Roberto goyeneche – Nada

Roberto Goyeneche – Nada

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Madres y Abuelas de la decepción

El tema de esta entrada es la evolución – al menos hasta ahora – de dos grandes Organizaciones No Gubernamentales argentinas: Madres de Plaza de Mayo, y Abuelas de Plaza De Mayo. Como todo el planeta sabe, son dos asociaciones civiles que reclaman al estado acerca de los desaparecidos durante la última dictadura militar. Las madres, piden el paradero o información sobre sus hijos. Las abuelas, sobre sus nietos.

El reclamo de ambas asociaciones es legítimo. No puede haber conflicto con eso. Es imposible estar en desacuerdo con sancionar las conductas de los dictadores.
Estamos hablando de familias rotas de prepo. Y eso no lo perdona la cultura en ninguna parte.

A partir del regreso a la democracia, tuvieron un momento social muy intenso a favor: fueron contrapeso moral de muchas faltas y fallas del sistema político y el estado. Hubo desmanejos legales en el tratamiento de los ex dictadores del proceso. Los gobiernos apretaron y aflojaron nudos en las causas penales contra los comandantes militares de aquellos años. Los hicieron ir y venir de tribunales y de la cana. Videla y Massera murieron en cana, en celda vip, pero en cana. Perdonaron al grueso de los suboficiales, pero pidieron obediencia a cambio. Y la mayoría obedeció. Algunos se retobaron, pero los vencieron.

Como alguna gente sabe, además del aspecto moral, el reclamo de madres y abuelas tiene dos facetas adicionales: Una dimensión política, institucional, que reside en la declaración universal de los derechos humanos. Y su consecuencia técnica inmediata, un aspecto legal, que pasa por juzgar con el debido proceso los delitos de lesa humanidad. Y aplicarles la condena que corresponde. Ni madres ni abuelas buscan venganza. Buscan justicia. No es poco.

Desde siempre fueron independientes. Pasaron militares, radicalismos y peronismos. Siempre les reclamaron. Algunos escucharon, otros fueron sordos. Ninguno ayudó mucho a buscar respuestas, hasta que apareció NCK, y las compró. Actualmente forman parte del Frente Para la Victoria (FPV) una facción del justicialismo. ¿Qué les paso?

Les pasaron muchas cosas, y todas están bastante bien documentadas en las noticias, inclusive las de actualidad. Las infiltró el servicio de inteligencia del ejército, y desaparecieron varias madres durante la dictadura. Consiguieron superar el indulto presidencial a los represores, por las causas judiciales contra las adopciones ilegales.

Tienen el cuero bien curtido para hablar de muchas cosas. Y estando casadas, o viudas, no se casaron con nadie. Tampoco se pusieron precio. Pero hoy, para su mal, cambiaron mucho. Busquen “Caso Etchecolatz” y la relación directa con el “Caso Lopez”. Busquen el vaciamiento de la fundación “sueños compartidos” y de la “universidad madres de plaza de mayo”. Hubo corrupción con cifras de muchos ceros. Cuando se las cuestionó por esto, se defendieron con argumentos débiles. Fea la actitud.

Pero no todas fueron malas: la novedad más importante para ellas debió ser el surgimiento de la asociación Hijos, formada mayormente por hijos y nietos recuperados. También forma parte del FPV.

Si tengo que arriesgar una teoría, ahí voy: En el fondo, varias de ellas se cansaron de esperar. Se decepcionaron del manejo institucional del tema por nuestra clase política, y para obtener respuestas antes de irse, pactaron oportunamente con alguien que podía ofrecer indicios. A cambio del favor, les pidieron obediencia al líder y al partido. Dicho y hecho.

Tal como está la cosa, parece que haber vendido gran parte de sus acciones al FPV fue un precio pequeño para obtener un gran progreso en resolver sus problemas. Organizaron un cuerpo de forenses que recuperaron muestras de ADN. Pusieron a su disposición el banco de archivos genéticos de la nación. Organizaron campañas para convocar a los jóvenes que tuvieran dudas sobre sus orígenes. Hubo extracciones de sangre y otras muestras. Tuvieron éxito: Hoy hay personas que conocen la verdad, ya que sus padres adoptivos nunca les contaron quienes eran. Hoy varios hijos y nietos de desaparecidos recuperaron su identidad. Pregúntenle a Victoria Donda, o a Ignacio Montoya Carlotto, sino. Pero también, al menos uno de ellos, terminó suicidándose.
A esas personas en crisis, no solo hay que contarles la verdad, sino contenerlas. Habría que ver quien hizo mal la tarea en ese caso. Y por favor, que nadie cargue la culpa en la victima, aun cuando haya muerto por mano propia. Nadie se mata porque sí.

No todas se vendieron al FPV, pero el grueso lo hizo.
El pañuelo no se mancha, pero se arruga. Queda mal puesto, queda grande, queda chico o chingado cuando hay corrupción. Y eso fue lo que pasó. Ahora, varias de ellas van a tener que resistir su propio archivo. Pero en el sentido más preciso de la frase. Porque nadie es igual a si mismo todo el tiempo. Además, si el archivo es incompleto o inexacto, cualquiera puede caer en trampas o chicanas. El archivo – para quien juega limpio – esta para dar información exacta de la relación entre figura y entorno.

Todos tenemos derecho a evolucionar, y el cambio es inevitable. Lo que nadie perdona es cambiar a costa de cualquier cosa, y mucho más imperdonable es caer en el ridículo. Veamos hasta donde llega esto en el futuro. Y felicitemos a las que nunca se corrompieron. A ellas, todo mi aliento.

Saludos & suerte

De Golpe y porrazo: Notas sobre el ejército argentino y los gobiernos de facto

Estado, milicos y civiles en el siglo XIX

 

Como alguna gente sabe, las fuerzas armadas argentinas surgieron de la historia española. A partir del s. XIX, hubo necesidad e interés de dejar de ser una colonia hispánica. Y yo de esto mucho no sé, pero tengo algunos indicios del tema. Aquí ya había fuertes, cuarteles y soldadesca, con la receta de la “madre patria”: Militares al servicio de los funcionarios reales, todos con título de nobleza, un territorio donde cobrar impuestos y luchar si había quilombo. Este orden no era un hecho gratuito ni inercial: Pertenecía a una mecánica social, reconocida por el derecho español, con la bendición de la iglesia, y el acuerdo de los ejércitos. Cuentan que el origen de muchos curas y soldados esta entre los menos suertudos de las familias “grandes de España”: La nobleza era para los primogénitos varones. Quien venía atrás, tenía que remarla. Y quienes tenían primogénitas, se apuraban a casarlas con familias poderosas, así nadie se caía del mapa. Como podrán advertir, los hermanos menores de los nobles tenían dos opciones; meterse a curas, o ir a las armas. Y como nadie quería perder la olla, se agarraba con uñas, dientes y todas sus fuerzas al sitio que le tocaba en suerte.

