Un cuentito mío – “Animal de costumbre”

 

Mengano adoraba ese auto; algunas veces, cuando iba medio dormido en el colectivo, se sorprendía a si mismo tarareando la musiquita del aviso. Y cada vez que veía algún cartel de la campaña desde la ventanilla del colectivo repleto de gente prestaba atención a la chica del aviso, y se sonreía hasta que el clima se cortaba cuando alguien decía “permiso…” empujándolos a todos para ir a la puerta de salida.

Mengano estaba juntando para poder comprarlo. Pero por más cuentas que hacía no podía tenerlo en un solo pago. Así fue que un día nublado enfiló para un concesionario, y pidió entrar en el plan. Unas horas más tarde, estaba lloviendo cuando entró a su departamento. Se sacó el traje, tomó algo de la heladera y se puso frente al televisor. Quizás por casualidad, lo prendió justo en el momento en que la tanda mostraba el aviso; la chica tarareaba algo en francés, tomaba un sorbo de champagne en una copa de cristal, y luego alzaba la copa a la altura de sus ojos; ella miraba el auto a través del cristal, entrecerrando sus ojos azules. Y el auto en marcha se confundía con un león corriendo; después aparecía la marca y los otros avisos.

“Está bien, ya voy…” dijo mientras se estaba durmiendo en el sillón frente al aparato encendido. “Ya voy…” repitió con un suspiro. A lo lejos, un relámpago verde se recortó contra el cielo, pero nadie le dio importancia. Mengano se quedó dormido unos quince minutos después de apagar la tele con el control remoto; lo que siguió fue estirarse y acomodarse un poco. La lluvia golpeteaba un tanto la persiana entreabierta. La tormenta duró toda la noche.

A los quince días de haber entrado al plan, lo llamaron a la oficina para avisarle que había ganado el sorteo. Se quedó boquiabierto cuando vio que la chica y el león venían con el coche. No sabía dónde ponerse, pero hizo un esfuerzo porque no le ganara el miedo que le tenía al león. El empleado que lo había llamado lo llevó a firmar los papeles.

Mientas transpiraba como nunca le había pasado antes, le mostró sus documentos al vendedor, y respondió preguntas de rutina en esos casos. El hombre de la concesionaria lo trató con amabilidad profesional de vendedor mientras le daba las llaves. Y estrechándole la mano, lo acompañó hasta el coche. Mientras el hombre le parloteaba sobre el origen de la palabra “voiture”, Mengano tragó saliva y encaró el auto.

La chica, que llevaba la correa del león en una mano y una copa en la otra, le dijo algo en francés. A pesar de que Mengano ya no entendía muy bien el idioma, supo que la copa era para él. (Había estudiado hacía mucho tiempo, en una primaria bilingüe) Bebió un sorbo (mas para no desairar a la chica que por otra cosa) y agradeció con un “merci bocup”. Iba a decirle algo al vendedor, pero el hombre ya se había alejado, yendo para su escritorio.

Haciendo un esfuerzo por mantener la calma, Mengano se subió al auto y lo puso en marcha. Miró a la chica, y le pidió con pésima pronunciación que subiera y que dejara al animal con los vendedores. Le costó un poco, pero pudo comprenderlo, así que le hizo unas caricias en la melena al animal, y con una orden indico al león que fuera a un rincón del concesionario.

Mengano vio todo esto con los espejos del auto, y se sintió seguro cuando el animal se alejó, mientras ella se subía. Cuando ella estuvo adentro, puso primera para salir del local. Estaban por alcanzar la puerta, cuando advirtió que el león los estaba siguiendo, listo para saltar…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s