En medio de los medios – Tercera parte

Nota del 2016: Esta parte del ensayo tenia varios defectos de estilo y concepto. En esta versión, mas depurada, quite ciertas parrafadas molestas, y edité para que la lectura les resulte agil. El resto, permanece intacto. Que les aproveche.

Convergencia y confluencia en las comunicaciones

No es novedad que el sector de comunicaciones es importante en la economía posmoderna. Acá y en demás partes del mundo tiene fusiones, adquisiciones, ventas, y por sobre todo, se extiende cada vez más. Existe distinción entre comunicaciones mediáticas y no – mediáticas. Actualmente, se desdibuja en algunos lugares. Esto obedece a dos grandes tendencias del mercado: La Convergencia y la Confluencia. En principio, estas dos cuestiones parecen meros movimientos económicos. Pero por delante y detrás de productos, servicios y empresas, suceden otras cosas no menos importantes.

Vayamos a los bifes: Hay convergencia cuando medios de distinto tipo (diarios, revistas, radio y televisión) quedan bajo el paraguas de una o más corporaciones especializadas en prensa. La convergencia favorece los “grupos multimedios”, tan meneados en la actualidad. En paralelo, hay confluencia cuando diversos grupos empresarios desembarcan en los medios, y forman grupos especializados. Con frecuencia, estos nuevos jugadores no cazan ni un fulbo de cómo administrar empresas de prensa. Por lo general, dejan tercerizada la gerencia, mientras atienden uno y demás negocios.

Seguro algún economista podrá decirlo mejor que yo, pero me sospecho que aportan buena parte de la torta del pbi. (Producto bruto interno) La gracia es que estas dos dinámicas no solo pasan por el mercado; hay también capas agregadas de tecnologías y nuevos modos de expresarse. A medida que la gente consume los productos simbólicos, conoce sus códigos, reconoce sus lenguajes, y en alguna medida los incorpora a su propio repertorio. Vamos a dedicarle espacio a esto en la próxima sección.

Tecnologías en medio de los medios

Cuando se habla de medios, hay una mención inevitable: Marshall Mc Luhan. Fue un sociólogo Canadiense, muy popular en los 70s. Hay mucho material colgado en la red sobre este autor. De todos modos, aquí va lo básico, así no dejamos en pelotas a quien no sepa. Fue pionero en investigar la relación entre tecnologías y sociedades.
Llamaba “medio”- en sentido amplio – a los artefactos que usamos para manejarnos entre nosotros. Porque a la corta o a la larga, las tecnologías son recursos para lograr diversos fines: Las usamos para satisfacer necesidades, transformar la materia, aprovechar el tiempo y establecer relaciones con el entorno: El rango va desde los anteojos, los lápices, hasta las usinas hidroeléctricas, los barcos, los aviones, edificios y mucho más.

Distingue dos clases de tecnologías: Los “Medios Fríos”, que proveen pocos datos, tienden al orden abierto, y así demandan tiempo, esfuerzo y habilidad para completar la información que ofrecen. Participamos de ellos activamente. Y los “Medios Cálidos”, que proveen muchos datos, tienden al orden cerrado, y no piden gran cosa para que los usemos. Participamos de ellos en modo pasivo. Los dos grupos hacen sistema. A medida que avanzamos, los medios suben la temperatura para sus receptores.

Según esta teoría, conversar por teléfono es manejarse con un medio frio: A los dos lados de la línea, cada quien cuenta solamente con la voz del otro y la conversación, para así componer una situación determinada. Ver la televisión, en cambio, es manejarse con un medio cálido: del otro lado de la pantalla, hay imágenes en movimiento, sonido y texto, que proveen buena cantidad de datos al espectador, sentadito en su sitio.

Mc Luhan encontró que las tecnologías tienen un significado cultural importante a lo largo de la historia. Llegó a pensar que los medios expresan épocas de la humanidad. Su frase más famosa fue “El medio es el mensaje”. En un punto, mal no le fue a don Marshall: Se animó a decir que, con las grandes cadenas de televisión, estábamos formando “La aldea global”, que involucraba un alto grado de evolución en la humanidad. Actualmente, hablamos de “Globalización”, donde no faltan conexiones para mover plata en las bolsas del mundo, además de otros datos.

Desde más de un sitio, esta teoría recibió apoyos y palos. La principal crítica para Mc Luhan fue que la vida social no solo se mide y pesa por las tecnologías presentes. No carecen de importancia, pero hay más de un factor que interviene en las idas y venidas de la cultura en la historia. Recibió bien las críticas: Si bien no cambió sus ideas, se puso las pilas y las suavizó. Supo decir – tomándose el mismo en joda – “El medio es el masaje”. Y si se fijan, Mc Luhan tuvo una aparición en una escena de la película “Annie Hall” (Woody Allen, 1977) haciendo de sí mismo. Está colgada en YouTube.

Cuando aplicamos su teoría a la comunicación de masas, obtenemos un árbol genealógico que abarca mucho: Desde el papel y el lápiz, la imprenta, la máquina de escribir, las sombras chinas, la linterna mágica, el kinescopio, la cámara fotográfica, la cámara cinematográfica, los cilindros grabados, el fonógrafo, los discos de pasta y vinilo, el telégrafo, el teléfono fijo, la radiofonía, la televisión, las maquinas analíticas, las computadoras científicas y personales, el modem telefónico, y la telefonía celular. Ya que estamos, le ponemos al menú el internet, las páginas web, el correo electrónico, las redes informáticas inalámbricas, y el uso extendido e intensivo de las redes sociales.

Aun con pifias, Mc Luhan avisó que las tecnologías (para nuestro caso, las de comunicación) contribuyen a pegar saltos cognitivos en pequeña y gran escala a nivel colectivo. Eso no se discute. 
Sin embargo, hagamos un poco más de sociología, pero esta vez en pantuflas y probemos si se puede salpimentar algo mas asunto: La cantidad y calidad de los medios e informaciones disponibles, determina en una medida cuales recursos usamos y cuáles no. Por supuesto, hay otros factores que intervienen: las edades, el tiempo libre, el nivel educativo, el trabajo, si se tiene familia o no, el acceso y grado de conocimiento que se tiene de los medios, el uso informativo, recreativo y laboral que se les da según el ambiente, los valores y la trayectoria personal de cada quien, representa la sumatoria de miles de boludeces que formatean decisiones acerca de cuál marca y modelo de televisor y consola de juegos usar, entre varias delicias de la economía de mercado.

