En Medio de los Medios – Primera parte

Referencias históricas del “cuarto poder”

No es noticia que de un tiempo a esta parte, hay abundancia – y a menudo redundancia – de material de entretenimiento y prensa, repartida entre cuatro tipos de medios de comunicación masiva. Las categorías son: los medios gráficos impresos, la radiofonía, y los medios audiovisuales. Al combo, actualmente le sumamos internet. No vamos a hablar de tecnologías, pero nobleza obliga mencionar que los medios son y siguen siendo producto de técnicas, inventores y artefactos, que implican manejarse con diversos soportes, códigos, canales, mensajes, y demás aspectos de las expresiones humanas. Al punto, las tecnologías proveen de recursos a los medios para elaborar y difundir contenidos a la mayor cantidad de público posible.

Pero no se manejan solos. Enlazado con este crecimiento, desde el s. XIX en adelante, se consolida una profesión liberal nueva hasta ese momento, que hoy todos conocemos. Es el periodismo, que llega para ocupar un lugar importante. Hay muchas formas de explicar esto de las empresas de medios y el gremio de prensa. Un famoso cronista y editor del diario “The new york times”, un tal Bill Kovach, definió: “El periodismo es la primera versión de la historia”. Otro periodista y escritor, un tal Gabriel García Márquez, escribió un texto corto intitulado “El mejor oficio del mundo”, donde salpimienta el asunto con recuerdos, reflexiones, y palos autocríticos al periodismo contemporáneo. A los que tienen vocación de prensa, les recomiendo que lean ese texto. Esta colgado en la red.

Cambiemos un poco el ángulo de la información para ubicarnos más y mejor en el asunto. No soy economista ni sociólogo, pero pude enterarme que medios y prensa, se consagran históricamente como un área especializada en las empresas de servicios de las economías capitalistas y no tanto. Data inútil: “Diario del pueblo” de China, “Gramma” de Cuba, y “Pravda” de la antigua URSS, son y fueron prensa casada con el comunismo. Medios y prensa hacen sistema con la Opinión pública. Al punto, el periodismo es uno de los factores sociales que influyen en el crecimiento de las democracias republicanas modernas, cuando producen y difunden información que alimenta el sistema de partidos políticos masivos, en la sociedad igualmente de masas.

Al punto, la prensa se propuso dos grandes funciones en su historia más reciente: La primera fue participar activamente y fomentar el clima cultural favorable a ciertas transformaciones políticas. La segunda fue estimular cierto grado de participación de la población general en los grandes asuntos públicos. Y si yo tengo que opinar, la evidencia indica que cubrió mucho de lo primero, mientras lo segundo le cuesta por razones de diversa complejidad.

Pongamos contexto para contar mejor la cuestión: El paisaje del S. XIX viene con mucho agite político, des colonización, luchas en Europa por tumbar las monarquías absolutas, luchas en América por emanciparse de España, Portugal e Inglaterra. Con sangre, sudor y lágrimas fue cambiando el mapa político del mundo. Así surgieron nuevas naciones, con himno, escarapela y bandera, donde se incluye nuestro país. Ya sea a favor o en contra de los sectores dominantes de turno, los medios gráficos informaron y buscaron en un punto educar a sus lectores sobre acontecimientos, habilitándoles el conocer y debatir asuntos importantes de su tiempo.

Para abreviar: prensa y opinión pública sirvieron para una masa crítica en favor de ideas reformistas, que dieron como resultados la constitución y organización nacionales y demás. Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan Bautista Alberdi, Domingo Sarmiento, José S. Álvarez – alias Fray Mocho – Eduardo Wilde, Ovidio Lagos y José Clemente Paz fueron algunas figuras de aquella era.

Al llegar el S. XX, con todo lo que nos pasó, en el periodismo va fermentando la idea de un “cuarto poder”, que por defecto existe fuera de las instituciones, y cuya función principal es hacerle contrapeso a los poderes de turno. Esto se explica a partir de la transición entre S. XIX y el siglo pasado: Cuando los nuevos modelos de país quedaron finalmente consolidados, los sectores políticos y militares que los impulsaban, así como la inmensa minoría de la prensa que apoyaba la causa, comenzaron a despegarse uno del otro. A fin de cuentas, el objetivo estaba cumplido.