Seguro un historiador de temas castrenses va a decirlo mucho mejor que yo, pero es imposible entender la mentalidad de nuestros milicos, si no se sabe de dónde vienen. Los siglos pasaron. Los títulos nobiliarios están de adorno en muchos países, y el efecto de las guerras y las crisis dio varias palizas a las sociedades occidentales. Pero algunas cosas nunca cambiaron. Mitad por tradición, mitad por conveniencias. De ahí que la mentalidad militar sea profundamente conservadora. Al punto, la herencia cultural española es inevitable entre nuestros soldados. Y la influencia de otras fuerzas también: José de San Martin modernizó la caballería argentina. Trajo importadas estrategias y tácticas de Francia. El modelo español tenia infantería, caballería, y personal de apoyo. Los granaderos a caballo combinaban las técnicas de los infantes que tiraban granadas y los soldados montados. Medio copiando, medio inventando, San Martin sacó esta idea de los ejércitos de Napoleón. Como muchos realistas no estaban preparados para resistir esa novedad, bueno… el resultado fue evidente.

A medida que iban creciendo las fuerzas armadas, también progresaron las clases políticas civiles, mientras buscaban un nuevo modelo de estado nacional: Estaban de acuerdo en dejar el sistema colonial, pero varios no tenían ni la más puta idea de cuál sistema nuevo proponer, ni cómo administrarlo. En los inicios de la primera junta patria, hubo un enjuague político llamado “La mascarada de mayo”: La idea era aprovechar una coyuntura de política exterior, para ir desmarcando nuestro virreinato de la corona. España tenía problemas internos graves: La habían invadido los franceses. Los criollos, cuando se enteraron del tema, decidieron hacer un juramento de lealtad trucho a un rey de copas. La maniobra no duró mucho, y finalmente cortaron por lo sano. Guerra abierta a los realistas. El poder quedó en la Junta, que organizo el ejército. Pocos años más tarde hubo dos sistemas de gobierno: El Triunvirato, y el Directorio. Hay quien cuenta que hubo algunos problemas con el directorio. Habría que ver si fue así. De todas formas, el nuevo ejército argentino iba peleándola, y en desventaja: Tenían que cubrir un territorio grande, combatir y vencer a un enemigo mayor en tropas, armas y logística. Pero lo consiguieron. Finalmente, luego de idas y venidas, quedó instituido el sistema republicano democrático, con Rivadavia en su sillón.

Quizás suene disparatado, visto con el criterio actual. Pero en este paisaje, las fuerzas armadas fueron las primeras instituciones estables que conocimos. Daban prestigio, eran respetadas y respetables para propios y ajenos. Durante esta época – y eso que había ricos bolonkis en la administración del estado – ejército y sociedad civil no se pisaban entre sí. A lo largo y ancho del siglo diecinueve, era habitual que nuestros políticos pasaran por el ejército – aunque más no sea para aprender a cuadrarse y hacer la venia – para luego de la baja hacer su propia carrera como estadistas. Hubo civiles que cruzaron al ejército, y le dieron brillo: Señores militares como Manuel Belgrano no daban golpes de estado para la revolución americana. José de San Martin, mucho menos todavía. Aunque hay quien dice que tuvo sus propias inquietudes políticas. Un indicio de aquellas tendencias fue la reunión secreta con Simón bolívar, en Guayaquil. Se habla también de una parte de su correspondencia privada. Por otra parte, señores como Domingo Faustino Sarmiento, Bartolomé Mitre y Julio Argentino Roca pasaron por el ejército, y más luego fueron presidentes civiles de la nación. Así que, algo debió valer ser soldado en aquellos años.

La guerra civil entre unitarios y federales marcó a las fuerzas armadas. Lo que era un ejército, se partió en dos. Es posible y muy probable que varios veteranos de la guerra por la independencia, se vieran forzados a elegir uno de los dos lados. Pero lo más sabroso fue que a partir de ese momento, la política civil se entrometió por primera vez en la historia militar argentina.
Como mucha gente sabe, en el fondo, el conflicto fue por el control de la renta aduanera del puerto de buenos aires. Explicado en criollo, queda así: Éramos un país rico, con un puerto platudo, que vendía bien hacia afuera y se quedaba con los vueltos, mientras dejaba a las provincias cada vez más pobres. Desde tierra adentro, quizás hayan pensado así: “¿Somos Pajueranos? Quizás un poco sí. Pero boludos, no.” La bronca fue levando, hasta que finalmente reventaron las cosas.

El fusilamiento de Manuel Dorrego detonó el conflicto. Se sabe que Dorrego fue soldado, político, y periodista. Sirvió bajo el mando de Belgrano, y de San Martin. Entró como voluntario, sin paga. No fue un milico disciplinado, pero fue fiel. Y cuando había que pelearla, metía quinta a fondo. Era respetado por su coraje. Pero era un tipo muy jodón, y de ingenio afiladísimo. Varias veces puenteó la cadena de mando. Lo echaron por insubordinado, y lo mandaron en un buque al carajo. Vivió desterrado en estados unidos, donde aprendió periodismo, y fundo un diario. Ahí se interesó en la política argentina. Tiempo más tarde lo perdonaron. Regresó al país, hizo carrera, y llegó a Gobernador de la provincia de Buenos Aires. En medio del quilombo, todos miraban con atención a Dorrego: Tenía pergaminos y capacidad para mediar. Podía ponerle fin al problema, por las buenas y por las malas también. Como eso era demasiado poder para una sola persona, al final, lo fusilaron por las dudas. El ascenso de Juan Manuel de Rosas, el origen y funcionamiento de la Confederación argentina, lo explicamos un poco en “Que Sabe nadie”, así que nos salteamos una porción del asunto.