Quien mejor ilustró esta faceta de las comunicaciones modernas fue el genial humorista Groucho Marx: “Yo encuentro la televisión bastante educativa. Cuando alguien la enciende en casa, me marcho a otra habitación y leo un buen libro.”

Al punto, la calidad de cualquier contenido, depende siempre del reconocimiento y el contexto donde interpretamos los mensajes. En este mismo orden, nadie puede determinar exactamente que es la buena o mala literatura, el buen o mal teatro y cine, la buena o mala música, radio y televisión. Dicen los que saben que la diferencia pasa por grados de complejidad creciente, al nivel de temas, géneros, estilos y enunciaciones.

Explicado en criollo, esto es como los condimentos en la comida. Si se pone poco, el plato queda desabrido. Si se pone demasiado, queda mal sabor en boca. Espero no insultar la memoria de Marx (Groucho, por supuesto… otro Marx famoso fue Karl Marx, y hay sobredosis del tema) si digo que al ser una forma de las comunicaciones eficaces, la tv usualmente produce y transmite contenidos a prueba de idiotas.

El proceso se reconcentra en asegurar la transmisión de los mensajes, y mesurar los efectos que tienen en sus receptores. Para asegurar el mayor rating posible, la gracia es que se simplifican muchas cuestiones. Pero al simplificar demasiado, queda que se subestima al público. Y a nadie le gusta que lo traten de bobo. De ahí que mayormente un libro sea salto cualitativo respecto de otros medios.

Ocurre cuando hay adaptaciones de textos a cine o teatro. Los filmes respetan las líneas generales del relato original, pero abrevian trámites narrativos. La puesta en escena revela cosas de más, de menos, o cambiadas. En una novela, un autor tiene todo el tiempo y el espacio del planeta para describir y explicar escenarios, figuras, diálogos, y obviamente, contar la acción. En un comic, guionista y dibujante tienen una cantidad de cuadritos para llenar con imágenes y textos. Lo que no dicen los diálogos, lo expresa la secuencia de dibujos y otros símbolos. Cuando pasamos de comic a cine, pasa lo mismo que en los textos.

Inclusive en guiones escritos específicamente para un medio, hay veces que cambian los planes sobre la marcha. Hay diálogos o escenas improvisadas, y estos aportes quedan bien o mal según el formato.
El viaje no solo es de ida al cine y la tv, sino que es de ida y vuelta entre varios medios y contenidos. Se cuenta que ciertas películas de aventura basadas en videojuegos fueron malas. Pero varios videojuegos a propósito de películas o comics de aventura siempre vendieron bien. Lo que expresan estas cuestiones, en el fondo, es la necesidad que tenemos por contar historias.

Ahora que me acuerdo, una vez leí una broma culta en un apunte. Sin entrar en detalles, la cosa era así: Alguien comentaba que el cine era una herramienta formidable para transmitir conocimientos, y que cualquier libro podía llevarse a la pantalla. Otro retrucó que si eso es verdad, entonces que los estudios probaran adaptar “Discurso del método”, “Así habló Zaratustra” o “Critica de la razón pura”, a ver si vendían entradas. Comentan entre gente de cine que Stanley Kubrick estaba convencido que “Si está escrito, se puede filmar”. Hay que cuidarse de poner demasiada fe en algunas novedades técnicas.

Ademas de estas tendencias, los cambios de temperatura de los medios hoy están dando ciertas señales que no hay que ignorar. “Y ahí está el detalle, Joven”, como decía Cantinflas. De eso hablamos en la sección que sigue.

Señales de cansancio en la agenda tradicional de medios

Tradicionalmente, medios y prensa son instancias de comunicación entre el espacio público y la sociedad. Para la prensa, noticia es todo tema de interés vital para las mayorías. Incluye todo acontecimiento con alto impacto para las muchedumbres. Prensa y medios nos sirven para estar informados, tener una opinión de los hechos, y participar o dar testimonio – en alguna medida – de la era histórica en que vivimos. Desde este lugar, la prensa es una fuente prácticamente inagotable de historias.

Pero de un tiempo a esta parte, el modelo de prensa tradicional tiende a replegarse sobre sí mismo. Hay quien dice que en estos tiempos posmodernos, muchas comunicaciones están llegando al agotamiento. Hay algunas señales de cansancio: Una es cuando los periodistas se entrevistan entre sí, y cada vez más seguido. Esto no quita que mediante estos reportajes, las audiencias conozcan otros lados de la figura entrevistada, y que se enteren de la cocina de las notas que producen. Esto es reconocimiento público entre pares. Y en este punto, no parece tener nada malo.

El asunto es evitar que se genere un sistema de medios y un periodismo al cuadrado o al cubo, que tienda cada vez más a mirarse el ombligo. De hecho, un experto distingue “Paleo televisión”, que aparece a mediados del siglo pasado, de “Neo televisión”, que define el modelo actual.

La diferencia es que el primer modelo emitía en vivo y directo; cada gesto y expresión seguían un guion riguroso, y no tenían videotape. El modelo actual incorpora material grabado, métodos de edición rápida, mientras mantiene códigos de la era anterior. El uso estratégico de las tecnologías permite a un medio citar a otro. Y en el juego de remanye, la televisión habla no solo de lo que pasa afuera, sino de sí misma, y se pone cada vez más autorreferencial. Una vez más, digamos que esto no tiene nada de malo si se hace con gracia. El canal de cable “Volver”, es el mejor ejemplo actual. Y mucho antes que existiera, hubo ciclos de cine argentino clásico en más de un canal y horario.

Algunos “programas de archivo” que salían por ATC (Argentina televisora color) “Perdona Nuestros Pecados” y “Las patas de la mentira” sirvieron para educar a las audiencias de los 80s/90s – me incluyo – en una mirada menos ingenua de la pantalla, además de la hilaridad que causa detectar furcios, actos fallidos, errores y problemas de continuidad.
A menudo, mostrar las pifias sirve para humanizar las figuras, y lograr corrientes de simpatía.

