Sangre Azul

Bueh, como venía diciendo… pasó que después de muchas vueltas, la princesa besó al sapo, y así se rompió el hechizo que vos ya sabés. Se casaron, fueron a vivir a un palacio alquilado, y como había subido mucho el precio del kilo de perdiz tuvieron que arreglarse con unos churrasquitos y con algunas supremas de pollo…fueron tapa de revistas, recibieron propuestas de varias editoriales por los derechos de autor para autobiografías, cuentos románticos de hadas, cosas así…agarraron viaje en algunas, mucho más para dar gusto a la parentela que por reales necesidades de hacer publicidad. La fama les duro poco; fueron “la pareja perfecta”, hasta que en el otro reino surgió lo de la cenicienta, y en cuestión de pocos días se olvidaron de ellos. Una cosa que poca gente sabe es que cuando en la corte empezaron a darse cuenta de que les iba faltando prensa para este asunto, casi se armaba la podrida entre la familia de él, que tenían el mayor porcentaje de comercialización de los cuadros, recuerdos y demás cosas de promoción, y la de ella, que a decir verdad estaban un poco podridos de toda la comparsa. Mira vos que había que bancarse por lo menos seis horas todas las semanas que viniese el pintor fulano de tal, que eligiese donde hacer el cuadro, quedarse piola posando a pesar de querer ir al baño, limpiar el enchastre de grasa, óleo, aguarrás y otras porquerías que dejaba en los tapices, y encima invitarlo a comer para quedar bien con la gente de la editorial que lo mandaba…Lo que estaba contando era que una vuelta casi se armo la de San Quintin porque pasó que un primo del rey, que estaba construyendo un hotel, aprovechando que venían turistas por la boda, había sacado retratos de la princesa mientras se estaba bañando, y del príncipe comiendo hormigas y moscas con las manos sucias y sin cubiertos; como te habrás imaginado, esto salió en todos lados…

El chusmerio estaba insoportable: andaban diciendo por ahí que los iban a divorciar, los iban a desheredar… y mirá hasta que punto había llegado la cosa, que salió una vez que esos cuadros no habían sido los primeros que trajeron discordia al reino; un ama de llaves retirada le contó a “Princesas” que había escondidos en un castillo otros mucho mas zafados, de cuando los padres de ella eran jóvenes, donde se los veía haciendo cosas terribles, como bailar minué arriba de las mesas, mostrarle el culo por la ventana a la servidumbre, ir en carroza sin registro a todo lo que da, y cosas por el estilo…Vos sabés como son los periodistas cuando escrachan a alguno; que la libertad de prensa, que solo dicen lo que dicen las fuentes, que esto y que lo otro, y encima hay que soportar que los trapos sucios salgan en primera plana, y que las desmentidas salgan en un cuadrito en la ultima pagina, al lado de los chistes.

Ahora, fíjate también que la corte son una manga de atorrantes, y cada vez que pueden, lo hacen quedar muy mal al rey…acordate del escandalete que se armó el día que le vendieron ropa invisible, que solo los buenos de corazón la podían ver, y pasó que lo estafaron en no se cuanta plata, o de esa vez cuando le dieron un diario con todas las noticias falsas, y por poco le declaramos la guerra a medio mundo… Bueh, a los pocos días del asunto de los cuadros, sacaron una ley para cobrar multas a los medios que hablaran mal del rey, o de ellos… y como con eso no les alcanzó, le agregaron penas de cárcel y no me acuerdo bien si también pusieron que había que batirse a duelo… Ya que en el fondo el asunto no daba para tanto, al final pasó que en la oficina de bandos y decretos de la corte hubo alguno que se hizo el distraído, y se olvidó ponerle dos o tres sellos a la ley, y además dicen las malas lenguas que algunos medios pagaron para que una bruja le hiciera el mal de ojo al muchacho que lee las proclamas reales para que no fuera a trabajar el día en que estaba previsto que se diera a conocer la ley, que al final no pudieron promulgarla, porque estaba el tema de los sellos, y la firma del rey estaba algo borroneada…bueno, el decreto quedo al fondo de un cajón y ahí está durmiendo hasta que lo escriban de nuevo, lo borren o lo manden a la basura.