Ya había estado, además de patria. Así que, “taza-taza, cada cual a su casa”: unos marcharon a gobernar, y otros a informar. Nobleza obliga señalar que en la historia del periodismo no todo fue ni es paz y amor: Muchas veces los gobernantes y poderosos de turno nos hicieron mierda; cambiaron las reglas de juego según les cantó el quinto forro de las pelotas, y en este paisaje, muchos cronistas especializados publicaron primicias e historias para destapar ollas podridas, con sus correspondientes cargas de información rigurosa, bolazos, cuestiones ideológicas de contrabando, y efectos de masa crítica para movilizar las cosas.

Al punto, la prensa sirvió mayormente para habilitar cierto grado de participación en unos modelos de estado y sociedad donde casi siempre escaseaban las capacidades reales de voz, voto, ni tampoco hubo real acceso a las instituciones. Y como nadie está libre de contradicciones, varias veces el sector vio medios y periodistas, publicaciones, programas radiales y televisivos coqueteando con las facciones que siempre tuvieron la manija y controlaron la tierra, la renta, el estado, el ejército, las grandes empresas, las instituciones… en fin, el poder. Gente como Natalio Botana, Rodolfo Noble, Jacobo Timermann, Rodolfo Walsh, José Eliaschev, Roberto Gómez Fuentes, Bernardo Neustad, Mariano Grondona, José Corzo Gómez, Juan Castro, Roberto Maidana, Sergio Villarroel y muchos más, fueron parte de este tiempo que todavía no se ha terminado. La seguimos en la próxima sección.

Poderes o capacidades del cuarto poder

Si el periodismo fuese un superhéroe, con el “cuarto poder” como su habilidad extraordinaria, estaría bueno averiguar cómo lo maneja, donde lo consiguió, a quienes combate, a quienes defiende, donde trabaja, si tiene una identidad secreta y demás detalles. Quebremos la metáfora, y digamos que ya avanzamos algo sobre el asunto más arriba: La prensa del siglo diecinueve puso bien claro donde apretar los nudos y cuales metas conseguir. La prensa del siglo pasado los aflojó y los apretó según cambios de viento y marea. Sin embargo, conviene agregar más sustancia para comprender lo que sucede.

Como se dice en la jerga de la televisión, cuando está por comenzar un bloque en vivo… “¡Atentos, que ahí vamos que venimos!”
Medios y prensa pertenecen a las industrias culturales y su consecuencia inmediata, los consumos simbólicos: Dos filósofos alemanes, Theodor Adorno y Max Horkheimer explican estos conceptos y varias cuestiones más en su ensayo “Dialéctica del iluminismo”, lectura del primer año de la facultad. (Data inútil: este texto está colgado en la red, al menos una versión en inglés) Dicho en modo esquemático, la comunicación pública de masas, al haberse consagrado como parte del capitalismo moderno, produce contenidos para consumo masivo. Y el consumo no solo va por un mero acto material de comprar y leer diarios, revistas, pagar y ver el cable, o visitar páginas web. El consumo pasa por percepciones, valores, juicios, gustos, opciones, elecciones, concepciones e ideas. Y para la producción de material, rige lo mismo.

Están determinados por la cultura, con la complejidad que implican las idas y venidas entre tradiciones, vanguardias, diferencias, complementos, desigualdades, conflictos, y la identidad que surge de las experiencias acumuladas. Los alemanes diagnostican que la cultura moderna cosifica símbolos, personas y el trasfondo del asunto. Al punto, prensa y medios actúan por afinidad o contraste con las matrices ideológicas del sistema social, sea cual sea su modelo de organización y formas de legitimidad. Son vectores de ideas dominantes y no tanto, contenidas mayormente en el orden de lo políticamente correcto, según las creencias de cada pueblo.

Pongamos un ejemplo negativo: Un diario anarquista, repleto de puteadas al sistema en su totalidad, no es exactamente un medio muy correctamente político en una democracia republicana. Pero las libertades y derechos del sistema habilitan a decir de todo, incluso ideas subversivas. Eso sí… después de despotricar contra todos, que su editor y sus cronistas se la banquen piolín – piolita si no venden media coma, o si alguien les hace juicio de seis ceros por calumnias e injurias.