Pero saltear no significa ignorar. Lo que queremos contar es el aspecto militar, más que los motivos políticos. Señores caudillos como Facundo Quiroga, Estanislao López y Justo José de Urquiza fueron dignos exponentes la época de Rosas. Las estrategias y tácticas de guerra de guerrillas, usar señuelos y gambitos para distraer o aterrar al enemigo, eran el pan del día. Aprovechar el terreno elevado, bloquear y habilitar caminos para forzar la marcha del adversario, robar suministros, hacer reconocimientos, eran maniobras habituales. Dicen que la batalla de Vuelta de Obligado fue la más importante en nuestra historia naval: Por rosca política en el exterior, los unitarios consiguieron apoyo en la armada británica y francesa. Hubo bloqueo contra el puerto de buenos aires, bancado desde Montevideo. Los federales aguantaron con todo lo que tenían. Y finalmente ganaron. Ahorremos trámites literarios. Luego de estas victorias, Rosas estaba cada vez más atornillado a su silla. Urquiza se le dio vuelta, y entonces ayudó a que los unitarios lo bajaran de ahí, con la derrota federal en la batalla de Caseros. Las intenciones de Urquiza eran hacer continuidad con cambios. Por pocos años dirigió el régimen. Pero había perdido tropas, y el pacto con los unitarios le quitó imagen. Tuvo que dar paso al costado. El resto es historia.

Sigamos un poco más hasta el fondo, y veamos una gran movida militar, que fue la Campaña del Desierto. El asunto es que hubo reclutamiento forzado, para obligar a los gauchos a luchar contra los indios. Era una pelea desigual, y la guerrearon pobres contra pobres. De un lado, los gauchos en los fortines, obligados por los regimientos. El que podía, aprovechaba para desertar. A fin de cuentas, esa no era su pelea. Del otro, los pueblos originarios en sus tolderías, y los malones, el secuestro de las mujeres gringas, para mantenerlas cautivas y cobrar algún rescate. Aborígenes, sí. Idiotas, más bien que no. Esta maniobra les dio algunos buenos resultados, pero no la victoria. A los huincas les importaban los bienes raíces. La tierra se la quitaban a los indios, y se la repartían los que tenían el poder. Si quedaba algún gaucho vivo, le daban una patada en el culo y lo mandaban a la mierda. El “Martin Fierro” – nuestro poema nacional – hay que leerlo en este contexto exacto. No hay que quedarse con estrofas sueltas del viejo vizcacha, o los consejos de Fierro a sus hijos. Fue la protesta más fuerte contra las administraciones de nuestros conservadores y liberales de fines de siglo diecinueve. Hay mucho más del asunto. Recomiendo que lo busquen.

Estos episodios sirven para entender, antes que juzgar, que el ejército nacional se involucró hasta los huesos en el surgimiento y las transformaciones del país. Sirven para comprender que nuestras fuerzas armadas fueron importantes en el sistema social argentino. En otras partes del mundo, inclusive hoy, a los soldados les lleva tiempo y energías convivir con y obedecer a un solo sistema de gobierno e instituciones. Se cuenta que hay cortocircuitos bastante profundos cuando aumentan los presupuestos militares, y cuando los recortan también. Nuestros militares, desde su inicio, tuvieron que bancarse tres formas de gobierno: Eso es demasiado para cualquier ejército. Así, no hay cadena de mando que aguante. Y sin embargo, los soldados argentinos ayudaron a darle forma a la nación donde estamos parados.

 

De villanos y de idiotas

 

Yo de esto mucho no sé, pero si la política y los negocios son la continuación de la guerra por otros medios, a partir de aquí empieza la real comprensión del asunto. Es una obviedad, pero guerra, política y negocios son tres lenguajes distintos. El denominador común entre ellos es el pensamiento estratégico: Las tres cosas requieren información, preparación y logística. También requieren disciplina, sacrificio y coraje. Y en los tres, siempre hay algo para ganar o perder. En la antigüedad, los señores de cada región, provincia y feudo gobiernan por el poder de las armas y el cobro del diezmo, el tributo y los impuestos. Al llegar hasta el despotismo ilustrado, los nobles pierden control directo sobre sus territorios, y todo el poder se concentra en las cortes, dirigidas por los reyes. Por aquellas épocas, para gobernar solo tenías que ser noble, no soldado. Era conveniente saber usar una espada, pero si hacías bien los deberes, no era necesario. Bastaba con saber cambiar de lado sin dejar los buenos modales, para sobrevivir. Con la revolución francesa, aparece finalmente el modelo democrático republicano moderno. Mucho más adelante, se convierte en democracia de masas, y esto cambia bastante los esquemas. Con cada etapa en la historia de los sistemas políticos, las fuerzas armadas cambian sus cuotas de representación social, sin dejar de participar en el poder real. Las acciones militares siempre tuvieron dimensiones políticas y comerciales. Fíjense en las dos guerras mundiales, sino. El asunto es que en tiempos de paz o conflictos, los ejércitos ya no se llevan todo el crédito por sus acciones, como antes. Tal y como dijimos más atrás, conviven con y obedecen a las fuerzas civiles que gobiernan legitima y soberanamente cada nación.

Todos estos conceptos trazan un mapamundi para ubicar a nuestros milicos en la histérica historia más reciente. Ahora, que ya sabemos el territorio, empecemos el viaje. Hablando mal y pronto, la historia cuenta que los milicos entraron y salieron de la Rosada muchas veces. Según las décadas y los distintos episodios, hubo factores que ayudaron a voltear rápido a los civiles de turno. Según las épocas, hubo factores que ayudaron a una salida ordenada. Es decir, dictar leyes de perdón, volver a las barracas o cuarteles, y llamar a comicios. No vamos a contar toda la historia, ya que sería un exceso. Algunas cosas vamos a repasar, por supuesto. Pero no exageremos. No es nuestra intención envenenar ni hacer llorar a nadie.

De hecho, comencemos por el epilogo del tema: Luego de muchos golpes de estado, hoy no queremos dictaduras nunca más. A fuerza de errores y sufrimientos, nos costó, pero finalmente llegamos a un sistema democrático con continuidad. Todavía falta mejorar nuestra cultura republicana. De estos matices hablamos en dos textos: “Data inútil sobre el doble discurso político” y “Vote primero y putee después”. Al final, quedó confirmado que siempre es preferible la más trucha de las democracias libres, antes que la mejor de las tiranías. De las experiencias con los golpes, aprendimos que algunos “llamaban a la puerta de los cuarteles”, cuando un gobierno no les convenía. Y los milicos actuaban. Podían abstenerse, pero ese no fue el caso. Las primeras intervenciones no duraban mucho, y algunas veces las llamaron pomposamente “revoluciones”. Eran ilegales, por supuesto, pero no del todo ilegitimas.
Por faltas y fallas de cultura política civil y castrense – herencia de finales del siglo anterior – los regímenes militares del siglo pasado, contaban a menudo con el consenso pasivo del grueso de la población.

