Garrison y Nisman: Vidas paralelas

Resumen del texto:

Veamos que tienen de parecido y diferente dos figuras de la justicia. De un lado, Jim Garrison (1921-1992) aquel fiscal que investigó y llevó a juicio a Clay Shaw, un sospechoso por el asesinato de John Fitzgerald Kennedy en 1963. Del otro, el fiscal argentino Alberto Nisman (1963-2015) que formó parte del equipo a cargo de reabrir e investigar la causa del atentado contra la mutual judía AMIA, ocurrido en 1994.

Ambos descubrieron operaciones para encubrir hechos criminales. Hallaron incongruencias en las versiones oficiales de los acontecimientos, y si bien no consiguieron mucho, nadie olvidó sus argumentos, ni las pruebas que aportaron a la justicia. Muchos están de acuerdo que tuvieron razón. Pasen y lean.

Garrison & la causa JFK

El caso y su fiscal son conocidos. De todas formas, nos conviene un repaso rápido. Jim Garrison fue un fiscal del estado de Lousiana, estados unidos, que inició por las suyas una investigación y posterior juicio a propósito del magnicidio contra John Fitzgerald Kennedy.

En 1963, y con un equipo de colaboradores, se encargó de reconstruir la escena del crimen, revisar los motivos y conductas de los sospechosos, y refutó el dictamen de la comisión Warren.

Esta comisión del capitolio, desarrolló y publicó la versión oficial de los hechos. Para esta comisión, el crimen lo cometió en solitario un extremista político, Lee Harvey Oswald.

La versión oficial indica que Oswald disparó desde la ventana de un edificio, con un rifle de alto poder, contra una limosina descapotable abierta donde viajaba el presidente, acompañado por su esposa, una comitiva, y un dispositivo mínimo de seguridad.

En la carga del rifle, se incluía una “bala mágica”, que entró en el cuerpo de Kennedy, serpenteó a través de sus órganos, y finalmente salió, hiriendo a uno de sus acompañantes.

Siempre siguiendo la versión oficial, Oswald fue detenido por las autoridades, y lo declararon culpable de los hechos.

Estaba por ser trasladado, cuando lo mató Jack Ruby, un mafioso italoamericano, con vocación anticomunista. Ruby luego tuvo una muerte turbia. Las autoridades no prestaron mayor atención a este matador. Para ellos, el culpable ya había sido atrapado, y de rebote, castigado.

La viuda – Jaqueline Onassis Kennedy – testigo directo del hecho, se retiró de la vida pública luego de la muerte de su esposo. Lo sobrevivió por largos años, y falleció de cáncer en 1994. Por 30 años, no dio ninguna entrevista a ningún medio, ni habló jamás en público de su matrimonio y del crimen. No solo por el natural secreto de estado, que por protocolo corresponde a estos casos. Esa voluntad de hierro para tener el pico cerrado sugiere el cumplimiento riguroso de una Omertá.

El trabajo de Garrison aportó un nuevo enfoque y evidencias al caso: Investigó las relaciones personales y profesionales de Lee Harvey Oswald luego de su muerte.

Determinó que formaba parte de la comunidad de inteligencia americana. Confirmó su entrenamiento militar, y su nivel de formación como espía. Confirmó que trabajaba como agente infiltrado. Investigó a sus compañeros de armas, las misiones que le asignaron, y sus pesquisas llegaron – por testigos y algunos documentos – hasta la relación entre Oswald y un empresario ligado a la CIA, Clay Bertrand, cuyo alias para ciertos asuntos fue “Clay Shaw”.

En la evidencia, compuesta mayormente por documentación oficial, y lecturas críticas, se incluyó la cinta súper 8 de Zarpruder, único testimonio fílmico del hecho, donde aparecen las reacciones del propio JFK y sus acompañantes al recibir los balazos.

Garrison llevó a Shaw a juicio. Lo responsabilizó por participar de una operación negra, cuyo objetivo fue matar a Kennedy, por cuestiones de agenda institucional, coyuntura política, e intereses de la industria del armamento.
Bertrand fue declarado inocente por el jurado.

Muchos años pasado el juicio, un funcionario de la CIA declaró que “Shaw pudo haber tenido relación con nosotros”. Esto, en el lenguaje oblicuo de la comunidad de inteligencia, es admitir responsabilidades.

Al día de hoy, la investigación de Garrison ayudó a echar luz sobre un asunto oscuro. Demostró maniobras de encubrimiento, revisando minuciosamente los detalles de la historia oficial. Derribó la teoría de la “Bala mágica”´: No había tecnología disponible para crear un proyectil como ese en los 60s. Pero no pudo descubrir ni acusar formalmente a los autores intelectuales del crimen, o si hubo otros implicados, además de Oswald.

