Maneco explicado: Un apunte sobre humor grafico argentino.

“Las Desventuras de Maneco” Eduardo Linage para “Caras y Caretas”, 1932

“Las desventuras de Maneco” fue una tira cómica de Eduardo Linage (13-10-1901/07-08-1977) caricaturista de origen español radicado en nuestro país, que se publicaba en la revista “Caras y Caretas” a partir del 1932 hasta el ocaso de esta publicación al llegar los años 40´ El formato de “Las desventuras…” con guion del propio Linage, oscila entre las nueve y doce viñetas para relatar historias unitarias sobre las peripecias de un pícaro, siempre frustrado en sus intentos por sacar ventaja a favor propio en varias situaciones donde participa directamente y otras donde se ve involucrado. Maneco es uno de los primeros antihéroes modernos en la historieta cómica argentina del siglo XX. Los expertos coinciden en el hecho que Maneco representa al típico “Chanta argentino” por primera vez en un medio masivo de nuestro país. “Las desventuras…” tiene su mayor antecedente en las peripecias de otro pícaro pintoresco; “Las aventuras del Negro Raúl”, tira diaria de Arturo Lanteri en la revista “El Hogar” a partir de 1916, donde el personaje principal (el negro Raúl) es también burlador siempre burlado.

Ilustración – Las desventuras de Maneco, Eduardo Linage -“Caras y Caretas”, 1932. Museo del humor de Buenos Aires