Ilustremos el asunto. Mi viejo escribió una vez, parodiando la ronda infantil “La farolera” […] “La democracia tropezó/y en la calle se cayó/y al pasar por un cuartel/se enamoró de un coronel” […] A menudo, los debates civiles fueron a lo bestia, con ideas incompletas, que seguían modas políticas de afuera, y usualmente reducidas a consignas o clichés. El resultado de esta pedagogía política fue criar generaciones con los caramelos pegoteados, sin la más puta idea de cómo administrar siquiera un quiosco. En consecuencia, muchos pidieron orden. Y sus plegarias fueron escuchadas. Hubo orden, y paz de los cementerios. Para explicar la validez que se dio a los golpes de estado, quizás venga bien esta cita de “Batman: El caballero de la noche” (Batman: The Dark Knight. Christopher Nolan, 2012)

[…] “- Cuando había enemigos a sus puertas, los Romanos suspendían la democracia, y nombraban un protector. No se consideraba un honor, se consideraba un servicio público
– Harvey, la última persona nombrada para proteger a la republica fue Cesar, y no cedió su poder
– Bien, de acuerdo….o mueres siendo un héroe, o vives suficiente para convertirte en villano” […]

Por supuesto, argentina no es ciudad gótica. Pero eso de convertirse en “los malos” sucedió con todos nuestros militares golpistas, que por cierto, no gobernaron solos. En la previa y la retirada, hubo empresarios, obispos, diplomáticos, y más que nada, jueces amigos que allanaron el camino.
La mayoría de los gobiernos golpistas tercerizó el manejo de la economía. Hubo ministros de economía conservadores, como Adalberto Kieger Vassena o Federico Pinedo. Hubo neoliberales, como José Martínez de Hoz, o Jorge Whebe. En el mediano y largo plazo, los milicos quedaron como que solo hicieron ruido, sin resolver los problemas de la patria. Mientras tanto, sus socios civiles se retiraron en silencio, para reciclarse sin quedar cuestionados de alguna forma. Bien lo explica el viejo adagio que dice “A veces, es preferible quedar como villano, antes que idiota.”

Resumiendo, tenemos que:

  • El ejército nacional argentino, fruto de la primera junta de gobierno criolla, luchó y gano la guerra por la independencia de nuestro país. Convivio con el triunvirato, el directorio, y finalmente quedó como parte del sistema democrático republicano.
  • Sus primeros líderes (José de San Martin, Manuel Belgrano, Manuel Dorrego y otros) se concentraron en los aspectos netamente militares de sus propias decisiones y acciones. Estaban conscientes que sus órdenes tenían dimensiones políticas, pero nunca las tomaron en sus propias manos. Ese aspecto correspondió a los civiles.
  • Hubo uso político de las armas a fines del s.XIX, con la guerra civil entre unitarios y federales. Otros episodios, como la conquista del desierto y los gobiernos de facto a partir del siglo XX solo profundizaron las cosas.

 

Tres golpes y un par de internas

 

Toda dictadura moderna sigue una receta básica: Suspender al poder legislativo, intervenir los gobiernos provinciales, intervenir los gremios, y los medios de comunicación masiva.
Puentear el poder judicial, y concentrar las instituciones en el poder ejecutivo. Específicamente, entre las fuerzas armadas. Suele haber ley marcial, o estado de sitio mientras dura el régimen. Y tal como dijimos más atrás, hay la tendencia general de “tercerizar” la administración de la economía pública. Es decir, dejarle el control del área a ciertos civiles a las órdenes del régimen. – Habría que revisar si alguna dictadura tuvo un ministro de economía militar y economía de guerra. – Las dictaduras intervienen en educación, salud, impuestos y demás dependencias del estado, para fomentar climas favorables a su estilo de gobierno. Es opcional el culto a la personalidad de los gobernantes, para recordarle a la gente quien manda.

Herencia de las levas del siglo diecinueve, gobiernos civiles y de facto desarrollan y mantienen el sistema de conscripción militar obligatoria de un año para los varones civiles de 18 años en las fuerzas armadas. La colimba es una herramienta importante para influir en la sociedad. Según los textos, es un recurso noble para defender al país del ataque de sus enemigos. Según las coyunturas, sirve para fortalecer el sistema… y más cuando hay botas puestas. Hay que recordarle quien manda a estos tagarnas, che…

Son altamente convenientes las alianzas y pactos estratégicos con sectores y factores de poder como la iglesia, las grandes empresas, y los círculos diplomáticos. Las dictaduras modernas tienden a la mentalidad neoconservadora y neoliberal, en medida variable. Por lo general, tienden a ser regímenes provisorios. Varios gobiernos de facto aspiraron a perpetuarse en el poder. Por problemas internos y conflictos exteriores acumulados, han caído todos. De hecho, hubo reparto muy poco claro de ascensos, y bastante angurria por ocupar la silla premiada. Hay una excepción que confirma esta regla: La dictadura comunista de Cuba. Aquí hacemos un repaso de tres grandes golpes de estado en argentina. Nos detenemos en un par de conflictos internos, por la importancia que tuvieron para los hechos posteriores.

  • Golpe del 30

    Como mucha gente sabe, el primer golpe de estado argentino fue en 1930. Interrumpió el segundo mandato de Hipólito Yrigoyen. Fue una reacción alérgica de los
    grupos conservadores contra el radicalismo. Los conservadores se habían ido del gobierno, pero nunca del poder. Influyeron sobre el generalato, los suboficiales, y tenían una minoría civil que apoyaba el proyecto. El resultado fue la breve presidencia de José Félix Uriburu. Afirman que el régimen tuvo jueces amigos, que dictaron un decreto, jurisprudencia para justificar la medida. Sobre este decreto se montaron el resto de los golpes militares. Pero no nos apuremos: Cuentan por ahí que el proyecto de Uriburu era reformular la república para convertirla en un modelo corporativo, similar a la organización medieval de algunos países europeos. El segundo al mando, Agustín P. Justo, no estaba de acuerdo. Buscaba un gobierno provisorio. Al final, hubo un enroque. Justo por Uriburu. La crisis de liderazgo y los problemas de caja hicieron caer el sistema. – Vamos de una proclama titulada “La hora de la espada”, a un párrafo que define al ejercito como “Espada sin cabeza” ambos escritos por Leopoldo Lugones, adicto al régimen – Retirada al cuartel y llamado a comicios.