Al respecto, pido prestado un concepto del sociólogo francés Louis Althusser cuando digo que la prensa en el s. XX se consagra como un aparato ideológico de estado, que contiene, representa, y fija reglas de juego a la gente bajo formas específicas de organización y expresión, por fuera del monopolio de la fuerza de instituciones nacionales como las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia. Ejemplo: La muy islámica e Iraní cadena Al Jazeera y la americana CNN son distintas entre sí. Pero a nivel de estructura, organización y recursos específicos, no dejan de ser canales de televisión, que participan activamente en la guerra de información y propaganda que compone la guerra actual – con violencia y espionajes incluidos – entre Estados Unidos e Irán.

Pero no nos vayamos por las ramas: A medida que avanza, el sector de prensa desarrolla sus propias técnicas para llegarle más y mejor a las audiencias. La masificación del sistema sociocultural les pide eso. Las tecnologías de comunicación aligeran y hasta simplifican el esfuerzo, pero simple no siempre significa fácil. La trama se complica cuando el periodismo desarrolla sus propios géneros y estilos. Estamos hablando de formas y técnicas para escribir géneros, que los más conocidos son: reportajes, columnas de opinión experta, critica del espectáculo, crónica y critica del deporte, columnas editoriales, notas de color, historias de vida y crónicas de viajes, crónicas de crímenes, novedades científicas… y ya que estamos, veamos híbridos que surgen de la mezcla entre dos o más géneros y categorías: Las tiras de humor, los crucigramas, y por supuesto, la publicidad pertenecen a esta clase.

Pongamos segunda y revisemos lo que sale de transponer material de un medio a otro. La prensa gráfica es prácticamente el molde del cual sale el resto de los demás formatos de periodismo: El hoy clásico modelo de título, resumen o bajada, encabezado informativo y cuerpo lo define todo. El resto de los medios adopta y adapta este modelo a sus propias capacidades de expresión. En radio hay titulares y bajada, que implican un desarrollo breve de las noticias, además de cortinas musicales, y testimonios grabados – debidamente editados – de los protagonistas de las noticias. En televisión, lo audiovisual da para títulos en pantalla, voz en off, presentadores y entrevistados en estudios, y además los movileros también pueden cumplir esta tarea, con un entrevistado al lado suyo. Si algo sale mal, pueden “pasar al tape” y sino “ir a la tanda”.

Ultimo pero no de últimas, los dos grandes estilos son la prensa blanca y amarilla. Se distinguen por su enfoque narrativo. La primera hace centro en las condiciones generales, y su relación con historias singulares. La segunda hace el recorrido opuesto complementario: Va desde un caso particular hacia la relación que tiene con las condiciones generales. Se cuenta que la prensa amarilla se llama así porque uno de los primeros diarios de su clase sacaba la historieta “Yellow Kid”. Data inútil: Hace mucho vi en la vidriera de una comiquería la recopilación completa de esa historia. Era un libraco importante, y seguro era caro. Ya veré de saciarme la curiosidad por saber cómo era esa tira un día de estos.

Filtros internos, agenda y regulación de los medios

Para completar y agrandar el combo, la prensa desarrolla la agenda periodística, que los expertos ampliaron a mediatización, o agenda de medios. Explicado en pocas palabras, es el temario con los asuntos públicos que prensa y medios consideran pertinentes y relevantes para difundir ante las audiencias. Para encontrar esta agenda, solo hace falta ver las secciones de los noticiarios y los formatos de los programas: secciones de sociales, policiales, política, espectáculos y chismes, programas de información general, ciclos humorísticos, ciclos documentales, ciclos informativos, flashes de noticias, programas de certámenes, telenovelas y películas.

El concepto de agenda periodística incluye estilo y géneros según tipo de medio. Y como si esto fuese poco, la agenda periodística o mediática incluye los puntos de vista que determinan la relación entre cronistas, los temas que cubren, los medios donde laburan, y los receptores. Estamos hablando de los filtros internos en la prensa, que determinan la elección de temas y figuras y el enfoque que se les da. Al punto, estos matices dependen siempre del contexto y del reconocimiento del público, que da sentido y valor a toda la comparsa.