Pero aún así, agárrate fuerte, porque lo peor de todo todavía no te lo conté, y viene ahora…

Mirá, la cosa empezó una mañana en que vino a la corte un gato con botas, bien vestido el minino, que decía ser el mayordomo y heraldo del marques de no sé cuánto, y que venía a pedir audiencia para hacer unas inversiones en nuestro territorio. Los ojos de los nobles se hincharon con el signo pesos y lo atendieron mejor que a dios. Que por favor sírvase de esto, señor heraldo, que venga mañana al banquete del archiduque, que pase por la recepción del barón, que la charla en la glorieta de la condesa, y palabra va, palabra viene, todo eran proyectos interesantes pero cero guita. Siempre que le preguntaban por este detalle contestaba que los fondos estaban depositados en un fideicomiso del banco de los elfos hiperboreos, y que el marques tenia que endosar los cheques, que por favor no se pusieran impacientes, que ya le había mandado carta a su patrón, y que el asunto se iba a arreglar pronto.

En dos o tres revistas de política, (en los chistes, creo) al gato lo llamaban “sanguchito de miga”, porque estaba siempre en todas las fiestas. Después de cuatro o cinco meses de cobrar anticipos, y hacernos esperar por las obras y algunas mercancías, el gato se mandó a mudar; eso sí, pidió disculpas por la demora, dijo que los gastos de hotel los iba a pagar su dueño, que venía en camino para acá con los papeles, y que todo se iba a arreglar. Les dio un retrato del marques para futura referencia, y se tomó el primer buque que salía para puerto de los maderos, que también lo cargó a la cuenta de su patrón.

Al día siguiente vino al reino un hombre descalzo, con hambre, la ropa rota, la barba larga y acento extranjero. Una piltrafa, el pobre tipo. Los monjes le dieron refugio, y el les contó de un gato chanta que lo había estafado, robándole las botas. Que era zapatero, que tenia un buen negocio, y una vuelta quiso tener sociedad con algún capitalista, para ver si podía poner unas sucursales por otros reinos. Les mostró un recorte con la cara de minino. La epidemia de desmayos que hubo, no te la puedo contar. Empezando por el rey, todos tardaron una semana o dos para reanimarse. Y lo rico del asunto fue que algunos marqueses que pusieron plata de adelantos y comisiones por futuros negocios con el gato pidieron una indemnización al tesoro real para limpiar el “agravio moral” que esta trapisonda les había causado, por “ofensa al titulo”. Después saltaron todos los demás arruinados por el gato, que también querían plata. Y el pobre rey tuvo que prometerle una vela a cada santo, que sino podía perder la corona y la cabeza donde la llevaba puesta.

Entonces fue que empezaron a inventar algunos recursos para hacer unos mangos, con intención de tapar el déficit fiscal. Lo primero que se dio a conocer fueron los bonos de deuda. Yo la verdad no conozco de economía, pero pude enterarme que esos papeles valían como juramento de pago de la corona para las deudas importantes, especialmente con el extranjero. La idea funcionó mal desde el principio; la deuda era enorme. No había oro para pagar la publicación de los bonos, y pese que siempre fueron gente de confianza en la capital (un poco loquitos, pero de fiar en las cosas importantes) la crisis no tardó en venir. Entonces a algún generalucho – de esos que nunca faltan en el ejército – se le ocurrió declarar la guerra a los reinos limítrofes y saquear sus riquezas para fortalecer nuestras arcas con sus tesoros. Otra vez sopa: todos nuestros vecinos estaban bien defendidos en ubicaciones estratégicas y muy bien armados hasta los calzones. Los enanos del servicio secreto en nuestro propio reino advirtieron al rey y demás autoridades que los riesgos superaban por mucho cualquier ganancia potencial. Algunos contaban con ejércitos de gigantes; otros usaban un misterioso polvo negro que al entrar en contacto con cualquier fuego destruía todo. Cuentan que en la corte hubo unos cuantos que leyeron esta información, pero sin prestarle demasiada atención que digamos: estaban mucho más preocupados por otro informe reservado, que hablaba de una supuesta conspiración dirigida por un flautista que con su música seducía a las jóvenes y finalmente las llevaba hacia su perdición. Varias autoridades estaban interesadas en comprar las partituras del susodicho gaitero. Al punto, nuestro general Gulliver no hizo caso a los que sabían y se mandó nomás para volver a casa con la mitad de las tropas, algunos barcos más o menos enteros y las manos vacías.