     

  • Revolución libertadora

    El año es 1955. La revolución libertadora es un golpe de estado que expulsa a Perón de la presidencia, sobre el final de su segundo mandato. Comienza con un bombardeo de aviones de la marina contra la plaza de mayo y la casa rosada, donde mueren muchos civiles. Es una típica reacción alérgica conservadora, que contiene moco radical: En la previa, hay acuerdos entre un sector de la UCR, los militares y la cúpula de la iglesia. Asumen dos presidentes de facto consecutivos. Siguen el esquema político que definimos mucho más arriba. (Gobierno provisorio, economía neoliberal, etc.) Y por problemas internos, el régimen va decayendo hasta pedir el libro de pases. Antes de salir, proscriben al justicialismo, bautizan a perón “Tirano prófugo”, y prohíben toda mención de Eva y Juan Domingo Cangallo. Los radicales aprovechan para sacar ventaja en las elecciones, con el pj fuera de la cancha. Pero el horóscopo sale mal: Pasan a ser ninguneados y derrocados por los milicos. La primera presidencia radical en este esquema sucede en 1962. El radical Arturo Frondizi padece varios “planteos militares” seguidos. Es decir, insurrecciones. Cuando no aguanta para más, redondamente lo voltean. Asume el radical José María Guido, con mandato trucho. Ya que transa con los golpistas, y los deja hacer. Esto sigue con los azules y colorados mas adelante.

     

  • El Levantamiento de Valle

    Sucedió en el curso de la revolución libertadora: En 1956. Un general, Juan José Valle, se sublevó contra el régimen. El tipo quiso restaurar la democracia… O más bien recuperar a Perón. No me queda claro. Pero seguro dio un tiro para el lado de la justicia. Figura paradójica pero efectiva para definir el asunto, ya que ni Valle ni sus tropas dispararon contra nadie. Sencillamente, desacataron las órdenes de arriba. Tomaron parte de las instalaciones de
    Campo de Mayo para protestar. Sus intenciones fueron las más correctas para cualquier milico. Quizás haya sabido desde el inicio que se la estaba jugando hasta el fondo. Y por la poca evidencia que hay, tal vez haya sido uno de pocos militares modernos con conciencia y coraje suficientes para dejarnos buen ejemplo del sentido de ser soldado. Hay constancia de sus motivos en una proclama y una carta que sobrevivieron a su muerte. Por supuesto, las tropas leales del régimen le rodearon la manzana. Lo prendieron preso y lo ejecutaron junto a veintiséis de sus hombres.

     

  • Azules y colorados

    El año es 1962. Sucedió durante la presidencia trucha de José María Guido. Antes que golpe, fue una abolladura: Era una discusión interna de las fuerzas armadas. Sin embargo, en lugar de quedar puertas adentro, salió a las calles. Hubo dos bandos que se disputaron la dirección estratégica de nuestros ejércitos. De un lado, estaban los “Azules”, leales al presidente. Del otro, los “Colorados”: descontentos y rebeldes contra la gestión del presidente de turno. La bronca fue porque Guido tenía intenciones de aflojar el corset puesto al peronismo. Una parte del régimen estaba a favor de esta idea, y quedó ante todos como azul y “legalista”. Otra parte, por supuesto, estaba en contra. Hay quien dice que ninguno de los dos bandos quería la interferencia de Perón en la fuerza. Esto explica la evolución de Juan Carlos Ongania, que más adelante destiñe: Pasa de azul y legalista, a colorado e intervencionista. Y llega a presidente de facto como muchos de sus colegas. Pero eso es otra historia.

     

  • Proceso de reorganización nacional

    El año es 1976: de tanto haber entrado y salido de la rosada, las tres fuerzas armadas al fin diseñaron un plan de gobierno propio. Aprovecharon la primera presidencia del justicialismo sin su líder. Tomaron el poder sin mucho esfuerzo. Siguieron el esquema clásico: todo el poder a las fuerzas en el ejecutivo, y el control de las cuentas nacionales para los economistas liberales. Aspiraban a perpetuarse en el poder, y lo consiguieron por seis años y medio. Para evitar las internas, dictaron un reglamento. Un triunvirato, llamado junta militar de gobierno, formado con un oficial de cada fuerza. De ahí salía el presidente. Hubo una comisión de asesores, en lugar de congreso. Estaba formada por civiles y militares. Y depuraron el poder judicial, poniendo jueces amigos. Fue el gobierno de facto más largo y sangriento hasta ahora. Tuvo un férreo control de la información. Tuvo un plan sistemático de genocidio contra la población civil. Una red de centros clandestinos de detención, donde fuerzas especiales detuvieron, torturaron y ejecutaron entre 6000 a 30.000 personas, según quien lleve las estadísticas. Muchos coinciden en la cifra más alta. Pero los daños más graves fueron dos grandes efectos colaterales: El primero fue que muchas prisioneras estaban embarazadas, y tuvieron hijos durante el cautiverio. Implementaron un plan de entrega ilegal en adopción de aquellas criaturas a una cantidad de familias afines al régimen. El segundo fue la guerra de Malvinas. En 1982, el general Leopoldo Fortunato Galtieri ordenó recuperar para Argentina las islas Malvinas, en poder de gran Bretaña desde el siglo XIX al sur de nuestro territorio. Las fuerzas armadas organizaron una gran movilización de tropas, compuesta por conscriptos en su mayoría, y los envía a combatir casi sin preparación. Un pequeño porcentaje de soldados profesionales los dirigieron en el campo. La operación, en el fondo, era un gambito para desviar la atención de muchos problemas internos. Los militares argentinos no esperaban que Inglaterra y sus aliados reaccionaran. Pero lo hicieron: enviaron un contingente de soldados profesionales, bien armados y abastecidos, que
    combatieron y finalmente vencieron a los conscriptos nacionales. Durante la guerra, algunos militares argentinos de alto rango entendieron que la mayor hipótesis de conflicto estaba en la zona, pero en el canal del Beagle. Un territorio en conflicto limítrofe con Chile. Tuvieron la intención de llegar a Malvinas y progresar hacia el canal. En paralelo con los combates, hubo una gran campaña de propaganda interna, que fomentaba un microclima de fervor patriotero. La derrota marcó el inicio del fin para el proceso de reorganización. Débil y desprestigiado, el régimen nombró a un último presidente militar, que preparó la salida habitual del gobierno. Entre 1982 y 1983 comienza la transición hacia nuestra actual democracia republicana.