En criollo: Es cuando los medios “la pegan” con el público, con historias con que la gente se identifica, y temas que despiertan su interés. Es así como llegamos hasta las noticias de la corrupción política y empresarial, catástrofes naturales y delitos graves, películas de estreno, peleas de vedettes, la cotización del dólar, las tiras cómicas y demás. Es así como llegamos también a los periodistas estrella, que engalanan los medios y muchas veces ganan el Martin fierro y le dan gracias a sus familias y APTRA.

En este paisaje, los medios desarrollan sus propios manuales de estilo, y el sector en general tiene códigos de ética profesional para manejarse con la información. Además de esta autorregulación – que tiene sitio entre las técnicas propias del palo – el sistema de medios debe cumplir con requisitos y reglamentos que les imponen los estados nacionales. Al punto, las instituciones de cada país son dueñas soberanas absolutas del espacio aéreo, marítimo, y las tierras fiscales. Esta facultad habilita a los países tener sistemas diseñados para repartir licencias legales para operar servicios públicos de comunicación, que incluyen los servicios telefónicos, el correo postal, los canales de televisión abierta y cable, el servicio de conexión domestica a la Internet, y las cadenas o estaciones de radio AM y FM.

El estado reparte espacios a las empresas privadas que se prenden al sistema, mientras reserva otros para sí mismo. En Argentina, el estado tiene el canal 7 de televisión, radio nacional en AM 870 mhz, y una FM para radio nacional. Completemos el panorama con la categoría de los medios gráficos. A diferencia de los medios electrónicos, tienen dueños particulares. Señalemos que diarios y periódicos fueron los primeros medios reconocidos y protegidos por las leyes de derechos de autor, hace ya muchos siglos. Y si bien en los medios gráficos los particulares tienen mucho más control sobre el proceso y producto periodístico, esto no significa que evadan estar fiscalizados por las autoridades. Tengo entendido que los medios impresos existe la figura del editor responsable, que representa legalmente los intereses y los derechos de cada publicación ante el estado. Por lo general, son parte de la alta gerencia de las empresas de medios gráficos, y de su trabajo no trasciende gran cosa, excepto que siempre se incluye su nombre en algún crédito en la tapa o en la portada interior.

Demos vuelta la hoja para avisar que la próxima sección la dedicamos 100 % al rol del estado en el sistema de medios, y que hasta acá dimos un anticipo del asunto. Así que, antes del cierre, agreguemos una noticia de último momento: En lo que va de este texto, por razones literarias, yo puse juntas dos categorías del sector. Al punto, aclaremos que oscurece: Las empresas de medios de prensa y el gremio de periodistas están juntos, apuntan a las mismas metas, pero no van revueltos. Es evidente que unos son la patronal, y otros son los trabajadores. La imagen que dan en general es que ambas partes son parientes contentos en una gran familia feliz, ocupada con las noticias, y movilizada por el bienestar de la sociedad, con los puños llenos de verdades.

Pero si a la primera de cambio los directivos de una emisora, un canal, o los dueños de un diario entran a despedir gente a lo pavo, enseguida se nota la diferencia. Hay protestas de las comisiones internas en los medios, y una de las primeras medidas que siempre adoptan, es difundir el conflicto. Es habitual al menos en argentina que un medio singular, si experimenta un problema con sus trabajadores, lo barra discretamente debajo de su alfombra. A fin de cuentas, queda feo tener mala imagen. Eso espanta a los clientes. Pero es frecuente que en estas situaciones, el resto tome la noticia y la difunda. A fin de cuentas, hay que competir por el mercado. Además, esta bueno defender los reclamos de la gente.
Para terminar esta parte, va el resumen de los factores que moldean y ubican a los medios entre nosotros.

  • Filtros internos: Géneros y estilos de prensa, agenda periodística, códigos de ética profesional, manuales de estilo.
  • Regulaciones externas: Leyes y controles del estado, licencias para operar medios electrónicos, gremios de prensa.
  • Referencias históricas: Democracias republicanas modernas. Sociedad de masas, partidos políticos masivos.
  • Referencias teóricas: Industrias culturales, consumos simbólicos, aparatos ideológicos de estado.
  • Recursos materiales: Imprenta, tecnologías de radiofonía, televisión y redes informáticas.

En la segunda parte de este tema le vamos a entrar a las intervenciones de los medios entre nosotros, y lo que nosotros como sociedad, le pedimos a los medios. Por ahora, veamos hasta donde los deja llegar el estado.