Por aquellos años, “Video match” pasaba bloopers para hacer humor sin producir un programa cómico completo. Por efecto de las crisis y para reducción de costos, por producir programas salva baches, fue quedando un formato miserable que causa risa pasajera. Y a veces da pena.

Nobleza obliga decir que hay dos programas de este sub género que conservan cierta dignidad. A mi juicio, en “La ciencia de lo absurdo” hay diferencia cuando ofrecen una mínima explicación científica de accidentes y pifias. En paralelo, “1000 maneras de morir” recrea accidentes que le costaron la vida a alguien. Se ofrece un mínimo de explicaciones, y es infaltable el humor negro. En este paisaje, la gente se fue acostumbrando a entrenar su atención, sus sentidos, su conocimiento,
y la capacidad de ir renovando stock de informaciones.

De hecho, hace ya muchos años que un especialista en semiótica – Oscar Traversa – opinaba que cada espectador contemporáneo es un experto en medios, pero se ignora a sí mismo como tal. Su frase pertenece a una investigación sobre cine, pero aplica sin problemas al resto de lo audiovisual. Apunta al hecho que vivimos rodeados de pantallas, y sin necesidad de conocimientos técnicos detallados, sabemos en forma intuitiva lo que significan las imágenes ahí.

Pasemos la página y veamos otro síntoma del agotamiento del sistema: Hay dos grandes rebotes de las tecnologías. El primero es emitir el mismo contenido bajo diferentes plataformas. Lejos de ser redundancia o ruido, extiende el alcance de las grandes productoras de contenidos, empresas de prensa incluidas. Que la gente acceda a sus programas favoritos en el Celular, la Tablet y la PC a la hora que se le cante, es un avance. A diferencia de otras épocas, los programas se pueden reproducir una y otra vez. Acá viene el segundo rebote: Al mismo tiempo que es una comodidad, se quiebran un poco los esquemas. Algunos contenidos como los noticieros, cuyo eje es la actualidad, pueden perder frescura. Otros como las series y los unitarios, pueden perder fuerza, pero con el tiempo.

Si sumamos dos más dos, hay el riesgo que las audiencias se saturen. Para el caso, el comediante argentino Carlos Balá en una entrevista comentaba: “La televisión de ahora mira mucho el rating… Pero, ¿Y se fija en la pantalla?” La frase apunta hacia las diferencias técnicas en la tele, que Balá como actor de teatro, cine y televisión conoce en más de veinte años de trayectoria intachable. Ahora, que se agrandó la familia de plataformas, conviene abrir el juego e invitar a investigar el asunto mucho más de lo que hay. Estas señales inciden cada vez más en las empresas de medios. Hay quien dice que si las tendencias siguen así, quizás se termine el periodismo como lo conocemos. Hay quien opina que viene un gran cambio de formas: El sector va a concentrarse mucho más en chequear datos, en lugar de buscar historias.

Ultimo, más no de últimas, el cansancio más viejo reside en la diferencia entre prensa comercial y prensa de autor. Como alguna gente sabe, son dos formas de interpretar la profesión y llevar la agenda.

Explicado en criollo, unos publican “lo que pasa”. El periodismo comercial trabaja el corto y mediano plazo. Se concentran en las historias más llamativas en primicia.

Los otros publican “lo que importa”. El periodismo de autor opera en el mediano y largo plazo. Lo poquito que yo mismo leí, me da la pauta que es literatura testimonial, que enfoca temas de fondo. La prensa de autor ocupa algunos espacios: Mucho menos que lo comercial, a menudo hubo revistas que no pasaron de dos ejemplares. Mucho más que lo comercial, hay libros de periodismo de investigación, que abordan muy seguido testimonios de la historia reciente, con mucha más precisión y detalle que en cualquier nota común y silvestre.

Mucho no sé, pero tengo referencias que la “prensa de autor” surgió a partir de los 70s, gracias a los aportes de Tom Wolffe, Truman Capote, Hunter S. Thompson y otros periodistas. Cuentan que surgió el movimiento del “nuevo periodismo”: Historias con perspectiva de investigador, contadas en primera persona, que ofrece relato del reconstruir un rompecabezas sobre una figura, un grupo o un momento. El modo de contar incluye el manejo de fuentes, documentos y reportajes desgrabados. A partir de ese momento, se habla de literatura No – Ficción. En argentina pasó por Rodolfo Walsh. En los 80s/90s surgieron figuras como Jaime Emma, Luis Majul, Jorge Lanata, Horacio Verbitsky, Daniel Muchnik y otros. Con el paso del tiempo, varias publicaciones incorporaron estos nuevos estilos de prensa. Y ya que no hay nada más viejo que un diario de ayer, el nuevo periodismo hoy ya no es nuevo; es clásico.

Resumiendo, quedamos así:

  • Convergencia y confluencia en el mercado de la comunicación de medios masivos. Grupos multimedios, etc.
  • Cultura mediática: Rituales sociales, saltos y efectos cognitivos, audiencias cada vez más intuitivas. Mc luhan y los Medios Cálidos y Medios Fríos. Aparicion de nuevos lenguajes y significados, informaciones y formas de reconocimiento de los contenidos.
  • Periodismo cada vez más autorreferencial: Recurso técnico del material grabado. Reportajes entre colegas de prensa. Medios y programas autorreferentes: Programas “de archivo” y repeticiones, recurso de cita en los medios audiovisuales.
  • Mismos contenidos, varias plataformas: Nuevos servicios audiovisuales para la PC, Tablet, y Celulares.
  • Prensa comercial vs prensa de autor: Agenda de prensa, nuevo periodismo, etc.

Para cerrar esta edición, varias de estas señales de cansancio del sistema tradicional de medios pasan inadvertidas para la mayoría de los mortales. No es que hay obligación de ser licenciados en comunicación; yo mismo no podría ser maestra jardinera, por más que me cambie el sexo, el nombre, el documento, y me mude de planeta.