 

A modo de conclusión parcial: Estos eventos son apenas algunos indicadores de un tema de fondo, mucho más extenso y profundo. Si este ensayo ya es largo, imaginen un trabajo histórico de varios tomos. De todas maneras, podemos hacer mención del tema, sin entrar en demasiado detalle. Al llegar el S. XX nuestro ejército tuvo otras influencias técnicas, además del modelo napoleónico. Cada una tenía sus propias dimensiones políticas. A los ponchazos, adopto y adapto todo lo que pudo a las costumbres argentinas. Entre los años 20s/30s, los milicos siguieron el modelo del ejercito prusiano.
Entre los 30s/50s, siguieron la moda del fascismo: invento italiano que perfeccionaron los alemanes, hasta que se pinchó en Japón. Entre los 60s/70s, cambia la onda. Hay un viraje hacia la doctrina de la seguridad interior. Hay aportes importantes para el entrenamiento de los oficiales en la escuela de las Américas. Hemos hablado de esa institución en “Que sabe nadie”. Se habla del plan cóndor: una iniciativa estratégica del departamento de defensa de los estados unidos, que alienta los golpes de estado en el cono sur. La idea es mantener bloqueada la zona, para que la guerra fría no se propague a nuestra región.

En paralelo, el partido conservador y el pensamiento oligárquico se vuelven inorgánicos. Agotan su propio modelo, y no pueden acceder al estado sin fraude. Fomentan en la practica un “partido militar”, que interviene en el estado mientras tiene sus internas. El golpe es un modo sordo de transición y aprendizaje político para los militares, que no se acomodan a la república. Pero no porque la rechacen, sino porque las gestiones civiles no contienen debidamente a nuestros militares. Al punto, los partidos políticos a cargo parecen no dialogar con ellos ni entre sí. Escuchar a la conserva y la oligarquía les queda más a mano, y da alguna ganancia por un tiempo. No sé exactamente cuanta. Pero para atender a ciertos civiles que les tocaban el timbre, algo jugoso debieron obtener por la molestia. Ahora, vayamos a las conclusiones.

 

Algunas conclusiones e ideas

 

De entrada, aclaremos algo: Es imposible estar en desacuerdo – y yo soy uno más que suscribe – que toda dictadura es repudiable. Merece juicio y castigo. Es un delito contra el estado, que cuando sucede, opera en cascada: produce delitos desde el estado, de índole variada. Pero esto no quita asumir la parte civil del conflicto. Los milicos siempre quedaron como los malos de la historieta, porque los civiles son quienes cuentan el relato oficial de los golpes de estado. Del mismo modo que conviene ser villano antes que idiota, conviene ser víctima antes que imbécil. En fin, nosotros como pueblo tenemos que reconocer que el último golpe y todos los anteriores no salieron de un repollo.

Tenemos que dejar de jugar al gran bonete, donde “¿Yo, señor?” “Si, señor” “Yo no, señor” y la culpa la tiene el gran bonete. Puesto en términos más técnicos, muchos han hablado de los golpes como si no hubieran estado ahí. Esas cartas, nunca. Cuando se terminaron los golpes, por y a pesar de salidas más o menos ordenadas, nuestras fuerzas armadas tendieron a quedar descolocadas ante las evoluciones del sistema. La justicia militar, están todos bien… gracias. Y la justicia civil, entre leyes de perdón, denuncias acumuladas o archivadas, y encogerse de hombros. El poder legislativo, de humor cambiante, pidiendo al poder ejecutivo que limpie el desastre. Los generales siempre consiguieron justificarse. Con argumentos débiles, sofismas, boludeces, pero siempre consiguieron justificarse. Los suboficiales también se blanquearon. La cadena de mando fue su excusa. De un tiempo a esta parte, eso fue costándoles cada vez más. Luego del proceso, fue imposible.

El último relato civil oficial es contundente al respecto: 30.000 víctimas que quedaron como mártires. Varios de ellos fueron daño colateral, que torna mucho más feroces a los milicos. Poco dice esta historia del terrible daño que hubo en las previas, por falta de elemental cultura política. Y que nade se coma ningún amague: fue tanto por derecha como izquierda. Tuvimos revolucionarios desubicados y tirabombas, que querían importar a la argentina el modelo ruso, chino y cubano, sin siquiera haberlo conocido allá, al menos una semana. Tuvimos intelectuales de izquierda que buscaban probar quien era más extremo que Marx; con una izquierda minoritaria, dividida, sin organización ni una cebita para jugar a la guerrilla, las derechas les pasaron el trapo. Tuvimos derechistas que no anduvieron derecho; fascistas, racistas y violentos, que “salían de fierros” a la noche a cazar zurditos. Tuvimos intelectuales de derechas que los justificaban mediante la defensa chauvinista de la patria, y la moralina pacata. Usaban argumentos medievales. El resto de la población, harta de tanto quilombo, se expresó mediante un “operativo clamor” por el orden y la paz. El resto, ya se sabe.

Una más: hay que evitar la miopía, e ir más allá del argumento de los dos demonios, donde ganó el menos peor. Acá, todos perdieron. Unos más temprano que pronto, y el resto a la larga. Después de Núremberg, el juicio a las juntas del proceso hizo historia. Además de sus dimensiones políticas de corto y mediano plazo, tuvo una consecuencia institucional. El retorno y la transición a la democracia republicana. Y si bien tenemos 32 años de democracia sin golpes, todavía tenemos que tomar mucha sopa para corregir errores. En modo esquemático: después de la última dictadura, los milicos que quedaron, la pasaron entrando y saliendo de tribunales. Las gestiones civiles cerraron y reabrieron casos, según soplaban los vientos. De vez en cuando, había algo de justicia. Detalles sórdidos, a continuación…

  • Raúl Alfonsín, radical, impulsó el juicio a las juntas. Siguiendo el debido proceso, los jueces de la suprema corte condenaron a los comandantes genocidas. Los suboficiales iban a ser los siguientes en pasar por tribunales. Vieron las barbas de sus superiores pasar, y se sublevaron. Los vencieron pactando. El producto de esta negociación fueron las leyes de obediencia debida y punto final. Los milicos se calmaron. “Felices pascuas, la casa está en orden” ¿Se acuerdan? De hecho, el líder de aquellos rebeldes se recicló a si mismo luego de rendirse y cumplir condena. Cruzó a la política civil. Estamos hablando del teniente coronel retirado Aldo Rico. No sé si se acuerdan.