La consecuencia inmediata del juicio fue movilizar a la opinión pública a propósito del asunto. El fiscal y su equipo se convirtieron en figuras notorias del poder judicial.

Un coletazo, quizás no del todo deseado, fue la aparición de teorías de conspiración, tanto a favor como en contra de Oswald, Garrison, la inteligencia americana, soviética, y los demás componentes del sistema.

El estado actual del asunto es: Cerrado. Se sabe que hay información clasificada del tema, pero hasta 2039 no habrá de ser secreta.

Si yo mismo tengo que jugar a la conspiración, me llama la atención que Garrison y su equipo no hayan contactado a Jaqueline Onassis. ¿Podían hacerlo? Oficialmente, no. ¿Y en modo informal?, es muy posible y probable que sí. Había secreto de estado. Y estaban en medio de la guerra fría. Habría que investigar si se podía apelar, y si el caso tenía chances de llegar hasta la corte suprema. En fin… esto es solo una teoría más del montón. Y me hago cargo.

De regreso a los hechos, la prensa acompañó la investigación de Garrison y el juicio. Esto contribuyó a la transparencia del proceso. Durante la investigación, recibió amenazas, le cortaron caminos, le ocultaron papeles, tuvo testigos que dijeron y se desdijeron, pero el mismo y su equipo la siguieron hasta llegar al final.

Yo no soy abogado, y de estas cosas mucho no sé. Pero cuentan los que saben de verdad que lo valioso fue y sigue siendo la jurisprudencia que dejó el caso.

El derecho norteamericano, que proviene de la tradición anglosajona, se sostiene en las leyes vigentes y evidencias. Pero a la hora de juzgar, presta mucha atención a las interpretaciones de los hechos. Entonces, revisar los detalles es fundamental en cualquier caso. Y de eso depende ir en cana, ir a la silla eléctrica, la inyección letal, o salir bajo fianza. No es poco.

Y si por agregar datos de color, hay muchas películas y series que ilustran y educan al soberano estadounidense y latinoamericano en estos temas: Los más maduros recordarán a “Perry Mason”; los cuarentones, como yo, más bien a “Petroccelli“. Los más jóvenes, tal vez tengan presente la franquicia “Law & Order” y así.

El trabajo de Garrison está bien retratado en la película de Oliver Stone “JFK” Y para terminar esta sección, una perlita: El mismísimo Garrison hace un cameo, interpretando al senador Warren en el film.

Aquí cerramos este expediente. Hay otro para revisar. Que sea justicia.

Un poco de contexto de la causa AMIA

Para evitar despistes, y ya que el caso es complicado, hay que dar un poco de contexto acerca del crimen contra la AMIA. Lo justo para comprender los motivos posibles – algunos, improbables – que hubo para llegar hasta este desmadre. Hay muchos registros del tema en la red, y por fuera de ella. Luego hablemos puntualmente del trabajo de Alberto Nisman y sus consecuencias.

Ahí vamos: El año fue 1994. Hubo un atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina, por sus siglas, AMIA.
Un explosivo destruyó por completo el edificio.
Hubo 6 muertes confirmadas, 82 heridos, y muchos daños colaterales.

En 1992, hubo un atentado similar, pero contra la embajada Israelí en argentina. Hubo destrucción, muertos y heridos. Algunos de nacionalidad argentina, otros eran empleados nativos. Este crimen de lesa humanidad quedó bajo la jurisdicción de la corte suprema de justicia argentina. Obtuvieron algunos indicios, y la principal hipótesis de investigación fue un ataque suicida, a cargo de una sola persona, que estrelló un coche repleto de explosivos contra la embajada.

Nuestras autoridades arrestaron a un ciudadano pakistaní – quizás haya sido un perejil – y dejaron muchos cabos sueltos en la reconstrucción de los hechos. Abogados y grupos de familiares de las víctimas, al día de hoy, están profundamente dolidos y disconformes con los resultados.

Por su propio peso, la voladura de AMIA quedó – todavía es – como crimen de lesa humanidad. A partir de la embajada, fue el segundo atentado de gran magnitud que sufrimos desde el retorno de nuestra democracia. Hubo, al menos que yo recuerde, un caso más en aquella época: La voladura de una base militar argentina en río cuarto, provincia de Córdoba. Pero eso es otra historia.

La justicia argentina, entonces, inició una investigación y causa judicial: La famosa causa AMIA, con la comunidad argentino – israelí como parte querellante. Y un dato: en esta y la embajada, las causas son imprescriptibles.