Pero estas señales que digo, indican algo: La industria cultural necesita reciclarse con frecuencia para sobrevivir. La seguimos en la última sección. Ahí le vamos a pegar un poco a las redes sociales. No estoy seguro si me van a dar muchos “me gusta” en Facebook después de esto…

Notas sobre las redes sociales: Umberto eco y la invasión de los idiotas

Todo el planeta concuerda que las redes sociales son la etapa más avanzada, hasta ahora, de los medios de comunicación masivos. Hay gente a favor y en contra. Pero nadie ignora el asunto. Esto viene favorecido por las movidas que componen nuestra cultura popular de masas. De un tiempo a esta parte, conocemos una galaxia que contiene: las empresas de tecnología de medios, de prensa y publicidad, las productoras de contenidos, y las consultoras de estudios de mercado y audiencias. Sabemos que se expande y contrae con las crisis de escasez y crecimiento, los climas políticos, las convicciones religiosas, los marcos legales, el crecimiento de la población, los movimientos migratorios, los conflictos sociales internos y las guerras. (¡Chúpate esta, Mc Luhan!)

Nos enteramos de estos asuntos a través de los diarios, la radio, la tele, y las páginas web. Las academias y escuelas especializadas también aportan al conocimiento del asunto. El semiólogo y escritor Umberto Eco comenta que “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas” Son palabras que tienen mucha sustancia.

Sus dichos los saqué de un artículo breve de un diario español, que reproduce pasajes de un medio italiano.
Es evidente que estamos leyendo una frase suelta, ruidosa, quizás fuera del contexto del original. Por otras declaraciones, pude enterarme que don Umberto defino como masturbatorios los usos de las redes sociales. Espero no cometer una estupidez si agrego algo más de
contexto a estos dichos.

Los comentarios de mala calidad sobre cualquier cosa tienen muchas fuentes y formas. Su base es la relación entre estímulos y reacciones, que podemos analizar en factores. Y hay ingredientes distintos, según los casos. En épocas pasadas, hubo libros con ideas estúpidas que hicieron escuela. Aquellos textos fueron combatidos por otros libros, donde finalmente ganó el argumento mejor escrito y rigurosamente demostrado. El detalle es que podían pasar décadas y hasta siglos en estas guerras dialécticas de textos y autores.

Actualmente, hay condiciones que favorecen un intercambio más rápido. Y el asunto viene repleto de matices: No es lo mismo “Hay ke matarlos a tdos” desde un celular como reacción ante una nota policial, que “El grupo Clarín, Massa, Macri y Carrio, toda su banda mienten” como comentario al pie de una columna política. Hagamos un poquito de retrospectiva, y veamos la diferencia entre “Braden o Perón”, “Viva el Cáncer”, “Vote, y se Van”, “Somos derechos y humanos”, “Nunca Más” y “Que se vayan todos”. Por falta de tiempo, por buscar atajos, pensamos por medio de slogans, refranes y clichés. Cuando damos buen uso a los refranes, nadie se queja. Cuando se vive de clichés, hay amonestaciones.

Los ruidos aquí y allá van por el detalle de la real malicia, sazonada con miopía. Es el juicio crítico para los otros, la total falta de precisión y de autocrítica. Mi padre y mi abuelo paterno me enseñaron de chico que “hay diferencia entre ser un hombre pobre, y ser un pobre hombre”. Son las miserias en el manejo de la información lo que sale a relucir. Más detalles, en la próxima sección.

Más de la invasión de los idiotas

A propósito de la idiotez, hay un relato breve de Roberto Fontanarrosa, que ilustra el hecho. Busquen “Fabula del boludo” y después me cuentan. Gracias al aporte de expertos (que incluyen al propio Eco) hasta un siete de copas como yo aprendió – “cuatreando” muchas veces en la facultad – que la construcción y circulación colectiva de significados es dinámica, intra e interpersonal. Cada quien se apropia de signos y lenguajes, se forma un repertorio de nociones, y arma relaciones entre conceptos, situaciones y experiencias.

Hay jerarquías, reconocimiento, simetría y complemento entre personas, conocimientos y hechos. Estas relaciones provienen de la vasta red de mensajes y conductas que implica cualquier vida social. Dicho en criollo: Abundan datos, abundan espacios para opinar, pero siempre faltan cinco guitas para el peso. Hay juicios y prejuicios que nos orientan. Y en la red, igual que la vida, la idiotez dura poco. Hasta el más torpe aprende a los bifes a cambiar o callarse. Para el caso, hay que buscar siempre los argumentos superadores.

Si tengo que opinar, mucho más hace Groucho Marx con su sarcasmo sobre la televisión – que cabe perfectamente para las redes sociales – que la violencia de Eco. Cuando un usuario graba y publica un comentario de cualquier cosa, puede estar siguiendo o no un guion, puede estar componiendo un personaje o no, pero es evidente que produce para salir en cámara. Y habla para una audiencia. De hecho, yo vi publicaciones de estos personajes. Y me parecieron tan huecos, que de buenas a primeras no me quedó otra: Nos invaden los idiotas.

Pero a diferencia Umberto Eco, me interesa saber los motivos para tamaña invasión de estúpidos. Me interesa saber si se los puede educar, para que se pongan las pilas. Me interesa saber si en el fondo uno es el idiota, que se está perdiendo de algo importante, sin siquiera considerarlo. Si “rubius”, “german” o “dross” son exponentes de una tendencia que aún no se sabe exactamente qué significa, conviene conocer el fenómeno antes de descartarlo.

¿Quiénes son su público? ¿Cuáles temas tocan? ¿Cuántas veces emiten? ¿Lo hacen por vocación? ¿Lo hacen por dinero? Si es por dinero, ¿Cómo se financian? ¿Cuál es la ganancia? Las pocas respuestas que conozco indican estos datos: Su audiencia mayoritaria son los púberes – disculpen si no digo Pre adolescentes, como es la moda – de clase media baja y netamente media. La emisión es semanal, y la duración de cada envío es unos cinco minutos como mucho. Los temas son de la vida cotidiana, con un enfoque parecido al stand up adulto. Usualmente, lo hacen por diversión y vocación, sin intención de lucro.

A medida que despiertan el interés del público, algunos reciben plata. Al punto, la popularidad de cada uno de ellos se origina en la red social de videos Youtube: El cantante canadiense Justin Bieber empezó su carrera ahí, alentado por su propia madre. La actriz y comediante argentina Malena Pichot comenzó el camino al estrellato con su personaje “La loca de mierda” en la misma red. Pronto captó la atención de la MTV, que produjo varios cortos con ella para emitir en internet y el canal.