El rol del estado: Entre la libertad y la cizaña

Vayamos más al final de la página para indicar que la administración o planificación del sistema de medios es un tema estratégico en la política moderna y posmoderna. El sector de medios y prensa sirve para mantener vivos los acuerdos sociales que sostienen el estado y la gobernabilidad. Es una cuestión de valores básicos, que se traducen en discursos y conductas. Hay mucho material publicado sobre este aspecto del sistema.

Así que, ahorremos recursos literarios y avisemos que lo sabroso va por los modos en que se distribuyen los medios, a quienes se da espacios y de cual clase, por cuanto tiempo se otorgan, el detalle de las reales garantías de libertad de expresión y opinión, y la capacidad de las autoridades para intervenir, según haya problemas específicos.

Por lo general, el estado llama a licitación para repartir licencias de medios: Organiza concursos de antecedentes, convoca a las empresas interesadas en el tema, y si demuestran idoneidad, experiencias previas y solvencia, se les da luz verde. Más arriba señalamos que los estados nacionales se reservan algunos espacios para sí mismos. Y acá viene la parte picante: En muchos países, la planificación de medios sigue criterios técnico – legales válidos, genuinos, políticamente correctos del repertorio de las democracias republicanas actuales.

Dicho en modo esquemático, esos países tienen bien claro que los medios son propiedad soberana del estado, y que el poder estatal se basa en la voluntad del pueblo por mantener los acuerdos sociales básicos, que a la larga constituyen la patria. Las experiencias dolorosas de haber padecido gobernantes déspotas, dictaduras bravas y guerras, les enseñó que la patria reside en las instituciones, que las administra el gobierno. Pero en el fondo, gobierno no siempre significa estado ni patria.

Los países aprenden a los bifes que los gobernantes y su comparsa van y vienen, y la patria es lo que queda. Entonces, tienen el criterio que todos estén contenidos por el sistema: Reconocen la legitimidad de los medios del estado y los privados. Garantizan libertad de criterio y expresión en ambos. Ponen los medios del estado a disposición de todos los sectores que tengan algo para decir. Esto incluye partido de gobierno de turno, oposición, grupos religiosos, empresarios y ONG en partes iguales. Bajo ningún argumento se permite a la fuerza gobernante ni a otros que copen la parada en los medios estatales. Los privados, que hagan de su culo un pito, pero en el sistema estatal estas son las reglas y se hacen cumplir. El sistema se mantiene plural, ya para ensalzar y ahogar en baba las cosas, o para putear al sistema de arriba abajo. Aprendieron por las malas que hay mucho lobo con piel de cordero, y mucha belleza con piel de asno. Por eso ya no se comen ningún amague.

Un tal Oscar Wilde decía que “El patriotismo es la virtud de los déspotas”, y si tienen dudas, pregúntenle a los alemanes por la experiencia del nazismo, o a los rusos por el comunismo, y de cómo cerraron ciertos medios, mientras cagaron a patadas, fusilaron o encanaron a intelectuales o periodistas críticos, mientras pusieron a dieta las ideas con sus regímenes. En otras naciones, en cambio, todavía hay que tomar mucha sopa, porque venimos flojos de papeles. No sé en el resto del cono sur, pero en Argentina hubo y sigue habiendo rico quilombo. Hay mucho escrito al respecto. Algunas cosas del tema las aprendí en la facultad, y estoy seguro que eso que me enseñaron fue apenas una porción de lo que hay.
Más arriba explicamos de donde viene la autoridad del estado en materia de comunicación. (Espacio aéreo, etc.) Esto es parte del derecho internacional, así que el estado nacional argentino se ajusta formalmente a las reglas en este punto. Ahora, bien: En nuestra historia institucional hasta ahora, la agenda se concentra en el Poder ejecutivo. El Poder judicial es el segundo en el ranking, y el Poder legislativo es el tercero en el podio. Explicado en criollo, la cosa es así: Entre idas y venidas, los sucesivos gobiernos de facto usaron al poder ejecutivo para administrar el ispa, y pusieron jueces amigos en las cortes y juzgados para controlar el clima interno; y por costumbre estratégica, el senado y la cámara de diputados fueron lo primero que cerraron los milicos.