Y yo no soy abogado, pero si un día llegan mil por ciento hasta el juicio y condena firme a los autores materiales e intelectuales, sean iraníes, dobles agentes de ambos lados, y líderes políticos o religiosos extremistas de ambos lados… esto de imprescriptible, a metérselo en el bolsillo. El estado actual es: Caso abierto.

Ya vamos para 20 años que es así la cosa. Que yo sepa, excepto las causas contra el régimen nazi, este parece ser uno de los casos sin resolver más largos del mundo. Yo llamaría a los del libro guinness alguna vez para chequearlo.

En la causa AMIA pasó de todo. Estuvo a cargo de varios jueces, con sus correspondientes fiscales, y llegó a juicio en tres oportunidades. Hubo sospechosos detenidos, efectivamente condenados, y luego absueltos de culpa y cargo. Hubo sospechas de cobro de coimas a cambio de testimonios, procesamientos irregulares, numerosos pedidos de información, una cantidad de causas conexas, apelaciones, alegatos, y la investigación de Nisman, por supuesto.

Fuimos sabiendo estos datos gracias al monitoreo que hicieron – y siguen haciendo – los grupos de familiares de las víctimas, y el aporte de la prensa argentina en general.

En aquellos años 90s, igual que hoy, en búsqueda de respuestas – además de la justicia – todo el arco político escarbo en los hechos. Cada quien con enfoques distintos, agendas diferentes, intentaron rearmar el rompecabezas. Empezaron a correr discursitos. La mayoría, políticamente correctos. Solidaridad con las víctimas, preocupación por la justicia, y buenos deseos de esclarecer el caso. Hubo alguno que opinó, suelto de cuerpo: Fue un auto atentado. Ese trucho tuvo que cerrar el pico.

En paralelo, empezaron a correr océanos de tinta sobre continentes de papel. Traducido al castellano: Hubo – y sigue habiendo – libros de investigación periodística, notas, columnas, artículos y reportajes. Algunos rigurosos, y otros por la ruta del chamuyo. A partir de aquí empezaron las teorías de conspiración en el asunto. ¿Les suena de alguna parte?

Caiga quien caiga, hay que decir una verdad amarga: Además de doler, de la necesidad de darle algún cierre a esta historia, el tema vendió bien aquí y afuera. Porque no solo es sanción social, sino noticia y primicia lo que busca el periodismo. De eso ya hablamos en una entrada dividida en tres tomos, que se llama “En medio de los medios”.

A propósito, hoy hay acuerdo que las dos voladuras fueron por motivos geopolíticos. Pero más que nada, con un trasfondo de alianzas diplomáticas, con profunda necesidad de negocios. Y para darle buen sabor al guiso, el asunto viene condimentado fuertemente con aspectos religiosos de Palestina e Israel.

En aquellos años noventosos, el gobierno argentino de turno – Entre la primera y segunda presidencia de Carlos Saúl Menem – estaba buscando poner al país en el mapa. Su meta principal era que entraran inversiones, y mantener las estanterías en su sitio. Resumimos esto en tres puntos.

  • En medio de la globalización, y por orden de “El Carlos”, la cancillería Argentina firmó acuerdos internacionales, que nos dejaron alineados con los Estados Unidos y Europa en materia de comercio exterior, políticas de lucha contra el terrorismo, el narcotráfico, y detalles de agenda.
  • Para la mayoría de la prensa de investigación, el grueso del arco político opositor, y una parte del poder judicial argentino, aquella toma de decisiones no quedó impune. Puso en estado de alerta y movilización grupos terroristas, alentados y financiados en la república islámica de Irán, que decidieron mandarnos un
    mensaje: No jodan con nosotros.
  • Por estrategia, atacaron al más nuevo y débil del grupo: Argentina. La Fatwa de la Yihad, la profecía, y el horóscopo les salieron perfecto. Quedamos en pelotas, en la oscuridad, y llorando a los gritos.

Al punto, el primer juez de la causa AMIA repitió un poco el dibujo táctico del caso de la embajada. Su hipótesis fue: Ataque con un coche bomba, a cargo de una célula extremista islámica, con apoyo local. Han pasado los jueces y los fiscales, los procesamientos y las medidas de prueba. Han variado los acusados; llamaron a indagatoria e imputaron a ex ministros, revisaron actuaciones policiales, y al final, apilaron fojas y expedientes infinitos. Y si estoy mintiendo, a mí que me hiervan: El esquema nunca cambió. Ni tampoco los reclamos de la comunidad argentino – israelí a nuestras autoridades.