Mi intuición indica que la exposición y la visibilidad deben ser importantes en esto. A fin de cuentas, estamos hablando de productos dirigidos a dos grandes grupos de audiencias: Un primer segmento va desde infancia hacia adolescencia. El segundo va desde adolescentes yendo hacia jóvenes adultos. Ambos grupos viven rodeados de pantallas adonde mirar y admirar. El segundo grupo, por su parte, usa webcams donde mostrarse y ser vistos.

A los usuarios más crecidos, obviamente, todas estas cuestiones nos parecen boludeces. La edad del pavo la pasamos todos, pero varias personas la atravesamos sin la mediatización de las redes sociales. Esa es la diferencia. Entonces, estaría bueno que alguien se encargue de investigar mucho más el ambiente. Hubo investigaciones en otros aspectos de la cultura tecnológica. Veamos que pasa más adelante.

Cronistas y editores responsables de nosotros mismos

Hablando justamente de ser mirados: El asunto está en la visibilidad social que ofrecen estos nuevos modos de vincularse. El interés y la necesidad de estar un tanto en la vidriera siempre estuvieron presentes entre nosotros, acotadas en varios aspectos por las limitaciones de las tecnologías y los filtros de la prensa. Ejemplos en criollo: Uno puede escribir una carta de lectores a un medio gráfico, que si le viene bien al editor, sale publicada; uno puede llamar y dejar mensajes a las estaciones de radio, que si habla conciso, cortito y agradable, sale al aire. ¿Se entiende?

Es evidente que en estos tiempos de comunicación ultrarrápida, nuestra participación es mucho más abundante y activa que en otros momentos. La variedad de datos disponible facilita la construcción y reconstrucción del sentido de la información con mayor eficiencia y eficacia que en épocas anteriores. Y más todavía: Alimentan la chance de intervenir, no solamente participar. Cuando usamos Twitter, Instagram, Google plus, Facebook, MySpace, Craiglist, Youtube, Vimeo, WordPress, Wikipedia o Blogspot, participamos de un espacio comunitario cuando accedemos al material que otros publican. Y nos involucramos en medida variable con aquello que nosotros mismos subimos. Estas capacidades no son novedosas por si mismas; la vida social supone medir que decir y que callar, con quienes hablar de temas íntimos o asuntos triviales.

El detalle es que este aspecto de nuestras conductas está cada vez más mediatizado.
Dicho en criollo, estar en una red social es como hablar cerca de una ventana abierta a la calle. Hay que elegir con cuidado que mostrar, porque la calle tiene ojos y oídos, siempre. Al punto, hay que hacerse cronista y editor responsable de uno mismo. Desde mi perfil de Facebook, a menudo veo y leo que familiares, amigos y conocidos difunden estampitas virtuales, memes a modo de comentario, video clips de música, avances de películas y series, predica contra: el maltrato a las personas, los animales, predica vegana, escraches a personas sospechadas de violencia o delitos, búsqueda de personas perdidas, etc.

En nuestra cultura frita, hay necesidad y hasta compulsión de intervenir socialmente, y se usan los materiales que están más a mano, a veces sin saber exactamente como.
Aseguran los que saben que muchas iniciativas arrancan bien en las redes, pero con frecuencia las personas que inician movidas, luego carecen de biblioteca y organización para hacer algo más contundente, que trascienda lo virtual: La marcha “Ni una menos” empezó justamente en las redes sociales. Los medios le dieron difusión, la potenciaron, y finalmente se convirtió en una manifestación masiva. Fue reclamo masivo por la defensa los derechos de nuestras mujeres contra la violencia de género, bien ruidoso, pero no mucho más.

A riesgo de parecer machote, estamos hablando de una legítima expresión de malestar de nuestra cultura, que finalmente salió a las calles. Al punto, yo pregunto: ¿Hay ahora alguna nueva asociación civil que exprese y contenga estas inquietudes y problemas? Si la fundaron, avisen.

Otro fenómeno: Los “Cacerolazos” también tuvieron espacio en las redes sociales. ¿Lograron que el actual partido de gobierno cambiara de actitud? La respuesta es: no. ¿Lograron que una parte de la población expresara cuestionamientos y disidencias? La respuesta es: Si. ¿Tiene consecuencias al mediano y largo plazo? La respuesta es: Incierto.

La real capacidad de actuar, todavía está entre los funcionarios públicos, los partidos políticos, las ONG, los profesionales de la comunicación, la promoción social y todos los voluntarios que actúan en diversos campos. Busquen Abel Albino y fundación conin, busquen Juan Carr y Red Solidaria, Fundacion SI, y después me cuentan.

Dosis de vanidad

Por otra parte, varias veces veo y leo que amigos y conocidos publican fotos de sus vacaciones, sus reuniones familiares, fiestas y eventos. No soy nadie para juzgar, pero tampoco me como ningún amague. Este material sirve para tener un recuerdo grato y compartirlo con círculos de gente a quienes se guarda respeto y afecto. Pero también para presumir, competir por mostrar y demostrar quien fue a la fiesta más lujosa, el evento más sofisticado, o quien tuvo las vacaciones más grandes.

Y como nadie está libre de errores, hace poco yo mismo subí imágenes mías, de una amiga y su hijo en un evento. Lo hice para compartir el recuerdo. Más de una vez subí imágenes mías posando al lado de figuras de Corto Maltés, Darth Vader, Yoda, Spiderman, Batman y Ant-Man. Me hago cargo que fue por el placer de homenajear a estos personajes que conozco y quiero, no sin dosis de vanidad de mi parte. Vanidad parecida a la que percibo en otras publicaciones, las de mis conocidos.

Cuando uno usa – y hasta abusa – del publicar fotos o videos personales y familiares, comentarios, opiniones y saludos en las redes, no está escribiendo exactamente un diario personal. En el fondo del asunto, hay relaciones de continuidad y discontinuidad entre los espacios virtuales y los físicos. Al punto, conviene medir cual es el grado de mediatización que busca cada quien, y si se cumple de menos o de más. En esto, interviene el grado de cultura tecnológica en cada sociedad, cada zona, provincia, localidad y ciudades. Dicho en criollo: Hay que ver cuánto porcentaje tienen de redes, y cuanto de sociales las dichosas redes sociales. La evidencia indica que es mucho más sociedad que red, con todo lo bueno y lo puto de cualquier barrio.