Por los gastos ocasionados en las aventuras de nuestro glorioso general, la deuda finalmente se hizo mucho más grande. El asunto – tal como lo veían los expertos – era pedir un empréstito exterior para financiar el estado, o más bien dejar de ser un reino y dedicarnos a otra cosa.

Creo que me olvidé de decirlo antes, pero siempre que se hablaba de la deuda se maldecía al gato, y más de un noble quiso – por decreto local y orden judicial de ultramar – que la deuda la pagara el felino. En los virreinatos ofrecieron recompensa por su captura, ya sea vivo o muerto. Un conde que visitaba las provincias contrató a un famoso asesino a sueldo extranjero para eliminarlo. Ninguna de las dos cosas funcionó. Primero, porque – por supuesto – en los virreinatos no había fondos suficientes para una recompensa, y lo único decente que podían ofrecer algunas regiones eran algunas mantequeras de plata de muy baja calidad. Segundo, porque luego de las expediciones no había quedado casi nadie con el talento y la habilidad necesarios para buscarlo, y ningún soldado decente iba a arriesgar el pescuezo por una miseria.

Aun así las cosas, hubo grupos formados por mayordomos y funcionarios cesanteados, comerciantes arruinados por la crisis y veteranos de las expediciones gulliverianas que se presentaron ante las autoridades con falsos gatos bien vestidos (algunos de ellos vivos y enjaulados) y diversa documentación fraguada con intención de cobrar el premio y finalmente salir de pobres. El resultado de sus intentos es que más de un chanta terminó colgado de los pulgares, y en los cuarteles hubo deliciosos guisados de “liebre con papas” para los soldados en actividad. Nunca más se vio siquiera un cuarto de bigote del auténtico Gato con botas en ninguna parte. Algunas brujas y adivinas dicen que finalmente fue descubierto en una tierra lejana. Agregan algunas que, huyendo de las milicias, fue buscando escondites en los bosques. Al esconderse entre las raíces de un árbol añoso, finalmente cayó en un hueco de conejo por el cual fue a parar al país de las maravillas. Como sea, estamos mucho mejor sin él.

Ahora las cosas están cambiando, y no sé muy bien que va a traer el futuro; hace poco se firmó el contrato para que dejemos de ser un reino. Ahora somos una sociedad anónima. Los castillos siguen en su lugar, por suerte, pero están en marcha una gran cantidad de cambios. Han traído algunas máquinas y carruajes de aspecto muy extraño, al menos para mí. Están construyendo algunas estructuras (creo que son establos) con grandes tubos de un metal al que llaman “aluminio”. Últimamente se habla mucho con algunas palabras que no comprendo del todo… Lo que más resuena en las charlas por las calles, los bandos, pregones y publicaciones son las voces “Franchasing” y Merchandising” Supongo que debe ser un nuevo sistema de bandos y decretos. También se habla que hay cobro de “Royalties”, palabra que me suena familiar, pero no se bien el sentido: parece un nuevo tipo de conjuro… vaya una a saber

Han puesto un gran cartel donde antes estaba la entrada al reino; y la verdad, me gusta como esta hecho, pero no alcanzo a entender muy bien que quiere decir. Dice algo como así como DISNEYWORLD

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