No obstante, en estos años dosmileros, hubo cuestiones de coyuntura que cambiaron. Estos eventos afectaron a nuestro poder judicial. Y tuvieron rebotes en las causas de la embajada y amia. En resumen, hubo tres cuestiones de fondo:

  • Cambio en las relaciones exteriores: NCK, y luego CFK, desmarcaron al país de las naciones dominantes. Lo adornaron con discursos izquierdosos, de la liberación y la autodeterminación de los pueblos. Aprovecharon la coyuntura que la mayor parte de nuestra deuda externa había sido pagada al FMI, mientras quedaban deudas chicas. Hicieron alianzas estratégicas con países no del todo alineados, mayormente en el Mercosur, y que tenían presidentes y discursos similares a nuestro partido de gobierno. (Chávez, Mujica, Da Silva, Bachelet) Buscando nuevos amigos con plata, varios países de nuestra región se fijaron en Medio Oriente – exportadores de petroleo –  mas pensando en jeques de Qatar que invirtieran unos morlacos, que en tira bombas iraníes. No nos dieron mucha bola como socios comerciales.
  • Reciclado de los servicios de inteligencia: A partir del retorno a nuestra democracia, los espías argentinos, cuya especialidad de la casa es la seguridad interior, quedaron en su mayoría como “mano de obra desocupada”. Con tires y aflojes en materia de juicios a la última dictadura, varios de ellos aprendieron a reciclarse. De esto hablamos en “De golpe y porrazo”, asi que mucho no abundamos en detalles. Varios espías colaboraron – aún siguen haciéndolo – con el poder judicial. Específicamente, para investigar corrupción política. Es que en esto – nos guste o no – es al pedo usar santos, o ángeles para cazar demonios; mucho menos si son funcionarios, diputados, senadores, e incluso jueces y fiscales, que mayormente saben esquivar bombas, y blindarse en caso que los señalen con el dedo.
  • Hubo presiones sobre jueces y fiscales amigos, para que miren otro canal, mientras hubo corrupción en secreto, y no tanto, desde el partido de gobierno a cargo del Ejecutivo. Y para distraer a la gilada, hubo una bajada de línea a los cuadros dirigentes, punteros y militantes: Campañas de difamación en general para cualquier oposición leal. Y palos a cualquiera que se atreviera a levantar cabeza.

De estos tres factores, el primero y el segundo factor jodieron bastante las cosas. El tercero, en cambio, es prácticamente tradición de los gobiernos que supimos conseguir. Pasemos al último dato de contexto antes de cerrar esta sección.

En su única gestión como presidente de la república, NCK creó una fiscalía especial para el caso AMIA. Espero no pifiar si asumo que habrá sido con acuerdo del senado de la nación, y la corte suprema de justicia. Nombró al fiscal federal de la nación, Alberto Nisman, a cargo del trabajo. Y a partir de aquí, empezamos a hablar de su aporte a la causa.

Nisman y la Causa AMIA

Por largos años, tanto Nisman y su unidad fiscal AMIA trabajaron en silencio. Debajo de una apariencia de inoperancia, estaban incubando algo: El análisis crítico de la llamada “Pista Iraní”, espina dorsal de la versión oficial de los hechos. (Célula terrorista, operaciones negras, extremismo islámico, guerra santa, apoyo local, etc.)

Los interesados en la unidad fiscal AMIA, la siguieron. Y algunos quedaron decepcionados: Uno de nuestros periodistas más creíbles, Jorge Lanata, llegó a decir una vez “Leí el dictamen de Nisman, y me pareció lo que es. Un escrito lleno de nada”. A los pocos días, la cosa cambió. El mismísimo Jorge le hizo justicia periodística, y quizás poética. Pero no nos adelantemos.

Tal como dijimos más arriba, hubo cambio de mareas en las relaciones exteriores argentinas. En 2015, el poder ejecutivo – a cargo de CFK – ordenó a la cancillería redactar y presentar ante la ONU un memorando de entendimiento entre Argentina e Irán. La versión oficial para justificar el documento y sus consecuencias era aflojar nudos, de modo que mediante un tratado, nos dejaran mandar a alguien para preguntar a los iraníes en su terreno por datos de los atentados. 

Esto sonaba legítimo, pero no fue muy legal que digamos: Estaban puenteando al detalle al Poder Judicial. La unidad AMIA investigo discretamente y rápido la movida. Con la colaboración de los servicios de inteligencia argentinos, hizo pinchaduras de teléfonos entre los principales impulsores del proyecto. Lograron una cantidad de capturas de audio, que prueban que el memorando era una maniobra elaborada de encubrimiento de los autores intelectuales del hecho.