Varias veces hay quien escribe sus catarsis personales. Otros, por su parte, tienen prevención de publicar imágenes de sus hijos menores, ya que temen que las vean usuarios pedófilos. Hay una técnica que usan varios docentes; servirse de un perfil falso para seguir a los propios alumnos, y más que nada a los adultos sospechosos. Se llama táctica del “Ángel Guardián”.

Hay quien escribe humor sarcástico y acido, hay quienes buscan levante legítimo, quienes buscan trampa, quienes hacen militancia política, hay quienes promueven eventos, y compraventa particular de artículos nuevos y usados.

Es frecuente gente con dos perfiles; uno oficial, socialmente exacto, y otro con seudónimo, mucho menos correcto. Existen espacios controlados por un moderador, y otros que presentan autorregulación. Hay debates inteligentes, con argumentos y matices, y discusiones repletas de razonamientos insultantes.

Si tengo que explicarlo en términos técnicos – hasta donde yo sé – esta tecnología ofrece espacios para relacionarse y estrategias para mostrarse. Pero su uso responsable y equilibrado todavía no está maduro. Siendo tecnología masificada, las grandes poblaciones actúan con ella, los grupos las conocen y analizan, y las personas reflexionan acerca de cómo manejarse. La cosa va de uno – en – uno.

Todo esto proviene de alguna parte. Es evidente que viene del lado social de las redes. En gran medida, las relaciones mediatizadas por computadora son un baile de máscaras. Conocemos al otro por lo que nos muestra. Pero no sabemos muy bien con quien estamos bailando, hasta que llega la hora de la verdad. Usualmente, esto lo averiguamos fuera de línea, en una charla cara –a – cara. Si el contacto es con un extraño, es cita a ciegas.

Para el mejor de los casos, es el inicio de una buena relación. Para el peor, se trata de explorar terreno, reconocer amenazas, atacar o huir. Si el contacto es con alguien conocido, se trata de reforzar conductas, actitudes y relaciones, o más bien cortar y dar de nuevo. En cualquier caso, es necesaria la buena educación para que las relaciones empiecen por los hogares y las escuelas. Esperemos que haya avances en esto algún día. En otras entradas ya vimos la educación argentina. En fin… Ahora veamos el detalle de las empresas de medios en las redes sociales.

Los medios en medio de las redes sociales

Los medios masivos tradicionales no ignoran las redes sociales. Todos los gigantes de prensa y entretenimiento tienen espacios ahí: Generalmente, los usan para promover material y servicios. No faltan periodistas que usan las redes como fuente de información. Muchas veces hay citas textuales que provienen de ahí.

Algunas se financian con la venta de espacios publicitarios. Dependiendo del caso, cobran un arancel a los anunciantes, y otras veces una comisión por la cantidad de visitas. Otras cobran suscripción a los interesados. Mientras tanto, otras cobran una suma a las empresas que diseñan y publican aplicaciones en sus espacios: Los juegos, por ejemplo. No sería extraño que las grandes agencias de publicidad tengan relación con este aspecto del negocio. (J. W. Thompson, Oglivy, Leo Burnett, Young and Rubicam, etc.)

Cuentan que el trabajo de algunos profesionales – los community managers – más que nada es planificar y ejecutar medidas estratégicas para mantener vigentes las marcas comerciales en las redes. Yo de esto mucho no sé con exactitud. Pero me sospecho que implica pautar en las páginas, lanzar promociones, hacer acciones de medios específicas para los espacios en línea, favorecer el contacto con los clientes especializados, y facilitar información al público en general.

Es posible y probable que se parezca al trabajo de imagen corporativa en los espacios físicos. La imagen de las grandes empresas de prensa y contenidos, se potencia mucho cuando tienen un espacio en internet. Para los medios, tener página web propia y publicar enlaces en las redes, induce a que la gente navegue entre páginas y acceda al material propio, en espacio igualmente propio.
A diferencia del usuario particular, los medios dominan plenamente estrategias de exposición masiva. Por lo demás, las empresas de medios digitales experimentan tires y aflojes socioculturales ya vistos: géneros y estilos, códigos de ética profesional, convivencia con las comisiones internas gremiales, relaciones con el estado, y que sigan las firmas.

De vuelta al paisaje de las redes, y hablando un poco más en general, hay páginas especializadas independientes, que compiten en ciertos nichos de mercado con las empresas de prensa más tradicionales. Una web como “Cines argentinos”, o una publicación como “La Cosa” atraen al público más joven, mientras la crítica de cine y teatro de “La nación” tiene otro target. Sin embargo, al convivir en la red, las tres publicaciones van a ponerse las pilas por mantener a sus lectores fieles, y de ser posible, ganarse ese público que nunca los había leído antes. El entorno parece sencillo pero no es fácil: Para los medios tradicionales, por fuera de las redes, hay canales de distribución asegurados hace ya mucho. Al desembarcar en el ciberespacio, enfrentan el hecho que hay múltiples plataformas, y las audiencias vienen cada vez más segmentadas. Las grandes productoras apuestan a la difusión uniforme de contenidos, así alivian este problema de logística. Y en el juego de remanye, hay veces que se complica.

Siendo que los negocios son como la guerra, usemos figuras de estrategia y táctica: Ahí va un caso. Al gigante que ocupa todas las plataformas, se le gana con ataques rápidos, aprovechando los rincones que todavía no tomó. Acá viene otro. Dos grandes competidores ponen todo para desbancar su rival. En ese rio revuelto, los competidores medianos y pequeños pueden: Aliarse entre sí para aumentar su fuerza, atacar cada uno por su parte, o guardarse para otro día.

