Las buenas gentes

Quizás resulte bastante aguafiestas, pero¿alguien sabe en verdad lo que significa “ser bueno”?  Estamos educados e informados para apoyar y recordar a las buenas personas. Y sabemos que nadie es perfecto, así como también sabemos que hay virtudes y acciones acorde, que cuando las reconocemos compensan nuestros limites. Muy seguido rotulamos esto como hacer el bien. Las personas que actúan así son las buenas gentes. Y se las felicita por ello. También sabemos que la bondad es relativa. Hay muchos modos de definir el tema, y estoy seguro que todos sostenemos alguna noción al respecto. (ser bueno no es lo mismo para un musulmán que para un taoísta, por no mencionar a los cristianos, los agnósticos y los ateos)  Aun así, creo que no esta del todo claro lo que significa ser buena gente para las mayorías.

Al punto, sospecho que cuando se habla del bien y la buena gente, hay algo que no se dice. Tal vez eso se calla porque se sobreentiende. Aun así, nunca esta de mas decirlo con precisión:la naturaleza del bien (y la del mal) se encuentra entre lo deseable, lo posible, y lo conveniente. Una persona es buena cuando acepta ciertos valores; también lo es cuando rechaza otros. Una persona es buena cuando por acción u omisión satisface ciertos objetivos. Una persona queda en condiciones de ser buena cuando le proveen recursos materiales y símbolos de dignidad, con un combo de libertades y responsabilidades cívicas. Una persona se convierte en buena gente cuando sostiene y hace crecer las cosas que componen ese mismo combo. Una persona es buena cuando aporta innovaciones, y cuando educa a los demás en esto y asuntos afines.

Como los seres humanos somos limitados, la experiencia bien documentada nos indica que hay demasiadas cosas para atender si queremos ser de los buenos, y por ahí resulta preguntarse y probar si lo malo es algo mas sencillo.

También por experiencia acumulada, no hace falta demasiada ciencia para darse cuenta que ser malo tampoco es simple. Una persona es mala por conductas casi iguales a esas otras que la hacen buena, y se nos enseña en casa y en el sistema educativo que la diferencia entre mal y bien reside en las intenciones de cada quien.

Se nos enseña que el bien construye y el mal destruye. Pero no es tan fácil la cosa. Creamos ideas y relaciones y tecnologías que a menudo se vuelven obsoletas cuando pasamos hacia algo mas nuevo. Creamos cosas útiles muchas veces por motivos egoístas, y los maquillamos de altruismo. No obstante, nadie se ve a si mismo como el malo de su propia historia. Es mucho mas común que ese papel se lo asignemos a otras personas,  y llegado el caso a grupos e instituciones. Ahí es cuando conocemos rebeliones, héroes, villanos, revoluciones y demás asuntos que todos ya sabemos de sobra.

Cansado de revisar estas disquisiciones filosóficas, me fui a la calle, para tratar de despejarme. Y mirando vidrieras, encontré súbitamente una solución al asunto. La buena gente es la que está vestida, tiene documentos, deja todo pago, y es inocua. A los que no cumplen con estos requisitos, se los lleva la policía, los albergan los refugios para pobres, los echan de los locales comerciales, los que están dentro del sistema los miran con asco, y uno, que escribe estas líneas, les dedica tiempo y recursos que ellos no van a tener jamás. Ser bueno es una gran cosa, pero es fundamental saber el terreno que uno está pisando cuando habla de estos asuntos, no vaya a ser que uno se pase al bando de los malos…

Que tengan un buen día.

Gustavo

 

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Histeria de nuestra historia

Desde principios de este año me puse a leer algunas cosas sobre la historia de nuestro país. En los textos que vengo viendo hay algo que me llama la atención: no parece haber mucho respeto por evidencias arqueológicas o forenses que respalden las crónicas de los hechos. Al punto, muchas veces encuentro comentarios y citas de autoridad, que seguro deben tener valor comprobado para los que la escriben. Sin embargo, el detalle que falta es informarle a los lectores de todos los ingredientes que hacen falta para darle sabor al guiso. Pongo una reducción al absurdo: Si un día me pica la loca y me pongo a escribir historia, estoy mas que obligado tener cuidado. Arriesgo a usar cartas y documentos truchados, que merecen con toda justicia un shot en el ort  para cualquier clase y nivel de incauto… y esto sin contar que uno insulta la inteligencia de cualquiera, incluyendo la propia.  

En mas de un caso, el relato del pasado es un comentario del presente. En especial, del poder vigente en la época de aparición de cada crónica histórica. Los comentarios pueden ser a favor y en contra de los que tienen la manija, y hay una larguísima tradición de cagatintas y chupamedias conservadores, moderados y críticos. Esto me lleva a pensar algo: La historia, en el fondo, no solamente es un relato de importancia. Es un sistema de juicios, donde según la evidencia que se presenta, un acontecimiento, un tema o una persona se ganan un lugar en lo trascendente. Lo que se requiere en estos asuntos es una pistola humeante, por mas que la hayan disparado hace cien años o hace cien minutos. Cuando esta evidencia falta, lo que queda es un interés por el pasado, pero marcado por las diferencias entre las apariencias de la verdad, y lo que realmente ocurrió. (esto ultima ya lo dije en otra nota, pero no viene mal repetirlo)

Buenas & Historicas tardes.
Gustavo

Del Bicentenario y sus demonios

Dicen que hay veces que hablar mal y pronto es la mejor manera de decir la verdad. Eso si, cuando uno se pone guaso, después hay que bancársela. No me creo muy guapo, pero tampoco temo ni ofendo si estoy seguro de decir lo cierto. Yo estaba por hacer una nota bastante pulida a propósito del bicentenario de nuestro país, pero me arrepentí de darle barnices literarios y datos académicos.