  • Carlos Menem, peronista, decretó indulto a los ex – comandantes del proceso que quedaban vivos, para pacificar las cosas. Un par de veces se retobaron contra su gobierno. Las tropas leales los redujeron al toque. El perdón presidencial – repudiado al 1000 % por políticamente incorrecto – rindió sus frutos. Muchos habían estudiado con la vieja escuela, y estaban aprendiendo a reciclarse. Una presidencia más amistosa les venía bien. Claro que no todos quedaron muy contentos. Mucho después de haber sido derrotado, el teniente Mohamed Ali Seineldin murió en prisión, despotricando contra el sistema.
  • En la segunda presidencia de Menem, el asesinato de un colimba puso en tela de juicio la conscripción obligatoria. La gestión civil reformó el sistema: hoy enlistarse es voluntario, rentado, y abre camino para la carrera militar profesional.
    Un detalle importante: A partir de ese momento, es mixto. El reclutamiento obligatorio queda en suspenso, y puede ser usado en caso de guerra. Hasta acá, los militares quedan bastante contenidos por el sistema. Pero todas las cosas buenas tienen final: Los civiles descubrieron que las adopciones ilegales son delitos de lesa humanidad, que nunca prescriben… En criollo: indulto, las pelotas. Con los pibes no se jode. Se abren investigaciones y causas judiciales.
  • Fernando De La Rúa, radical, aflojó ciertos nudos del tema. Impulsó derogar las leyes de obediencia debida y punto final, con éxito. Más adelante, Néstor Kirchner, peronista, fue el presidente que puso más fichas en el asunto. Los comandantes fueron llamados a tribunales, y de vuelta en cana. Dos de los más longevos murieron en prisión. Por temas de coyuntura, el manejo reciente del tema viene muy discutido. Quizás lo veamos en otro escrito.

En consecuencia, hay que contener, representar y educar mejor a nuestros militares. Porque, desorientados como han estado, enseguida se fueron a las manos por cualquiera. Al punto, ser militar no es solo tener madera de soldado, y seguir una vocación. Es también un trabajo moderno, con derechos y obligaciones. Recordemos que las fuerzas armadas son un gran factor social, además de una institución del estado. Son más viejas que el estado republicano en cualquier país. Conviven no sin problemas, pero conviven con el resto del sistema y sus evoluciones: En EE.UU. la conscripción obligatoria cae luego de los fiascos de Corea y Vietnam. Hablando del asunto…Actualmente en estados unidos, hay muchos inmigrantes flojos de papeles, que obtienen ciudadanía oficial sirviendo voluntariamente en las fuerzas armadas. Y les cuesta, ya que están en guerra con países de medio oriente desde hace mucho, sin haber ganado del todo. Esto es indicador que En el mundo, se alentaba hacía ya mucho el reclutamiento voluntario y la formación militar profesional. Argentina tardó en aprender esto. Pero lo hizo. Y ahora que lo pienso, para facilitar la representación y contención en el sistema, nuestros militares deberían tener un gremio – desarmado, claro está – que los represente. En otros países hay gremios de policías, bomberos y fuerzas de seguridad. Sin armas, por supuesto. Nuestras leyes interpretan que si una protesta es con armas en la mano, es insurrección. Y debe ser reprimida por el estado. Es un argumento válido. Las armas son de la nación, para defenderse, no para atacarse a sí misma. Pero igual, marchen presos: recuerden los golpes, a Valle, y los Azules contra los Colorados. Para que no se repita, conviene aprender las lecciones de nuestra propia historia.

Aquí terminamos, y nos vamos a cuarteles de invierno. Hagamos la venia para los buenos soldados, que los hubo. Y para que haya más en el futuro.

Maneco explicado: Un apunte sobre humor grafico argentino.

“Las Desventuras de Maneco” Eduardo Linage para “Caras y Caretas”, 1932

“Las desventuras de Maneco” fue una tira cómica de Eduardo Linage (13-10-1901/07-08-1977) caricaturista de origen español radicado en nuestro país, que se publicaba en la revista “Caras y Caretas” a partir del 1932 hasta el ocaso de esta publicación al llegar los años 40´ El formato de “Las desventuras…” con guion del propio Linage, oscila entre las nueve y doce viñetas para relatar historias unitarias sobre las peripecias de un pícaro, siempre frustrado en sus intentos por sacar ventaja a favor propio en varias situaciones donde participa directamente y otras donde se ve involucrado. Maneco es uno de los primeros antihéroes modernos en la historieta cómica argentina del siglo XX. Los expertos coinciden en el hecho que Maneco representa al típico “Chanta argentino” por primera vez en un medio masivo de nuestro país. “Las desventuras…” tiene su mayor antecedente en las peripecias de otro pícaro pintoresco; “Las aventuras del Negro Raúl”, tira diaria de Arturo Lanteri en la revista “El Hogar” a partir de 1916, donde el personaje principal (el negro Raúl) es también burlador siempre burlado.

Ilustración – Las desventuras de Maneco, Eduardo Linage -“Caras y Caretas”, 1932. Museo del humor de Buenos Aires