De regreso a “Las desventuras…” Linage contribuye a definir el molde para historietas posteriores como “Locuras de Isidoro Cañones” de Lino Palacio, “Inodoro Pereyra: El renegaú” de Roberto Fontanarrosa, etc. Maneco a veces cuenta con ayudas, pero mayormente actúa por su propia cuenta y riesgo. Maneco aprovecha eventos como excusa para relacionarse con personajes adinerados (su target más frecuente son las hijas de algunos comerciantes acaudalados) con intención de obtener grandes sumas, y si se da la chance, también ascender socialmente. Es importante observar que Maneco nunca actúa fuera de la ley; sus conductas son aceptables, pero sus intenciones no son del todo legítimas, y eso lo convierte en antihéroe. A todos sus intentos se oponen ardides defensivos de sus posibles víctimas, y siempre hay gran dosis de descuidos propios y malentendidos que generan risa. Sin excepción, los motivos del personaje principal de esta tira quedan al descubierto y eso representa un castigo para él, que nunca puede obtener los resultados que espera. Maneco y otros personajes por el estilo se inscriben en la tradición del llamado “Humor blanco”, “Humor inocente” conocido también como “Humor No – tendencioso” en el sentido que satiriza conductas ampliamente reconocidas, y no expresa ideas reformistas o posturas políticas que generalmente van dirigidas contra grupos, instituciones o figuras públicas. El énfasis del humor blanco está puesto en revisar y ridiculizar valores, usos y actitudes características propias de un tiempo y lugar determinados. Al punto, “Las desventuras…” es una tira cómica que amonesta con severa ironía el arte de los vividores. Maneco confía ciegamente en las artimañas de los picaros como medio para sobrevivir y progresar; aplica tretas con mucha pasión. Pero nuestro personaje, por el esfuerzo que pone a cada paso, a veces queda ingenuamente en falsa escuadra respecto de aquello que emprende. En este punto, cuando las circunstancias lo superan, Maneco queda envuelto en hilarantes incongruencias ante la vista del lector.
Maneco y su universo no quedan completos si no mencionamos sus aspectos gráficos más salientes y los reenvíos de su tira para con la década que lo vio nacer. Para cumplir lo primero, usamos la ilustración en la página anterior: Linage dibuja caricaturas de personas; salvo un par de personajes secundarios, el botones que aparece en el tercer cuadro y el canillita que aparece en el quinto y sexto cuadro, las figuras carecen de cuello, y la unión entre cabeza y torso está resuelta mediante el uso de pañuelos, corbatas y otros accesorios de sus trajes. Excepto por los pies, que son más chicos que el resto del cuerpo en todos los personajes, no hay grandes diferencias de proporción entre ellos y el tamaño de sus respectivas cabezas; los rostros, en cambio, son los que tienen algunas alteraciones. En el ejemplo las cabezas tienden a ser redondeadas y presentan ojos grandes, cejas relativamente pequeñas, narices exageradas por aumento de las proporciones respecto del resto del rostro en el gaucho y el gerente del hotel, mientras que en el caso de Maneco la nariz es exagerada por lo pequeño. Las bocas son pequeñas en los tres personajes principales. Linage no altera las proporciones cuando dibuja ambientes ni objetos, pero en los tres últimos cuadros reduce el entorno del hall del hotel a la vista parcial de una columna y en los dos últimos el entorno desaparece por completo, para que nada distraiga al lector de las expresiones de las figuras y el contenido del texto. A propósito del guion escrito y su ensamble con las imágenes, resulta de interés seguir el esquema anclaje/relevo, definido por Roland Barthes en uno de sus ensayos más clásicos: En nuestro ejemplo, la relación entre textos y viñetas revela mayormente la función de relevo antes que anclaje; el sentido que se le otorga a las imágenes – por naturaleza analógicas y con significado abierto – en cada viñeta está determinado por la información complementaria que proveen los textos – de orden convencional, sintagmático y deíctico – que encontramos en la parte superior de cada cuadro. Podemos advertir que hay diálogos entre los personajes cuando debajo de uno de ellos hay una pequeña cantidad de palabras que permiten al lector asociar discursos e intenciones con cada una de las figuras, y al seguir la secuencia del relato, es esa relación la que nos ayuda a comprender como evoluciona la trama. En este punto, y para nuestro ejemplo, resulta útil recordar las técnicas del desplazamiento y del desatino investigadas por Sigmund Freud en su ensayo “El chiste y su relación con el inconsciente”; dicho en modo esquemático, el desplazamiento habilita construir un chiste mediante errores intelectuales y sofísticos, que expresan desvíos en los procesos mentales habituales en ciertas circunstancias para poner el acento y fijar nuestras energías psíquicas en un tema distinto – a veces lateral – del proceso iniciado en primera instancia. Esta técnica no depende tanto de las palabras, sino de los procesos mentales que establecemos para relacionarnos con el mundo. La técnica del desatino, por su parte, consiste en la introducción de algo simple o desatinado, cuyo sentido último es la revelación de otro desatino o simpleza, a menudo mayor que lo percibido en primer lugar. Podemos decir que en nuestro ejemplo hay una combinación de ambas cosas, siendo el desatino la más fuerte de las dos. Cuando el gerente de hotel da trabajo a Maneco para que promocione los servicios de su negocio, Maneco no puede resistir la tentación de tomar un pequeño desvío mental sobre el asunto, así que no solamente busca potenciales clientes para el hotel, sino que además busca atraer incautos de los cuales sacar ventaja. Cuando encuentra uno en la estación de tren, luego de un breve dialogo sobre la categoría del local en cuestión, sugiere antes de presentárselo al gerente que se trata de un estanciero adinerado que viene a gastar en grande. Pero el error intelectual de Maneco dura bien poco, y se revela como desatino. El gaucho que atraen al hotel conversa con el gerente y con maneco no tanto para registrarse como pasajero, sino más bien para pedir un puesto de trabajo como peón de cocina. La simpleza del razonamiento de Maneco, incluidas sus ambiciones de sacar tajada, chocan contra la real conducta del gaucho, que revela sus intenciones ante el administrador. La equivocación de Maneco se hace evidente y se pierde de ganar los veinte pesos por traer un huésped. Más atrás mencionábamos que muchas de las posibles víctimas de Maneco, cuando advierten su presencia, se sirven de ardides defensivos; la precisa y escasa conversación del hombre de nuestro interior, sin concederle nada a nuestro intermediario es justamente una de esas defensas. En otras ocasiones, cuando busca galanteos con alguna heredera, las chicas intercambian lugares con sus mucamas, obviamente para nada atractivas ante la vista de Maneco. Estos planteos, habituales en la tira, son el reflejo indirecto del estado de la sociedad argentina entre las décadas del 20 y el 30. La gran depresión en Estados Unidos produce efectos negativos en el resto del continente y afecta a Europa. La crisis económica en nuestro país erosiona el bienestar y la movilidad social entre la clase media y alta. Comienzan a verse diferencias y distinciones entre aquellos que conservan su fortuna, los que mantienen con esfuerzo su poder adquisitivo en parte, y los que pierden sus medios de subsistencia; ante un panorama nada alentador, muchas personas venidas a menos buscan algún atajo para mejorar su situación. Linage no se ríe de ellos, sino con ellos, y su intención satírica en el fondo es moralizante, ya que mediante una ficción muestra y demuestra que la codicia rompe el saco, tal como reza el dicho.

Bibliografia

Ana B.Flores – “Politicas del humor”, cap 2, sección 2.2.3.2 “La tecnica del chiste”, Ferreyra Editor, 2000. Incluido en el material de catedra del presente seminario

Luis del Popolo – “Maneco, el Chanta porteño” publicado en el Blog Sonrisas argentinas. Link abajo.

http://sonrisasargentinas.blogspot.com.ar/2011/07/maneco-el-chanta-porteno.html

Nestor Gustavo Giunta – “La historia del comic en la argentina”, publicado en la página web “Todo Historietas”. Link abajo.

http://www.todohistorietas.com.ar/historia_argentina_1.htm#TOP

La imagen que reproducimos es gentileza del museo del humor de la ciudad autonoma de Buenos aires

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