En estado de derecho, muchos gobernantes civiles legítimos – aunque no muy honestos – rosquearon el poder legislativo, puentearon el judicial poniendo a dedo jueces amigos, y usaron el ejecutivo como patio de comidas y de juegos. Como consecuencia de la “bonita tradición institucional” que supimos conseguir, queda que a partir de los 40s en nuestro país hay fuerte identificación del poder ejecutivo con el sistema de medios.

Ampliemos la información: Con el correr de la historia, el progreso técnico/tecnológico en el sector de medios despertó el interés de nuestros gobernantes. Aquellos que duraron lo suficiente, desarrollaron leyes e iniciativas estratégicas para el sector. Otros, por su parte, dictaron decretos y medidas provisorias, que luego les cambiaron algún artículo, inciso, punto y coma, mientras tanto el tema de fondo se lo olvidaron en el freezer. Con esas medidas como marco, algunos instalaron la censura previa, y dictaron la intervención estatal en la totalidad del sistema de medios para domesticar la sociedad.

Haciendo uso y abuso de las decisiones a dedo, con políticas cizañeras y represivas, desarmaron en gran parte la industria nacional de medios. En el área, es costumbre que a las empresas amigas se las premie con licencias; mientras que a las empresas de prensa críticas, las mandan a cagar. Estos comportamientos son posibles gracias a los regios vacíos legales que nos han dejado tantas gestiones de baja calidad, siendo que algunas las hemos votado. La prensa hizo contra parte a este modelo de gestión de estado, generalmente con gran éxito. Pero también pagando con la vida y el exilio, el cierre de diarios y revistas, y el final abrupto de programas de radio y televisión.

En los últimos años, las autoridades argentinas tomaron el tema en sus manos, y dictaron una nueva ley orgánica para los medios de comunicación audiovisual, que resuelve un tanto el problema del vacío jurídico en el tema. En principio, parece una medida saludable, ya que este aspecto institucional siempre fue viva la pepa. Pero la letra de la ley y su espíritu no llegan a la profundidad que tienen los sistemas serios. La ley limita la cantidad de licencias, establece cuotas para el material producido en nuestro país, y cambia el modo de distribuir los medios por su tipo. Esta medida tiene sanción en el contexto de uno de tantos conflictos amargos, inútiles y perfectamente evitables entre uno de nuestros gobernantes de turno con una cantidad de medios críticos de su gestión, que presenta profundas reacciones alérgicas a los titulares en contra… en fin, ciertas mañas son difíciles de cambiar.

Los vicios en esto no son nuevos: Ya mencionamos algunos. Están bien documentados en una cantidad de papeles oficiales, parte de la historia de los medios argentinos, y el aporte de expertos nacionales e internacionales, que se estudia en las universidades. Recuerdo que cuando salió la actual ley, un especialista en planificación de medios – que yo tuve como docente en la facultad – expresaba optimismo moderado por la novedad. Su argumento era, palabra más, palabra menos, que siempre es menos grave tener una ley que regule los medios, a tener que vivir un vacío institucional permanente. Otra opinión en un blog sostiene que los gobernantes van y vienen, mientras las leyes tienden a permanecer. Hoy sancionan estas regulaciones para aplicarlas con criterios mezquinos, y en el futuro puede que otras autoridades las apliquen con salero.

El defecto, en cualquier caso, es que la libertad de expresión y participación son demasiado importantes para dejarlas en pocas manos. Esperemos que los próximos gobernantes sepan aprender las lecciones de la historia, y sobre la base existente puedan montar un sistema más amplio, tal cual el que mencionamos mucho mas arriba.

Seguimos en la segunda parte.

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Una pregunta de Hierro

Una pregunta de hierro:
¿Quien de nosotros, sin estar de acuerdo, puede exponerse a un discurso racista/autoritario/absolutista, del tipo que sea, sin que se mueva un musculo? ¿Tenemos esa templanza?
Usualmente, la reaccion es la furia. Bien justificada en mas de un caso, pero furia al fin. ¿Eso defiende nuestros valores mas correctos?
¿Somos capaces de masticar sin tragar otras opiniones, incluso las mas insultantes, para luego desarmarlas punto por punto? ¿Somos capaces de tomar con pragmatismo o cinismo esas ideas que nos revuelven el estomago?
Cuando hayamos llegado a esas instancias, supongo que de verdad habremos aprendido a discutir ideas.

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