Lo sabroso del asunto, es que algunos dirigentes argentinos de confianza de CFK – presidenta de la nación por aquellos días – pidieron y cobraron unas simpáticas “colaboraciones” a ciertos representantes persas (por no decir iraníes) en nuestro país, interesados en el asunto, para montar el show.

El testimonio de estas conductas quedó registrado en las pinchaduras, por los dichos de sus protagonistas, más allá de toda interpretación legal y duda razonable. Como sabe cualquiera que haya visto “Tiburón”, “Deep Blue Sea” o “Sarknado” inclusive el más dientudo, grande y peligroso de los peces, por la boca muere.

Una vez que se aseguró de tener estas pruebas sólidas en mano, Alberto Nisman finalmente rompió el silencio.
Anunció que tenía novedades en la causa, que el tratado con Irán era una farsa, y que iba a exponer el asunto con argumentos y evidencia ante el parlamento. Como dice una canción de los redondos: “Era un tahúr de esos que nunca muestran todo el mazo”. Era lógico: Cualquier paso en falso iba a derribar la denuncia.

Pero el detalle fue que la coalición de civiles que monitoreaba el caso, y la prensa interesada, dio difusión a sus dichos, pero guardando cierta distancia critica. A fin de cuentas… ¿Como creerle a un tipo que estuvo callado tanto tiempo? ¿Como confiar en un fiscal de esta causa, después de tantos bolazos? Tal como dice otro fiscal, Francisco Delgado, en una entrevista que está colgada aquí: El poder judicial es el más oscuro de los tres poderes. Y la palanca necesaria para que las causas avancen con éxito es que le hagan seguimiento.

Alberto Nisman no era ningún gil: Conocía los riesgos de desafiar al poder. Por eso es que apareció muerto en su propio departamento, justamente el día que se había comprometido a hablar ante el congreso. Todos quedaron sorprendidos por la noticia. Una de las repercusiones más notorias fue una expresión de CFK, que se parecía a esto: “quizás se haya suicidado, quizás lo hayan matado, yo no sé, no estoy segura… pero esto es una perdida para la justicia”

Otra repercusión, más importante, fue una marcha de silencio – en señal de duelo – por algunas calles de la capital, donde participaron jueces, fiscales, secretarios, y gente del público en general.
La cubrieron todos los medios del país.

No deseo insultar la memoria de un justo. Pero nobleza obliga decir algo: Quizás un error que cometió Nisman fue no hacerse un blindaje mediático. Los asuntos importantes, que afectan a buena parte de la sociedad, siempre ponen bajo el reflector a quienes tienen que resolverlos.

Y no estamos hablando de la mera fama por la farándula, (googleen al Ex juez Norberto Oyarbide) sino más bien del reconocimiento público, que enseguida resalta las presencias junto a sus méritos en comunidad, y no menos las ausencias. Optó por el perfil bajo. Una jodida pena. Pero su muerte no fue en vano.

Por último, agreguemos la justicia simbólica que le hizo Jorge Lanata: Poco después de la muerte de Nisman, en su programa de radio, difundió fracción de los audios que lograron en la unidad fiscal AMIA.

En consecuencia, quedaron expuestos: El supuesto dirigente pro iraní Alejandro “yussuf” Kalhil, charlando con el supuesto espía Allan Bogado, y el dirigente Kirchnerista Luis De Elia, charlando con Fernando Esteche, líder del movimiento Quebracho, integrante del FPV y Moshen Rabbani, uno de los presuntos autores del atentado. Algunas charlas mencionaban al entonces canciller Hector Timerman, y las operaciones sucias necesarias para lograr el tratado.

Una frase dice: “Lo que hubiera y lo que habría, siempre son palabras vacías” Pero no puedo evitar preguntarme… ¿Y qué hubiera pasado si algún colaborador, o el mismísimo fiscal presentaba junto al propio Lanata sus audios en la radio?

Conclusiones

Ambos se metieron con casos bravos. Uno vivió para contarlo. Otro murió porque sabía demasiado. Ambos desafiaron las versiones oficiales de los hechos, habilitaron teorías de conspiración, y fueron acompañados por la opinión pública. Ambos tuvieron relación con los servicios de inteligencia. Uno los expuso. Otro se sirvió de la vigilancia e informacion que produjeron. Uno en vida, el otro luego de su muerte.

Una frase borgeana quizás les venga bien: “Quizás ante Dios, las dos caras de esta moneda sean iguales”

Sea Justicia. Saludos

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