De regreso a “Las desventuras…” Linage contribuye a definir el molde para historietas posteriores como “Locuras de Isidoro Cañones” de Lino Palacio, “Inodoro Pereyra: El renegaú” de Roberto Fontanarrosa, etc. Maneco a veces cuenta con ayudas, pero mayormente actúa por su propia cuenta y riesgo. Maneco aprovecha eventos como excusa para relacionarse con personajes adinerados (su target más frecuente son las hijas de algunos comerciantes acaudalados) con intención de obtener grandes sumas, y si se da la chance, también ascender socialmente. Es importante observar que Maneco nunca actúa fuera de la ley; sus conductas son aceptables, pero sus intenciones no son del todo legítimas, y eso lo convierte en antihéroe. A todos sus intentos se oponen ardides defensivos de sus posibles víctimas, y siempre hay gran dosis de descuidos propios y malentendidos que generan risa. Sin excepción, los motivos del personaje principal de esta tira quedan al descubierto y eso representa un castigo para él, que nunca puede obtener los resultados que espera. Maneco y otros personajes por el estilo se inscriben en la tradición del llamado “Humor blanco”, “Humor inocente” conocido también como “Humor No – tendencioso” en el sentido que satiriza conductas ampliamente reconocidas, y no expresa ideas reformistas o posturas políticas que generalmente van dirigidas contra grupos, instituciones o figuras públicas. El énfasis del humor blanco está puesto en revisar y ridiculizar valores, usos y actitudes características propias de un tiempo y lugar determinados. Al punto, “Las desventuras…” es una tira cómica que amonesta con severa ironía el arte de los vividores. Maneco confía ciegamente en las artimañas de los picaros como medio para sobrevivir y progresar; aplica tretas con mucha pasión. Pero nuestro personaje, por el esfuerzo que pone a cada paso, a veces queda ingenuamente en falsa escuadra respecto de aquello que emprende. En este punto, cuando las circunstancias lo superan, Maneco queda envuelto en hilarantes incongruencias ante la vista del lector.
Maneco y su universo no quedan completos si no mencionamos sus aspectos gráficos más salientes y los reenvíos de su tira para con la década que lo vio nacer. Para cumplir lo primero, usamos la ilustración en la página anterior: Linage dibuja caricaturas de personas; salvo un par de personajes secundarios, el botones que aparece en el tercer cuadro y el canillita que aparece en el quinto y sexto cuadro, las figuras carecen de cuello, y la unión entre cabeza y torso está resuelta mediante el uso de pañuelos, corbatas y otros accesorios de sus trajes. Excepto por los pies, que son más chicos que el resto del cuerpo en todos los personajes, no hay grandes diferencias de proporción entre ellos y el tamaño de sus respectivas cabezas; los rostros, en cambio, son los que tienen algunas alteraciones. En el ejemplo las cabezas tienden a ser redondeadas y presentan ojos grandes, cejas relativamente pequeñas, narices exageradas por aumento de las proporciones respecto del resto del rostro en el gaucho y el gerente del hotel, mientras que en el caso de Maneco la nariz es exagerada por lo pequeño. Las bocas son pequeñas en los tres personajes principales. Linage no altera las proporciones cuando dibuja ambientes ni objetos, pero en los tres últimos cuadros reduce el entorno del hall del hotel a la vista parcial de una columna y en los dos últimos el entorno desaparece por completo, para que nada distraiga al lector de las expresiones de las figuras y el contenido del texto. A propósito del guion escrito y su ensamble con las imágenes, resulta de interés seguir el esquema anclaje/relevo, definido por Roland Barthes en uno de sus ensayos más clásicos: En nuestro ejemplo, la relación entre textos y viñetas revela mayormente la función de relevo antes que anclaje; el sentido que se le otorga a las imágenes – por naturaleza analógicas y con significado abierto – en cada viñeta está determinado por la información complementaria que proveen los textos – de orden convencional, sintagmático y deíctico – que encontramos en la parte superior de cada cuadro. Podemos advertir que hay diálogos entre los personajes cuando debajo de uno de ellos hay una pequeña cantidad de palabras que permiten al lector asociar discursos e intenciones con cada una de las figuras, y al seguir la secuencia del relato, es esa relación la que nos ayuda a comprender como evoluciona la trama. En este punto, y para nuestro ejemplo, resulta útil recordar las técnicas del desplazamiento y del desatino investigadas por Sigmund Freud en su ensayo “El chiste y su relación con el inconsciente”; dicho en modo esquemático, el desplazamiento habilita construir un chiste mediante errores intelectuales y sofísticos, que expresan desvíos en los procesos mentales habituales en ciertas circunstancias para poner el acento y fijar nuestras energías psíquicas en un tema distinto – a veces lateral – del proceso iniciado en primera instancia. Esta técnica no depende tanto de las palabras, sino de los procesos mentales que establecemos para relacionarnos con el mundo. La técnica del desatino, por su parte, consiste en la introducción de algo simple o desatinado, cuyo sentido último es la revelación de otro desatino o simpleza, a menudo mayor que lo percibido en primer lugar. Podemos decir que en nuestro ejemplo hay una combinación de ambas cosas, siendo el desatino la más fuerte de las dos. Cuando el gerente de hotel da trabajo a Maneco para que promocione los servicios de su negocio, Maneco no puede resistir la tentación de tomar un pequeño desvío mental sobre el asunto, así que no solamente busca potenciales clientes para el hotel, sino que además busca atraer incautos de los cuales sacar ventaja. Cuando encuentra uno en la estación de tren, luego de un breve dialogo sobre la categoría del local en cuestión, sugiere antes de presentárselo al gerente que se trata de un estanciero adinerado que viene a gastar en grande. Pero el error intelectual de Maneco dura bien poco, y se revela como desatino. El gaucho que atraen al hotel conversa con el gerente y con maneco no tanto para registrarse como pasajero, sino más bien para pedir un puesto de trabajo como peón de cocina. La simpleza del razonamiento de Maneco, incluidas sus ambiciones de sacar tajada, chocan contra la real conducta del gaucho, que revela sus intenciones ante el administrador. La equivocación de Maneco se hace evidente y se pierde de ganar los veinte pesos por traer un huésped. Más atrás mencionábamos que muchas de las posibles víctimas de Maneco, cuando advierten su presencia, se sirven de ardides defensivos; la precisa y escasa conversación del hombre de nuestro interior, sin concederle nada a nuestro intermediario es justamente una de esas defensas. En otras ocasiones, cuando busca galanteos con alguna heredera, las chicas intercambian lugares con sus mucamas, obviamente para nada atractivas ante la vista de Maneco. Estos planteos, habituales en la tira, son el reflejo indirecto del estado de la sociedad argentina entre las décadas del 20 y el 30. La gran depresión en Estados Unidos produce efectos negativos en el resto del continente y afecta a Europa. La crisis económica en nuestro país erosiona el bienestar y la movilidad social entre la clase media y alta. Comienzan a verse diferencias y distinciones entre aquellos que conservan su fortuna, los que mantienen con esfuerzo su poder adquisitivo en parte, y los que pierden sus medios de subsistencia; ante un panorama nada alentador, muchas personas venidas a menos buscan algún atajo para mejorar su situación. Linage no se ríe de ellos, sino con ellos, y su intención satírica en el fondo es moralizante, ya que mediante una ficción muestra y demuestra que la codicia rompe el saco, tal como reza el dicho.

Bibliografia

Ana B.Flores – “Politicas del humor”, cap 2, sección 2.2.3.2 “La tecnica del chiste”, Ferreyra Editor, 2000. Incluido en el material de catedra del presente seminario

Luis del Popolo – “Maneco, el Chanta porteño” publicado en el Blog Sonrisas argentinas. Link abajo.

http://sonrisasargentinas.blogspot.com.ar/2011/07/maneco-el-chanta-porteno.html

Nestor Gustavo Giunta – “La historia del comic en la argentina”, publicado en la página web “Todo Historietas”. Link abajo.

http://www.todohistorietas.com.ar/historia_argentina_1.htm#TOP

La imagen que reproducimos es gentileza del museo del humor de la ciudad autonoma de Buenos aires