con EDP como figura influyente, hizo que algunas cosas cambiaran para mejor pero también para quilombo.

Estoy seguro que los mas entendidos podrán decirlo mucho mejor que yo, pero la CGT funcionaba y sigue funcionando en principio como una asamblea permanente de las federaciones sindicales de todos los oficios en todo el país.Tiene personería legal para representarlos, y es aun hoy una potestad que ni el mas grave de los gobiernos de facto pudo quitarle.

Entre sus atributos está peticionar a las autoridades y negociar paritarias salariales, establecer los montos de los aguinaldos, defender los derechos laborales de sus representados ante cualquier abuso de los patrones, y recaudar un porcentaje del salario y administrarlo a fines de proporcionarle una jubilación a cada afiliado de cada gremio que forma la confederación. El sistema incluía y aun sostiene el pago de pensiones a los familiares de trabajadores fallecidos.El sistema además, incluía y aun incluye cobertura medica integral para el asalariado y su familia; por ultimo pero no menos importante, proporcionaba – y sigue haciéndolo – lugares de esparcimiento para las vacaciones pagas de los trabajadores, financiadas con un porcentaje que también se retiene de los salarios.

Y hasta acá, estábamos en el paraíso.
Porque ni bien empezaron a recaudar bien lindo, la guita de los aportes patronales, en sus manos, se convirtió en una “caja del poder”, al que solo tenia – y aun tiene actualmente – acceso exclusivo el peronismo. Por supuesto, hubo algunos dineros para pagar en tiempo y forma a quien se retiraba. Pero también fue (y sigue quedando hoy) un recurso formidable al cual los compañeros echan mano para financiar al partido y alimentar al movimiento. Es posible y bien probable que este dato se ocultara ante la opinión publica en aquellos años felices.

En todo caso, fue y es un hecho oculto a plena vista, que es el mejor modo de esconder algo. Una de las mayores consecuencias del modelo, fue que el trabajador peronista modelo 40s era un alguien con necesidades satisfechas, contenido por el estado y representado por movimiento y partido. A un obrero de aquellos años – Pongamos, un sobreviviente de San Juan – que muchas veces venia de zonas rurales y era semi analfabeto, era mil por ciento seguro que, con la panza llena, este detalle de la caja no lo supiera, y en caso de saberlo, no tuviese criterio formado para juzgar. A este perfil de trabajador, era muy difícil que lo convencieran para cambiar de opinión y elegir reclamos de otro tipo. Los sindicatos de antes estaban formados gente que la pasaba entre mal y tremendo. Aquellos obreros sobre explotados, que trabajaban muchas veces en condiciones insalubres, sin derecho siquiera a una pausa para almorzar, con jornadas de 10 horas diarias o algo mas, pagados a veces en especias, otras veces solo cobrando parte de su dinero, mientras el resto lo retenía el patrón.. esos estaban bien motivados para agarrar las armas llegado el caso.

Había un puñado de gremios donde todos tenían instrucción, y tenían mas capacidad para reclamar, y hasta para negociar. Pero esos pocos fueron la excepción que confirmaba la regla. No debe extrañarnos entonces que a todos los hayan barrido debajo de la alfombra.
En contraste con aquellos tiempos algo remotos, al trabajador peronizado le tocaba padecer vicios políticos: Uno de ellos fue el verticalismo. Es decir, la permanente bajada de linea desde arriba hacia abajo. En lugar de tener gremio que le permitiera decir lo que necesitaba en una asamblea, para que su idea o reclamo fuese llevado hasta lo mas alto, las cosas eran como decía “Evita” o el “General” y tenia que hacer obediencia debida. Sino era traidor, y por tanto enemigo del partido, el movimiento y la patria… además de desocupado.

Otro vicio fue – y sigue siendo – el dirigismo. Parienta del verticalismo, esta manganeta concentra la toma de decisiones en los jefes. Les permitió – inclusive en la actualidad – quedarse por siempre en sus puestos a los dirigentes de nivel medio y alto hasta que se los llevaba la muerte. Al punto, está bien documentado que algunas cuestiones internas las resolvieron “amistosamente” con piñas y corchazos, dirigentes muertos incluidos. Si quieren saber mas, busquen Vandor y peronismo sin peron, o Rucci y operación traviata.

El populismo fue y sigue siendo otro vicio: Cuentan que es una vieja escuela que proviene desde el imperio romano, y puede ser tanto positiva como perjudicial. Hablando mal y pronto, es la ciencia y arte de hacer bandera, en nombre del pueblo; el combo incluye combatir con política a las minorías. En ocasiones, hay administración seria del estado. En el peor de los casos, el populismo es una forma de miopía. En mas de una oportunidad, el populismo quedó como simulacro de gobierno fuerte, legitimo y genuino. Cuentan que los malos gobernantes de esta escuela entretuvieron a todos con el conflicto pueblo/antipueblo, mientras carecían de programa administrativo, además que hubo dirigentes que demostraron tener pretensiones de eternizarse en el poder. Se justificaban diciendo que habían sido elegidos por las mayorías; que eso les daba derecho a ir por todo, sin obligación de rendir cuentas.

En el siglo pasado fue un producto muy conocido importado de Alemania: Un político llamado Hitler, allá por los años 40s, fue un populista muy exitoso hasta que su proyecto racista y militarizado perdió la guerra. Años antes, otro populista llamado Mussolini también tuvo éxito, y su gobierno fue el primero en caer en la misma guerra. Su propio pueblo lo colgó del cuello hasta morir.