Hay muy buenos libros de historia para leer al respecto. Si les interesa saber lo sabroso de las cosas mas pesadas que nos pasaron durante estos últimos 200 años, les recomiendo la “Breve historia de la republica argentina” de Romero. También recomiendo los dos tomos de “Argentinos”, de Lanata. Recomiendo también los “Mitos de la historia argentina”, de Pigna.  Sé que los libros de Luna, Halperin Donghi, García Hamilton, O´Donnell y otros historiadores son parte del repertorio obligado en la materia. Pero como a estos últimos autores no los leí, recomiendo mas bien los que conozco. (ver mas arriba) Y mejor paro de mencionar libros y autores, porque sino la lista da para el día que colapse la red o se vuelva obsoleta.

La cosa es que pronto vamos a tener discursos de brindis, muy optimistas, sobre nuestra historia y las cosas que nos van saliendo bien. Eso va a ocurrir desde el gobierno. También vamos a tener discursos funebreros, pesimistas, sobre todo lo que se perdió en el camino y el modo en que sufrimos muchos temas. Esa va a ser la letra de la oposición.

No va a faltar quien diga que somos una nación joven, que todavía tiene mucho que aprender. Vamos a estar entre dos cuestiones: de un lado, las evidencias puras y duras de lo hecho y lo que falta; del otro, las apariencias de lo hecho y por hacer. El asunto es que entre estas dos cosas vamos a tener historia e histeria. No va a faltar quien diga “si los ingleses ganaban las invasiones, hoy estaríamos en otra” Tampoco van a faltar aquellos que agitan banderas, cantan el himno emocionados hasta las lagrimas, homenajeando próceres idealizados y creen que con eso se consigue la conciencia nacional.

Van a estar todos los que menciono; algunos bien conservadores, a la derecha de las derechas; otros, moderados, en la derecha del centro; otros, progresistas, a la izquierda del centro, y los revolucionarios bien a la izquierda. Todos van a querer su porción de bicentenario. Algunos ya se la ganaron. Otros están en el tramite. Pero los que van a faltar son los del pueblo. Van a ser ausentes en la medida que no quieran, no puedan, y no sepan que la historia sin histeria les pertenece a todos.

Cuando una historia oficial prevalece sobre otras, la crónica y la evidencia de nuestros hechos se convierte en un veneno antiguo y sumamente potente. El modo de curarse es informarse, y a partir de ahí formar el criterio propio. Saber que hubo 30.000 desaparecidos en la ultima dictadura militar sin hacerse una idea del porque no es saber historia, es saber estadísticas. Saber que Juárez Celman modernizo el país sin conocer los negociados que hizo es solo saber una parte de lo que paso. Comparar nuestros progresos con la historia de Europa es una estupidez: El viejo continente tiene millones de años de sacrificios, guerras, intrigas de palacio, gentes de ideas lucidas, locos con poder, y tanto mas. Si bien mucho de eso es herencia para nosotros, no podemos decir que alguna vez estuvimos casi en el mismo nivel a principios del s XIX. Compararnos con Estados Unidos tampoco vale de mucho. En ese país las decisiones se tomaron de otra forma. Lo que esta a medio camino de lo posible y lo deseable es comparar con nosotros mismos, para saber que la verdad no va a quedar de un solo lado, sino en el medio de todos.

Ojala que el tricentenario nos encuentre en este ultimo tramite.

Saludos

Gustavo

Saludos & Introducción

Hola, ¿Que tal? ¿Bien? Me alegro.  Si por casualidad las cosas están mal, al menos que les sea leve.

Soy Gustavo Gabriel Beneventano. Naci el 31/05/1970. Desde hace un tiempo tengo aprobadas 35 materias en Ciencias de la Comunicación Social, con especialidad en Opinión publica y Publicidad. Esta es la primera de muchas entradas en este blog.  La idea de todo esto es ir hilvanando algunas ideas, sin pretensión ni divismo, a propósito de temas que pasan.
Actualmente los blogs son herramientas que facilitan dar y recibir opiniones. Y no digo nada nuevo cuando hablo que en en el espacio digital buscamos que se sientan palabras, susurros y gritos: Hay juntos, hay revueltos, hay fachos, hay facheros, hay centristas sentados a la derecha, hay zurdos, hay progres, hay centristas sentados a la izquierda, y todos tenemos algo para decir y para desdecir.
Mucho de esto de opinar tiene que ver con algunas vanidades. Al que elabora un punto de vista siempre le agrada que otros coincidan con el. Lo mío quizás sirva como un aporte mas a la confusión general, ya que en el fondo opinar no es ciencia exacta y todo es bien relativo.

Les mando un abrazo afectuoso a los que pasen y lean, coincidan o no. También les deseo que tengan un buen 2010.

Gustavo