Al punto, en comercialización existe una clásica matriz de análisis: F.O.D.A. (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades, Amenazas) que contribuye a conocer la posición que cada quien ocupa en el mercado, e identificar donde hay que actuar. En el campo de los medios, un buen ejemplo son dos publicaciones del grupo editorial Perfil: El periódico “Perfil” y la revista “Noticias” producen material en línea todos los días. Sin embargo, sus ediciones en papel salen los fines de semana. No debe ser extraño que haya agenda muy cuidada para los dos formatos al llegar el día de cierre. Por cuestiones de contexto, el grupo perfil no recibe pauta publicitaria del estado. Igualmente por contexto, la pauta oficial es el mayor ingreso en el sistema de medios. Esto reduce el presupuesto, y hay que hacer de tripas corazón. Si lo tomamos con foda, queda así: La debilidad es no tener mucha tirada. En un primer momento, el impreso salía diariamente. Por recortes, se redujo a una vez por semana. La amenaza es perder terreno ante los demás medios gráficos impresos, que salen todos los días. La oportunidad es la página web, y su presencia en las redes sociales. La fortaleza es que la publicación en línea potencia y prestigia la edición impresa. Entonces, convertir la debilidad en fortaleza ayuda a crecer y superar las amenazas. Para el caso de estas publicaciones, hay secciones que salen diariamente en línea y en papel. Presentan continuidad y discontinuidad con el material que sale exclusivamente en las tiradas. Se trata de reducir redundancias, y favorecer las ventas de las ediciones impresas, por supuesto.

Legal vs legítimo: cuando la dicha no es una cosa alegre

Yendo una vez más hacia condiciones mucho más generales, la presencia digital de los medios masivos oscila entre “la vidriera” y “el mostrador”. En otras entradas, “Piratas vs. Legales” y la continuación en “Legales vs. Piratas” tocamos esta canción. En aquellos textos, hablamos de la historia y parte de las dinámicas del mundo en línea. Así que acá ahorramos tinta.

Pero la gracia del asunto son la legalidad y la legitimidad del sistema: Quedan en evidencia cuando hay materiales sensibles o comprometedores filtrados y publicados en la red. Armand Assange y Edward Snowden son hijos de estos tiempos posmodernos. Les irritó que hubiera demasiados secretos, y abrieron los archivos del planeta sin pedir permiso. Perjudicaron instituciones, grupos y figuras públicas. Obvio, los medios de prensa se hicieron banquetes con el material.

Y hablando del asunto, el grupo multimedio Murdoch compró intervenciones ilegales de líneas telefónicas, para obtener información. Los descubrieron, les hicieron juicio, y finalmente lo renunciaron al jefazo del imperio para luego reciclar las cosas. En consecuencia, hubo banquetes en el periodismo con esta historia y sus rebotes.

Con frecuencia, tanto los estados como las empresas toman ciertas medidas para contener desbordes. Pero como la única verdad es la realidad, esto se encuentra en el cruce de lo correcto y lo conveniente.

Arranquemos con un dato fuera de línea: Una encuesta revela que en argentina hay alto porcentaje de gente dispuesta a quebrar las leyes, cuando sienten que son injustas. En el mundo real, ahí están las leyes de tránsito. Y todas las veces que la gente se las pasó por el culo, para terminar con el coche hecho percha, heridos, mutilados o fiambres. En la red, está la capacidad de usar nombres falsos y joder dando data falsa, repartir virus informáticos y vivir insultando a los demás. El chiste es que hay espacios densos y enormes, difíciles de gobernar en forma tradicional. No es fácil atajar conflictos con el mero poder de policía en ciertos casos. Las experiencias exitosas sugieren que es mejor instalar un mínimo de normas para seguir, y que el resto vaya fluyendo. Por supuesto, para conseguir este consenso se requiere colaboración de los usuarios.

Las normas pueden ser herramientas, que a menudo sirven al statu quo. O más bien reglas generales, que armonizan y sancionan las cosas. La gente se porta bien o mal hasta donde le hace falta y la dejan hacer.
El mejor ejemplo digital es la red social más popular del planeta: Facebook. No tiene gran cantidad de normas y ofrece muchas posibilidades. Casi ni hace falta dar detalles, pero igual veamos. Cada usuario puede fijar niveles de acceso a su propio muro. Puede comentar lo que otros publican, y dar señas de aprobación. Hay cierta capacidad de veto también: Si un material resulta ofensivo para alguien, puede notificarlo. La página admite publicar imágenes, audios, textos y videos. Admite conexiones con otros espacios. Es gratuita para los usuarios particulares, y lo demás lo hemos dicho.

Es prácticamente un “mundo feliz”: Ahí mandamos “toques”, hacemos clic en “me gusta” y jugamos en línea, entre varias cosas. Pero tal cual el título de una canción de Los Redondos: La dicha no es una cosa alegre. Es un microclima, una burbuja, y queda en evidencia cuando se quiebra. Ahí es cuando se aviva la gilada. Me pasó cuando noté que un espacio parecía libertario, pero escondía tendencias “fascistas cool”. Me ocurrió cuando recibí ataques en un foro, y prácticamente me gastaron el apellido con cataratas de mensajes. Yo mismo ataqué ciertas ideas, hasta que advertí que estaba equivocado. También me gastaron el apellido muchos y muchas que discutieron conmigo.

Por supuesto, de todos estos tropiezos aprendí algo: El arte del comentario social requiere preparación. Cualquier pirulo puede juzgar alegremente a los demás, pero eso no es opinar. Es ser imbécil.
El trasfondo es que varias conductas en las redes sociales son legales, pero no son del todo legítimas. En las redes, como en la calle, hay mucho chamuyo puesto al lado del porcentaje chico de producto genuino. Para cerrar esta sección, la autorregulación es la mejor herramienta para resolver conflictos. Sus mecanismos los explicamos más arriba. Seguimos en la próxima.

Complemento y simetría

Más acá o más ahí del espacio que usemos, las redes sociales sirven para hacer una suerte de marketing personal de uno mismo. No reemplazan el contacto físico directo. Tienen en contra y a favor las zonas y distancias geográficas, los matices del idioma, el nivel económico y la formación de cada cual. Me pongo repetitivo: por los tipos de espacios que habilitan, inducen en el corto plazo al comentario. En el mediano y largo plazo, a la participación e intervención. La relación entre la industria cultural tradicional y los medios digitales, hasta ahora, es de complemento. Las redes sociales son plateas adicionales, que se agregan al rating
y demás mediciones de audiencia.

