Breve historia de las crisis históricas

Por largo rato hubo dos versiones de la historia argentina. Por un lado, el “relato oficial” que documentaba grandes logros, muy civilizados, y puso énfasis en la evolución que trajeron. Por otro lado, la “historia critica” contaba los sacrificios y perdidas que trajo el cambio.

Usualmente, la historia crítica consiguió que haya simpatías por los menos favorecidos. A fin de cuentas, la base del valor en toda economía es el sacrificio: gastar tiempo y energías para laburar, es sacrificio. Y ya que lo más visible siempre fue eso, no cuesta nada identificarse con este punto de vista.

La versión oficial, por su lado, siempre resaltó los saltos de calidad y las ventajas fruto del intercambio de figuritas. El esfuerzo siempre tuvo como premio la modernidad en el mediano y largo plazo, y así todos contentos.

En este contexto, moderno es sinónimo de eficiencia y eficacia.

Lo moderno significa más y mejor conocimiento y control del entorno, para producir novedades. Estos argumentos siempre han sido puestos a prueba por las crisis que ligamos de rebote, y los quilombos que supimos conseguir.

Ante la crisis, en el pensamiento conservador y moderado hay todavía dos defensas: Una es que el modelo nunca fue malo por si, sino que falló por mala administración. La ingenuidad de este argumento es dolorosa. Porque hubo fallas, algunas perfectamente evitables.

¿Faltaron leyes contra los delitos?
¿Hubo poco poder de policía? ¿Falló la moral? La respuesta es: No. Hubo controles, y los puentearon.
Hubo moral, pero estiraron las reglas. Y así cagamos.

Hubo corrupción, no imbecilidad. No se puede ser ingenuo al respecto.Es más exacto saber que el poder dura poco.

Y la corrupción es a menudo una suerte de seguro de retiro. También es un medio para conseguir amigos y cagar opositores.

Volvamos a los argumentos: La segunda defensa es afirmar – ante los malos resultados – que se hizo lo posible. Y prometer solemnemente que van a mejorar las cosas, con más modelo. Otra ingenuidad. Luego del choreo, debe haber ajuste.
Algún culo tiene que sangrar. Hay millones de litros de sudor, lágrimas y sangre derramados por ahí.

Se dice que ahora la historia se cuenta completa. Algunos detalles:

  • Que Jose San Martin fue un gran militar, profundamente patriota. Pero también que la familia Escalada lo masticaba pero no lo tragaba. Y Remedios lo hizo cornudo más de una vez. Supongo que Merceditas se salvó del estigma por casualidad.
  • Que Belgrano era un buen abogado, pero un militar mediocre. Y que la piloteó con bastante éxito.
  • Cuentan que Rosas buscaba un país parejo, pero se atornilló a la silla. Y que fue un “nene de mama”. Más luego, fue un dominado de su esposa. Y ya mayorcito, usó a su hija como anzuelo para conseguir aliados. Bueh, “cherchez la femme” es un truco viejito pero efectivo.
  • Se dice que Alberdi fue un abogado y diplomático brillante. Pero que tuvo muchas amigarchas, y un hijo no reconocido, que no quiso ver en la puta vida.
  • Sarmiento – padre del aula – tuvo muchos hijos naturales y una boquita de letrina.
  • Se dice que Yrigoyen, ya viejo, tenía miedo a morirse cuando lo llevaron a Martin García.
  • Se dice que Alvear era fiestero. Y que fue buen amigote de Uriburu, el primer golpista.
  • Se cuenta que las elites argentinas pertenecían a la masonería. Y entre albañiles, no se pisaron demasiado el fratacho.

Pero parece que algunos se resistieron a que se contara todito. Hace 12 años, NCK vino a dibujarla: Que los montoneros eran jóvenes heroicos, que la transversalidad iba a garantizar el dialogo, y bla, bla, bla…

Cuando hubo oportunidad, el pensamiento crítico denunció que no hubo el paquete completo. Y propuso la revolución como santo remedio. Al punto, cortar y dar de nuevo implica barajar antes, durante, y después. Claro que en estos casos, la revolución que triunfa no es traición. Es un nuevo régimen.

Para quien nunca tuvo ni un cobre, la revolución es promesa de llenar panza y bolsillos. En todos los casos de la historia argentina, fue venta masiva de humo.

Hubo grescas y atentados bautizados pomposamente como “revoluciones”. Hubo golpes de estado y dictaduras con la misma etiqueta, que cambiaron la dirigencia y el régimen para no cambiar nada.

El chiste – Lo dijo un tipo avispado – es que si antes no hubo evolución, con el modelo que haya sido, y hasta donde haya llegado, cualquier intento revolucionario siempre quedará condenado, no al éxito, sino a la truchez.

Al punto, tirios y troyanos buscaron agarrar la manija. Y cuando la consiguieron, no la soltaron por nada del planeta. Igual, el poder agotó a quienes no lo tuvieron. Fíjense en JDP y NCK.

En vista de estos problemas frecuentes, la historia se ha convertido en un comentario amargo del presente, y la capacidad de manejar las crisis se confirma como el tribunal supremo de justicia de la historia.

Ante ese tribunal compareceremos: los ingenuos, los cínicos y los corruptos.

Salute, cabarute!!!

Tato