Pero ese no es nuestro target: El Peronismo, siguiendo las modas políticas de aquellos años, representaba socialmente con el movimiento a las clases mas bajas. En nombre de la soberanía nacional, por el progreso y para resolver injusticias, plantó bandera y se distinguió de otros grupos. Es decir, EDP y JDP declararon guerra a los oligarcas, a los vende patria al servicio de intereses extranjeros, y de paso metieron al resto en la misma bolsa. El partido y los gremios vinieron de la misma fabrica, así que por supuesto, tuvieron las mismas tendencias.

Un efecto interesante apareció hacia los 60s y sigue ocurriendo todavía: Cada vez que hubo problemas económicos, y viendo la caja medio vacía, la CGT aprendió a dividirse en dos partes. Digamos que la cosa es así: Un grupo de palomas, usualmente conforme con el status quo, con tendencias a la negociación, y otra de halcones, inconforme y combativa, dispuesta al paro general y la movilización con bombo, gorro, bandera y vincha. Las facciones fueron cambiando de nombre y de caras con los años. Si quieren saber mas detalles, busquen a partir de la cgt de los argentinos y su contra parte. Por otro lado, se fue dando el hecho que – abonados por el sistema – surgieron dirigentes gremiales ricos para trabajadores pobres. En mas de una oportunidad, las estructuras gremiales supieron desarrollar una importante burocracia, para mantener la cosa. Al punto, algunos pidieron coimas, otros hicieron negociados, y bueno, che… hay que comer, ¿no?

De nacionalismo tomaron el mal orgullo nacional, es decir, el chauvinismo; arte y ciencia de puentear la historia nacional propia para creerse ombligo del planeta. En éxtasis patriotero, muchas veces vimos alguno proclamando que los argentinos la tenemos mas grande que nadie… ¡La geografía, mal pensados! Así quedaba que el río mas ancho era el río de la plata, la calle mas larga era la avenida nueve de julio, y como cereza del postre, EDP y JDP fueron y son madre y padre redentores de la clase trabajadora y la patria.
En fin, lo que sacamos en limpio es que los gremios peronistas fueron y todavía son una clase dirigente reciente, pragmática, con varios vicios producto de su propia falta de educación politica. Con algunos logros conseguidos, están sentados a la mesa del poder, y ojala podamos esperar que la historia los vea crecer y madurar para bien de todos.

Con esto cerramos el lado gremial antes que nos hagan huelga.

Es la economía, che…

Ya que las dos secciones mas arriba fueron larguisimas, esta la hacemos corta. El peronismo modelo 40s exportaba bien a los países europeos en guerra. No podía venderle a norteamerica, porque no había mercaderias que los yanquis necesitaran y que tuviésemos aca. Sucedía que teníamos modelos económicos parecidos en los 40s. Ellos luego lo cambiaron en gran medida y ganaron con el negocio de la reconstrucción posguerra y la producción de tecnologías. Pero eso es de los 50s/60s, con Peron lejos de su silla.

Ocupados con la segunda guerra mundial, los países centrales no podían vendernos mucho. La economía argenta entonces comenzó a producir y consumir acá unas cuantas cosas que antes se traían de afuera. Hubo avances en la industria textil, y ciertos sectores que antes no existían, como los electrodomésticos, tuvieron sus momentos de gloria. Cuenta una leyenda que hubo una deuda externa millonaria con Inglaterra, así que para cobrarse, el gobierno peronista nacionalizó los ferrocarriles en nuestro país, que estaban administrados por empresas británicas. Chillaron bastante, pero al final los ingleses tuvieron que comerse el sapo.

Cuando termino la guerra, con la reconstrucción, Europa fue dejando de comprar a argentina. Y ya que se termino el queso, nos fueron comiendo las ratas. Hay mucho publicado por ahí, así que si quieren saber mas, recomiendo buscar dos cosas: por el lado argentino: plan quinquenal. Por el lado europeo, plan Marshall. Hagan las cuentas y después me avisan.

A modo de epilogo: el que mucho abarca…

Bien lo dice la frase: “El que mucho abarca, poco aprieta” Eso le paso a JDP. Como detalle, JDP en el camino se convirtió en viudo; EDP murió de cáncer en pleno auge del peronato. Ella tenia la aspiración de ser la primera vicepresidenta de la república. La idea era reformar la constitución y que hubiese la primera reelección a favor del justicialismo. Pero cuando le avisaron dos cosas, tuvo que poner pies en polvorosa: primero, le confirmaron que tenia un cáncer avanzado y terminal; segundo y no menos importante: los factores de poder la masticaban pero no la tragaban, y no iban a tolerar para nada de nada que una mina cabrona como ella les diera ordenes. Al fin tuvo que dar un paso al costado mientras vivía. Su discurso de renunciamento se puede conseguir en youtube. Por lo demas, dimos a entender que hubo reacciones alergicas al peronismo. El golpe de estado y posterior gobierno de facto llamado revolucion libertadora hizo el resto.
Aqui termina nuestro relato sobre el peronismo. Si les gustó, espero sepan disculpar salteos e imprecisiones; si no les gustó, igualmente pido disculpas. El tema es que nos guste mucho, poquito o nada, no podemos ignorarlo.

Saludos & suerte

Tato