El núcleo duro del tema reside en la tecnología disponible y sus usos sociales. Hace treinta años atrás, si alguien quería grabar imágenes por mano propia, podía usar filmadoras súper 8. Luego mandaba a revelar la cinta en una casa de fotografía. Para difundir lo producido con ese instrumento, podía organizar una proyección en su casa. La grabación casera más famosa en súper 8 es la cinta de Zarpruder, un aficionado que filmó el asesinato de John F. Kennedy. Hoy cada celular es una cámara portátil de fotos, videos, y un grabador de audio digital que llevamos en los bolsillos. La diferencia de tecnologías permite reproducir y distribuir materiales con más comodidad y rapidez que en otra época.

Y algo más: Es posible, aunque no muy probable por ahora, que la relación vire hacia la simetría.
Hay tendencias indirectas que favorecen este esquema. Un material famoso de la historia reciente fue el video de la paliza que le dieron a Rodney King, un taxista negro que murió en un hospital por los golpes que recibió de parte de la policía blanca. Cuando esas imágenes las pasaron por la televisión, se armó un quilombo tal que muchos todavía se acuerdan.

Los materiales de Zarpruder y King revelan que, a veces de casualidad, hay personas comunes que se convierten en cronistas de hechos importantes. Ahora, bien: Ya hay cazadores de eventos amateurs, que publican seguido su material en las redes sociales.

El material informativo que producen los aficionados ya está en línea, mucho antes que lo usen los noticieros. La televisión, que usualmente llegaba antes que nadie, y producía imágenes para consumo masivo, esta vez se queda corta. Y parece que no hay simetría aquí, que hay complemento. No obstante, existe.

Demostración: En este caso, del lado de los medios tendremos periodistas profesionales que cazan noticias, y al lado, los cazadores de eventos. Ambos lados son desiguales en tamaño y recursos, pero son similares en técnica e intención. De ahí la simetría. ¿Se entiende?

Se me ocurre otro ejemplo del asunto: Pongamos que haya – si no hubo ya – una “guerra de Youtubers” En este caso, y quizás por inercia, en la polémica van a usar chicanas, ironías, y las típicas alusiones envenenadas que siempre usaron chimenteros y políticos en la tele. Aquí va a haber parecidos entre el discurso de los medios tradicionales y los nuevos formatos digitales. Obviamente, vamos a notar cierto nivel de simetría.

Dicho en criollo, hoy cualquier boludo tiene a mano recursos para hacer de mediático o periodista. Les damos uso testimonial, y nos sacamos selfies en lugar de mirar alrededor. Cuando lo hagamos, entonces el laburo de cronista quizá corra peligro. La gente de medios y prensa puede quedarse tranquila por el momento, ya que no parece haber un protocolo social para el uso equilibrado de las redes. Por lo tanto, las funciones de informar, entretener y educar, todavía pasan por la agenda de los medios tradicionales.

Hay mucho rebote de las notas de los medios en las redes, y se las ve mayormente como un complemento del resto del sistema. Pero tampoco la pavada: deben prestarle atención a la viralizacion, que siempre es más rápida que la difusión convencional. La devolución de las audiencias tiende a ser más compleja en cantidad, calidad y composición. Es posible que a la larga, estas tendencias terminen jodiendo la capacidad de agenda del sistema de medios tal cual viene hasta ahora.

A modo de conclusión

Repasemos: En la primera parte, hablamos de los factores históricos que dieron origen a los medios tradicionales. Tocamos también algunos tiroteos teóricos que explican su presencia y utilidad social.

  • Filtros internos: Géneros y estilos de prensa, agenda periodística, códigos de ética profesional, manuales de estilo.
  • Regulaciones externas: Leyes y controles del estado, licencias para operar medios electrónicos, gremios de prensa.
  • Referencias históricas: Democracias republicanas modernas. Sociedad de masas, partidos políticos masivos.
  • Referencias teóricas: Industrias culturales, consumos simbólicos, aparatos ideológicos de estado.
  • Recursos materiales: Imprenta, tecnologías de radiofonía, televisión y redes informáticas.

En la segunda parte, hablamos de tres cosas: Lo que la prensa nos hace, lo que el estado le hace a la prensa, y de paso, nos fijamos en las capacidades de medios y prensa para intervenir socialmente

  • Sanciones sociales a través de la prensa: Valores, actitudes, juicios y prejuicios anteriores a los medios, presentes en el relato noticioso.
  • Intervenciones sociales de los medios: Las sanciones culturales en los relatos noticiosos. Agenda periodística como forma de participación social.
  • Estado, sociedad y prensa: Breve historia de la agenda institucional argentina. Referencias técnicas y políticas de las leyes y la gestión del sistema de medios. Caso “Papel Prensa” y otras menciones
  • Unas ideas para el repertorio técnico de la prensa contemporánea.

Esta sección cubre varias cosas, y quizás lo más importante sea la evolución de la cultura popular masiva. En su interior, señalamos procesos y factores: El efecto de las tecnologías y los saltos cognitivos en las audiencias; las mediatizaciones, la visibilidad, el comentario, la participación e intervención desde los usuarios, y hasta donde las acompañan las empresas de prensa y entretenimiento en los medios tradicionales y redes sociales.

Para la gente del sector, el trabajo es informar, divertir, educar, y más que nada, contar historias. En la prensa – les guste o no a los periodistas y estudiantes de periodismo – implica ser mercaderes de la indignación y operarios de la angustia. En el trabajo artístico, el asunto es llegarle a la gente. Hay muchos que lo consiguen.

Para quienes investigan la comunicación, el trabajo es medir y pesar siempre el ajuste de medios a metas. Con todos los matices de complejidad que esto implica. Los medios son como las cebollas: Vienen compuestos por varias capas. Algunas son de historia, otras de política, otras de lenguaje, de arte, de técnicas y tecnologías. Como con cualquier cebolla, la gracia está en pelar las capas hasta donde necesitamos llegar, y aprovechar lo que hay sin que nos hagan llorar.

El matrimonio entre sociedades modernas y medios masivos quiso tener buena convivencia e hijos. Como pareja, buscaron la plena participación del pueblo en el sistema, pero solo fue en parte. Buscaron informar, y lo lograron. Quisieron educar y divertir: Por momentos lo consiguieron.

Finalmente, luego de muchos intentos, tuvieron una hija: La mediatización. Ella ya es una joven adulta que está de novia con las redes sociales.  Veamos hasta donde llega esa relación y si tiene descendencia.

Saludos y suerte

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