Madres y Abuelas de la decepción

El tema de esta entrada es la evolución – al menos hasta ahora – de dos grandes Organizaciones No Gubernamentales argentinas: Madres de Plaza de Mayo, y Abuelas de Plaza De Mayo. Como todo el planeta sabe, son dos asociaciones civiles que reclaman al estado acerca de los desaparecidos durante la última dictadura militar. Las madres, piden el paradero o información sobre sus hijos. Las abuelas, sobre sus nietos.

El reclamo de ambas asociaciones es legítimo. No puede haber conflicto con eso. Es imposible estar en desacuerdo con sancionar las conductas de los dictadores.
Estamos hablando de familias rotas de prepo. Y eso no lo perdona la cultura en ninguna parte.

A partir del regreso a la democracia, tuvieron un momento social muy intenso a favor: fueron contrapeso moral de muchas faltas y fallas del sistema político y el estado. Hubo desmanejos legales en el tratamiento de los ex dictadores del proceso. Los gobiernos apretaron y aflojaron nudos en las causas penales contra los comandantes militares de aquellos años. Los hicieron ir y venir de tribunales y de la cana. Videla y Massera murieron en cana, en celda vip, pero en cana. Perdonaron al grueso de los suboficiales, pero pidieron obediencia a cambio. Y la mayoría obedeció. Algunos se retobaron, pero los vencieron.

Como alguna gente sabe, además del aspecto moral, el reclamo de madres y abuelas tiene dos facetas adicionales: Una dimensión política, institucional, que reside en la declaración universal de los derechos humanos. Y su consecuencia técnica inmediata, un aspecto legal, que pasa por juzgar con el debido proceso los delitos de lesa humanidad. Y aplicarles la condena que corresponde. Ni madres ni abuelas buscan venganza. Buscan justicia. No es poco.

Desde siempre fueron independientes. Pasaron militares, radicalismos y peronismos. Siempre les reclamaron. Algunos escucharon, otros fueron sordos. Ninguno ayudó mucho a buscar respuestas, hasta que apareció NCK, y las compró. Actualmente forman parte del Frente Para la Victoria (FPV) una facción del justicialismo. ¿Qué les paso?

Les pasaron muchas cosas, y todas están bastante bien documentadas en las noticias, inclusive las de actualidad. Las infiltró el servicio de inteligencia del ejército, y desaparecieron varias madres durante la dictadura. Consiguieron superar el indulto presidencial a los represores, por las causas judiciales contra las adopciones ilegales.

Tienen el cuero bien curtido para hablar de muchas cosas. Y estando casadas, o viudas, no se casaron con nadie. Tampoco se pusieron precio. Pero hoy, para su mal, cambiaron mucho. Busquen “Caso Etchecolatz” y la relación directa con el “Caso Lopez”. Busquen el vaciamiento de la fundación “sueños compartidos” y de la “universidad madres de plaza de mayo”. Hubo corrupción con cifras de muchos ceros. Cuando se las cuestionó por esto, se defendieron con argumentos débiles. Fea la actitud.

Pero no todas fueron malas: la novedad más importante para ellas debió ser el surgimiento de la asociación Hijos, formada mayormente por hijos y nietos recuperados. También forma parte del FPV.

Si tengo que arriesgar una teoría, ahí voy: En el fondo, varias de ellas se cansaron de esperar. Se decepcionaron del manejo institucional del tema por nuestra clase política, y para obtener respuestas antes de irse, pactaron oportunamente con alguien que podía ofrecer indicios. A cambio del favor, les pidieron obediencia al líder y al partido. Dicho y hecho.

Tal como está la cosa, parece que haber vendido gran parte de sus acciones al FPV fue un precio pequeño para obtener un gran progreso en resolver sus problemas. Organizaron un cuerpo de forenses que recuperaron muestras de ADN. Pusieron a su disposición el banco de archivos genéticos de la nación. Organizaron campañas para convocar a los jóvenes que tuvieran dudas sobre sus orígenes. Hubo extracciones de sangre y otras muestras. Tuvieron éxito: Hoy hay personas que conocen la verdad, ya que sus padres adoptivos nunca les contaron quienes eran. Hoy varios hijos y nietos de desaparecidos recuperaron su identidad. Pregúntenle a Victoria Donda, o a Ignacio Montoya Carlotto, sino. Pero también, al menos uno de ellos, terminó suicidándose.
A esas personas en crisis, no solo hay que contarles la verdad, sino contenerlas. Habría que ver quien hizo mal la tarea en ese caso. Y por favor, que nadie cargue la culpa en la victima, aun cuando haya muerto por mano propia. Nadie se mata porque sí.

No todas se vendieron al FPV, pero el grueso lo hizo.
El pañuelo no se mancha, pero se arruga. Queda mal puesto, queda grande, queda chico o chingado cuando hay corrupción. Y eso fue lo que pasó. Ahora, varias de ellas van a tener que resistir su propio archivo. Pero en el sentido más preciso de la frase. Porque nadie es igual a si mismo todo el tiempo. Además, si el archivo es incompleto o inexacto, cualquiera puede caer en trampas o chicanas. El archivo – para quien juega limpio – esta para dar información exacta de la relación entre figura y entorno.

Todos tenemos derecho a evolucionar, y el cambio es inevitable. Lo que nadie perdona es cambiar a costa de cualquier cosa, y mucho más imperdonable es caer en el ridículo. Veamos hasta donde llega esto en el futuro. Y felicitemos a las que nunca se corrompieron. A ellas, todo mi aliento.

Saludos & suerte

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